viernes, 31 de julio de 2026

El Carbayu, Más de un siglo de romería con Santa María

En el corazón de Lugones, resguardado del bullicio urbano, emerge el barrio de El Carbayu. Este rincón asturiano custodia un verdadero oasis de paz como es su capilla de Nuestra Señora del Buen Suceso. Más allá de la tradición festiva, este sagrado recinto se alza como un faro de recogimiento, un espacio donde el alma busca consuelo y donde la presencia de la Madre se hace sentir en el susurro del viento entre los árboles. La mirada de la Virgen del Buen Suceso, cargada de una ternura infinita, invita a la oración silenciosa. Ante ella, generaciones de devotos han depositado sus peticiones, lágrimas y sinceros agradecimientos. Guardianes de este legado espiritual es su Cofradía, fundada en 1925. La Cofradía de Nuestra Señora del Buen Suceso nació de una humilde promesa comunitaria. Sus miembros no sólo velan por el bien material de la capilla de su Patrona, sino que actúan como guardianes de una llama espiritual centenaria. A lo largo de todo un siglo han mantenido viva la devoción mariana en torno a la romería de la Virgen como un lazo invisible pero indestructible que une a las familias del barrio.

La semilla de la Cofradía se plantó en agosto de 1925. Un grupo de vecinos del barrio alto de Lugones se reunió de manera informal en la antigua bolera que se situaba justo al lado de la capilla del Carbayu. En un entorno típicamente asturiano, aquellos hombres decidieron asociarse formalmente para estructurar el culto a la Virgen del Buen Suceso y competir saludablemente con las fiestas vecinas de San Pedro. Entre los fundadores destacaron nombres grabados en el recuerdo local, como Antonio Fernández, conocido cariñosamente por todos como Antón "el Pegu", y Darío Valdés. Tras recoger rápidamente la adhesión por escrito de más de 300 vecinos de Lugones, la primera junta directiva redactó sus reglamentos fundacionales quedando formalmente establecida y legalizada la sociedad en el verano de 1926.

En sus primeros años, la Cofradía experimentó una intensa actividad. En 1927 se celebró una emotiva procesión en la que el patrón de la Parroquia, San Félix, fue trasladado solemnemente desde el centro de Lugones hasta la capilla alta de El Carbayu. Sin embargo, los conflictos de la Guerra Civil y los convulsos años previos difuminaron drásticamente aquellas muestras de fe en la calle. Aquella entrañable procesión de unión parroquial se perdió por completo en 1927 y la Cofradía tuvo que centrar todos sus esfuerzos de posguerra en reanudar la fiesta, adquiriendo una nueva imagen de Nuestra Señora del Buen Suceso y levantando una nueva capilla en sustitución de la destruida. Exactamente 91 años después, la Cofradía y la Parroquia unieron lazos para recuperar la histórica procesión de traslado del Santo Patrón a la capilla de El Carbayu, subsanando así una herida del pasado. Tuvo lugar el retorno de San Félix al Carbayu en el año 2018.

Si hay un apellido indisolublemente ligado a la supervivencia espiritual de esta Cofradía, es el de la familia Fernández. Antón "el Pegu" ejerció durante décadas como el primer gran abanderado y presidente indiscutible de la organización. Él marcó el carácter humilde, luchador y cercano de la Cofradía. Pasados los años, su nieto Manuel Fernández Álvarez (Manolito el Pegu) tomó el relevo en la presidencia tras haber nacido en el propio barrio en plena Guerra Civil. La entrega familiar ha sido tan absoluta qué, a lo largo de los años, el domicilio particular de los "Pegu" ha funcionado siempre de facto como la sede oficial de la Cofradía. Manolito, con sus propias manos de artesano construyó no sólo el Museo de la Romería, sino hasta los mismo bancos de la capilla. Queda pendiente una aspiración Turística, y es que la impecable gestión comunitaria de la Cofradía ha llevado a que la romería del Buen Suceso sea solicitada formalmente para ser declarada Fiesta de Interés Turístico Regional. Más que merecido sería este reconocimiento tras un siglo de custodia ininterrumpida de una de las fiestas más señeras de Asturias.

En unión con los mártires: así viví 3 momentos de luz peregrinando a Covadonga. Por Rafael Pascual Elías O.C.D.

Peregrinar, caminar en esperanza, mirar al cielo y saberse acompañado hasta llegar a la cuna de España recordando el inicio de tantos martirios hace justo 90 años es algo que llena el corazón de “un no sé qué que quedan balbuciendo” que diría mi padre San Juan de la Cruz.

Me explico: un año más he vuelto a participar en la peregrinación de Nuestra Señora de la Cristiandad a Covadonga.

No iba solo, caminaba con el capítulo de Nuestra Señora de Valvanera y San José, el capítulo de La Rioja, y unido a más de 1.600 peregrinos.

Son días de mucha gracia, hay que vivir esta peregrinación para saber lo que siente un corazón peregrino cuando sale de la catedral de Oviedo con la meta puesta en lo alto de la montaña de Covadonga.

Sendas, caminos asfaltados, alguna carretera, ríos, prados, bosques y todo aquello que paso a paso el peregrino recorre hasta que llega a la basílica de Covadonga y allí, unido a todos los peregrinos, adora al Hijo de María y de San José y canta el Tedeum.

El alma da gracias a Dios por todo lo vivido, por los momentos de alegría y también de dolor, todo forma parte de una peregrinación tradicional.

El peregrino camina hasta el final, y si no puede, tiene ayuda para llegar hasta la casa de la Santina de Covadonga.

Este año ha sido especial, iba con la compañía de los mártires. Los años anteriores también, pero este 2026 de manera especial por el aniversario que queda indicado arriba. Y sobre todo porque parece que los mismos mártires salían al encuentro.

No es casualidad que el viaje de ida hasta Oviedo sea el 24 de julio, fecha del martirio de mis queridas mártires carmelitas descalzas de Guadalajara, las beatas María Pilar, Teresa y María Ángeles, y el día de la llegada a Covadonga sea la víspera del martirio de mi querido San Pedro Poveda, que en este singular enclave recibe la inspiración para fundar la Institución Teresiana.

Por el camino queda confirmado el encuentro de la familia del beato Pedro José de los Sagrados Corazones en Valdeprado (Soria), su pueblo natal, con su familia como ya llevamos haciendo algunos años para recordar su martirio. Todo son señales para hacerme ver que los mártires están muy presentes en esta peregrinación.

Todo esto lo llevo en el corazón en el silencio de la oración. Al caminar como peregrino hay momentos que se reza el rosario en cada capítulo, en otros se habla con peregrinos, y en otros me gusta ir un poco solo para rezar y dejar que Dios siga hablando al corazón.

También cuando llegan los tiempos de estancia en el campamento.

Ahí hay tiempo para todo, y en esos momentos me lleno de luz cuando “me escondo” para encontrarme con el que da la fuerza a los mártires en el momento final de sus vidas en este mundo.

Me quedo con tres momentos de soledad donde me uno a los mártires de modo especial en esta peregrinación a Covadonga.

El primer día al terminar de confesar durante toda la misa en El Remedio busco otro sacerdote; hemos ido unos 50, y cada día estamos varios confesando. Me confieso y me lleno de esa paz y luz que se recibe en este sacramento.

¡Cuántas veces se confesaron los mártires! ¿Cómo sería su última confesión? ¿Cómo confesarían los que eran sacerdotes a los que iban a martirizar pronto? ¿Cómo se recibe el perdón de los pecados sabiendo que la muerte está cercana y el cielo se abre cuando llegue el martirio?

Entonces me acuerdo de los beatos carmelitas descalzos mártires que siendo sacerdotes administran este sacramento con todo su corazón.

Mis queridos Ramón de la Virgen del Carmen, Pedro José de los Sagrados Corazones, Lucas de San José, Pedro de San Elías, Eufrasio del Niño Jesús,…

En el silencio de la iglesia de El Remedio los recuerdo y los siento a mi lado mientras rezo la penitencia y dejo que el corazón se llene de luz y de paz de una manera como pocas veces he vivido después de confesarme.

Me uno a ellos, hago silencio, cierro los ojos del cuerpo y abro los del alma. Entonces todo cambia por dentro. Es algo muy especial… Es el fruto de una confesión hecha en una peregrinación… Es la luz que vence a las tinieblas del pecado…

El segundo día, mientras se celebra la misa solemne del domingo según la forma extraordinaria del rito romano en los prados de Sorribas, subo por la cuesta que llega hasta la iglesia. Me paro a mitad de subida y contemplo.

