lunes, 2 de febrero de 2026

¿Qué es la Presentación de Jesús y qué relación tiene con la Purificación de María y la Candelaria?


(Rel.) El 2 de febrero es un día importante para los cristianos. La Iglesia celebra varias fiestas, algunas de ellas de las más antiguas de la liturgia cristiana y que están estrechamente relacionadas entre sí. Este día la Iglesia conmemora la Presentación de Jesús en el Templo y la Purificación de la Virgen, tal y como lo recoge la Escritura, y también la advocación mariana de la Candelaria, muy unida a estas dos fiestas grandes.

¿Qué es la Presentación de Jesús en el Templo?

La Iglesia celebra la fiesta de la Presentación de Jesús 40 días después de la Navidad, el nacimiento de Cristo. Según la ley de Moisés una mujer estaba ritualmente impura durante 40 días después de dar a luz. Por lo tanto, María y José llevaron a Jesús al Templo para presentarlo a Dios y ofrecer un sacrificio para la purificación y así cumplir la Escritura: ‘Todo varón primogénito será consagrado al Señor’. También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma.

Se celebraba en la Iglesia de Jerusalén ya en el siglo IV. Desde allí se iría extendiendo por Occidente y Oriente, llegando a Roma en el siglo VII. En Oriente se la conocía como “La fiesta del Encuentro”, y representaba el encuentro del Ungido con su pueblo, de Cristo con su pueblo. De ahí, que fuera una fiesta de gran importancia.

En Occidente, a partir del siglo X empezó a ser más conocida como la fiesta de la Purificación de la Virgen, que también se celebra hoy ese día, mientras que en Oriente siguió más centrada en Jesús. Y así siguió en la Iglesia latina hasta el Concilio Vaticano II, al establecer que el principal misterio que se conmemora es la Presentación del Señor, pasando así la Purificación de la Virgen a un segundo lugar.

Actualmente, la Presentación de Jesús en el Templo es uno de los misterios que se meditan en el Rosario, concretamente es el cuarto misterio gozoso.

¿Qué dice el Evangelio de la Presentación de Jesús?

El evangelista San Lucas recoge de manera detallada la presentación de Jesús en el templo, un pasaje de gran belleza y riqueza que esconde verdaderos tesoros.

Las palabras del anciano Simeón que aparecen en este pasaje han sido de gran trascendencia para la Iglesia. El canto de Simeón, conocido como Nunc Dimittis, es uno de los principales utilizados en la liturgia de la Iglesia. En la Liturgia de las Horas, concretamente en la oración nocturna de Completas, se proclama cada día. Dice así: “Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel”.

Del mismo modo, las palabras de Simeón a la Virgen avanzaban el terrible sufrimiento que habría de padecer María en la Pasión de Cristo: “¡Y a ti misma una espada te atravesará el alma!”.

Este es el pasaje completo del Evangelio de San Lucas: "Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor. Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, vino al Templo y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: ‘Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel’. Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de él. Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: ‘Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción - ¡y a ti misma una espada te atravesará el alma! - a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones’. Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido, y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones. Como se presentase en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén”.

¿Qué dice el Catecismo de la Presentación de Jesús?

En el punto 529 dice: “La Presentación de Jesús en el Templo (cf. Lc 2, 22-39) lo muestra como el Primogénito que pertenece al Señor (cf. Ex 13,2.12-13). Con Simeón y Ana, toda la expectación de Israel es la que viene al Encuentro de su Salvador (la tradición bizantina llama así a este acontecimiento). Jesús es reconocido como el Mesías tan esperado, ‘luz de las naciones’ y ‘gloria de Israel’, pero también ‘signo de contradicción’. La espada de dolor predicha a María anuncia otra oblación, perfecta y única, la de la Cruz que dará la salvación que Dios ha preparado ‘ante todos los pueblos’.

¿Qué es la Purificación de la Virgen?

