miércoles, 11 de marzo de 2026

No juguemos con el sacerdocio ministerial. Por Jorge González Guadalix

(De profesión cura) Empezando por Alemania y siguiendo por la sinodalidad sinodalizada. La cosa, como dirían mis paisanos, no pinta bien y a ver qué sale de lo que sale y de lo que se pretende que salga lanzando globos sonda y matices matizables.

Preguntas que uno se hace:

Si el sacerdote es un hombre de Dios o un delegado de la comunidad, es decir, si es Dios quien lo instituye o la comunidad la que lo crea.

Si el oficio de gobernar va unido al sacramento o es mera delegación del delegado del papa en la diócesis.

Si como consecuencia de esto la pastoral va a depender de unos consejos pastorales formados muy mayoritariamente por laicos, consultivos según derecho, pero decisorios en la práctica real.

Si abundando en todo esto se pretende fiscalizar el ministerio del obispo a través de grupos auditores de su oficio.

Si no estaremos incluso relativizando la sacramentalidad y el oficio propio introduciendo cada vez más celebraciones de la Palabra presididas por laicos, que van siendo, en casos, responsables directos de la parroquia.

A cuento de qué viene encontrarte en documentación eclesial propuestas como volver a dejar el seminario para vivir en comunidades del tipo que sea.

O tener que leer artículos en páginas con respaldo diocesano afirmando que es el momento de ir abriendo camino al diaconado femenino y de ahí para adelante

No juguemos con esto.

El ministerio de regir la comunidad va unido a la sacramentalidad del orden.

Según el Concilio Vaticano II los sacerdotes son presbíteros ordenados para participar del único sacerdocio de Cristo, actuando en su persona como pastores, maestros y dispensadores de los sacramentos. Son colaboradores del obispo y están al servicio del Pueblo de Dios, promoviendo su santificación y la edificación de la Iglesia a través de la evangelización y la Eucaristía.

No queremos convertir al sacerdote en otra cosa. Acabar con el sacerdocio es acabar con la Iglesia.

Pocas bromas.

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