Este año 2026 es especialmente significativo, ya que la Iglesia celebra el 500 aniversario de la ordenación sacerdotal de San Juan de Ávila. Con motivo de este quinto centenario, se han concedido seis meses de Tiempo Jubilar (desde mayo hasta octubre) y se están realizando actos especiales en toda España. Por ejemplo, el relicario que contiene el corazón de San Juan de Ávila, y que visitó nuestra parroquia de Lugones los días 9 y 10 de agosto de 2013 está recorriendo los seminarios de España en estos momentos.
La Basílica de San Juan de Ávila en Montilla (Córdoba) donde descansan sus restos, es el epicentro de las celebraciones y cultos jubilares. San Juan de Ávila es el Patrón del clero secular español y Doctor de la Iglesia. Su figura es central para los sacerdotes por muchas razones: es un gran referente espiritual y es recordado por su incansable labor de predicación, su enfoque en la santidad sacerdotal y su papel como director espiritual de otros grandes santos.
San Juan de Ávila fue ordenado sacerdote en 1526. Aunque no se conserva un registro exacto del lugar, las investigaciones históricas indican que probablemente recibió las órdenes en Alcalá de Henares, donde acababa de terminar sus estudios de Artes y Teología en dicha Universidad.
No existe una mención documental específica del obispo que le confirió el sacramento, pero se sabe que ocurrió al finalizar su formación académica en el Colegio de San Ildefonso de Alcalá. Parece que la hipótesis más defendida es que pudo haberle ordenado el Arzobispo de Toledo Don Alfonso de Fonseca y Ulloa, conocido en el episcopologio toledano como "Alonso III". No olvidemos que Alcalá pertenencia entonces a la Archidiócesis Primada, y este Arzobispo fijó su residencia en la localidad Complutense.
Tras su ordenación, se retiró a una ermita para prepararse espiritualmente. Celebró su primera misa ese mismo año en su pueblo natal: Almodóvar del Campo (Ciudad Real), en memoria de sus padres recién fallecidos. Para esta primera misa, invitó a doce pobres a comer a su mesa y repartió entre los necesitados toda la cuantiosa herencia que había recibido de sus padres.
Su intención original tras ordenarse era partir como misionero a América (Nueva España) con el obispo Julián Garcés. Sin embargo, al llegar a Sevilla para embarcarse, el arzobispo de Sevilla, Alonso Manrique, quedó tan impresionado por su oratoria que le convenció para quedarse a evangelizar Andalucía. Gracias a aquella imposición del Arzobispo hispalense y a la obediencia y generosidad de aquel joven sacerdote manchego, hoy es conocido como el Apóstol de Andalucía.

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