domingo, 4 de junio de 2023

Evangelio Domingo de la Santísima Trinidad

Lectura del santo evangelio según san Juan (3,16-18):

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

Palabra del Señor

sábado, 3 de junio de 2023

Don Clemente Serna González, el abad de Silos que apuntaba al cielo como el ciprés. Por Rodrigo Huerta Migoya

Tuve la suerte de conocer al Padre Abad Don Clemente en el verano de 2006. Me impresionó su sencillez, humanidad, su hondo saber... Fue una figura clave en la Iglesia española del siglo XX, apostando por tantas realidades que se daban ya por superadas. Quizás en estos días la más destacada sea la de su papel como promotor del canto gregoriano en un tiempo en que parecía haberse extinguido; y todo su impulso por dar a conocer la vida monástica y la espiritualidad benedictina, la cual fraguó toda su vida en una búsqueda constante de Dios. Don Clemente supo adelantarse a los tiempos haciendo aquello que muchos años después pediría el Papa Benedicto XVI: hacer propicios en la Iglesia de hoy "atrios de los gentiles". Este es el matiz que este gran Abad de Silos logró dar a su monasterio, convirtiéndolo no en un faro luminoso como dicen algunos, sino volviendo a ser lo que ya había sido en el pasado, pero que había perdido su brillo.

Desde los orígenes del monasterio, inicialmente llamado San Sebastián de Silos, tenemos noticias de al menos ciento tres abades de los cuales repitieron en el cargo -cuando éste era temporal- en dos ocasiones, quince de ellos: Bartolomé de Santo Domingo (1546–1553) (1556–1559), Gregorio de Santo Domingo (1553–1556) (1559–1561), Diego de Roa (1602–1604) (1606–1607), Alonso de Belorado (1598–1601) (1604–1606), Francisco de Valdivia (1610–1613) (1625–1629), Benito de la Guerra (1617–1621) (1629–1631), Placido Fernández (1631–1637) (1641–1642), Manuel Cortés (1649–1653) (1657–1659), Bernardo Ordóñez de Vargas (1669–1673) (1677–1681), Melchor de Montoya (1685–1689) (1705–1709), Isidoro de Quevedo (1725–1729) (1737–1741), Baltasar Díaz (1729–1733) (1749–1753), Isidoro Rodríguez (1733–1737) (1741–1745), José de Ceballos (1761–1769) (1781–1785) e Isidoro García (1793–1797) (1798–1801) y tres ocasiones los abades Juan de Heredia (1584–1587) (1590–1592) (1601–1602) y Juan de Castro (1681–1685) (1689–1693) (1697–1701), lo cual muestra de que fueron queridos por los monjes. El mejor abad de todos los tiempos fue indiscutiblemente Santo Domingo, cuyo abadiato marcó tanto a la comunidad y a la localidad que pueblo y cenobio pasaron a ser conocidos tiempo después ya no por su nombre original, sino por el del Santo abad. Otro gran abad que murió en olor de santidad y cuyo cuerpo se conserva y venera en la abadía es el del Beato Rodrigo Guzmán, por el que lógicamente en razón de su nombre tengo un especial cariño y devoción.

A lo largo de la historia de Silos hay muchos períodos interesantes desde su enigmático comienzo, cuya primera noticia aporta Fernán González en el año 954. Aunque como hipótesis, algunos calculan su posible fundación en el siglo VI bajo el reinado de Recaredo, ciertamente, sin poderse contrastar. Qué decir del terrible paso de Almanzor, la restauración material y espiritual de Santo Domingo, la etapa de su gloriosa jurisdicción y señorío en los siglos XII Y XIII teniendo unas 29 iglesias en su haber, y levantándose quince nuevos pueblos en tierras del monasterio. Pero la gloria de aquel siglo XIII con un maravilloso scriptorium, biblioteca, taller de orfebrería y numerosas peregrinaciones tras la canonización del abad Domingo, empiezan a entrar en decadencia con el golpe final del incendio del año 1384. En el siglo XVI la orden benedictina de Valladolid con fuerza en aquel momento, juega en contra de Silos. En el siglo XVIII se toma la decisión de tirar el templo románico que estaba en muy mal estado para levantar una iglesia más digna. Se realizó bajo dirección de Antonio Machuca siguiendo los planos de Ventura Rodríguez. Sí fue importante en el siglo XVIII su botica que aún se conserva, la cual se ha hecho famosa en las últimas décadas por la obra de Umberto Eco: ''El nombre de la Rosa'' (1980), novela que tuvo la inspiración de escribir visitando la farmacia del monasterio silense. Prueba de ello es que el monje que en su relato envenena las páginas del libro se llama "Jorge de Burgos..." Otro momento de dolor fue la guerra de la independencia que causó pequeños daños en el edificio del monasterio, aunque el mayor fue el robo de su original beato transcrito y miniado de 1073 a 1109 y que José Bonaparte traspasaría de forma ilegal en 1840 al British Museum de Londres.

También en la historia de Silos hay personajes interesantes; me quedo con algunos no muy lejanos como el monje boticario del siglo XVIII el P. Isidoro Saracha, considerado en su momento el mayor entendido en botánica del mundo, hasta el punto de ser requerido por la Casa Real española para que fuera él quien dictaminara las mejoras que requería el Jardín Botánico de Madrid. Otras figuras interesantes son las del Abad Fernando de Lienzo y Fray Domingo de Silos Moreno en lo relacionado con "la francesada" y el monasterio, con la ocultación de la urna con los restos de Santo Domingo en la casa parroquial de Moncalvillo de la Sierra tras una falsa pared, donde permanecieron ocultos y a salvo hasta 1813. Cinco años después en 1918 Fray Domingo era preconizado obispo de Cádiz... Y qué decir del abad que tuvo que afrontar el cierre del monasterio y la dispersión de los monjes en 1835, Rodrigo Moreno Echevarría Briones, nacido curiosamente en el otro rincón cuna del castellano como es San Millán de la Cogolla. Ante la desamortización, logró que acogieran a un grupo de monjes en la parroquia de San Martín de Madrid mientras que él solicitó al Arzobispado ser nombrado párroco del pueblo de Silos para poder salvar todos los objetos de valor del monasterio. En 1857 fue nombrado obispo de Segovia y se llevó los tesoros del monasterio con la intención de custodiarlos en la esperanza de que mientras, se pudiera restaurar el monasterio. Por desgracia a su muerte, designó a un monje benedictino como albacea, el cual no valoró la importancia de lo que tenía en sus manos y lo sacó a subasta para hacer arreglos en las ruinas del monasterio. Como alguien dijo: ''por tan sólo 30000 reales se vendió la ciencia acumulada en Silos durante diez siglos''. Así hoy los manuscritos y joyas bibliográficas de Silos se encuentran en la Biblioteca Nacional de París, su Biblia Gótica en Croacia, y el resto en la Biblioteca Británica y otras bibliotecas europeas. Actualmente las glosas silenses se encuentran en Londres, siendo consideradas esas 368 palabras de las primerísimas en lengua castellana.

