domingo, 13 de septiembre de 2026

Vuelta al cole, vuelta al cate. Por Monseñor Fray Jesús Sanz Montes O. F. M.

Ya hemos pasado páginas a este verano peleón con tantos sobresaltos de incendios por doquier, terremotos en Granada, invasiones en Ceuta. Pero se impone el regreso dentro de lo posible a una normalidad en nuestras agendas y quehaceres diarios. No en todos los lugares este regreso será fácil o inmediato, por lo que nos hacemos cargo de los distintos escenarios, y ofrecemos nuestro afecto, solidaridad y oraciones a los que tendrán que remontar su particular valle de lágrimas hasta esa altura donde el sol no es eclipsado.

Uno de los gestos que más nos llenan de alegría con la inevitable pizca de nostalgia, es ver a todos nuestros chavales que con sus mochilas o pequeñas maletinas de ruedas, se dirigen nuevamente a sus centros escolares. También ellos esperaban esta vuelta al colegio, reencontrarse con sus compañeros y amigos, subir curso con materias y profesores distintos. Habrán abierto ya los libros de las asignaturas que les esperan, tal vez habrán pasado por el rito de forrarlos como quien protege los secretos que poco a poco irán encontrando y desvelando.

Aunque a esa edad no hay perspectiva de largo recorrido, sino que se concentran los ojos en lo que inmediatamente se recuerda o lo que seguidamente se puede soñar, sin embargo, así se escribe con los renglones rectos o torcidos, con pulcritud o con algún borrón que otro, la historia inacabada de una joven biografía en esos niños y jóvenes que dilatan con su alegría nuestra esperanza en este mundo complejo y a veces contradictorio.

Pero la “vuelta al cole” no agota el recomienzo. En la comunidad cristiana también es tiempo de estreno. Las familias católicas desean que sus hijos sigan creciendo no sólo en sus cuerpos físicos con salud, ni sólo en sus conocimientos con la cultura aprendida en las aulas. Estos padres y madres miran a sus hijos también como cristianos a los que hay que acompañar para que aquello que tuvo comienzo en el día del bautismo, vaya paulatinamente madurando. Los padrinos pusieron voz a aquellos infantes, y su compromiso sostenía la voluntad de quienes todavía no podían asertar libremente las consecuencias de una vida cristiana. Es algo que siempre me impresiona cuando me toca bautizar a un bebé: los adultos presentes en la celebración bautismal, arropamos a ese pequeño, le deseamos lo mejor, rezamos por él a Dios y a la Virgen María, y nos anticipamos en su nombre para profesar en su nombre la fe de la Iglesia.

No se trata de una sustitución o de una imposición, sino simplemente desear con ese amoroso gesto que ese niño o niña reciba lo más y lo mejor que nosotros podemos brindarle. Por eso le vestimos y alimentamos, supliendo de momento sus gustos de ropa o sus preferencias de comida, pensando en ellos y en su bien. Exactamente igual que le ofrecemos también el anuncio de nuestra visión cristiana de la vida, hasta que llegando el momento ese bebé pueda asumirlo en la confirmación como adulto cristiano.

Por este motivo, hay también una “vuelta al cate”. La catequesis apropiada a su edad y a su itinerario cristiano también les aguarda. Allí les esperan igualmente los otros compañeros y amigos, los nuevos textos de formación religiosa, los catequistas y sacerdotes que los acompañarán. Es una alegría ver a nuestros niños y jóvenes volver a nuestras parroquias y colegios católicos para reemprender también ahí su catequesis que les permite seguir creciendo y madurando como cristianos. Porque el término educación se deriva del verbo latino “educere”, que significa acompañar en el camino, no eclipsar o secuestrar la libertad, sino sostenerla desde el afecto y la sabiduría de quien transmite los verdaderos valores que permiten a la otra persona crecer integralmente en su vida. Vuelta al cole y vuelta al cate: una alegría por este recomienzo que nos llena de esperanza.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

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