miércoles, 21 de febrero de 2024

Un encuentro para atraerlos y kerigmatizarlos a todos: el primer anuncio en 15 claves

(Rel./ Pablo J. Ginés) Kerigma: es ese primer anuncio del Evangelio que asombra a los hombres y les hace enamorarse de Jesús o, al menos, les intriga y fascina. Dice que Dios te ama, que se ha hecho hombre en Cristo, que murió por ti para salvarte de la muerte y del pecado, y que te da poder del Espíritu Santo, vida nueva en la tierra y vida eterna en el Cielo.

Cuando el kerigma se proclama con fuerza, muchos corazones se abren, quieren saber más de Jesús, preguntan "¿eso como se hace?" (o al menos "¿esto de qué va?") y los cristianos ya pueden responder "venid y veréis" e invitar a una comunidad, un discipulado o una catequesis.

La persona fascinada por Cristo mediante el kerigma, enamorada por Cristo, quiere saber más de Él: empieza a seguirle, y si se forma con doctrina, liturgia y ejemplo se convierte en un discípulo. El fútbol, las teleseries, la política... quizá todo eso le sigue gustando, pero ahora le parece mucho menos interesante que Cristo y su obra.

La Iglesia española se quiere kerigmatizar

Del 16 al 18 de febrero se ha celebrado en Madrid un Encuentro de Laicos sobre el Primer Anuncio, convocado por Conferencia Episcopal. Cada obispo español se esforzó por enviar al menos media docena de laicos (y algún clérigo) al encuentro, y así se juntaron unas 700 personas. La mayoría de estos laicos venía de ambientes diocesanos de Apostolado Seglar y de Acción Católica, pero otros llegaban de todo tipo de ambientes eclesiales.

El encuentro buscaba "kerigmatizarles", es decir, dejar claro que el kerigma no es una manía de tal o cual movimiento o método de evangelización.

Durante décadas, hubo movimientos eclesiales insistiendo en evangelizar con el kerigma: Cursillos, el Camino Neocatecumenal y la Renovación Carismática serían los más extendidos.

En los últimos 15 años en España se difundieron más y más "métodos" de kerigma: Alpha, Seminarios de Vida en el Espíritu, Effetá y Retiros de Emaús, en buena parte Proyecto Amor Conyugal... las parroquias que los probaban notaban que la parroquia empezaba a renovarse y avivar fieles y atraer alejados.

Ahora, no son sólo los promotores de métodos ni de movimientos los que insisten que el motor que empieza a renovarlo todo es el kerigma, sino que lo es la Conferencia Episcopal (a través de los convocantes, su Comisión de Laicos y su Comisión de Evangelización): este era un encuentro para "atraerlos y kerigmatizarlos a todos" (parafraseando un famoso poema), para hacer entender a los católicos activos que el kerigma es prioritario (y otras muchas cosas no lo son).

El kerigma no es cosa de "los raritos esos que evangelizan": el kerigma es la clave para dar vida a toda la Iglesia y hacerla evangelizadora y audaz.
Tras tres días de encuentros, tres personas prepararon un largo documento (14 páginas) a partir de lo escuchado en las sesiones, los pasillos y los grupos pequeños llamados "paradas". Los encargados de la síntesis fueron:

- Un sacerdote, Jesús Úbeda Moreno, responsable de Primer Anuncio en la diócesis de Getafe, e implicado en este departamento en Conferencia Episcopal; conoce de cerca la espiritualidad de Renovación Carismática y de Comunión y Liberación; como párroco del pueblo de San Martín de la Vega ha visto que los métodos de kerigma avivaban su parroquia, acompañando luego a los conversos y creando una intensa comunidad parroquial fraterna (lo ha podido contar en 2023 en el congreso Transforma, en Alicante, y el Inspira en Barcelona. 

- Jorge Botana Lagaron, ligado al mundo educativo y la congregación de Jesús-María, miembro del Consejo Asesor de Laicos de la Conferencia Episcopal y de Misión Compartida en la CONFER (la confederación española de congregaciones religiosas), aporta una visión desde el ámbito de esas congregaciones;

- Eva Fernández Mateo, diplomada en enfermería, casada, natural de la archidiócesis de Santiago de Compostela, reelegida en 2022 presidenta de Acción Católica General, elegida en 2023 coordinadora internacional de Acción Católica, participó en el Sínodo de la Sinodalidad en Roma.

Su texto, dicen, "son claves que hemos visto entre todos, a lo largo del proceso y, en particular, en las paradas". Los tres aseguran que Conferencia Episcopal, con la Comisión de Laicos y la de Evangelización, promueve "crear las estructuras adecuadas que permitan potenciar el primer anuncio y convertirlo, verdaderamente, en el centro de nuestra acción pastoral".

Con el documento, aseguran, "buscamos proponer, no pautar; alentar a cumplir con la misión que cada uno ha recibido de su realidad eclesial, no darnos un itinerario completamente marcado".

Su documento de 14 páginas puede ser largo y un poco farragoso para muchos lectores, pero tiene muchas ideas interesantes que marcan por dónde puede ir una Iglesia que no se desanima y quiere evangelizar.

En ReL seleccionamos para nuestros lectores las 15 ideas más relevantes:

1 - El kerigma o primer anuncio es una prioridad

"...interiorizar la importancia de que cada uno de nosotros, como bautizados, veamos en el primer anuncio una prioridad"

2 - Es Jesús quien nos lo pide

"Estamos realizando el encargo de nuestro Maestro: “Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado” (Mt 28, 19-20)".

3 - El primer anuncio ayuda al evangelizador a crecer en santidad

"El primer anuncio no es sólo para el otro, es también para nosotros mismos. Es el lugar concreto donde Cristo quiere construir mi vida, donde quiere hacerme suyo. Si nos saltamos eso, nos saltamos a Cristo. En definitiva, en el primer anuncio nos jugamos nuestra santidad personal".