Las leyes francesas de exclaustración dan pie a que un grupo de monjes franceses llegue a las ruinas de este monasterio castellano el 18 de diciembre de 1880, curiosamente el día de Nuestra Señora de la Esperanza. Desde la restauración de la vida monástica en Silos por los monjes de San Martín de Ligugé de la Congregación de Solesmes, no se ha vuelto a interrumpir la vida monástica hasta el día de hoy. Los monjes franceses no sólo trajeron vida a un monasterio muerto, sino también la gran devoción a San José o al Sagrado Corazón, sin olvidar que fueron los que plantaron la secuoya de Silos que según contaron siempre los monjes mayores vino del Canadá; y el ciprés, que como dicen en el lugar: ''si el árbol se plantó con el canto, el canto lo sigue haciendo crecer''. Persona clave en la restauración de Silos fue el Padre Alphonse Guepin y Le Coniac, que fue elegido por sus hermanos como primer abad de la restaurada comunidad. Su recuerdo sigue vivo en Silos, pues es considerado la figura más reconocida de aquella bendita restauración que devolvió al monasterio la belleza perdida y la vida de oración interrumpida hacía cincuenta y cinco años. A la muerte del primer abad francés es elegido abad el burgalés de Castroceniza, P. Luciano Serrano y Pineda, gran historiador medievalista, entendido del canto gregoriano y autor de más de una docena de libros. Su tiempo como Abad vivió un florecer vocacional que permitió nuevas fundaciones en Buenos Aires, Ciudad de Méjico y el Priorato de Montserrat de Madrid y Estíbaliz (cerrado recientemente). A la muerte de Don Luciano había más de cien profesos en el monasterio de Silos. Le sucede en el cargo el P. Isaac María Toribios Ramos, palentino de Santoyo. Gran latinista y helenista; fue profesor de estas materias. Aficionado a la arqueología llevó a cabo excavaciones en la iglesia barroca del monasterio tratando de identificar el perímetro del templo primitivo en busca de los orígenes visigóticos. Destinado al País Vasco fue prior de la comunidad benedictina de Vitoria, promocionando el culto a la patrona de la Provincia con la creación de la revista "Estíbaliz". Fue elegido abad en 1944, llevando a cabo importantes decisiones como la restauración del claustro románico, la sala capitular o la grabación en 1958 del primer disco de canto gregoriano. Restauró el monasterio de San Salvador de Leyre (1954), concedió la independencia a Estíbaliz que hasta ese momento era priorato (1955) y fue también el fundador del monasterio de Santa Cruz del Valle de los Caídos al enviar monjes de Silos para hacer realidad el proyecto demandado por el gobierno. Falleció en 1961 siendo enterrado en el claustro. Días después fue elegido abad Don Pedro Alonso Alonso, burgalés nacido en el mismo pueblo que el Padre abad Luciano. Los dos últimos años de Don Isaac María, era el Prior. Fue Don Pedro un abad también querido y recordadísimo pastor de esta Abadía, al cual le tocó afrontar momentos nada fáciles para la comunidad como la adaptación en la liturgia y la Regla de vida al Concilio Vaticano II, o la situación del trágico incendio de 1970 cuando se perdió la valiosísima colección de Etnografía e Historia Natural, conservada desde hacía siglos y siendo dañadas las estructuras principales del edificio, lo que parecía el final del monasterio. Realizó importantes reformas en la Abadía, y durante su mandato se grabó por segunda vez en el monasterio logrando esta vez ya una fama internacional, aunque algunos de estos documentales salieron a la luz cuando ya había fallecido. Durante su abadiato unió el monasterio fundado por Silos de San Rafael de Méjico, al Monasterio benedictino de Tepeyac en 1971, y concedió la independencia al monasterio navarro de Leyre en 1979. Aunque renunció a su cargo, falleció a las pocas semanas recibiendo cristiana sepultura en la cripta del templo abacial, esto ocurrió en 1988 año en que fue elegido el P. Clemente, y bendecido como nuevo Abad.

Natural de Montorio, bautizado en la parroquia de San Juan Bautista, su vida fue la de un auténtico asceta amigo del silencio, al tiempo que de la predicación como el patrono de su pueblo. Creció en el seno de una familia religiosa con una tía monja y un tío monje en Silos. Muy niño sintió la vocación religiosa ingresando en el seminario menor de Burgos a los diez años, y pasando después a la Escuela Apostólica (Oblatorio) de Silos, con trece; profesó en 1964. Estudió la filosofía en Silos y la teología en Solesmes, recibiendo la ordenación sacerdotal en 1971. Por sus capacidades para el estudio fue enviado a Roma donde se doctoró en Teología Espiritual por el Pontificio Ateneo de San Anselmo, al tiempo que obtuvo la Diplomatura en Archivística, Paleografía y Arqueología Cristiana. Concluida la formación ejerció de profesor de teología espiritual con especialización en Patrística Monástica; Maestro de Novicios en la Abadía de San Pablo Extramuros de Roma, y Capellán de la Casa Madre de las Hermanas de la Divina Providencia en Roma. A su regreso a España fue designado Secretario de la Sociedad Española de Estudios Monásticos y fue miembro fundador del “Groupe de Chevetogne”, foro constituido para favorecer la reflexión sobre Europa; y vocal del Consejo de Gobierno de la Confederación Española de Religiosos y Religiosas, de la Comisión Episcopal de Obispos-Superiores Mayores, y del Consejo Social de la Universidad de Burgos.

Han sido muchísimos los trabajos que se han llevado adelante liderados por el padre abad Clemente, pero ciertamente, con toda la comunidad apoyando y trabajando los mismos. Son tantos, que haría falta un libro entero que pudiera recoger los frutos del abadiato de Don Clemente Serna. Desde las obras materiales en el edificio del monasterio: reformas, restauraciones... hasta la puesta en marcha de múltiples iniciativas como la Asociación Amigos de Silos (1990), la Fundación Silos (2000), la restauración del convento franciscano de Silos para hospedar a mujeres y familias, las mejoras del museo y la ampliación de productos para la tienda; la incorporación de la comunidad al mundo de Internet, y hasta las salidas de todos los monjes fuera del lugar como cuando se acercaron a Soria para cantar "vísperas" en San Leonardo de Yague.

Decían los monjes franceses que visitaban Silos que sus campanas sonaban a cacerolas, y ésta fue una de las obras de este Abad: la adquisición de nuevas campanas para la torre del monasterio. Se promocionaron muchísimas publicaciones, no sólo las recogidas en cada edición de glosas silenses, sino en libros y opúsculos que personas amigas, investigadores o monjes de la Casa han ido publicando a lo largo del tiempo. Hay muchos rostros de Silos que dar a conocer: Silos como cuna del castellano, el Silos artístico con la joya del claustro, el Silos espiritual con la vida del Santo y sus recuerdos, el Silos poético, paisajístico... Pero Don Clemente nunca quiso encasillarse en uno sólo; no quería un museo frío, ni profanar el tesoro del silencio monacal, ni tampoco permanecer inamovible al socaire del "siempre se hizo así"... Supo conjugarlo todo, fundamentalmente desde la bendita acogida benedictina que sabe recibir al huésped como pedía San Benito: "como al mismo Cristo, pues Él mismo ha de decir: “Huésped fui y me recibieron”.

