jueves, 4 de diciembre de 2014

Carta semanal del Sr. Arzobispo



Relevo en Covadonga. Gratitud y acogida

Durante muchos años hemos encontrado en ese rincón tan querido de nuestras montañas como es Covadonga, una presencia amable, discreta, verdaderamente entregada. En un lugar especialmente significativo de nuestra tradición cristiana como es la casa de la Virgen en cuya Santa Cueva y aledaños se venera a la Santina, hay varias personas que con motivo distinto cuidan del lugar: el Cabildo de canónigos, Institución Teresiana, Esclavas del Corazón de María Inmaculada, Carmelitas misioneras del Espíritu Santo, Escolanía, personal de servicio, etc. De todos ellos depende tantas veces la acogida y el acompañamiento de cuantos por razones diversas acudimos a ese bendito Santuario mariano.

Hoy quiero referirme a quienes tras muchos años de trabajo verdaderamente apostólico al frente de la Casa diocesana de Espiritualidad en Covadonga acaban de dejarla para incorporarse a otro lugar: se trata de la Compañía de Esclavas del Corazón de María Inmaculada. Esta comunidad fue aprobada en nuestra Diócesis de Oviedo en 1955 como asociación por el entonces Arzobispo D. Javier Lauzurica. Posteriormente, el Arzobispo D. Gabino Díaz Merchán procedió a erigir dicha asociación como Congregación religiosa de Derecho Diocesano en 1992.

Es una larga y hermosa historia que tuvo comienzo en Madrid en los años duros del final de la guerra y en los no menos fáciles que vinieron a continuación. Nombres como Madrid y Algete (Madrid), y dentro de nuestro ámbito norteño los de Colunga, Balmori, Cangas de Onís, Oviedo y finalmente Covadonga, son los puntos que señalan la geografía de la entrega de unas mujeres que han tenido y tienen nombre y edad. Las cinco hermanas que quedan son por tantos conocidas: Hnas. Victorina, Luz, Ana María, Carmen y Mercedes. Ellas y todas las que las precedieron, se dieron con toda generosidad primero al Señor y a su Madre bendita, y luego inseparablemente a cuantos se cruzaban en sus vidas reclamando algún servicio pastoral y humanitario, al que ellas no dudaron en responder.

La entrega a los niños en los colegios en los que trabajaron, también a los ancianos en algunas residencias, su importante labor educativa con los pequeños sordos en la Fundación Vinjoy y su dilatada presencia en la Casa de Espiritualidad en Covadonga, llenan páginas muy bellas del trabajo sencillo y discreto, pero colmado de dedicación amorosa por parte de estas queridas hermanas. La adoración de la santa Eucaristía, la devoción a la Virgen Inmaculada y la disponibilidad en el servicio diocesano de la Iglesia han marcado esta historia de donación a Dios y a los hermanos. Ahora continúan su testimonio trabajando en la Basílica San Juan el Real (Oviedo) en algunas tareas parroquiales. Toda nuestra gratitud a estas hermanas.

También agradecidos a las jóvenes religiosas que acaban de llegar a Covadonga, Hijas de Santa María, para hacerse cargo de la Casa de Espiritualidad. Su juventud, su trayectoria como Congregación todavía reciente, hace que nos llene de esperanza y que el servicio que sin duda prestarán junto a otras presencias de sacerdotes y religiosas en Covadonga, hará que ese corazón asturiano de espiritualidad y religiosidad popular siga palpitando latidos de esperanza y alegría para cuantos necesitados de ellas se allegan a ese lugar bendecido por nuestra Santina. En estos momentos de particular intemperie necesitamos unas referencias claras y significativas en donde a nuestra espera se le pone nombre y en donde somos abrazados por quien con su gracia nos da cumplida la respuesta.


+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

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