martes, 23 de diciembre de 2014

Como Gaby, Fofó y Miliki


Hay gente que se debe pensar que la liturgia de la Iglesia son rúbricas colocadas al tun tun y que las fórmulas que se emplean no son más que la ocurrencia de un mindundi. Movidos de tan perspicaz apreciación –je- hay gente que no tiene reparo en modificarlas a su antojo convencidos de que su originalidad, profundidad teológica y sentido pastoral sobran para dar sopas con honda a toda la tradición de la Iglesia, desde Agustín a Tomás de Aquino, desde Éfeso al Vaticano II, desde los primeros misales al último de Pablo VI.

Nada es por casualidad. Y cada fórmula teológica o litúrgica es fruto en muchas ocasiones de siglos de matices, concilios, sínodos, decretos y praxis litúrgica y pastoral. Pues nada, hasta que llega el cura Pepe y las cambia a su antojo convencido de que así sus fieles entrarán mucho mejor en el misterio de Cristo y celebrarán los sacramentos con una fe renovada, actualizada, conciliar y democrática. Les voy a poner ejemplos de esos que me cuentan los lectores y que no tienen desperdicio.

Caso 1. Primeras comuniones en un colegio. Renovación de las promesas del bautismo. El celebrante: ¿Creéis en Jesús de Nazaret, que era bueno con todos, hizo el bien y era amigo de todos y especialmente de los niños? Respuesta de un asistente por lo bajinis… anda, como Gaby, Fofó y Miliki.

Caso 2. Bautizo en iglesia de pueblo. Pregunta el celebrante: ¿Al pedir el bautismo para vuestros hijos sabéis que os obligáis a educarlos para que sean buenas personas? Me decía el que lo escuchó: a ver qué se entiende por ser buena persona, porque para un terrorista cuantos más matas, mejor eres…

Caso 3. Boda en ermita semi abandonada. Compromiso matrimonial. Ahí va la fórmula (es esa porque se la dieron escrita en el folleto de la celebración: “ahora que estamos aquí, quiero comprometerme a ser tu compañera fiel, tu amiga incondicional, y tu amante eterna, atrévete a construir nuestro destino, porque sé que tanto tú como yo, estamos convencidos que juntos somos mejor que separados”.

¿Se ha mejorado algo? No. A ver si encuentran la diferencia:

Caso 1. Ritual: ¿Creéis en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que nació de Santa María Virgen, murió, fue sepultado, resucitó de entre los muertos, y está sentado a la derecha del Padre?

Caso 2. Ritual: ¿Sabéis que al pedir el bautismo para vuestro hijo, os obligáis a educarlo en la fe, para que este niño, guardando los mandamientos de Dios, ame a Dios y al prójimo como Cristo nos enseña en el evangelio?

Caso 3. Ritual: Yo, N., te recibo a ti, N., como esposa y me entrego a ti, y prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y así amarte y respetarte todos los días de mi vida.

Pues eso. Ahora me dicen si en aquellas primeras comuniones, en el bautizo del pueblo o en la boda de la ermita, al cambiar el ritual se mejoró o se descafeinó completamente el asunto.

Por cierto, también me cuentan de una parroquia donde hace tiempo que a Dios se le ha quitado el atributo de todopoderoso. Debe ser teológicamente más exacto y pastoralmente la leche. Y si está en el credo apostólico y en las demás fórmulas de fe, y el cura de turno ha decidido que no, pues nada, con dos narices.

Jorge Glez. Guadalix 

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