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lunes, 22 de marzo de 2021
Necrológica
Ha fallecido el sacerdote diocesano Rvdo. Sr. D. Silverio Rodríguez Zapico
Nació en Ciaño (Langreo) en el seno de una familia muy religiosa; su hermano mayor Senén, también sacerdote diocesano, falleció recientemente.
Ingresó en el Seminario de Oviedo donde concluidos los estudios de filosofía y teología fue enviado a Salamanca para ampliar estudios, concluyendo su formación en París
Fue ordenado sacerdote en la Iglesia de Santiago Apóstol de Sama de Langreo el día 1 de Agosto de 1965 por manos de Monseñor Inocencio Rodríguez Díaz, Obispo de Cuenca y amigo personal de la familia.
Sus encomiendas fueron las siguientes:
Coadjutor de San Lorenzo de Gijón (1965 - 1970)
Ecónomo de la Resurrección de Gijón (Desde 1970 a la actualidad)
Profesor del Seminario Metropolitano de Oviedo (1982 - 2010)
Profesor del Centro Superior de Estudios Teológicos de Oviedo (1986-2010)
Miembro designado del Consejo Presbiteral (1997 - 2000)
Miembro elegido del Consejo Presbiteral (2000 - 2009)
Miembro del Colegio de Consultores (2003 - 2014)
Miembro de la Comisión Preparatoria del Sínodo Diocesano (2007 - 2011)
Miembro elegido del consejo presbiteral (Desde 2010 a la actualidad)
Delegado Episcopal de Ecumenismo (Desde 2012 a la actualidad)
Miembro del Colegio de Consultores (Desde 2019 a la actualidad)
Así mismo, fue profesor de religión en varios centros públicos de la ciudad de Gijón.
Miembro del Colegio de Consultores (Desde 2019 a la actualidad)
Así mismo, fue profesor de religión en varios centros públicos de la ciudad de Gijón.
Persona de altas cualidades intelectuales, aunque le gustaba la docencia y participar de las realidades diocesanas su vida se centró en la pastoral parroquial. Todo su ministerio estuvo ligado a la ciudad de Gijón.
En San Lorenzo vivió la realidad post-conciliar, aunque donde realmente gastó su vida fue en el barrio de "Laviada" de Gijón. Aquí fundó la parroquia de la Resurrección y logró levantar con muchos esfuerzos su templo, Parroquia a la que se ha dedicado en cuerpo y alma este último medio siglo.
Él mismo eligió el nombre de la Parroquia, consciente de que la fe del creyente se ha de edificar sobre el descubrimiento de Cristo Resucitado.
En estos dos últimos años hizo frente a una dura enfermedad contra la cual batalló con todas sus fuerzas. A pesar de verse obligado a pasar e ingresar varias veces en diferentes hospitales nunca quiso dejar la labor pastoral. Estas últimas semanas aunque ya no podía acercarse al templo siguió viviendo en el piso de la Parroquia para no sentirse lejos de su grey, auxiliado siempre por fieles colaboradores. Agravada su salud y asistido con tratamientos paliativos se decidió trasladarle a la Residencia de la Parroquia de San Pedro Mayor de Gijón donde falleció esta mañana.
D. E. P.
La capilla ardiente ha quedará instalada a partir de las 12´00h de hoy lunes en la Iglesia Parroquial de la Resurrección de Gijón, y en dicho templo tendrá lugar mañana martes día 23 de marzo el funeral a las doce del mediodía, presidido por el Sr. Vicario General del Arzobispado de Oviedo. A continuación sus restos mortales serán trasladados al cementerio municipal de Ciaño donde recibirán cristiana sepultura junto a su hermano y sus padres.
