lunes, 23 de febrero de 2015

Los curas-obreros y el último mohicano


El caso es que hoy he caído en la cuenta, así, como quien no quiere la cosa, de que me parece que llevo bastante tiempo sin aporrear a ningún hereje. Después que pierdo la forma, claro. Lo de los dos árboles del paraiso está bien, sí, no vamos a negarlo, pero, padre, escríbanos algo más de Queiruga, Masía, Faús, el Viñetista y otros secuaces.

-¿Pero no queréis algo más, por ejemplo, de Adán y Eva?

-No, no, queremos algo sobre Masiá y sus discípulos.

-¿Pero es que queréis que falte a la caridad?

-No, que no, que lo hacemos por el dogma.

-Sí, claro, buenos estáis vosotros. Bueno, mirad, hoy os voy a decir algunas palabritas.

-Bien, bien.

-El caso es que vuestra insistencia me viene muy bien (je, je, je), porque hoy he leído a dos curas, que más bien parecían dos acólitos maoístas del Partido Comunista Troskista, que decían frases del tipo: Nunca es más célibe que el no célibe. O el celibato si no es libre, no es una riqueza. Y no sé qué de la iglesia disidente y el Vaticano II. Y todas estas frases, no sé, me han dado ternura, me han tocado el corazón. Me recuerdan a los pantalones de pana, a Michael Jackson antes de ser blanco, a Buñuel filmando Viridiana. Es como volver a esas épocas en que yo tenía flequillo. Y no, no tengo cuerpo para atacar aquella teología sindicalista setentera. Lo mismo que ahora tenemos iglesias con Rito Tridentino, habría que pedir a Monseñor Rouco que les dejara una capilla. No, insisto, es que casi produce ternura ver estos programas del Canal Nostalgia. Tiene incluso un aire a Truffaut.

-¿Cree que sería positivo una capilla dedicada al Rito Proletario en la observancia libre de los años 70?

-Para algunos curas retirados sería casi un acto de caridad.

-¿Pero esto no afecta a la ortodoxia?

-Están en ignorancia invencible.

-Pero la conciencia les debe advertir que sus ideas no son conformes la recta teología.

-Dada la teología que aprendieron, son completamente inocentes. Yo creo que no debemos alterar su tranquilidad. Que vivan en paz un par de lustros más, y después de treinta años ya veréis como sus entrevistas resultan incluso más entretenidas.

-Qué bueno es usted.

-Sólo cumplo con mi deber.

-No, pero que usted es muy bueno.

-Venga, zalamero.

P. José Antonio Fortea, sacerdote

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