domingo, 15 de marzo de 2026

Los contrastes en Panamá. Por Monseñor Fray Jesús Sanz Montes O.F.M.



Después del periplo misionero mexicano, hicimos la segunda y última escala en el bello país centroamericano de Panamá. La buena amistad con el arzobispo agustino de Ciudad de Panamá hizo que volviese a ese rico y querido rincón caribeño que hace de puente comercial entre los dos grandes océanos del Atlántico y el Pacífico con su famoso canal, trasiego importante en las mercaderías mundiales con todo tipo de buques que llevan de un lado a otro containers, vehículos y combustibles. Pero llama la atención la diferencia de escenario. En la Ciudad de Panamá moderna te encuentras con inmensos rascacielos como si fuera una avenida más de Nueva York, o como si fuera un Manhattan con su bahía de vistas al mar. La calidad de los automóviles, la proliferación de grandes firmas comerciales, elegantes restaurantes y hoteles de lujo, hace que te confundas con el ambiente bien distinto y distinguido que allí se exhibe.

No lejos de ese centro, está el estilo del virreinato. Su inequívoco sabor colonial también te transporta a otras épocas gloriosas de los primeros lances tras el descubrimiento de América. No en vano, Panamá fue donde por primera vez se celebró la santa Misa en tierra firme (propiamente, la primera tras el descubrimiento fue en La Española, actual Santo Domingo). Quedan algunas iglesias preciosas de aquella época, vinculadas a las Órdenes religiosas cuyos misioneros fueron la avanzadilla de la evangelización: franciscanos, mercedarios, dominicos, jesuitas… No deja de ser un paseo lleno de belleza simple y esencial que te transporta a un tiempo de apertura y mestizaje con los nativos de entonces al cruzarse con los españoles que allí se allegaban, cuando merodeas sus calles.

Pero tras estos dos escenarios nobles y curiosos, cada uno con su significado y andadura en el tiempo, fuimos a lo que propiamente era el objeto de nuestro viaje misionero. No hizo falta emplear mucho tiempo para poner distancia en lo que habíamos visto anteriormente. A muy pocos kilómetros nos topamos con una realidad realmente distinta, donde los contrastes se hacían manifiestos y la provocación cristiana estaba servida pidiendo quizás una respuesta a lo que aparecía ante nuestra mirada. Se trataba de inmensas superficies de casitas pequeñas agrupadas en unas pocas parroquias y sus aledañas capillas. La foresta de sus bosques bajos ocultaban a los ojos la enorme cantidad de personas que allí vivían con una grande pobreza y con mucha dignidad sus cosas. También había favelas que como barrios de chabolas acogían a enteras y fecundas familias que sobreviven en medio de una naturaleza fértil en frutas tropicales y hortalizas lugareñas.

Una de las zonas visitadas tenía un censo increíble: cien mil personas sumadas y hacinadas ordenadamente. Enseguida pregunté cómo se hacía para acompañar a toda esa gente que es, además, profundamente cristiana en su sencillez. Y la respuesta me dejó sorprendido, cuando lo comparas con los apuros y desafíos que tenemos en esta parte del mundo. Me dijeron que para acompañar pastoralmente a toda esa gente, contaban con un sacerdote, dos diáconos permanentes, alguna comunidad de religiosas y con muchos laicos que se implican. Todos los centros de culto, con sus correspondientes celebraciones litúrgicas y servicios sacramentales, los van visitando el sacerdote y los dos diáconos. Pero el resto de las necesidades en el terreno social de la caridad, en el de la formación catequética y en la proyección cultural católica, cuentan con los laicos y religiosas que ellos denominan “delegados de la Palabra”. Lógicamente, hay que formar a tantos colaboradores y esta es una de las prioridades de aquella diócesis. Es todo un reto que nos abre misioneramente a la esperanza que nos hermana. Y aquí aparece una posibilidad de compromiso fraterno con aquellos pueblos acogedores y sencillos que, teniendo hambre de Dios, nos esperan para acompañarlos. Dios lo quiera y nos ayude a todos en esta empresa.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

No hay comentarios:

Publicar un comentario