domingo, 21 de junio de 2026

Evangelio Domingo XI del Tiempo Ordinario

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 10, 26-33

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay encubierto, que no llegue a descubrirse; ni nada hay escondido, que no llegue a saberse.

Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz, y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea.

No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la “gehenna”. ¿No se venden un par de gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo: valéis más vosotros que muchos gorriones.

A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos».

Palabra del Señor

La brisa Prevost. Por Monseñor Fray Jesús Sanz Montes O. F. M.

El milagro explosivo que ha suscitado el papa ha coincidido con una urgente necesidad que adolecíamos en este escenario mundial y nacional. Porque todos los envites y embates que nos asolan desde los tambores de guerra internacionalmente y desde la saturación de corrupción política con las gobernanzas mendaces, todos los desafíos que cultural y socialmente nos provocan, todas las crisis de tibieza o complejo eclesial que nos debilitan han puesto en evidencia la orfandad de nuestro momento. Pero esta situación ha sido sorprendida con algo de lo que sin saberlo quizás éramos mendigos. Ha sido la vivencia de una paternidad que nos abraza disipando nuestros miedos, habitando nuestras soledades, vendando nuestras heridas, iluminando nuestras oscuridades.

El estribillo constante ha sido volver a la comunión que nos une, esa fraternidad que tiene el referente siempre presente del Dios que nos hace hermanos. ¡Cuántas cosas nos enfrentan y nos desangran dejándonos tristes y haciéndonos estériles! Necesitamos el dulce reclamo de levantar puentes que abran el trasiego fraterno, y superar la vieja tentación de cavar las fronteras que nos enfrentan tan inútilmente.

Aunque es cierto que hubo tentativos de utilizar la visita papal como distracción por parte de algunos políticos aprovechando el tirón del Santo Padre para salir en la foto o deslizar sus fijaciones, quedó totalmente eclipsado el intento ante la evidencia palpable de lo que ha supuesto de grata sorpresa y saludable conmoción. La “brisa Prevost” fue un huracán de esperanza que nos ha ayudado a mirar sin claudicaciones la verdad, a abrazar humildemente la bondad y a no censurar la belleza que nos dilata alzando la mirada.

Ha sido ejemplar y especialmente generosa la actuación de la Guardia Civil, la Policía Nacional y las Policías Locales, con una amabilidad que por doquier se derrochaba. Cuando los obispos les agradecíamos a todos ellos la impagable labor que estaban realizando poniendo orden, coordinación y seguridad en unos eventos tan masivos, ellos declinaban cortésmente nuestra gratitud diciéndonos que lo hacían con sumo gusto y también ellos agradecidos por poder ayudarnos a todos. Y han sido cientos y cientos de pequeñas criaturas que le acercaban al papa para que les bendijese. Impresionaba como se ponía delante de ellos, los miraba y sonreía sin prisa, y luego les bendecía en sus frentes. Qué hermosa parábola del evangelio de la vida, cuando la infecundidad de tantas ideologías nos impone su fracaso estéril y vacío.

Ha sido una visita recíproca: el papa León XIV a España y nuestro pueblo fiel ha visitado también al Santo Padre. Así, emocionado nos dejaba esta despedida cariñosa: «Regreso a Roma conmovido por el gran afecto con el que me han recibido, y reconfortado por los testimonios de fe y de amor a la Iglesia, expresiones del gran corazón católico de España. Desde este puerto, que lleva el nombre de la Santa Cruz, mi pensamiento se extiende al mundo entero y a sus heridas, que hacen sufrir a pueblos enteros. A todos quisiera repetirles el lema de este viaje: ¡Alzad la mirada!... ¡Levantemos la mirada como lo hizo María, la Madre de todos los que sufren, y guiados por ella retomemos el camino con esperanza!».

