sábado, 11 de julio de 2026

Mañana Día del Señor


Homilía del Sr. Arzobispo en la despedida de los padres jesuitas de San Esteban del Mar (Gijón)



Queridos hermanos y hermanas, paz y bien a todos. Saludo cordialmente al señor Vicario General, don Adolfo, al Provincial de los jesuitas, padre Enrique, así como al vicario de la zona de Gijón-Oriente, don José Ángel, al párroco de esta comunidad hasta este momento, padre Manuel, y a los demás sacerdotes jesuitas o diocesanos que nos acompañan. A las religiosas presentes y a todos vosotros, queridos hermanos, en el Señor.

La vida está hecha de momentos que señalan el calendario de cada biografía: la llegada o la partida, las lágrimas o las sonrisas: la salud pletórica o la enfermedad que nos achaca, el aplauso o el desprecio, y la vida se va tejiendo en cada tramo de nuestra andadura de cada uno de estos momentos.

Hace casi 60 años, con inmensa alegría, llegaron los padres jesuitas para hacerse cargo en esta capilla, que para ellos era familiar por ser la del Centro de Formación Profesional Escuela Revillagigedo, de la Comunidad Natahoyo de los jesuitas desde hace ochenta años, para constituirse en una parroquia nueva en Gijón, la parroquia de San Esteban del Mar. Sesenta años después, los jesuitas, que como todo religioso, como todo sacerdote, tienen ligero el equipaje y están prontos para ir a donde la Providencia nos envía, vuelven a hacer maleta, y se ponen a caminar.

No es un capricho, no es tampoco un desdén, sino una necesidad que se siente en la comunidad. La diócesis de Oviedo mira con inmensa gratitud estos años, que no han sido pocos, de la entrega de estos buenos jesuitas en este rincón diocesano de Gijón. Y con inmensa comprensión, aceptamos que, por imperativos de recolocación vocacional en sus cuadros personales, tengan que decirnos adiós, como quien dice simplemente un “hasta luego”. Queda aquí toda la labor bien hecha, que ha sido tanta y realmente buena. Y queda la amistad que nos une, que podremos seguir gozando, estén donde estén, y quedando nosotros donde quedamos.

A los padres jesuitas nuestra gratitud como Archidiócesis de Oviedo. Ellos pertenecen a una familia religiosa cuyo padre fundador, San Ignacio de Loyola, sintió como llamada esa itinerancia que le sacaba de los monasterios, o de los conventos que otras familias religiosas precedentes tenían como hábitat, para hacerles misioneros disponibles a lo que el Papa pudiera indicarles, siendo compañeros en esta avanzadilla evangelizadora en donde no ha habido espacio, lugar o encomienda, en donde la Compañía de Jesús no haya tenido una preciosa presencia: en el mundo educativo, en el compromiso de la pastoral social, al lado de la gente más pobre, también marcando el horizonte moral y la altura intelectual en tantas universidades, en las parroquias más sencillas y en las labores de mayor incumbencia, en la pasión misionera sin fronteras ni exclusiones, siempre siguiendo lo que Dios pedía buscando su mayor gloria, debidamente discernido, obedeciendo a la Santa Madre Iglesia.

Por eso mi agradecimiento personal como arzobispo y la diócesis que en esta tarde represento es una gratitud sentida por estos casi 60 años de amistad, de compromiso y de trabajo pastoral. Cuando decimos adiós los cristianos, decimos siempre hasta luego. No es el adiós fatal, que llena de nostalgia apagada y de distancia insuperable una relación interrumpida. Sino un hasta luego lleno de gratitud por lo que hemos compartido y también lleno de esperanza en lo que deseamos como mejor para todos y cada uno de ellos.

La Palabra de Dios de este decimocuarto domingo, nos señala ya en la palabra del profeta Zacarías que Dios es alguien sencillo, alguien que se adapta, alguien que sabe entrar en un pollino de borrica, no en un alazán pendenciero como quien triunfa provocadoramente, llegando a los lugares metiendo miedo. Es más bien alguien tan sencillo que es el remedo de la entrada de Jesús en Jerusalén, en una misma cabalgadura, entre hosanas y vivas, como instrumento de la paz y heraldo del bien.

Esta imagen que el profeta nos ha dibujado es lo que cualquier misionero, cualquier religioso, cualquier sacerdote debe pretender, y nada más que esto: entrar con sencillez, sabiéndonos portadores de una gracia que, repartiendo nuestras manos, no la han hecho ellas. Y sabiéndonos portavoces de una palabra que, aunque la pronuncien nuestros labios, no la han inventado ellos.

Portavoces de una palabra más grande, portadores de una gracia mayor de las que sencillamente somos instrumentos. Es lo que han hecho los padres jesuitas en estos 60 años en esta parroquia de San Esteban. Es lo que intentamos hacer en cada rincón de Asturias, de España y del mundo entero, aquellos que somos enviados en el nombre de Dios para comunicar la Buena Nueva.

El Evangelio nos ha dibujado ese secreto de Jesús, que no era otro sino su relación con el Padre Dios, madrugando cada día o trasnochando cada tarde para ponerse a la escucha de su Palabra y a la contemplación de su Belleza. Con ellas luego propondría parábolas y realizaría signos y milagros, para los que especialmente sencillos y descartados, sufrían el agobio y el cansancio cotidianos.

Por eso, junto con mi gratitud, vayan mis mejores deseos. Algunos jesuitas marchan, peo otros aquí quedan a Dios gracias. Y seguiremos beneficiándonos de ese precioso carisma, el de la Compañía de Jesús, en nuestra Iglesia diocesana. Tienen esos dos colegios, esta escuela de formación profesional y varias obras apostólicas. Quedará esta parroquia nuevamente en las manos de los sacerdotes diocesanos que con premura podremos enviar.

La Compañía de Jesús, permanece y por tanto su carisma sigue siendo un regalo y una bendición para nuestra diócesis que yo agradezco. Por eso, querido Padre Provincial, querido amigo Enrique, gracias porque estáis, porque seguís estando, continuando escribiendo esta historia inacabada que con nosotros habéis escrito ya.

Ahora se pone un punto y seguido en esta parroquia de San Esteban y serán otros los escribanos como responsables últimos de esta comunidad cristiana, pero sabemos bien, como el Papa Francisco nos lo recordó, y el Papa León sigue insistiendo en ello, lo que ya desde el Concilio Vaticano ii se nos dijo: que la Iglesia no la hacemos los obispos o los curas, la Iglesia es el pueblo de Dios. En ella hay esas tres vocaciones fundamentales: los pastores con su ministerio, los consagrados con sus carismas y los laicos con su compromiso bautismal en la familia, en el trabajo y en la política. Una comunidad cristiana goza de estas tres vocaciones cristianas básicas y las vivimos fraternamente cada uno con su llamada personal de Dios.

Cada cual con su responsabilidad construimos el Reino, haciendo creíble lo que Jesús predicó y haciendo cercano lo que Él puso en nuestras manos. Dios, que es sencillo, no es un Dios lejano ni huraño. Tan cercano es a nosotros que no hay lágrimas nuestras con las que Él no haga su llanto, y no hay sonrisa y alegría nuestra con la que él no haga su propia fiesta. Y esta es la buena noticia que en este momento histórico del mundo y de la sociedad tan amenazada por guerras, tan acosados por corrupciones varias, tan desanimados por tantos motivos, los cristianos debemos y podemos acercar un mensaje evangélico, como quien canta una buena noticia, y regala a raudales un motivo para la esperanza.

Reitero mi gratitud a los padres jesuitas, lo mejor para lo que les depara a los que aquí han estado trabajando, en lo que la Divina Providencia les encomendará, desde la obediencia a la Compañía de Jesús y a las necesidades de la Iglesia. Y lo mejor deseamos también para la comunidad cristiana que seguirá viva y acompañada por el nuevo párroco que venga.

Decía el Padre Manuel que no son todos los que están, pero los que estáis sois muy bienvenidos. Me presta enormemente poderos agradecer vuestra numerosa presencia en esta tarde, agridulce, pero no llena de melancolía. Porque la melancolía siempre nos arruga y nos deja débiles, mientras que el adiós, aunque sea un hasta luego, despierta siempre y sencillamente la gratitud y la buena esperanza. Y es lo que, a todos vosotros, hermanas y hermanos, de corazón yo os deseo.

Que Dios os bendiga, que San Esteban nos acompañe, y que la Virgen Santísima os proteja con su manto. Amén.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

Parroquia San Esteban del Mar (Gijón)
4 de julio de 2026

viernes, 10 de julio de 2026

San Cristóbal, Patrono de El Castro (Lugones)


San Cristóbal Mártir es universalmente conocido como el patrono de los conductores y transportistas. Su tradición evoca a un hombre de fuerza descomunal que ayudaba a los viajeros a cruzar un peligroso río. Según el relato cristiano, en una ocasión cargó sobre sus hombros a un niño que pesaba tanto como el mundo entero: era el propio Jesucristo. De ahí nace su nombre (del griego Christophoros, "portador de Cristo") y su arraigada protección sobre los viajeros. Antaño se creía que bastaba con mirar su imagen por la mañana para quedar libre de peligros durante el día. Hoy, esa herencia se traduce en las medallas y estampas que presiden infinidad de salpicaderos de coches y camiones. En la localidad asturiana de Lugones, el barrio de El Castro vive con especial devoción la memoria de San Cristóbal. Ubicado en un punto estratégico del concejo de Siero, este histórico entorno rendía honores a su patrono en la finca del Peralón. 

A nivel nacional, la Conferencia Episcopal Española (CEE) canaliza esta misma devoción a través de la Jornada de Responsabilidad en el Tráfico. Promovida por el departamento de Pastoral de la Carretera, englobado en la Subcomisión Episcopal para las Migraciones y Movilidad Humana, esta jornada nacional alcanza ya su 58.ª edición. La Iglesia española celebra este día de manera estratégica el primer domingo de julio, coincidiendo con la primera gran operación salida de las vacaciones de verano. El objetivo prioritario es apelar a la conciencia moral de todo aquel que se pone al volante. Bajo el lema evangélico «Sed prudentes y sencillos», la campaña de la CEE enfatiza que la seguridad vial constituye un verdadero acto de amor al prójimo. 

Los obispos articulan su llamamiento en torno a pautas fundamentales: La Prudencia, entendida como la virtud de anticipar riesgos, acatar estrictamente los límites de velocidad y evitar las distracciones para salvaguardar la vida propia y ajena. La Sencillez, traducida en la carretera como el ejercicio de la humildad, la paciencia ante los fallos ajenos y la cortesía de ceder el paso. Y Gratitud y Bendición, pues los subsidios de la jornada rinden homenaje al trabajo esencial de camioneros, taxistas, repartidores y servicios de emergencia. El patronazgo de San Cristóbal en El Castro de Lugones demuestra cómo las identidades locales se alinean perfectamente con las preocupaciones globales de la Iglesia. 