¡Contemplo el campamento entero desde lo alto mientras se celebra el santo sacrificio del altar! ¡Contemplo la misma misa que vivieron los mártires! ¡Contemplo el Misterio!

Miro al cielo y bajo la mirada. Todo se une, el cielo y la tierra. ¡Eso es la misa! Sigo subiendo, llego hasta la parroquia y me quedo en oración.

Allí me callo y dejo que Dios hable. Me acuerdo mucho de mi querido beato Eufrasio del Niño Jesús, mártir en el trágico octubre asturiano de 1934.

Cada vez me siento más unido a él y más en estos días que recorro su tierra y me ayuda a entenderlo mejor entre estos montes y bosques que tanto invitan a levantar la mirada al cielo para contemplar.

Contemplar las maravillas de la creación y sobre todo la celebración de la misa. Contemplar es algo tan bello, tan renovador, tan propio de un peregrino que camina con la mirada puesta en el cielo…

Pero una cosa es contemplar un paisaje y otra muy distinta contemplar el misterio de la eucaristía. En Sorribas uno todo. Qué regalo es la contemplación…

¡Y llegamos a Covadonga! ¡Todos unidos! ¡La Santina nos acoge a todos sus hijos! La última subida antes de llegar ayuda a entender mejor la subida al cielo si de verdad la hemos buscado, procurado y ansiado en estos días. Peregrinar con la meta clara, en la tierra un santuario, y luego… ¡el cielo!

¿Qué más se puede pedir al cantar todos el Tedeum y el himno a la Virgen del Covadonga? Atrás quedan los sufrimientos propios de una peregrinación tradicional. Todo se ofrece. Todo se pone ante el Hijo de la Santina. Todo se ve de otra manera. ¡Hemos llegado!

Como también llega aquí mi querido San Pedro Poveda y en esta soledad sonora recibe la luz para fundar una obra. Aquí, a los pies de la cueva santa de Covadonga, Dios le pide algo. Años más tarde le pide algo más grande aún, ¡el martirio! Es asesinado el 28 de julio de 1936.

Entonces cuando estoy a los pies de la cueva donde tantas veces estaría en oración dejando a Dios hablar en su corazón, me conmuevo…

¿Qué viviría aquí San Pedro Poveda siendo canónigo? ¿Cómo sería ese barrunto de la fundación? ¿Esperaba que un día llamarían a la puerta de su casa en Madrid para matarlo?

Todo esto lo paso por mi corazón conmovido mientras miro a lo alto de la cueva de Covadonga, me acuerdo de San Pedro Poveda y doy muchas gracias a Dios por haber concluido un vez más esta peregrinación, y este año de una manera muy especial, en unión con los mártires.

jueves, 30 de julio de 2026

AVISO

 

Para rezar el Triduo desde Casa

                     

                                Triduo a Nuestra Señora del Buen Suceso                                 

 +Por la señal...

-Señor mío Jesucristo

Oración para todos los días

¡Oh Madre nuestra, Inmaculada Reina del Cielo, María Santísima del Buen Suceso. Hija predilecta del Eterno Padre, Madre del Divino Hijo, Esposa carísima del Espíritu Santo, excelso Trono de la Majestad Divina, Templo augusto de la Santísima Trinidad, en quien las tres Divinas Personas han derramado los tesoros de su Poder, Sabiduría y Amor! Acordaos, Virgen María del Buen Suceso, de que Dios os ha hecho tan grande para que podáis socorrernos a nosotros pecadores. Acordaos que habéis prometido muchas veces mostraros Madre piadosa de los que recurran a Vos, nos acogemos Madre misericordiosa y os rogamos, por el amor que os tuvo el Altísimo, nos alcancéis de Dios Padre la gracia de vivir y morir según las máximas del evangelio.

Saludemos a María Por Hija predilecta de Dios Padre. Dios te salve María...
Saludemos a María Por Madre escogida de Dios Hijo. Dios te salve María...
 Saludemos a María Por Esposa singular del Espíritu Santo. Dios te salve María...

Oración para el Día 1º:

O Virgen María, Nuestra Señora del Buen Suceso, acudimos a ti con humildad y confianza. Intercede por nosotros ante tu Hijo, para que nuestros esfuerzos y proyectos se vean coronados por el éxito. María, Madre llena de gracia, tú que conoces nuestros deseos y aspiraciones, guíanos por el camino de la sabiduría y la perseverancia. Protégenos de obstáculos y distracciones, y ayúdanos a avanzar con determinación. Amén

Oración para el Día 2º:

Amada madre, modelo de fe, fortalece nuestra confianza en la divina providencia. Ayúdanos a poner nuestras preocupaciones en manos de Dios, y a aceptar con serenidad los resultados de nuestros esfuerzos. María, Reina de todas las gracias, concédenos los dones del Espíritu Santo: sabiduría, entendimiento y consejo. Que tomemos decisiones con conocimiento de causa y actuemos según la voluntad de Dios en todas nuestras empresas. Amén

Oración para el Día 3º:

Virgen María, Madre de Misericordia, consuélanos en nuestros momentos de duda e incertidumbre. Apóyanos en nuestras pruebas y dificultades, y ayúdanos a perseverar con valor y esperanza. María, Nuestra Señora del Buen Suceso, tu corazón maternal está siempre abierto a nuestras súplicas. Intercede por nosotros ante tu Hijo, para que recibamos las gracias necesarias para nuestro éxito. Amén

Invocación

¡Oh Señor de infinita bondad!, que con la milagrosa invención de esta imagen de María Santísima del Buen Suceso nos habéis dado un recurso poderoso para acudir con toda confianza a su amable protección en nuestras necesidades, concédenos los auxilios con que encontremos fervor y confianza para saber honrar y servir a esta vuestra Criatura predilecta; para que por su intercesión alcancemos nuestra santificación y después el Cielo. Amén.

Oración 

¡Oh Virgen bendita entre todas las mujeres!, nos faltan voces para daros gracias por los innumerables buenos sucesos que de vuestra mano recibimos. El día que nacisteis al mundo puede llamarse día de gracia, de salud y de consuelo. Vos sois el honor del Carbayu, la alegría del Paraíso, la prenda amada de Dios y la salud de nuestro pueblo. Virgen Santísima del Buen Suceso, Madre clementísima, sed nuestro consuelo en la tierra, siendo nuestro refugio, nuestro auxilio, y protección, así en los males del alma y del cuerpo. Haced que se aparten de nosotros todo mal y pecado. Rogad por la Santa Iglesia y sus ministros, por nuestra Parroquia y nuestro pueblo. Oíd las súplicas de los que os invocan, acordaos que sois nuestra Abogada, nuestra Madre; pues como a tal ponemos en Vos nuestra confianza. A vos recurrimos, y esperamos que nos alcanzaréis de vuestro Hijo, el perdón de nuestras culpas y perseverancia en la gracia hasta la hora de nuestra muerte. Amén. 

Pídase la gracia que se desee alcanzar en este triduo por la intercesión de Nuestra Señora del Buen Suceso

Bendita sea tu pureza...

V. Rogad por nosotros ¡Oh Virgen del Buen Suceso! 
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Cristo. Amén

Salve Regina 

miércoles, 29 de julio de 2026

Triduo a Nuestra Señora del Buen Suceso 2026

Nuestra Señora del Buen Suceso: Luz, Tradición y Devoción en El Carbayu. Por Joaquín Manuel Serrano Vila


El calendario avanza inexorable, y fiel a su cita, el mes de agosto nos regala uno de los momentos más esperados del año. Toca vestirse de gala: las calles se llenan de color verde y blanco, y Lugones pone su mirada en su más puro pulmón. Esta celebración no es fruto de una moda pasajera, sino de un árbol de raíces profundas que se hunde en las entrañas mismas de nuestra historia local. La pequeña capilla que abre sus brazos en pleno barrio del Carbayu no es sólo un edificio material, es un faro espiritual y un refugio maternal que ha contemplado en el tiempo la transformación de Lugones desde sus orígenes rurales hasta la pujante y moderna localidad que somos hoy: más ciudad que Villa, aunque felices de seguir siendo pueblo. Quizás por ello valoramos tanto conservar nuestra fiesta de "prao". La Romería, además de emblema propio, es un fiel reflejo de lo que es Lugones, un pueblo hospitalario, trabajador y muy orgulloso de su historia. Decía el célebre sacerdote y periodista José Luis Martín Descalzo que todo lo que llegó a los cien años tiene ya derecho de ciudadanía. En este caso, creo que nadie ha dudado nunca de la identidad propia de esta Fiesta, la cual se podría definir como la Romería de todas las romerías. 