4 - Requiere fuego del Espíritu Santo

"Para anunciar a Jesucristo se necesita una fuerte motivación, aunque ninguna es suficiente “si no arde en los corazones el fuego del Espíritu. En definitiva, una evangelización con espíritu es una evangelización con Espíritu Santo, ya que Él es el alma de la Iglesia evangelizadora” (EG 261)".

5 - Hay que cambiar la pastoral ordinaria para que haga primer anuncio

"Resulta imprescindible integrar el primer anuncio en la pastoral ordinaria. Ello exige cambiar mentalidades en lo personal, lo pastoral y lo estructural".

6 - Hay palabras que los cristianos maduros deberán conocer

"No hay recetas universalmente válidas ni fórmulas mágicas, pero sí palabras clave que nos marcan el camino de forma cada vez más clara y concreta: Espíritu Santo, conversión personal y comunitaria, vida de oración, llamada, servicio, comunidad, corresponsabilidad, renovación pastoral, madurez laical, acogida, escucha, discernimiento, acompañamiento, parroquia, testimonio, alegría, envío, esperanza, para hoy, para todos…".

7 - El kerigma empieza con los que tenemos más cerca

"El Primer Anuncio empieza en nuestro metro cuadrado más cercano: familia, compañeros de trabajo, vecinos; todas las personas que pasan a nuestro lado, sin distinción, ni exclusiones pueden recibir el anuncio y descubrir el kerigma".

8 - Cada persona tiene su ritmo para acoger el mensaje

"Cada uno tiene una historia que hay que respetar y acompañar (personas en búsqueda, con fuertes deseos de verdad, otras quizás marcadas por heridas o que han crecido en contextos no creyentes) y todos necesitan sus tiempos. Por ello, como actitudes necesarias a la hora de poner en práctica el primer anuncio no nos pueden faltar la alegría, la acogida, la esperanza, la valentía, la gratuidad o la humildad, y la mirada contemplativa y misericordiosa".

9 - Catequesis más kerigmática, el kerigma va antes

"Es necesario conectar catequesis con primer anuncio, en un doble sentido: de un lado, dar un carácter más kerigmático a nuestros procesos catequéticos; de otro, cambiar la inercia de muchos años de una Iglesia que pone el énfasis en la administración de los sacramentos, a una Iglesia evangelizadora, centrada en el primer anuncio, en la que la recepción de los sacramentos sea una consecuencia de ese primer anuncio y no una rutina pastoral".

10 - Requiere ardor, fervor y conversión

"Uno de los desafíos más importantes: cómo hacer para que cada uno de los bautizados pueda vivir su vocación a la santidad y la misión con el ardor y el fervor que da el Espíritu Santo. Sin conversión (personal y comunitaria) no hay conversación que toque los corazones".

11 - Menos prudencia, más audacia, romper inercias

"La conversión misionera a la que estamos llamados nos exige romper muros, inercias, costumbres, seguridades, explorar nuevos espacios, promover (en palabras del Papa Francisco) la cultura del encuentro. También reclama de toda la comunidad cristiana una buena dosis de imaginación, creatividad y audacia; nos sobra prudencia y nos falta una buena dosis de audacia".

12 - Tras el kerigma ofrecemos acompañamiento

"Si ayudamos a quienes están a nuestro lado a nacer a la fe pero no les acompañamos, no les integramos en la comunidad, no fomentamos su formación y no les animamos a ser testigos ellos mismos, estamos dejándolos, en cierto sentido, huérfanos. Tenemos métodos, y funcionan. Estamos empezando a crear estructuras y espacios de primer anuncio que están dando fruto. Pero necesitamos avanzar para dar la importancia que merecen al acompañamiento y al proceso de discipulado".

[...] Acompañamiento (cercanía), procesos formativos (formación), presencia en la vida pública (testimonio) han de partir y deben dirigirse a la misión de anunciar a Jesucristo. [...] El primer anuncio no funciona sin acompañamiento. Efectivamente, el primer anuncio tenemos que hacerlo nosotros, pero conduce a la comunidad. Tras el primer anuncio ha de haber un primer acompañamiento".

13 - Formarse, sí, pero sin paralizarse

"No podemos esperar a estar completamente formados para empezar a anunciar. Siempre seremos discípulos, pero siempre hemos de ser también misioneros".

14 - Lo que ha de ser una parroquia

"La comunidad –y, especialmente, la parroquia– ha de verse como espacio necesario para el primer anuncio, como comunidad de acogida y acompañamiento, como centro de formación y como fuente de envío para la misión".

15 - Transformarnos en una Iglesia evangelizadora

"La conversión a la que nos lleva el primer anuncio nos ha de transformar en una Iglesia en misión, que sale a las periferias de nuestro mundo, que hace presente el Reino de Dios en una sociedad llena de dolor y sufrimiento y necesitada de la esperanza y salvación que solo Cristo puede ofrecer. Anunciar a Jesucristo es cambiar vidas, porque Jesucristo nos enseña el arte de vivir".

Entre la mano derecha, la izquierda, la lámpara y el celemín. Por Jorge González Guadalix

(De profesión cura) Contaban ese chiste, perdón por la broma, en el que un apóstol, tras escuchar al Maestro eso de que “dentro de poco me veréis y luego no me veréis", le respondió: “lo que más me gusta es lo bien que te explicas". Complicado el evangelio.

Acabamos de escuchar ayer en el evangelio que hay que dar limosna discretamente, rezar en tu cuarto que está en lo escondido y ayunar en secreto. Comprendido. Pero el caso es que también uno puede leer en el mismo evangelio “brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos".

Menudo dilema, porque resulta que si doy limosna discretamente, rezo en mi cuarto y disimulo el ayuno, soy una lámpara escondida debajo del celemín. Y si salgo del celemín para colocar las buenas obras en el candelero, entonces dónde se me queda lo de la mano derecha y la izquierda.

