miércoles, 5 de abril de 2017

Las redes del odio. Por Juan Manuel de Prada Inicio / Opinión Las redes del odio. Por Juan Manuel de Prada


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Muchos desaprensivos han convertido interné -y muy especialmente las sarcásticamente denominadas ‘redes sociales’- en una mezcla de vomitorio y patíbulo en el que escupen su odio, propagan calumnias y dan rienda a sus más abyectos instintos. Cada vez con mayor asiduidad, conocemos casos de personas convertidas en alimañas que desde interné se regocijan con la desgracia ajena, profieren las amenazas más canallescas y las injurias más sórdidas. También son frecuentes los casos de personalidades públicas que denuncian sufrir acoso a través de las redes sociales, o persecución de tarados que los vituperan de los modos más furiosos.

Este fenómeno nos enfrenta con el aspecto más depravado de la naturaleza humana. Si para amar necesitamos conocer a la persona amada, para odiar tan sólo necesitamos cosificar a la persona odiada, convertirla en una abstracción, reducirla a una caricatura, a un pelele, a un garabato. Si el amor demanda paciencia y dedicación, el odio precisa urgencia y juicio sumarísimo. El amor es exigente y abnegado, porque abraza la miseria y el dolor ajenos; porque exige que nos fundamos con el cuerpo del prójimo, que nos zambullamos en su alma, hasta amalgamarnos por completo con él. El amor tiene una visión ensimismada y microscópica del prójimo que se fija en los detalles más menudos hasta llegar a comprenderlos; el odio, en cambio, tiene una visión panorámica y cenital que prescinde de los matices y se conforma con las simplificaciones. El odio puede ignorar tan campante a la persona concreta sobre la que se proyecta, así como sus circunstancias, puede despedazar su carne y triturar su alma hasta convertirlos en un gurruño o en una entelequia. Sin duda, el odio es una pasión mucho menos ‘humana’ que el amor; pero, por ello mismo, más ‘natural’, más sencilla y espontánea. Y, en una época tan apresurada como la nuestra, infinitamente más gratificante. Mientras quien ama necesita no sólo ser justo, sino también compasivo (pues sólo así se pueden aceptar las miserias y flaquezas del prójimo), quien odia puede permitirse el lujo de no ser ni siquiera justo, sino tan sólo justiciero.

Para expresar nuestro amor necesitaríamos escribir una enciclopedia; para expresar nuestro odio nos basta con ciento cuarenta caracteres. Es verdad que en ese limitado espacio podríamos también escribir un aforismo radiante de afecto o un haiku pletórico de ternura. Pero para escribir un aforismo o un haiku amorosos tendríamos que quintaesenciar; para escribir una amenaza, un improperio o una calumnia nos basta con escupir. Y, además, para amar necesitamos estar acompañados; mientras que para odiar podemos estar solos, y cuanto más solos estemos más arrebatadamente podremos odiar. Ama quien es persona; mientras que, para odiar, sólo se necesita ser individuo. Decía Maritain que toda civilización homicida se caracteriza por sacrificar la persona al individuo: concede al individuo multitud de derechos y libertades (empezando, por supuesto, por la libertad de expresión y opinión); y a cambio aísla, despoja, debilita a la persona, privándola de las armaduras comunitarias que la sostienen y abrigan, arrojándola al torbellino de las fuerzas devoradoras que amenazan la vida del alma, a la turbamulta de los intereses y de los apetitos en pugna, a un incesante alud de excitaciones sensuales y errores deslumbrantes. Y, una vez que ha despersonalizado al hombre, le dice: «Eres un individuo libre. Defiéndete y sálvate tú solo».

Allá donde hay personas, la libertad se enraíza y vincula, se encarna en otras almas y otros cuerpos, haciéndose comprensiva, humilde y responsable; allá donde sólo hay individuos, la libertad se desata y desencarna, se torna impúdica y soberbia, se vuelve frívola y altiva, ambiciosa y frenética, enamorada de sí misma e implacable con el prójimo al que ni siquiera se molesta en conocer. Esa libertad ensoberbecida, sin embargo, acaba descubriendo su profunda, irrevocable soledad; y entonces se revuelve como una alimaña, sedienta de venganza, en busca de un culpable que aplaque su rabia, un payaso de las bofetadas sobre el que escupir su frustración.

