El próximo lunes, día 7 de septiembre de 2026, se cumplirá un siglo y cuarto del importantísimo hito que supuso para Covadonga la inauguración y consagración de su actual basílica.
En un paisaje natural, histórico y religioso surgió sobre el original y pintoresco cerro del Cueto el hermoso templo neorrománico, sueño del obispo -después arzobispo y cardenal- Benito Sanz y Forés, su gran impulsor, una construcción que se había iniciado veintisiete años antes.
Sanz y Forés encargó a su amigo Roberto Frassinelli -alemán residente en el cercano pueblo de Corao- que realizara los estudios pertinentes y los planos necesarios.
Elegir el cerro del Cueto para el emplazamiento de la basílica fue un acierto, tras el fracasado intento de levantar el templo ante la Cueva después del gran incendio del 17 de octubre de 1777 que destruyó todo lo que contenía en su interior, incluida la imagen de la que conocemos cariñosamente como la Santina.
Aquel templo que ocultaría la Cueva iba a ser una monumental obra que el rey Carlos III encargó a Ventura Rodríguez -su Arquitecto de Cámara- un suntuoso edificio que contó con el apoyo del Conde de Campomanes -Ministro de Hacienda- y del mismo Jovellanos; el total de gastos ascendía a 2.320.000 reales.
Fracasado este grandioso plan de estilo clasicista -como ya comentamos tantas veces- nos imaginamos qué hubiese ocurrido de haberse llevado a término. Hoy somos incapaces de considerar el grandioso marco natural que rodea el recinto de la Santa Cueva de ninguna otra forma distinta a como está.
El día 30 de julio de 1877 el Rey Alfonso XII -acompañado de su hermana Isabel, Princesa de Asturias- encendió el primer barreno que pondría en marcha el desmonte del cerro del Cueto y el vaciado del mismo para construir la cripta que ya se pensaba utilizar como sacristía del templo que hoy conocemos.
Los proyectos para el templo se sucedieron, primero con una fachada de dos torres y una parte central entre ellas que recordase el prerrománico asturiano y el reciente Camarín de Frassinelli en la Cueva, del que hablamos tantas veces.
El resto del templo seguiría cánones románicos, con tres naves y crucero. Añadió Frassinelli después dos torres más a la cabecera de la basílica, de manera que el templo tendría un total de cuatro torres, como era habitual en las catedrales alemanas.
Llama mucho la atención que ni el obispo ni Frassinelli informasen de esta monumental obra a la Real Academia de San Fernando ni a la Comisión Provincial de Monumentos, como era preceptivo. Por otra parte parece que el alemán tenía titulación de ingeniero, pero no de arquitecto, y esa fue una de las razones para apartarlo del proyecto como ocurrió con la llegada a Oviedo de un nuevo obispo -el dominico asturiano Ramón Martínez Vigil- con el cual se retomarían las obras tras dieciséis meses paradas, sobre todo por falta de dinero.
Martínez Vigil pidió ayuda a la Familia Real, al Gobierno, a los fieles asturianos y demás españoles, así como a los de países hispanoamericanos, y convenció a su amigo el arquitecto valenciano Federico Aparici para que se hiciese cargo del proyecto.
Desde ese momento -en 1884, hasta su conclusión en 1901- las obras ya no se detendrían más.
El gran órgano sinfónico de la basílica también celebra un especial cumpleaños en 2026 -con sus primeros veinticinco años- ya que fue bendecido en 2001, con motivo del primer centenario del templo que lo acoge, el cual vino a reemplazar al órgano de 1924 que estaba en el coro alto de la parte posterior del templo.
El santuario tiene otros dos órganos, uno en la Colegiata de San Fernando -con dos siglos de vida- y otro en el presbiterio de la basílica, en el lado de la epístola.
Puede afirmarse que el resultado final de la neorrománica basílica presenta en su conjunto una evidente unidad armónica y estilística que conserva desde su consagración, hace ahora 125 años.
Covadonga sigue aglutinando en sí misma espíritu y materia, naturaleza y arte, porque es raíz, cuna y corazón. En ella se funden intimidad, fe, maternidad y cultura, afianzando nuestra conciencia como región, porque Covadonga condensa en sí misma nuestra milenaria historia y proyecta su plural valor más allá del símbolo, como plural es también el nombre de Asturias.