Siempre corremos el peligro de polarizarnos y así sacar las cosas de quicio. Algunos, con la apuesta por la discreción, son firmes partidarios de ocultar la identidad católica. Nada de carteles confesionales, nada de expresiones públicas de fe, nada de contar lo maravillosos que somos y cómo nos entregamos a los pobres. Esta es la apuesta del laicismo más radical, y que afectaría sobre todo a los católicos, que quizá somos los más molestos. Sinceramente pienso que esta apuesta va directamente en contra con el mandato de ser sal y luz y llevar el evangelio a todas partes.

El otro extremo es igualmente preocupante. Pasarnos todo el día en la calle, en el candelero, bombardeando por activa, pasiva, perifrástica y rimbombante la vida de la Iglesia, con procesiones un día sí y otro también, expresiones públicas de fe y merchandising profesional tampoco es lo nuestro.

A todos los niveles habrá que buscar el punto medio. Quizá la clave esté en que se muestren las acciones de la Iglesia, tanto de culto como de caridad, procurando que lo que aparezca sean las cosas de todos y para gloria de Dios. El gran peligro, porque no es fácil deslindar y porque la tentación de contar qué bueno es uno está presente, es que lo que mostremos sean las cosas que hace el P. Fulano, la reverenda Mengana, los líos del cura de Braojos, servidor de ustedes, y la gran obra de las señoras del ropero de santa Társila. Tenemos el reto de conseguir que lo que brille sea la luz de Cristo y no la nuestra propia.

Lo que sí debe quedar claro es que la obra social del P. Fulano, por encima de todo, es obra evangelizadora de la Iglesia, que la carida de la reverenda Mengana es la caridad de Cristo a través de la Iglesia, que lo que se haga en Braojos es ministerio pastoral de la Iglesia, y que las señoras del ropero lo que hacen lo hacen por amor a Cristo. Por eso, cuando veo organizaciones de Iglesia que de alguna manera escamotean su identidad, me parece que nos estamos equivocando.

Cristo tiene que crecer y nosotros, como Juan Bautista, menguar. Pero si Cristo no crece con nuestras buenas obras, es que algo estamos haciendo muy mal. Y para nosotros, los que andamos en estos líos, que nos ayude a comprender que quien tiene que estar en el candelero alumbrando es Cristo, y que lo único que nos interesa es que la gente se encuentre con Él y acuda a su Iglesia.

martes, 20 de febrero de 2024

40 ideas «exitosas» para una buena Cuaresma: «detente» cinco veces al día y no olvides ver La Pasión

(Rel.) ¿Sientes que tu vida descarrila por momentos? ¿necesitas un cambio de rumbo radical? La Cuaresma viene en ayuda de los cristianos, para poner de nuevo en el centro lo más importante. Un tiempo de preparación para vivir la pasión de Jesús, y que nos devuelve a la intimidad con Dios.

La página Integrated Catholic Life enumera 40 consejos para seguir durante la Cuaresma. Cuarenta ideas sencillas y prácticas que pueden traer un cambio duradero a nuestra vida. Esta lista se basa en el libro de Marcellino D'Ambrosio Cuarenta días, cuarenta maneras: una nueva mirada a Cuaresma (Siervo, 2014).

Cuarenta ayudas para vivir una buena Cuaresma:

1. Reserva 30 minutos para rezar al principios de la Cuaresma y pide la fuerza del Espíritu Santo. Si necesitas levantarte temprano o quedarte despierto hasta tarde para tener 30 minutos de tranquilidad, ¡hazlo! Apaga el teléfono y el ordenador. No lo pospongas y no permitas interrupciones.

2. Asiste a Misa diaria durante la Cuaresma.

3. Si no puedes ir a Misa diaria, ve a Misa los viernes y los domingos. Quizá puedas ir una o dos veces más durante la Cuaresma.

4. Pasa al menos 30 minutos en adoración, al menos una vez a la semana. No tiene por qué ser frente al Santísimo, pero es mucho más poderoso.

5. Recupera la tradición de realizar visitas frecuentes al Santísimo durante la semana, aunque sea sólo cinco minutos.

6. Si no puede ir a Misa diaria, lee las lecturas del día. Durante las temporadas especiales como la Cuaresma, las lecturas constituyen un fantástico estudio bíblico.

7. Es bueno confesarse al menos una vez durante el tiempo de Cuaresma después de hacer un buen examen de conciencia.

8. Además de la penitencia, cumple las condiciones necesarias para una indulgencia plenaria.

9. Pasa tus primeros 15 minutos del día agradeciendo a Dios por el regalo de la vida y ofrécele tu día.

10. Lee algo de la Biblia todos los días.

11. Reza la Liturgia de las Horas durante la Cuaresma.

12. La oración es como respirar: hay que hacerlo continuamente. Pero, a veces es necesario hacer una pausa y respirar profundamente. Planifica un retiro. Podría ser simplemente de medio día, en la naturaleza o en una iglesia. Trata de ceñirte a las Escrituras, la liturgia y guardar silencio tanto como puedas. Al final del retiro, escribe lo que el Espíritu Santo te haya dicho.

13. Haz el Vía Crucis cada viernes, ya sea con un grupo o tú solo. Si tienes hijos, llévalos.

14. Adquiere el hábito de detenerse al menos cinco veces al día, de elevar el corazón y decir una breve oración como "Jesús, te amo" o "Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador" o "Señor, lo ofrezco por ti".

15. Reza los Misterios Dolorosos del Rosario con frecuencia, especialmente todos los viernes y miércoles. Los misterios gloriosos son especialmente apropiados los domingos. Los misterios alegres y luminosos son perfectos en otros días.

16. Utiliza el Rosario de las Escrituras, que te proporciona un versículo de las Escrituras para recitar entre cada Ave María. Esto hará que sea más fácil meditar sobre los misterios.