Es un momento de reencuentro, de distensión y de compartir la alegría. Sin embargo, en medio del bullicio y la celebración hay un epicentro de paz, de fe y memoria, como es la devoción a Nuestra Señora del Buen Suceso y su Capilla. Un Legado de amor a la Madre del Cielo, que une las generaciones pasadas con las actuales, proyectándonos a las venideras. Y es que la Virgen del Buen Suceso no es solamente una imagen sin más, o un nombre o advocación al uso; es el hilo invisible que une el pasado, el presente y el futuro de la devoción mariana en Lugones. Vuestros abuelos ya le pedían amparo, vuestros padres os llevaron ante Ella de la mano, y hoy somos nosotros quienes mantenemos encendida esa llama con los hijos y los nietos. En cada mirada a la Virgen se esconden miles de sentimientos y peticiones silenciosas, agradecimientos, recuerdos de los que ya no están y anhelos e incertidumbre del porvenir. Ella es la custodia de nuestros más hondos silencios íntimos y colectivos. La Santina del Buen Suceso es el estandarte de un pueblo unido que hace fiesta en su honor. Por eso, desde la Parroquia, hemos querido sacar provecho espiritual al Centenario del pasado año, y hemos tenido actividades vinculadas a esta advocación tan querida, especialmente con los niños de catequesis. Ha sido un gozo esta efeméride 1925 - 2025; un siglo haciendo fiesta por María y con María. Sigamos juntos fomentando esta devoción tan querida entre nosotros, junto con los que vienen de fuera. 

La Cofradía de Nuestra Señora del Buen Suceso podemos decir que ya desde hace más de cien años es la guardiana y promotora del culto a su Patrona. Lejos quedan los inicios de una época marcada por desafíos económicos, avatares históricos de confrontaciones sociales y demás, pero ahí está toda una cadena ininterrumpida en el tiempo de eslabones de directivas y socios que no han sido un número más o menos. Han sido muchísimas las personas con rostros e historias concretas que han dedicado mucho tiempo y esfuerzo -ayer y hoy- para hacer del Carbayu una auténtica Betania, un lugar de descanso para tantos que sin tener aquí nada se sienten como el Señor en casa de Marta, María y Lázaro. Lugones y El Carbayu es ya como su propio hogar. En torno a la Virgen todos se ha hecho uno, como los apóstoles en Pentecostés. Y así, esta Cofradía ha logrado crear un espacio de unidad, alegría y fe común a lo largo de las décadas. Para los católicos, un día grande no se entiende sin misa ni mesa, como así lo vivían ya los primeros cristianos: "Partían el pan en las casas y compartían la comida con alegría y sencillez de corazón" (Hch 2, 46). Es curioso que ya Gonzalo de Berceo en su obra sobre los Milagros de Nuestra Señora, dice: ''En esta Romería habemos un buen prado''... Ya en pleno siglo XIII se vinculaba a la Virgen con el prado y la romería, toda una alegoría medieval de cómo María es refugio espiritual en el camino de la vida, mientras que la romería es un símil de la vida terrena que nosotros, peregrinos y romeros, hacemos mirando a lo alto. Y el buen prado es la Santísima Virgen, lugar de descanso, donde el cansado peregrino encuentra alivio, protección y salvación.


El término "Buen Suceso" no se refiere a la suerte mundana, sino al "buen acontecimiento" por excelencia: la llegada de Jesucristo al mundo a través del "Sí" de María. Ella es, como evoca el Evangelio, la que hace posible que el plan de Dios llegue a buen término. Así nos lo recuerda también nuestro himno: ''el secreto de una historia viva, que cambió nuestra suerte mortal''… Es cierto que muchas veces en la vida no salen las cosas como uno esperaba; vienen contratiempos y da la impresión de que todo se pone cuesta arriba. Y es en esos momentos cuando a uno le viene a la mente el pasaje de las bodas de Canaá, donde vemos cómo cuando parecía que todo estaba perdido, llegó lo bueno. Aquello parecía ya un gran fracaso, pues una boda judía sin vino no era no sólo una catástrofe organizativa, sino un presentimiento terrible para el comienzo de una vida en común. Y allí aconteció lo mejor con la ayuda de María, que rápidamente dijo a los sirvientes ''Haced lo que Él os diga''... Dios siempre nos deja lo mejor para el final. Y este es el "buen suceso" que le pedimos este año a nuestra Patrona; no el éxito material, no cuestiones superficiales o secundarias. Le pedimos el buen suceso del vino nuevo de la fe, de la convivencia, de la caridad, del entendimiento y el reencuentro entre las diferentes maneras y formas de pensar y ver las cosas, de la esperanza para los que la han perdido, especialmente para nuestros jóvenes, la salud para nuestros mayores y enfermos, así como el eterno descanso de los que lo hicieron todo posible y nos trajeron hasta aquí, y con los que con Ella como mediadora, mantenemos una comunicación actual oracional y espiritual. Le pedimos, en definitiva, que siga intercediendo por nosotros ante su Hijo en este rincón hermoso de Asturias que llamamos ''El Carbayu'', a cuyas plantas tantos acudimos sabedores de que ''Ahí tienen a su Madre'' (Jn 19, 27). 

 ¡Feliz Romería de El Carbayu, y viva Nuestra Señora del Buen Suceso!


Joaquín, párroco

martes, 28 de julio de 2026

102° Aniversario del fallecimiento de Don Bernardo Cuesta Bances

Don Bernardo Cuesta Bances fue el párroco que pastoreó con devoción la grey de San Félix de Lugones (Asturias) desde 1877 hasta su fallecimiento el 28 de julio de 1924. Al cumplirse 102 años de su partida, su legado espiritual y humano sigue vivo como un eslabón fundamental en la historia y la memoria colectiva de esta comunidad parroquial. 

El eco de una vida entregada: 102 años del fallecimiento de D. Bernardo Cuesta Bances. Un pastor en el corazón de Lugones. A finales del siglo XIX, la localidad asturiana de Lugones vio llegar a un hombre cuya misión transformaría el tejido social y espiritual de la zona. D. Bernardo Cuesta Bances asumió la dirección de la parroquia en el año 1877. Durante casi medio siglo de ministerio ininterrumpido, no se limitó a la administración de los sacramentos. Se convirtió en un pilar comunitario, un consejero para las familias y un testigo directo del crecimiento de múltiples generaciones de lugoninos. 

La labor diaria de Don Bernardo quedó registrada con precisión en las páginas de los archivos eclesiásticos. En los libros parroquiales de bautismos, su caligrafía y su firma constatan cómo acogió en la fe a cientos de vecinos. Un ejemplo de ello es el bautismo en 1918 de figuras locales recordadas, como María de la Natividad Valdés Pevida (quien posteriormente adoptaría una vida contemplativa como la Hermana Ana Jacobina). Estos registros evidencian la constancia y el compromiso de un párroco que estuvo presente en los momentos más trascendentales de la vida de sus fieles. 

Su muerte y el nacimiento de un recuerdo imperecedero

Tras 47 años de incansable servicio pastoral, Don Bernardo falleció el 28 de julio de 1924. Su partida dejó un vacío profundo en la feligresía de la época, pero marcó también el inicio de un recuerdo institucionalizado en la comunidad. A pesar de que ya no quedan testigos directos que lo hayan conocido físicamente, la Parroquia de San Félix de Lugones mantiene viva su memoria en las efemérides anuales y en sus oraciones comunitarias, entendiéndolo como parte de esa "larguísima cadena que ha ido transmitiendo el Evangelio generación tras generación". 

El legado de la constancia

Recordar a D. Bernardo Cuesta Bances a los 102 años de su fallecimiento es un acto de justicia histórica y gratitud comunitaria. En un mundo caracterizado por la inmediatez y los cambios rápidos, su figura emerge como un símbolo de:

Fidelidad: Casi cinco décadas de permanencia y servicio en un mismo altar.
Cercanía: Un pastor que conoció las alegrías, dificultades y nombres de cada hogar de Lugones.