Regresa el papa a su sede romana, nosotros quedamos aquí en nuestras encrucijadas. Tal y como decía el Santo Padre a un pequeño grupo de obispos ya en el aeropuerto: ahora nos toca a nosotros acompañar a los hermanos fructificando y profundizando lo mucho recibido en estos días verdaderamente intensos. Y es lo que pedimos al Buen Dios y a nuestra Madre la Virgen María, que sepamos entender cuanto se nos ha dicho y que hagamos con ello un precioso camino de bienaventuranza, y alzando la mirada, se llenen nuestras ciudades de alegría y nuestras comunidades cristianas de la esperanza que nunca defrauda.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

sábado, 20 de junio de 2026

Diez enseñanzas del Papa León XIV sobre el Sagrado Corazón de Jesús. Por José María Alsina Casanova

En su viaje a España, pero también antes, el Papa León ha señalado a menudo el Sagrado Corazón como guía para la vida cristiana.

En apenas un año de pontificado, León XIV en su magisterio ha recurrido en repetidas ocasiones a la imagen del Corazón de Jesús.

Para el Papa, el Corazón de Cristo es la respuesta a las heridas del hombre contemporáneo, el lugar donde se aprende la verdadera humanidad y el camino para reconstruir la unidad de la Iglesia y del mundo.

Además, el Pontífice ha querido recoger explícitamente la herencia espiritual de Francisco, recordando que su predecesor nos dejó, casi como un testamento, una hermosa encíclica sobre el Sagrado Corazón», la Dilexit Nos. (Mensaje a la Conferencia de Obispos de Francia con ocasión del centenario de la canonización de San Juan Eudes, San Juan María Vianney y Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz, 28 de mayo 2025).

Recogemos aquí diez textos significativos de su enseñanza que permiten trazar un auténtico decálogo de León XIV sobre el Corazón de Jesús.

1. El Corazón de Jesús, principio de unidad

En una época marcada por las divisiones y los enfrentamientos, León XIV presenta el Corazón de Cristo como el lugar donde nace la comunión auténtica entre los hombres.
«Reconciliados, unidos y transformados por el amor que brota abundantemente del Corazón de Cristo, caminemos juntos tras sus huellas, humildes y decididos, firmes en la fe y abiertos a todos en la caridad; llevemos al mundo la paz del Resucitado, con esa libertad que nace de sabernos amados, elegidos y enviados por el Padre». (Homilía de la misa de ordenaciones sacerdotales, 27 de junio de 2025)

2. Corazón de Jesús, escuela de verdadera humanidad

El Papa insiste en que el hombre sólo descubre plenamente quién es cuando entra en contacto con el amor del Corazón de Cristo. «Sólo en el Corazón de Jesús encontramos nuestra verdadera humanidad de hijos de Dios y de hermanos entre nosotros». (Mensaje para la Jornada Mundial de Oración por la Santificación de los Sacerdotes, 27 de junio de 2025)

3. La humildad del Corazón de Jesús

Frente a la autosuficiencia, León XIV recuerda aque el Corazón de Cristo sólo puede ser escuchado por quien sabe hacerse pequeño. «El Corazón de Jesús es humilde, y por eso no sienten sus latidos los “doctos”, los “sapientes”, es decir, aquellos que tienen la presunción de bastarse a sí mismos, de saberlo todo, de no necesitar ni a Dios ni a los demás. A estos, en efecto, aturdidos por los estruendos de un “yo” ampuloso, omnipresente y agitado, les falta el silencio necesario para escuchar en sí y en los hermanos el palpitar escondido del amor». (Homilía en la Misa en el Estadio de Gran Canaria, 11 de junio de 2026)

4. Un Corazón consolado por sus amigos

El sufrimiento de Cristo no fue indiferente para quienes le rodeaban. El Papa recuerda así el valor de la compasión y la cercanía al que sufre. «El Corazón de Cristo sufrió y fue traspasado por amor, y también fue confortado por personas compasivas que se acercaron a aliviar su dolor». (Encuentro con migrantes en el centro «Las Raíces», Tenerife, 12 de junio de 2026)

5. El Corazón de Jesús, corazón de la historia

Para León XIV, la historia humana sólo puede comprenderse plenamente desde el amor de Dios manifestado en Cristo.
«Es una gracia encontrarnos en el día en que el Corazón de Jesús se deja contemplar por nosotros como el corazón de la historia». Y añade: «Infinito es sobre todo el deseo que une el corazón de Dios a tantos corazones humanos, cuyas alegrías y esperanzas, tristezas y angustias encuentran eco en el corazón de la Iglesia». (Homilía en la Misa en el puerto de Santa Cruz de Tenerife, 12 de junio de 2026)

