(COPE) La Sabiduría siempre rodea al que se precia de aprender los Hondos Misterios de Dios para explicarlos. Hoy celebramos a San Gregorio Magno. Roma sería el lugar donde nació en el año 540. Su hogar estaba marcado por la nobleza familiar. De hecho, su padre fue un influyente Senador. Por su parte, la madre era Santa Silvia.
Pero la clase alta a la que pertenecían no quedaba fuera de la Fe sino todo lo contrario. Y eso fue lo que dieron a su hijo para educarle en el amor a Dios. Tampoco renunciaron a a que se formase en la cultura de su tiempo con los mejores profesores y conocimientos. A todo esto se unió su cabeza inteligente y brillante. Prueba de ello es que logró ser un buen Prefecto de la Ciudad.
La vida le sonreía porque este cargo era de lo más importante en orden a tener mayores logros y aspiraciones. Pero su corazón no terminaba de conformarse. Lo espiritual estaba descuidado y era preciso solventarlo. A la muerte de su padre, pensó que lo mejor era cultivar el interior para conseguir otro bienes superiores.
Así se adentra en la Vidas Monástica. Fruto de ello es que funda seis Conventos y convierte su propia casa en el Monasterio de San Andrés. La disciplina es de la Orden Benedictina. Dadas las dificultades que se vivían en la Iglesia el Papa le saca de los muros conventuales para hacerle su Legado en Constantinopla.
Al morir el Pontífice y con mucha insistencia aceptó ser el nuevo Sucesor de Pedro. Su espíritu, profundamente caritativo, se muestra en la ayuda a los más necesitados, siguiendo los consejos de Cristo en el Evangelio.
Su insistencia en la oración hace que consiga la conversión a la Fe de Inglaterra. Muere el año 640, cobrando especial relevancia los escritos morales y teológicos que dejó a la Iglesia Universal. Todo ello le valió el sobrenombre de Magno.

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