El mismo día de la Presentación de Jesús en el Templo se celebra la Purificación de la Virgen. Aunque era pura por nacimiento y libre de pecado siguió al pie de la letra la ley judía. La Ley de Moisés contemplaba de manera precisa lo que una mujer judía como María debía hacer: "Cuando una mujer conciba y tenga un hijo varón, quedará impura durante siete días; será impura como en el tiempo de sus reglas. Al octavo día será circuncidado el niño en la carne de su prepucio; pero ella permanecerá todavía 33 días purificándose de su sangre. No tocará ninguna cosa santa ni irá al santuario hasta cumplirse los días de su purificación”

De este modo, 40 días después del parto la Virgen cumplió con la ley judía, a la vez que el niño Jesús era presentado en el templo.

La Purificación de la Virgen María es la fiesta mariana más antigua de la liturgia y una de las más antiguas de la Iglesia. En Jerusalén ya se celebraba a finales del siglo IV. Más adelante, ya en el año 542, durante el mandato de Justiniano, comenzó a celebrarse el 2 de febrero, justamente 40 días después del 25 de diciembre, fecha del nacimiento de Jesús. Hasta el siglo VII no se introdujo esta fiesta en Occidente, aunque a finales de este siglo ya estaba bastante extendida. Como ya se ha dicho anteriormente, mientras que en Oriente, al coincidir con la Presentación de Jesús en el templo, la fiesta tenía un carácter más cristológico, en Occidente tenía un mayor acento mariano.

2 de febrero, Virgen de la Candelaria

Este día también se celebra la Virgen de la Candelaria, advocación mariana con especial devoción en España e Hispanoamérica. Es la patrona de las Islas Canarias desde 1599. Según la tradición, dos guanches encontraron la imagen de la Virgen en Tenerife en 1392, en la boca de un barranco, décadas antes de la conquista castellana. Su rebaño se negaba a avanzar por donde estaba la imagen y los intentos de apartarla eran ineficaces. El rey local, con su guardia, sí se la llevó a su casa y los guanches se daban cuenta de que obraba milagros.

Cuando la isla se cristianizó, la imagen se colocó en la cueva de Achbinico, un espacio subterráneo que parecía un templo de la naturaleza. La cueva fue el primer santuario mariano en el archipiélago.

Después de la conquista de la isla fue declarada iglesia. Según Núñez de la Peña en 1497 Fernández de Lugo celebró en esta cueva la primera fiesta de las Candelas o de la Purificación de la Virgen. En ella fueron bautizados buena parte de los guanches. La Pila Bautismal se conserva en la Basílica. En 1526 se traslada la imagen a su nuevo santuario, levantado en el lugar donde posteriormente se construirá la basílica. Alrededor de 1530, los dominicos se encargaron de este santuario.
Tradiciones de la Candelaria

Existen variadas y antiguas tradiciones vinculadas con esta fiesta. En España en numerosas parroquias se celebra en la fiesta de la Candelaria la presentación a la Virgen de los niños bautizados durante el año anterior. En algunos lugares también se realiza además de la bendición de las candelas una procesión.

En varios países hispanos los devotos llevan a la parroquia su imagen del Niño Jesús. En México existe la costumbre de que quienes recibieron por azar el muñeco de la rosca de reyes, lo deben llevar ese día a la parroquia, vestido y engalanado.

Además, muchas familias tienen la costumbre de guardar las velas que se han sido bendecidas en esta fiesta para encenderlas y rezar con ellas en los momentos de dificultades durante el año.


Oración de la Purificación de la Virgen:

Oh Reina y Madre de la Purificación,
Virgen María llena de gracia
que fuiste Madre por obra de Espíritu Santo
conservando tu virginidad,
y, para darnos ejemplo de entrega y humildad,
de obediencia a la Ley y voluntad de Dios,
después de ser Madre, fuiste al templo para purificarte
al mismo tiempo que presentaste al Divino Niño Jesús
como tu muy amado Hijo primogénito para consagrarlo,
y allí fue reconocido como verdadero Mesías,
Luz de las naciones y Gloria de Israel.
Pide por nosotros a tu Hijo, nuestro Salvador y Redentor
para que ilumine nuestras nuestros pasos hoy y siempre
y nos haga dignos de admitirnos un día
en el Templo de la Gloria.
Virgen Santísima, madre nuestra y protectora,
Nuestra Señora de la Purificación,
queremos honrarte y venerarte como mereces;
acudimos a ti con sencillez y gran confianza
para darte nuestras mas sinceras gracias
por ser Tú amable Señora quien nos llena de Luz Divina
y nos levanta el ánimo cuando padecemos.
Oh soberana Reina, Madre Santa de Dios,
llegamos penitentes implorando tu clemencia
y porque eres buena, Pura y compasiva,
te pedimos con inmensa devoción y reverencia
que endulces nuestras penas y tristezas,
llénanos de bendiciones, llénanos de beneficios,
apiádate de nuestros sufrimientos
y muéstrate propicia a todos los que te invocamos
para que nos veamos libres de lo que nos hace padecer.
Nuestra Señora de la Purificación,
lumbre del Cielo y aurora resplandeciente nuestra,
bondadosa Madre de misericordia
que en una mano sostienes al Niñito Dios
y en la otra llevas una candela prendida
para figurar a Cristo como Luz del mundo
Tú que eres abogada en los casos desesperados
sé nuestra poderosa mediadora ante el Altísimo
para que alcancemos sus beneficios
y veamos cumplidos nuestros ruegos y pedidos,
sobre todo solicita asistencia para que seamos auxiliados
en tan desesperada y difícil situación:
(decir el problema y lo que se quiere conseguir) .
Virgen de la Candelaria,
Pureza inmaculada, lirio entre espinas
jamás perderemos la esperanza en ti,
que tus maternales desvelos sean nuestra promesa
de compañía, alegría, felicidad, perspectiva e ilusión,
no dejes de ser nuestro mejor amparo y protección
purifícanos, ayúdanos a cambiar nuestro interior
para que Dios nos perdone y salga a nuestro encuentro,
y que tu dulcísimo y grandísimo Corazón
nos de la fuerza y amor necesarios
para transitar con seguridad y claridad
nuestros duros caminos en la vida
y así lleguemos al amor de Nuestro hermano y Señor, Jesús.
Amén.

domingo, 1 de febrero de 2026

"Bienaventurados vosotros". Por Joaquín Manuel Serrano Vila


Seguimos avanzando en estos comienzos del tiempo litúrgico que llamamos Ordinario, acompasando nuestros pasos con los comienzos de la vida pública del Señor, la cual comenzó con su bautismo. La liturgia de la Palabra de este día nos presenta el retrato de cómo es el corazón de Dios, para que así, nosotros mirando ese modelo, nos esforcemos por llegar a tener un corazón semejante al suyo. Un corazón bienaventurado, pobre, manso, humilde, sencillo, limpio, misericordioso, justo, pacífico... A veces dibujamos en nuestra mente estereotipos de Dios sin estas características; nunca nos acercaremos lo suficiente a tener una idea real de cómo es el Dios de Jesucristo.

En su epístola, San Pablo nos regala una reflexión bellísima: "Fijaos en vuestra asamblea, hermanos: no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristocratas; sino que, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios". La realidad de la comunidad de Corintio era la de un pequeño resto también, una minoría en una localidad portuaria donde otras religiones eran mayoritarias y con personalidades destacadas. Por eso Pablo hace esta catequesis brillante que tanto bien nos hace hoy que nuestras comunidades parroquiales en España, tanto en zona rural como en ciudades se ven así: pequeñas en número y en fuerzas. El Apóstol nos dice de que Dios ha escogido lo despreciable, lo que no cuenta para anular lo que cuenta. Y así nos habla de la sabiduría de Dios, y de que el que quiera gloriarse, que lo haga en el Señor. Esto nos lleva a la cruz, donde también Dios abajándose hasta lo más profundo fue elevado sobre la tierra, elevándonos también a nosotros con Él.

El profeta Sofonías, por su parte, nos ha preparado ya sobre este concepto de lo pequeño y lo humilde al hablarnos del "resto de Israel". El contexto histórico del momento que vive el autor corresponde al reinado del profeta Josías: años de incertidumbre, crisis, temor al mañana y, al tiempo, esperanza de salvación. Y la clave nos la daba precisamente ese "resto", ese pequeño grupo que siempre se mantuvo fiel a pesar de las adversidades. Y estos no fueron precisamente los poderosos, los distinguidos, los bien situados, sino los últimos, los pobres, los justos...