Así se explica el odio rezumante de espumarajos que hallamos en las redes sociales, que fueron creadas para que las personas sacrificadas al individuo pudieran disfrutar de un simulacro grotesco de vida comunitaria. Redes siempre prestas a convertirse en vomitorio y patíbulo en el que un hormiguero de individuos pueden hacer quedadas y montar aquelarres, para destruir vidas de personas a las que nunca podrán amar, porque no las conocen.

Publicado en XL Semanal.

Del Oficio del día

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De los Comentarios de san Agustín, obispo, sobre los salmos
(Salmo 85, 1: CCL 39, 1176-1177)

JESUCRISTO ORA POR NOSOTROS, ORA EN NOSOTROS, Y AL MISMO TIEMPO ES A ÉL A QUIEN DIRIGIMOS NUESTRA ORACIÓN

El mayor don que Dios podía conceder a los hombres es hacer que su Palabra, por quien creó todas las cosas, fuera la cabeza de ellos, y unirlos a ella como miembros suyos, de manera que el Hijo de Dios fuera también hijo de los hombres, un solo Dios con el Padre, un solo hombre con los hombres; y así, cuando hablamos con Dios en la oración, el Hijo está unido a nosotros, y, cuando ruega el cuerpo del Hijo, lo hace unido a su cabeza; de este modo, el único Salvador de su cuerpo, nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ora por nosotros, ora en nosotros, y al mismo tiempo es a él a quien dirigimos nuestra oración.

Ora por nosotros, como sacerdote nuestro; ora en nosotros, como cabeza nuestra; recibe nuestra oración, como nuestro Dios.

Reconozcamos, pues, nuestra propia voz en él y su propia voz en nosotros. Y, cuando hallemos alguna afirmación referente al Señor Jesucristo, sobre todo en las profecías, que nos parezca contener algo humillante e indigno de Dios, no tengamos reparo alguno en atribuírsela, pues él no tuvo reparo en hacerse uno de nosotros.

A él sirve toda creatura, porque por él fue hecha toda creatura, y, por esto, contemplamos su sublimidad y divinidad cuando escuchamos: Ya al comienzo de las cosas existía la Palabra, y la Palabra estaba con Dios y la Palabra era Dios; ya al principio estaba ella con Dios; por ella empezaron a existir todas las cosas, y ninguna de las que existen empezó a ser sino por ella. Pero los que contemplamos esta divinidad del Hijo de Dios, que supera y trasciende de modo absoluto a toda creatura, por sublime que sea, lo oímos también, en otros lugares de la Escritura, gimiendo y suplicando, como si se reconociera reo de algo.

Y dudamos en atribuirle estas expresiones por el hecho de que nuestra mente, que acaba de contemplarlo en su divinidad, se resiste a descender hasta su abajamiento, y le parece que le hace injuria al admitir unas expresiones humanas en aquel a quien acaba de dirigir su oración como Dios; y, así, duda muchas veces y se esfuerza en cambiar el sentido de las palabras; y lo único que encuentra en la Escritura es el recurso a él, para no errar acerca de él.

Por tanto, que nuestra fe esté despierta y vigilante; y démonos cuenta de que aquel mismo que contemplábamos poco antes en su condición de Dios tomó la condición de siervo, haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte; y, clavado en la cruz, quiso hacer suyas las palabras del salmo: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Por tanto, oramos a él por su condición de Dios, ora él por su condición de siervo; por su condición divina es creador, por su condición de siervo es creado, habiendo asumido él, inmutable, a la creatura mudable, y haciéndonos a nosotros con él un solo hombre, cabeza y cuerpo. Así, pues, oramos a él, por él y en él; hablamos con él y él habla en nosotros.

RESPONSORIO Jn 16, 24. 23

R. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre. * Pedid y recibiréis, y vuestra alegría será completa.
V. Yo os lo aseguro: cuanto pidáis al Padre en mi nombre os lo concederá.
R. Pedid y recibiréis, y vuestra alegría será completa.

