(Infovaticana) España conquistó su segundo Mundial tras imponerse por 1-0 a Argentina en la final disputada en Nueva Jersey este domingo. Ferran Torres marcó en la prórroga el gol que devolvió a la selección española a lo más alto del fútbol internacional dieciséis años después del título de Sudáfrica.
El triunfo cerró un campeonato en el que la fe volvió a hacerse visible sobre el terreno de juego. No como una iniciativa oficial de la FIFA ni como una identidad compartida por todos los participantes, sino mediante declaraciones, oraciones y gestos personales de futbolistas que no ocultaron sus convicciones religiosas ante las cámaras.
La fe dentro de la selección española
El vestuario español no es confesionalmente homogéneo. Lamine Yamal profesa el islam, otros jugadores no han hablado públicamente de sus creencias y algunos de los protagonistas de la segunda estrella han mostrado abiertamente su fe católica.
El caso más conocido es el de Luis de la Fuente, director técnico de la selección, que se ha definido como «católico practicante» y ha explicado que reza diariamente. Durante el Mundial aclaró que no pide a Dios ganar los partidos, sino que la oración le proporciona fortaleza, seguridad, calma y confianza.
«Rezo todos los días, pero no porque esté en un Mundial ni pretenda sacar un resultado», señaló el seleccionador, quien considera injusto pedir para sí una victoria frente a rivales que también pueden ser creyentes.
Ferran Torres, autor del gol decisivo contra Argentina, mostró durante la concentración las medallas que lleva bajo la camiseta. «Tengo la cruz y una Virgen. Creo que es algo que me da mucho apoyo, que me da tener muchísima fe y para mí es algo muy importante», explicó el delantero valenciano.
También Nico Williams expresó públicamente su confianza en Dios. Antes de la final difundió una fotografía arrodillado sobre el césped y señalando hacia el cielo, acompañada por la frase «God is great» —«Dios es grande»—. Su historia familiar mantiene, además, un vínculo estrecho con la Iglesia: sus padres, procedentes de Ghana, recibieron ayuda de Cáritas y del entonces sacerdote Iñaki Mardones cuando llegaron a Bilbao. El hermano mayor del futbolista recibió el nombre de Iñaki en agradecimiento a aquel sacerdote.
A estas expresiones se sumó el gesto de Mikel Merino tras marcar el gol de la victoria contra Portugal el 6 de julio. El navarro se colocó el pañuelo rojo y celebró el tanto con un «¡Viva San Fermín!», en referencia al patrón de Pamplona y a unas fiestas que comenzaban ese mismo día.
Estas manifestaciones no convierten a España en una selección confesional ni permiten atribuir el título a una intervención divina. Muestran, sencillamente, que algunos de sus principales protagonistas no consideran necesario esconder su fe en un ámbito sometido a una enorme exposición pública.
Oraciones entre adversarios
Las escenas religiosas no se limitaron al equipo campeón. En otro partidos, como entre Alemania y Curazao, varios jugadores de ambas selecciones se reunieron para rezar en el centro del campo.
Los alemanes Jonathan Tah y Felix Nmecha se sumaron a la oración de los jugadores caribeños tras un encuentro que había terminado con una amplia victoria germana. Nmecha explicó después que durante el partido eran rivales, pero que, una vez concluido, volvían a reconocerse como cristianos y hermanos.
«Todos creemos que Jesús es glorificado a través del juego y por eso rezamos juntos», afirmó.
La escena resultó especialmente significativa porque no se produjo después de una victoria equilibrada, sino tras una dura derrota de Curazao. La oración compartida no borró el resultado, pero mostró que la rivalidad deportiva no anulaba una fe común.
Los croatas Igor Matanović y Kristijan Jakić también hablaron abiertamente del catolicismo antes de su debut. Matanović aseguró que la oración le da fuerza porque siente que Dios lo escucha, mientras que Jakić sostuvo que la fe forma parte de la vida y de la identidad de la selección croata.
Otros jugadores del torneo, como el estadounidense Cristian Roldán, el mexicano Santiago Giménez, el portugués Cristiano Ronaldo o el francés Kylian Mbappé, han hablado igualmente de la oración, la Biblia y la gratitud a Dios como elementos presentes en sus carreras.
Argentina también llevó su fe a la final
La fe tampoco estuvo únicamente del lado español en el partido decisivo. Lionel Messi ha descrito en numerosas ocasiones su talento como un don recibido de Dios y acostumbra a señalar hacia el cielo después de marcar.
La selección argentina mantiene además una arraigada religiosidad popular. En su vestuario colocaron imágenes de la Virgen de Luján, del padre Pío y del papa Francisco, mientras que los botines de Messi fueron bendecidos en la basílica dedicada a la patrona de Argentina antes del torneo.
En una cultura que admite la exhibición pública de casi cualquier aspecto de la vida personal, pero observa con frecuencia la fe con incomodidad, el Mundial sí dejó un hecho relevante: en uno de los mayores espectáculos globales, numerosos futbolistas hablaron de Dios, rezaron con sus adversarios y llevaron signos religiosos sin relegarlos a la intimidad. Esa naturalidad no deja de ser significativa.

No hay comentarios:
Publicar un comentario