17. Si nunca has hecho un rosario familiar, comienza a hacerlo el viernes o el domingo.

18. Reza cada día durante la Cuaresma por las intenciones y la salud del Papa.

19. Reza cada día por tu obispo y por todos los obispos de la Iglesia Católica.

20. Reza por tus sacerdotes y diáconos y por todos los sacerdotes y diáconos.

21. Reza por los millones de cristianos que sufren persecución en varios países musulmanes y comunistas de todo el mundo, como Somalia, Nigeria, Siria, Irak, Indonesia, China, Vietnam y Corea del Norte. Reza por todas las personas que sufren discriminación por cualquier motivo.

22. Reza por la unidad de los cristianos, para que haya un solo rebaño y un solo pastor.

23. Reza por la evangelización de todos aquellos que aún no han escuchado y aceptado la Buena Nueva de Jesús.

24. Aquí tienes una gran idea para la Cuaresma: reza por tus enemigos. De hecho, piensa en la persona que más te ha herido o que más te molesta y dedica varios minutos cada día a agradecer a Dios por esa persona y pedirle que la bendiga.

25. Reza por el fin del aborto, y por las mujeres embarazadas que lo contemplan.

26. Reza durante la Cuaresma por países en dificultades como Afganistán, Siria, Irak, Ucrania, Tierra Santa y otros lugares.

27. Reza por el fin de la pena de muerte, por los condenados y por las familias de las víctimas de asesinato.

28. Encuentra una forma de ayuno cuaresmal. Algunos ayunan a pan y agua los miércoles y viernes. Otros ayunan sin consumir dulces o alcohol durante la Cuaresma. Algunos ayunan uno o más días a la semana, desde el desayuno hasta la cena, pasando la hora del almuerzo en oración o en la misa del mediodía. El dinero ahorrado debe donarse a algún apostolado o centro al servicio de los pobres física o espiritualmente.

29. Conoce a los Padres de la Iglesia y lee textos de ellos junto con las Escrituras.

30. Busca una biografía de un santo que te atraiga especialmente y léela durante el tiempo de Cuaresma. Si nunca la has leído, la novela histórica de Mark Twain sobre Santa Juana de Arco es fantástica.

31. En lugar de ver vídeos de entretenimiento, prueba con vídeos que enriquezcan tu vida espiritual.

32. Vuelve a centrarte en la persona de Jesús y lee todo lo que puedas sobre Él.

33. Encuentra un centro para personas sin hogar, un comedor o una casa para embarazos en riesgo y trabaja como voluntario durante algún tiempo de la Cuaresma.

34. Visita a alguien en una residencia de ancianos, en el hospital o enfermo en casa. Para así amar a Jesús a través de la persona que sufre.

35. ¿Hay alguna persona viuda o divorciada viviendo en tu barrio? Si es así, sería una gran idea invitar a esa persona a tu casa a cenar o tomar un café.

36. Vuelve a ver La Pasión de Cristo, de Mel Gibson.

37. Invita a tu casa a ver esta película a gente cuya fe es más bien nominal, o que no practica tu fe, o que no profesa la fe cristiana en absoluto.

38. Si estás casado, sería una excelente idea de Cuaresma pasar un tiempo especial y concentrado con tu cónyuge, fortaleciendo tu matrimonio. Reza con él o con ella de forma frecuente.

39. Dedica un tiempo importante a cada uno de tus hijos, hermanos o padres. Ya sea escuchar, rezar o incluso divertirte con ellos. La santidad no debe ser triste.

40. Cuando llegue la Pascua, ¡no abandones estas ideas y practícalas! ¡Hazlas una característica permanente de una vida cristiana más profunda y rica!

Dios quiere salvarnos: Cuaresma, tiempo de conversión. Por Ricardo Mur Saura

No podremos desarrollar nuestros músculos si vamos siempre en taxi. Ni llegaremos a conocer la montaña, disfrutar de su limpia atmósfera o contemplar sus hermosas vistas, mientras no hayamos conseguido escalarla palmo a palmo.

La facilidad nos hace perezosos, nos vuelve caprichosos, superficiales, ligeros y consumistas. La Cuaresma es una llamada a coger el camino del esfuerzo, el camino de la superación personal. Es una invitación a dar jaque mate a la comodidad: menos descanso y más ocupación; menos sillón y más tajo; menos calle y más lectura; menos televisión y más oración; menos pantallas y más trato personal. Hay que utilizar más la mente, las manos, los codos y el corazón si queremos crecer como personas y como cristianos.

La Cuaresma es tiempo para recordar que somos amados por Dios. Él nos ha creado, nos ha llamado a la vida y nos mantiene en ella. Nos conoce a cada uno por nuestro nombre y apellidos. Piensa en nosotros, nos mira, consuela, ayuda y protege. Nos ama con nuestras cualidades y defectos; cuando hacemos el bien y cuando pecamos de egoísmo. Nos ama siempre y nos acompaña en todo momento.

Es algo tan maravilloso que muchos no se atreven a creerlo: no somos nosotros los que hemos amado a Dios, sino que en realidad Él nos amó primero, hasta hacerse como nosotros y dar su vida por nosotros.

AYUNO GRATO A LOS OJOS DE DIOS

Desde antiguo se ha dicho que la Cuaresma es tiempo de ayuno. Pero Dios no quiere una simple abstención de ciertos alimentos, Él desea un ayuno que nos libere de nuestras esclavitudes y pecados.

Si nos privamos de un plato de carne, pero no del rencor o del deseo de venganza, nos habremos quedado en la superficie del ayuno. Si damos una limosna, pero no sacamos del corazón el egoísmo, la soberbia, o el rencor, tampoco habremos progresado gran cosa.

Dios quiere que cambiemos, que mejoremos por dentro. Los gestos exteriores (privarnos de algo material) nos pueden ayudar a recordar eso, y fortalecen nuestra voluntad para cambiar nuestras actitudes negativas; porque si no somos capaces de privarnos de una cosa, que puede ser relativamente fácil, ¿cómo vamos a ser capaces de privarnos de nuestras inclinaciones negativas, que es mucho más difícil?