ORACIÓN.
Dios misericordioso, ilumina los corazones de tus hijos que tratan de purificarse por la penitencia de la Cuaresma y, ya que nos infundes el deseo de servirte con amor, dígnate escuchar paternalmente nuestras súplicas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

CONCLUSIÓN

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

martes, 4 de abril de 2017

Sólo hay salvación en Cristo en la Cruz, en ella toma el veneno del pecado y cura, explica el Papa

(Rel.) En el Antiguo Testamento hay una escena peculiar: los israelitas avanzan por el desierto murmurando contra Dios y les muerden unas serpientes; entonces Dios les instruye para que construyan la enseña de una serpiente de bronce y la pongan en alto y la contemplen, y así se sanarán.

El Papa Francisco ha explicado este martes en la misa en Casa Santa Marta el significado de esta escena: la serpiente en lo alto representa la Cruz de Cristo donde está el veneno del pecado que Él toma para sanarlo.

No salvan las ideas ni la buena voluntad
“La salvación sólo viene de la cruz, pero de esta cruz que es Dios hecho carne. No hay salvación en las ideas, no hay salvación en la buena voluntad, en el deseo de ser buenos… No. La única salvación está en Cristo crucificado, porque sólo Él, como significaba la serpiente de bronce, ha sido capaz de tomar todo el veneno del pecado y nos ha curado allí", explió el Pontífice en la homilía matinal.

"Pero ¿qué es la cruz para nosotros?", prosiguió. "Sí, es el signo de los cristianos, es el símbolo de los cristianos. Y nosotros nos hacemos el signo de la cruz, pero no siempre lo hacemos bien, a veces hacemos así… Porque no tenemos esta fe en la cruz. Otras veces, para algunas personas es un distintivo de pertenencia: ‘Sí, yo llevo la cruz para hacer ver que soy cristiano’. Está bien eso, pero no sólo como distintivo, como si fuera de un equipo, el distintivo de un equipo: como memoria de Aquel que se ha hecho pecado”.

Cuidemos de no morir en el propio pecado
Además, prosiguió diciendo Francisco, otros llevan la cruz como un ornamento y algunos la llevan con piedras preciosas para hacerse ver.

“Dios dijo a Moisés: El que mire a la serpiente será curado”. Jesús dice a sus enemigos: ‘Cuando habrán levantado al Hijo del hombre, entonces conocerán’. El que no mira la cruz, así, con fe, morirá en sus propios pecados, no recibirá aquella salvación”.

Tres veces Jesús en el Evangelio de la liturgia del día dice a los fariseos: “Morirán en sus pecados”, porque tenían el corazón cerrado y no comprendían aquel misterio que era el Señor. “Morir en el propio pecado es una cosa fea”, dijo el Papa.

“Hoy la Iglesia nos propone un diálogo con este misterio de la cruz, con este Dios que se ha hecho pecado, por amor a mí. Y cada uno de nosotros puede decir: ‘Por amor a mí’. Y podemos pensar: ¿Cómo llevo yo la cruz? ¿Cómo un recuerdo? Cuando hago el signo de la cruz ¿soy consciente de lo que hago? ¿Cómo llevo yo la cruz? ¿Sólo como un símbolo de pertenencia a un grupo religioso? ¿Cómo llevo yo la cruz? ¿Cómo ornamento? ¿Cómo una joya, con tantas piedras preciosas, de oro…? ¿He aprendido a llevarla sobre los hombros, donde hace mal? Cada uno de nosotros mire hoy al Crucificado, mire a este Dios que se ha hecho pecado para que nosotros no muramos en nuestros pecados y responda a estas preguntas que yo les he sugerido”.

Un estudio confirma que el Santo Sudario de Oviedo y la Síndone de Turín envolvieron a la misma persona

(lne) Un nuevo estudio médico-forense realizado conjuntamente sobre el Sudario de Oviedo y la Síndone de Turín ha logrado identificar la herida penetrante, causada posiblemente por una lanza, que sufrió en el hemitórax derecho la persona que fue envuelta en ambas telas.
El trabajo, liderado por un investigador de la Universidad Católica de Murcia (UCAM), no solo reafirma que ambas prendas envolvieron a la misma persona, sino que además ésta, cuando ya era cadáver y estando en posición vertical, sufrió una herida penetrante que le atravesaría el hemitórax derecho, ha informado la institución académica.