6. El Corazón de Cristo, corazón del Evangelio

El mensaje cristiano alcanza su centro en el amor de Cristo manifestado en su Corazón abierto. «Este es el corazón del Evangelio, el corazón de Cristo. Quien se sumerge en él ya no vive para sí mismo. ¡Abran a todos este mar de amor!». (Homilía en el puerto de Santa Cruz de Tenerife, 12 de junio de 2026)

7. Alzad la mirada al Corazón de Cristo

Ante las crisis y conflictos del mundo, el Papa invita a volver la mirada al Crucificado como fuente de reconciliación. «A todos quisiera repetirles el lema de este viaje: “¡Alzad la mirada!”. Sí, dirijamos la mirada a Cristo Crucificado; su Corazón es la fuente de la misericordia, la única que puede salvar a la humanidad necesitada de perdón y de reconciliación para alcanzar una paz verdadera y duradera». (Homilía en el puerto de Santa Cruz de Tenerife, 12 de junio de 2026)

8. El Corazón de Cristo, columna de fuego para la Iglesia

La Iglesia encuentra en el Corazón de Jesús la fuerza para atravesar las dificultades y afrontar los desafíos de cada época. «Porque la Iglesia que recibe el corazón de Cristo lleva consigo la columna de fuego que la guía, la sostiene, la defiende y la conforta, el equipaje necesario para afrontar cualquier reto». (Encuentro del Papa con los obispos españoles, en la sede de la Conferencia Episcopal, 8 de junio de 2026). En el escudo de León XIV hay un corazón, por la frase agustiniana «Has traspasado mi corazón con tu Palabra»... pero las llamas apuntan al Sagrado Corazón

9. El Sagrado Corazón, imagen perfecta del amor de Dios

León XIV resume en una sola frase toda la riqueza teológica de esta devoción tan arraigada en la tradición católica. «El Sagrado Corazón de Jesús es la imagen por excelencia del amor de Dios: un amor omnipotente precisamente porque es capaz de hacerse vulnerable, de cambiar el dolor en gracia, el sufrimiento en esperanza». (Mensaje para la Jornada Mundial de Oración por la Santificación de los Sacerdotes, 12 de junio de 2026)

10. Corazón de Jesús, fuente de santidad sacerdotal

La contemplación del Corazón de Cristo no sólo transforma a los fieles; también constituye el modelo de toda vida sacerdotal.
«Ese Corazón bendito, por tanto, es el “lugar” en el que la santidad se muestra como proximidad y ternura». Y concluye: «Una vida sacerdotal sólida y configurada con el Corazón de Jesús es signo creíble de unidad, de paz y de misericordia». (Mensaje para la Jornada Mundial de Oración por la Santificación de los Sacerdotes, 12 de junio de 2026)

«En el Papa reconocimos a un padre en cuyo mensaje recibes la esperanza que más te hace falta». Entrevista al Sr. Arzobispo de Oviedo

(Iglesia de Asturias) El pasado miércoles el Arzobispo de Oviedo, Mons. Jesús Sanz Montes, era entrevistado en La Mañana de Cope Asturias. Por su interés, reproducimos la entrevista:

Hemos escuchado en las últimas horas al Papa León XIV dar las gracias a los españoles por la acogida recibida en su paso por Madrid, por Barcelona y por Canarias. El Papa está impresionado y los españoles también. Todavía tenemos en la retina las imágenes para la historia que ha dejado la visita de León XIV a España. Han sido muchos los asturianos que han podido vivirlo en primera persona. Pero si hay alguien que ha seguido cada paso del Papa en esta visita es el arzobispo de Oviedo, Monseñor Jesús Sanz Montes. Don Jesús, buenos días.

Buenos días.

Han sido 2500 kilómetros, que son muchos, 2500 kilómetros entre Madrid, Barcelona y Canarias, que usted también ha hecho. El esfuerzo ha sido importante.

