jueves, 4 de junio de 2026

Junio, en el Corazón de Jesús. Por Joaquín Manuel Serrano Vila

El calendario litúrgico de la Iglesia Católica reserva el mes de junio para una de las devociones más profundas, universales y arraigadas de la cristiandad: "el Sagrado Corazón de Jesús". Durante estos treinta días, la comunidad de fieles es invitada a apartar el ruido cotidiano y centrar su mirada en el misterio del amor divino, representado visualmente en ese corazón traspasado, coronado de espinas y encendido en llamas que simboliza la entrega absoluta de Jesucristo por la humanidad.

El origen de esta dedicación mensual se remonta al siglo XVII en Paray-le-Monial, Francia. Allí, una humilde religiosa de la Orden de la Visitación, Santa Margarita María Alacoque, recibió una serie de revelaciones místicas directas de Jesús. En estos encuentros, el Salvador le mostró su corazón y le manifestó la tristeza que sentía ante el desprecio, la indiferencia y la ingratitud de los hombres hacia su sacrificio. Jesús le pidió explícitamente la institución de una fiesta de desagravio y reparación. Aunque la devoción se propagó con rapidez, no fue hasta el año 1856 cuando el Papa Pío IX la extendió oficialmente a toda la Iglesia universal, fijando su festividad principal el viernes posterior al segundo domingo después de Pentecostés.

A nivel espiritual, junio no es simplemente un periodo de conmemoración histórica, sino una oportunidad de renovación interior. En la teología católica, el corazón no sólo representa el órgano físico, sino el centro del ser, la voluntad y los afectos más puros. El Sagrado Corazón es, por tanto, la manifestación visible de un Dios que no es lejano ni indiferente, sino que sufre con las debilidades humanas y ofrece un refugio incondicional de misericordia. Es una devoción que llama a la reciprocidad: responder al amor divino con amor humano a través de la oración, el perdón y la caridad hacia el prójimo. El Papa León XIV en el Ángelus del día 1 de enero hacía este bella reflexión: ''Dios, creador bueno, conoce desde siempre el corazón de María y el nuestro. Haciéndose hombre, Él nos da a conocer el suyo; por eso el corazón de Jesús late por todo hombre y toda mujer. Su corazón no es indiferente ante quien no tiene corazón para el prójimo: palpita por los justos, para que perseveren en su entrega; y por los injustos, para que cambien de vida y encuentren paz''.

Uno de los pilares que sostiene el fervor de este mes son las célebres "Doce Promesas" que Jesús confió a Santa Margarita María para todos aquellos que venerasen su Corazón. Entre estas gracias espirituales y temporales se encuentran la paz en los hogares, el consuelo en las aflicciones, el amparo seguro en la hora de la muerte y la bendición de los trabajos y empresas. Destaca de manera especial la gran promesa de los "Nueve Primeros Viernes", que asegura la gracia de la penitencia final y los sacramentos a quienes comulguen seguidamente durante nueve meses con espíritu de reparación. En la práctica, vivir el mes de junio bajo esta impronta implica gestos concretos de piedad popular y litúrgica. Muchas familias aprovechan este tiempo para realizar la "entronización", un acto que consiste en colocar una imagen o cuadro del Sagrado Corazón en el lugar principal de la casa, consagrando el hogar a su protección. Así mismo, las parroquias intensifican el rezo de la Novena. En un mundo marcado por las prisas y la fragmentación social, el mes del Sagrado Corazón se alza en junio como un recordatorio eterno de que la compasión, el sacrificio y el amor sin condiciones siguen siendo las fuerzas transformadoras capaces de sanar las heridas del corazón humano.

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