domingo, 17 de mayo de 2026

Madre San Pascual, Una mujer entregada totalmente a Dios

El 17 de Mayo es el día de la Chère mère, de la Madre San Pascual. La Madre San Pascual fue una religiosa que dedicó su vida a la educación cristiana, a la caridad y al servicio de los más necesitados. Junto al Padre Luis Antonio Ormieres, fundó de la Congregación de las Hermanas del Santo Ángel de la Guarda, sabiendo descubrir en cada persona el rostro de Cristo y transmitir a sus hijas espirituales el amor a Dios, la sencillez y la confianza en la Providencia.

Nació en Francia en el siglo XIX en una familia profundamente cristiana. Desde muy joven manifestó una gran sensibilidad religiosa y un deseo ardiente de consagrarse totalmente al Señor. En una época en la que la sociedad estaba marcada por las dificultades y la pobreza, comprendió que la educación y la atención a los necesitados eran caminos privilegiados para evangelizar.

Con gran fe y valentía junto al P. Ormieres, pusieron la obra de su Congregación bajo la protección de los santos ángeles custodios. Su misión principal fue la educación de niños y jóvenes, especialmente de los más pobres, así como el acompañamiento espiritual y humano de quienes sufrían necesidad material o moral.

Toda la vida de la Madre San Pascual estuvo marcada por el amor a Jesucristo y la confianza absoluta en la voluntad de Dios. Vivió con humildad, espíritu de sacrificio y una profunda vida de oración. Ella misma repetía con frecuencia: “Todo por Jesús y para Jesús”. Y también enseñaba: “La caridad y la humildad son las alas del alma.” Su vida refleja las palabras del Evangelio: “Permaneced en mi amor” (Jn 15, 9). Y aquellas otras del apóstol San Pablo: “Todo lo puedo en Aquel que me fortalece.” (Fil 4, 13).

La Madre San Pascual enseñaba a sus religiosas a vivir en espíritu de sencillez y entrega, confiando siempre en la Providencia Divina, incluso en medio de las dificultades. La Fundadora entendió que educar era una forma de evangelizar y de dignificar a la persona humana. Por ello impulsó escuelas, obras sociales y comunidades religiosas donde se anunciaba el Evangelio con cercanía y misericordia. Su vida puede resumirse en las palabras de Jesús: “Lo que hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis” (Mt 25, 40). La Madre San Pascual veía en cada niño y en cada pobre una presencia viva del Señor. Por eso pidió siempre a sus hermanas que trataran a todos con dulzura, paciencia y espíritu evangélico.

La Congregación quedó marcada por una profunda devoción a los Santos Ángeles. La Madre San Pascual veía en ellos compañeros de camino y protectores de la misión evangelizadora. Inspiraba a sus religiosas con palabras llenas de confianza: “Los ángeles nos conducen siempre hacia Dios”. Esta espiritualidad ayudó a crear comunidades centradas en la oración, la fraternidad y el servicio alegre.

La obra de la Madre San Pascual continúa viva hoy en las Hermanas del Santo Ángel, presentes en distintos lugares del mundo en diferentes actividades pastorales, principalmente en el campo de la enseñanza. Su ejemplo sigue inspirando a quienes desean vivir el Evangelio desde la humildad, la educación y la caridad. Su vida recuerda las palabras del evangelio: “Brille así vuestra luz ante los hombres” (Mt 5, 16). La Madre San Pascual fue una mujer de fe firme, corazón humilde y caridad incansable. Su historia es un testimonio de cómo Dios puede realizar grandes obras a través de personas sencillas que se abandonan plenamente a su voluntad.

''Dios asciende''. Por Joaquín Manuel Serrano Vila


Celebramos hoy la Solemnidad de la Ascensión del Señor. Este día marca un punto de inflexión definitivo en la historia de la salvación. Jesús no se marcha para desentenderse de nosotros, sino que asume su señorío universal y nos confía su propia misión. Las lecturas de este Ciclo A nos invitan a profundizar en el misterio de su ausencia física, que en realidad se convierte en una presencia nueva, interior y eclesial.

La primera lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles comienza justo donde termina el Evangelio de Lucas. El autor nos sitúa en ese intervalo de cuarenta días en el que Jesús resucitado consolida la fe de sus discípulos. Los apóstoles, todavía marcados por una mentalidad puramente humana y nacionalista, preguntan: "¿Es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?". Ellos buscaban una victoria política visible, el fin de la ocupación romana y la gloria terrenal. Jesús corrige con delicadeza pero con firmeza su perspectiva. El tiempo de Dios no coincide con los cronómetros humanos. En lugar de un reino político local, Jesús les promete el don del Espíritu Santo. Este don no es para el aislamiento espiritual, sino para la acción: "Seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra". La Ascensión se describe con un lenguaje simbólico y teológico: "Fue levantado en presencia de ellos, y una nube lo ocultó a sus ojos". La nube en la Sagrada Escritura representa la manifestación de la gloria divina (la Shejiná). Jesús entra de forma definitiva en la esfera de Dios.

El reproche de los dos hombres vestidos de blanco es la clave para nosotros hoy: "Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?". La Ascensión no es una invitación a la evasión mística ni a los brazos cruzados. Mirar al cielo es necesario para recordar nuestra meta, pero la tarea está en la tierra. Quedarse estáticos paraliza la misión. La Ascensión nos urge a sumergirnos en la historia humana para transformarla con la fuerza del Evangelio.

En la segunda lectura San Pablo, en su carta a los Efesios, eleva una oración profunda por la comunidad. Pide a Dios que nos conceda "espíritu de sabiduría y de revelación" para conocerlo verdaderamente. El Apóstol sabe que la mente humana por sí sola no puede abarcar la grandeza del misterio de Cristo. Necesitamos que los ojos de nuestro corazón sean iluminados. Pablo describe la Ascensión como el despliegue del poder omnipotente del Padre. Dios resucitó a Cristo de entre los muertos y lo sentó a su derecha en el cielo. Estar sentado a la derecha de Dios significa compartir su mismo poder, su misma autoridad y su soberanía sobre toda la creación. Cristo "está por encima de todo principado, potestad, fuerza y dominación". Nada en este mundo, ningún poder político, económico o espiritual, es superior a Él. Pero lo más hermoso de este texto es el vínculo que Pablo establece entre Cristo y la Iglesia. Dios "lo dio a la Iglesia como cabeza suprema". La Iglesia es su Cuerpo, y ella es "la plenitud del que lo llena todo en todas las cosas". Esto significa que Cristo ha querido necesitar de nosotros. Nosotros somos sus pies para caminar hacia el marginado, sus manos para partir el pan y sanar las heridas de éstos, y su boca para proclamar la justicia y la paz. La Ascensión glorifica a la Cabeza, lo que da a los miembros del Cuerpo la esperanza cierta de que un día compartiremos esa misma gloria.

El Evangelio de Mateo concluye con la escena conocida como la "Gran Comisión", situada en un monte de Galilea. El monte evoca las grandes teofanías del Antiguo Testamento y el Sermón de la Montaña. Los once discípulos se encuentran con Jesús. Mateo añade un detalle muy humano y consolador: "Lo adoraron, pero algunos dudaron". La comunidad que va a recibir la misión universal no es perfecta; está compuesta por hombres que creen, pero que también experimentan fragilidad y las dudas. Jesús no espera a que sean impecables ni perfectos para confiar en ellos.

Jesús se acerca y les quiere así, pero les habla con una autoridad absoluta: "Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra". Basado en este poder, dicta el mandato misionero que sostiene a la Iglesia hasta el día de hoy: "Id y haced discípulos de todos los pueblos". La misión tiene tres dimensiones claras. La primera es "Ir": salir de las propias comodidades y fronteras geográficas o existenciales. La segunda es "Bautizar": introducir a los hombres en la vida misma de la Trinidad; en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Y la tercera es "Enseñar": ayudar a guardar y poner por obra todo lo que Jesús ha mandado, que se resume en el mandamiento del Amor.

El Evangelio no termina con una despedida dolorosa, sino con el ánimo contra el miedo o la vacilación y promesa más rotunda de la Escritura: "Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo". Mateo abre su Evangelio presentando a Jesús como el Enmanuel, el "Dios con nosotros", y lo cierra confirmando esa identidad. Jesús ya no está en un lugar concreto de Tierra Santa; ahora, gracias a su Ascensión, está presente en todas partes, en todo sagrario, en cada comunidad reunida en su nombre y, de manera especial, en el rostro de los pobres y sufrientes; no lo olvidemos. Celebrar la Ascensión del Señor es celebrar nuestra propia dignidad y nuestro compromiso. Cristo ha llevado nuestra naturaleza humana a lo más alto de la gloria divina. Nuestro destino es el cielo, pero nuestro deber es el suelo. No somos huérfanos; no estamos solos ante los desafíos del mundo actual, ante la indiferencia religiosa, la injusticia interna o externa o nuestros propios sufrimientos familiares o personales: ¡Él está con nosotros!