2 de septiembre de 2026 -
La basílica en construcción.
Otro momento fotográfico de su construcción.
Con la llegada a Oviedo de un nuevo obispo -el dominico asturiano Ramón Martínez Vigil- se retomarían las obras tras dieciséis meses paradas, sobre todo por falta de dinero.
Una encantadora imagen rural de aquella Covadonga de hace unos 130 años.
El obispo Martínez Vigil pidió ayuda a la Familia Real, al Gobierno, a los fieles asturianos y demás españoles, así como a los de países hispanoamericanos, y convenció a su amigo el arquitecto valenciano Federico Aparici para que se hiciese cargo del proyecto.
Desde ese momento -en 1884, hasta su conclusión en 1901- las obras ya no se detendrían más.
Esta fotografía fue tomada un año antes de la Guerra Civil, en1935.
Típica fotografía de finales de los años 60 del siglo pasado.
Los proyectos para el templo se sucedieron, primero con una fachada de dos torres y una parte central entre ellas que recordase el prerrománico asturiano y el reciente Camarín de Frassinelli en la Cueva, del que hablamos tantas veces.
El resto del templo seguiría cánones románicos, con tres naves y crucero. Añadió Frassinelli después dos torres más a la cabecera de la basílica, de manera que el templo tendría un total de cuatro torres, como era habitual en las catedrales alemanas.
Cabildo de la Basílica de Covadonga posando ante la puerta principal de acceso cuando ésta fue consagrada, en septiembre de 1901.
Covadonga tiene un color especial… no es el título de ninguna composición musical ni poética. La basílica, los muros, las escalinatas, la vía sacra y varias edificaciones fueron construidos valiéndose de la hermosa piedra caliza de la próxima cantera de Peñalba. Teñida por el mineral de hierro que abunda en la zona, atesora la compacidad y formación de una caliza marmórea de muy bella tonalidad rojiza. De hecho, ha dado nombre al “rojo Covadonga” cuando se habla de este tipo de piedra.
canónigos y clero en general.

Coronación de la Virgen de Covadonga el día 8 de septiembre de 1918 en el exterior de la basílica.
Covadonga explica el presente, que nace del pasado y avanza renovándose desde él. Al igual que la vida de los hombres y de los pueblos semeja la del árbol, cuya imagen depende de su asiento sobre las inmóviles raíces, y de su desarrollo a lo largo del tiempo, reflejado en su tronco, a través del que se alimenta el frágil ramaje, sujeto a las órdenes de las estaciones anuales a las que se asoma. Todos los elementos que confluyen en el santuario pueden aclararnos la enormidad de su carga significativa, con la milenaria historia que los ha engendrado, los ha hecho persistir y les confiere sentido.
Foto tomada desde el coro de la basílica que hoy nos ocupa
Este colegio estuvo siempre bajo el control de la Compañía de Jesús.
Por lo tanto la basílica solo tenía siete años en 1908
Típico día de lluvia en el primer santuario mariano de Asturias.
No negaré la predilección que siempre tuve por la imagen sedente que -desde 1909- preside la basílica, durante muchos años colocada en la base de la vidriera central del presbiterio.
- (Virgen de Juan Samsó y Lengly de la Basílica de Santa María la Real de Covadonga) -
A punto de concluir las obras de fábrica de la Basílica de Covadonga a comienzos del siglo XX (1877-1901) comenzó a programarse el amueblamiento interno de la misma.
Imprescindible era que una imagen de la Virgen presidiese el altar mayor, pero no debería ser una reproducción de la que se veneraba en la cercana Cueva, no fuese a parecer una duplicidad que le restase protagonismo.
Al iniciarse el año 1900 el encargo de la imagen se le hizo al escultor catalán Juan Samsó y Lengly.
El obispo Martínez Vigil -que había entregado las obras de la basílica al arquitecto Federico Aparici y Soriano- cuidó bien de que la talla que se iba a colocar en el altar mayor expresase el genio artístico y la sincera piedad de Juan Samsó.
Además, Samsó había realizado ya algunos encargos para la Casa Real Española, tan ligada a Covadonga desde sus orígenes.
Cuenta Gerardo Díaz Quirós (doctor por la Universidad de Oviedo en Historia del Arte) en “Covadonga, iconografía de una devoción” que la reina regente María Cristina se había ofrecido para costear esta imagen, pero que no llegó a materializarse, dado que en el Cabildo de Covadonga se trató del pago de la obra el día 16 de mayo de 1909.