Sí, pero con los mismos medios que ha ido el Papa, que no lo hemos hecho caminando. Hemos visto al Papa como líder de masas, como un hombre cercano. Capaz de conectar con creyentes y no creyentes.

¿Usted cómo lo ha visto?

Lo he visto como una sorpresa imprevista porque teníamos interrogantes, no tanto por lo que nos podría decir el Papa, que no nos ha defraudado lógicamente, sino cuál podría ser la reacción, la receptividad, la acogida, en definitiva, por parte de España, en los que somos creyentes cristianos, en la gente que no lo es. Cómo sería esa recepción a una visita apostólica por una parte tan esperada, tan deseada, pero con no pocas incertidumbres.

La impresión que yo tengo es que de las orfandades que tenemos, que son varias, orfandades porque en el escenario internacional tenemos guerras muy preocupantes y en los episodios nacionales, con permiso de Galdós, pues tenemos también escenarios complejos. Donde estamos saturados de tanta corrupción, de tanta cloaca, de tanta saturación que nos cansa y nos harta. Entonces tenemos esa sensación de orfandad, como si no tuviéramos a quién mirar o un norte al que seguir caminando. Y de pronto, en medio de esta orfandad, emerge la figura de un padre en cuyas palabras te reconoces, en cuyo mensaje recibes la esperanza que más te hace falta. Ha habido como una correspondencia: mi orfandad con la paternidad que se me regala. Y entonces eso puede explicar el entusiasmo, el aplauso y la acogida de unos y otros en lo que el Papa ha dicho con sus textos y en lo que él ha manifestado con sus gestos.

Ha dicho muchas cosas el Papa en esta visita. En sus 23 intervenciones ha tenido muchas palabras, muchos mensajes. A usted ¿cuál le gustaría que perdurara?

Un estribillo de toda la herencia que nos deja es la invitación a la comunión, a la unidad y a una saludable y verdadera convivencia, porque el Papa estaba informado, hizo muestra de su conocimiento de España, de su historia, ya en la intervención que tuvo en el Palacio Real, donde estuve también allí presente, los de la Comisión Ejecutiva estábamos en la primera línea. Entonces, allí ya se vio precisamente que el Papa conoce nuestra historia, conoce nuestros intelectuales, nuestros poetas, también nuestras contradicciones.

En el Palacio Real, como después en el Parlamento, tuvo una serie de señalamientos, de indicaciones, de invitaciones, que no nos resultaban en ningún momento extraños, como diciendo, este hombre sabe de qué habla y sabe a quién se lo está diciendo: la unidad, la comunión, la convivencia, el superar las trincheras y el ser capaces de edificar puentes, llamándonos a esta especie de verdadera fraternidad, es uno de los constantes mensajes que él ha tenido por doquier.

Luego, dependiendo de cuál era el escenario, así hablaba. Una cosa fue el discurso a los jóvenes en Madrid o en Barcelona, en Montjuic. Otra, el mensaje a las familias en Cibeles. Otra también el momento mariano que hubo en Montserrat y también cuando ha estado en los escenarios más dolorosos, como han sido los centros de acogida y el centro penitenciario y, por supuesto, el escenario canario, que era, además de las familias en la última misa, el escenario de aquel puerto en Las Palmas de Gran Canaria con los emigrantes.

Me impresionó que no hubo respuesta que estuviera planteada de modo banal, superficial o frívolo y que todas esas respuestas que respondían a las inquietudes reales de las gentes. Cuando eres joven te preocupa tu trabajo, te preocupa tu inseguridad, pero también tus dudas, tus incertidumbres y las preguntas que hacían los jóvenes en Madrid y en Barcelona, algunas eran conmovedoras por la experiencia que había detrás, a pesar de la juventud de los que las presentaban. Y si las preguntas fueron realmente preciosas, dramáticamente preciosas en algún caso, las respuestas fueron realmente respuestas que no querían pasar por encima con una aportación piadosa, nada más, sino que ese toro lo cogió por sus cuernos y trató de profundizar con ellos en lo que ahí teníamos delante. No ha habido preguntas muy acuciantes, la chica que vio cómo el padre quería matar a la madre, cómo el padre va a la cárcel. Cómo la madre se refugia en las drogas y después ella es recogida por una familia que la acompaña y en la que pudo crecer y salvar su esperanza. Ante un cuadro así, tú no puedes decir un Ave María como diciendo, «Reza que eso te hará bien». Ciertamente que eso siempre hace bien, pero había que decir una palabra cuando ella se preguntaba «Dónde estaba Dios» cuando esto a mí me estaba sucediendo.