Vayamos hoy a nuestras casas con la certeza de su presencia. Seamos esos testigos valientes que el mundo necesita: cristianos que no miran al cielo con nostalgia pasiva, sino que trabajan y luchan en la tierra con la esperanza puesta en la eternidad. Con razón celebra la Iglesia en este Domingo la Jornada de las Comunicaciones Sociales, pues fue en la Ascensión cuando el Señor nos envió a darlo a conocer al mundo.

Este día, 17 de mayo, es un día también especial para nuestras Hermanas del Santo Ángel que celebran la onomástica de su Fundadora, la Madre San Pascual, que también Ella nos enseñe a todos a "ir despacio para lograr llegar lejos"...

Evangelio Domingo de la Ascensión del Señor

Conclusión del santo evangelio según san Mateo 28, 16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.

Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron.

Acercándose a ellos, Jesús les dijo:

«Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.

Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».

Palabra del Señor

Sorpresa que siempre provoca. Por Monseñor Fray Jesús Sanz Montes O. F. M.

Puedo decir que no sé acostumbrarme. Es como una sorpresa que siempre me provoca, y no por sabida y esperada deja de provocar el asombro y la gratitud. En estos tiempos que corren tan turbulentos en tantos sentidos, tan aciagos por las amenazas bélicas o por las guerras en curso, por los dimes y diretes de los mentideros con sus frivolidades y escaramuzas, por los escenarios de corrupción en una parte de la clase política y sus trampas en la gobernanza, en estos tiempos en los que nos asolan estas podredumbres, aparece como más necesario, una vez más, la referencia moral y ese rearme ético que ponga en primer plano la verdad, la bondad, la paz y la belleza.

No en vano, los fautores de ese escenario preocupante que acabo de señalar, tienen como usanza atacar de mil modos la presencia cristiana en la sociedad, como si fuera una espina que tienen clavada en sus cuentas pendientes, en sus contradicciones a mansalva, necesitando poner en sus dianas a la Iglesia católica para distraer la focalización en sus vergüenzas, para denostar a los cristianos ninguneándonos con sus censuras o señalándonos con sus ataques mediáticos y legislativos.

Por eso, vuelve a sorprenderme con inmenso agrado que a pesar de tanto y a pesar de ellos, la presencia cristiana permanece como un faro de referencia en medio de las tempestades geopolíticas, económicas, éticas y culturales. Se vuelve a repetir lo que sucedió hace dos mil años: la persecución hacia Jesús y aquellos primeros cristianos, no era una persecución inocente o fortuita, sino la reacción de quienes amigos de la oscuridad, la depravación y la muerte, se sentían incómodos ante quien se presentaba aún en medio de todos sus defectos y pecados, como testigos de la luz amiga, de la regeneración moral y de la vida.

Cuando parece que nos han hecho mella tantas andanadas contra la Iglesia y que debemos colgar el cartel de “se vende” en nuestros principios y nuestras propuestas, resulta que renace inesperadamente el interés por el Evangelio, por la tradición cristiana y por nuestra postura moral ante tantos desafíos. Lo pude experimentar hace días ante el precioso espectáculo de subir con más de 700 jóvenes hasta Covadonga caminando por la montaña y adentrándonos en sus bosques. Chicos y chicas sanos y joviales, que hacen sus estudios, saben divertirse sanamente y tienen un interés creciente por vivir todas sus cosas desde la clave cristiana: sus preguntas, sus amores, sus ensueños, sus heridas, sus certezas. Todo un regalo por el que di gracias con ellos ante nuestra Santina.

Pero, como acontece cada año por estas fechas de pascua, volvemos a celebrar en nuestra catedral de Oviedo un acontecimiento peculiar que despierta hasta el extremo la gratitud más asombrada: el hecho de ver nuestra iglesia madre diocesana llena hasta la bandera y el campanario, por los 372 jóvenes adultos que llaman a la puerta. No para apostatar sino para pedir el bautismo o recomenzar su vida cristiana. Algunos sólo estaban bautizados, pero jamás vivieron nada como hijos de la Iglesia, y recibirán con plena conciencia su primera comunión tras encontrarse con Jesús y comenzar propiamente hablando su andadura como cristianos. Otros, ya bautizados y con la primera comunión, no tuvieron luego un recorrido creyente y jamás recibieron la confirmación. Se trata de este importante número de hombres y mujeres, jóvenes adultos que, bautizándose, recibiendo la Eucaristía y confirmándose llenarán nuestra comunidad diocesana de tanta esperanza, por el paso que van a dar.

Nuestra sociedad necesita este testimonio, que no es el relato de los escándalos de la corrupción cotidiana, sino el de la esperanza que no defrauda cuando tras el encuentro con Cristo la vida cambia, y nos convoca a ser testigos de la paz, la bondad, la verdad y la belleza que llenan la ciudad de alegría. Todo un regalo por el que dar tantas gracias.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

sábado, 16 de mayo de 2026

Una liturgia más bella. Por Carlos Granados García

(Alfa y omega) Este nuevo libro del cardenal Robert Sarah aborda, sobre todo, la cuestión de la música sacra en la liturgia. El volumen transcribe una serie de entrevistas realizadas por Peter Carter. Es un libro recomendable y aleccionador. La ventaja que tiene el género literario de la entrevista es que hace la lectura más amena y entretenida. La desventaja es que se difumina a veces el hilo conductor.

En todo caso, Peter Carter demuestra ser un entrevistador eficaz. Sus preguntas son provocativas, a veces un poco subversivas, con un estilo típicamente americano, cortante y al grano.

Si pasamos al contenido, creo que leer al cardenal Sarah es siempre recuperar el sentido de lo sagrado en la liturgia: silencio o contemplación son palabras que resuenan continuamente en el libro. A ello se suma un hondo sentido de la centralidad de la liturgia en la vida cristiana. La respuesta de los mártires de Albitene en el año 304 expresa bien lo que para el cardenal Sarah es (o debería ser) la natural perspectiva cristiana: sine dominico non possumus, «sin domingo no podemos vivir»; sin la Eucaristía dominical no podemos subsistir.

En general, el libro es profundamente heredero de Joseph Ratzinger y de su punto de vista sobre el sentido de la música en la liturgia, la preservación del latín, la belleza de la liturgia o el significado de una paticipatio actuosa en la ella.

Las preguntas del pertinaz entrevistador obligan, a veces, al cardenal Sarah a aterrizar sobre terrenos un poco tortuosos, como cuando Carter inquiere sobre la «necesidad» del canto gregoriano, o se empeña en saber hasta qué punto es posible el baile durante una celebración eucarística o porfía sobre la medida en que ciertos ritmos musicales modernos pueden emplearse en un contexto litúrgico. Son temas que evidentemente despiertan cierta curiosidad y que pueden impactar más en una lectura superficial. Repito, sin embargo, que para mi gusto lo que aporta el cardenal Sarah supera con mucho toda esta serie de cuestiones más puntuales.

En su profundidad última, lo que despierta este libro es el sentido de la belleza sagrada de la liturgia. Esa belleza es, en sí misma, testimonio de Cristo e invitación a adentrarse en el misterio. Una liturgia banal, descuidada, secularizada; o una liturgia de mero aplauso y escenario, de espectáculo y pasarela de moda, nos deja, en el fondo, muy vacíos.

No quiero terminar sin añadir que las palabras del cardenal Sarah respiran, sin duda, un sincero cariño y cercanía a los sacerdotes que, ciertamente, hacen mucho más reales y llevaderas la serie de exhortaciones particulares que les dirige en el libro.

viernes, 15 de mayo de 2026

Santoral del día: San Isidro, Labrador

El perfil del Santo se caracteriza por su humildad y sencillez en sus tareas con una base de Fe muy sólida. Hoy celebramos a San Isidro Labrador. Nacido a finales del siglo XI, casa con María de la Cabeza y, fruto de su matrimonio, tienen un hijo al que ponen el nombre de Illán. Esposa e hijo también son Santos.

Durante la mayor parte de su vida trabajó en el campo al servicio de Juan de Vargas. Su Fe y sencillez le hacen agradable a Dios. En su trabajo como jornalero de Don Juan de Vargas fue calumniado asegurando que no cumplía bien sus labores.