Dicha herida tuvo entrada por el quinto espacio intercostal y salida por el cuarto, próxima a la columna vertebral y la escápula derecha, dejando marcas de coágulos de sangre y de líquido pleuro-pericárdico en ambas prendas (en la síndone por su contacto con los orificios de entrada y salida, y en el sudario con el de salida).

La investigación llevada a cabo se compone de estudios antropométricos, criminalísticos, anatómicos y anatomo-patológicos de la Síndone y el Sudario, y en ella se ha utilizado un microscopio electrónico de barrido adquirido recientemente por esta Universidad.

Las manchas advertidas por los investigadores y en las que se centra el estudio comparten características comunes y son muy diferentes del resto, tanto por su morfología y complejidad tras su análisis macroscópico, con una alta concentración hemática en el centro y un cerco más claro y perfilado.

Los estudios sobre el Sudario de Oviedo están dirigidos por Alfonso Sánchez Hermosilla, investigador de la UCAM, médico forense del Instituto de Medicina Legal de Murcia, director del Equipo de Investigación del Centro Español de Sindonología (EDICES) y asesor científico del Centro de Internacional de Sindonología de Turín.

Sánchez Hermosilla ha explicado que el estudio microscópico de las muestras, realizado con microscopía óptica y microscopía electrónica de barrido, "ponen de manifiesto la presencia de estructuras compatibles con hematíes humanos muy dañados, algunos de ellos hemolizados, así como con coágulos de fibrina libres de estructuras hemáticas".

El estudio médico-forense describe los tejidos y órganos que atravesó el objeto punzante en su hipotética trayectoria. Recoge además que "especialmente la aurícula derecha del corazón, en cadáveres de personas que han sufrido una larga agonía, con mucha frecuencia presentan grandes coágulos de sangre, muy similares a los que formaron la mancha del costado de la Síndone de Turín".
Añade el investigador que "al atravesar el pulmón derecho, el arma se abrió paso también a través de las vías aéreas intraparenquimatosas y, como consecuencia, parte de los fluidos orgánicos mencionados se abrieron paso de este modo en una trayectoria ascendente".
Estos fluidos viajaron a través de las vías aéreas superiores y finalmente se emitieron también por la boca y nariz del cadáver, ocasionando nuevas manchas en estas áreas en el Sudario de Oviedo.

Además, al retirar el arma, también salieron estos fluidos por los orificios de entrada y salida. Según el director del trabajo, se avala así la hipótesis de que quien administró ese "golpe de gracia" tenía experiencia, pues al colocar la hoja del arma en posición horizontal podía evitar fácilmente las costillas, sin tener que intentarlo en varias ocasiones, algo que aparentemente no ocurrió, pues no aparecen lo que se denomina en la Medicina Forense "lesiones de tanteo"

La verdadera liturgia es un reflejo del cielo

La verdadera liturgia es un reflejo del cielo

(EWTN News/InfoCatólica) A pesar de las controversias y abusos que se han producido luego del Concilio Vaticano II, la liturgia católica es en última instancia una fuente de unidad que forma a los cristianos en el sacrificio y la salvación de la cruz, explicó el cardenal Robert Sarah.

Si los católicos sienten que están sufriendo una «guerra litúrgica» divisiva, el cardenal dijo que deberían verla como «una aberración». En su lugar, la liturgia es «el espacio por excelencia donde los católicos deben experimentar la unidad en la verdad, en la fe y en amor».

«Como resultado, es inconcebible celebrar la liturgia teniendo sentimientos de conflicto y rencor fratricidas», dijo. «En este “cara a cara” con Dios, que es la liturgia, nuestro corazón debe estar purificado de toda enemistad, y se requiere que cada sea respetado en su propia sensibilidad».
Continuidad y no ruptura con el pasado

El cardenal Sara, prefecto de la Congregación para el Culto Divino, subrayó la necesidad de reafirmar que el Concilio Vaticano II nunca pidió una ruptura con el pasado. Más bien, debe promoverse la visión del concilio de la renovación litúrgica.