Conferencia "La respuesta de las democracias a los retos éticos y antropológicos de la sociedad''

 

Los Jesuitas dejan la Parroquia de Tremañes tras 45 años de presencia y 54 años vinculados al lugar


La Compañía de Jesús empezó a colaborar en la Parroquia de San Juan Bautista de Tremañes (Gijón) en 1972, cuando era párroco de esta localidad el sacerdote diocesano D. José María Díaz Bardales. Bardales se había formado con los jesuitas en Carrión de los Condes y les tenía un grandísimo aprecio. Es a comienzos de los setenta cuando se incorpora a colaborar con la parroquia de Tremañes el P. Cándido Viñas, S.J., que estaba destinado en la Universidad Laboral. Cuando la Compañía de Jesús dejó la Laboral, en 1978, al P. Cándido lo destinaban fuera, y Bardales habló con Don Gabino para evitar su marcha. El arzobispo dijo: "Hombre, si el padre provincial de los jesuitas accediese a darle un nombramiento en Tremañes...". Era el padre provincial en ese momento el P. Valentín Menéndez, S.J., natural de Gijón, que también había estudiado en Carrión de los Condes. El provincial dio el visto bueno y, así, el P. Cándido fue nombrado coadjutor de la parroquia de Tremañes. Después se incorporó otro jesuita, el P. Jesús Ángel Fernández, S.J., también cura obrero. En 1979, D. José María Díaz Bardales pidió a Monseñor Díaz Merchán que nombrase a los jesuitas párrocos de Tremañes; a este le pareció bien y fue nombrado el P. Cándido párroco moderador del equipo in solidum de la Parroquia de San Juan Bautista de Tremañes, junto a D. José María Díaz Bardales y el P. Jesús Ángel Fernández, S.J., como coadjutor.

Con la jubilación del entonces párroco de San José de Gijón, Don Carlos Díaz, en 1981, el arzobispo de Oviedo en aquel momento, Monseñor Díaz Merchán, nombró nuevo párroco de la feligresía de San José al sacerdote D. José Luis Martínez González, que ejercía en la parroquia de Nuestra Señora de Fátima en el barrio gijonés de La Calzada. Don José Luis puso como condición al arzobispo que aceptaba ir a San José si en la parroquia de Fátima le sustituía Bardales. A su vez, Bardales aceptó ir destinado a La Calzada y dejar la parroquia de Tremañes con la condición de que siguieran los jesuitas con la parroquia de San Juan Bautista. No se logró, sin embargo, establecer una comunidad independiente de jesuitas en el lugar, sino lo que se conoce en la Compañía de Jesús como un coetus; es decir, un pequeño grupo de jesuitas que dependen de una comunidad mayor. En el caso de Tremañes, los jesuitas que vivieron en el lugar siempre se consideraron parte de la comunidad del Natahoyo, siendo el superior de esa casa también el de Tremañes.

Entre 1990 y 1998 llegaron a ser tres jesuitas viviendo en Tremañes, con el refuerzo del P. José Manuel Alonso Busto, S.J. —natural de Villaviciosa— junto al P. Cándido y al P. Jesús Ángel. El P. José Manuel empezó colaborando en la parroquia de Tremañes y en la de Santa Bárbara del Poblado de 1990 a 1995. En 1995 fue nombrado párroco in solidum de San Juan Bautista de Tremañes. En 1998, el P. José Manuel es destinado a Santiago de Compostela. Tras un año junto a la tumba del Apóstol, fue destinado a Montevideo (Uruguay), donde permaneció hasta 2003, año en que regresa a España. Tras un curso sin destino, regresa a Gijón a la Comunidad de la Inmaculada como operario durante el curso 2004-2005. En el año 2005 es destinado a la Comunidad de León, donde estará encargado de la biblioteca hasta 2009. En el año 2009 es enviado a la enfermería de Villagarcía de Campos (Valladolid), donde fallece en 2018 a los 94 años de edad.

En el año 2018 se despidió el P. Cándido Viñas, S.J., de Tremañes al ser destinado a la enfermería de Villagarcía de Campos —su pueblo natal—. Ya había estado vinculado a Gijón en una primera etapa de maestrillo (1960-1962) en la Universidad Laboral y, después, optó por la experiencia de cura obrero trabajando, entre otras empresas, en la Industria Laviada, el dique de Duro Felguera y de barrendero en la empresa Limpiezas El Sol. Falleció en 2022 a los 87 años de edad. En el año 2018 fue nombrado párroco de San Juan Bautista de Tremañes por Monseñor Fray Jesús Sanz Montes, O.F.M., el P. Jesús Ángel Fernández, S.J., el único jesuita que quedaba en el lugar. En estos últimos ocho años ha atendido la parroquia de Tremañes junto a la capilla de Nuestra Señora del Rosario de Lloreda. Con la jubilación del P. Jesús Ángel se pone fin a la presencia de la Compañía de Jesús en Gijón de forma fija, aunque seguirán atendiendo desde Oviedo la pastoral del Colegio La Inmaculada, del Centro Revillagigedo y del Hogar de San José. San Juan Bautista de Tremañes era la última parroquia que llevaba la Compañía en la Archidiócesis de Oviedo tras haber dejado la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús de Gijón en 1999, la parroquia de Santa Olaya del Natahoyo en 2008, la parroquia de la Inmaculada de Gijón (que fue suprimida en 2017) y tras haber traspasado la de San Esteban del Mar este mes de julio de 2026. Al devolver a la diócesis la parroquia de San Juan Bautista de Tremañes, en la que colaboraban desde 1972 y que atendían desde 1979, ya solo le queda a la Compañía la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús de Oviedo, del antiguo convento de las Salesas. Se da la circunstancia de que el nuevo párroco de Tremañes, Don Arturo Serrano Calvo Aladro, fue también en su día jesuita, hoy sacerdote diocesano de Oviedo y capellán castrense en la reserva.

jueves, 9 de julio de 2026

Unidos en oración junto a nuestro Párroco

Con profundo respeto, fe y cariño hemos conmemorado en nuestra comunidad parroquial el primer aniversario de la partida al encuentro del Señor de Doña María Teresa Vila Fernández, madre de nuestro querido Párroco. Ha transcurrido un año desde que Tere fue llamada a la Casa del Padre. A lo largo de este tiempo, su recuerdo ha permanecido vivo no solo en el corazón de su familia, sino también en el de toda esta comunidad cristiana que, desde el primer momento, hizo suyo el dolor de su pastor.

Quienes tuvimos la dicha de conocerla la recordamos como una mujer de fe profunda, generosidad silenciosa y una entrega admirable a los demás. Su mayor legado se refleja en la vocación y el servicio de su hijo, quien día a día guía los pasos espirituales de nuestra parroquia con el mismo amor y dedicación que sin duda aprendió en el seno de su hogar.

La pérdida de una madre deja un vacío que solo la fe en la Resurrección puede reconfortar. Por ello, en esta fecha tan significativa, nos hemos unimos de manera especial en oración junto a nuestro Párroco y a toda su familia. Hemos querido rodearlos con nuestro afecto fraterno y nuestra plegaria, recordando las palabras de San Agustín: "No te lamentes por haberlo perdido, da gracias por haberlo tenido".

Invitamos a todos los fieles y miembros de la comunidad a unirse en la Santa Misa que se ofrecerá en su memoria. Nos reunimos en torno al altar para dar gracias a Dios por la vida de María Teresa y para pedir por su eterno descanso, con la firme esperanza de que ya goza de la paz celestial en la presencia del Señor, su queridísimo Cristo de Candás, y de la Virgen María, Nuestra Señora de Covadonga. 

Recordamos las hermosas palabras que Don Joaquín escribió hace año con motivo de la despedida de su madre: Agradecimiento. Por Joaquín Manuel Serrano Vila

Dale, Señor, el descanso eterno, y brille para ella la luz perpetua. Descanse en paz. Amén.

El Nuncio en España: «La dignidad precede al Estado y no está subordinada a consensos sociales mudables o al vaivén de las mayorías»

(Infovaticana) Mons. Piero Pioppo pronuncia en la Escuela de Verano de la Conferencia Episcopal una conferencia sobre el consenso moral que enmienda de raíz el liberalismo procedimental: sin verdad sobre el hombre, la democracia se queda en «mera formalidad».

El Nuncio Apostólico en España, Mons. Piero Pioppo, intervino el pasado 7 de julio en la Escuela de Verano organizada por la Conferencia Episcopal Española, la Fundación Pablo VI y la Universidad Pontificia de Salamanca, dedicada al «colapso de la democracia». Su conferencia, titulada El consenso moral como fundamento de la sociedad democrática, recorre de Cicerón a Ratzinger, pasa por la Transición española y desemboca en el reciente discurso de León XIV ante las Cortes Generales del 8 de junio.

Pero lejos de quedarse en un elogio genérico de la democracia, el representante del Papa en España dejó afirmaciones de notable calado doctrinal —y de evidente lectura política— sobre el aborto, la eutanasia, la libertad educativa de los padres y el fundamento último de todo consenso: Jesucristo.

1. La dignidad no la vota nadie

El pasaje central de la conferencia sitúa la dignidad humana por encima de cualquier mayoría parlamentaria, apoyándose en Benedicto XVI y su discurso ante el Bundestag:

«Por lo tanto, la sociedad auténticamente justa se edifica sobre el reconocimiento de la dignidad inviolable de la persona humana, que precede al Estado y no está subordinada a consensos sociales mudables o al vaivén de las mayorías de cada momento. Desde este debido respeto a la dignidad humana se derivan, entre otras, las siguientes consecuencias: la justicia pone límites a la fuerza; el poder necesita legitimidad; los pobres pertenecen a la comunidad y el extranjero es acogido conforme a su dignidad, esto último como parte del rico patrimonio de la Doctrina Social de la Iglesia que sugiere al Estado la atención a los más necesitados. Así lo recordó, con altura de miras, el Santo Padre en varios de sus discursos durante su estancia en nuestro País.»

2. De la concepción al ocaso natural: el dardo a las leyes de aborto y eutanasia

Glosando el discurso de León XIV ante las Cortes, el Nuncio recordó a los legisladores españoles cuál es la primera víctima cuando la dignidad «se oscurece»:

«En consecuencia, toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural, en cada circunstancia de su existencia. Porque, cuando esta certeza se oscurece, los más vulnerables son las primeras víctimas y la ley pierde su significado más profundo: servir y proteger a cada persona. Por eso, la grandeza moral de una nación se manifiesta en su capacidad de acompañar, proteger y amar aquellas vidas que atraviesan mayor fragilidad. Cuando esta convicción permanece viva, el derecho se convierte en amparo de todos y en garantía frente a la imposición de intereses y agendas particulares.»