El amo fue a ver y se le encontró en el trabajo y dando gracias a Dios. Un día su hijo cae al pozo y ambos esposos oran, recobrándole sano y salvo. En otra ocasión le acusaron falsamente a su esposa a la que levantaron rumores oscuros sobre lo que hacía al cruzar el río.

Isidro le llevó cerca de ella y nada más llegar a la orilla la cruzaba y también oraba al Señor. Después de una feliz ancianidad, colmado de años, muere en olor de santidad. Su cuerpo incorrupto descansa en la Colegiata construida en su honor.

Varias décadas después, fue descubierto su cuerpo. Beatificado por el Papa Pablo V en 1619, hace que sea finalmente Benedicto XIII el que le eleve a los altares. San Juan XXIII le declara Patrón de los agricultores y las gentes del campo. También lo es de la ciudad de Madrid.

El Papa León XIV visitará la Conferencia Episcopal Española

(C.E.E.) La Santa Sede ha hecho pública hoy la agenda oficial del Santo Padre León XIV durante su viaje a España el próximo mes de junio. 

En la lista de actos, se ha publicado que visitará la sede de la Iglesia en España, en la calle Añastro, el día 8 de junio. Precisamente, el encuentro con los obispos españoles se produce en un momento muy significativo para la institución: la CEE cumple 60 años de existencia en 2026.

Se espera que en la visita a la Casa de la Iglesia el Papa se encuentre con los obispos españoles y pueda dedicarles unas palabras de aliento en su misión. El presidente de la CEE, Mons. Luis Arguello, también dirigirá una alocución en el acto y ambos firmarán en el libro de honor. Además, habrá un intercambio de regalos y previsiblemente que el Santo Padre pueda saludar a los trabajadores de la Conferencia Episcopal Española.

¿Qué es la Conferencia Episcopal Española?

La CEE fue creada en 1966 y surgió como “primer fruto del Concilio Vaticano II”, según dijeron los obispos españoles en una carta escrita el mismo día de la clausura del Concilio. Es una institución permanente integrada por los obispos de España en comunión con el Papa y bajo su autoridad, para el ejercicio conjunto de algunas funciones pastorales.

En la actualidad, está formada por diez Comisiones Episcopales y ocho subcomisiones que trabajan en el estudio y tratamiento de algunos temas específicos que afectan a un campo determinado de la acción pastoral común de la Iglesia en España.

A la Conferencia Episcopal compete estudiar y potenciar la acción pastoral en los asuntos de interés común, propiciar la mutua iluminación en las tareas del ministerio de los Obispos, coordinar las actividades eclesiales de carácter nacional, tomar decisiones vinculantes en las materias a ella confiadas y fomentar las relaciones con las demás Conferencias, sobre todo con las más próximas. En la actualidad, hay 113 Conferencias Episcopales en todo el mundo.

La CEE, como instrumento del espíritu colegial de los obispos (cfr. Apostolos suos, 14; Codex iuris canonici, c. 447), ha desarrollado su tarea en un periodo de profundas transformaciones tanto en lo eclesial como en lo social, cultural y político.

jueves, 14 de mayo de 2026

Santoral del día: San Matías

(COPE) La Fiesta Apostólica de hoy está muy entroncada a estos días finales de Pascua a medida que nos acercamos a la Solemnidad de Pentecostés. Hoy celebramos al Apóstol San Matías. El Libro de los Hechos afirman que acompañó al Salvador, desde el Bautismo hasta la Ascensión. Esto supone que había sido testigo de cuanto el Maestro dijo e hizo.

De sus milagros, sus parábolas, sus enseñanzas y de su Resurrección. Cuando San Pedro decidió proceder a la elección de un nuevo Apóstol para reemplazar a Judas, los designados fueron José, llamado Barsabas y Matías. Si presentan también a este último es porque era muy humilde.

Nunca se había caracterizado por nada especial. Tras la presentación de estos posibles candidatos, oraron al Espíritu. Finalmente, la elección cayó sobre Matías, quien pasó a formar parte del grupo de los Doce. El Espíritu Santo descendió sobre él también en Pentecostés y San Matías se entregó a su misión.

Entendía que también le tocaba a él ir por todo el mundo y predicando el Evangelio a todo hombre. Según la tradición, predicó primero en Judea y luego en otros países. Los griegos sostienen que obtuvo la corona del martirio en Cólquida. Muchos aseguran que fue lapidado y, por fin, decapitado. Su cuerpo estuvo mucho tiempo en Jerusalén y Santa Elena lo trasladó a Roma.

miércoles, 13 de mayo de 2026

Textos propios de la memoria de Nuestra Señora de Fátima


13 de Mayo
Bienaventurada Virgen María de Fátima

Antífona de entrada Cf. Sal 70, 8. 23
Llena estaba mi boca de tu alabanza para poder cantar. Te aclamarán mis labios, Señor. Aleluya.

Monición 
El 13 de mayo de 1917, en Cova de Iría, Portugal, tuvo lugar la primera aparición de la santísima Virgen a tres pastorcitos: Lucía, de diez años, Francisco, de ocho, y Jacinta, de siete. El 13 de mayo de 2000, el Papa Juan Pablo II declaró beatos a Jacinta y Francisco durante su viaje al santuario de las apariciones. En este día contemplamos a la que, en el orden de la gracia, es nuestra Madre clementísima, quien suscita en muchos fieles la oración por los pecadores y la profunda conversión de los corazones.

Oración colecta
Señor, Dios nuestro que nos diste por madre a la madre de tu amado Hijo, concédenos, te pedimos, que siguiendo sus enseñanzas y con espíritu de verdadera penitencia y oración trabajemos generosamente por la renovación del mundo y por la implantación del reino de Cristo. Él que vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén 

Oración sobre las ofrendas 
Recibe, Señor, los dones que te presentamos, y concédenos que nuestro corazón iluminado por la luz del Espíritu Santo y conducido por el ejemplo y por las advertencias de la Virgen Santa María, busque y se mantenga siempre en los caminos de tu voluntad. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén

Prefacio

V. El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación darte gracias, Padre Santo, siempre y en todo lugar y proclamar tu grandeza en esta festividad de la Virgen Santa María.

Al recibir a tu Verbo en su Corazón inmaculado,
lo concibió en su vientre virginal, y así como dio a luz al Creador, amparó y encaminó los primeros pasos de la Iglesia naciente.

Al recibir junto a la cruz el testamento del amor divino, aceptó, como hijos suyos a todos los hombres,
engendrados en la muerte de Cristo
para una vida celestial.

Cuando los apóstoles aguardaban al Espíritu por ti prometido, Ella unía su oración a la de los discípulos, y así, se tornó figura de la Iglesia orante.

Elevada a la gloria de los cielos, acompaña a la Iglesia peregrina con amor de Madre y protege sus pasos en su camino a la patria, hasta que venga el día glorioso del Señor.

Por todo esto, te alabamos y con todos los ángeles y los santos proclamamos sin cesar: Santo, Santo, Santo…

Oración después de la Comunión 

Habiendo recibido, Señor Dios nuestro, la prenda de salvación y de vida; humildemente te pedimos que tu Iglesia, con el auxilio maternal de la Virgen Santa María, enseñe a todos los pueblos el mensaje del Evangelio, y llene toda la tierra con la presencia del Espíritu Santo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén

Un nuevo abad para el Valle de los Caídos tras años de excepcionalidad

(Infovaticana) La comunidad benedictina de la abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos ha elegido este miércoles al padre Alfredo Maroto, OSB, como nuevo abad del monasterio, poniendo fin a una situación excepcional que se prolongaba desde 2014, cuando el padre Anselmo Álvarez renunció al cargo por motivos de salud.

Según informa ABC, la elección se produjo durante un capítulo conventual presidido por dom Geoffroy Kemlin, abad-presidente de la congregación benedictina francesa de Solesmes, de la que depende la comunidad del Valle.

La propia abadía confirmó oficialmente la elección mediante un comunicado difundido este 13 de mayo, festividad de Nuestra Señora de Fátima, en el que los monjes expresaron su “profunda alegría” y presentaron la elección como un signo de “unidad, estabilidad y solidez espiritual” de la comunidad.

La elección de Maroto se produce en un momento especialmente delicado para el Valle de los Caídos, en pleno conflicto entre la comunidad benedictina y el Gobierno de Pedro Sánchez por el proceso de resignificación del recinto, rebautizado oficialmente como Valle de Cuelgamuros por la Ley de Memoria Democrática.