En los momentos en que las políticas de los gobiernos de España han sido más beligerantes contra la fe católica, han surgido "miedos" en muchos lugares monásticos; uno de ellos dicen que fue Silos, donde durante el gobierno de Rodríguez Zapatero llegaron comentarios calamitosos que alertaban al Abad para estar preparado para lo peor. Personalmente, nunca me he creído esa interpretación de que el Padre Abad temiera que pudieran verse en la calle en cualquier momento, y por eso se habrían restaurado las ruinas del abandonado convento de San Francisco de Silos, que durante décadas los monjes utilizaron como fábrica del monasterio, por si acaso. Es cierto que aunque el Monasterio desde sus orígenes perdidos en la lejanía del medievo siempre fue propiedad de los monjes de San Benito, lo también cierto es que desde la desamortización no han vuelto a ser dueños de su Casa, y creo sólo por el bien cultural que han devuelto a la Nación merecen que el gobierno les devuelva la titularidad de su Morada. Aunque el verdadero motivo de rehabilitar el cenobio franciscano antaño llamado de Santa María del Paraíso, fue para albergar todo lo que hoy allí disfrutamos: una hospedería externa por así llamarla, un pequeño museo, una tienda, un restaurante, salas de reuniones y eventos, etc.

Tuvo un gran compromiso Don Clemente por fortalecer los vínculos de la comunidad con los lugares relacionados con Santo Domingo de Silos, especialmente con Cañas y otros lugares de España donde se le tiene devoción o es Patrono. Qué decir de la relación con la Orden de Predicadores, ya que Santo Domingo de Guzmán debe su nombre a que su piadosa madre, la Beata Juana de Aza, era una gran devota del abad de Silos. Siempre hubo un gran vínculo entre los frailes de Caleruega y los monjes de Silos. Así mismo, la atención solícita hacia tantas comunidades benedictinas tan unidas a Silos como la de San José de Burgos, San Salvador de Palacios de Benaver, la Santísima Trinidad del Tiemblo de Ávila o Santa Cruz del Valle de los Caídos, todas vinculadas todas a Silos. También desempeñó un papel notable en el cuidado de la comunidad benedictina del monasterio de Canarias cuyos novicios se formaron en Silos, y bajo cuya tutela de esta la Abadía estuvo la Casa Canaria hasta la incorporación de esa comunidad a la Congregación Benedictina Sublacense Casinence. Qué decir de sus desvelos por el cuidado del Priorato silense de Montserrat de Madrid; su preocupación por renovar y mantener siempre aquella comunidad, su deseo de sacar adelante la causa de sus mártires hoy ya beatos, o la apuesta de emplear una parte de dicho edificio como enfermería para los monjes de Silos más enfermos y dependientes... Hablando de enfermos, le tocó buscar remedio al ciprés con la ayuda de una empresa especializada, la cual supo salvarlo cuando este parecía que empezaba a secarse, y fue atendido por el ingeniero agrónomo Juan Tuset, del Departamento de Protección Vegetal del Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA).  ¿Qué sería de Silos sin su ciprés? ese que definió Gerardo Diego magistralmente: ''Enhiesto surtidor de sombra y sueño/ que acongojas el cielo con tu lanza''... Aún recuerdan los monjes cuando un profesor de literatura llegó a verlo con sus alumnos y se emocionó tanto a declamar los versos que en lugar de decir acongojas le salió "acojo..."; o cuando le preguntaban al guía del monasterio Enrique Molinero, por el ''arcipreste de Silos'' al confundir el árbol con el cargo del Arcipreste de Hita, de Juan Ruiz... Son muchos los poetas los que le han cantado a este árbol: Unamuno, Machado, Alberti... Y muchos los monjes benedictinos como Fray Justo Pérez de Urbel con su composición «El criprés del Claustro», considerada una de las mil mejores poesías de la lengua castellana. 

Otra decisión muy aplaudida por los monjes fue el deseo del abad Clemente de instalar el cementerio de la comunidad en la huerta jardín del monasterio y dejar de ser enterrados en el cementerio del pueblo. Eran ya demasiados enterramientos de monjes en tan poco espacio y Don Clemente pensó que se les hacía un favor a las gentes del pueblo al quedar más espacio en el cementerio para ellos, y se hacía también un favor a la comunidad de tener en la Casa a los que ya han partido hacia la del Padre... En cuanto empezaron las excavaciones y la obra para el nuevo cementerio monástico los monjes mayores se hacían bromas preguntándose quién tendría el honor de estrenarlo. El primer monje que recibió aquí cristiana sepultura fue el Hermano Regino el 20 de julio de 2008. Curiosamente, Fray Regino solía comentar respecto a la realidad de Silos: ''aquí nos pasamos toda la vida en el monasterio, y una vez que nos morimos nos sacan fuera''. Por lo que fue para él un regalo el que por fin los monjes comenzaran a enterrarse "intra muros". El Hermano Regino destacó por su labor de orfebrería artesanal, siendo requerido para colaborar en la restauración de la Cruz de la Victoria de Oviedo. Al Padre Clemente le hubiera gustado haber podido perpetuar ese oficio en los monjes jóvenes, pero no pudo ser. 

Cuanto trabajo, no sólo preparando con mimo cada alocución y conferencia a sus monjes, sino también retiros, charlas, pregones y homilías por media España y hasta fuera de ella. Es muy extensa su obra escrita diseminada en discursos, libretos, y revistas académicas... Merecen especial mención sus colaboraciones en el Boletín de la Real Academia Española, Burgense, o Cuadernos monásticos. Tres libros suyos que tuvieron una gran acogida fueron: “La Cuaresma y la vida monástica benedictina”, “Para encontrar a Dios” y “Orar con María”.

Qué decir de su cercanía a los Encuentros Misioneros Silos, al propio pueblo silense o a la realidad de la diócesis burgalesa que siempre requería que los monjes asumieran encomiendas en algún pueblo del entorno. Pero su principal misión, fue la de cuidar del rebaño de su cenobio, del cual como dice el ritual de bendición: ''habrá de dar cuentas''. Supo ser Don Clemente cercano a la realidad de cada uno de sus monjes sabiendo ser para ellos lo que pide San Benito: ''enseñar todo lo bueno y lo santo más con obras que con palabras''. Aún sentado en el centro de la sala capitular se veía su humildad natural, su voz que transmitía en paz el sentir de un hombre que vivía de oración y que a partir de ahí sabía ser maestro, pastor y médico para las almas de sus hermanos. 

