Recordamos en este día al Rvdo. Sr. Don Julio Fernández de la Riva. Sacerdote diocesano que pastoreó nuestra comunidad parroquial. Al dar gracias por el don de su ministerio entre nosotros, le pedimos al Padre Celestial que lo reciba en el banquete celestial. Que allí pueda contemplar cara a cara a Aquel a quien tanto amó y sirvió en la tierra. Él consagró su vida al servicio de Dios y de su Iglesia, siendo para nosotros imagen del Buen Pastor. A través de sus manos, la gracia de Dios se hizo presente en los sacramentos, y su palabra guio nuestros pasos. Pedimos que el Señor que conceda a Don Julio, que tantas veces partió y distribuyó para nosotros el Pan de la Vida, que este alimento sagrado, sea para su alma prenda de vida eterna y para nosotros fuente de consuelo y fortaleza.
Nacido en Pola de Lena en 1922, Don Julio sintió la llamada al sacerdocio desde su juventud, formándose para servir a la Diócesis de Oviedo. En sus primeros años de ministerio desarrolló importantes tareas pastorales como Prefecto del Seminario Menor de Valdediós: donde acompañó y guio a los jóvenes seminaristas en las primeras etapas de su discernimiento vocacional. También sirvió pastoralmente en Llanera y Villapérez, localidades en las que ejerció el ministerio con total dedicación antes de su llegada definitiva al concejo de Siero.
En el año 1965, Don Julio llegó a nuestra Parroquia de San Félix de Lugones, comunidad en la que serviría como párroco durante dos décadas de intensos cambios sociales y eclesiales. Su llegada coincidió con la clausura del Concilio Vaticano II, y Don Julio asumió con valentía la tarea de aplicar sus reformas en la vida parroquial. Obra suya fue la reforma del presbiterio y la colocación del nuevo altar, el cual fue solemnemente consagrado el 4 de noviembre de 1967. Durante sus años en Lugones, Don Julio no estuvo solo; contó con la inestimable ayuda de su hermano, Don José María Fernández de la Riva, quien ejerció fielmente como coadjutor de la parroquia. Siendo párroco Don Julio se hicieron obras importantes en el templo, así como se acometió el traslado del cementerio parroquial del barrio de La Ería al Carbayu.
Tras dejar la parroquia de Lugones en 1985, Don Julio continuó su labor pastoral junto a su hermano en la parroquia de Santa María de San Claudio, en Oviedo. Al llegar el momento de su jubilación, ambos hermanos fijaron su residencia en Gijón para un merecido descanso tras toda una vida de servicio. El 2 de mayo de 2003, Don Julio falleció en el Hospital de la Cruz Roja de Gijón. Sus restos mortales recibieron cristiana sepultura en el cementerio de su localidad natal.

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