Doce años sin abad en medio de una fuerte presión política

Desde la renuncia de Anselmo Álvarez en septiembre de 2014, la abadía no había contado con un abad elegido conforme a las constituciones benedictinas.

Durante estos años, la comunidad estuvo gobernada por un prior administrador designado desde Solesmes. Primero fue el padre Santiago Cantera y, desde marzo de 2025, el propio Alfredo Maroto.

Fuentes cercanas a la comunidad citadas por ABC explican que la prolongada ausencia de elección abacial estuvo ligada al “contexto extraordinariamente complejo” vivido por los monjes durante la última década.

En estos años, la comunidad benedictina ha vivido bajo una intensa presión política e institucional derivada de los sucesivos intentos del Gobierno por transformar el significado religioso y reconciliador del Valle de los Caídos.

La exhumación de Francisco Franco en 2019, la posterior salida de los restos de José Antonio Primo de Rivera y el actual proyecto de resignificación han situado constantemente a la abadía en el centro de la confrontación política y cultural española.

Una comunidad que reivindica su vitalidad y fidelidad

Lejos de transmitir una imagen de desgaste, el comunicado oficial de la abadía insiste en la continuidad y fortaleza de la vida monástica en el Valle.

Los monjes destacan que la comunidad continúa desarrollando “su vida de oración, trabajo y fidelidad a la tradición benedictina”, subrayando además el “paulatino crecimiento de la comunidad gracias a la llegada de nuevas vocaciones a la vida monástica”.

La nota añade que la elección supone “un motivo de especial consuelo y confianza” para una comunidad llamada a perseverar en su misión como custodios de la basílica, la escolanía, la hospedería y de toda la vida litúrgica y espiritual que se desarrolla diariamente en el recinto.

La comunidad benedictina reafirma además su voluntad de continuar esta labor “en plena comunión con la Iglesia y al servicio espiritual de los fieles”.

El nuevo interlocutor frente al Gobierno

Con la elección de Alfredo Maroto, la abadía recupera una figura con plena autoridad monástica y canónica para representar oficialmente a la comunidad benedictina.

Dado que la abadía tiene estatus sui iuris, el abad depende directamente del Papa y ejerce funciones equivalentes a las de un superior mayor.

En la práctica, Maroto será ahora el principal interlocutor de los monjes en las negociaciones abiertas con el Ejecutivo sobre el futuro del Valle y la preservación del carácter sagrado de la basílica frente a las intervenciones impulsadas por el Ministerio de Justicia.

Actualmente, la comunidad mantiene presentado un recurso contra el acuerdo firmado entre el Gobierno y el arzobispado de Madrid, al considerar que el cardenal José Cobo carecía de autoridad para aceptar determinadas actuaciones sobre espacios considerados sagrados.

El papel de Santiago Cantera

La elección de Maroto llega pocas semanas después de la salida del padre Santiago Cantera como prior administrador.

Algunos sectores interpretaron entonces su marcha como una cesión eclesial ante las presiones del Gobierno. Sin embargo, fuentes cercanas a la comunidad han reivindicado el papel desempeñado por Cantera durante los años más difíciles del conflicto.

Según esas fuentes, su labor permitió mantener “la estabilidad interna, la unidad de la comunidad y la continuidad de la vida litúrgica y monástica” en medio de una situación especialmente tensa.

Durante su etapa al frente del monasterio, Cantera se convirtió además en una de las principales figuras de resistencia frente a los intentos de secularización y resignificación ideológica del Valle.

Un monje estrechamente ligado al Valle

Alfredo Maroto nació en Segovia en 1958 e ingresó en la abadía del Valle siendo ya sacerdote en 1996.

Emitió sus votos perpetuos en 2001 y desde entonces ha desempeñado distintos cargos dentro de la comunidad, entre ellos prior claustral, maestro de novicios, director de la escolanía y responsable de la hospedería monástica.

Durante el cierre de la basílica decretado por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero en 2010, Maroto tuvo además un papel destacado en la defensa de la vida litúrgica del Valle, celebrando junto al entonces abad las eucaristías en el exterior del recinto mientras permanecía clausurado el templo.

El futuro del Valle sigue abierto

La elección del nuevo abad se produce mientras continúa abierto el pulso entre la comunidad benedictina y el Gobierno sobre el futuro del Valle de los Caídos.

En los últimos meses, el presidente de la Conferencia Episcopal Española, monseñor Luis Argüello, ha pedido públicamente que ambas partes alcancen “un acuerdo razonable y satisfactorio”.

Mientras tanto, los monjes continúan defendiendo el mantenimiento del carácter religioso, litúrgico y espiritual del recinto frente a los proyectos políticos impulsados desde el Ejecutivo.

La nota oficial de la abadía concluye encomendando esta nueva etapa “al amparo de la Santísima Virgen del Valle y de nuestro Padre San Benito”, pidiendo oraciones por el nuevo abad y por toda la comunidad benedictina.

Oración a Nuestra Señora de Fátima


“Oh Virgen Santísima,
vos os aparecisteis repetidas veces a los niños;
yo también quisiera veros, oír vuestra voz y deciros:
madre mía, llevadme al cielo.

Confiando en vuestro amor,
os pido me alcancéis de vuestro hijo Jesús una fe viva,
inteligencia para conocerle y amarle,
paciencia y gracia para servirle a Él a mis hermanos,
y un día poder unirnos con vos allí en el Cielo.

Padre nuestro, Avemaría y Gloria.

Madre mía también os pido por mis padres,
para que vivan unidos en el amor;
por mis hermanos, familiares y amigos,
para que viviendo unidos en familia
un día podamos gozar con vos en la vida eterna.

Padre nuestro, Avemaría y Gloria.

Os pido de un modo especial
por la conversión de los pecadores y la paz del mundo;
por los niños, para que nunca les falten los auxilios divinos
y lo necesario para sus cuerpos,
y un día conseguir la vida eterna.

Padre nuestro, Avemaría y Gloria

Oh Madre mía, sé que escucharás,
y me conseguirás estas y cuantas gracias te pida,
pues las pido por el amor que tienes de tu hijo Jesús. Amén.

¡Madre mía, aquí tienes a tu hijo, sé tú mi madre!
¡Oh dulce corazón de María, sed la salvación mía!”

Amén

martes, 12 de mayo de 2026

Algunos detalles sobre liturgia en el tiempo de Pascua. Por R. H. M.

Los 50 días del Tiempo Pascual no son simplemente una prolongación de la fiesta, sino una vivencia mística y profunda de la vida nueva en Cristo resucitado. El color litúrgico de este tiempo es el blanco, símbolo de alegría, luz, pureza, resurrección... La decoración y ornato floral han de expresar el gozo de la resurrección del Señor. El Cirio Pascual es el símbolo por excelencia del Resucitado, la Luz del mundo. Debe colocarse de manera visible junto al ambón o cerca del altar. Se enciende en todas las celebraciones litúrgicas más solemnes de este Tiempo: Misas, Laudes y Vísperas. Al concluir Pentecostés, se apaga y se traslada al baptisterio.

Liturgia Eucarística

La liturgia eucarística durante el tiempo de Pascua adquiere una solemnidad extraordinaria mediante modificaciones estructurales, oracionales y textuales en el misal romano, que tienen como único fin exaltar la Resurrección de Jesucristo. Durante estos cincuenta días todas las partes de la liturgia del altar se transforman para reflejar el gozo del misterio pascual.

Saludo inicial

 Durante toda la Pascua la fórmula de saludo propio del sacerdote es: ''El Dios de la vida, que ha resucitado a Jesucristo rompiendo las ataduras de la muerte, esté con vosotros''. 

Acto penitencial

Para el "acto penitencial" el misal ofrece tres opciones para emplear durante la cincuentena, con varios tropos propios para estos días en la página 439: ''Tú que has destruido el pecado y la muerte con tu resurrección: Señor, ten piedad...''

Se recomienda especialmente en este Tiempo que se sustituya en días especiales de la cincuentena pascual el acto penitencial por la aspersión del agua bendita. En el misal se encuentra en el Apéndice II (pag. 1305). Durante todo el tiempo se bautiza utilizando el agua bendecida en la noche de la Vigilia Pascual.

Cirio Pascual

Solo se inciensa antes del canto del pregón pascual o "exultet" en la Vigilia pascual (institutio del misal 277) y ceremonial de los obispos (cf. 345). Al comenzar la celebración se inciensa el altar y la cruz (cf. Ceremonial 131) como también las imágenes expuestas a la veneración pública si las hay (cf. Institutio 277).

Preces

El modelo de formulario para la oración universal está en la página 1316 del misal.