Para él cada monje había de ser puesto en la faena en la que destacaba, de forma que no sólo él creciera, sino que de esa destreza se beneficiara toda la comunidad. Desde la huerta a la licorería, la miel o la instrucción de los novicios, la cocina o el ensayo del canto, el ornato del templo o la encuadernación, la venta en la tienda o la explicación turística, la hospedería o la biblioteca, lavandería o sacristía...Pero todos al fin y al cabo en el "ora et labora" compartiendo lo que atañe a todos. Siempre se mostró agradecido con las vocaciones que Dios les mandaba; no eran muchas para poder enviar monjes a ampliar estudios fuera, por ejemplo a San Anselmo, pero bastaban para mantener Silos y su Priorato madrileño con suficiente dignidad. Dio mucho y, sin embargo, siempre consideró que recibía más de lo que podía dar. En cierta ocasión alguien le preguntaba por la basílica del monasterio, pues en opinión de este eclesiástico estaba muy desangelada y con aspecto frío para ser obra de Ventura Rodríguez. Ahí Don Clemente le explicó que originalmente el templo estaba cargado, y que en 1963 al reformar la iglesia cambiando el presbiterio al extremo opuesto se quitó ésta. Ojalá la Junta de Castilla y León pudiera ayudar con alguna subvención para recuperar el estado original del templo, pudiéndose cargar y pintar sus paredes como en el proyecto original. Nadie duda que es quizá el templo más visitado de la Comunidad Autónoma por personas de todo el mundo. Era muy sensible al arte; tuvo una época en la que se sintió muy atraído por el arte contemporáneo promoviendo numerosas exposiciones temporales de este arte contemporáneo en colaboración con el Ministerio de Cultura y la Cámara de Comercio de Burgos, pero con el paso del tiempo volvió a sentirse más llamado por los cánones clásicos. En la ciudad de Burgos se han colocado antiguos retablos de localidades hoy sin población para salvaguardar ese arte, quizá le hubiera gustado al Padre Clemente haber encontrado algún retablillo así poder colocar en sustitución del cristo moderno que preside el templo -como también le plantearon algunos oblatos- y sustituir el altar y el ambón por otros que imitaran el estilo románico, pero eran demasiadas las peticiones y sugerencias que tenía en todos los campos... Recuerdo una conversación con él -creo que fue en 2010- cuando hablando del Beato Rodrigo de Silos me reveló con cierta tristeza que le hubiera gustado haber logrado abrir la a causa de canonización, a pesar de su antiguedad. Yo le apunté que no era nada descabellada su propuesta, pues el entonces recién llegado obispo de Córdoba había manifestado a los sacerdotes diocesanos su deseo de lograr la canonización de "Osio" que vivió entre los siglos III y IV. Don Clemente se interesó por ese caso en concreto y me reveló que le gustaría consultar el asunto con altas instancias, pero noté en él que sabía algo que los demás desconocíamos y creo que eran los inicios de su enfermedad de la que era totalmente consciente, y por la que tras los pertinentes estudios médicos se dio cuenta que día a día sus facultades se verían cada vez más deterioradas por el "alzhéimer". 

La enfermedad le cambió la vida al pobre abad de Silos, hasta el punto de anunciar la renuncia a su cargo vitalicio en una fecha muy especial como lo fue el día de su santo del año 2011, siendo relevado en marzo de 2012 al ser elegido el P. Lorenzo Maté Sandornil O.S.B., el actual abad de Silos. Había muchos proyectos en el tintero, pero su cuerpo ya no podía seguir. Siempre que acudía a Asturias especialmente a revisiones de la vista a Oviedo, encontraba tiempo para escaparse hasta la Parroquia de San Félix de Candás para orar a los pies de su Cristo. Los últimos años del P. Clemente fueron de una total configuración con Jesús sufriente en la cruz; la última fotografía que vi de él en silla de ruedas me partió el corazón, al ver a un hombre de Dios del que no quedaba en aquella estampa ningún rastro de lo que había sido este vital y multifacético hombre. Cuando el Priorato madrileño ya había cantado las primeras vísperas en la antesala del día grande de la Patrona de la Casa Nuestra Señora de Montserrat, Ella le vino a buscar para dejar este tiempo de pascua temporal por la Pascua del cielo que no termina. Ya se ha encaminado a lo alto, a ese cielo al que el ciprés sigue mirando... Llegó en la Pascua tu pascua atravesando la muerte, esa muerte que bien definió el P. Bernardo Recaredo: ''No tenía guadaña entre sus manos/ ni su rostro era seca calavera / era pálida, fea, triste. fría/ con su rostro cubierto de crespones/ carroñera que olía a sepultura''... Querido Padre Clemente, ha terminado la prueba y ya ha alcanzado la meta yendo a encontrar al que toda una vida buscó, alcanzando la paz que trazó su existencia, y no se ha terminado para usted el Oficio Divino sino que realmente será ahora cuando empiece y haga suyo el salmo: ''Misericordias Domini in aeternum cantabo'' (Cantaré eternamente las misericordias del Señor)-.

Esta tarde


viernes, 2 de junio de 2023

Cantos al Sagrado Corazón de Jesús

 






























Agradecemos a los sacerdotes de la iglesia del Salvador de Toledo -Parroquia 
de Santo Tomé la gran labor de recuperación de cantos litúrgicos que 
nos facilitan gracias a su canal de Youtube. Muchísimas gracias

Carta semanal del Sr. Arzobispo

Un viaje para la esperanza

Salió pronto la caravana. Había que madrugar pues no es sencillo trasladar tantas personas, algunas de las cuales tienen serias limitaciones físicas. La meta del recorrido estaba en Lourdes, donde un año más se desplazaba nuestra Hospitalidad de enfermos, además de un buen grupo de peregrinos. En total hemos estado allí 170 cristianos de Asturias, a los que he podido acompañar: enfermos, peregrinos, médicos y enfermeras, voluntarios, sacerdotes y diáconos, religiosas. Lo que más brillaba en nuestras miradas era la luz de la esperanza, dentro de esa alegría sencilla de quien se sabe cuidado, abrazado y sostenido por un Dios que siempre nos brinda su cercanía y ternura como un buen padre que vela por quien más quiere, que son sus hijos a los que hace entre sí hermanos. 

Es un enclave profundamente mariano, con una historia centenaria que tiene su punto de partida en la visita que María hizo a una pequeña pastorcita llamada Bernardette. Fue un día cualquiera, un 11 de febrero de 1858, mientras iban a recoger leña a las afueras del pueblo Bernardette y otras dos niñas, junto al río Gave y al lado de una gruta llamada Massabielle en la ladera de la empinada colina. Curioso escenario elegido por la Virgen para dirigirse a una interlocutora así de joven e inocente, una niña. Pero dejó un mensaje que ha pervivido: hacer penitencia, es decir, cambiar nuestra vida convirtiéndola a la verdad y belleza del Evangelio, a la bondad de la vida cristiana; hacer oración, teniendo la certeza de sabernos mirados en todo momento por Dios, de sabernos amados y esperados por Él cada vez que nos distraemos perdiendo el tiempo y el camino; llevar una vida sencilla sin ninguna opulencia que nos haga esclavos de tantas cosas que nos enajenan de Dios y de los hermanos; y finalmente, levantar allí una capilla como lugar de encuentro con el Señor, con María y con todos los hermanos

En estos 165 años de historia de Lourdes se han dado muchos milagros, pero como tales validados por la Iglesia y por la comunidad científica, son tan sólo unos 70 milagros. Obviamente, ha habido muchísimos más, pero que no se han podido demostrar, aunque no exista una explicación ni médica ni eclesial para tales fenómenos. De modo especial, los milagros morales cuando personas desesperadas recobran la esperanza, o gente descreída recupera o estrena su fe, o situaciones imposibles de reconducir humanamente hablando, que de pronto hallan el camino de un verdadero recomienzo volviendo al amor que se había roto, a la alegría que se había perdido, a la fidelidad que se había adocenado en algo mediocre y sin salida. Tantos milagros cotidianos que están en los anales discretos de tantos años de una historia excepcional, que tantas personas podrían relatar tras su paso por este enclave de esperanza mariana. 