Desde el principio los cristianos entendieron que el ayuno, el verdadero ayuno, es un signo de amor, un signo de solidaridad con los pobres. Por eso, el alimento que el día de ayuno ellos no tomaban se lo daban a los necesitados. Por tanto, para un cristiano, ayunar significa pensar en los demás.

MIÉRCOLES DE CENIZA

¿A qué os suena este día? Tal vez un día un tanto gris, como teñido por la ceniza que se impone sobre nuestras cabezas … y a lo mejor, hasta hemos pensado que es un día de tristeza, porque el sacerdote nos decía eso tan serio: «Polvo eres, y en polvo te has de convertir». Aunque ahora diga: «Convertíos y creed en el Evangelio». No, hombre, no. Yo al menos no lo creo así.

Jesús, ante todo, quiere que seamos felices, que vivamos cada día más felices. Y este es un día muy especial. Cristo nos invita a convertirnos y a vivir. Hoy Jesús nos invita a que le acompañemos en un viaje de cuarenta días y para este viaje, que va a ser duro, hemos de ir preparados de forma adecuada.

Son necesarias estas cosas:

*La conversión: amar a todos más.

*El ayuno: desligarnos de todo lo que nos ata.

*La oración: charla muy a menudo con Jesús.

*El servicio: disponibilidad para entregarnos.

¿Estamos dispuestos? Pues, ¡adelante …!

lunes, 19 de febrero de 2024

''Nefarious''. Por Jorge Juan Fernández Sangrador

Hoy es el primer domingo de Cuaresma. En la Misa se leerá el fragmento evangélico de las tentaciones diabólicas que padeció Jesús en el desierto. Es por ello por lo que creo que, para un católico, puede ser de interés el que vea la película que está actualmente en las salas de cine: «Nefarious. Cuando habla el diablo».

Tal vez no reciba ningún premio por ser un film en el que se desarrolla un tema de carácter religioso, aunque lo merece, pues el guion y los actores, sobre todo los principales, que son dos, logran captar la atención del espectador, sin que decaiga ni un instante, en la hora y treinta y siete minutos que dura la película. A los que han hecho el doblaje al español habría que otorgarles una mención especial en algún festival de ese ramo por la calidad de su trabajo.

Digo que a un católico puede resultarle de interés el verla, ya que, en el coloquio entre un preso y un psiquiatra, van saliendo, muy bien entrelazadas, diferentes cuestiones de la dogmática cristiana: Dios Padre, Cristo, la creación, las creaturas, el pecado, el mal, el dolor, la muerte, la culpa, la condenación, la redención, la fe, la no fe, las posibilidades de la razón humana, la gracia, la biblia, el evangelio y la vida eterna.

Se verá que siempre está de fondo la incredulidad humana, a la que también puede sucumbir un sacerdote, respecto a las realidades que nos sobrepasan y que no apreciamos inmediatamente con los ojos o que no somos capaces de reconocer valiéndonos de los recursos de nuestra inteligencia, que se complace en reposar sólo sobre datos aparentemente constatables.

El psiquiatra es, por supuesto, jactanciosamente ateo. Hasta que alguien del inframundo, en este caso Nefarious, le revela con insidiosa puntería cuáles son los males morales que hay en su vida. Se trata, en realidad, de un descenso momentáneo, no como el de los condenados eternamente, sino como el de Dante Alighieri, hasta el último círculo del infierno, en donde, tras contemplar, cara a cara, la faz inabarcable del Mal, con mayúscula, cabe, con la ayuda de la gracia de Dios, iniciar el camino que conduce al Paraíso.

Porque, mientras hay vida, hay esperanza, como le sucedió, en la “Divina Comedia”, a Bonconte de Montefeltro, quien, antes de emitir el último hálito de su existencia en el campo de batalla, la invocación del nombre de María, la Virgen, y una lágrima de arrepentimiento impidieron que fuera atrapado por las garras de los seres infernales:

«Allí donde el nombre le resulta ya inútil llegué yo, herido en la garganta, huyendo a pie y ensangrentando la llanura. Allí perdí la vista, pronuncié como última palabra el nombre de María, allí caí y allí quedó mi cuerpo abandonado. Te diré la verdad y tú la repetirás entre los vivos: el ángel de Dios me acogió y el del infierno gritaba: “¡Oh, tú, el del cielo! ¿Por qué me privas de él? Te llevas lo eterno suyo por una lagrimita que me lo arrebata» (Canto 5 del Purgatorio).

Confíe, pues, el que haya estado alejado de Dios, negándolo, ignorándolo u ofendiéndolo, en que una sola «lagrimita» de devoto arrepentimiento y un grito de sincera súplica dirigido a Él pidiendo su auxilio puedan abrirle, en el último trance, las puertas del Paraíso. «Lavant aquae, lavant lacrimae».

En la película se cita una frase en latín y no se da razón de su procedencia. Es del evangelio. Sale de la boca del endemoniado de Gerasa: «Me llamo Legión, porque somos muchos». Y, al final, unas palabras en arameo: «Mene, Tekel Uparsim». Son del libro bíblico de Daniel. Un dedo las escribió en la pared del palacio del rey Baltasar de Babilonia durante un banquete, en el que los comensales usaban, para beber, los vasos sagrados del templo de Jerusalén. Significan «Contado, Pesado y Dividido».

El claretiano Darrin Merlino, que aparece en la película haciendo de guardia, fue el asesor teológico, si bien el guion se corresponde con el argumento de la novela “A Nefarious Plot”, de Steve Deace. Y el obispo José Ignacio Munilla, que, en una de sus intervenciones radiofónicas, ha recomendado, al igual que el exorcista de nuestra diócesis, verla, la ha calificado de «un gol al demonio».

