sábado, 5 de septiembre de 2026

«La Novena a la Santina está siendo un gozo y una esperanza»

(Iglesia de Asturias) Entrevista al Arzobispo de Oviedo, Mons. Jesús Sanz Montes, sobre la Novena a Nuestra Señora de Covadonga, la próxima Visita Pastoral en la diócesis, los nombramientos recientemente entregados o los retos para este curso pastoral que ya comienza

Estamos ya en septiembre, un mes que marca, quizás, más que el propio enero, el comienzo de muchas cosas, el curso, el trabajo, después de las vacaciones… Por cierto, ¿qué tal han ido sus vacaciones? ¿Cómo ha sido su verano?

Cortas, como siempre, pero he podido descansar. Estuve en Alemania, como suelo hacer, diez días, donde pude rezar, pude estudiar y escribir, pasear… La verdad es que me vienen muy bien esos días, cambias de idioma, cambias de horizonte y vuelves muy reconfortado y con ganas de seguir recomenzando el curso.

Esta semana, el martes concretamente, ha tenido lugar la entrega de nombramientos a los párrocos, con sus nuevos destinos. La organización de la diócesis es siempre tema de conversación, a veces incluso los movimientos de sacerdotes no son comprendidos. ¿Cuesta mucho organizar la vida pastoral dentro de la diócesis?

Cuesta, pero es que, además, es algo inacabado, porque tú no puedes decir «tengo la diócesis organizada» y damos al botón de pausa, o de punto y seguido, o punto final y ya para siempre está así. No, porque este año hemos ordenado a 11 nuevos diáconos y sacerdotes, que hay que darles un primer destino. Hay sacerdotes que han fallecido, que estaban en activo, con lo cual tienes que buscar a alguien que los reemplace en esa comunidad cristiana. Sacerdotes que se jubilan después de haber dado toda una vida al Señor y a la Iglesia. O sacerdotes que se enferman gravemente, y hay que también sustituirlos, al menos de modo temporal. Eso implica, inevitablemente, que tiene que haber movimientos, cambios, traslados o inauguración de ministerio en los que están recién ordenados.

Claro, teniendo una diócesis con 934 parroquias y contando con algo menos de 300 sacerdotes, es inevitable que haya cambios. Que haya una comunidad a la que le pese que le cambien al cura o que el cura se les muera, pues eso es una cosa muy noble, muy hermosa. Pero también puedo decir que hay una altísima comprensión y que son muchos los que se hacen cargo de que esto no es un capricho ni una cosa frívola, sino algo que viene imperado por la propia vida.

El mapa de las Unidades Pastorales en la diócesis está ya rematado, el próximo mes de diciembre van a cumplirse dos años desde la aprobación del decreto de implantación. ¿Cómo ve la realidad de las unidades pastorales en la diócesis?

Como tú apuntas ahora mismo, está prácticamente implantado. No cambia la atención pastoral de nuestras parroquias y comunidades cristianas, cambia el modo de organizarlas y gestionarlas. Una unidad parroquial, una unidad pastoral, no suprime o introduce nuevas parroquias, sino que las organiza de manera diferente. Yo creo que esta geografía diocesana ha quedado bien dibujada con lo que llamamos el mapa de las Unidades Pastorales. Ha entrado bien en los sacerdotes, ha entrado bien en nuestros fieles y religiosos, y, entre todos, estamos haciendo justamente este camino de ayudarnos recíprocamente para, ante desafíos que nos están retando, poder responder también con esta gestión diferente de las unidades pastorales.

El curso pasado llevó a cabo una Visita Pastoral al arciprestazgo de El Caudal. ¿Tiene planteadas nuevas Visitas para este curso que comienza? y además, ¿qué le aporta, qué aprende, qué se lleva de estos encuentros con las parroquias asturianas, con los fieles?

Efectivamente, en el curso que estamos ahora comenzando también incluiremos una Visita Pastoral a alguno de los arciprestazgos que más tiempo hace que no visita el Obispo. Una visita pastoral es el acercarte, de una manera sistemática y organizada con los párrocos y con el arcipreste, a una zona de la diócesis. Es verdad que yo visito las comunidades cristianas, pero también me sé visitado por todas ellas.

Es un encuentro realmente gozoso, porque tú pones distancia corta en lo que es el rostro de las personas a las que, en nombre de Jesucristo, sirves y acompañas, y tú también te sabes por ellos acompañados. Por eso es un encuentro lleno de alegría, donde puedes sobre todo celebrar la fe con ellos, pero también tener conocimiento de qué realidades les preocupan, les hieren, como también les permiten soñar con esperanza. Una Visita Pastoral siempre es esa buena noticia en donde el Pastor de la diócesis visita y es visitado.

En este mes de septiembre, mes de comienzos, como hablábamos antes, ¿qué retos pastorales se plantea para estos próximos meses?

Nos marcamos cada año en Covadonga, al acabar el curso, una serie de objetivos que tienen que ver con la formación cristiana, la catequesis en el sentido más amplio, que tiene que ver con el acompañamiento de las familias en este momento de verdadero desafío en torno a la vida, la vida que nace para dejarla nacer, la vida que crece para saber acompañarla viéndola como madura, y la vida que termina por enfermedad o por la mucha edad para que pueda ser un final no traumático, sino siempre acompañado en esperanza. Por eso la familia es tan importante.

La educación también es un reto, siempre permanente, porque por educación no solamente hablamos de instrucción, de las materias que nuestros chavales en el cole están aprendiendo y descubriendo, sino que la educación es una manera de asomarte a la vida, y por tanto, además de las materias y las asignaturas, hay también la comunicación de unos valores, que son en este caso valores cristianos, desde los cuales sabemos mirar las cosas. Las cosas no cambian para cualquiera que se asome, cambia el modo de mirarlas. Por tanto, la educación para nosotros, además de transmitir con profesionalidad las materias de los currícula que tienen en cada centro, queremos transmitir a través de la enseñanza, a través de la educación, estos valores que constituyen nuestra cosmovisión cristiana.

El nuevo curso a mí siempre me trae el olor a forro de libros, como cuando yo era pequeño, era un rito que teníamos volviendo del colegio con los nuevos libros en la cartera, había que forrarlos y ojearlos por primera vez. Pues este olor a estreno, este olor a proteger lo que tenemos entre manos es también lo que tenemos nosotros como diócesis de Oviedo.
Yo noto que hay una serenidad grande, una alegría por todo recomienzo, y desde las pautas que son muy precisas y muy repartidas, que nos damos, como digo, en Covadonga, al final del curso anterior, trataremos de ponerlas por obra con la colaboración de todos.

Estamos viviendo un año más la Novena a la Santina de Covadonga, el próximo lunes tendremos la Vigilia de jóvenes en el Santuario y el día 8, el martes, la festividad de Nuestra Señora de Covadonga, el Día de Asturias. Usted está presente todos estos días, ¿cómo está siendo este año?
Pues como siempre, conmovedora por la afluencia numerosísima de todas nuestras realidades diocesanas, que en estos días de la Novena los estamos viendo llegar. Pero la Novena no empieza nueve días antes, porque la Virgen de Covadonga y ese Santuario tan querido para nosotros, tiene una Novena todo el año. No en vano son dos millones de peregrinos los que cada año nos visitan. Este año podemos destacar, además, peregrinaciones de jóvenes como la JEMJ de julio, con más de 2.000 jóvenes de 23 países diferentes o la peregrinación de Nuestra Señora de la Cristiandad, partiendo desde Oviedo hasta Covadonga, con también un número muy generoso de jóvenes, especialmente españoles. Es un botón de muestra de la esperanza inmensa que esto conlleva.
Por eso la Novena de este año en torno a las bienaventuranzas en María y con María, está suponiendo un gran gozo de poder ver a un pueblo que sabe que, yendo a Covadonga, llega a una casa habitada y encendida donde nos espera la Señora.