Identidad: Una pieza clave para comprender el arraigo eclesiástico y social de la villa de Lugones.

Su nombre permanece inscrito no solo en los viejos libros sacramentales, sino en los cimientos espirituales de un pueblo que no olvida a quienes dedicaron su vida entera a cuidarlo.

28 de Julio: San Melchor de Quirós, el Santu asturianu

San Melchor de Quirós no es solo una figura de la Iglesia católica; es un auténtico símbolo de identidad para el Principado de Asturias. Al ser el primer santo nativo de nuestra tierra, su figura une de forma única los valles mineros asturianos con las misiones del sudeste asiático del siglo XIX. 

Melchor García Sampedro nació en 1821 en la pequeña aldea de Cortes, perteneciente al concejo de Quirós. El paisaje abrupto, la dureza de la vida rural de la época y la profunda fe de su familia de labradores forjaron en él un carácter fuerte, austero y resiliente. 

Su brillante inteligencia lo llevó pronto a la Universidad de Oviedo, donde destacó como latinista y profesor. A pesar de tener un futuro cómodo asegurado en la capital asturiana, el joven quirosano decidió dejar atrás su tierra natal para entregarse a las misiones más peligrosas en Vietnam, donde acabaría martirizado en 1858.

Hoy en día, la memoria de San Melchor vertebra tres puntos geográficos clave de la diócesis. El Santuario de Cortes (Quirós) corazón de su devoción. Construido junto a su casa natal, este santuario es un lugar de peregrinación rodeado por las imponentes montañas del parque natural de Las Ubiñas-La Mesa La Catedral de Oviedo en cuya capilla de Nuestra Señora de Covadonga se custodia la mayor parte de sus reliquias, regresadas desde Vietnam. Y Covadonga, Santuario muy querido para San Melchor desde niño donde se conserva una reliquia suya bajo el altar así como una imagen suya representado como obispo en la capilla del Santísimo.

Cada 28 de julio, la Archidiócesis de Oviedo celebra al Santo asturiano. Cientos de asturianos de todos los concejos se desplazan hasta Quirós para participar en la tradicional misa folclórica. La celebración se inunda con el sonido de las gaitas, los bailes regionales y el reparto de "pan de escanda" (un cereal autóctono muy vinculado a la zona). Para los habitantes de Quirós (llamados quirosanos), el santo es un motor de orgullo local y un referente que ha llevado el nombre de su concejo a los altares de todo el mundo. 

lunes, 27 de julio de 2026

El Cristo del Pasadizo (Catedral de Oviedo)

(jorgefernandezsangrador.com) Algo la serenó instantáneamente: la lámpara alumbraba la imagen de un Ecce Homo colocado en una especie de hornacina poco profunda. Era un bajorrelieve del tamaño de un cuadro de habitación. Sobre el marco, apenas perceptible, se destacaban las manos de Jesús atadas con una cuerda de esparto. La expresión de su rostro era tan dulce, tan dolorida, que Lena olvidó su miedo y trató de sonreírle con ternura.

-No te apures -le dijo, con la naturalidad con la que le hablaba siempre-. Yo desataré tus manos y te haré compañía. No tengas miedo a las sombras.

Le pareció que el Cristo crecía en su cuadro, que se acercaba a ella. Los dedos temblorosos de la muchacha acariciaron las atadas manos del Ecce Homo. Entonces se dio cuenta de que la imagen permanecía en su sitio, en su natural tamaño, y era ella la que se había acercado a Jesús y, puesta sobre las puntas de los pies, lograba alcanzarlo. De cualquier modo, aquella compañía le resultaba grata y disipaba su miedo.

Debajo del Ecce Homo, iluminada apenas por la vacilante llama de la lámpara, había colgada una tabla de madera carcomida. Difícilmente podía leerse la inscripción, casi borrada por la pátina del tiempo. Lena fue deletreándola con gran esfuerzo: «Tú que pasas, mírame… Contempla un poco mis llagas… y verás cuán mal me pagas… la sangre que derramé».

Volvió a levantar los ojos hacia la imagen y le pareció que aquella sangre se mantenía aún fresca sobre su rostro. En verdad, ella le había pagado mal aquella sangre derramada por la redención de los hombres.

Sugestionada por el lugar, por la penumbra, en gran parte actuando bajo la excitación nerviosa que la escena del claustro le había producido, sintió que las rodillas se doblaban dóciles y, postrada sobre las losas, deshizo en llanto la angustia que la oprimía. Unos sollozos nerviosos la sacudían con violencia, pero aquella descarga le hizo bien. Y se fue tranquilizando.

Acabó por sentirse invadida por una sensación dulce, una sensación nueva para ella… Su espíritu se aquietaba, y allí, a los pies de la imagen del Cristo del pasadizo, empezaba a disfrutar una paz hasta entonces desconocida.

Dolores Medio, Nosotros, los Rivero (Oviedo, 1953), capítulo 17.

Nombramientos en otras diócesis de sacerdotes asturianos

Obispado de Alcalá de Henares

Con fecha 17 de junio de 2026, el Sr. Obispo complutense, Monseñor Antonio Prieto Lucena, ha tenido bien nombrar al sacerdote Rvdo. Sr. D. Alejandro Rodríguez Catalina. Adscrito a la parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción de Ambite de Tajuña. Cesa como Párroco de San Cristóbal de Alalpardo y Administrador parroquial de la Inmaculada Concepción de Valdeolmos (Madrid).

Obispado de San Cristóbal de la Laguna

Con fecha 7 de julio el obispo nivariense Monseñor Eloy A. Santiago Santiago tuvo a bien nombrar al Rvdo. Sr. D. Ramón Luis García Guardado, Párroco de Ntra. Sra. de la Caridad, en La Caridad; de Ntra. Sra. La Luz, en La Luz y Nuestra Señora del Carmen en Lomo Colorado (Arc. Tacoronte). Cesa de administrador parroquial de la parroquia de Nuestra Señora de la Paz y la Unión, en La Cuesta, La Laguna.

Arzobispado de Madrid

Con fecha 27 de julio, el Cardenal arzobispo matritense Monseñor José Cobo Cano tuvo a bien nombrar al Rvdo. Sr. D. Manuel Fanjul García: Adscrito a Nuestra Señora de los Ángeles.

En la misma fecha de hoy 27 de julio, el Cardenal Arzobispo de Madrid, Monseñor José Cobo Cano ha tenido a bien nombrar al sacerdote Rvdo. D. José Manuel Lanas Coto: Párroco de San Félix de Madrid. Cesa como capellán de las Hermanitas de los Pobres

domingo, 26 de julio de 2026

Reflexión en la fiesta de San Félix. Por Joaquín Manuel Serrano Vila


En este día nuestra Parroquia se reune para celebrar la memoria de San Félix, nuestro patrono. Un testigo heróico de la fe que derramó su sangre en el año 304 durante la gran persecución de Diocleciano. Su vida y su martirio no son reliquias del pasado, sino un espejo en el cual debemos mirarnos hoy para reavivar nuestro propio compromiso con el Evangelio.

A continuación, quiero compartir tres grandes enseñanzas que nos deja su testimonio:

1. El valor del compromiso

San Félix no fue obispo, ni sacerdote, ni monje; fue un comerciante que entendió que su profesión no era un obstáculo para la fe, sino su principal plataforma de misión. Viajó desde el norte de África hasta Gerona simulando negocios materiales, pero su verdadera mercancía era el tesoro de la Palabra de Dios. Esto nos enseña que la santidad no está reservada a los templos. Tu lugar de trabajo, tu familia y tu entorno social son la "Gerona" actual donde estás llamado a anunciar a Cristo con integridad y caridad, aún a riesgo del rechazo y estigmatización social, martirio sin sangre de nuestro tiempo.

2. La fe inquebrantable en la tribulación

Las actas de su martirio nos narran que Félix sufrió torturas desgarradoras antes de entregar su vida. El prefecto Daciano le ofreció salvar el cuerpo si renunciaba a Dios, pero Félix prefirió salvar su alma. En un mundo que nos presiona constantemente para que compremos una paz barata a cambio de silenciar nuestras convicciones morales, San Félix nos recuerda las palabras del Evangelio: "El que pierda su vida por mi causa, la encontrará". Su perseverancia nos demuestra que quien confía plenamente en el Señor jamás se siente abandonado.