La Nueva España, domingo 18 de febrero de 2024, p. 24

Jesús Sanz, arzobispo de Oviedo: «La ideología de género ha penetrado en la Iglesia»

(El Debate) Es una de las voces más valientes del episcopado español, lo que le vale no pocos ataques y campañas de desprestigio por parte de políticos, instituciones e incluso medios pretendidamente católicos. Sin embargo, nunca habla de nada sin llevarlo antes a la oración y sin pensar en el bien de los fieles. Porque si algo le preocupa a monseñor Jesús Sanz, arzobispo de Oviedo, es «no traicionar el mensaje de Cristo, la Buena Nueva de su Evangelio, y lo que la tradición del cristianismo ha defendido siempre».

–Hoy vivimos tiempos convulsos. ¿Qué aspectos le preocupan más de la situación actual de España?

–La lista es muy amplia, pero en este momento, la crispación social, que es una mala compañía para la convivencia deseable.

–¿Y a qué cree que se debe esta crispación?

–Hoy hay caminos políticos, culturales y mediáticos, que intentan reescribir la historia que no sucedió. La reescriben, la tergiversan y la banalizan o la demonizan. Y eso, como consecuencia, hace que se reabran heridas que generosamente estaban cerradas y se declaren ataques y guerras que estaban ya superadas. En esto hay una intencionalidad ideológica, no una búsqueda del bien común. Y cuando hablo de la ideología me refiero a varias que están en curso, y todas ellas, por lo que tienen de reducción, de censura, de marginación, van en contra de aquellos o de aquello que pueda presentar una discreta resistencia, como por ejemplo la Iglesia. Hoy, ves que van claudicando, uno tras otro, estamentos, instituciones y personas ante la asechanza de la ideología de turno. Y cuando alguna parte de la Iglesia dice: «No, yo no voy a jugar a esto, yo me rebelo contra esto, yo desmantelo esto, yo señalo esto como torticero o como mendaz», entonces tienen en ti, no solamente un adversario, que eso sería razonable, sino un enemigo a censurar, a ridiculizar y si es posible, destruir.

–Asegura que «parte de la Iglesia» es capaz de levantar la voz. Otra parte no lo hace. ¿Hay miedo, o incluso connivencia, dentro de la propia Iglesia a la hora de levantar la voz ante ciertos ataques ideológicos?

–Tanto como connivencia, yo no me atrevería a decir. Pero evidentemente sí que produce respeto. Cuando tú tienes las muescas en tu propia piel de lo que supone salir a la palestra, puedes entender que haya personas que sean más fuertes y otras que no lo seamos y nos cuidemos de no salir a la liza porque sabes cuáles van a ser las consecuencias. Otros, sin embargo, son más valientes, más libres, y nos miramos en ellos para aprender un poco lo que debería ser la Iglesia. Eso sí: el silencio yo lo distingo siempre del mutismo. Porque el silencio, o una palabra discreta que en un momento cabe decir, viene dictado por la prudencia. Pero el mutismo siempre nace de la cobardía. Una cosa es que tú estés silencioso, porque analizando las cosas, dices «mejor que en este momento me calle», y eso sería sabio, a que, ni en este momento, ni en ningún otro, hable por la que me puede venir luego. Eso es sencillamente claudicación. Una cosa es ser prudente y otra cosa es el cobarde.

–Dice que hoy vivimos una época de gran confusión antropológica. ¿Esa confusión ha penetrado también en la Iglesia?

–Sin duda. La ideología de género ha penetrado en la Iglesia. La confusión antropológica que tiene que ver con la relación hombre y mujer, con la verdad del varón, con la verdad de la mujer, y con la pedagogía de dejar a los niños crecer sanamente sin redirigirlos para que puedan afiliarse a tu antropología perversa... Todo eso ha penetrado en la Iglesia. Lo vemos cuando en los colegios, en la docencia e incluso en la catequesis, hay expresiones y gestos en los que se reconoce una ambigüedad o, claramente, una claudicación. Y hay que estar muy atentos, porque podemos estar hablando de los temas a los que nos arrastran, para que no hablemos de lo que verdaderamente vale la pena. Esa es una manera de traicionar el mensaje de Cristo, la Buena Nueva de su Evangelio, y lo que la tradición del cristianismo ha defendido siempre. Hoy, si tú no hablas con la jerga de la ideología de género, si no mencionas el cambio climático, si no llevas el pin y la agenda 2030 en las entrañas, parece que estás en otro mundo y te arrinconan. Bueno, pues: ni pin, ni agenda, ni cambio climático, ni ideología de género. Y, por tanto, a los colectivos que todo esto lo jalean y lo defiendan, y además te lo imponen, y si no lo aceptas te quitan la subvención que nunca te han dado, tendremos que decirles de alguna manera, con silencio y con palabra, nunca con mutismo y con ausencia, que, al menos algunos, a esto no nos prestamos.

–Fiducia Suplicans, ¿entraría dentro de este ámbito de la confusión?

–Entra, entra.
–Solo unas semanas antes de Fiducia Suplicans, hubo otro documento de Doctrina de la Fe que establecía que las personas transexuales que hayan recibido un tratamiento hormonal, podrán ser bautizadas. Pero, ¿cómo se las bautizará: según el sexo con el que nacieron, o con el que se han inscrito en el registro tras la intervención hormonal o quirúrgica?

–Pues esa es la cuestión. Esto es a lo que me refiero cuando hablo de confusión ambigua y extraña, en la que la imagen y semejanza del hombre y de la mujer se intenta rehacer y reescribir. Hoy no solo se reescriben las historias de guerras ganadas o guerras perdidas: se reescribe también el proyecto originario. Porque la vieja y única tentación del hombre es querer ser como Dios. Y el pecado personal no es más que el torpe comentario de esa vieja y única tentación: querer ser como Dios. Este planteamiento del transexualismo está indicando que yo quiero crear al hombre, como lo creó Dios. Y, por tanto, me permito crearlo o recrearlo según mi propuesta ideológica. El Dicasterio de Doctrina de la Fe no aclara este punto, y, por tanto, deja la puerta abierta, con una dosis notable de ambigüedad, para que alguien tenga después que decir «sí» o «no». En las iglesias particulares somos los obispos los que tenemos esta responsabilidad. Antes citabas Fiducia Suplicans, que a veces es Fiducia complicans. Y los obispos tendremos que hacer todo este recorrido sin saberte con la certidumbre y el apoyo de que, por encima de tu ministerio local, alguien te está sosteniendo, iluminando, acompañando. Y a veces tienes que tomar tú una decisión con una especie de intemperie, en la que este tipo de documentos extraños se están y se siguen publicando.

–Esto abre la puerta a que haya distinto trato a los fieles, según estén en distintas diócesis, e incluso en la misma diócesis, según las diferentes parroquias. ¿Señalar estos aspectos es criticar al Papa Francisco?

–No. Al Papa Francisco le respetamos siempre. Es el sucesor de Pedro. Y como él sabe y quiere distinguir entre lo que dice el Papa Francisco y lo que dice Jorge Mario Bergoglio, entonces a veces no es clara la diferencia. Pero salva siempre que Jorge Mario Bergoglio es el sucesor de Pedro, el Apóstol, y el obispo de Roma. Y, por tanto, lo que dice el Papa en un acto magisterial, viene siempre respetado. Otra cosa es que volviendo en un avión se permita un comentario, o al final de una audiencia haga un chascarrillo. Y él tiene un temperamento que es propicio a ello, como cuando estás con él personalmente. La última vez así sucedió: a mí me vio y me dijo «Hoy has venido sin el hábito. Tú eres franciscano, vente siempre con el hábito. ¿Qué tal va por Oviedo?». Eso no es magisterio del sucesor de Pedro, es simplemente una amable manera de saludarte, de bromear contigo. Así que a veces el Papa no habla realmente como Papa. Incluso en las encíclicas que él ha publicado, y que tenemos que aceptar, luego hay cuestiones que es necesario matizar, como hace él mismo o sus colaboradores más inmediatos. Claro, veníamos de un pontificado anterior, el de Benedicto XVI, que era de una precisión teológica y de una profundidad que no hay que exigir a todo el mundo. Tampoco la tenía su predecesor inmediato, san Juan Pablo II. Y eso no lo hace ni mejor ni peor. Lo hace distinto. San Juan Pablo II fue como fue, Benedicto fue como fue, y Francisco es como es.

¿Qué actitud tenemos que tomar los católicos de a pie en estos momentos en los que unos obispos dicen una cosa, y otros la contraria?

–No estamos ante un bazar en el que se nos está vendiendo la última novedad, sino que estamos ante una historia que es de salvación y que tiene 2.000 años de andadura. Hay suficiente magisterio, suficiente enseñanza, suficiente testimonio, como para poder decir «sé lo que es verdad y sé lo que es ambiguo, lo que es extraño o lo que es confuso». Así que teniendo detrás nada menos que la altura de 2.000 años, que nos contemplan historias de santidad, de martirio, de grandes pastores, de grandes doctores, de excelentes papas y obispos, tenemos suficiente bagaje como para decir «No me voy a confundir con la confusión reinante; no me voy a deprimir con la tristeza que a veces nos rodea, sino que sé de Quién me he fiado y sé quién me puede acompañar».

–¿Hay algo que no le haya preguntado y que usted quiera contar?

–De qué equipo soy. Y soy del Atlético de Madrid (ríe). Que me encanta la montaña y ser muy agradecido a las personas que Dios me ha dado como amigos. Amigos que son amigos para que yo pueda llegar a mi destino último, que es la santidad.

Test episcopal de El Debate

–¿Cada cuánto se confiesa?
–Cada 15 días. Me confesé ayer, pero no para venir a la entrevista.

–¿Qué aficiones tiene?
–La música, la literatura, me encantan los amigos y, por tanto, ir a cenar con una familia conocida o con un sacerdote amigo me relaja inmensamente y me enriquece sobremanera. Y también leo El Debate. Es una cosa extraordinaria.

–¿Tuvo novia?
–Tuve novia.

–¿Y qué ocurrió?
–Tuve que decirle lo que había. Que yo tenía una cuestión pendiente y que no tomaba esta opción contra ella. Pero si yo me hubiera autocensurado, sencillamente la habría engañado a ella y me habría hecho daño a mí. Entonces, porque quieres a esa persona, te tomas las cosas en serio y no das un paso, con un resbalón subsiguiente, que termina por ser un desconcierto.

–¿Qué es lo mejor de ser sacerdote?
–Saberte que eres otro Cristo. Que tú no actúas con una palabra que nace de ti y que tiene tu ingenio. Tú tampoco repartes una genialidad que tiene tu medida, sino que eres portavoz de una palabra más grande y portador de una gracia que tú no has hecho. Y esta es la misión ministerial de todo sacerdote: ser portavoz de la Palabra y portador de la gracia. Eso cada día lo experimentas justamente en el ejercicio del ministerio.

–¿Y lo peor de ser obispo?
–¡Son tantos los escenarios! El encontrarte con las penurias de la humanidad para las que no tienes respuesta; que se te clavan las miradas de la gente diciendo «dinos algo». La situación de cansancio en los sacerdotes, cuando un sacerdote se quema justamente por una entrega desmedida y no sabes cómo levantarlo, curarlo y devolverle la alegría. Los niños, cuando tú ves en sus ojitos que no tienen esperanza, los ancianos que viven con resquemor, las familias que se rompen, las injerencias que hay por parte de las instituciones políticas y culturales donde te tratan de censurar todo cuanto puedes decir…

–¿A qué santo le tiene particular devoción?
–San Francisco de Asís. Inequívocamente.

