viernes, 11 de julio de 2014

Un ejemplo de pueblo. Por Rodrigo Huerta Migoya


En la mañana del pasado domingo del “Corpus”,  Lugones se despertaba deslumbrado por el colorido hermoso de la alfombra floral preparada y rematada por nuestras mujeres a lo largo de toda la noche. La labor realizada no es “moco de pavo”, fueron muchas horas de minucioso trabajo. Semanas enteras de recogida de flores, picado de verde, trazado de dibujos… horas y horas de entrega gratuita para algo destinado a ser pisado. Eso sí, no por un cualquiera, sino por el más grande de todos, por el mismísimo Señor.

Para que luego digan que las mujeres no pintan nada en la Iglesia, cuando fue sin duda el mismo Jesús en su tiempo quiso levantar y reconocer a la mujer del lugar dónde se encontraba relegada por aquella sociedad. Así lo vemos en los episodios de la mujer siriofenicia y los perros bajo la mesa, la pecadora que en casa de Simón le ungió los pies con perfume, la adultera que iba ser apedreada, la samaritana del pozo y otras tantas a lo largo del evangelio.

Nos levantamos algo cansados todos pues la víspera había sido una jornada muy intensa. Yo me apresuré a encender el ordenador y ver como estaba el Facebook, y, ¡sorpresa!: Todo el mundo se hacía eco de este espectáculo digno de ver y recomendaba a todos a acercarse hasta la iglesia. Entre las primeras fotos y comentarios me llamó la atención el de nuestro querido amigo Justo Roldán, que como siempre precisaba como nadie el contexto al decir: “Nunca seremos pueblo ejemplar, pero somos un ejemplo como pueblo”. Y, qué gran verdad. Puede que en las listas estemos los últimos, pero a la hora de la verdad, que satisfechos podemos estar de los avances que día a día hacemos por ser un gran pueblo sin necesidad de bambalinas.

En ello juega un papel esencial nuestra feligresía, que trata de encarnar las palabras del Papa Francisco: ``La Parroquia tiene que estar en contacto con los hogares y con la vida del pueblo, y no puede convertirse en una prolija estructura separada de la gente o en un grupo de selectos que se miran a sí mismos´´.Y es que está claro que todos tienen derecho de recibir el Evangelio, y los cristianos tienen la obligación, por su vocación, de anunciarlo sin excluir a nadie. Estas cosas y otras, grandes o pequeñas, que desde la Parroquia se llevan a cabo, no pretenden otra que atraer a aquellos que le han dado la espalda a la fe y a los que el Señor no se cansa de esperar como en la parábola del “Hijo Pródigo”. Y al tiempo, llenar de orgullo y satisfacción a los que vivimos con alegría y “obras” (que son “amores”) nuestra fe.

Sin ir más lejos, uno de los sacerdotes que acudió a la primera misa de nuestro querido Alejandro (y esto hay que contarlo) se le cayó al suelo la cartera al subirse al coche camino de Oviedo. No había aún llegado a casa cuando le llamaron para informarle de que la habían encontrado, recogido y llevado a la Comisaria con todo lo que tenía en su interior cuando le cayó. Este mismo cura, se acercó boquiabierto a la Parroquia para decirle a Don Joaquín: “¡esto sólo pasa en Lugones”!. Y es que este pueblo rompe todos los moldes y tenemos muchos motivos para sentirno orgullosos de él, pues: “somos su pueblo y ovejas de su rebaño” (Sal 79).

Rodrigo Huerta Migoya

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