3. Morir como el grano de trigo para dar fruto

San Félix es el primer mártir documentado de Gerona, y su sangre se convirtió en la semilla de una comunidad cristiana vigorosa que perdura hasta nuestros días. El imponente templo levantado sobre su sepulcro, la actual Basilica de San Félix , es el testimonio físico de un triunfo espiritual. El grano cayó en tierra en el siglo IV, murió, pero sigue alimentando nuestra fe en pleno siglo XXI. Su memoria nos invita a preguntarnos: ¿estamos dispuestos a desgastarnos y "morir" a nuestro egoísmo para que otros conozcan el amor de Dios?…

Señor Dios, que diste a San Félix de Gerona el valor de proclamarte como único Salvador a costa de su propia vida, concédenos por su intercesión la gracia de una fe valiente; que no tengamos miedo de ser mensajeros contracorriente en medio del mundo y que nuestras vidas reflejen siempre la alegría inquebrantable de pertenecerte. Amén.

Evangelio Domingo XVII del Tiempo Ordinario

Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 44-52

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:

«El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas, que al encontrar una de gran valor se va a vender todo lo que tiene y la compra.

El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran.

Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.

¿Habéis entendido todo esto?».
Ellos le responden:
«Sí».
Él les dijo:
«Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo».

Palabra del Señor 

San Joaquín y Santa Ana: la Iglesia celebra a los abuelos de Jesús y la Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores

(Infovaticana) La Iglesia celebra este 26 de julio la memoria litúrgica de san Joaquín y santa Ana, padres de la Virgen María y abuelos de Jesús según la tradición cristiana. La festividad coincide, además, con la VI Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, instituida por el papa Francisco y celebrada este año bajo el pontificado de León XIV.

Con motivo de esta jornada, el Papa difundió el pasado mes de junio un mensaje centrado en el lema «Yo no te olvidaré» (Is 49,15), en el que invita a redescubrir el lugar de las personas mayores en la vida de la Iglesia, anima a visitar a los abuelos y a quienes viven en soledad, y agradece el testimonio y la oración de tantos ancianos que sostienen diariamente a la comunidad cristiana.

Los padres de la Virgen María

Los Evangelios no ofrecen información sobre los padres de María. La tradición que los identifica como Joaquín y Ana procede principalmente de antiguos escritos apócrifos, especialmente el Protoevangelio de Santiago y el Evangelio del pseudo-Mateo, que inspiraron posteriormente la devoción popular y la iconografía cristiana.

Según esa tradición, Joaquín y Ana vivían en Jerusalén y permanecieron largos años sin poder tener hijos. En la mentalidad judía de la época, la esterilidad era considerada una señal de ausencia de la bendición divina, circunstancia que les ocasionó sufrimiento y humillaciones.

Tras un tiempo de intensa oración y penitencia, un ángel anunció por separado a ambos que serían padres. De ese anuncio nació María, a quien, según la tradición, presentaron en el Templo cuando cumplió tres años para consagrarla a Dios.
Una devoción con siglos de historia

El culto a san Joaquín y santa Ana surgió primero en las Iglesias orientales y posteriormente se extendió a Occidente.

En 1481, el papa Sixto IV incorporó la fiesta de santa Ana al Breviario Romano y fijó su celebración el 26 de julio. Poco más de un siglo después, Gregorio XIII extendió su memoria litúrgica a toda la Iglesia latina. La celebración de san Joaquín fue introducida posteriormente y experimentó diversos cambios de fecha hasta que, con la reforma litúrgica de 1969, ambos esposos quedaron unidos en una única memoria litúrgica el 26 de julio.

«Yo no te olvidaré»

En su mensaje para la Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, León XIV tomó como hilo conductor las palabras del profeta Isaías: «Yo no te olvidaré», recordando que el amor de Dios alcanza a cada persona y constituye una respuesta frente a la soledad y al olvido que experimentan muchos ancianos.

El Pontífice advirtió que, con frecuencia, las personas mayores corren el riesgo de quedar relegadas al anonimato, especialmente cuando viven solas o permanecen hospitalizadas, donde su identidad puede verse reducida «al número de su cama o a su patología».

Por ello, afirmó que esta jornada quiere recordar que la Iglesia está llamada a ser «madre de todos» y que en cualquier etapa de la vida cada persona sigue siendo hijo o hija de Dios.

Una invitación a visitar a los mayores

León XIV dirigió una llamada especial a los jóvenes para recuperar la costumbre de visitar a los abuelos, a los mayores de la propia familia y también a quienes no reciben visitas.

El Papa les pidió llevarles «la cercanía y el afecto» de la Iglesia para que el lema de la jornada se traduzca en encuentros concretos. En este contexto recordó una reflexión de su encíclica Magnifica humanitas, donde señala que, aunque las tecnologías multiplican las conexiones, «el corazón humano conserva una necesidad irrenunciable de proximidad».

La ancianidad como tiempo de fe y esperanza

El mensaje también presenta la vejez como un tiempo privilegiado para profundizar en la relación con Dios. León XIV recuerda que nunca es tarde para iniciar o retomar una vida espiritual y anima a vivir la propia fragilidad como una oportunidad para abrirse a los demás y confiar más plenamente en el Señor.

Finalmente, el Papa agradece a los mayores el apoyo constante que ofrecen a la Iglesia mediante su oración, especialmente a través del rezo del santo rosario, y les exhorta a unirse a su petición por la paz en un mundo marcado por la guerra y la violencia social, confiando en que Dios «nunca se olvida de nosotros».

sábado, 25 de julio de 2026

Santiago Apóstol, cuando España recuerda quién la puso en camino. Por Luis Javier Moxó Soto

(Rel.) Cada 25 de julio, llueva o haga sol, la Plaza del Obradoiro se convierte en un espejo donde España vuelve a verse a sí misma de un modo insólito. Llegan peregrinos cojeando, ciclistas con barro hasta las cejas, grupos de parroquia, matrimonios mayores, jóvenes de medio mundo, algún turista que no sabe bien qué hace allí y, en medio de todos, esa mezcla de lágrimas, risas cansadas y abrazos que solo se da cuando uno ha caminado mucho más de lo que imaginaba. Frente a la fachada de la catedral, una pregunta flota en el aire: ¿quién nos ha traído hasta aquí?

La respuesta tiene un nombre y una historia que mezclan hechos y leyenda, como casi todo lo vivo. Santiago el Mayor, hijo de Zebedeo, hermano de Juan, uno de los primeros en dejarlo todo por seguir a Jesús. La tradición más antigua dice que, tras la Ascensión, predicó el Evangelio hasta los confines de la Hispania romana, conoció la pobreza de estas tierras y, de regreso a Jerusalén, fue el primero de los apóstoles en entregar la vida por Cristo. Sus discípulos habrían traído sus restos hasta Galicia, donde quedaron escondidos durante siglos, hasta que una luz misteriosa —la famosa “campus stellae”— señaló a un ermitaño el lugar de la tumba. A partir de ahí, la historia de España ya no se entiende sin ese sepulcro.
Un apóstol entre la historia y la leyenda

Los historiadores discuten fechas, viajes, detalles. La fe, en cambio, se fija en otra cosa: desde hace más de mil años, la Iglesia confiesa que en Compostela se venera la tumba de un apóstol, y eso basta para cambiar el peso espiritual de un país. Un pueblo que tiene enterrado en su tierra a un amigo directo de Jesús queda marcado para siempre.

La tradición cuenta que Santiago anunció el Evangelio en Hispania con poco éxito y mucho cansancio. Hay un episodio que ha quedado grabado en la memoria cristiana: la visita de la Virgen María en Zaragoza, cuando aún vivía en Jerusalén, para consolarlo y animarlo a perseverar cuando todo parecía estéril. Es la escena del Pilar: una Madre que se adelanta a la desbandada, que sostiene la misión cuando los frutos no se ven, que recuerda al apóstol que no se trata de resultados, sino de fidelidad.

Más tarde llegarían otros relatos, entre ellos el más polémico: la aparición de Santiago “Matamoros” en la batalla de Clavijo, en el siglo IX, ayudando a las tropas cristianas frente al ejército musulmán. Es una imagen que ha sido leída de mil maneras, a veces mal utilizada, otras interpretada como símbolo de una lucha más profunda: la del Evangelio contra todo lo que deshumaniza al hombre. Más allá de debates, lo que permanece es que la figura de Santiago se convirtió en bandera de una España que se sabía llamada no a cerrarse sobre sí misma, sino a llevar la fe hasta “el fin de la tierra”.