El Cardenal había preparado sus observaciones para la XVIII Conferencia Litúrgica Internacional de Colonia, que se centra en el décimo aniversario de la instrucción Summorum Pontificum del Papa Benedicto XVI, que dio amplio margen a los sacerdotes para la celebración de la liturgia según el Misal de 1962, ahora conocido como la forma extraordinaria.

El discurso del cardenal , que no entregó en persona debido a otros compromisos, abordó varios debates sobre la liturgia y la dirección de la Iglesia Católica después del Concilio Vaticano II.

Después del Concilio, el Beato Pablo VI publicó un nuevo Misal Romano, ahora conocido como la forma ordinaria, que fue ampliamente traducido del latín a los idiomas locales.
Enriquecernos con todas las formas litúrgicas

El Cardenal Sara dijo ambas formas ordinarias y extraordinarias de la liturgia deben traer a los fieles «la belleza de la liturgia, su santidad, el silencio, el recuerdo, la dimensión mística y la adoración».

«La liturgia debe ponernos cara a cara con Dios en una relación personal de intensa intimidad. Debe sumergirnos en la intimidad de la Santísima Trinidad», dijo, añadiendo que «la liturgia debe permitirnos alcanzar todos juntos a la unidad de la fe y al verdadero conocimiento del Hijo de Dios».

Rechazó cualquier esfuerzo para oponer un misal romano al otro y viceversa, así como la oposición a la liturgia de las iglesias católicas orientales.

«Más bien debemos entrar en el gran silencio de la liturgia, permitiéndonos enriquecernos con todas las formas litúrgicas, ya sean latinas o orientales», explicó.

Sin un silencio místico y un espíritu contemplativo, la liturgia seguirá siendo «una ocasión de divisiones odiosas, de enfrentamientos ideológicos y de humillaciones públicas de los débiles por parte de quienes afirman tener autoridad, en vez de ser un lugar de unidad y comunión en el Señor».
Importancia de la formación litúrgica

El Cardenal Sara habló de la importancia de la formación litúrgica, que debe comenzar con una proclamación de la fe y una catequesis basada en el Catecismo de la Iglesia Católica. Esta formación «nos protege del riesgo de las desviaciones más o menos aprendidas de ciertos teólogos ansiosos de “novedades”».

Para el cardenal Sara, el corazón de toda la liturgia cristiana auténtica incluye esfuerzos para mejorar y estimar su belleza y santidad, así como «mantener el correcto equilibrio entre la fidelidad a la Tradición y el legítimo desarrollo». Este último punto significa «absoluta y radicalmente» rechazar cualquier Interpretación que entiende la historia litúrgica como una ruptura con el pasado.

El cardenal habló extensamente de las divisiones sobre la liturgia, e hizo algunas fuertes críticas para algunos abusos.

Mientras que el sentido de lo sagrado es inseparable de la liturgia, algunos de los fieles han sido tan maltratados o profundamente perturbados por las celebraciones superficiales de la liturgia.

El cardenal Sara criticó una visión de la reforma litúrgica que no cumplió con la restauración auténtica pensada por el Concilio Vaticano II. Esta visión se llevó a cabo con «un espíritu superficial» y erróneamente dirigido «a eliminar a toda costa un patrimonio percibido como totalmente negativo y anticuado para cavar un abismo entre antes y después del Concilio».

Para el cardenal Sara, el Concilio Vaticano II no pretendía ocasionar «una ruptura con la tradición», sino más bien un redescubrimiento y una confirmación de la tradición «en su más profundo significado».

«De hecho, lo que se llama “reforma de la reforma”, y que tal vez debería llamarse con mayor precisión «el enriquecimiento mutuo de los ritos», para adoptar una expresión del magisterio de Benedicto XVI, es ante todo una necesidad espiritual» , explicó.
La Crisis espiritual de la Iglesia está vinculada a la crisis litúrgica

«El cardenal Joseph Ratzinger repitió incansablemente que la crisis que ha estado sacudiendo a la Iglesia durante los últimos cincuenta años, principalmente desde el Concilio Vaticano II, está vinculada a la crisis de la liturgia y, por tanto, al irrespeto, a la desacralización y a la horizontalidad de los esenciales elementos del culto divino».