Presentación de las ofrendas (Ofertorio)

Sentido sacrificial: El pan y el vino se presentan no sólo como frutos de la tierra, sino como elementos que van a ser transformados en el cuerpo y la sangre de la Víctima Pascual.

Prefacios de Pascua

El prefacio abre la gran plegaria eucarística. El Misal Romano contempla cinco prefacios pascuales propios de este tiempo, cada uno con un matiz teológico específico: 

Prefacio I de Pascua (El misterio pascual): Es obligatorio en la Vigilia Pascual. El Domingo de Resurrección y la Octava de Pascua usa la fórmula fija: «pero más que nunca en este día [o en este tiempo] en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado».

Prefacio II (La vida nueva en Cristo): Resalta la resurrección como el inicio de la nueva creación.

Prefacio III (Cristo vivo e intercesor): Enfatiza que Cristo, una vez resucitado, no vuelve a morir, sino que vive para siempre intercediendo por la humanidad.

Prefacio IV (La restauración del universo): Se centra en cómo la resurrección de Cristo restaura el mundo caído y devuelve la dignidad a los hombres.

Prefacio V (Cristo, sacerdote y víctima): Explica el papel de Jesús como el verdadero Cordero que quita el pecado del mundo mediante su sacrificio voluntario.

Los prefacios de pascua vienen en las páginas 466, 467, 468, 469 y 470, mientras que los textos musicalizados de estos cinco prefacios vienen en las páginas 1170, 1171, 1172, 1173 y 1174.

Embolismos propios en la Plegaria Eucarística

Durante la Octava de Pascua (los primeros ocho días), las grandes plegarias eucarísticas incluyen partes variables obligatorias (embolismos).

En la Plegaria Eucarística I o Canon Romano se utiliza el communicantes propio («Reunidos en comunión para celebrar el día santísimo [o la noche santísima] de la resurrección...») y el Hanc Igitur propio («Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda... que te presentamos también por aquellos que has regenerado por el agua y el Espíritu Santo...»).

En las plegarias eucarísticas II, III y IV: Se inserta una conmemoración propia por los bautizados durante la Vigilia Pascual y los neófitos.

 Rito de la Comunión

Se recomienda vivamente que los fieles reciban la comunión con las especies consagradas en la misma misa para expresar más plenamente la participación en el sacrificio actual.

Para los neófitos (los recién bautizados en la Vigilia Pascual) el misal sugiere la comunión bajo las dos especies durante todo el Tiempo Pascual.

Rito de Conclusión - Bendición solemne

La bendición solemne para el Tiempo Pascual figura en el misal en la página 580

Se utiliza la fórmula de triple invocación propia del Tiempo de Pascua.

Despido Pascual: Durante la Octava de Pascua y el domingo de Pentecostés se añade obligatoriamente el doble Aleluya: «Podéis ir en paz, aleluya, aleluya» 

El pueblo responde: «Demos gracias a Dios, aleluya, aleluya».

Despedida durante la Octava de Pascua

Los primeros ocho días desde el domingo de Resurrección forman la Octava de Pascua. Como ya hemos señalado, se celebra litúrgicamente como una única solemnidad. En la conclusión de la misa y la Liturgia de las Horas se añade el doble Aleluya al "Podéis ir en paz".

Palabra de Dios

Durante todo este Tiempo, la primera lectura no se toma del Antiguo Testamento, sino de los Hechos de los Apóstoles, mostrando el nacimiento y la vida de la Iglesia primitiva. En el evangelio se proclaman los relatos de las apariciones del Resucitado y discursos del evangelio de San Juan.

Música
 
Regresa triunfalmente en todos los cantos y respuestas de la misa tras el ayuno cuaresmal.

El "gloria" se canta en todos los domingos y solemnidades del Tiempo Pascual, así como en la Octava.

Se priorizan cantos de alegría y alabanza que incluyan frecuentemente la aclamación "Aleluya" en lugar de cantos penitenciales o de meditación.

El canto del "Cordero de Dios" (Agnus Dei) resuena con fuerza, reconociendo a Cristo como la Víctima Pascual inmolada que vive para siempre.

Liturgia de las Horas

En el Oficio Divino, la alegría de la Resurrección se manifiesta con rúbricas obligatorias durante los 50 días. Se añade un "Aleluya" al final de cada antífona de los salmos, cánticos y responsorios, salvo que el texto lo excluya expresamente por su sentido.

En la Hora Intermedia durante todo el Tiempo de Pascua, las antífonas de Tercia, Sexta y Nona se unifican y se sustituyen por la aclamación triple: «Aleluya, aleluya, aleluya».

En el rezo de Completas se concluye la oración de la noche con la antífona mariana «Regina Caeli» (Reina del Cielo), que se canta o reza de pie en lugar de las demás oraciones a la Virgen.

El "Te Deum" se reza o canta obligatoriamente en el Oficio de Lectura durante todos los días de la Octava de Pascua.

Los sacramentos en el Tiempo Pascual

La liturgia pascual está íntimamente ligada a la iniciación cristiana, por lo que se prioriza la vida sacramental. Es el tiempo propicio para profundizar en la catequesis sobre el bautismo, la confirmación y la eucaristía.

Primeras Comuniones

Tradicionalmente, las parroquias celebran las primeras comuniones en estos domingos para asociar la primera recepción de la eucaristía con el gozo de la resurrección.

Comunión a los enfermos

El clero y los ministros extraordinarios de la comunión deben facilitar que los enfermos comulguen con mayor frecuencia durante este tiempo jubiloso.

Religiosidad popular

El rezo del "Regina Coeli" sustituye al rezo habitual del "Ángelus" durante los cincuenta días de Pascua. Como antífona propia del Tiempo Pascual es costumbre entonar este canto los sábados, y al concluir las eucaristías de este Tiempo como felicitación a María por la resurrección de su Hijo.

"Vía Lucis": En los años noventa el salesiano P. Sabino Palumbieri S.D.B. ideó esta nueva devoción que medita sobre la Resurrección de Jesús y las apariciones pascuales, actuando como complemento al "Vía Crucis". Esto surgió en torno al año 1990 dentro del movimiento "Testigos del Resucitado", idea que fue muy aplaudida por el entonces pontífice San Juan Pablo II. Hoy, igual que durante el Tiempo Cuaresmal muchas parroquias tienen el rezo del "Vía Crucis", en Pascua se reza el "Vía Lucis". 

Mensaje del Santo Padre León XIV para la LX Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales

Custodiar voces y rostros humanos

Queridos hermanos y hermanas:

El rostro y la voz son rasgos únicos, distintivos, de cada persona; manifiestan su propia identidad irrepetible y son el elemento constitutivo de todo encuentro. Los antigüos lo sabían bien. Así, para definir a la persona humana, los antiguos griegos utilizaron la palabra “rostro” (prósōpon), que etimológicamente indica aquello que está a la vista, el lugar de la presencia y de la relación. El término latino persona (de per-sonare) incluye en cambio el sonido; no un sonido cualquiera, sino la voz inconfundible de alguien.

El rostro y la voz son sagrados. Nos han sido dados por Dios, que nos ha creado a su imagen y semejanza, llamándonos a la vida con la Palabra que Él mismo nos ha dirigido. Palabra que resonó primero a través de los siglos en las voces de los profetas, y luego se hizo carne en la plenitud de los tiempos. Esta Palabra —esta comunicación que Dios hace de sí mismo— la hemos podido escuchar y ver directamente (cf. 1 Jn 1,1-3), porque se dio a conocer en la voz y en el rostro de Jesús, Hijo de Dios.

Desde el momento de su creación, Dios ha querido al hombre como su interlocutor y, como dice san Gregorio de Nisa, [1] ha impreso en su rostro un reflejo del amor divino, para que pueda vivir plenamente la propia humanidad mediante el amor. Por tanto, custodiar rostros y voces humanas significa conservar este sello, este reflejo indeleble del amor de Dios. No somos una especie hecha de algoritmos bioquímicos definidos de antemano. Cada uno de nosotros tiene una vocación insustituible e inimitabile que surge de la vida y que se manifiesta precisamente en la comunicación con los demás.

La tecnología digital, cuando se falla en su cuidado, se corre el riesgo de modificar radicalmente algunos de los pilares fundamentales de la civilización humana, que a veces damos por descontado. Simulando voces y rostros humanos, sabiduría y conocimiento, conciencia y responsabilidad, empatía y amistad, los sistemas conocidos como inteligencia artificial no solo interfieren en los ecosistemas informativos, sino que también invaden el nivel más profundo de la comunicación, el de la relación entre las personas.

