domingo, 27 de septiembre de 2026

Visita inolvidable, libro para recordarla. Por Monseñor Fray Jesús Sanz Montes O.F. M.



Vuelan los días y nos alejamos de momentos que han podido marcar bellamente un instante de nuestro camino. Por eso es un deber saludable poner hitos para que el olvido no acabe diluyendo lo que ha podido ser luminoso en nuestra penumbra, o cuanto en medio de la confusión y el cansancio nos ha abierto horizontes que se acarician con remembranza. El viaje del Papa León xiv a España ha sido una grata sorpresa que con su brisa nos ventiló el alma mientras el corazón se sentía vivo con latidos de esperanza. Este es el motivo por el que he querido escribir un pequeño libro que he titulado “La brisa de Prevost” (BAC. Madrid 2026), como ayuda para recorrer los pasos del santo Padre entre nosotros, comentando a modo de crónica los distintos escenarios que anduvimos con él.

Así recibimos tan esperada visita a nuestra patria del mensajero de la paz desarmada y desarmante: León xiv. Necesitamos el reclamo de quien no venga a vendernos humo engañando nuestra sed de esperanza. El lema de este viaje papal fue “alzad la mirada” (Jn 4, 35), invitación de Jesús cuando parecía que la cosecha se hacía remolona y costaba creer el momento de recoger los frutos que tanto se necesitaban. Sí, necesitamos levantar nuestra mirada ante tantos motivos nacionales e internacionales, sociales, políticos, culturales, religiosos… que nos impelen a quitar las orejeras y alzar los ojos a esa belleza, bondad, esa verdad, que junto con la paz y la justicia nos están desafiando a diario en todos nuestros escenarios.

¡Cuántas losas nos aplastan cuando la mentira de las gobernanzas y todas sus trampas, la desigualdad ramplona y la violencia que nos enfrenta e insidia, la intolerancia que nos señala como espurios y proscritos mientras nos obliga a ser tolerantes con aquellos que no respetan nada, todo lo que hace que sea una vida irrespirable en una sociedad sumida en demasiada corrupción cotidiana como si no pasase nada precisamente porque pasa cada día! Es entonces cuando emerge esta comprensible necesidad de mirar a alguien que no nos engañe cuando mercadea con nuestra confianza, que no nos use para luego tirarnos tras haberle dado el beneficio de nuestro interés o el préstamo de nuestros votos. Alguien que tenga una autoridad moral digna de su credibilidad sin tacha.

No los farsantes encantadores de serpientes mientras tocan sus flautas, los botarates que viven de sus cuentos con cara transcendente que nos engaña, los que dan lecciones de todo desde sus inmensas ignorancias maquilladas, no sirven para el rearme ético y moral que necesita nuestra sociedad tan de capa caída a pesar de los trucos amañados y los barnizados enjuagues. No, necesitamos a quien os acerque la frescura del Evangelio encienda nuestra apagada fe, dilate el horizonte de nuestra esperanza y haga acogedora una caridad sincera que abrace las necesidades de los más desheredados de la tierra. Alzar la mirada contemplando el hontanar de nuestra historia milenaria, reconociendo a los testigos que han marcado las referencias evangélicas como han hecho los santos, y discerniendo los retos que nos desafían para anunciar la Buena Nueva. Con la mirada alzada al Señor y abajada a los hermanos, hemos visto con sorpresa y gratitud el despertar de un pueblo que se ha desquitado de la orfandad asustadiza y esquiva, para reestrenar el gozo de una paternidad que nos convoca y acompaña, como ha hecho el papa León xiv.

Las comunidades cristianas, iluminadas por la luz que ha brillado en esta visita, fortalecidas con los gestos y los textos del Santo Padre, experimentan la alegría del Evangelio para nuestros contemporáneos, en medio de sus heridas, sus preguntas, sus búsquedas. Somos los testigos del bálsamo, de las respuestas y de las metas con que el Señor nos ha encontrado y bendecido en esta memorable visita inolvidable, y un libro para recordarla.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

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