Como el cardenal Ratzinger escribió en sus memorias, está convencido de que «a crisis que en la Iglesia que estamos viviendo actualmente se debe en gran medida debida a la demolición de la liturgia».
Afrontar el problema

El cardenal Sarah añadió: «no podemos cerrar los ojos al desastre, la devastación y el cisma que los promotores modernistas de la liturgia han provocado remodelando la liturgia de la Iglesia según sus ideas».

Sostuvo que aquellos que promulgaron cambios negativos en la liturgia olvidaron que no es sólo una oración, sino que es especialmente un misterio «que no podemos comprender por completo, pero que debemos aceptar y recibir en la fe, el amor, la obediencia y el silencio de adoración».

Este es el verdadero significado de la exhortación del Concilio a la «participación activa de los fieles» en la liturgia.

La «crisis de la fe», que desde el Concilio ha afectado a muchos fieles cristianos, y especialmente a muchos sacerdotes y obispos, les ha hecho incapaces de entender la liturgia eucarística como un sacrificio idéntico al Sacrificio de la Cruz.

El Cardenal Sara enfatizó que la Misa es «el sacrificio vivo de Cristo que murió en la cruz para liberarnos del pecado y de la muerte, para revelar el amor y la gloria de Dios Padre». Cada celebración de la Misa apunta a «la gloria, la adoración de Dios y la salvación y santificación de los hombres».
Reformar el mundo con el Evangelio

Los verdaderos adoradores de Dios no reforman la liturgia según sus propias ideas y creatividad para complacer al mundo. Más bien, «reforman el mundo con el Evangelio» para ayudarle a acceder a la liturgia que es «el reflejo de aquella que se celebra desde la eternidad en la Jerusalén celestial».

El cardenal Sarah subrayó el enfoque de Benedicto XVI. La carta del Papa de 2007 a los obispos que acompañan a Summorum Pontificum dijo que tenía como objetivo «permitir el enriquecimiento mutuo de las dos formas del mismo rito romano» y abrió la posibilidad de perfeccionarlas «destacando los mejores elementos que caracterizan a cada una».
Pautas para Summorum Pontificum

El cardenal ofreció las pautas para Summorum Pontificum, diciendo que debe aplicarse «con mucho cuidado» y no como «una medida negativa y regresiva, que pretende regresar al pasado. Tampoco debe aplicarse como algo que construye muros y crea un gueto».

Más bien, debe ser «una contribución importante y genuina a la vida litúrgica tanto del presente como del futuro de la Iglesia».

Donde se celebra la forma extraordinaria, dijo el cardenal, los pastores han reportado un «mayor fervor» entre los fieles y los sacerdotes. Donde se celebra la forma ordinaria, ha habido un impacto positivo en la liturgia, especialmente en el redescubrimiento de las posturas de adoración del Santísimo Sacramento, como el ponerse de rodillas y la genuflexión.

El Cardenal Sara dijo que hay un renovado sentido de la importancia del «silencio sagrado» en partes importantes de la Misa que permite a los sacerdotes y fieles «interiorizar el misterio de la fe que se celebra».

La reforma litúrgica en sí tiene un objetivo místico, dijo: «Por lo tanto, la liturgia debe reformarse para ser más fiel a su esencia mística».

sábado, 1 de abril de 2017

Evangelio Domingo V de Cuaresma

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Lectura del santo evangelio según san Juan (11,3-7.17.20-27.33b-45):


En aquel tiempo, las hermanas de Lázaro mandaron recado a Jesús, diciendo: «Señor, tu amigo está enfermo.»
Jesús, al oírlo, dijo: «Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.»
Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba.
Sólo entonces dice a sus discípulos: «Vamos otra vez a Judea.»
Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa.
Y dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.»
Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará.»
Marta respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día.»
Jesús le dice: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?»
Ella le contestó: «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.»
Jesús sollozó y, muy conmovido, preguntó: «¿Dónde lo habéis enterrado?»
Le contestaron: «Señor, ven a verlo.»
Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: «¡Cómo lo quería!»
Pero algunos dijeron: «Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?»
Jesús, sollozando de nuevo, llega al sepulcro. Era una cavidad cubierta con una losa.
Dice Jesús: «Quitad la losa.»
Marta, la hermana del muerto, le dice: «Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días.»
Jesús le dice: «¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?»
Entonces quitaron la losa.
Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: «Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado.»
Y dicho esto, gritó con voz potente: «Lázaro, ven afuera.»
El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario.
Jesús les dijo: «Desatadlo y dejadlo andar.»
Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