La Virgen María sabe bien, en las bodas de la vida como sucedió en las de Caná, cuándo nos quedamos sin el vino que nos alegra el corazón y enciende la luz en nuestra alma para recorrer el camino al que hemos sido llamados como sendero seguro para alcanzar nuestro destino último. Ella es nuestra mejor aliada en esta aventura de vivir las cosas en una clave cristiana. Las cosas no cambian por el hecho de ser creyentes, pero pueden ser miradas y abrazadas, pueden ser vividas de otra manera distinta. Y esto es lo que nos diferencia a los cristianos de los demás: no en que a nosotros no nos suceden determinadas cosas por el hecho de haber conocido a Jesús o a María, sino que esas mismas cosas las miramos de un modo diferente. Las logramos mirar con los ojos de Dios, con los ojos de María. No cambia la circunstancia, pero sí que es distinta nuestra forma de asomarnos cada día a cuanto nos acontece por fuera o por dentro del alma. Ha sido una hermosa peregrinación. Todos hemos vuelto con la alegría propia de una experiencia sencilla que tanto nos ha regalado en la entrañable cita con María. 

+ Jesús Sanz Montes, 
Arzobispo de Oviedo

jueves, 1 de junio de 2023

Homilía en las Bodas de Oro y Plata sacerdotales 2023


Queridos hermanos sacerdotes y de modo especial los que hoy celebráis vuestras bodas de oro o plata ministeriales, diáconos, religiosas, seminaristas, familiares y amigos de los homenajeados, hermanos todos en el Señor: paz y bien.

El domingo pasado teníamos la inmensa alegría de ordenar a seis nuevos sacerdotes que como hermanos se unían a nuestro presbiterio diocesano. Una gracia grande y esperanzadora. Hoy nos acompañan concelebrando. Es el punto de partida de un itinerario al que vale la pena asomarse los que llevamos ya un tiempo caminando en este sendero vocacional de nuestro sacerdocio. Porque en la ilusión llena de asombro y misterio que se reconoce en estos sus primeros pasos, hay un espejo en el que mirarnos los que un día también fuimos misacantanos. Y en la fiesta que hoy celebra la Iglesia en torno a Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, es una buena ocasión para hacerlo.

Hemos pedido en la oración colecta de la Misa que el Señor nos concediera a quienes Él eligió como ministros y dispensadores de sus misterios, la gracia de ser fieles en el cumplimiento del ministerio recibido. Es hermoso el recordatorio: somos ministros, servidores, y dispensadores de un misterio que nos sobrecoge y desborda. La Palabra de Dios la balbucen nuestros pequeños labios, cuando narramos lo que late en el corazón de Dios, cuando acercamos a los hermanos el consuelo de su ternura y la certeza de su amor por cada uno de sus hijos. Nuestra boca se hace humilde instrumento de un relato de salvación, no la proyección de nuestros temores asustados o de nuestras euforias envalentonadas, sino que somos portavoces de esa Palabra que hace nuevas todas las cosas como en la mañana primera cuando Dios hizo las cosas precisamente diciéndolas: Dijo Dios, hágase. Es esa Palabra la que nuestros labios transmiten como mensaje de luz en medio de tantas sombras, como mensaje de paz cuando nos parten los conflictos varios, como mensaje de bien en medio de la maldad reinante, como mensaje de esperanza cuando tantos desesperan.

Los misterios de Dios de los que somos ministros, no sólo se transmiten por nuestra boca mensajera, sino también por nuestras manos samaritanas. Porque no somos artífices de un proyecto que tenga nuestra medida, sino instrumentos de una gracia que nuestras pobres manos vacías reparten a los hermanos que se nos confían. Unas manos puestas al servicio de lo que ellos más necesitan y ante lo que Dios quiere responder por la mediación de nuestro ministerio sacerdotal. No somos los protagonistas que eclipsan la luz de la gracia divina, sino el cauce fraterno por el que esa claridad disipa las oscuridades en nuestros valles de lágrimas.

Así podemos ver nuestra vocación sacerdotal dentro del Pueblo de Dios junto a otras vocaciones hermanas en la vida consagrada y en la vida laical. Cristo Sacerdote es el único, el sumo y el eterno sacerdote. No hay más sacerdocio que el de Jesús. El nuestro se une al suyo fundiéndose con su entrega filial, de la que somos una humilde prolongación a través de la historia. Por este motivo, ser sacerdote desde Jesús supone dar la vida en todo y siempre, no a ratos y con algunos, sino sabernos enviados como ministros del Buen Pastor.

Él nos abrió su casa a la hora décima de nuestro encuentro con Él como hizo con Juan y Andrés, nos hizo confidentes de sus íntimos secretos con sus gestos y parábolas como en aquellos tres años con sus discípulos más allegados, nos sentó a su mesa en la última cena que fue la primera de otras tantas, y allí nos llamó amigos, y nos dejó el mandato de tomar el pan y el vino, para con Él hacerlo su sangre y su cuerpo, en el recuerdo de la memoria suya jamás distraída ni olvidadiza. Llegada la hora, nos ha dicho el evangelio… llegada la hora nos desveló su enorme deseo de compartir con nosotros su misión y su sueño. Y como quien comparte un pan partido primero, Jesús el sacerdote nos daba en su gesto lo que durante toda su vida había entregado: su tiempo, su llanto y tristeza, su alegría y gozo inmensos, lo que dijo y lo que hizo, lo que habló con su Padre Dios, lo que contó a tantos hermanos. Era todo su cuerpo, toda su sangre, su ser completo. Y esto, nos lo dio entonces como quien abre la herencia de su más íntimo testamento. Esta es la llamada recibida quienes hemos sido incorporados al ministerio de Jesús Sacerdote Sumo y Eterno. Lo hemos dicho en el salmo responsorial: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad” (sal. 39).

Por hacer la voluntad de Dios un día nos pusimos en marcha haciendo de nuestra inquietud una corazonada llena de vocación divina. Hoy os miramos a los hermanos que en el 1973 y en 1998 fuisteis ordenados sacerdotes. La gratitud que se adorna con el oro o la plata de vuestra sincera entrega, hoy es un brindis de alegría por el camino recorrido tras el sí sincero que dabais entonces a Dios que os llamaba.

¡Tantas cosas, nombres, circunstancias que se han sucedido en este tiempo! Esta mañana, después de 25 o 50 años nada menos, habéis querido venir a este lugar tan querido como es el Seminario para dar gracias y para seguir pidiendo gracia. ¿Qué podrían contarnos todos estos años del secreto de aquella historia de amor que entonces comenzaba? Sin duda que tantas cosas, ensueños verdaderos, estaban entonces por venir y por vivir, en andanzas misioneras, el surco parroquial, en las encomiendas que a algunos de vosotros os daban vuestros superiores religiosos. Nada sabíais de cuanto luego la vida os ha ido sorprendiendo en los momentos más hermosos y cumplidores y en los momentos más duros y probadores. Sólo sabíais lo que en esta mañana nos volvéis a contar: que vuestro sí no era un sí privado sino acompañado, un sí sostenido por la fidelidad de quien os llamaba. ¡Cuántas cosas han sucedido, cuántas se han gozado sin duda, cuántas se han llorado quizás! Los sueños más cumplidos sin que acaso hayan faltado algunas pesadillas. Compañeros que con vosotros se acercaron al altar y que por mil circunstancias luego lo dejaron. Otros que fallecieron mientras hacían este mismo camino nuestro. Otros que se cansaron y se rindieron de tantas formas. Otros, vosotros queridos hermanos, que en medio de la andadura variopinta de andanzas misioneras en América, de surcos parroquiales en nuestra geografía diocesana los que sois presbíteros de Asturias, o en las encomiendas que os hacían vuestros superiores religiosos los que sois frailes, todos estáis aquí dando gracias y celebrando.