El evangelio de este domingo, tomado del capítulo 5 de San Mateo, nos regala el conocido como "Sermón de la Montaña" en que Jesús nos propone las Bienaventuranzas; sin duda, el sello identificativo del cristiano. Si el domingo pasado concluía el evangelio afirmando "está cerca el reino de los cielos", hoy el Señor vuelve a incidir en que viene ese reino de Dios para asentarse con estas premisas como cimiento. He aquí la voluntad de su reinado; he aquí la carta magna del evangelio, la predicación más solemne del Señor. Sólo si de verdad hacemos por vivir estas enseñanzas, seríamos capaces de vivir como Dios espera que vivamos... Hay personas no cristianas que también se han quedado maravillados ante esta página del evangelio y han sido capaces de reconocer que las enseñanzas de Jesucristo no dejan indiferente a nadie, siguen teniendo la fuerza de ayer y que de llevarlas a la práctica nuestro mundo éste sería mucho mejor de como lo tenemos. Pero la belleza del evangelio es que empieza ya aquí; sí, pero nuestra meta y misión no es pasarnos la vida únicamente batallando por una justicia social que nadie duda que sea un bien, pero este no es el fin fundamental del cristiano. Nuestra meta y es buscar el reino de Dios y su justicia, no sólo la que nosotros calculamos con nuestras ideas, conceptos y sentencias personales de nubes para abajo, sino como decía un amigo: "más importante es la justicia de nubes para arriba "... Vivir el evangelio, vivir las Bienaventuranzas no puede quedar en meras palabras o en una declaración de intenciones, sino que éstas deben tomar carne en nosotros. El evangelio nunca podrá fructificar sin nuestro compromiso real, testimonial y comprometido.

Tampoco podemos limitar el evangelio a un reduccionismo en que lo aprisionaron algunas corrientes teológicas. Quedarnos en esas visiones puramente "sociales" supone perdernos el verdadero mensaje del Señor, que no podemos limitar a la pobreza de lo únicamente material. El anuncio del reino es escándalo para todos: para los pobres porque se convierten en favoritos, y para los ricos por ser los que necesitan conversión y ser curados de su pobreza. Los ricos de espíritu a veces son pobres en lo material, pero su corazón también puede estar corrompido por el deseo de tener, de poder, de medrar... Aquí la cuestión no estriba una disputa de clases sociales. A Jesús no le preocupan tanto las pobrezas que quedarán aquí, sino las que necesitamos llevar más allá. Si nos quedamos en la dimensión puramente social pero omitimos la teológica-espiritual, nos quedamos en las antípodas de conocer a Jesús y a su evangelio en verdad. Jesucristo no nos dice hoy que esté únicamente en los pobres (que lo está, lógicamente), sino en toda persona de la condición que sea: pobre de espíritu, manso, al que las personas o la vida han maltratado dejándole al borde del camino, con el que se ha cometido injusticia y no ha sido resarcido, o los que trabajan por la paz en medio de tanta violencia. A todos los que seguimos al Señor, Él nos da hoy nos da una palabra de aliento: "Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regociajaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo"... Este es un buen día este para dar gracias incluso por los que nos calumnian, por los que nos insultan o persiguen a los sacerdotes, a los fieles laicos, a las religiosas por nuestra condición. Gracias por estos enemigos por los que estamos llamados a orar y amar y que también son filtro para nuestra perfección en el ser cristiano. Por sus bocas se hace verdad las palabras del Señor en nuestras vidas, y nos sentimos ante sus ataques "Bienaventurados"...

Evangelio Domingo IV del Tiempo Ordinario



Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 1-12a

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:

«Bienaventurados los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados los mansos,
porque ellos heredarán la tierra.

Bienaventurados los que lloran,
porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia,
porque ellos quedarán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los que trabajan por la paz,
porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».

