(De profesión cura) Ayer jueves a última hora de la tarde y casi de repente. No tuvo tiempo ni de sentirse un poco mala.
Juana era la parroquia de La Serna. 91 años de fidelidad y sonrisa. ¡Cuántas veces habremos celebrado misa los dos solos! Yo sabía que cualquier convocatoria siempre contaría con ella. Pido con fuerza que hoy Juana pueda contemplar cara a cara el rostro de Dios, asombrarse en el cielo ante su Virgen del Socorro, charlar con san Agustín, san Andrés, san Antonio, a los que tanta devoción tenía.
Nos queríamos mucho. Y yo, hoy, me siento más solo, más huérfano.
Mañana celebraremos la misa de cuerpo presente en La Serna a las 11 de la mañana, y a continuación conduciremos sus restos al camposanto.
En mi último libro hablo mucho de ella, de su fe, su buen humor, de esa sonrisa permanente que surgía sobreponiendose a gtanto como ha psado en su vida. Hoy, como homenaje, copio aquí un fragmento de lo recien publicado:
ESTA ES JUANA:
Cumplidos los 91 años de energía, de fe, de entrega, de sonrisa, porque si hay algo que caracteriza a la señora Juana, de La Serna del Monte, es su sonrisa.
Juana es la piedra angular sobre la que se asienta la comunidad parroquial de san Andrés apóstol de La Serna. Somos no pocos, sino poquísimos. Muchas veces la misa es para los dos, días feriados e incluso algún domingo o festivo.
Nos conocemos muy bien. Faltando entre dos y tres minutos aparece Juana. Generalmente, con un bastón. Si la cosa ese día pinta peor, se viene con dos. Nuestra conversación casi que es la misma de cada día:
- ¿Qué tal estamos hoy?
- Muy jodida, no se crea usted.
- A lo mejor estamos los dos solos en misa.
- Tranquilo. Ellos se lo pierden.
Y así celebramos. Los dos. Bueno, los dos que se vean a simple vista, porque ahí tenemos a san Andrés, la Virgen del Socorro, san Agustín, san Antonio, esos en imágenes y otra multitud de ángeles, arcángeles, querubines, serafines… que, hartos de parroquias llenas, se vienen con nosotros que andamos más necesitados de apoyo.
El gran don de Juana es su presencia. En La Serna celebramos viernes y domingos. No falla así caigan chuzos de punta. Tan solo algún día especial de mucha lluvia o nieve que yo me adelanto:
- Que hoy no venga, que está la tarde fatal.
- Tranquilo.
Y ahí que te aparece…
- Pero ¿cómo ha venido con la tarde que está?
- Tampoco es para tanto, y ya me apoyo con el bastón.
- La van a regañar sus hijas…
- Que digan lo que quieran.
Juana garantiza la misa en La Serna. Incluso en esos días de desánimo o pereza, yo sé que va a acudir, y su presencia es el mayor estímulo para celebrar y hacerlo con alegría.
Me quiere. Nos queremos mucho, aunque a veces me llame demonio. Este año, al volver de mis días de vacaciones, algo le traje, creo que unos dulces:
- Demonio de cura, siempre tiene que andar trayendo algo.
- Es mi costumbre, ya sabe.
Y su sonrisa se ilumina de manera especial.
Aquí estaremos. Hasta que Dios quiera. Hasta que doblemos peineta, como ella dice. Dios te bendiga, Juana.
Hoy no me basta un avemaría. Hoy dos. Por ella. Dios se lo pague.

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