Los niños han sido una cosa también preciosa porque ha sido una especie de parábola muda, por donde se movía el Santo Padre había una madre o un padre con un crío casi recién nacido que le ofrecían para que lo bendijese. Yo, que en algunos casos estaba muy cerca, me daba cuenta de cómo el Papa se encaraba con el crío, pero mirándole de tú a tú, como diciendo «qué tal desde la última vez que nos hemos visto», como queriendo decir «somos amigos».

Yo decía que además de la excelente aportación por parte del Gobierno y de las Administraciones locales en torno al orden y a la seguridad que ha sido encomiable, también el Papa traía su propia seguridad, los guardias suizos, que es gente preparadísima, además de hacer esgrima, artes marciales, judo y toda su preparación, tiene que hacer una nueva especialidad que es levantamiento de niños, porque por donde se movía el Papa veías a los guardias suizos levantando niños con una soltura, les preguntamos a algunos y nos decían, es que somos padres, venimos ya entrenados de casa.

Pero vamos, es una parábola, una parábola muda, porque es común decir, hay caminos en esta sociedad que son estériles y hay caminos que tienen vida y por tanto futuro, porque es lo que representa un niño cuando te lo presentan delante para que lo bendigas. Bendices a esa criatura, por supuesto, pero bendices una historia todavía no escrita que tú quieres que se escriba bien, que sea gozosa, que haga bien al pequeñín. Queda bien aquí, a ese pequeño y según vaya creciendo.

Don Jesús ha estado en primera línea en nuestra visita del Papa y también ha tenido la oportunidad de hablar con él. ¿Le ha ofrecido venir a Asturias, a Covadonga, a ver a la Santina?

Bueno, tanto como que «está usted invitado a venir a Covadonga», en este caso no lo he hecho. Sí que le he preguntado si conocía Asturias y me dijo que sí. Vamos a ver de aquí a unos meses si tenemos en la agenda un Año Jubilar Compostelano y si viene finalmente a Santiago, cosa que no está todavía confirmada, no estamos tan lejos. A mí me encantaría que pudiera venir el Santo Padre, no solamente en el marco del Camino de Santiago, porque nosotros estamos en la cuna del Camino Primitivo, sino que también para ver a la Santina, que tiene una repercusión en la historia de España que vale la pena tenerla en consideración. Y ya veremos. Yo cuando estuve con el Papa, que pude estar en la Conferencia Episcopal con él, justamente después de su intervención en el Parlamento, le dije: «Santo Padre, yo trabajo para la Santa Sede en el tema de la cultura. Por ser el director del Departamento de Cultura en la Conferencia Episcopal Europea. Esto que usted ha dicho en nuestro Parlamento debe escucharse en Europa, lo que usted ha mencionado sobre la dignidad de las personas, de las leyes».

Tuvo una frase muy feliz el Papa cuando habló de que la ley no tiene su bondad en la aprobación de una mayoría que la apoya, sino si esa ley, tenga o no esa mayoría aprobatoria, se aviene con la dignidad del hombre, la dignidad de las personas, y si en ese examen puede salir sin avergonzarse, porque claro, como se le ha recordado a algún comentarista y algún político, la ley por la ley no te da la bondad de una legislación en curso.

De hecho, Adolf Hitler hizo su magnicidio nazi con la ley en la mano. Lo de Hitler era legal –inhumano, trágicamente inhumano– pero era legal. La ley por la ley no vale, tiene que ser una ley que tenga que ver con la dignidad de las personas y la libertad de los pueblos. Y esto lo dijo en el Parlamento y yo decía, «Santo Padre, esto sería estupendo que lo pudiera usted decir, o en Estrasburgo o en Bruselas». Y él decía, «Todo se andará, ojalá que así pueda ser».