3. La libertad no es elegir, es adherirse al bien

Frente a la concepción liberal de la libertad como mera ausencia de coacción, Pioppo propuso la definición clásica, citando la Dignitatis humanae:

«La libertad de pensamiento, de conciencia y de religión son los pilares sobre la que se edifica el Estado contemporáneo. Ser libre no es solo ausencia de coacción o disponer de posibilidades de elección. Es también reconocer el bien y adherirse a él responsablemente. Toda sociedad libre requiere también una justa delimitación del poder público, de modo que se salvaguarde la libertad de las personas, de las comunidades y de las asociaciones.»

4. Los padres, no el Estado, eligen la educación de sus hijos

En plena vigencia de la legislación educativa española, el Nuncio subrayó —con cita del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos— un derecho que calificó de «primario e inalienable»:

«Muchos padres depositan grandes esperanzas en las instituciones educativas como valiosas aliadas en la educación de los hijos. Esta colaboración ha de respetar siempre el derecho primario e inalienable de los padres a elegir el tipo de educación y de formación que reciben sus hijos, en coherencia con sus propias convicciones morales, culturales y religiosas. Los valores de la libertad, la igualdad, la solidaridad, la tolerancia, la justicia o la reciprocidad serían mera formalidad sin el respeto a la verdad sobre el ser humano y a los valores objetivos que dimanan de la dignidad de la persona humana. El Estado requiere de una base moral previa para no caer en la arbitrariedad.»
5. La clave de bóveda: solo Cristo revela la verdad sobre el hombre

La conclusión de la conferencia abandona el terreno de la razón compartida y proclama sin ambages el fundamento cristológico de todo consenso posible:

«La clave de bóveda del consenso moral, en todos los ámbitos de la vida humana, los que han sido objeto de esta reflexión y los que le son complementarios (perdón, tolerancia, diálogo, coexistencia, etc.) es que la verdad sobre el hombre la revela solo Jesucristo y es comunicada por su Iglesia: somos y estamos llamados a vivir como Hijos de Dios y hermanos en Cristo. Un futuro mejor depende de la formación y consolidación de la conciencia moral y de la colaboración de todos. Solo la Verdad nos hace libres (Jn 8, 32) y hay que buscarla con sincero corazón. Quien la busca, como la buscaba San Agustín con su corazón inquieto, la acaba encontrando y, desde ese encuentro con la Verdad, viene iluminado el entendimiento humano para que podamos constituir las bases de un auténtico consenso moral como fundamento de la sociedad democrática.»

miércoles, 8 de julio de 2026

Nombramientos diocesanos 2026



El Sr. Arzobispo, Mons. Jesús Sanz Montes, ofm, ha procedido a realizar los siguientes nombramientos:

Cabildo Catedral:
D. Juan Ignacio García Iglesias, Canónigo de la SICBM (Santa Iglesia Catedral Basílica Metropolitana).

Vicaría de Oviedo-Centro

Arciprestazgo de Oviedo

D. Jorge Juan Fernández Sangrador, Párroco de San Isidoro El Real.

D. Vicente Pañeda Requejo, Vicario parroquial en la UP de San Antonio de Padua de la Florida y San Melchor de Quirós de Vallobín y encomienda.

D. Juan Luis Monzón Viera, Párroco en la UP de Caces y encomienda. Parroquias: San Juan Bautista de Caces, San Juan de Priorio-Las Caldas, San Pelayo de Puerto.

D. Artemio Grande Bermejo, Diácono permanente adscrito en la UP de Caces.

D. Constantino Bada Prendes, Vicario parroquial en la UP de San Juan El Real.

D. Gabino Cienfuegos Prada, Diácono permanente adscrito en la UP de San Juan El Real y tanatorios.

Arciprestazgo de Siero

D. Juan Felipe Restrepo Díaz, Párroco de Bimenes en la UP de Nava-Bimenes. Parroquias: San Julián de Bimenes, Santo Tomás de Priandi, San Emeterio de Bienes y Santa María de Suares.

Arciprestazgo de El Caudal

D. Juan Bautista González Crespo, Vicario parroquial en la UP de Mieres. Parroquias: San Juan Bautista de Mieres, San Pedro de Mieres, San José de Ablaña, San Bartolomé de Baiña, Santo Cristo de la Peña, Santa María Magdalena de la Rebollada, San Pedro de Loredo, Santa Eugenia de Seana.

D. Adrián Menéndez Conde, Diácono Permanente Adscrito a Riaño y La Felguera. Parroquias: San Pedro de La Felguera, San Miguel de Lada, Virgen del Carmen de Pando, Santa María de Paranza, San Martín de Riaño, Nuestra Señora del Amparo de Tuilla.

Vicaría de Gijón Oriente

Arciprestazgo de Gijón

D. Antonio Nistal Hernández, Párroco en la UP de Roces y Administrador parroquial de Granda. Parroquias: Nuestra Señora de Covadonga, San Julián de Roces y Santo Tomás de Granda.

D. Fernando Velado González, Párroco de Caldones y Lavandera en la UP de Vega y encomienda. Parroquias: San Vicente de Caldones y San Julián de Lavandera.

D. Serrano Arturo Calvo Aladro, Párroco de Tremañes en la UP de Tremañes. Parroquias: San Juan de Tremañes.

D. Segundo Fernández Arias, Administrador parroquial de San Esteban del Mar en la UP de Santa Olaya-Natahoyo y encomienda.

D. Eduardo Zulaiba Cordero, Párroco de San Melchor de El Cerillero, en la UP de La Calzada.

D. Enmanuel González Ortiz, Párroco en la UP de La Asunción-San Juan XXIII. Parroquias: La Asunción (El Bibio) y San Juan XXIII (Viesques).

Arciprestazgo de Villaviciosa

D Miguel Ángel Bueno Sierra, Párroco en la UP de La Marina. Parroquias: San Mamés de Argüero, Santa María de Arroes, San Andrés de Bedriñana, Santa Cecilia de Careñes, San Juan de Castiello de La Marina, San Félix de Oles, San Martín del Mar, Santos Justo y Pastor de Sariego, San Miguel de Tazones, San Pedro de Villaverde.

D. Edgar Perales Barboza, Vicario parroquial en la UP de Colunga-Lastres y Administrador parroquial de Camoca y Valdebárcena. Parroquias: San Cristóbal de Colunga, Santa María de Bierces-La Riera, Santa Úrsula de Carrandi, Santiago de Gobiendes, Santa María de La Isla, Santa María de Lastres, Santa María Magdalena de Libardón, San Vicente de Lué, San Pedro de Pernús, San Pelayo de Pibierda, La Consolación de Prado, San Pedro de Sales y San Juan de Duz. San Juan Evangelista de Camoca y San Andrés de Valdebárcena.

Arciprestazgo de Llanes

D. Pelayo Díaz Avello, Diácono transitorio adscrito en la UP de Ribadesella. Parroquias: Santa María Magdalena de Ribadesella, Santa María de Berbes, San Martín de Collera, San Mamés de Cuerres, San Salvador de El Carmen-Moro, Santa María de Junco, San Esteban de Leces, Santa María de Linares, San Juan de Santianes, San Miguel de Ucio.

Arciprestazgo de Covadonga

D. Alfonso López García, Párroco en la UP de Infiesto. Parroquias: Santa María de Anayo, Nuestra Señora de la Asunción de Arquedosa, San Pedro de Beloncio, San Juan de Berbío, San Martín de Borines, Santa Lucía de Cadanes, San Vicente de Cereceda, Santa Eulalia de Coya, Nuestra Señora de las Nieves de Espinaredo, Nuestra Señora de la Merced de Lodeña, Santa María de los Montes, Santo Domingo de La Marea, Santa Ana de la Maza, Santa María de la O de Millares, San Antonio de Pesquerín, San Cristóbal de Pintueles, Santa Eulalia de Ques, San Lorenzo de Sellón, San Pedro de Sevares, San Pablo de Sorribas, Santo Toribio del Tozo, Santa María Magdalena de Valle, San Pedro de Villamayor, San Román y Santa María de la Asunción de Villa.

D. Rafael García Fernández, Vicario parroquial en la UP de Infiesto. Parroquias: Santa María de Anayo, Nuestra Señora de la Asunción de Arquedosa, San Pedro de Beloncio, San Juan de Berbío, San Martín de Borines, Santa Lucía de Cadanes, San Vicente de Cereceda, Santa Eulalia de Coya, Nuestra Señora de las Nieves de Espinaredo, Nuestra Señora de la Merced de Lodeña, Santa María de los Montes, Santo Domingo de La Marea, Santa Ana de la Maza, Santa María de la O de Millares, San Antonio de Pesquerín, San Cristóbal de Pintueles, Santa Eulalia de Ques, San Lorenzo de Sellón, San Pedro de Sevares, San Pablo de Sorribas, Santo Toribio del Tozo, Santa María Magdalena de Valle, San Pedro de Villamayor, San Román y Santa María de la Asunción de Villa.

D. Daniel Rojo Fernández, Vicario parroquial en la UP de Cabrales. Parroquias: Santa María de Llas (Arenas), San Pablo de Arangas, San Miguel de Asiego, Santa María Magdalena de Berodia, San Martín de Bulnes, San Pedro de Camarmeña, San Andrés de Carreña de Cabrales, Santa Cruz de Inguanzo, Santa María Magdalena de Póo, San Roque de Prado-Ortiguero, Santa Eulalia de Puertas de Cabrales, San Pedro de Sotres y San Cristóbal de Tielve.
 
D. Modesto Mateo Aristy, Vicario parroquial en la UP de Cangas de Onís. Parroquias: Santa María de Cangas de Onís, San Pedro de Mestas de Con, Santa Eulalia de Abamia-Corao, San Lorenzo de Abiegos, San Martín de Argolibio, Santa Eulalia de Benia de Onís, Nuestra Señora del Buen Suceso de Bobia, San Esteban de Carangas, San Juan de Casielles, Santa María de las Nieves de Cazo, San Pedro de Dego, Santa María Magdalena de Gamonedo, San Martín de Grazanes, San Bartolomé de Labra, Santo Tomás de Llenín, San Pedro de Mestas de Con, Santa María de Mián, San Juan de Parres, San Ignacio de Ponga, San Antonio de La Robellada, Santa María de San Juan de Beleño, San Juan de Amieva, Santa María de Sebarga, San Pedro de Sobrefoz, Santa María de Taranes, Santa María de Viego, San Pedro de Villanueva y San José de Zardón.

