(De profesión cura) Impresionante lo que hemos vivido con la presencia del papa León en Madrid. Verdad que podemos ponernos especialmente tiquismiquis y rebuscar para encontrar peros. Solo faltaba. Yo les doy mi impresión, que e sla mía y punto.
- Lo primero, felicitar al cardenal arzobispo de Madrid por la organización. Impecable en todos los sentidos.
- Impresionante la respuesta de los fieles en la calle y en todos los actos.
- Me gustó mucho el saludo del cardenal Cobo en la vigilia con jóvenes y muchísimo las respuestas del papa a las preguntas de los jóvenes. Sobrecogedor el tiempo de oración con un silencio sincero de más de 600.000 asistentes. Me sobró el numerito de Godspell, obra estrenada en los años 70. A ver si evolucionamos.
- De antología del pensamiento católico el discurso en el Congreso de los Diputados. Todo lo que se diga es poco.
- No se puede hablar de todo. Muy distinto el acto en el Bernabéu con la Iglesia de Madrid, donde hubo tiempo para reír, rezar, cantar.
España es católica por más que se empeñen en lo contrario desde Azaña, por más que las encuestas quieran demostrar el abandono de la Iglesia, por más que los políticos busquen dar carta de naturaleza a una laicidad que nadie pidió ni recoge la Constitución. Solo un pueblo católico, una ciudad católica como Madrid, hacen posible reunir 600.000 jóvenes en una vigilia, 1.200.000 personas en misa y cientos de miles en las calles para saludar al sucesor de Pedro ¡sin un solo altercado, sin una papelera rota, sin el rastro de un papel en el suelo!
Católicos que se molestan, que rezan, cantan y se emocionan. Católicos que saben amar. Católicos deseosos de que alguien les confirme en la fe.
“¡Dios, qué buen vasallo, si oviesse buen señor!” proviene del verso 20 del célebre Cantar de Mío Cid. Ya tenemos los buenos vasallos, católicos provenientes de toda España que manifiestan su deseo de seguir a Cristo hasta la heroicidad en el seno de la Iglesia Católica. Católicos que claman por pastores que sean sal de la tierra -evangelio de hoy- y no se conformen con edulcorar cualquier cosa en un cómodo endulzar todo y pasar por todo para caer bien y conseguir una limosna.
Tras la visita del papa León, después de una semana santa que cada año crece y es vivida con mayor devoción, hemos de proclamar que el problema no está en los vasallos, que han demostrado fidelidad, lealtad y capacidad de compromiso, sino en la necesidad de que la Iglesia les ofrezca señores llenos de fe, fieles al evangelio, valientes, testigos capaces de entusiasmar y guiar a su pueblo a la santidad, la evangelización y el anhelo del cielo.
Tenemos los mejores vasallos. Pedimos los mejores señores.

No hay comentarios:
Publicar un comentario