Palabra del Señor

Febrerillo loco, ¿quién lo entiende?. Por Monseñor Fray Jesús Sanz Montes O. F. M. 

Así dice nuestra sabiduría popular. Llega este mes que de pronto anda dudoso entre el invierno que remolón va quedando atrás poco a poco, y la primavera que discreta quiere empezar a apuntar maneras haciéndose hueco en nuestras calendas. Y vienen los días de sol paseado y los de niebla con frío de pelar. Puede sucedernos que, asomados a la realidad social y política de estos días, acaso reconozcamos esta extraña inestabilidad de la que nos habla el febrerillo loco. Y a diferencia de lo que sucede en la célebre otra teatral de los hermanos Álvarez Quintero, que se titula así justamente “Febrerillo loco” (1919), no sólo no se cambia la rutina de la vida mediocre de sus personajes, sino que nos podemos sumir perplejos en lo espeso de estos días, llegándonos a habituar a lo que no por repetido cada día deja de estar de más.

Así, tenemos aún a algún despiadado terrorista que reclama la piedad pública o que se sienta en los escaños parlamentarios con aires de honestidad, y quien no dudó en segar la vida ajena y celebrar con sarcasmo el llanto de las víctimas, anda ahora concitando clemencias ante sus dietas ideológicas. ¿Quién lo entiende? O los correteos de entrevistas para justificar lo injustificable, intentando embarrar a cualquiera con tal de salir indemne de la propia irresponsabilidad, o del imperdonable escaqueo parlamentario y judicial, mientras se calcula el desgaste de los adversarios políticos, sociales y mediáticos. ¿Quién lo entiende? No falta el recurso a la abierta mentira como modo de gestionar la cosa pública, confundiendo el noble ejercicio del gobierno justo y prudente, con el chalaneo partidista del apego al poder, a cualquier precio pagado a los compinches que te mantienen en la poltrona. ¿Quién lo entiende?

Propiciar (y hasta subvencionar) todo aquello que aísle, enfrente, confunda y ridiculice la historia reescrita, la tradición religiosa en general y la cristiana en particular. ¿Quién lo entiende? Es la obsesiva y sistemática hoja de ruta laicista, sin ahorrar medios ni ocasión, que se vale de la provocación o de la buena voluntad para seguir acorralando a la Iglesia, que no se pliega ni se plegará cuando la vida, la dignidad, la verdad o la libertad están en entredicho por intereses inconfesados.

Así, este febrerillo loco hace de telón de fondo de un momento confuso y ambiguo, que casi pareciera ya un período pre-electoral. Nosotros como cristianos, no podemos estar al margen ni mirar con pasiva indiferencia ante la que está cayendo. Pero tampoco es nuestra vocación la de ser sin más “leal oposición” ante los desafíos y desmanes que ensombrecen o lastiman nuestra sociedad. Los cristianos que trabajan en política, en la sanidad, en la enseñanza, en los servicios sociales, en los medios de comunicación, deben saber qué y cómo hacer llegar la posición justa, creativa y bella que se deriva del cristianismo. Por eso, junto a la denuncia respetuosa ante lo que es engañoso e inadecuado para el bien común, debemos ejercer el gozoso anuncio de lo que supone apostar por lo que apuestan Dios y la Iglesia cuando hablamos de la vida en todos sus tramos, de la familia verdadera, de la libertad en la enseñanza y en la expresión religiosa, de la justicia y de la paz, de la independencia de los poderes que se complementan para una adecuada gobernanza.

No tenemos prisa en que llegue la primavera templada, y tampoco maldecimos al invierno encogedor, sino que queremos vivir las cosas con serena pasión, para no tropezar en este febrero loquillo con su vaivén incomprensible que nos engaña. Así, sin especiales sobresaltos, miramos la realidad y la acertamos a denunciar en lo que tiene de exceso y de defecto, mientras la arrullamos agradecidos para saber también anunciar en ella lo que tiene de más verdadero, de más bello y de más consolador, todo eso que se reconoce cuando se le hace sitio entre nosotros al mismo Dios que sostiene la esperanza de todos sus hijos.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo