viernes, 4 de septiembre de 2026

El legado de la Hermana Amparo Alonso SAC: Una huella imborrable de fe y entrega en Lugones

Hay personas que pasan por la vida de una comunidad dejando una estela de luz, de esas que el tiempo no logra apagar. En la historia reciente de Lugones, ese lugar de honor le pertenece, sin duda, a la Hermana Amparo Alonso González. Religiosa de la Congregación del Santo Ángel, su nombre quedó grabado a fuego en el corazón de los feligreses de Lugones gracias a una entrega incondicional, una sencillez desarmante y una fe hecha obras.

Nacida en el seno de una arraigada familia de Nembra de Aller, hija de Esperanza y del recordado Hermenegildo —conocido con afecto por todos como "Gildo el de Enfistiella"—, Amparo abrazó la vocación religiosa con la firme convicción de que servir a Dios significaba, ante todo, servir a los demás.

Su llegada a la Parroquia de San Félix de Lugones en el año 2000 marcó el inicio de quince años de labor incansable. La Hermana Amparo no entendía de despachos ni de horarios; su pastoral se hacía en la calle, escuchando a los mayores, confortando a los enfermos, orientando a los jóvenes y tendiendo la mano a cualquier familia que atravesara dificultades. Con su silenciosa pero firme presencia, se convirtió en un pilar fundamental del tejido social y espiritual de la localidad.

El profundo calado de su obra se hizo evidente en marzo de 2015. Sabiendo que su salud flaqueaba y que se aproximaba su partida, la comunidad de Lugones se unió en un emotivo homenaje en la iglesia parroquial. Aquel día no hubo distinciones: feligreses, vecinos y colectivos locales se fundieron en un solo abrazo para darle las gracias por haber sido, más que una religiosa, una madre y una confidente para el pueblo. Poco después, en mayo de ese mismo año, fue trasladada a la Comunidad Madre de su congregación para recibir los cuidados necesarios.

Su fallecimiento el 4 septiembre de 2017 dejó un vacío profundo, pero también un sentimiento de profunda gratitud. Las muestras de cariño y los testimonios que se sucedieron durante sus exequias el 5 de septiembre reflejaron lo que ya todos sabían: la Hermana Amparo nunca se iría del todo de Lugones.
Hoy, su recuerdo sigue vivo en cada rincón de nuestra Parroquia de San Félix. Su vida permanece como un testimonio vibrante de lo que significa gastar la vida por los demás, demostrando que el amor al prójimo es la fuerza más transformadora que existe. Lugones no la olvida, porque las almas grandes pertenecen para siempre a los lugares que supieron amar.

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