Dada la situación de Pandemia la Familia no recibe
| ''Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos'' (1 Pe 1,3) |
domingo, 21 de marzo de 2021
''Ha llegado la hora''. Por Joaquín Manuel Serrano Vila
Ya próximos al Domingo de Ramos -que este año será sin bendición- nos introducimos en la llamada Semana de Pasión de Dolores, donde la Palabra de Dios en este quinto domingo de Cuaresma reclama nuestra atención para ver cómo las promesas de Dios para con los hombres se acercan ya a su meta, lo cual celebraremos en el Triduo Pascual. El Señor aceptará la cruz como el exponente del mayor amor y misericordia para nuestra humanidad caída que, gracias a Él, por Él y en Él, será levantada y redimida en el Ara de la Cruz. Por su sangre se hará efectiva la Alianza Nueva entre el Creador y sus criaturas ratificando el pacto sus palabras: ''yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo''.
También en este domingo cercano a la Solemnidad de San José, vivimos unidos a la Iglesia Diocesana y a la Iglesia que peregrina en España la Campaña del Día del Seminario, conscientes de que los sacerdotes no caen del cielo, sino que nuestras comunidades parroquiales han de ser espacios propicios donde surjan nuevas vocaciones al ministerio ordenado. En esta línea nos ayuda de forma clara la epístola del apóstol San Pablo a los cristianos de Éfeso donde vemos a Cristo como el Sacerdote por antonomasia que siempre ejerce la caridad. Jesucristo instaura un nuevo sacerdocio que no se hereda como un título nobiliario, tal como ocurría en tiempos del presbítero Melquisedec, sino que también en el sacerdocio ''Jesucristo hace nuevas todas las cosas''. El sacerdocio de Cristo del que somos partícipes todos los bautizados tiene dos rasgos concretos que nos ha recordado San Pablo: ''gracia y salvación''. No es una vocación que se compra, sino que se recibe por gracia directa de Dios, y no está orientada a privilegios personales, sino a servir en favor de la salvación de muchos. Jesucristo es el modelo supremo del buen sacerdote que está siempre junto a su pueblo y camina a su lado compartiendo lo malo y lo bueno, y que nunca se cansa de estar disponible para servir a todo el que lo necesite. No nos limitemos a rezar por las vocaciones sacerdotales sólo e el mes de Marzo, o echar unas monedas al cestillo con ocasión de la Campañas, sino que tomemos conciencia de esta necesidad como una responsabilidad de todo fiel cristiano.
La primera lectura del profeta Jeremías, entresacada del llamado Libro de la Consolación en la que el autor plasma la dura vivencia que supuso el cerco a Jerusalén por parte de los babilonios, no es en realidad un texto pesimista aunque lo pueda parecer si nos quedamos sólo en las apreciaciones del profeta entre arrancar y plantar, sino que en verdad, constituye el acicate que a menudo opaca nuestro horizonte de luchar por vivir siempre la esperanza, a veces, contra toda esperanza. Dios no nos abandona, Él cumple su palabra y no olvida su promesa. La alianza de Dios no es algo abstracto y genérico, sino que la escribe en el corazón de cada uno. No da el Señor marcha atrás en su promesa, sino que cuenta con nosotros para su plan de salvación, poniendo su ley en el fondo de nuestros ser. Pero no nos centramos en aquella Antigua Alianza del Sinaí, hemos de interiorizar este texto en consonancia con el evangelio donde Cristo nos presenta en Él la Nueva Alianza que pasa por el sufrimiento y la muerte para llegar a la Gloria.
En este pasaje de San Juan, denominado por los exégetas como "la Teología de la Hora'', vemos a Jesús desarrollar y explicar cómo el final está ya próximo y su suerte echada. Jesús es consciente de que llega la hora en que habrá de dar gloria al Padre con su oblación, y es lo que quiere dejar claro a los suyos, que no muere de cualquier manera, sino que voluntariamente acepta su propio sacrificio. Este es el sentido del grano de mostaza que cae en tierra y muere, pero da mucho fruto; eso el lo que quiere el Maestro que los discípulos entiendan, que finalmente todo florecerá con la Pascua. En ocasiones también nosotros podemos ser frívolos a la hora de acercarnos a la figura de nuestro Redentor y también ''queremos ver a Jesús'', estar cerca y conocerle, pero, a qué Jesús queremos ver; a la figura del "taumaturgo" del que sólo me acuerdo cuando me veo en apuros, al llamativo personaje histórico, o a Dios mismo que muere por mí en la Cruz para dar el fruto de mi redención.