–¿Quién le transmitió la fe?
–Mi madre y mi abuela paterna. Los demás también, pero sobre todo estas dos figuras, que están muy vinculadas al comienzo de mi camino cristiano. La abuela fue muy importante.

–¿Cuál es la comida favorita de su diócesis?
–La fabada, siempre y cuando no te la pongan todos los días, porque si no, es peligrosísimo. Asturias se caracteriza por tener una gastronomía exquisita: carnes, pescados, mariscos, y todo tipo de legumbre y verduras. El problema es que tienes que elegir y cuando no eliges, engordas, creces a lo ancho.

domingo, 18 de febrero de 2024

''Jesús al desierto''. Por Joaquín Manuel Serrano Vila

La palabra de Dios en este primer domingo cuaresmal quiere ser una interpelación del sentido de este Tiempo, que no podemos perder de vista ni en estos cuarenta días, ni a lo largo del año, ni de nuestra vida. Y es que la Cuaresma es en cierto modo una llamada al combate: ¿contra quién luchamos? Pues contra el mal, pero no en alguien físico, sino lo que es más complejo y exigente, y es que hemos de empezar luchando contra el mal que hay en nosotros mismos y que quizás ni vemos, pues lo hemos integrado como parte de nuestra personalidad, costumbres o rutinas. La Cuaresma y la Pascua son un antes y un después, y deberían de serlo en mi estilo de vida, de forma que en estos cuarenta días logre sacar de ella todo aquello que me aleja de Dios y de los demás, de manera que no sólo viva en gracia la Semana Santa, sino que realmente la Pascua próxima para la que nos preparamos sea renacer a una vida nueva, como así experimentarán los catecúmenos que en estas semanas dan los últimos pasos para el bautismo. 

En el evangelio hemos escuchado cómo ''el Espíritu empujó a Jesús al desierto'', como así hemos sentido nosotros este Miércoles de Ceniza al empezar este tiempo de gracia en el que entramos de lleno ante lo que nos sobrepasa. Y es que Jesucristo no fue al desierto únicamente a pasar hambre porque sí; o a ser tentado por el maligno porque le pareciera divertido verse al filo de la navaja; en realidad Cristo se adentra en aquella primera experiencia para aumentar su mística y perfeccionar su ascesis. Y a eso es a lo que entramos como un entrenamiento de perfección también nosotros en el silencio cuaresmal, para ser más místicos, que no significa ser ñoños o levitar, sino ser sensibles a la gratuidad de la gracia, viendo que se nos regala un don de lo alto que nos desbarda, y es que Dios nos ama sin límite alguno. Ese es un místico de verdad: el que ha descubierto que Dios es amor. Y por otro lado, se nos presenta la ascética, que supone poder acoger en mí el amor del Señor prescindiendo de lo superfluo. Por eso la Cuaresma debe ser un tiempo de mucha confesión, de pedir perdón y dirección espiritual, de hacer a diario examen de conciencia, buscando todo aquello que mancha mi alma y mi corazón, y que debería superar de una vez. Para ser santos -y ese es el camino marcado- necesitamos mística y ascesis, dejarnos amar por Dios y luchar en todo momento contra el pecado. Esto se nos plantea como un itinerario de conversión, pues esa es nuestra meta: ser santos, y si no es así, estamos perdiendo totalmente el tiempo: ¿Para qué quiere una parroquia tener párroco; para que nos diga que sí a todo; para que me diga mi misa a la hora que quiero como un mero funcionario de lo sagrado, o para que me facilite el camino hacia el cielo? El sacerdote está en la parroquia para celebrar la eucaristía y los sacramentos, para atender a los enfermos y necesitados, pero en realidad la misión es sólo una: mostrar el camino por dónde se va a Jesús. 

El evangelista que nos acompaña este año es San Marcos, que como veréis los que recordéis los evangelios de este mismo domingo en otros años es mucho más breve, dado que San Mateo y San Lucas nos cuentan todo ese diálogo entre Cristo y el demonio con las famosas tres tentaciones. En este pasaje tan sólo se nos dice: ''Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás''. Claro, el Hijo de Dios fue tentado porque se dejó tentar, porque quiso hacerse uno de nosotros, hasta el punto de asemejarse en todo a excepción del pecado. Vivimos en un mundo donde el mal campa a sus anchas y, sin embargo, nunca ha sido tan negada y omitida la existencia del demonio. Ese que no sólo nos tienta, sino que incluso nos susurra como tentar a más personas. El hecho de Jesucristo entrando al desierto y rebajándose a tener que lidiar con el maligno, cuando no le era necesario, es una muestra de amor inefable hacia nosotros, pues quiso pasar por esa realidad, no sólo para conocer lo que sentimos nosotros al ser tentados, sino especialmente para marcarnos cómo debemos plantar cara a esos cantos de sirena y hacernos sentir llamados a algo mucho más grande. 

Concluye el evangelio con las palabras con las que se nos ha impuesto la ceniza hace unos días: ''convertíos y creed en el Evangelio''. No veamos la Cuaresma como un tiempo lúgubre o triste; nada de eso, debemos hacer un esfuerzo es sonreír haciendo caso al consejo que el Señor nos regalaba en el evangelio del miércoles: ''Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará''. Que no se nos ponga mala cara por ayunar, por rascarnos el bolsillo con las limosnas, ni por rezar más de lo habitual... La Cuaresma es un tiempo bueno, es como un noviazgo; hemos de vivir estas semanas con intensidad y cuidado, pues lo que se avecina es aún mejor. Termino con un detalle bellísimo del evangelio de hoy cuando nos dice: ''vivía entre alimañas, y los ángeles le servían''.. ¿Quiénes son a mi alrededor las alimañas y quiénes son ángeles?... Y más importante aún: ¿soy yo alimaña o ángel visible para los demás?. ¡Feliz y Santa Cuaresma!