El desafío, por tanto, no es tecnológico sino antropológico. Custodiar los rostros y las voces significa, en última instancia, cuidarnos a nosotros mismos. Acoger con valentía, determinación y discernimiento las oportunidades que ofrecen la tecnología digital y la inteligencia artificial no significa ocultar para nosotros mismos los puntos críticos, las opacidades, los riesgos.

No renunciar al pensamiento proprio.

Desde hace tiempo existen múltiples pruebas de que algoritmos proyectados para maximizar la implicación en las redes sociales —redituable para las plataformas— premian emociones rápidas y penalizan en cambio expresiones humanas que necesitan tiempo, como el esfuerzo por comprender y la reflexión. Encerrando grupos de personas en burbujas de fácil consenso y fácil indignación, estos algoritmos debilitan la capacidad de escucha y de pensamiento crítico y aumentan la polarización social.

A esto se sumó una confianza ingenuamente acrítica en la inteligencia artificial como “amiga” omnisciente, dispensadora de toda información, archivo de toda memoria, “oráculo” de todo consejo. Todo esto puede desgastar aún más nuestra capacidad de pensar de modo analítico y creativo, de comprender los significados, de distinguir entre sintaxis y semántica.

Aunque la IA puede proporcionar apoyo y asistencia en la gestión de tareas comunicativas, eludir el esfuerzo de pensar por nosotros mismos y conformarnos con una recopilación estadística artificial, a la larga corre el riesgo de erosionar nuestras capacidades cognitivas, emocionales y comunicativas.

En los últimos años, los sistemas de inteligencia artificial están asumiendo cada vez más el control de la producción de textos, música y vídeos. Gran parte de la industria creativa humana corre así el riesgo de ser desmantelada y sustituida por la etiqueta “Powered by AI”, convirtiendo a las personas en meros consumidores pasivos de pensamientos no pensados, de productos anónimos, sin autoría, sin amor. Mientras que las obras maestras del genio humano en el campo de la música, el arte y la literatura se reducen a un mero campo de entrenamiento para las máquinas.

La cuestión que nos importa, sin embargo, no es en lo que logra o logrará hacer la máquina, sino qué podemos o podremos hacer nosotros, creciendo en humanidad y conocimiento, con un sabio uso de instrumentos tan poderosos a nuestro servicio. Desde siempre, el hombre se ha visto tentado a apropiarse del fruto del conocimiento sin el esfuerzo que supone el compromiso, la investigación y la responsabilidad personal. Sin embargo, renunciar al proceso creativo y ceder a las máquinas nuestras funciones mentales y nuestra imaginación significa enterrar los talentos que hemos recibido para crecer como personas en relación con Dios y con los demás. Significa ocultar nuestro rostro y silenciar nuestra voz.

Ser o fingir: simulación de las relaciones y de la realidad

A medida que nos desplazamos por nuestros flujos de información (feeds), cada vez es más difícil saber si estamos interactuando con otros seres humanos o con “bots” o “influencers” virtuales. Las intervenciones opacas de estos agentes automatizados influyen en los debates públicos y en las decisiones de las personas. En particular, los chatbots basados en grandes modelos lingüísticos (LLM), se están demostrando ser sorprendentemente eficaces en la persuasión oculta, mediante una optimización continua de la interacción personalizada. La estructura dialógica y adaptativa, mimética, de estos modelos lingüísticos es capaz de imitar los sentimientos humanos y simular así una relación. Esta antropomorfización, que puede resultar incluso divertida, es al mismo tiempo engañosa, sobre todo para las personas más vulnerables. Porque los chatbots excesivamente “afectuosos”, además de estar siempre presentes y disponibles, pueden convertirse en arquitectos ocultos de nuestros estados emocionales y, de este modo, invadir y ocupar la esfera de la intimidad de las personas.

La tecnología que se aprovecha de nuestra necesidad de relacionarnos no solo puede tener consecuencias dolorosas para el destino de las personas, sino que también puede dañar el tejido social, cultural y político de las sociedades. Esto ocurre cuando sustituimos las relaciones con los demás por relaciones con IA entrenadas para catalogar nuestros pensamientos y, por lo tanto, para construir a nuestro alrededor un mundo de espejos, donde todo está hecho “a nuestra imagen y semejanza”. De este modo, nos privamos de la posibilidad de encontrar al otro, que siempre es diferente a nosotros y con el que podemos y debemos aprender a relacionarnos. Sin la aceptación de la alteridad no puede haber ni relación ni amistad.

Otro gran desafío que plantean estos sistemas emergentes es el de la parcialidad (en inglés: bias), que lleva a adquirir y transmitir una percepción alterada de la realidad. Los modelos de la IA están moldeados por la visión del mundo de quienes los construyen y, a su vez, pueden imponer formas de pensar que replican los estereotipos y prejuicios presentes en los datos de los que se nutren. La falta de transparencia en el diseño de los algoritmos, junto con la representación social inadecuada de los datos, tiende a mantenernos atrapados en redes que manipulan nuestros pensamientos y perpetúan y profundizan las desigualdades y las injusticias sociales existentes.

El riesgo es grande. El poder de la simulación es tal que la inteligencia artificial también puede engañarnos con la fabricación de “realidades” paralelas, apropiándose de nuestros rostros y nuestras voces. Estamos inmersos en una multidimensionalidad, donde cada vez es más difícil distinguir la realidad de la ficción.

A esto se suma el problema de la falta de precisión. Los sistemas que hacen pasar una probabilidad estadística por conocimiento nos ofrecen, en realidad, como mucho, aproximaciones a la verdad, que a veces son auténticas “alucinaciones”. La falta de verificación de las fuentes, junto con la crisis del periodismo de campo, que implica un trabajo continuo de recopilación y verificación de información en los lugares donde ocurren los acontecimientos, puede favorecer un terreno aún más fértil para la desinformación, provocando una creciente sensación de desconfianza, desconcierto e inseguridad.

Una posible alianza

Detrás de esta enorme fuerza invisible que nos involucra a todos, hay solo un puñado de empresas, aquellas cuyos fundadores han sido recientemente presentados como los creadores de la “persona del año 2025”, es decir, los arquitectos de la inteligencia artificial. Esto suscita una importante preocupación por el control del oligopolio de los sistemas algorítmicos y de inteligencia artificial capaces de orientar sutilmente los comportamientos e incluso reescribir la historia de la humanidad —incluida la historia de la Iglesia— a menudo sin que nos demos cuenta realmente.

El desafío que nos espera no es el de detener la innovación digital sino el de guiarla, y en ser conscientes de su carácter ambivalente. Corresponde a cada uno de nosotros alzar la voz en defensa de las personas humanas para que estos instrumentos puedan realmente ser integrados por nosotros como aliados.

Esta alianza es posible, pero necesita fundamentarse en tres pilares: responsabilidad, cooperación y educación.

En primer lugar, la responsabilidad. Según las funciones, esta puede traducirse en honestidad, transparencia, valentía, capacidad de visión, deber de compartir conocimientos, derecho a estar informado. Pero, en general, nadie puede eludir su responsabilidad ante el futuro que estamos construyendo.

Para quienes están en la cúspide de las plataformas online esto significa asegurarse de que las propias estrategias empresariales no estén guiadas por el único criterio del máximo beneficio, sino también por una visión de futuro que tenga en cuenta el bien común del mismo modo que cada uno de ellos se preocupa por el bienestar de sus hijos.

A los creadores y programadores de modelos de la IA se les pide transparencia y responsabilidad social respecto a los principios de planificación y a los sistemas de moderación que están en la base de sus algoritmos y de los modelos diseñados con el fin de favorecer un consentimiento informado por parte de los usuarios.

La misma responsabilidad se exige también a los legisladores nacionales y a las entidades reguladoras supranacionales, a quienes compete vigilar sobre el respeto de la dignidad humana. Una reglamentación adecuada puede proteger a las personas, de crear vínculos emocionales con los chatbots y contener la difusión de contenidos falsos, manipuladores o confusos, preservando la integridad de la información frente a una simulación engañosa de la misma.

Las agencias de noticias y los medios de comunicación no pueden permitir que los algoritmos orientados a ganar a toda costa la batalla por unos segundos más de atención, prevalezcan sobre la fidelidad a sus valores profesionales, orientados a la búsqueda de la verdad. La confianza del público se gana con precisión y transparencia, no con la búsqueda de cualquier tipo de implicación. Los contenidos generados o manipulados por la IA deben señalarse y distinguirse claramente de los contenidos creados por personas. Debe protegerse la autoría y la propiedad soberana del trabajo de los periodistas y otros creadores de contenidos. La información es un bien público. Un servicio público constructivo y significativo no se basa en la opacidad, sino en la transparencia de las fuentes, la inclusión de las partes implicadas y un alto nivel de calidad.