En la aceptación de Cristo de la voluntad del Padre tenemos la mejor enseñanza posible, sólo si seguimos sus pasos no nos priorizaremos a nosotros mismos en este mundo, y así nos guardaremos para la vida eterna. No es fácil; es como cuando entramos en un hospital o en un quirófano y tenemos la tentación de salir corriendo antes de que nos toquen. También le ocurrirá algo parecido a ese Jesús muy humano en el Huerto de los Olivos, como igualmente en otros momentos del camino subiendo a Jerusalén camino de su patíbulo. Esta es humanidad de un Dios-Hombre que configurado con nuestra condición siente como nosotros momentos de flaqueza: ''Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré?: Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora. Padre, glorifica tu nombre''. Y en el texto encontramos una nueva teofanía, Dios vuelve a manifestarse diciendo: «Lo he glorificado y volveré a glorificarlo», palabras que nos devuelven nuestra memoria al Tabor en la experiencia de la Transfiguración.
Si la pasada semana veíamos el paralelismo entre la serpiente de bronce y la Cruz, hoy el madero redentor vuelve a ser indicador del duro destino de la Gloria, pero al que todos somos llamados: ''cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí''...
Evangelio Domingo V de Cuaresma
En aquel tiempo, entre los que habían venido a celebrar la fiesta había algunos griegos; éstos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban: «Señor, quisiéramos ver a Jesús.»
Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús.
Jesús les contestó:
«Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este. mundo se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará. Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré?: Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora. Padre, glorifica tu nombre.»
Entonces vino una voz del cielo: «Lo he glorificado y volveré a glorificarlo.»
La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno;
otros decían que le había hablado un ángel.
Jesús tomó la palabra y dijo: «Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el Príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí.»
Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir.
Palabra del Señor
sábado, 20 de marzo de 2021
Carta semanal del Sr. Arzobispo
Era un artesano en su ciudad y muy respetado por toda la gente, ante la que se ganó el título de bueno y justo. Poco más nos dicen los Evangelios sobre él, pero hay elogios que no los hacen los labios ni las letras, sino los hechos de una vida discreta pero comprometida con lo verdadero, con lo bello, con lo auténtico. A José de Nazareth se le confió una vida que no había hecho él, pero que su custodia era importante. Una vida que tenía dos rostros: el de María, su joven prometida con la que luego se casó, y el de Jesús, el hijo milagroso en quien tuvo humanamente cabida nada menos que el mismo Dios. Amar a María sin apropiarse de ella, amar a Jesús sabiendo lo que su cuidado entrañaba. Es amar la vida tal y como se nos da, como se nos asigna, como se confía a nuestro cuidado sin ninguna posesión pretenciosa.
Damos gracias por José, porque quiso así a Jesús y a María, y felicitamos a cuantos luchan por la vida en todos sus tramos. Una vez le dije a una amiga enfermera que era madre de familia, tras haber evitado un aborto en una adolescente que lo pedía, que había vuelto a ser madre dos veces: salvando a ese niño y salvando a quien lo concebía. Amar es siempre apostar por la vida. Y así José amó a María, con la delicadeza de quien comprendió que su amor no era prohibido, sino orientado con todas las consecuencias al hijo divino que Dios mismo había puesto en medio de ambos naciendo virginalmente de María. El Papa Francisco ha querido dedicar este año tan convulso y complicado a San José. Y en su fiesta nos acogemos a su beneficio e intercesión, pidiendo especialmente por los padres en su importante misión dentro de cada familia.