Quedan atrás, muy atrás tantas cosas, tantos nombres, tantos momentos bajo la sombra de las nubes o bajo los soles luminosos. Situaciones en las que os supisteis fuertes y acompañados, y otras en las que la confusión, el desgaste o la soledad os dejaron tocados. Pero como escuchasteis el día de vuestra ordenación, Dios es fiel, sí ese Dios que os ha llamado. No ha retirado su llamada que sigue siendo la misma, aunque por el implacable paso del tiempo vosotros hayáis cambiado. Nos unimos a vuestro gozo, con respeto también hacemos nuestros vuestros perdones ofrecidos y recibidos, y sobre todo con vosotros queremos dar gracias por lo mucho y por lo más, y pedir gracia para que se siga celebrando esta historia inacabada, que el Señor, Buen Pastor, sigue escribiendo cada día en la hora de su entraña con la tinta de vuestra libertad fiel y entregada.

Tenemos presentes a vuestros seres queridos, a padres, hermanos, amigos, profesores y formadores, sacerdotes y cuantos fueron decisivos en vuestro camino. También tanta gente a la que en nombre de Dios y de la Iglesia habéis servido: cuántos niños, jóvenes, adultos, ancianos han escuchado vuestros consejos, los habéis sostenido en sus zozobras, habéis enjugado sus lágrimas, habéis compartido también sus alegrías, habéis bendecido y les habéis repartido de tantos modos la gracia. No pocas de sus búsquedas, de sus preguntas habrán encontrado en vuestra paternidad espiritual una luz, un aliento y una compañía fraterna. Que hoy sea todo ello un homenaje al Señor y a vosotros, por vuestro sí, por el itinerario de vuestro rastro que se hace canto de gratitud en un rostro confiado.

Pedimos que la Santina os bendiga siempre, y que lo hagan también San Juan de Ávila, San Francisco y San Ignacio, y a nosotros a través de vuestras manos que también el Señor lo haga en este día. Ad multos annos, hermanos.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo


Seminario Metropolitano
1 junio de 2023

Sacerdotes de aniversario de Ordenación en el Arciprestazgo de Oviedo. Por Joaquín Manuel Serrano Vila, Arcipreste de Oviedo


Tenemos hoy un acontecimiento muy especial para los sacerdotes diocesanos y para todo el clero en general, como será la fiesta de "Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote". Al respecto sigo pensando que hay que darle un impulso a la participación en la Misa Crismal, aunque este año ha sido bastante numerosa; decían que más de la mitad o la mitad aproximadamente del Presbiterio. Ya sólo falta lograr los ciento cincuenta restantes aproximadamente, entre los que están casi cincuenta enfermos, aunque cien ausencias no son pocas; ojalá se unan en la próxima cita. Igualmente para la celebración de "San Juan de Ávila", así como también para este jubileo sacerdotal de las bodas de oro y plata que en nuestra Diócesis siempre tienen lugar en esta fiesta de origen español, hoy extendida especialmente en Latinoamérica. Siempre se celebra el jueves posterior a Pentecostés que esta año cae el día 1 de junio.

Desde mi responsabilidad en el Arciprestazgo me gustaría hacer un cariñoso recordatorio también a los fieles de las parroquias de San Juan el Real y los Santos Apóstoles de Oviedo para que tengan presente las bodas de oro sacerdotales de D. Francisco Javier Suárez Fernández y D. José Manuel Rodríguez Fueyo, Párroco-Rector y Vicario-Parroquial respectivamente, de la Basílica de San Juan el Real. Don Javier ejerció anteriormente en el Albergue Cano Mata, Seminario y en la  parroquia Santuario del Cristo de las Cadenas; y Don José Manuel en las  de San Pablo de la Argañosa y San Lázaro del Camino. También cumple bodas de oro D. Dositeo ("Teo") Méndez Couso, actualmente adscrito a la parroquia de los Santos Apóstoles en el barrio ovetense de Buenavista, y, anteriormente, párroco en las tres comunidades parroquiales del valle de las Caldas, así como previamente en San Francisco Javier de la Tenderina. Y celebrando sus bodas de plata tenemos a D. Juan Manuel Hevia Fisas, párroco actualmente en la Unidad pastoral de Colloto, aunque en su día también ejerció su ministerio en la parroquia de Ventanielles, donde aún es recordado con cariño. Los feligreses de Don Juan Manuel le sorprendieron este miércoles con una hermosa celebración y ágape en el día del aniversario de su ordenación. Igualmente en la Basílica de San Juan el Real de Oviedo celebra sus bodas de plata sacerdotales el último sacerdote que se ha incorporado a dicho equipo sacerdotal: D. Abelardo, originario de la diócesis de La Guaira (Venezuela). En total cinco sacerdotes muy queridos y ligados a nuestro arciprestazgo.

También están de aniversario celebrando bodas de oro D. José Antonio Álvarez Álvarez, el cual ejerció en nuestro Arciprestazgo como coadjutor de la parroquia de Santa María de la Corte en los inicios de sus ministerio, y como párroco de San Antonio de Padua de la Florida, antes de su actual destino. Bodas de oro celebra también Don Jorge L. Fernández Cortés, durante diecinueve años párroco de San Pedro de los Arcos de Oviedo, y seis años como capellán de las Madres Agustinas Recoletas del Monasterio de la Encarnación de Oviedo; y los dos últimos años también fue párroco en Unidad Pastoral en la de Nuestra Señora de La Merced.

Al mismo tiempo quisiera tener un recuerdo para otros cuatro sacerdotes que viven entre nosotros y que cumplen sesenta años de ministerio sacerdotal, y aunque no es costumbre en nuestra diócesis celebrar esta efeméride quiero recordarles por el hito importante que supone y para que sus parroquianos lo tengan en cuenta. Son Don Agustín Hevia, que sigue colaborando en la vida pastoral de la Catedral como canónigo, Don Alfonso Villabona, que colabora en la capellanía de las Agustinas Recoletas de Oviedo y en la Unidad Pastoral de San Pedro de los Arcos-La Merced, Don Manuel Roces Ordíz durante tanta años párroco de Valdecuna y que hoy vive jubilado en Oviedo, y Don José Antonio Couso Fonteriz, durante más de medio siglo párroco de la Felguera, actualmente jubilado entre nosotros y colaborando en la UP de Vallobín-La Florida.

Por último, quisiera traer a la memoria algunos de los sacerdotes difuntos que este año estarían de celebración; no voy a citar sólo a los vinculados de forma más próxima a nuestro Arciprestazgo. Ellos son: Don Antonio Fernández García, fue párroco en la Natividad de Guillén-Lafuerza y José Antonio Rodríguez Alonso, que fue párroco de San Pedro de los Arcos, así como de san Esteban de las Cruces y Bendones; ahora cumplirían 60 años de ministerio. A D. Ángel González Suárez, que fuera párroco de la Unidad Pastoral de Olloniego-Tudela Veguín y, finalmente, adscrito a San José de Pumarín. Y de este curso otros dos sacerdotes fallecidos, ambos vinculados a la parroquia de San Francisco Javier de la Tenderina, como fueron D. Jesús Avelino Blanco Velasco y D. Antonio Rodríguez Francos, todos ellos habrían celebrado este año sus bodas de oro. Finalmente, un recuerdo especial para el único hermano que falta del curso de ordenados en 1998 como es el malogrado D. Jesús Cueva García; además poeta y periodista, habiendo sido adscrito a la parroquia de San Francisco de Asís de Oviedo y miembro del equipo de Medios de Comunicación del Arzobispado: ''Que el Señor les conceda el lugar del consuelo, de la luz y de la paz''.