Todos estamos llamados a cooperar. Ningún sector puede afrontar por sí solo el desafío de guiar la innovación digital y la forma de governar la IA. Es necesario, por tanto, crear mecanismos de protección. Todas las partes interesadas —desde la industria tecnológica a los legisladores, desde las empresas creativas al mundo académico, desde los artistas a los periodistas y a los educadores— deben implicarse en construir y hacer efectiva una ciudadanía digital consciente y responsable.

A esto mira la educación: a aumentar nuestras capacidades personales de reflexión crítica; evaluar la credibilidad de las fuentes y los posibles intereses que están detrás de la selección de información que nos llega; comprender los mecanismos psicológicos que se activan ante ello; a permitir a nuestras familias, comunidades y asociaciones elaborar criterios prácticos para una cultura de la comunicación más sana y responsable.

Precisamente por esto es cada vez más urgente introducir en los sistemas educativos de cada nivel también la alfabetización en los medios de comunicación, en los medios de información y en la IA, que algunas instituciones civiles ya están promoviendo. Como católicos, podemos y debemos aportar nuestra contribución para que las personas, especialmente los jóvenes, adquieran la capacidad de pensar críticamente y crezcan en la libertad del espíritu. Esta alfabetización también debería integrarse en iniciativas más amplias de educación permanente, llegando también a las personas mayores y a los miembros marginados de la sociedad, que a menudo se sienten excluidos e impotentes ante los rápidos cambios tecnológicos.

La alfabetización en los medios de comunicación, de información y en la IA ayudará a todos a no adaptarse a la deriva antropomorfizante de estos sistemas, sino a tratarlos como herramientas, a utilizar siempre una validación externa de las fuentes —que podrían ser imprecisas o erróneas— proporcionadas por los sistemas de IA, a proteger su privacidad y sus datos conociendo los parámetros de seguridad y las opciones de impugnación. Es importante educar y educarse a usar la IA en modo intencional y, en este contexto, cuidar la propia imagen (foto y audio), el propio rostro y la propia voz, para evitar que vengan utilizados en la creación de contenidos y comportamentos dañosos como estafas digitales, ciberacoso, deepfakes que violan la privacidad y la intimidad de las personas sin su consentimiento. Al igual que la revolución industrial exigía una alfabetización básica para que las personas pudieran reaccionar ante las novedades, la revolución digital también requiere una alfabetización digital (junto con una formación humanística y cultural) para comprender cómo los algoritmos modelan nuestra percepción de la realidad, cómo funcionan los prejuicios de la IA, cuáles son los mecanismos que determinan la aparición de determinados contenidos en nuestros flujos de información (feeds), cuáles son y cómo pueden cambiar los supuestos y modelos económicos de la economía de la IA.

Necesitamos que el rostro y la voz vuelvan a expresar a la persona. Necesitamos custodiar el don de la comunicación como la verdad más profunda del hombre, hacia la cual orientar también toda innovación tecnológica.

Al proponer estas reflexiones, agradezco a quienes están trabajando por los fines aquí expuestos y bendigo de corazón a todos los que trabajan por el bien común con los medios de comunicación.

Vaticano, 24 de enero de 2026, memoria de san Francisco de Sales.

LEÓN XIV PP.

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(1) “El hecho de ser creados a imagen de Dios significa que, al hombre, desde el momento de su creación, le ha sido impreso un carácter real [...]. Dios es amor y fuente de amor; el divino Creador también ha puesto este rasgo en nuestro rostro, para que mediante el amor —reflejo del amor divino— el ser humano reconozca y manifieste la dignidad de su naturaleza y la semejanza con su Creador” (cf. S. Gregorio de Nisa, La creación del hombre: PG 44, 137).

lunes, 11 de mayo de 2026

Adolfo Mariño, vicario general: «Habrá que cerrar iglesias parroquiales porque no va nadie»

(El Comercio) Adolfo Mariño Gutiérrez (Avilés, 1953) es vicario general de la Diócesis de Oviedo desde 2024 y a la vez párroco de San Tirso. Se ordenó sacerdote en su propia parroquia de nacimiento, Santo Tomás de Sabugo. Desde aquel momento hasta la fecha ha realizado un buen periplo asturiano que comenzó en Pesoz, pasando como coadjutor en San Pedro de los Arcos, San Melchor de Quirós, durante 14 años. De ahí a San José de Gijón. «De todos los sitios salí a regañadientes porque estaba muy bien y de Gijón me sacaron a Covadonga como abad. Y cuando más feliz estaba, también, pues me dice el arzobispo que tengo que venir para Oviedo». Le pidió al arzobispo que, además de vicario general, le diera una pequeña parroquia «y me colocó en San Tirso, donde estoy muy cómodo y, además, al lado del Arzobispado, lo que me hace más fácil el trabajo por la proximidad».

–¿Retos como vicario general?

–El reto es tender puentes.

–¿Con quién?

–Tender puentes con la sociedad civil, con el clero diocesano y con las comunidades parroquiales. Velar por que los planes pastorales se lleven adelante. Animar a todas las comunidades y un reto muy importante es algo que yo siempre he deseado, que es vivir esa fraternidad sacerdotal que nosotros, como sacerdotes, hemos de mantener siempre muy fresca. Después hay retos de tipo de obras y de cosas de estas, pero me parece que lo más importante son las personas.

–¿Cómo se tienden lazos con la comunidad civil teniendo en cuenta que en Asturias se es muy dinamitero con la Iglesia?

–Los asturianos somos grandones de corazón y por ahí se puede entrar en todos los sitios, es decir, con las instituciones públicas civiles uno entra por medio del diálogo, por medio del acercamiento, no se entra por medio de las crispaciones y de las tensiones. Ese no es mi estilo ni es el estilo de la Iglesia.

–¿Echa de menos la vida contemplativa de Covadonga?

–De vida contemplativa nada, se trabaja mucho. Covadonga es el lugar identitario de nuestra diócesis y de nuestra región porque allí confluyen la historia, la naturaleza y la fe. La fe de un pueblo que siempre está mirando a la Santina. Puedo asegurar que desde las 7 de la mañana que me levantaba hasta el atardecer es un no parar.

–Además de vicario general, es párroco de San Tirso. Usted ya redactó una especie de plan director para la iglesia. ¿Qué necesita la parroquia?

–Primero, que los feligreses que vivimos allí, vivamos con autenticidad nuestra fe. Es decir, que los que vivimos en San Tirso nos sintamos familia, nos sintamos comunidad en torno a Jesús de Nazaret; segundo, las piedras, que siempre dan muchos rompederos de cabeza. Hay muchas dificultades por las humedades, por la polilla de unos altares que tenemos preciosos del siglo XVII y XVIII, y las imágenes de la misma época. Tenemos una piedra fundacional de la época de Alfonso II al Casto, que casi todo el mundo ignora, pero que es muy importante. Y hay que darle el lustre, claro. Ahora tenemos que empezar a dar pasos poco a poco y tímidos porque es una parroquia que económicamente no es fuerte. Pero somos 1.200 habitantes que pertenecemos a San Tirso.

–Mucho que mantener.

–En Oviedo hay 53 parroquias, iglesias, sin contar las capillas que tenemos. Hacer frente a todo el patrimonio es muy complicado. Después tenemos ventas de fincas rectorales sin funcionamiento que se van vendiendo poco a poco cuando se puede y como se puede, que no es fácil. No se pueden vender iglesias y capillas, pero sí rectorales. Con el tiempo, pues a lo mejor se tiene que cerrar alguna iglesia parroquial, porque es que no hay nadie, porque no va nadie. Habrá parroquias que habrá que cerrar, aunque de momento no se ha cerrado ninguna.

–¿Por qué?

–Porque no hay gente. Y los sacerdotes están haciendo esfuerzos sobrehumanos para hacer frente a esas unidades parroquiales que a veces las componen muchísimas parroquias. Cuando yo me ordené en 1979 éramos 750 sacerdotes. Hoy, en total, somos entre 250 y 290.

–¿Cómo ha vivido su primera Semana Santa como vicario general en Oviedo?

–La he vivido acompañando todos los pasos y cofradías porque no puedes hablar de una cosa si no la conoces y si no la ves o no la vives.

–¿Y qué ha visto?