Entre hechos verificables y tradiciones piadosas, aparece un hilo firme: Santiago es para España el apóstol que vino a sembrar cuando casi nada germinaba, que volvió aquí con su tumba para sostener a un pueblo entero, que ha sido invocado durante siglos en momentos de crisis, de guerra, de plaga, de reconstrucción.

La ofrenda de los Reyes y una nación de rodillas

Desde el siglo XVII, la monarquía española mantiene un gesto que dice más de lo que parece: la Ofrenda Nacional al Apóstol. Instituida por Felipe IV, se realiza cada 25 de julio (y también el 30 de diciembre, fiesta de la Traslación), y en los años santos de manera especialmente solemne. No es un mero protocolo: es la confesión pública de que la Corona, y con ella la nación, se reconocen deudoras de la fe recibida y la confían de nuevo a la intercesión de Santiago.

En los últimos años, reyes de distintas sensibilidades han mantenido la tradición. En sus palabras ante el Apóstol se repiten algunas constantes: pedir por la unidad de España, por los más vulnerables, por las víctimas de tragedias como Angrois, por la superación de las crisis, por la concordia entre territorios. Más allá de agendas políticas, hay algo profundamente significativo: un jefe de Estado que se presenta cada cierto tiempo ante la tumba de un apóstol para decir, en nombre de todos: “No nos bastamos a nosotros mismos”.

¿Sigue teniendo sentido este gesto en un país secularizado, plural, herido por tantas divisiones? Más que nunca. No porque la fe sea un elemento “identitario” que haya que exhibir, sino porque recuerda algo esencial: España no se explica sin Cristo, sin la Iglesia, sin la sangre de sus santos. Intentar borrar esa memoria no hace al país más neutral: lo deja sin alma.

Que todavía exista una Ofrenda Nacional, que todavía se pronuncien ante el Apóstol palabras de gratitud y súplica, es un recordatorio de que la historia no empezó ayer y de que ninguna ingeniería social puede cambiar el hecho de que este pueblo se ha forjado a la sombra de la cruz.

El Camino: una arteria que sigue llevando vida

Si la tumba de Santiago es el corazón, el Camino es la red de arterias por la que la gracia ha circulado durante siglos. Camino Francés, Portugués, del Norte, Primitivo, de la Plata… Más allá de las rutas, lo que importa es la experiencia: salir, cargar con lo necesario, dejar atrás seguridades, convivir con desconocidos, aprender a pedir y a agradecer, caminar en silencio, descubrir que el propio cuerpo tiene límites, y que muchas veces el alma va por detrás.

La Iglesia ha visto siempre la peregrinación a Santiago como una metáfora viva de la vida cristiana: el pueblo de Dios en marcha, entre polvo y ampollas, con etapas duras y otras agradecidas, con noches de cansancio y amaneceres de consuelo, con desvíos y reencuentros, con un objetivo que no es solo llegar a una ciudad, sino dejarse encontrar por el Señor.

El Camino nació como experiencia profundamente religiosa: penitencia, conversión, cumplimiento de votos, búsqueda de indulgencia, deseo de reparar pecados, petición de ayuda ante grandes decisiones. Hoy se mezcla de todo: turismo, deporte, búsqueda espiritual difusa, moda, curiosidad. Y sin embargo, una y otra vez, quienes empiezan “por fuera” acaban descubriendo que algo muy hondo se ha movido “por dentro”.

“Es una experiencia interior”, escriben los que han reflexionado sobre su espiritualidad: una pedagogía que, a base de kilómetros, mochilas y encuentros, enseña a soltar pesos del alma, a reconciliarse con el propio pasado, a abrirse a Dios aunque uno no supiera ponerle nombre. Muchos testimonios de conversión y de vuelta a la fe publicados en estos años nacen precisamente ahí: en una etapa bajo la lluvia, en una confesión inesperada en un albergue, en una Misa de peregrinos donde alguien se derrumba al oír el Evangelio.

Que en pleno siglo XXI el Camino de Santiago siga lleno, que jóvenes agnósticos, matrimonios rotos, ejecutivos quemados, jubilados cansados y familias enteras se lancen a recorrerlo, es uno de esos signos que hablan por sí solos: el corazón humano sigue teniendo sed, y Dios sigue sirviéndose de un apóstol enterrado en Galicia para saciarla.

Santiago y España: raíces que no caducan

En los últimos años, distintos papas han insistido en la necesidad de que Europa no reniegue de sus raíces cristianas. León XIV, en continuidad con Juan Pablo II y Benedicto XVI, lo ha repetido con particular fuerza a propósito de España. Un país que ha dado santos, misioneros, mártires, universidades, catedrales, caminos de peregrinación, no puede tratar su propia historia cristiana como si fuera un accidente vergonzante.

Santiago Apóstol encarna, de algún modo, el nervio de esas raíces:

Es discípulo antes que símbolo: su autoridad no nace de una identidad nacional, sino de su cercanía a Cristo.

Es peregrino: no se quedó en casa; cruzó mares y tierras para anunciar el Evangelio hasta el último confín.

Es mártir: su palabra no fue barata; la selló con la sangre.

Es intercesor: desde su tumba, sigue recibiendo las plegarias de quienes se acercan con fe sencilla: familias, parados, enfermos, políticos, jóvenes buscadores.


España se ha mirado durante siglos en ese espejo. Cuando ha sido fiel a la imagen que le proponía —una nación en camino, abierta a la misión, dispuesta a gastar la vida por Cristo— ha generado frutos que han llegado hasta América, África y medio mundo. Cuando ha traicionado esa vocación, se ha quedado atrapada en sus propias luchas internas, en proyectos ideológicos que, tarde o temprano, se revelan incapaces de sostener la esperanza.

Hoy, cuando se reavivan debates sobre identidad, memoria histórica, símbolos religiosos, unidad territorial, libertad religiosa, la fiesta de Santiago invita a bajar el volumen de los eslóganes y subir el de la oración. Antes de discutir quién es España, convendría recordar Quién la puso en pie, Quién caminó con ella cuando era casi nada, Quién la ha sostenido en sus horas más oscuras.

Oración

Señor Jesús, que llamaste a Santiago a dejar las redes para seguirte hasta dar la vida, mira a España, que lo venera como patrono.

Haz que esta nación recuerde que su verdadera grandeza no está en sus éxitos ni en sus derrotas, sino en haber recibido tu Evangelio y haberlo llevado a otros pueblos.

Que el Camino de Santiago siga siendo escuela de conversión, de perdón y de encuentro contigo para tantos que buscan sin saberlo.

viernes, 24 de julio de 2026

Este Domingo

 

La VI Peregrinación Nuestra Señora de la Cristiandad partirá mañana hacia Covadonga con una participación récord

(Infovaticana) La VI Peregrinación Nuestra Señora de la Cristiandad – España comenzará este 25 de julio con la salida de cientos de peregrinos desde la catedral de Oviedo hacia el santuario de Covadonga, donde concluirá dos días después tras recorrer cerca de cien kilómetros a pie.

La organización afronta esta nueva edición con la previsión de superar el récord de participación alcanzado en 2024. Su presidenta, Diana Catalán, ha señalado en entrevistas recientes que, tras el rápido crecimiento de los primeros años, la peregrinación ha entrado en una etapa de consolidación sin dejar de aumentar el número de inscritos.

Una peregrinación ya consolidada

Inspirada en la tradicional peregrinación de Pentecostés entre París y Chartres, la marcha española se ha consolidado como la principal peregrinación vinculada a la liturgia tradicional en España. El modelo, nacido en Francia hace más de cuatro décadas, ha dado lugar en los últimos años a iniciativas similares en países como Argentina, Reino Unido, Portugal e Italia.

La meta es el santuario de Covadonga, un lugar estrechamente unido a la tradición de la Reconquista, donde los organizadores proponen una peregrinación de carácter penitencial ofrecida por la Iglesia, por el Santo Padre y por España.

Participación internacional en aumento

La edición de este año reunirá a 40 capítulos, de los cuales 29 proceden de España y 11 del extranjero. Entre ellos habrá peregrinos llegados de Francia, Reino Unido, Irlanda, Países Bajos, Portugal, Italia, Polonia, Australia, México y Estados Unidos, reflejando el creciente carácter internacional de la convocatoria.