El escultor catalán Juan Samsó había recibido premios y menciones honoríficas por otras obras suyas, obtuvo la plaza de profesor Escultor Anatómico de la Universidad de Barcelona y fue nombrado profesor de Modelado de lo Antiguo y Ropajes de la Escuela Especial de Escultura, Pintura y Grabado, e ingresó en 1888 en la madrileña Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Pedro Madrazo dijo de Samsó que -manejando el lápiz, el punzón y el martillo, tanto como estatutario, pintor, cincelador, dorador y orífice- triunfó en su parangón con las estatuas antiguas mejor decoradas.
Señala el antes mencionado doctor Díaz Quirós que el escultor encargó a su discípulo Juan Riera la madera de cedro que deseaba utilizar para tallar la imagen que presidiría la Basílica del Cueto (que así la llamaban algunos, por haber sido elegido el cerro de ese nombre para su construcción).
Como si fuese una obra inspirada en las pinturas del gran Rafael Sanzio (1483-1520) la imagen ha captado la atención de decenas de miles de fieles a lo largo de los ciento trece años que lleva presidiendo el presbiterio de la Real Basílica.
Primero estuvo colocada en el templete que coronaba el altar mayor, después de retirado éste la imagen fue situada en la parte alta del ábside, ante la vidriera central de las cinco que tiene el presbiterio y sobre el sitial central de la sillería.
Desde hace poco más de dos décadas se colocó sobre un pedestal pétreo rosáceo al lado de la Epístola, donde arranca el arco de entrada al presbiterio, de forma que quedó muy accesible a los fieles que visitan la Real Basílica de San María de Covadonga.
La elegante talla muestra ropajes de notable realismo y el tocado de la Virgen que cae sobre sus hombros realza su delicado rostro.
En la imagen sedente María rodea con su brazo izquierdo al Niño que sostiene sobre su regazo, mientras su mano derecha posa sobre su pierna derecha.
La Virgen inclina muy levemente la cabeza con la mirada baja, mientras su Hijo da la bendición mirando al frente.
La pedrería y perlas a lo largo de toda la cenefa que recorre los bordes de la capa y de la túnica del niño son muy destacables.
Parece que la talla tenía en sus orígenes un broche metálico con pedrería engastada en el cierre de la capa de la Virgen, sobre su pecho, sin que se sepa qué fue del mismo.
El trono sobre el que se asienta presenta en la parte trasera del respaldo una interesante decoración, con la pintura de un ángel orante en el cuerpo superior
Juan Samsó concluyó la imagen a mediados de 1908 y -antes de acudir a entregarla en Covadonga- falleció el día 14 de diciembre de ese mismo año.
De forma que la magnífica talla en madera de cedro, policromía, estofado y dorado, con aplicaciones metálicas, engaste de perlas y pedrería, se entregó al santuario de Covadonga en el año 1909 por los herederos de Samsó, el cual no llegó a verla entronizada.
La basílica del Real Sitio conserva del proyecto de Roberto Frassinelli y de Sanz y Forés la cripta, el pórtico principal de acceso y la disposición de la plaza con las almenas que la circundan.
Pues aunque hoy les parezca extraño el color original de la cubierta de las tres naves de la basílica era el gris, como lo siguen siendo los chapiteles de sus dos torres.
Las cubiertas pasaron al color rojizo como vemos en todas las fotos posteriores al cambio...
Este es el órgano que desde 1924 estuvo situado en el coro de la basílica,
hasta que se adquirió el nuevo en 2021
como "Vía Sacra"- desde la basílica a la Cueva.
Imprescindible era que una imagen de la Virgen presidiese el altar mayor, pero no debería ser una reproducción de la que se veneraba en la cercana Cueva, no fuese a parecer una duplicidad que le restase protagonismo.
Al iniciarse el año 1900 el encargo de la imagen se le hizo al escultor catalán Juan Samsó y Lengly.
parte baja de la vidriera vertical central
Bajo la mesa del altar se colocaron reliquias de san Basilio el Grande, san Atanasio, de san Melchor de Quirós (protomártir asturiano), de los mártires seminaristas (tres asesinados durante la Revolución de 1934 y otros seis durante la Guerra Civil), y algunas reliquias de san Pedro Poveda, fundador de la Institución Teresiana de enseñanza, el cual fue canónigo en Covadonga, cuyo asiento está a escasos tres metros de la urna que se sitúa bajo la mesa.