–Que las cofradías de Oviedo tienen un pequeño repunte positivo, que van creciendo, pero todavía queda mucho recorrido. Porque el trabajo de una una cofradía no comienza el Domingo de Ramos y termina el Domingo de Pascua. Es que es todo el año. Una cofradía tiene que tener formación cristiana. Durante el año, una cofradía tiene que descubrir que su compromiso es en las parroquias donde están viviendo su fe, sea la que sea. En fin, una cofradía tiene muchas aristas y todas importantes y necesarias. No es salir con un capirote. No es poner un hábito. El mejor hábito es tu vida, tu vida de creyente. Es decir, no son espectáculos, son espacios de fe, son catequesis, catequesis que con esos pasos tan hermosos nos dicen lo que ha sucedido hace dos mil años y lo que sigue sucediendo en este momento en tantos lugares del mundo, porque hay mucha pasión, hay mucha muerte, hay mucha persecución religiosa.

–El año que viene es Jacobeo. ¿Le gustaría realizar algo especial?

–Sí. Desde las unidades pastorales hay que hacerlo. Amén de las peregrinaciones que desde la Vicaría de Cultura y Peregrinaciones la cosa tiene mucho tirón porque sabemos que las peregrinaciones partieron de Alfonso II el Casto y el Salvador.

–La plaza de la Catedral es una plaza muy festiva, con muchas ferias, con mucha música, con mucho lío. ¿Cómo lo encaja?

–Yo lo encajo desde mi vivencia personal. Las fiestas de San Mateo las vivo hasta las cuatro y media de la mañana en pie durante 12 días. Los que vivimos en el entorno de la Catedral, que seremos como 12 o 15 familias, somos los sufridores de la fiesta de San Mateo. A mí me gusta mucho que la gente celebre. Yo soy también fiestero, pero ese no es el sitio, porque está precisamente machacando el lugar más emblemático que tiene Oviedo, que es la Catedral, y su entorno. Hay un espacio hermoso en el Campo San Francisco o algún recinto ferial que se construya como en Andalucía adecuado para estas cosas.

«El Arzobispo no se mete en política, la verdad es incómoda»

–Al arzobispo se le acusa de meterse en política. ¿El arzobispo se mete en política?

–El arzobispo no se mete en política. Como hombre creyente lee la actualidad y la situación de España, del mundo y de nuestra región. Yo he formado siempre parte de la acción católica y en la acción católica hablamos de la lectura creyente de la realidad. Hay que leer los acontecimientos a la luz de la fe y saber responder desde la luz de la fe; eso no es meterse en política, pero la verdad es incómoda.

–Pero no parece lo mismo decir las cosas en una homilía para sus fieles que a través de X.

–Ese es el asunto porque tenemos una mentalidad de que la iglesia tiene que hablar de puertas para adentro y no es así. Si olvidamos en un creyente la muestra pública de su fe, no es el seguimiento de las enseñanzas de Jesús lo que estamos haciendo. El creyente tiene que hablar de lo de dentro y de lo de fuera. Tiene que tener esa presencia pública porque debemos y tenemos que estar presentes en esta sociedad y desde ahí, como Jesús, iluminar las situaciones, siempre con respeto. Hay una frase del Evangelio de San Juan que dice: «la verdad os hará libres», y la verdad con mayúsculas es Jesús; nosotros somos portadores de esa verdad y tenemos que ser fieles a esa verdad. España es un país afortunadamente democrático y es un país donde se respetan las libertades. Pues yo tengo que respetar todas esas libertades, también las de los otros. Pero yo exijo también que respeten mi libertad.

–¿Piensa que les intentan acallar con todo el barullo que se monta cada vez que el arzobispo abre la boca, poco más o menos?

–Sí, pero no van a poder acallarle como no pudieron acallar a Jesús. Se trata de que lo religioso también es lo público, no solamente es lo privado. Pueden estar en desacuerdo, pero no se puede descalificar despiadadamente a las personas.

–La obra de ampliación del Museo de Bellas Artes anda medio parada. ¿Cómo está afectando a San Tirso ya que son vecinos?

–Una de nuestras casas está limitando con las excavaciones que se han hecho y lo que se va a hacer después de ampliación del museo. Como vecinos somos buenos y no tenemos ninguna dificultad, ni unos ni otros. El problema es que en todo el casco histórico hay acequias, hay muros, hay cosas que están excavando los arqueólogos y han visto cosas muy importantes. Y, claro, todo eso necesita un parón, necesita un estudio y necesita una nueva licencia y habrá que revisar los proyectos. Estoy convencido de que no tardando más de un mes o dos meses eso ya se dé de paso también con nuevas licencias o con lo que sea. Es decir, eso se va a llevar adelante.

Madonnelle. Por Guillermo Juan Morado

Mayo es el mes de María. Pero, en realidad, a ella están dedicados todos los días y todos los lugares. En la hermosa ciudad de Roma es imposible transitar por sus vías, al menos por las más cargadas de historia, sin encontrarse con alguna de las llamadas “Madonnelle”. Se trata de hornacinas con la imagen de María colocadas en los ángulos de las calles o adosadas a los muros de los antiguos edificios. Expresan una profunda religiosidad popular “di strada”, en plena calle. Parece que su uso tiene precedentes en la antigua Roma pagana, donde se encomendaba a los “Lares Compitales” – los dioses de los lugares- la protección de los cruces de caminos.

En un tiempo había en Roma miles de “Madonnelle”. En la actualidad se conservan unas quinientas. Pintadas al fresco o al olio, esculpidas sobre mármol o terracota, realizadas en mosaico…, suelen estar rodeadas de exvotos dejados por los fieles; muchos de estos exvotos son pequeños corazones plateados. Hasta comienzos del siglo XX eran los habitantes de los barrios los que se ocupaban de ellas, procurando dejar siempre encendidas candelas y lámparas, que tenían la virtualidad añadida de iluminar las calles por la noche para hacerlas más seguras.

He visto muchas de estas imágenes. Me voy a referir, a modo de ejemplo, a cuatro de ellas que se pueden encontrar en un breve paseo romano. Si uno accede a la “Via de’ Cappelari”, una calle del gremio de los sombrereros, que se sigue reivindicando hoy como “strada d’arte e artigianato”, puede contemplar, al borde de la desembocadura en el célebre “Campo de’Fiori”, una preciosa Madonnella, representación de la Inmaculada. Se trata de una pintura del siglo XVIII de la Virgen, a la que le han añadido dos coronas doradas sobre su cabeza y, sobre el cristal que la protege, varias cadenas con corazoncitos votivos. La pintura está inserta en un marco fastuoso, decorado con ramas, hojas, cintas, lirios, conchas y otras flores en estuco de bajo relieve. Debajo, dentro de una pequeña cartela de mármol, se lee: “Tota pulcra es et macula no est in Te” (“Eres toda bella y no hay mancha en ti”). Siempre hay flores frescas adornando el cuadro.

Algo más adelante, en el cruce entre la “Piazza del Teatro di Pompeo” con la “Via dei Baullari”, de los fabricantes de baúles, hallamos otra Madonnella, a mayor altura del suelo y más discreta. Data de finales del siglo XVIII y es conocida como “Madonna della Pietà”.

Ya en la “Piazza Navona”, el antiguo estadio de Domiciano y uno de los lugares más bellos - si no el que más - de toda Roma, podemos descubrir en el edificio que está situado detrás de la “Fontana de Neptuno”, que representa al dios del mar luchando con un pulpo, un fresco de la Virgen sosteniendo al Niño que bendice el mundo. La imagen está protegida por un cristal y rodeada por un marco barroco de estuco. En el pergamino que se encuentra sobre la imagen se lee: “Advocata nostra”, y en el que está debajo: “Ora pro nobis”.

Y una última parada en el “Vicolo della Pace”- que conduce a la preciosa iglesia de “Santa Maria della Pace” -. Adosada sobre un muro lateral de la impresionante iglesia de “Santa Maria dell’Anima” encontramos un relieve del siglo XIX de la Virgen con el Niño, que fue mandado colocar allí por Luis de Baviera con ocasión de una visita a Roma. A los pies de la escultura reza: “Maria Mater Dei ora pro nobis”.

Juan Pablo II, que era muy devoto de la Virgen y que estaba dotado de una enorme sensibilidad pastoral, se extrañó de que en la Plaza más importante del catolicismo, la de san Pedro, no hubiese ninguna imagen de la Virgen. Hizo colocar, en un lugar bien visible en la fachada del Palacio Apostólico, un mosaico que representa a María como “Mater Ecclesiae”. No podía ser que allí faltase su “Madonnella”.

Publicado en Atlántico Diario