Palabra del Señor

La resurrección del corazón. Por Raniero Cantalamessa


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Los relatos del Evangelio no existen sólo para ser leídos, sino también para ser vividos. La historia de Lázaro se escribió para decirnos esto: hay una resurrección del cuerpo y una resurrección del corazón; si la resurrección del cuerpo ocurrirá «en el último día», la del corazón sucede, o puede hacerlo, cada día.

Éste es el significado de la resurrección de Lázaro, que la liturgia ha querido subrayar con la elección de la primera lectura de Ezequiel sobre los huesos secos. El profeta tiene una visión: contempla una inmensa vega de huesos secos y comprende que representan la moral del pueblo, que está abatida. La gente va diciendo: «Se ha desvanecido nuestra esperanza, todo se ha acabado para nosotros». A ellos se dirige la promesa de Dios: «He aquí que yo abro vuestros sepulcros; os haré salir de vuestras tumbas... Infundiré mi espíritu en vosotros y viviréis». En este caso tampoco se trata de la resurrección final de los cuerpos, sino de la resurrección actual de los corazones a la esperanza. Aquellos cadáveres, se dice, se reanimaron, se pusieron en pié y eran «un enorme, inmenso ejército». Era el pueblo de Israel que volvía a esperar, tras el exilio.

De todo esto deducimos algo que sabemos por experiencia: que se puede estar muertos... incluso antes de morir, mientras aún estamos en esta vida. Y no hablo sólo de la muerte del alma a causa del pecado; hablo también de aquel estado de total ausencia de energía, de esperanza, de deseo de luchar y de vivir que no se puede llamar con nombre más indicado que éste: muerte del corazón.

A todos aquellos que por las razones más diversas (fracaso matrimonial, traición del cónyuge, perdición o enfermedad de un hijo, ruinas económicas, crisis depresivas, incapacidad de salir del alcoholismo, de la droga) se encuentran en esta situación, la historia de Lázaro debería llegar como repique de campanas en la mañana de Pascua.

¿Quién puede darnos esta resurrección del corazón? Para ciertos males, bien sabemos que no hay remedio que valga. Las palabras de aliento abandonan el terreno que encuentran. También en casa de Marta y María había «judíos llegados para consolarlas», pero su presencia no había cambiado nada. Es necesario «mandar a llamar a Jesús», como hicieron las hermanas de Lázaro. Invocarle, como hacen las personas sepultadas por una avalancha o bajo los escombros de un terremoto, que llaman con sus gemidos la atención de los rescatadores.

Frecuentemente las personas que se hallan en esta situación no son capaces de hacer nada, ni siquiera de orar. Están como Lázaro en la tumba. Se necesita que otros hagan algo por ellos. En labios de Jesús encontramos una vez este mandamiento dirigido a sus discípulos: «Curad enfermos, resucitad muertos» (Mt 10,8). ¿Qué quería decir Jesús? ¿Que debemos resucitar físicamente a los muertos? Si así fuera, en la historia se cuentan con los dedos de una mano los santos que pusieron en práctica ese mandato de Jesús. No; Jesús se refería, también y sobre todo, a los muertos de corazón, los muertos espirituales. Hablando del hijo pródigo, el padre dice: «Estaba muerto y ha vuelto a la vida» (Lc 15, 32). Y no se trataba ciertamente de muerte física, si había regresado a casa.

Aquel mandato: «Resucitad muertos», se dirige por lo tanto a todos los discípulos de Cristo. ¡También a nosotros! Entre las obras de misericordia que aprendimos de niños, hay una que dice: «Enterrar a los muertos»; ahora sabemos que existe también la de «resucitar a los muertos».