Una afortunada reproducción de la Cruz de la Victoria preside el presbiterio, como no podía ser de otra forma al tratarse de Covadonga
Detalle de la nueva iluminación estrenada el 23 de septiembre de 2019.
Cripta.-
El día 30 de julio de 1877 el Rey Alfonso XII -acompañado de su hermana Isabel, Princesa de Asturias- encendió el primer barreno que pondría en marcha el desmonte del cerro del Cueto y el vaciado del mismo para construir la cripta que ya se pensaba utilizar como sacristía del templo que hoy conocemos.
El gran órgano sinfónico de la basílica también celebra un especial cumpleaños en 2026 -con sus primeros veinticinco años- ya que fue bendecido en 2001, con motivo del primer centenario del templo que lo acoge, el cual vino a reemplazar al órgano de 1924 que estaba en el coro alto de la parte posterior del templo. El santuario tiene otros dos órganos, uno en la Colegiata de San Fernando -con dos siglos de vida- y otro en el presbiterio de la basílica, en el lado de la epístola.
Vivió Covadonga eclipses de todo tipo, con oscuros tiempos en los que sus horizontes parecían languidecer entre el Auseva y Priena, pero llevaba dentro de sí misma una semilla que resistió los siglos de silencio y abandono, la misma que en las conciencias atentas a su historia hizo que no pereciese la vida latente que portaba para que, en el futuro, brotase un sentimiento colectivo que fue contraste, estímulo y promesa.
El fecundo resurgir de Covadonga no ha sido una creación de la nada, porque nunca desapareció de la conciencia ni de la vivencia popular asturiana, ya que en cada época y en cada rincón se mantuvo vigente, como un rescoldo que acabó generando una llama para orientarse entre la niebla y la oscuridad.
La basílica desde la "Campanona"..
Y ya que mencionamos la enorme campana que llegó a Covadonga en los primeros años sesenta del siglo pasado, hagamos breve referencia a su historial. Fundida en Duro Felguera, pesa 4.000 kilos y mide tres metros de altura. Fue presentada en la Exposición Universal de París de 1900 y obtuvo el primer premio en su categoría y medalla de honor. El Conde Sizzo-Noris -al frente de esta gran metalúrgica asturiana- quiso llamar la atención en dicha exposición y buscó un artista experto que llevase el proyecto a buen término. El designado fue el italiano Francisco SaverioSortini, uno de los mejores escultores de la primera mitad del siglo XX. Dinero para pagar su trabajo no faltó, pues entre el conde y el que puso Luis González Herrero la empresa llegó a buen término y la enorme campana fue decorada con relieves del Juicio Final de la Divina Comedia de Dante, medallones con efigies de papas, escenas de las Cruzadas y de los Santos Lugares, varios misterios del Rosario, altorrelieves de imágenes, etc. Era el París que visitaron 50 millones de personas y que también celebró a la vez los Juegos de la II Olimpiada (como ocurrió en Sevilla y Barcelona, respectivamente, 92 años después) En el edificio o pabellón que representó a España se mostraba la campana, entre otras muchas muestras y reproducciones. En otro tiempo a la campanona se la hacía sonar para el rezo del ángelus y en momentos solemnes del primer santuario asturiano. Desde hace ya demasiados años se dan razones de diversa índole para intentar justificar su silencio y total abandono. Esperemos que su mudez no sea para siempre.
La verdad histórica de Covadonga se ha alejado ya -de una forma definitiva-de las nieblas provocadas por ciertas exageraciones desfiguradoras, nacidas de algunas crónicas llenas de candidez y tradiciones sin sustento documental ni real (o manipuladas por intereses espurios), tradiciones lastradas por la leyenda o por una credulidad romántica sin ningún fundamento, tantas veces confusa o deformante.
Aunque sigue habiendo posiciones vacilantes, la verdad esencial de Covadonga -desde su misteriosa hondura- se va perfilando dentro de una recuperación más consensuada, más próxima a una certeza casi perdida tras 1.300 años de historia.









































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