Vicaría de Avilés-Occidente


Arciprestazgo de Avilés

D. Sergio Martínez Mendaro, Párroco en la UP de Trasona. Parroquias: San Vicente de Trasona, Santa María de Cancienes, Santa Cruz de los Campos, Santa María de Solís.

D. Jorge Luis Fernández Cuesta, Vicario parroquial en la UP de Santo Tomás de Sabugo. Parroquias: Santo Tomás de Cantorbery, Nuestra Señora de Las Mareas.

D. José María García Castro, Párroco en la UP de Guimarán. Parroquias: San Esteban de Guimarán, Santiago de Albandi, Santiago de Ambás, San Lorenzo de Carrió, Santa María La Real de Logrezana, San Juan de Tamón y Santa Eulalia de Valle.

D. David Álvarez Rodríguez, Párroco en la UP de Las Vegas. Parroquias: Sagrada Familia de Las Vegas, San Esteban de Molleda, San Juan Degollado de Villa.

D. Andrés Fernández Díaz, Párroco en la UP de Piedras Blancas. Parroquias: San Martín de Laspra y Santa María, Madre de la Iglesia. San Miguel de Quiloño y San Cipriano de Pillarno.

Arciprestazgo de Villaoril

D. Manuel García Velasco, Párroco en la UP de Luarca y encomienda. Parroquias: Santa Eulalia de Luarca, San Sebastián de Barcia, Nuestra Señora de Covadonga de La Cigal, San Salvador de la Montaña de Rionegro, San Bartolomé de Otur, Santiago de Santiago de Arriba y encomienda.

D. Alfonso López Menéndez, Párroco en la UP de Navia. Parroquias: Nuestra Señora de la barca de Navia, San Pedro de Andés, San Salvador de Piñeda.

D. Jonathan Solano Monge, Párroco en la UP de Coaña-Villayón y encomienda. Parroquias: San Pedro de Villayón, Santiago de Arbón, Santa María de Cartavio, Santa María de Coaña, Santiago de Folgueras, San Martín de Mohías, Santa María de Oneta, San Bartolomé de Parlero, Santiago de Ponticiella, San Juan de Trelles, San Cosme de Villacondide y encomienda.

D. Luis Holguín Millán, Vicario parroquial en la UP de Grandas de Salime y en la UP de Pesoz-Los Oscos. Parroquias: San Salvador de Grandas de Salime, Santa María de Berducedo, Santa María de Lago, Santa María Magdalena de La Mesa, Santa María Magdalena de Peñafuente, San Salvador del Valledor, Santa María de Santo Emiliano-Trabada, Santa María de Villarpedre, San Juan de Vitos, San José de Brañavieja, San José de Gestoso, Santa María de La Viarón, Nuestra Señora de los Remedios de Nonide, Nuestra Señora de la Concepción de Martul, San Martín de Oscos, San Martín del Valledor, Santa Eulalia de Oscos, Santa María de Villanueva de Oscos.

D. José Alejandro Soler Castellblanch, Párroco en la UP de Tapia. Parroquias: San Esteban de Tapia de Casariego, Santa María de Campos y Salave, Santa María de La Roda, San Andrés de Serantes, San Salvador de Tol y San Agustín de Valle.

Arciprestazgo de El Acebo

D. John Ángel Terán Quintero, Párroco en la UP de Tineo. Parroquias: San Pedro de Tineo, San Salvador de Brañalonga, San Esteban de Bustiello, Santa Eulalia de El Crucero, Santos Justo y Pastor de El Pedregal, San José de El Pozón, Sagrado Corazón de El Rodical, San José de Fastias, Santa María de Francos, Santa María de Genestaza, San Pedro de Merillés, San Mamés de Nieres, San Antolín de Obona, Santo Tomás de Pereda, San Esteban de Relamiego, San Juan de Sangoñedo, San Juan de Santianes, San Julián de Santullano de Ponte, San Martín de Semproniana, San Lázaro de Silva, San Esteban de Sobrado, Santa Eulalia de Sorriba, Santa María de Soto de la Barca, Santa María de Tablado, Santiago de Troncedo, Santa María de Tuña, San Esteban de Villatresmil.

D. Geoffrey Bravo Zarpán, Vicario parroquial en la UP de Tineo. Parroquias: San Pedro de Tineo, San Salvador de Brañalonga, San Esteban de Bustiello, Santa Eulalia de El Crucero, Santos Justo y Pastor de El Pedregal, San José de El Pozón, Sagrado Corazón de El Rodical, San José de Fastias, Santa María de Francos, Santa María de Genestaza, San Pedro de Merillés, San Mamés de Nieres, San Antolín de Obona, Santo Tomás de Pereda, San Esteban de Relamiego, San Juan de Sangoñedo, San Juan de Santianes, San Julián de Santullano de Ponte, San Martín de Semproniana, San Lázaro de Silva, San Esteban de Sobrado, Santa Eulalia de Sorriba, Santa María de Soto de la Barca, Santa María de Tablado, Santiago de Troncedo, Santa María de Tuña, San Esteban de Villatresmil.

D. Yesid Montoya Aguirre, Diácono transitorio en la UP de Tineo. Parroquias: San Pedro de Tineo, San Salvador de Brañalonga, San Esteban de Bustiello, Santa Eulalia de El Crucero, Santos Justo y Pastor de El Pedregal, San José de El Pozón, Sagrado Corazón de El Rodical, San José de Fastias, Santa María de Francos, Santa María de Genestaza, San Pedro de Merillés, San Mamés de Nieres, San Antolín de Obona, Santo Tomás de Pereda, San Esteban de Relamiego, San Juan de Sangoñedo, San Juan de Santianes, San Julián de Santullano de Ponte, San Martín de Semproniana, San Lázaro de Silva, San Esteban de Sobrado, Santa Eulalia de Sorriba, Santa María de Soto de la Barca, Santa María de Tablado, Santiago de Troncedo, Santa María de Tuña, San Esteban de Villatresmil.

D. Ángel María Vilaboa Pérez, Párroco de Santa María Magdalena y otras parroquias en la UP de Cangas del Narcea, más encomiendas. Parroquias: Santa María Magdalena de Cangas del Narcea, San Pedro de Agüera, San Martín de Bergame, San Salvador de Berguño, Santa María de Carceda, San Salvador de Cibuyo, Santa Eulalia de Cueras, Santa María de Gedrez, Santa María de Giyón, San Juan de Larna, Santa María de Limés, Santa María Magdalena de Linares del Acebo, Santa María de Monasterio de Hermo, San Esteban de Noceda, Santa María de Oballo, Santa María de Posada de Rengos, Santa María de Regla de Corias, Santa María de Regla de Perandones, San Crisbóbal de Entreviñas, San Damías del Coto, San Juan de Vega de Rengos, Santa María de Vegalagar y encomiendas.

Estudios:

D. Juan José Blanco Salvador, Licenciatura en Teología Pastoral en la Universidad Pontificia Lateranense (Roma).

D. Marcos Cuervo Martínez, Estudios de Doctrina Social De la Iglesia en la Universidad San Pablo CEU (Madrid).

La entrega de nombramientos tendrá lugar en septiembre en el Palacio Arzobispal y serán efectivos a partir de la toma de posesión.

martes, 7 de julio de 2026

Mañana en Lugones

 

"Deben celebrarse sínodos, pero sin cambiar la naturaleza de la Iglesia". Entrevista al Cardenal Don Antonio María Rouco Varela

(La Nuova Bussola Quotidiana) Don Antonio María Rouco Varela es quizás el último de los grandes cardenales wojtylianos. Arzobispo emérito de Madrid, presidente de la Conferencia Episcopal Española en los años de la lucha con el gobierno de Zapatero para defender a la familia, con su autoridad el cardenal de Vilalba, de casi noventa años, fue protagonista de la obra del extraordinario Consistorio concluido hace diez días. Desde el reciente viaje de León XIV a España hasta el viaje sinodal alemán, desde la liturgia antigua hasta el futuro del catolicismo: hay muchos temas que tratamos con él en esta entrevista.

Su Eminencia, ¿está satisfecho con la frecuencia con la que León XIV os convoca a los cardenales para los consistorios?

Fue una sorpresa muy agradable para nosotros. En la historia moderna, los consistorios extraordinarios no eran muy frecuentes. Juan Pablo II se encargó de convocarlos con mayor frecuencia. Al convocarnos tan a menudo, León da una señal de confianza en nosotros, los cardenales. También muestra interés en el Colegio de Cardenales en su conjunto, confiando en él para que le ayude en su ministerio.

La vimos a su lado en Madrid. ¿Esperaba tanto entusiasmo por el viaje del Papa a España?

Sí, porque percibía que había una "sed" por el Papa. Una oportunidad así se ha estado perdiendo desde 2011.

¿Qué fue lo que más te impactó?

El discurso pronunciado en el Parlamento es una obra maestra del ejercicio del magisterio de la Iglesia en relación con la concepción cristiana del Estado. O mejor aún: sobre la concepción éticamente humana del Estado, tal como surgió de la gran catástrofe de la Segunda Guerra Mundial.

¿Se puede decir que ha arrancado los oídos del gobierno de Sánchez en cuestiones éticas?

No habló directamente a ningún partido político, pero sí se pronunció claramente contra aquellas leyes que permiten la eutanasia, el aborto y donde la institución de la familia ha desaparecido. El discurso del Papa fue muy claro. Noté que todos se levantaron y aplaudieron durante siete minutos. ¡Veamos si ahora se convierten!

Al volver al Consistorio, se habló de nuevo de Sínodo. ¿Cómo debería declinarse la sinodalidad para no ser vago?

El Papa lo dijo en la sesión final: es un estilo espiritual. Debe entenderse como una forma de ejercer la caridad dentro de la Iglesia. Luego, traducirlo en normas constitucionales es otra cuestión.

¿Deberíamos continuar por el camino del derecho al voto de los laicos emprendido en 2023?

El Sínodo de Obispos es una institución nacida del Concilio Vaticano II y puesta en marcha por Pablo VI. Así que se puso en práctica, de forma idéntica, durante los 80 y 90 hasta 2023. Ese cambio no es normativo porque el Papa no modificó la constitución en el Sínodo. Así que nada ha cambiado. Los laicos siempre han participado en los Sínodos, lo que no podían hacer era votar. Tengo algo de experiencia habiendo sido también relator general en la segunda Asamblea Especial para Europa del Sínodo de Obispos. Lo que debemos hacer es permanecer fieles a la historia canónica de la institución del Sínodo de Obispos.

¿Cuál es su recomendación sobre los Sínodos?

Siempre se han celebrado sínodos, no son nada nuevo. Es una tradición que debe mantenerse viva, pero no cambiando la naturaleza de la Iglesia.

¿Qué opinas del Camino Sinodal en Alemania?

Esto es otro asunto. Allí creo que la legislación canónica se ha saltado un poco.

¿Le preocupa la situación?

Mucho, porque afecta a los aspectos fundamentales de la fe.

¿Qué se debería hacer?

Hay una cosa que debemos hacer: rezar. Porque demasiadas veces pensamos que los hombres pueden hacerlo todo, incluso decidir la vida de la Iglesia. ¡No, no podemos!

¿Cuál es su opinión sobre este Comité Sinodal que pone a laicos y obispos en igualdad de condiciones y para el cual la Iglesia alemana desea la aprobación de Roma?

Mientras solo quieras quedar y hablar, sigues en el campo de preguntarte si realmente merece la pena. Pero si la consideran un cuerpo que ejerce autoridad en la Iglesia, entonces van en contra de la constitución divina de la Iglesia. Por lo tanto, va en contra de la Iglesia.

Pasemos a uno de los temas que iba a estar en la agenda del Consistorio: la liturgia.

Creo que debemos poner fin a los abusos de la liturgia que niegan las enseñanzas del Vaticano II. La liturgia del Vaticano II debe celebrarse adecuadamente. Y luego necesitamos comprensión para quienes desean el antiguo rito.

¿Cómo se pueden resolver las tensiones persistentes sobre la liturgia antigua?

Permaneciendo fieles a lo que establece el Concilio Vaticano II, con un poco de respeto por la libertad de los fieles dentro de la comunión de la Iglesia. Por lo tanto, no regulan.

¿Cómo recibiste el Summorum Pontificum de Benedicto XVI en Madrid?

Absolutamente. Fue una medida muy completa, creo que fue buena. En Madrid hay una iglesia donde todavía se celebra el antiguo rito. Los fieles deben tomárselo en serio, no convertirse en propagandistas de ello.

Su Eminencia, ¿qué es lo que realmente le preocupa del futuro de la Iglesia?

La crisis de fe, especialmente en Europa. Y luego la institución de la familia y el derecho a la vida amenazada. ¿Nos damos cuenta de cuántos millones de niños han muerto desde que se introdujo la legislación sobre el aborto? Este desprecio por la vida es consecuencia de haber abandonado a Dios. Pero también soy optimista. Pensemos en las Jornadas mundiales de la Juventud: ¿qué grupo humano, qué escuela de pensamiento, cultura y política puede reunir a dos millones de jóvenes en una celebración de la Eucaristía?

lunes, 6 de julio de 2026

Carta de nuestro Párroco ante el inicio del verano

Querida comunidad parroquial:

Llega el verano y con él un tiempo propicio para alternar el ritmo acelerado del año. Las vacaciones no son un simple vacío de actividad ni un paréntesis en nuestra vida de fe; son una oportunidad providencial para el descanso auténtico, el reencuentro con los seres queridos y el cultivo de nuestra vida interior. A menudo caemos en el error de pensar que las vacaciones consisten en acumular actividades o desconectar de todo, incluso de nuestra fe. Sin embargo, el verdadero reposo del corazón sólo se encuentra cuando nos alineamos con la voluntad del Padre. Él mismo nos dice: «En el desierto y en el sosiego está vuestra salvación; en la calma y en la confianza os aseguraréis la fuerza» (Is 30, 15).

Así el Señor nos enseña la importancia de apartarnos del bullicio para recobrar fuerzas. En el Evangelio encontramos su invitación directa: «Venid vosotros solos a un lugar desierto para descansar» (Mc 6, 31). Dios no nos quiere agotados ni ansiosos. Ya desde la Creación, el descanso quedó consagrado como un espacio sagrado, pues «bendijo Dios el día séptimo y lo santificó, porque ese día descansó Dios de toda la obra que había realizado» (Gn 2, 3). Con este gesto, el Creador nos enseña que el mundo no se sostiene por nuestras solas fuerzas, sino por su amor providente. Descansar es, en esencia, un acto de fe: reconocemos humildemente que el universo sigue girando aunque nosotros paremos nuestras actividades cotidianas.

En consonancia con esta sabiduría bíblica, el Papa León XIV nos ha recordado recientemente que el periodo estival es un regalo para equilibrar el espíritu. Como bien señaló el Santo Padre en sus homilías del verano pasado desde su residencia de Castel Gandolfo, debemos aprovechar estos meses para ''conciliar contemplación y acción, descanso y fatiga''. El Pontífice nos insiste en que el verano debe dedicarse a cultivar tiempo con Dios, relajarse y cuidar de los demás. El verdadero descanso no es egoísta; es el que nos sana por dentro para volvernos más generosos con el prójimo.

El descanso cristiano va mucho más allá de reponer energías para volver a trabajar; es el tiempo de la gratuidad y de la celebración. Jesús nos invita a liberarnos de las ansiedades que nos encadenan, para ver más allá de nuestros propios intereses. Él mismo nos consuela con una de las promesas más bellas del Evangelio: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré» (Mt 11, 28).

Por eso, os animo a vivir estas semanas con un sentido cristiano. Desconectar para conectar solamente con Dios y su obra creadora. Moderad el uso de las pantallas y la tecnología para escuchar el silencio de la naturaleza y admirarnos de cómo ''En verdes praderas nos hace reposar'' (Sal 23). 

Es tiempo para entablar conversaciones profundas en familia. No hagáis "vacaciones de Dios": Allá donde vayáis, buscad la parroquia local para celebrar la eucaristía dominical. La oración en los días de descanso se vuelve más pausada y agradecida. Ejercitad la caridad: el descanso nos da la paciencia y el tiempo que a veces nos faltan el resto del año para atender a los abuelos, a los enfermos o a quienes se sienten solos.

Que este verano sea un tiempo de gracia en el que el Señor restaure vuestros cuerpos y vuestras almas. También algo “desconectado”, no de Él ni de vosotros, os llevo en mi oración diaria allá donde me pille el día, y os encomiendo a la protección de la Santísima Virgen María, Madre y descanso de los caminantes.

Os desea un feliz descanso y provechoso verano

Joaquín,
vuestro Párroco.

Lecturas recomendadas verano 2026. Por Monseñor José Ignacio Munilla Aguirre

RECOMENDACIÓN ESPECIAL:

''El arte del buen combate: La libertad interior y los ochos pensamientos malignos'' de Fabio Rosini, publicado en Ediciones Cristiandad. 

MAGISTERIO:

Benedicto XVI, El Señor nos lleva de la mano (Encuentro)

León XIV, Magnifica Humanitas (Edibesa)

León XIV, Alzad la mirada. Viaje apostólico del Papa León XIV a España (San Pablo)

BIOGRAFÍA/ HAGIOGRAFÍA:

Margarita Cantera Montenegro, Fernando III el Santo (Sekotia)

Juan Miguel Zunzunegui, Hernán Cortés. Encuentro y Conquista (La esfera de los libros)

Peter Brown, Agustín de Hipona (Taurus)

Frédéric Manns, Vida de Saulo (San Pablo)

Alejandro Rodríguez de la Peña, El poder cultural de la monarquía medieval (Rialp)

Holly Ordway, La fe de Tolkien, Biografía espiritual (Ediciones Mensajero)

Adrián Bienias, El secreto de Gaudí (Ciudad nueva)

Álvaro Piñero, San Claudio de La Colombiere. Busqué un amigo (BAC)

ESPIRITUALIDAD

Erik Varden, Heridas que sanan (Encuentro)

Javier Siegrit, En su corazón (Nueva Era)

San León Magno, Sermones (Ciudad Nueva)

Pablo Cervera (Ed.), IGNATIUS, relato del peregrino. San Ignacio de Loyola (Bookman)

Klemens Stock, Jesús anuncia la esperanza. Reflexiones sobre el evangelio según San Mateo (Didaskalos)

Pablo Cervera Barranco y Javier Pueyo Velasco, Mirarán al que traspasaron: historia de la espiritualidad del Corazón de Cristo (Monte Carmelo)

NOVELA 

Jesús Sánchez Adalid, Tres alcones para Tamerlán (Editorial HarperCollins, 2026)

Chesterton, La esfera y la cruz (Rialp)

Javier Barraycoa, El genocidio de La Vendee (Libros libres)

domingo, 5 de julio de 2026

"Manso y humilde de corazón". Por Joaquín Manuel Serrano Vila


La liturgia del decimocuarto Domingo del Tiempo Ordinario en el Ciclo A, nos revela el verdadero rostro de Dios: un Dios que rechaza la soberbia y abraza la pequeñez,  el cual nos ofrece descanso en medio de nuestros cansancios cotidianos. A través de las lecturas, el Señor nos invita a desarmar nuestro corazón y a vivir según el Espíritu.

La primera lectura nos habla del Rey humilde que trae la paz. El profeta Zacarías proclama una profecía mesiánica llena de esperanza para un pueblo que ha sufrido la opresión de grandes imperios con potente poderío militar. Pero aquí encontramos otra alegría, la alegría de la llegada. El texto comienza con una invitación imperiosa: "¡Salta de gozo, Sion; alégrate, Jerusalén!". La razón de este gozo no es un triunfo humano, sino la llegada del Rey esperado. Luego está la paradoja del poder divino. Este rey es "justo y triunfador", pero se presenta "pobre y montado en un borrico"… En la antigüedad, los reyes guerreros montaban grandes corceles de batalla; el asno, en cambio, era el animal de los siervos y del trabajo diario. Dios nos salva desde la mansedumbre, no desde la imposición o la violencia. Otro apunte es el de la destrucción de las armas: este Mesías humilde romperá los arcos de los guerreros y de las caballerías de Jerusalén para dictar la paz. Nos enseña que la verdadera paz no se construye armándonos contra los demás, sino desarmando el corazón. El salmo 144 responde a este anhelo: "bendeciré tu nombre por siempre Dios mío mi rey"…

En la segunda lectura San Pablo nos presenta un contraste teológico y práctico fundamental para la vida diaria: la oposición entre vivir "según la carne" y vivir "según el Espíritu". Ese Espíritu que habita en nosotros como el Apóstol nos recuerda. He aquí nuestra identidad profunda: "Vosotros no estáis en la carne, sino en el Espíritu". Por el bautismo, el mismo Espíritu que resucitó a Jesús de entre los muertos vive en nosotros para darnos vida eterna. Esta es la deuda con Dios, no somos deudores de nuestros instintos egoístas ("la carne"), los cuales solamente nos conducen al vacío espiritual y a la muerte. Nuestra única deuda es con el amor del Señor. Somos llamados por tanto a la transformación, a vivir según el Espíritu que exige "dar muerte a las obras del cuerpo": el egoísmo, el rencor, la soberbia… Es una invitación abierta a dejar que Dios gobierne nuestros criterios, decisiones y afectos.

En el Evangelio del capítulo 11 de San Mateo, vemos la revelación a los pequeños y el alivio de Jesús. El pasaje evangélico es uno de los más bellos e íntimos del evangelista, dividido en dos momentos cruciales: la alabanza de Jesús al Padre y su invitación a los “cansados y agobiados”. En la revelación a los sencillos, Jesús alaba al Padre por haber escondido los misterios del Reino a los "sabios y entendidos" (aquellos instalados en su propia autosuficiencia intelectual o legalismo religioso) y habérselos revelado a los "pequeños". Para conocer a Dios no hace falta acumular títulos, sino vaciarse de orgullo y mantener un corazón de niño, abierto a la gracia. Por otro lado, está el aliento para los agobiados con esa invitación universal que Jesús lanza: "Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré". El Señor ve el peso de nuestras preocupaciones, enfermedades, crisis familiares y heridas emocionales, y se ofrece como nuestro descanso seguro. Él es también el yugo suave, así nos pide cargar con su yugo y aprender de Él, que es "manso y humilde de corazón". A diferencia del yugo opresivo de las normas farisaicas de la época, el yugo de Jesús es el mandamiento del amor. Su carga es ligera porque no la llevamos solos; la llevamos junto a Él, sostenidos por su gracia. En este tiempo estival somos invitados a descansar en Él y ayudar a que otros descansen.

Evangelio Domingo XIV del Tiempo Ordinario

Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 25-30

En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:

«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien.

Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

Palabra del Señor 

Homilía del Sr. Arzobispo en la festividad de San Josemaría Escrivá

Saludo a mi hermano en el episcopado, Mons. Raimo Goyarrola, obispo de Helsinki. Al rector de esta Basílica, Don Manuel. Al representante de la delegación del Opus Dei en el noroeste de España, Don Javier. A los sacerdotes concelebrantes. A todos vosotros, amigos y hermanos, deseando que la paz llene vuestros corazones y vuestros pies caminen por las sendas del bien que Dios frecuenta.

Una fiesta de familia puede empezar y concluir en la nostalgia que te queda por los ausentes, mientras vas recorriendo fotos y recuerdos en el álbum de tus ancestros. Tiene sentido, sin duda, pero lo más que se produce es tan sólo esa amalgama agridulce de alguien que pasó por tu vida, o lo que te han contado sobre ella o sobre él con un sentimiento prestado, pero terminada la fecha de la añoranza, acaba inevitablemente el festejo para volver a lo espeso de los días laborables llenándonos de melancolía.

No es lo que hace la Iglesia con la memoria sanctorum, cuando llegadas las fechas correspondientes de su recuerdo litúrgico, nos asomamos a las vidas de nuestros santos, los mejores hijos de la Iglesia, para agradecer sus vidas. Lo decimos con hondura y belleza en el prefacio de los santos de la Santa Misa: Señor, Tú «manifiestas tu gloria en la asamblea de los santos, y, al coronar sus méritos, coronas tu propia obra. Tú nos ofreces el ejemplo de su vida, la ayuda de su intercesión y la participación en su destino, para que, animados por su presencia alentadora, luchemos sin desfallecer en la carrera y alcancemos, como ellos, la corona de gloria que no se marchita».

Es esto lo que los cristianos celebramos cuando hacemos la memoria de los santos. Son de la familia, claro está, puede suscitarse una legítima y sana nostalgia si pudimos tenerlos cerca en nuestra biografía, pero no se reduce el recuerdo a sentimentalismo fugaz.

Los santos no añaden algo al evangelio, como si éste fuera incompleto; los santos no añaden palabras que no han sido ya pronunciadas por los labios del Maestro; los santos no construyen una ciudad o una casa que no haya sido levantada y edificada ya por Jesucristo. Lo que hacen los santos es repararlas o volver a abrir cuando se han deteriorado o cerrado, o salir en búsqueda de aquellos que se han marchado, o facilitar el camino para que estrenen su adentramiento aquellos que nunca han estado.

Dios nos regala a los santos como una compañía. Una compañía que no suple nuestra libertad, pero sí que la puede despertar, de manera que recordando pueda latir de nuevo nuestro corazón con ese pálpito que nos viene con la gracia del buen Dios. Así sucedió con San Josemaría Escrivá de Balaguer, como con toda esa pléyade de santos que han ido abordando a cada generación cristiana.

Un historiador de la primera época del cristianismo, Gustave Bardy, hablaba de la revolución que supuso la aparición, en aquel imperio decadente, del hecho cristiano, diciendo que aquellos primeros cristianos cambiaron el mundo –y emplea él esta expresión- desde el espectáculo de la santidad. El espectáculo de la santidad no es lógicamente un número circense, no es una genialidad que tiene la medida, o la cualidad de nuestras cosas humanas. Es el consentir que Dios en nosotros haga el bien, es el consentir que Dios en nosotros susurre y muestre. Y por eso es un espectáculo más grande que nosotros mismos. Es un espectáculo que, por provenir precisamente del Santo, del tres veces santo, bendice a quienes lo contemplan, y devuelve la paz a sus corazones, la esperanza a sus miradas, y hace posible que en una comunión real nos contemplemos como hermanos. ¡El espectáculo de la santidad!

Es algo tan antiguo como el primitivo cristianismo, y sin embargo hubo de esperar a San Josemaría para que se tomar conciencia como nunca antes de cómo la santidad no es algo privado de los claustros monásticos, de las epopeyas martiriales, de las hazañas misionera, de las virtudes religiosas o sacerdotales. Todo esto también ha escrito páginas preciosas de santidad en la larga y milenaria historia de la Iglesia.

Pero San Josemaría ha sacado a la calle y la plaza por donde la vida camina, a la familia donde ésta nace y crece, al trabajo en cualquiera de sus formas y responsabilidades, ha sacado la santidad como el reclamo que a todos Dios nos hace, el que de todos espera, y para el que nos agracia y acompaña como nadie. Lo hemos escuchado en el Evangelio que se nos acaba de proclamar: Jesús se hace presente en una escena cotidiana a la orilla del mar, sorprendiendo a unos pescadores profesionales que lavaban sus redes vacías tras una noche sin pescar nada. En ese instante, uno más entre otros, se les acerca para dilatar el horizonte y hacerles pescadores de hombres. En medio de la más ordinaria cotidianeidad, el Señor les invita a remar mar adentro para llenar las redes de sus vidas.

Puede parecernos una obviedad a nosotros que somos casi todos hijos del Concilio Vaticano II, en donde el magisterio supremo de la Iglesia proclamará la vocación universal de la santidad cristiana, pero no había sido así hasta entonces con esta auténtica universalidad que no distingue de edades, condición social, bagaje cultural, o vocación específicamente eclesial. Todos debemos ser santos. Con su gracejo aragonés, lo decía San Josemaría: “tienes la obligación de santificarte. Tú también. ¿Quién piensa que ésta es labor exclusiva de sacerdotes y religiosos? A todos, sin excepción, dijo el Señor: ‘sed perfectos, como Padre Celestial es perfecto’” (Camino 291).

Me alegro en esta tarde, poder celebrar con todos vosotros hermanos y hermanas que pertenecéis al Opus Dei o por simpatía estáis cerca de la Obra y sus miembros. Es una gracia para nuestra Diócesis que los hijos espirituales de San Josemaría construyan de tantos modos la Iglesia del Señor que en esta tierra astur peregrina.

Siempre me conmueve leer esa magnífica homilía en el Campus de la Universidad de Navarra en 1967, “amar al mundo apasionadamente”. «Quienes han seguido a Jesucristo —conmigo, pobre pecador— son: un pequeño tanto por ciento de sacerdotes, que antes han ejercido una profesión o un oficio laical; un gran número de sacerdotes seculares de muchas diócesis del mundo —que así confirman su obediencia a sus respectivos Obispos y su amor y la eficacia de su trabajo diocesano—, siempre con los brazos abiertos en cruz para que todas las almas quepan en sus corazones, y que están como yo en medio de la calle, en el mundo, y lo aman; y la gran muchedumbre formada por hombres y por mujeres —de diversas naciones, de diversas lenguas, de diversas razas— que viven de su trabajo profesional, casados la mayor parte, solteros muchos otros, que participan con sus conciudadanos en la grave tarea de hacer más humana y más justa la sociedad temporal; en la noble lid de los afanes diarios, con personal responsabilidad —repito—, experimentando con los demás hombres, codo con codo, éxitos y fracasos, tratando de cumplir sus deberes y de ejercitar sus derechos sociales y cívicos. Y todo con naturalidad, como cualquier cristiano consciente, sin mentalidad de selectos, fundidos en la masa de sus colegas, mientras procuran detectar los brillos divinos que reverberan en las realidades más vulgares».

No estamos celebrando a San Josemaría como cuando se hace un homenaje póstumo o un recuerdo sentimental de alguien que ha tenido una aportación notable en nuestros días. No, más bien estamos dando gracias a Dios por él y también con él entonamos nuestro canto de alabanza. Por representar un camino de santidad contemporánea, la Iglesia nos lo señala como alguien cercano, de nuestros días, que ha logrado poner la fecha de nuestro tiempo y el domicilio de nuestra circunstancia. Santidad que tiene que ver con esa vida cotidiana de la que no nos escapamos para poder ser fieles cristianos, porque es en esa trama diaria donde nos espera Dios, donde Él seca nuestros sudores, enjuga nuestras lágrimas, comparte nuestros gozos y enciende más y más nuestra esperanza.

Esta fue la intuición de San Josemaría al fundar la obra que con él Dios regaló a su Iglesia. Poder ser sal de esta tierra y luz en este mundo, sin maldecirlos jamás, sino siendo fermento dentro de ellos. Lo decía en uno de los puntos de su libro Forja: «Dios está metido en el centro de tu alma, de la mía, y en la de todos los hombres en gracia. Y está para algo: para que tengamos más sal, y para que adquiramos mucha luz, y para que sepamos repartir esos dones de Dios, cada uno desde su puesto. ¿Y cómo podremos repartir esos dones de Dios? Con humildad, con piedad, bien unidos a nuestra Madre la Iglesia» (Forja, 932).

Cuando otros caminos de espiritualidad y vida cristiana han ido escribiendo y siguen haciéndolo preciosas páginas de santidad católica, San Josemaría fue inspirado por el Señor para abrir los ámbitos de esa perfección evangélica. Está bien que haya habido y siga habiendo claustros y monasterios, o conventos y comunidades, que desde los más diversos carismas han acercado a cada generación la ternura de Dios, su fidelidad llena de amor, su solicitud como Padre siendo una bendición para niños y jóvenes, para ancianos, para pobres y necesitados. Pero parecería que sólo se podía ser santo desde esos lares monásticos y conventuales. Mas precisamente cuando era más urgente la presencia de los cristianos en el entramado corriente, surge en el corazón de San Josemaría esa divina inquietud de fundar el Opus Dei como un vivo deseo de invitar a la santidad a hombres y mujeres que son llamados igualmente por Dios en medio de la vida cotidiana.

Hoy damos gracias por todo este ejemplo de vida cristiana santa, rezamos por todo cuando la Obra lleva adelante en el mundo, pero también en nuestra Archidiócesis de Oviedo. Damos gracias a Dios todos: vosotros que pertenecéis a la Obra de varios modos, y cuantos hemos sido llamados a otra vocación pero que estamos cercanos con afecto y gratitud a todos vosotros construyendo la Iglesia de Cristo y sirviéndola como ella quiere ser servida, en palabra del propio San Josemaría.

Pedimos a Santa María, a la Virgen del peinadico que tanta devoción le tuvo él y su madre y cuyo cuadro original pude venerar en mi Diócesis anterior de Huesca, en la Colegiata de Alquézar, que con San Josemaría nos bendigan y acompañen. Seamos santos cotidianamente, buscando la gloria de Dios y la bendición de los hermanos. Amén.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

Basílica del Sagrado Corazón de Jesús.
Gijón, 26 junio de 2026

viernes, 3 de julio de 2026

Tres jefes de Estado en Roma

(La Puerta de Damasco) Lo más común es que en la capital de una nación habite el jefe de Estado de ese país; como es el caso del rey de España en Madrid o del presidente de Portugal en Lisboa. Roma es, en esto como en muchas otras cosas, una ciudad excepcional. En ella moran tres jefes de Estado: el papa, el gran maestre de la Soberana Orden Militar de Malta y el presidente de la República Italiana. Esta concentración de poderes hace que la Ciudad Eterna esté plagada de representantes diplomáticos.

De los tres jefes de Estado que tienen su residencia en Roma, la precedencia por antigüedad le corresponde al papa, que está, ayudado por la curia romana, a la cabeza de la Santa Sede, la institución del gobierno supremo de la Iglesia Católica y el sujeto de derecho internacional que la representa ante el mundo. Sus orígenes se remontan a los inicios del cristianismo, ya que el papa es el sucesor de Pedro, el primer obispo de Roma. Con el tiempo, la Santa Sede comenzó a ejercer también la soberanía temporal sobre un territorio. En el siglo VIII se establecieron los Estados Pontificios, que abarcaban las regiones del Lacio, Umbría, Marcas y Emilia Romana. Los Estados Pontificios se mantuvieron vigentes durante más de un milenio, hasta 1870, cuando fueron anexionados por el Reino de Italia. El papa Pío IX excomulgó al primer rey, Víctor Manuel II, y se refugió en el Vaticano, considerándose un prisionero. Así transcurrirían unos cincuenta y nueve años y varios pontificados hasta que, en 1929, se firmaron los Pactos de Letrán entre la Santa Sede y el Reino de Italia, que establecieron la soberanía plena del papa sobre el nuevo Estado de la Ciudad del Vaticano, el más pequeño del mundo, que custodia la memoria del catolicismo, la belleza del arte y unos cuidadísimos jardines. La Santa Sede mantiene relaciones diplomáticas con 184 Estados.

El gran maestre de la Soberana y Militar Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta es, a la vez, un príncipe soberano y un superior religioso – protocolariamente tiene el título de “su alteza eminentísima” -. La Orden fue fundada en el siglo XI por el beato Gerardo, el primer gran maestre. Con la bula del 15 de febrero de 1113, el Papa Pascual II reconoce a la Orden de San Juan y la pone bajo la protección de la Santa Sede, concediéndole el derecho de elegir libremente a sus superiores, sin interferencia de otras autoridades laicas o religiosas. Carlos V les ofreció a los Hospitalarios la isla de Malta en 1530 para que allí fijasen su residencia. En 1798, Napoleón se apoderó de la isla y puso fin al gobierno territorial de la Orden. No obstante, sigue siendo un sujeto de derecho internacional, que mantiene relaciones bilaterales con más de 100 Estados y está presente en 130 países con proyectos médicos, sociales y humanitarios. Las principales sedes de la Orden de Malta son el Palacio Magistral, situado en la “Via dei Condotti”, en el centro histórico de Roma, donde reside el gran maestre y donde se reúne el gobierno, y la Villa Magistral, perteneciente a la Orden desde el siglo XIV, que se ubica en la colina del Aventino. Muchos turistas se agolpan en la Plaza de los Caballeros de Malta, a la entrada de la Villa, para mirar por el “Buco della Serratura”, una cerradura desde la cual se puede ver la cúpula de la basílica de San Pedro.

El jefe de Estado más reciente es el presidente de la República Italiana. Desde la unificación, Italia ha tenido cuatro reyes, de la dinastía Saboya, y a partir de 1946, doce presidentes. La sede principal de la presidencia de la República es el Palacio del Quirinal - llamado así por estar situado en la más alta de las siete colinas de Roma -, que era donde vivía el papa al menos desde 1609 hasta 1870, cuando pasó a ser residencia real, dada la disolución de los Estados Pontificios. Es el sexto palacio más grande del mundo en superficie, tiene más de 1.200 habitaciones, además de unos magníficos jardines.

Vídeo mensual del Papa

 

jueves, 2 de julio de 2026

Don Cecilio Díaz González, 19 años de su partida. Nuestra oración, recuerdo y gratitud

El sacerdote Don Cecilio Díaz González falleció el 1 de julio de 2007 en Nava, tras una vida entera dedicada al servicio pastoral en Asturias. Hoy se cumplen exactamente 19 años de su partida, una fecha que invita a recordar. Natural del pueblo de Tresali (Nava), su trayectoria estuvo marcada por su cercanía, su carácter trabajador y, de forma muy especial, por su labor al frente de nuestra parroquia de San Félix de Lugones, donde ejerció como párroco. La eucaristía de esta tarde se aplicará por su eterno descanso.

La sencillez de las raíces y el trabajo en el campo

"El que permanece en mí y yo en él, ese da mucho fruto." (Jn 15, 5), Don Cecilio jamás olvidó sus orígenes rurales ni el sudor de los trabajos agrícolas de su juventud. Esa conexión con la tierra moldeó un carácter sencillo, trabajador y profundamente arraigado en lo esencial. Sabía que, al igual que en el campo, en las almas la siembra requiere paciencia. Su fructífero ministerio en cuencas mineras, pueblos costeros y villas industriales fue el resultado de una vida que permaneció siempre unida a la vid verdadera que es Jesucristo.

Servidor de la Santina en el monte santo

"El que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro servidor; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir." (Mt 20, 27-28). El nombramiento como canónigo ''ad tempus'' de la Basílica de Covadonga coronó su trayectoria terrenal de la forma más hermosa: a los pies de la Virgen. Lejos de asumir este cargo como un honor para el orgullo, Don Cecilio lo vivió desde el servicio silencioso en el confesionario y la acogida afectuosa al peregrino. En el Santuario reflejó el amor de la Madre, desgastándose por los fieles hasta que las fuerzas comenzaron a flaquear debido a la enfermedad.

La recompensa del siervo fiel

"Entra en el gozo de tu señor" (Mt 25, 23). Afrontando su dolencia final con una entereza cristiana ejemplar, Don Cecilio entregó su alma a los 76 años. Hoy, sus restos descansan en el cementerio de su querido Tresali. Diecinueve años después, hoy damos gracias a Dios por su vida, con la firme esperanza de que aquel sacerdote que tantas veces pronunció las palabras de la consagración en el altar, pueda ya disfrutar de la pascua de los elegidos. 

Oración

Dios Todopoderoso y Eterno, te pedimos por el alma de tu sacerdote, Cecilio. Él consagró su vida a tu servicio y guio a tu pueblo con amor y fe. Te pedimos que, por tu infinita misericordia, perdones sus faltas y lo acojas en el banquete celestial de la vida eterna. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén

Concédele el descanso eterno y que brille para él la luz perpetua. Amén.

Mons. Sanz: ''Hacer del Valle una pasarela de sus ideologías sería propio de una dictadura bananera''

Agradezco a Mons. Jesús Sanz Montes, OFM, arzobispo de Oviedo, que me haya concedido una entrevista sobre la situación del Valle de los Caídos y de la abadía benedictina.

¿Qué opina sobre todo lo que está ocurriendo con el Valle de los Caídos y de la llamada resignificación, que usted ha llamado profanación?

Me he expresado varias veces en público, y también en textos publicados como tribunas en la prensa nacional. No tengo inconveniente en insistir en mi conocida posición para recordar al respecto lo que quizás nos estamos jugando en este asunto y cómo hay una razón de trasfondo en donde la libertad de la Iglesia puede quedar resentida y conculcados sus derechos también internacionales, y la pretensión de algunos mandamases campee por sus fueros con una impunidad enmascarada. He tenido ocasión de recordar al respecto que hay quienes se sienten molestos por esa referencia al amor y la verdad que representa la Abadía y su Cruz, cuando se vive y maquina en la insidia y la mentira como forma de gobernanza.

El alarde de un calculado ataque a esa Cruz tan visible y significativa se hace en aras de una aséptica equidistancia para no irritar a los que no son cristianos, enarbolando la tramposa neutralidad religiosa desde un impositivo laicismo que no inocentemente erradica nuestra historia, tergiversa nuestros símbolos y censura nuestra comparecencia eclesial pretendiendo enmudecer nuestra palabra e invisibilizar nuestra presencia cristiana. Otra cosa es que ellos lo consigan o que nosotros cedamos a tamaño chantaje, y por nuestra parte deberíamos evitarlo cada cual con su responsabilidad y desde su posibilidad fehaciente.

¿Cree que en la jerarquía de la Iglesia en España ha habido suficiente oposición a la infame ley de memoria histórica/democrática y a lo que está pasando en el Valle?

La competencia eclesial y canónica sobre esa Abadía y la Basílica reside exclusivamente sobre la Santa Sede y la Orden Benedictina (primero la Comunidad que allí vive, y luego la Congregación benedictina de Solesmes a la que está vinculada).