Según ha explicado la organización en los últimos días, la peregrinación española mantiene una estrecha colaboración con las demás iniciativas inspiradas en Chartres, compartiendo experiencias organizativas y de formación.

Liturgia, oración y vida sacramental

Durante los tres días de camino, los peregrinos recorrerán cerca de cien kilómetros divididos en capítulos, participando diariamente en el rezo del Rosario, meditaciones espirituales —dedicadas este año a la virtud de la fe— y en la celebración solemne de la Santa Misa según el usus antiquior, conforme al Misal Romano de 1962.

La peregrinación contará además con alrededor de cincuenta sacerdotes, distribuidos entre los distintos capítulos, que estarán disponibles para administrar el sacramento de la confesión y ofrecer acompañamiento espiritual durante todo el recorrido. Cada jornada concluirá con un tiempo de adoración eucarística en el campamento.

Una nueva modalidad para familias

Entre las novedades de esta sexta edición figura la incorporación de una «minirruta», diseñada para facilitar la participación de familias con niños menores de seis años. Este itinerario, de unos cuatro kilómetros diarios y apto para carritos de bebé, se suma a la ruta completa y a la modalidad familiar, permitiendo que más familias puedan integrarse en la peregrinación.

La organización espera que esta nueva modalidad contribuya a ampliar la participación familiar y pueda consolidarse en futuras ediciones si la acogida responde a las expectativas.

jueves, 23 de julio de 2026

Cosas que no son obligatorias en misa, y cosas que sí. Por Jorge González Guadalix

(De profesión cura) Es que, con el paso del tiempo, los vicios adquiridos y las cosas que la gente observa, podemos acabar con los principios trastocados, de forma que lo accesorio pasa a ser fundamental, lo fundamental queda diluido y el ritmo propio muy trastocado.

Obligatorias:

Lugar digno -no andemos celebrando en cualquier sitio por capricho o esnobismo-.

Altar bien dispuesto y preparado: mantel o manteles, velas, adorno apropiado.

Vasos sagrados según las normas litúrgicas.

Misal romano. Leccionario apropiado. Respetar las rúbricas.

Ornamentos prescritos: alba, cíngulo, estola y casulla.

No obligatorias:

Las moniciones.

Cantar, por ejemplo.

Añadir elementos extraños en el ofertorio. No a las procesiones interminables de ofrendas.

La homilía en todas las misas.

El rito de la paz.

Ritmo propio

Las misas no son propiedad del celebrante ni del pueblo. Son de la Iglesia.

Los fieles tienen derecho a saber qué se van a encontrar: una misa de treinta, cuarenta minutos o una hora; si cantada hasta el agotamiento o rezada. O peor algún, el mismo horario, la misma parroquia y hoy son treinta minutos y el próximo domingo hora y cuarto. Más respeto a los fieles.

El centro de la misa es Cristo, y Cristo en el Calvario, no el sacerdote.

La misa tiene su tiempo y su ritmo. Pasa en ocasiones que dedicamos tanto tiempo a lecturas y, sobre todo, a la homilía, que se compensa corriendo en la plegaria eucarística. Inmenso error.

Las grandes solemnidades necesitan, perdón, solemnizar. Que se note la liturgia.

Como ven, cuatro líneas sin mayores pretensiones. Pero si se cuidatran, mejor nos iría, digo yo.

La religiosidad de Carlos II, rey de España. Por Guillermo Juan Morado

(La Puerta de Damasco) El libro del historiador Alberto Bravo, “Yo, el Rey. La historia de Carlos II” (Barcelona 2026) pretende ofrecer una renovada imagen del último rey de la Casa de Austria y de su tiempo, siendo consciente el autor de que “la figura de Carlos II sigue siendo para el gran público la de ese rey enfermizo y hechizado de la historiografía clásica, sometido continuamente al escarnio público de periodistas, pésimos divulgadores y pseudohistoriadores que llenan páginas y horas en radios y redes sociales con las más disparatadas invenciones y morbosas fantasías”, pese a que las últimas décadas han supuesto una auténtica revolución en el estudio de su reinado.

Carlos II (1661-1700) murió sin hijos, y legó su inmensa herencia a su sobrino-nieto, Felipe de Borbón (1683-1746), duque de Anjou, nieto de su hermana María Teresa de Austria y de Luis XIV, quien reinó con el nombre de Felipe V. El reinado de Carlos II se extendió desde 1665 a 1700; treinta y cinco años, muchos más de los que reinaron, por ejemplo, Felipe III, Fernando VI, Carlos III o Carlos IV. Al igual que su padre, Felipe IV, el rey Carlos fue amante de la pintura, del teatro y de la música. Fue un monarca plenamente consciente de su dignidad regia, de quien el historiador barcelonés Narciso Feliú de la Peña (+1712) escribió el siguiente elogio: “fue el mejor Rey que ha tenido España […] ha sido el Rey que en España dio su vida por sus vasallos, y para remediar sus daños consumió y aniquiló hasta su mismo corazón, y sangre”.





Un interesante capítulo de la obra de Alberto Bravo está dedicado a la religiosidad de Carlos II, que se inserta en la tradición piadosa de la Casa de Austria, cuyos pilares eran la Eucaristía y la Inmaculada. El bisabuelo del rey Carlos, Felipe II, solía contar a los de su cámara el suceso de su antepasado, el conde Rodolfo de Habsburgo, quien, viendo que un sacerdote que portaba el Santísimo Sacramento para asistir a un enfermo intentaba cruzar un río, se apeó del caballo en que estaba cazando y, de rodillas adoró al Santísimo, y le regaló el caballo al sacerdote diciéndole: No quiera Dios que yo ni alguno de los míos vuelva a subir en caballo que ha llevado sobre sí a mi Dios y Criador. El propio Carlos II tuvo la oportunidad de reproducir el venerado episodio cuando, el 20 de enero de 1685, volvía a Madrid desde el palacio de El Pardo. A la altura de la Florida se cruzó con un sacerdote que llevaba el viático a un hortelano enfermo de Migas Calientes acompañado de un monaguillo. Carlos II, que iba montado en una carroza, al saber que el sacerdote portaba al Santísimo Sacramento, desmontó del coche y se postró en tierra para adorar a Cristo. Luego, le pidió al sacerdote, “pues llevaba consigo al Rey de gloria”, que subiese a la carroza, yendo el monarca a pie y descubierto, llevando de su propia mano el estribo junto al coche hasta la casa del enfermo. El fervor eucarístico de Carlos II se plasma, asimismo, en un cuadro de Claudio Coello que se conserva en la sacristía de San Lorenzo de El Escorial, donde se observa al rey arrodillado frente al prior del Real Monasterio, quien muestra una custodia con la Sagrada Forma.

El segundo pilar de la religiosidad de la Casa de Austria era la promoción del dogma de la Inmaculada, cuya defensa fue impulsada por Felipe III, quien en 1616 dispuso la creación de la Junta de la Inmaculada Concepción con el propósito de propiciar que Roma definiese el dogma y de fomentar la expansión del culto inmaculista en los reinos y dominios del rey católico. Carlos II consiguió que el 15 de mayo de 1693 el papa Inocencio XII firmara el breve por el que concedía la celebración del misterio de la Concepción con octava de precepto y con carácter doble de segunda clase en toda su monarquía. No obstante, la definición dogmática tuvo que esperar hasta 1854, cuando reinaba Isabel II y era pontífice Pío IX.

Otro de los grandes anhelos de los reyes de la Casa de Austria era lograr que Roma reconociese como santo a un rey español; un objetivo que se alcanzó en 1671, en pleno gobierno de Mariana de Austria, madre de Carlos II, cuando el papa Clemente X sancionaba y validaba el culto que se tributaba al rey san Fernando III en Sevilla y en gran parte de los reinos de España, ampliándolo al resto de los dominios del monarca e incluyéndolo después en el misal y breviario romanos.

miércoles, 22 de julio de 2026

Santoral del día: Santa María Magdalena

(COPE) Los Frutos del Espíritu de Dios que toca y convierte los corazones se manifiesta en la Santa de este día. Hoy celebramos a Santa María Magdalena. Su apellido proviene del pueblo de Magdala en el que ella había nacido.

El Papa San Gregorio y la tradición la identifican con la pecadora que va a casa de Simón el fariseo cuando el Señor es invitado allí, y se convierte. El hecho es que tras una vida muy mundana se encuentra con Cristo que le sana. De ella habían salido siete demonios. Desde ese momento destaca ante los otros su amor a Dios.

