En el corazón de Lugones, resguardado del bullicio urbano, emerge el barrio de El Carbayu. Este rincón asturiano custodia un verdadero oasis de paz como es su capilla de Nuestra Señora del Buen Suceso. Más allá de la tradición festiva, este sagrado recinto se alza como un faro de recogimiento, un espacio donde el alma busca consuelo y donde la presencia de la Madre se hace sentir en el susurro del viento entre los árboles. La mirada de la Virgen del Buen Suceso, cargada de una ternura infinita, invita a la oración silenciosa. Ante ella, generaciones de devotos han depositado sus peticiones, lágrimas y sinceros agradecimientos. Guardianes de este legado espiritual es su Cofradía, fundada en 1925. La Cofradía de Nuestra Señora del Buen Suceso nació de una humilde promesa comunitaria. Sus miembros no sólo velan por el bien material de la capilla de su Patrona, sino que actúan como guardianes de una llama espiritual centenaria. A lo largo de todo un siglo han mantenido viva la devoción mariana en torno a la romería de la Virgen como un lazo invisible pero indestructible que une a las familias del barrio.
La semilla de la Cofradía se plantó en agosto de 1925. Un grupo de vecinos del barrio alto de Lugones se reunió de manera informal en la antigua bolera que se situaba justo al lado de la capilla del Carbayu. En un entorno típicamente asturiano, aquellos hombres decidieron asociarse formalmente para estructurar el culto a la Virgen del Buen Suceso y competir saludablemente con las fiestas vecinas de San Pedro. Entre los fundadores destacaron nombres grabados en el recuerdo local, como Antonio Fernández, conocido cariñosamente por todos como Antón "el Pegu", y Darío Valdés. Tras recoger rápidamente la adhesión por escrito de más de 300 vecinos de Lugones, la primera junta directiva redactó sus reglamentos fundacionales quedando formalmente establecida y legalizada la sociedad en el verano de 1926.
En sus primeros años, la Cofradía experimentó una intensa actividad. En 1927 se celebró una emotiva procesión en la que el patrón de la Parroquia, San Félix, fue trasladado solemnemente desde el centro de Lugones hasta la capilla alta de El Carbayu. Sin embargo, los conflictos de la Guerra Civil y los convulsos años previos difuminaron drásticamente aquellas muestras de fe en la calle. Aquella entrañable procesión de unión parroquial se perdió por completo en 1927 y la Cofradía tuvo que centrar todos sus esfuerzos de posguerra en reanudar la fiesta, adquiriendo una nueva imagen de Nuestra Señora del Buen Suceso y levantando una nueva capilla en sustitución de la destruida. Exactamente 91 años después, la Cofradía y la Parroquia unieron lazos para recuperar la histórica procesión de traslado del Santo Patrón a la capilla de El Carbayu, subsanando así una herida del pasado. Tuvo lugar el retorno de San Félix al Carbayu en el año 2018.
Si hay un apellido indisolublemente ligado a la supervivencia espiritual de esta Cofradía, es el de la familia Fernández. Antón "el Pegu" ejerció durante décadas como el primer gran abanderado y presidente indiscutible de la organización. Él marcó el carácter humilde, luchador y cercano de la Cofradía. Pasados los años, su nieto Manuel Fernández Álvarez (Manolito el Pegu) tomó el relevo en la presidencia tras haber nacido en el propio barrio en plena Guerra Civil. La entrega familiar ha sido tan absoluta qué, a lo largo de los años, el domicilio particular de los "Pegu" ha funcionado siempre de facto como la sede oficial de la Cofradía. Manolito, con sus propias manos de artesano construyó no sólo el Museo de la Romería, sino hasta los mismo bancos de la capilla. Queda pendiente una aspiración Turística, y es que la impecable gestión comunitaria de la Cofradía ha llevado a que la romería del Buen Suceso sea solicitada formalmente para ser declarada Fiesta de Interés Turístico Regional. Más que merecido sería este reconocimiento tras un siglo de custodia ininterrumpida de una de las fiestas más señeras de Asturias.

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