Efectivamente, es la Santa Sede quien puede dilucidar por mandato del Sumo Pontífice el devenir de la Abadía de los monjes y de la Abadía como tal, pues fue lo que se determinó con la anuencia suprema del Papa Pío XII en su Carta Apostólica “Stat Crux” (1958), aludiendo en la conclusión del texto a la dedicación del templo y mostrando la firmeza de su escrito al respecto: “erigimos y constituimos para siempre, con nuestra Autoridad apostólica y en virtud de estas Letras, la nueva Abadía exenta, que ha de ser nombrada con el título de Santa Cruz del Valle de los Caídos, a la cual, como perteneciente a la Congregación de Solesmes de la Orden de San Benito, la hacemos partícipe de todos los privilegios concedidos a los Abades de tal familia religiosa. Sin que nada lo pueda impedir. Esto promulgamos, establecemos, decretando que las presentes Letras sean y permanezcan siempre firmes, válidas y eficaces: que produzcan y conserven íntegros sus plenos derechos que favorezcan cumplidamente, ahora y después, a los Prelados y monjes, tanto presentes como futuros, de la mencionada Abadía, que de esta forma establecemos y, conforme a esto, se ha de interpretar y definir. Desde ahora se ha de tener sin efecto y sin valor cuanto aconteciera ir en contra de ellas, sea a sabiendas o por ignorancia, o por quienquiera o en nombre de cualquier autoridad”. Así de claro.

Ni el arzobispo de Madrid ni la Conferencia Episcopal Española, así como tampoco el resto de las diócesis, tienen competencia, propiamente hablando, sobre ese lugar. Sólo la Santa Sede y la Orden Benedictina. Otra cosa es que podamos hablar –como alguno hacemos– expresando nuestro parecer, o que acaso nos constituyésemos en interlocutores o mediadores indebidamente, propiciando una excusa legal que termina siendo tramposa, y por lo tanto ilegítima.

En el Valle vemos una hermosa evocación de lo que significa esa Cruz que preside una historia de amor y de esperanza. La comunidad benedictina en ese lugar eleva su plegaria para pedir ese don que sólo Dios concede. La Cruz nos lo recuerda, los monjes lo cantan.

¿Considera que debe prevalecer ante todo el Tratado Internacional entre la Santa Sede y el Estado Español por el que todo recinto dedicado al culto, como son la Basílica y la Abadía benedictina de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, es inviolable?

Hemos de recordar lo que no pocas veces he dicho: que la Abadía benedictina en el Valle de los Caídos y la inmensa Cruz que la preside, nacieron como un espacio de encuentro y reconciliación tras el conflicto bélico entre hermanos que tantas vidas se llevó por delante. De hecho, allí reposan en paz personas que cayeron detrás de los dos bandos, bajo las dos banderas, en medio de ambas trincheras, hasta que algunos han perturbado ese sagrado descanso para jalear esa memoria manipulada en beneficio propio. Sin embargo, levantar acta de ese ejercicio de paz fraterna, hija del perdón sincero y generoso como expresión de una sociedad reconciliada fue un regalo no suficientemente agradecido ni reconocido, intentando vincular el espacio del lugar y el significado de su presencia a la gobernanza de un periodo de España para proceder a demonizar el espacio y su significado y justificar su transformación arbitraria.

Por este motivo, querer utilizar a los muertos inhumándolos para ganar batallas perdidas reabriendo las heridas que tanto nos costaron cerrar como hermanos, es algo que responde a una maldad irresponsable, con pretensiones inconfesadas, que insidia la convivencia en nuestra sociedad y que tan fácilmente excita la confrontación indeseada. Tal vez sea para algunos, una vez más, una cortina de humo más ante los quebraderos de cabeza y temas judiciales que en torno a la corrupción de gente muy cercana a vínculos familiares y correligionarios, con prevaricaciones calculadas, malversación de fondos públicos y dilapidación del necesario equilibrio en la división de poderes en un Estado de Derecho. Todo esto, además de la fijación “resignificante” (que termina siendo vaciadora) de la Abadía y de la Cruz, que con un ritmo de calculado calendario se saca a la palestra para distraer o jalear al personal.

Por lo tanto la Iglesia tiene poder para exigir que se cumpla ese Tratado Internacional y no se resignifique el Valle, lo que sería una profanación…

Entiendo que la Santa Sede y la Orden Benedictina pueden hacer valer el derecho que les asiste a la hora de pedir que se cumpla un Tratado Internacional. Porque querer “resignificar” el sentido que tuvo y tiene ese lugar como reclamo para la reconciliación verdadera, que es el que ha tenido en la sincera evolución de su historia durante estos años, es un ejercicio de censura de algo que no es secundario en la conciencia cristiana. Ya conocemos la andanada laicista de algunos gobernantes a quienes les molesta precisamente la Cruz y la presencia monástica, proponiendo invadir en una enorme proporción la Basílica para imponer allí otra cosa distinta a la reconciliación ensoñada y celebrada en esas naves basilicales durante décadas, junto a los mártires y los que duermen allí el sueño de la paz. Como he dicho en otro lugar, pretender hacer en la Basílica una especie de pasarela del aeropuerto de su ideología para tener que acceder al mínimo espacio que quisieran concedernos para la liturgia cristiana, a través del “duty free” de sus relatos, sus rencores y sus acechanzas, es demasiado obsceno por sabido ya, es un dejà vu que hemos visto muchas veces y que nos suena de cercanas dictaduras bananeras. Lo digo sin remilgos y con la convicción de estar ante una profanación invasiva.

¿Sabe si el Papa está al corriente de la verdadera situación con todos los detalles? ¿Sería el único que podría detener la profanación de resignificar un recinto sagrado?

Obviamente, desconozco el grado de información del Papa al respecto, pero por la seriedad con la que afronta tantas cuestiones en el seno de la Iglesia que preside en la caridad como Sucesor del Apóstol Pedro, así como la prudencia y hondura con la que también aborda los desafíos que nuestro momento histórico tiene en el orden internacional, quiero pensar que él está al corriente y también creo que Dios le iluminará para hacer o decir lo que por bien de todos cabe esperar. Sus intervenciones en la reciente visita apostólica a la Iglesia en España, y especialmente la que tuvo en el Palacio Real y en el Parlamento, fueron ejemplo de su profundidad y libertad a la hora de afrontar todas las cuestiones en las que su palabra y sus decisiones se acogen con tanto provecho y autoridad moral.

Pero en este sentido siempre ayuda recordar el significado que San Juan XXIII dio a aquel lugar en el Breve pontificio “Salutiferae Crucis” (1960) declarando la Iglesia de la Santa Cruz como Basílica papal, cuando con belleza y conmovida emoción, describía ese espacio de peregrinación en el Valle de los Caídos que tiene como misión rezar por la unidad, por el perdón y por la reconciliación entre españoles: “se yergue en las cumbres del Guadarrama el signo de la Cruz Redentora, que extiende sus brazos piadosos como alas protectoras, bajo las cuales los muertos gozan el eterno descanso. Este monte sobre el que se eleva el signo de la Redención humana ha sido excavado en inmensa cripta, de modo que en sus entrañas se abre amplísimo templo, donde se ofrecen sacrificios expiatorios y continuos sufragios por los Caídos en la guerra civil de España, y allí, acabados los padecimientos, terminados los trabajos y aplacadas las luchas, duermen juntos el sueño de la paz, a la vez que se ruega sin cesar por toda la nación española”. Este, y no otro, fue el sentido y la significación de la Abadía con su Cruz.

¿Piensa que el conjunto monumental del Valle de los Caídos debería ser declarado, no solo Bien de Interés Cultural, sino incluso Patrimonio de la Humanidad?

Sin duda que las designaciones civiles de espacios artísticos, históricos o patrimoniales con una denominación significativa, tienen como objeto la de señalar la importancia y la pertinencia de los mismos con toda su carga ejemplar y beneficiosa desde la historia y desde la cultura en bien de la humanidad. Así es en positivo cuando se señalan como paradigmáticos por su significado, y así es igualmente en negativo cuando se censuran esos espacios desde alguna pretendida memoria demasiado vinculada a una determinada ideología. Yo creo que estamos ante algo inusual que exigiría una denominación generosa en su declaración civil por tratarse de un espacio para la reconciliación tras una guerra fratricida en aquel contexto inviable de convivencia y justicia en la sociedad española de aquel momento.

Por eso a nosotros los obispos, a la mayoría de la comunidad cristiana y a tanta gente de bien que no tiene prejuicios ni cojea de ideologías, también nos importa la deriva que podría tener ese espacio monástico donde se reza por la paz al tiempo que encomienda a los caídos pidiendo por su eterno descanso. Creo que es algo más que un Bien de Interés Cultural, que también lo es, y se podría abrigar el título de Patrimonio de la Humanidad porque en ese valle hay una Cruz enhiesta entre la crestería verde de sus montañas, que domina con dulzura y su perenne mensaje toda aquella naturaleza desde la colina en la que se levanta. Esa Cruz preside una historia dolorosa como siempre sucede cuando los hermanos se declaran la guerra haciéndose tanto daño en una confrontación fratricida. Pero esa inmensa Cruz, la más alta que hay en el mundo con sus 152’5 metros, no es enseña de bandería, no responde a ninguna sigla política y no es tutora de ideología alguna.

Como aquella primera cruz cristiana con Jesús clavado en ella, esta tiene también su mensaje bondadoso de lo que supone dar la vida por quienes abrazas en sus heridas, sus preguntas, sus contradicciones y pecados. Esto hizo Cristo con cada uno de nosotros. No es un motivo banal ni frívolo, ni siquiera exclusivamente confesional, cuando en esa Basílica coronada por tan inmensa Cruz, se reza a diario por la paz desarmada y desarmante, como repite el Papa León XIV.

¿Tras llegar la maquinaria al Valle el proceso de “resignificación” sería ya imparable?

Además de las actuaciones que conculcan palmariamente Tratados Internacionales, el derecho de personas, familias e instituciones sin ninguna razón legal y sin ninguna autoridad moral, me impresionó que mientras el Santo Padre estaba hablando en el Parlamento de las Cortes españolas durante su reciente e inolvidable visita, “alguien” dio la orden de hacer catas y prospecciones para comenzar contra derecho la ejecución de sus fijaciones. Es de agradecer la diligente actuación de la Justicia para detener tamaño abuso de poder. Albergo la esperanza de que la verdad y el derecho se hagan cauce a tiempo y en forma para poder parar lo que “algunos” sueñan como imparable. No es sólo un deseo sincero compartido con tantas personas de bien, sino también una humilde plegaria para que nos asista Dios en esta batalla contracorriente.

Por Javier Navascués