Breve reseña de los sacerdotes que cumplen bodas de oro y plata en nuestro Arciprestazgo:

Rvdo. Sr. D. Francisco Javier Suárez Fernández. Natural de Villapendi-Turón. Se formó con los Hermanos de las Escuelas Cristianas de La Salle en su pueblo natal y cursó estudios de Magisterio en la Universidad de Oviedo. Ingresó en el Seminario Metropolitano donde realizó sus estudios de filosofía y teología. Tras su ordenación diaconal fue destinado como adscrito a Santa Eulalia de Luarca en el curso pastoral 1972-1973. Fue ordenado sacerdote en 1973 en su parroquia natal de San Martín de Turón. Su primer destino como sacerdote fue como coadjutor de San Pedro de Grado, profesor en el Instituto de Bachillerato y Ecónomo de San Vicente de Castañedo así como Encargado de Santa María de las Villas y San Cosme y San Damián de Tolinas (1973-1976). Después es destinado a París a cursar estudios de catequética en la Universidad Católica y ejercer allí de capellán de emigrantes como adscrito a la parroquia de Saint-Honoré-d'Eylau. A su regreso de Francia fue nombrado encargado de la sección de Catequesis de Adultos (1979-1982); administrador del Seminario Metropolitano (1982-1986) y Director del Albergue “Cano Mata Vigíl” (1986-1989). Este Albergue con sede en el barrio ovetense de San Lázaro es una obra social que él mismo fundó y puso en marcha con ayuda de las Hijas de la Caridad, las cuales abrirían aquí una comunidad en 1989. De aquella experiencia nació el primer equipo de pastoral penitenciaria de la Diócesis. Fue hasta su jubilación civil profesor en la Escuela de Magisterio Padre Enrique de Ossó y en la Universidad de Oviedo. En 1989 trabajó en el equipo de organización de la visita a Asturias del Papa Juan Pablo II a Asturias. En ese mismo verano es destinado a las Regueras como Párroco de San Martín de Biedes, Santa María de Valsera-El Escamplero y San Julián de Viado-Santullano (1989- 1991). Dos años después es nombrado Párroco del Santo Cristo de  las Cadenas de Oviedo (1991-2012). Cabe señalar que fue el primer sacerdote que ostentó el título de Párroco del Cristo, pues los anteriores sacerdotes sólo habían sido ecónomos. En su etapa en esta Parroquia restauró la capilla de Santa Ana de Mexide, que estaba en ruinas; construyó la nueva casa rectoral, realizó importantes mejoras en el Santuario, adquirió unos locales en la calle Fuertes-Acevedo como centro de pastoral y construyó la iglesia de Montecerrao. Siendo párroco del Cristo también fue Arcipreste de Oviedo (1994-1997), capellán de la plaza de toros de Buenavista (1991-2007) y capellán del Centro Médico de Asturias (2007-2012). Durante diversos períodos fue también miembro de la Comisión de sacerdotes para la economía del Arciprestazgo y del Consejo de Asuntos Económicos; miembro designado del Consejo del Presbiterio y representante de los sacerdotes del Arciprestazgo de Oviedo en la Comisión para Asuntos Económicos. Desde 2012 es el Delegado Episcopal de Peregrinaciones que engloba, igualmente, todo lo relacionado con el camino de Santiago. Desde 2012 es párroco de San Juan el Real de Oviedo y consiliario de la Hermandad de Jesús Cautivo. Y desde 2014 "rector" de dicha "Basílica Menor" al lograr de la Santa Sede tal dignidad para este templo. Ha sido capellán de las Siervas de Jesús de la Caridad de Oviedo desde 2012 a 2021 y es actualmente Vicearcipreste de Oviedo. 