Formaba parte del grupo de mujeres que atendían al Señor y sus discípulos. En toda la Pasión, no se esconde como los demás, sino que se sitúa hasta el final en el Calvario para acompañar a Jesús, hasta que muere dando la Vida por todos.

En la Resurrección se encuentra el Sepulcro Vacío y se lo dice a Pedro y Juan. Y cuando llora desconsolada se le aparece el Señor Resucitado y termina reconociéndolo. En los evangelios se relata cómo es la primera a la que se le aparece Jesús.

La tradición dice que acompañó a La Virgen y el Apóstol San Juan a Éfeso. En Occidente se cree que predicó el Evangelio en la parte francesa de Marsella, en el sur de Las Galias, y con una vida totalmente de contemplación y de ermitaña.

El Papa Francisco puso su día como una Fiesta, resaltando a Santa María Magdalena como fiel discípula. De esa forma se apoya en las palabras de Santo Tomás de Aquino que califica a esta Santa Mujer como “Apóstol entre los apóstoles”.

Entrevista al Cardenal Rouco Varela (II): «¿'Resignificar' el Valle de los Caídos? Es una basílica donde se reza por todos. Ya está»

(El Debate) El próximo 20 de agosto cumplirá 90 años, se mantiene en buen estado de salud y con la cabeza despierta y ágil, como de costumbre. Pero el cardenal Antonio María Rouco Varela (Villalba, Lugo, 1936) se cuida, y reconoce que no siguió la final del Mundial que enfrentó a España con Argentina. «Vi un resumen después del partido», puntualiza. «Bueno, en fin, tengo que reconocer que, a veces, viendo partidos donde juega un equipo con el que tengo mucha afinidad, me pongo un poquito nervioso y por lo tanto prefiero no verlo», apunta. Sabia decisión que sería de utilidad para muchos otros.

–La Selección nos da alegrías, pero el resto del panorama patrio anda bastante revuelto... La que le montaron algunos hace unos días a monseñor Luis Argüello por recordar la cita de San Agustín: «Cuando un Estado olvida la ética se convierte en una banda de ladrones»...

–La traducción que yo conocí era cueva de ladrones... Pero sí, viene a ser lo mismo. Yo eso lo he oído en un acto sobre Europa en la catedral de Espira (Alemania). Es una catedral espléndida, románica, donde están enterrados un buen número de emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico. No recuerdo exactamente cuándo fue, pero participaron todos los jefes de Estado de Europa.

Fuimos invitados a ese acto varios obispos y arzobispos titulares de diócesis con un significado europeo singular. Santiago de Compostela evidentemente lo tiene [el cardenal Rouco, en ese momento, era el arzobispo de la diócesis gallega]. Me invitó el obispo de Espira, entonces monseñor Friedrich Wetter, que, por cierto, después fue arzobispo de Múnich y cardenal, y que aún vive, que debe andar cercano a los 100 años y era muy amigo nuestro y de España y venía a veces a Santiago.

Recuerdo que el discurso fue del cardenal Ratzinger, que comenzó con esa frase: Un reino donde no hay justicia es una cueva de ladrones. No eres dueño absolutamente de todos los aspectos de tu vida; tienes que vivir moralmente, éticamente. Por la fe te planteas quién eres tú, cuál es tu vocación, quién te la ha dado, de dónde vienes...

Pero por ahí no vino la crítica a la frase de don Luis, si no por decirla y por el lenguaje, porque es duro, es duro. Y, si lo lees en la actualidad, en una realidad histórica concreta, como la de ahora, pues claro, duele. Pero yo creo que, en el ejercicio del Magisterio de la Palabra por parte del obispo y de la Conferencia Episcopal de obispos, hay que decir la verdad, y hay que proclamarla. Puede costar algo, te puede costar... Siempre ha costado.
Sin miedo

–Hay que decir la verdad, aunque algunos luego reaccionen muy mal...

–Aunque duela, sí, sí. Hombre, vamos a fijarnos en la persona y la historia de Jesús, del Hijo de Dios hecho hombre. Desde el punto de vista humano, pasión y cruz y muerte. Eso lo han vivido los primeros apóstoles y, a lo largo de toda la historia, ha ocurrido muchas veces. Hombre, ahora no. No cuesta sangre, no cuesta martirio, pero cuesta, cuesta. Cuesta comentarios, cuesta contestaciones agresivas o, por lo menos, contestaciones que no brillan por su buena educación.

Un servidor tiene una cierta experiencia en esas situaciones... Yo le comentaba a don Luis –cuando le llamé para animarle– que, un día de San Isidro Labrador en Madrid, yo acostumbraba, después de la misa en la Colegiata, ir a pie hasta mi casa, que no está lejos. Además, yo iba con el capisayo, o sea, que era súper reconocible, y tuvimos que esperar ante el semáforo en rojo para pasar a la calle. Pasaban dos chicos vestidos así, como raro, estos que van con pelos así como... Bueno, y empiezan a hablar de monseñor Setién, donde está Setién y tal. Luego me empezaron a insultar a mí también. Pero pasé al otro lado de la calle. Una señora me besa el anillo y me dice: Señor Cardenal, acaba de ser usted un poco más bienaventurado. Así que dije: Tú aplícate el cuento.
El Valle de los Caídos

–Usted, que ha sido arzobispo de Madrid, ¿cómo ve el tema del Valle de los Caídos? ¿Cómo cree que va a acabar?

–Hombre, a mí me ha extrañado. Las leyes de memoria histórica son súper problemáticas. Los que hemos vivido toda la transición política, en la etapa de mi vida de treintañero y cuarentañero, que fue la de los políticos de entonces, Adolfo Suárez, Felipe González... La reconciliación era necesaria. La Conferencia Episcopal Española lo recordó el año 75. En el fondo era ya una realidad vivida por todos. Yo no recuerdo durante mi vida de joven seminarista, de joven profesor, de joven sacerdote, decir: este era de este bando, este era del otro. Ese dato no se daba en la vida normal y corriente.

Pero en lo político sí necesitamos, creo yo, una especie de punto final, de nuevo comienzo. Lo que no se puede es volver otra vez a una memoria colectiva nacional partida. Eso no es responsable. Cada uno tiene su memoria.

Y claro, eso afecta al Valle de los Caídos. El Valle de los Caídos lo hemos vivido siempre como un lugar de reconciliación donde se reza por todos los que murieron en la guerra. Ya está desligado de los elementos concretos de los años en que fue construido. ¿Hay que resignificar el Valle de los Caídos? Es una basílica donde se reza. Ya está. Pero claro, es una consecuencia de la Ley de Memoria Histórica y Memoria Democrática. En fin...
Los estatutos del Opus Dei

–¿Tiene usted alguna información de en qué punto se encuentran los trabajos en el Vaticano sobre los nuevos estatutos del Opus Dei?

–Esa es una información concreta que no tengo. Pero, conociendo al Papa, el Papa cuida mucho el no herir sin necesidad. Es decir, si tú anuncias que Cristo es el Salvador del hombre y que el momento culminante de su obra salvadora es la cruz, y lo vives, eso molesta. Molesta al enemigo, al enemigo de las cosas de Dios. A Satanás. Por cierto, no ha habido un Papa contemporáneo que hablase tantas veces de Satanás como el Papa Francisco. Y, si tienes que ir al martirio, vas.

Pero, a la hora del gobierno pastoral de la Iglesia, la comprensión, la caridad, es lo que subraya mucho el Papa León. Y, cuando él habla –cuando nos habló al final del Consistorio– vimos que era un espíritu de saber hablar, saber comprender, saber acompañar mutuamente. Cada uno desde su responsabilidad.

La palabra sinodal no puede quedar tan diluida en su significado que valga para todo. Y sobre todo, lo que no puede valer es para negar los elementos constitucionales por derecho divino de la Iglesia. Por lo tanto, en este caso yo creo que el Santo Padre, el Papa, va a actuar sin herir, sin herir. No hay necesidad de herir. En estas situaciones –diríamos de versiones y matices pastorales–, en el nuevo Código de Derecho Canónico del 83, hay todo un capítulo sobre los derechos y deberes de los fieles, y hay que respetarlo. Es decir, no se puede ejercer la autoridad no canónicamente. La autoridad en la Iglesia tiene que realizarse canónicamente según las exigencias del derecho divino.