viernes, 4 de julio de 2014

La cristofobia que no cesa


Expresaba hace pocas semanas, exactamente el uno de junio, en el artículo titulado “La Iglesia, muñeco del pim-pam-pum”, mi temor a que las querellas entre los partidos “gauchistas” para alzarse con el santo y la limosna del electorado afín, acabara pagándolas la Iglesia.

Ni que hubiese tenido una bola de cristal de adivina de barraca de feria. Han pasado pocos días para que se inicie una competición de partidos y partiditos de este sector, a ver quien hace y dice la melonada más sonada contra símbolos cristianos y la propia Iglesia.

Empezó el minipartido valenciano Compromís (Compromiso), pidiendo la supresión del crucifijo de las dependencias del Hospital provincial de Castellón. No prosperó su despropósito, pero ahí quedó el escupitajo, para que conste.

Compromís es un aguerrido partidito toca narices de vitola comunista, como revela su nombre. Eso de compromiso y comprometido eran los eufemismos con que calificábamos, aquellos años, a artistas e “intelectuales” orgánicos del Partido y sus aledaños. Era una manera de entendernos sin ser descarados.

No es el único retoño que ha brotado del viejo tronco, ya decrépito, de la hoz y el martillo. Amaiur y sus mozos que andan todavía por el monte, no son otra cosa que gente del puño en alto, siempre amenazante y temible. Lo mismo que el exitoso rebrote llamado Podemos de Pablo Iglesias bis, que echa sermones redentores de los parias de la tierra en el muy proletario Hotel Ritz de Madrid.

A la iniciativa de Compromís para suprimir los crucifijos de los hospitales, se ha sumado rápidamente Izquierda Unida, es decir, el PCE de toda la vida aunque ahora lo disimule, no sea que le coman el terreno por la siniestra.

En esta competición a ver quién es el más gallito del barrio, como decía hace un mes, no podía faltar la comparsa (expresado en términos de la aljamía festera de Moros y Cristiano de Alcoy) del PSOE, para que no que no los acusen de derechosos. Y ahí tenemos al candidato a capitán general de las huestes fundadas por aquel otro Pablo Iglesias, el auténtico, el genuino, el Abuelo, un tal Pedro Sánchez, el “moderado”, anunciando que si gana denunciará el Concordato con la Santa Sede y suprimirá los privilegios de la Iglesia católica.

¿Qué privilegios, corazón? ¿El dar de comer diariamente por Cáritas y otras muchas instituciones católicas a cientos de miles de personas “descartadas” por la tremenda crisis económica provocada, principalmente, por su incompetente jefe de filas, Rodríguez Zapatero, desdicha de esta nación?

¿El ahorrar miles de millones de euros al erario público con los colegios concertados de las órdenes y congregaciones religiosas dedicadas a la enseñanza, o los colegios de “iniciativa social” pero ideario católico?

Querido Sánchez: esos privilegios están al alcance de cualquiera que tenga corazón y redaños para semejantes esfuerzo. ¿Por qué los socialistas, y los comunistas, no quieren subirse a ese carro privilegiado? ¿Por qué no montan comedores y centros para la “famélica legión”, ahora que hay tanta necesidad de ello? Claro que para eso hay que sudar la camiseta.

Te digo más, amado Sánchez: si estudiaras un poco de historia universal descubrirías que mientras vosotros, gobernantes y políticos, os dedicabais a pelearos unos con otros, a mantener de manera permanente el azote de la guerra, la Iglesia fundaba hospitales, atendía a enfermos y leprosos, abría los primeros centros psiquiátricos de los que se guarda memoria, enterraba a los muertos, creaba universidades, enseñaba a leer y escribir en las parroquias, y un larguísimo etcétera imposible de resumir en un simple artículo.

Si además viajaras, por ejemplo, a Estados Unidos -¡malditos yankis, siempre tienen que aparecer en la sopa!- acaso podrías averiguar que la universidad –creo que hay más de una- de dirección y gestión de hospitales más prestigiosa de USA, pertenece a las Hermanas del Caridad de San Vicente de Paúl.

Dos son las señas de identidad del actual izquierdismo español: la cristofobia y “lo” público. Aquello primero lo tienen como un muñeco maniqueo al que sacudir cada vez que quieren demostrar que son más “progres” que la madre que los parió. Lo segundo es su negocio particular lucrativo. Como han sido siempre incapaces de crear nada positivo ni productivo, se amorran a las ubres estatales para vivir opíparamente a costa del contribuyente. Mucho Estado, muchos servicios (¿) públicos, mucho funcionario improductivo a ser posible de su cuerda, muchos liberados sindicales, etc. En consecuencia, muchos más impuestos (¿todavía más?) y mucha menos libertad personal. Un negocio redondo. Se hacen con todo sin arriesgar un euro. Ahí lo vemos en las universidades públicas: modelo de enchufismo y vivero de indignados revolucionarios.

A la vista de este panorama tan inquietante, no es de extrañar que los viejos dirigentes del socialismo patrio, tal que Felipe González, Joaquín Leguina, Paco Vázquez y hasta Corcuera, estén muy alarmados por la deriva tremendista que registra el PSOE. José Luis Corcuera, el sindicalista, el ministro del Interior con Felipe González, el de “la patada a la puerta”, al que se tenía por rústico, dio una lección magistral de sentido común el martes, día 24, en el programa “El Cascabel” del canal 13 TV. Daba gusto oírle, ¿quién lo hubiera podido decir? Dejó boquiabiertos a los contertulios y a muchísimos veedores del programa. Prueba de que aún queda gente sensata en la izquierda española, sólo que se trata de una especie en proceso de extinción. Por la edad y el virus demagógico.

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