Pero hay una fecundidad que igualmente da frutos desde la paternidad espiritual. En este sentido, en la festividad de San José pedimos también por los llamados a ejercer la paternidad espiritual como sacerdotes y por los que se forman en los seminarios que un día ejercerán esa paternidad ministerial. También a
ellos Dios les confía la vida
de tantos modos como
hiciera con San José: no es la gracia que hacen sus
manos, aunque sean éstas las que la repartan, y
la palabra divina que anuncian sus labios no nace
de su particular vocabulario, pero Dios ha querido distribuir en esas pequeñas manos el don más
infinito, y balbucir en esos titubeantes labios la verdad más luminosa y bella.
No es bueno que el hombre esté sólo, porque Dios
es compañía. En la comunión de amor Dios nos
cuenta su propia historia. En la familia de sus hijos
hemos nacido, en ella crecemos y en ella llegaremos a la plenitud de ser santos. De esto nos habla
el amor puro que José tuvo por María, mirando con
todo el respeto lleno de misterio a Jesús en aquella
sagrada Familia. Podríamos meternos con delicadeza en los silencios de San José donde están sus
secretos sobre Jesús y sobre María, con la certeza
de encontrar en este artesano bueno lo que ellos
dos hallaron en quien Dios puso el cuidado de sus
vidas como auténtico custodio, dentro de la historia que juntos escribieron.
En un mundo huérfano de tanto donde damos
tumbos por las incertidumbres de las varias pandemias en curso, la paternidad queda eclipsada
tanto en su rostro divino como en su rostro humano, como decía el filósofo judío Martin Buber. San
José nos acerca esa paternidad discreta, eficaz,
amorosa, de quien abraza la vida sin apropiársela indebidamente, de quien respeta la vida sin
poseerla con pretensión. Por eso decimos con el
poeta ante San José: “Y, pues que el mundo entero
te mira y se pregunta, di tú cómo se junta ser santo y carpintero, la gloria y el madero, la gracia y el
afán, tener propicio a Dios y escaso el pan”. Carpintero de Dios, no dejes de acogernos y acompañarnos en el taller de la vida donde aprender a
amarla con tu misma pasión.
+ Jesús Sanz Montes,
Arzobispo de Oviedo
viernes, 19 de marzo de 2021
''Id a José'' (Gn 41,55) . Por Joaquín Manuel Serrano Vila
Nunca deberíamos dejar pasar desapercibida la Solemnidad de San José, pero más si cabe ahora que nos vemos inmersos en medio de su Año Santo por decisión del Santo Padre. Es un gran regalo que nos hace el Papa Francisco al conmemorar el 150° de la declaración de San José como Patrono principal de toda la Iglesia Católica, en 1870 por el Papa Pío IX. No podría haber mejor Patrono para cuidar de la Iglesia; quién mejor que aquel a quien Dios mismo confió a su hijo Jesucristo y a María, su Madre. He aquí que en San José se actualizan las palabras del Éxodo que se utilizaron para hablar de José el hijo de Jacob, al ser puesto como principal de la Casa del Faraón: "Lo puso al frente de su Casa".
Este Año de gracia, con sus indulgencias, ha de ser un tiempo especial para recuperar la figura del Santo Patriarca en nuestras vidas. No nos quedemos con la excusa de que sabemos poco de este Santo, al contrario, profundicemos en las enseñanzas de su silenciosa postura que no dejan de interpelarnos e iluminarnos. En los siete domingos en su honor hemos meditado uno a uno sus dolores y gozos ante los que aprender de su proceder como hombre temeroso de Dios que busca en todo momento cumplir su voluntad.
San José no es un cualquiera, es un -discreto- grande entre los grandes. No olvidemos que fue Él quien más trató a Jesús y a María. Nosotros que nos decimos buenos seguidores de Jesús y fieles hijos de Santa María valoremos también esa virtud de saber estar presente en un segundo plano, en la sombra y pasando desapercibidos para el mundo, donde sólo el Señor destaque para nosotros y nosotros para Él. Como apunta el Papa en su Carta Apostólica Patris Corde: "San José nos recuerda que todos los que están aparentemente ocultos o en segunda línea tienen un protagonismo sin igual en la historia de la salvación".