En esta visita también hemos visto cómo representantes de todas las fuerzas políticas de todas las instituciones han participado en los actos organizados con motivo de la visita del Papa. Viendo ese respeto que ha habido hacia la Iglesia en estos días que ha estado en León XIV en España, ¿a usted le gustaría que también se pudiera recuperar la unidad en Asturias, que todas las fuerzas políticas o que todas las instituciones pudieran estar representados en Covadonga, que llevamos dos años donde hay representantes institucionales que se han distanciado?

Sí, tanto en Covadonga como en tantos otros escenarios. ¿Por qué ha habido esta confluencia? Porque el Papa ha puesto el dedo en una serie de temas y de valores que son fácilmente compartibles. Deberían serlo, al menos. Claro, si tú hablas de la paz, no simplemente hablas de un armisticio, hablas de la paz. La paz, que es el fruto de un diálogo, el diálogo que es fruto de una mirada a la humanidad, una mirada serena al bien de un pueblo, al bien de una comunidad. Si tú hablas de la familia y explicas el derecho que tienen los padres a educar a sus hijos según sus convicciones, si tú hablas de esta serie de valores, por lo menos el respeto te lleva a aplaudir. O al menos a respetar, y es lo que se escenificó en el Parlamento. Ahora bien, hay otros temas, juntamente con estos que acabo de señalar, donde no siempre tenemos la misma visualización. Nosotros nunca hacemos –lo he repetido muchas veces– política. Mi clave nunca ha sido política ni puede serlo, es una clave moral, una clave moral que responde a estos valores, que tiene que ver con la verdad, que tiene que ver con la bondad, con la justicia, con la paz, con el diálogo, con la convivencia serena y, por tanto, todo lo que sea mentira, todo lo que sea bazofia, todo lo que sea enfrentamiento, división, pues eso no nos ayuda a crecer a nadie. Entonces, un escenario en donde, como sucedió en el Parlamento, la gente aplaude en su inmensísima mayoría, o por lo menos respeta, porque reconoce que ahí hay valores que son muy respetables. Ya me gustaría que esto se diera no solamente en el Parlamento de Madrid, sino también aquí en Asturias y en el mundo entero. Sería un desiderato muy atractivo.

Nos decía el Papa ya al final, cuando estaba a punto de subirse al Falcon, que nos ha dejado una tarea a los Obispos. «Ahora tenéis que llevarla adelante, ayudar a vuestro pueblo a asimilarla y a ver la tarea. Ahora la tenéis vosotros». A ver cómo sale.

viernes, 19 de junio de 2026

Fiestas de San Juan el Real de Oviedo


Saciar la sed con polvorones. Por Jorge González Guadalix

(De profesión cura) Increíble lo del papa en España. Las cosas como son. Hartitos estamos de decir eso de que España ha dejado de ser católica, los jóvenes no quieren saber nada con la Iglesia, la gente ya no viene a misa. Lo de siempre, seamos claros.

Llega el papa León a Madrid y, sorprendentemente, o quizá no tanto, resulta que hay católicos, que la gente acude a la llamada del papa. Los jóvenes pasan de todo. O no. Depende. Porque esos supuestos pasotas de hoy se convirtieron en 600.000 jóvenes que clavaron sus rodillas en el suelo ante el Santísimo. El papa fue muy claro. Habló de Cristo, de Dios, de comprometer la vida, de no tener miedo -cuántos buenos recuerdos de san Juan Pablo II-, de vida religiosa, de fundar una familia. Y los jóvenes ahí estaban.

Llegó la misa del domingo. 1.500.000 fieles. Impactante: silencio, oración, adoración al Santísimo. El papa reivindicando nuestras raíces de fe, la adoración, la caridad. Y la gente acudió.

Liturgia solemnísima, música impresionante, todo cuidado. Allí se respiraba a Dios. Y esos católicos, aparentemente desencantados, aburridos, desertores de la Iglesia de sus padres, acudieron y se redescubrieron.