Comenzamos el curso también, y no de la mejor manera posible a nivel político y social, vivimos conmocionados por la situación en Ceuta. Si algo tenemos en los medios de comunicación y en las redes sociales son mensajes de todo tipo, a veces populistas, a veces más simples, a veces también ingenuos, y uno no sabe muchas veces cómo enfocar esta situación. Quisiera que, ya para terminar, nos diera una pista sobre cómo enfocar este problema, que es mucho más que un tema migratorio, es un problema político, internacional, y hacerlo desde un prisma cristiano, cómo enfocar esta situación que estamos viviendo, angustiosa, desde la fe.
Bueno, yo hace ya unos meses que en mi cuenta de X, en una de las redes sociales, incluí un texto de Mateo 25:35-40 en donde Jesús, de una manera provocativa, nos dijo aquello de «venid a mí, benditos de mi Padre, porque tuve hambre, tuve sed, estuve desnudo, fui forastero, estuve en la cárcel». Y aquellos discípulos se extrañaban de esas palabras para preguntarle al Maestro, al Señor: «¿Cuándo te hemos visto así?» «Cada vez que lo habéis hecho, o dejado de hacer con uno de mis pequeños hermanos, lo habéis hecho conmigo». Una de las figuras que emplea Jesús en ese texto, es fui forastero, fui extranjero y me acogisteis. La acogida cristiana es un motivo de identidad, como creyentes en Jesucristo y como hijos de la Iglesia. Ahora, la acogida no se puede confundir con una especie de espacios sin fronteras, en donde pueda caber de aluvión el mundo mundial. Lamentablemente, ni en mi casa de mi hogar, ni en mi pueblo de mi región, ni en el espacio de mi patria, cabe todo el mundo, físicamente hablando, no caben todos. Ojalá que podamos ensanchar nuestra generosidad para que quepan cuantos más puedan llegar. Ahora, todos, todos no caben. Entonces, que quepan, que lleguen y que sean acogidos los que podamos realmente, con responsabilidad cristiana, acoger y a los que podemos acompañar, a los que podemos brindar una sanidad y una educación y un modus vivendi donde tengan la vivienda, donde tengan el trabajo que les haga dignos. Si, claro, vienen de pronto a España o a esa ciudad española que se llama Ceuta o se llama Melilla, todo un aluvión, pues no solamente no les vamos a poder atender, sino que además se va a desestabilizar la normalidad de una ciudadanía. Lo que ha ocurrido en Ceuta es algo muy preocupante, porque no es una cuestión de crisis migratoria, sino que aquí hay una opción geopolítica por parte de algunos mandamases. En este verano que hemos tenido Danas que han anegado nuestros campos y casas y pueblos; incendios que nos han puesto en ascuas; terremotos que nos han removido, tenemos también otro tipo de situaciones que, desde la gobernanza, si no es buena gobernanza, generas también incendios, generas movimientos que te tambalean y generas también diluvios que te anegan. Por eso, la perspectiva cristiana ante esta problemática es una perspectiva positiva de acogida, pero con la razonable visión de que no todo el mundo cabe, porque queremos acoger a todos cuantos podamos, sobre todo sabiendo que vienen de infiernos donde no tienen libertad por las dictaduras que están sufriendo y que vienen de hambrunas, en donde por no tener trabajo o no tener pan cada día, intentan salir de esa situación. Por eso, con verdadera conmoción cristiana y con caridad acogedora, abrazamos a los que podemos razonablemente acoger, desde una perspectiva cristiana, no para el postureo de quien, utilizando de alguna manera esa circunstancia, pretende sacar una rentabilidad política en elecciones o en el apoyo popular.

Ellos son para nosotros un rostro de Jesucristo y como tales los queremos acoger dentro de las posibilidades reales que tenemos. Y si vienen de esos infiernos antes señalados, el problema lo tienen en sus países de procedencia, que son los que a veces los empujan porque les sale rentable dejar o promover esta especie de invasión, porque tienen menos bocas que alimentar, menos vidas que sostener, y así debilitan también, con las invasiones varias, a otros países que las sufrimos.

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