Es el día de los Pepes y Pepas, y es que antaño el Santoral ponía tras el nombre de San José las letras P.P. ("Pater Putativus") el padre putativo del Señor. Jesucristo amó a San José, lo llamaba "padre" y a buen seguro sentía con orgullo ser reconocido como "el hijo del carpintero" o, más explícitamente, como "el hijo de José" (MC 6,3).
Contemplar a San José ha de llevarnos a luchar por un mundo donde abunden los hombres justos, los trabajadores honrados, los buenos padres, los cumplidores de la ley y practicantes de la fe; en Él hallamos el icono del padre bueno que saca adelante su hogar cueste lo que cueste, que se pone en camino para proteger del peligro y que piensa en el bien de los suyos, incluso cuando no entiende nada.
San José ha sido a lo largo de la historia uno de los santos más querido, quizás podríamos decir que junto con San Antonio de Padua son los dos grandes amados por el pueblo fiel. Y es que el "Sensus fidei" de los creyentes es también el exponente de la comunión del pueblo fiel con Dios.
Dios acepta para su Hijo la paternidad de un carpintero humilde y sencillo de Nazaret. A buen seguro fue Él quien ayudó al niño Jesús a dar sus primeros pasos, le explicaría cómo rezar y cómo trabajar en su carpintería... San José fue un modelo para el mismo Cristo, el cual creció en gracia y sabiduría a su lado. No sería ninguna exageración afirmar que el Hijo de Dios maduró su humanidad teniendo como referente al esposo de su Madre y padre suyo también.
A San José acostumbramos a verlo representado con una vara florida, y es que la tradición apócrifa contaba que cuando aún Nuestra Señora estaba en el templo los sacerdotes, consideraron que era el momento de buscarle pretendiente, y convocaron a todos los hombres interesados que fueran de la tribu de David. De todos ellos parece que el mayor era San José; a todos los pretendientes se les mandó llevar un bastón o vara de almendro, las cuales dejaron ante el altar. Y ocurrió que la vara de San José floreció, por los que los sacerdotes vieron en ello un signo del cielo que identificaron como que José era el elegido para ser el esposo de la Virgen María.
San José tiene muchos patronazgos y es abogado de muchas cuestiones, quizás de las más destacadas sea la referente a la paternidad para nuestras familias de hoy. Santa Teresa de Jesús afirmaba que escuchaba todas sus peticiones con un preciso razonamiento: ''este glorioso santo tengo experiencia de que socorre en todas, y quiere el Señor darnos a entender, que así como le estuvo sometido en la tierra, pues como tenía nombre de padre, siendo custodio, le podía mandar, así en el cielo hace cuanto le pide''.
No podemos omitir la vinculación con el final de nuestro peregrinar humano, por lo que le consideramos especial intercesor para pedir una buena muerte. Él tuvo la mejor muerte de la historia, así lo ha transmitido a lo largo del tiempo la Iglesia, el cual cerró los ojos a este mundo entre los brazos de Santa María y los de Cristo. Por eso le pedíamos en esa conocida oración al Ángel de la Guarda, no solamente que nos asista en la última agonía, sino de forma especial que nos deje descansar "en los brazos de Jesús y de María".
Ojalá vivamos la devoción a Jesús, María y José; hogar de Nazaret que quisiéramos imitar en nuestros hogares. Os animo a acercaros a la figura de San José en este año, hay muchos libros que os pueden ayudar, numerosas oraciones, jaculatorias. Tenemos la costumbre de dedicar los miércoles a Él y muchas otras piadosas costumbres. Cada cual sabe cómo intensificar su acercamiento al Santo Patrono de la Iglesia que por estar tan cerca de Cristo y de Santa María es tan buen mediador de nuestras peticiones. Concluyo con unas palabras qué, aunque del Antiguo Testamento, se hacen actuales ahora en este Año Santo Josefino: Acudid a Él, ''id a José".
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