Mi alma está sedienta de ti como tierra reseca, agostada, sin agua. Hay mucha sed de Dios, mucha sed del agua viva que colme un corazón reseco, deshidratado. Tanto, que bastó una llamada del santo padre, para que acudieran en masa. Nuestra gente está sedienta de trascendencia, belleza, espiritualidad. Sedienta de Dios.

No me valen las disculpas de siempre que desprecian todo lo vivido junto al papa León con esa vieja cantinela de que luego no van a misa el domingo. Yo no digo que España sea tierra de santos de altar, sino que somos una nación católica por historia, tradición, cultura y forma de ver la vida. Pecadores, eso sí. Claro que muchos de los que estaban junto al papa no irán a misa el domingo, evidente. Y habrá quienes vivan en pareja sin vínculo sacramental, y mentirosos, ladrones y embaucadores. Pecadores, sí. Pero católicos. Más de los que nos quieren hacer creer.

Tendremos que preguntarnos por qué, si somos católicos, nuestros templos están vacíos. Nos preocupan los jóvenes y ofrecemos, demasiadas veces, en lugar del Dios vivo y verdadero, talleres de reciclaje, cursos de monitor de tiempo libre, experiencia solidaria, liturgia sencilla -o cutre, según-, poco rezo y mucha marcha. Y no vienen.

Los templos vacíos. Normal. Templos cerrados, liturgia de salir al paso, primeras comuniones de chiste, funerales con el difunto en el cielo, moral descafeinada y un tirar resignados a que esto no tiene remedio.

Llega el papa, habla directamente de Cristo, coloca el Santísimo, la gente se echa al suelo de rodillas en medio Madrid, viven, vibran y redescubren el gozo y el orgullo de ser católicos.

Sí. Sed de Dios como tierra reseca, agostada, sin agua. Y cuando llegan a nuestros templos, a nuestras tan sabidas y sinodales ocurrencias, en lugar de agua viva reciben un puñado de polvo y nada en la boca, aderezado con un par de polvorones de Estepa. Y no vuelven. Normal.

jueves, 18 de junio de 2026

Únete al Equipo de Pastoral de la Salud de nuestra Parroquia

Estimado/a hermano/a en la fe:

Desde el Grupo de Pastoral de la Salud de nuestra comunidad parroquial, queremos invitarte a formar parte de nuestro equipo. Somos un grupo de la Parroquia dedicado a llevar el amor, la compañía y el consuelo de Cristo a los enfermos, ancianos y personas solas y vulnerables de nuestro entorno.

Sabemos que en nuestra comunidad hay muchas personas que sufren una terrible soledad, dolor físico o aislamiento. Como cristianos, estamos llamados a ser las manos y el corazón de Jesús para ellos. Tu tiempo y tu disposición, por pequeños que parezcan, pueden hacer una diferencia inmensa en la vida de quienes más lo necesitan. 

¿Qué hacemos en la Pastoral de la Salud?

Visitas fraternas: 
Acompañamiento y escucha activa a enfermos en sus domicilios o en residencias de ancianos locales.

Acompañamiento espiritual: 
Acercar los sacramentos (Confesión y Comunión, Unción de Enfermos) a quienes no pueden asistir al templo.

Apoyo a cuidadores: 
Brindar un respiro y apoyo emocional a los familiares que cuidan de sus seres queridos.

Oración y formación: 
Nos reunimos periódicamente para orar por los enfermos y organizar nuestras actividades.

Participar en este ministerio no solo es una oportunidad para servir, sino también una hermosa manera de crecer de manera propia espiritualmente y experimentar la gracia de Dios en el rostro de quien sufre.

Nos encantaría contar contigo para esta misión. Si deseas más información, tienes alguna duda o te gustaría sumarte a este equipo, te invitamos a:

Acercarte a nosotros al finalizar la Misa dominical.

Puedes contactar también directamente con las Hermanas del Santo Ángel

O darnos tus ideas o sugerencias... Ya estamos preparando la programación para el próximo curso

Agradecemos de antemano tu generosidad y tu espíritu de servicio. 

Que el Señor te bendiga abundantemente y María, Salud de los Enfermos, te cubra con su manto.

Fraternalmente en Cristo,

Equipo de Pastoral de la Salud de la Parroquia de San Félix de Lugones