Rvdo. Sr. D. José Manuel Fueyo Rodríguez. Natural de Sotrondio. Ingresa en el Seminario Metropolitano de Oviedo donde realizó sus estudios de filosofía y teología. Tras la ordenación diaconal fue destinado como adscrito a San Félix de Lugones en el curso pastoral 1972-1973. Fue ordenado sacerdote en 1973 en la Basílica de Covadonga. Su primer destino fue como coadjutor de Santa María de Cangas de Onís (1973-1982), y seis años después se le encomendaba al mismo tiempo la atención de la feligresía de San Pedro de Dego en calidad de encargado (1979-1982). Fue muy querido en esta zona del oriente asturiano donde trabajó codo con codo con el entonces párroco de Cangas de Onís, el recordado Don Juan Bautista Fernández Díaz. Con la jubilación de Don Juan en el verano de 1982 y su retiro a la Casa Sacerdotal de Oviedo, Don José Manuel es destinado a su cuenca natal del Nalón como coadjutor de San Andrés de Linares del Entrego, donde trabajó junto a su querido compañero de curso Don Jesús Avelino Blanco, allerano de Moreda. Tras cinco años en tierra minera es destinado a Oviedo para trabajar en el equipo sacerdotal de la parroquia de San Pablo de la Argañosa, que desde hacía un año atendía el ex Vicario General de la diócesis Don José Manuel Álvarez Iglesias. La fidelidad de "Fueyo" siempre ha propiciado que los sacerdotes que estaban a su lado nunca quisieran verse privados de su ayuda y colaboración, como ocurrió en Cangas de Onís. Saldrá de la comunidad parroquial ovetense al mismo tiempo de la jubilación del Párroco en 1994. Será su cuarto destino la parroquia sierense de Santa María de Tiñana, donde llega para sustituir a un sacerdote que había sido muy apreciado en el lugar como lo fue Don Manuel López Álvarez, conocido por en el presbiterio asturiano cariñosamente como "Don Manolón". Éste había sido un cura que apostó por la periferia, pues siendo cura de la Tenderina pidió ser destinado a Tiñana al mismo tiempo que Don Hermógenes, cura de Ventanielles, que pedía ser destinado a Argüelles; aquello fue un "shock" en la mentalidad del clero de entonces: dos párrocos "de Término" pedían pasar a ser curas de aldea. Al morir Don Manuel quedó la parroquia vacante, encargándose durante un año Don Hermógenes desde Argüelles y Don Jesús Fernández ''Jomezana'' desde Hevia. Don José Manuel pronto se ganó el cariño de los feligreses y se implicó mucho en el pueblo en todas sus realidades. Por su buena mano para la vida pastoral, siempre le mandaban desde el Seminario algún seminarista; quizás el que más recuerdan en Tiñana con el que Don José Manuel formó un buen tanden fue Hilario José Valdés Villanueva, actual párroco de Pumarín de Oviedo. En 1996 con la jubilación de Don José Ovidio asume la parroquia de San Pedro de Granda. Tras seis años tranquilos en este hermoso paraje sierense entre la iglesia parroquial de la Visitación, la capilla del Palacio, el Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza y la iglesina de San Pedro de Granda, tiene que hacer las maletas para su siguiente encomienda en tierras pravianas. En el año 2000 fue nombrado párroco de Santa María de Pravia tras la jubilación de Don José Luis Argüelles, y junto a él Don Andrés Fernández Díaz, poleso de nacimiento, como vicario parroquial. Ambos por su talante abierto y afable se ganaron pronto a las gentes de la Villa y Corte. Tras cinco años intensos en el lugar toca de nuevo cambiar de misión y deja así la vida parroquial por la pastoral de la salud, que no sólo se limitó a las personas que atendía a diario, sino que experimentó también la realidad de la fragilidad en su familia y en él mismo. Fue admirable el mimo con el que cuidó siempre a los suyos, en especial a su anciana madre. Durante seis años ejerce como capellán Capellán del Hospital Universitario Central de Asturias (2005-2011) en aquel viejo edificio del Cristo que aún era llamado "el Hospital General" al tiempo que ejerce como adscrito a la parroquia del Cristo de las Cadenas. Por su buen hacer en este campo fue nombrado Director del Secretariado de Pastoral de la Salud, cargo que desempeñó hasta el año 2010. Otra preciosa obra de Don José Manuel en el campo de la salud fue la animación y atención de la Hospitalidad Diocesana de Lourdes que cada año peregrina a Francia. En el año 2011 se le destina al concejo de Sariego, al jubilarse Don Antón, siendo nombrado párroco de Santiago de Sariego, San Román de Sariego y la Concepción de Narzana (2011-2017) y, poco después, se le añade la parroquia de Santo Tomás de Feleches y su filial de San José de Traspando. Se sintió Don José Manuel aquí como pez en el agua siendo el responsable de ese santuario natural que es La Cueva de San Pedrín, sobre cuya bóveda pasaba la línea del ferrocarril que iba de su San Martín del Rey Aurelio natal a Gijón; es decir, le tocó cuidar esa "línea trazá" que cantan en su tierra: ''Hay una línea trazada/ San Martín del Rey Aurelio/ pasa por Lieres arriba/ y atraviesa la Collada"... En estas parroquias permaneció seis años ganándose el corazón de sus gentes, que sintieron muchísimo su partida. Fueyo, con su inconfundible sonrisa regaló en el homenaje de despedida una de sus máximas de vida: ''No se deja sin dolor lo que se quiere con amor'', y es que él siempre se da de corazón. En 2017 es destinado a Oviedo, en concreto como Vicario Parroquial de la Unidad Pastoral de San Lázaro del Camino, San Esteban de las Cruces y Santiago de La Manjoya, donde permanecerá dos cursos (2017-2019). No fue una "degradación", sino que Don José Manuel tenía una idea clara; ya no se sentía con fuerzas para ser el responsable de una comunidad pero sí para seguir trabajando como el que más desde un estatus más discreto. Decir que se ha jubilado sería mentir, pues trabaja como cualquier párroco de la Diócesis, aunque no tenga el nombramiento propio. En la Unidad Pastoral de San Lázaro quiso el Señor que le tocara ser Vicario Parroquial de Don Andrés, el cual había sido su Vicario Parroquial en Pravia y ahora era el párroco de estas tres parroquias. Y desde 2019 es el Vicario Parroquial de San Juan el Real de Oviedo, donde tiene de compañero a otro de sus mejores condiscípulos como es Don Javier Suárez. En estos años también ha sido requerido como Vicearcipreste de Oviedo, y es que Fueyo es un hombre con un gran don para la organización; sabe trabajar con todos y es la persona más disponible del mundo.

Rvdo. Sr. D. Dositeo Méndez Couso. Natural en Negueira de Muñiz -parroquia de San Salvador- en la provincia de Lugo y entonces obispado de Oviedo; allí se crió en el seno de una familia de hondas raíces cristiana. Sexto de siete hermanos, de los cuales otro más se ordenó como sacerdote diocesano de Oviedo y que fue el recordado, Don Celestino Menéndez Couso, el último beneficiado de la Catedral de Oviedo y un gran entendido en derecho canónico, el cual empleó buena parte de su vida al servicio de la vicaría judicial y los tribunales eclesiásticos del Arzobispado de Oviedo. Otros familiares y paisanos suyos de pueblos próximos se formaron igualmente en el Seminario de Oviedo, por lo que Teo no se sintió un gallego extraño en tierras asturianas. Concluidos los estudios de filosofía y teología recibió la ordenación diaconal siendo destinado como adscrito a la parroquia de Santa Eulalia de la Felguera, donde su primo Don José Antonio Couso era párroco. En esta feligresía realiza el diaconado el curso pastoral 1972-1973. Recibe la ordenación sacerdotal el día de San Pedro de 1973 en la catedral ovetense. Su primer destino pastoral es como coadjutor de San Pedro de la Felguera junto a su primo, y el otro coadjutor Don José Antonio Macho. Aquí permanece haciendo una interrupción el curso pastoral 1976-1977 para ser nombrado de nuevo a finales de 1977 coadjutor de la Felguera. En 1984 recibe su segundo destino pastoral, siendo enviado a Oviedo como párroco de San Francisco Javier de la Tenderina, donde trabaja con empeño hasta el año 1996 en que pide ser trasladado a unas parroquias rurales con un ritmo de vida más llevadero; es así nombrado por Monseñor Díaz Merchán párroco de San Juan de Priorio, San Juan Bautista de Caces y San Pelayo de Puerto en el valle ovetense de Las Caldas, lo que antaño fuera el concejo de Ribera de Abajo. Desde su llegada a Oviedo hasta su jubilación a los sesenta y cinco años compaginó su labor pastoral con la docencia como profesor de religión en los institutos de Ventanielles primero, y en el Fleming después, donde se jubiló. Hombre discreto y de gran humanidad, dedicó los últimos veintitrés años de vida activa a la atención de estas tres parroquias en las que dejó un gratísimo recuerdo de su paso y servicio. Supo integrarse en estos pueblos como un vecino más conociendo a todos sus fieles, no sólo los que iban a misa, sino a los que no iban también. Hubiera sido su deseo poder residir "in situ" para ser un pastor realmente en medio de su pueblo, pero las burocracias diocesanas ni dieron luz verde a salvar de la ruina la rectoral de Caces, ni a habilitar una parte de la casa rectoral de Priorio -alquilada a una familia- para poder residir el sacerdote del lugar. A su llegada abordó la situación del tejado de la iglesia de Caces, que por contratiempos ajenos no pudo en este lugar hacer las obras que le hubiera gustado, aunque siempre trató de mimar a todas las sedes por igual, aunque las piquillas de pueblos tan próximos siempre juegan en contra al compartir sacerdote. En Caces logró pintar el interior, cambiar la instalación eléctrica, renovar la megafonía, dotar de servicio higiénico, electrificar las campanas, adquirir una calefacción eléctrica y encargar un drenaje perimetral para tratar de eliminar las humedades. También mejoró mucho la sacristía y dejó un magnífico mueble de castaño para guardar los ornamentos sagrados. En el pueblo de Siones, perteneciente a la parroquia de Caces, logró unir a todos los vecinos, y mediante sextaferias y con escasos medios consiguieron restaurar la capilla-santuario de Nuestra Señora del Carmen (tejado, pintura, bancos nuevos...). Rehabilitó por completo la iglesia de San Pelayo de Puerto renovando el tejado, la pintura interior y exterior, instalación eléctrica nueva y megafonía nueva, servicio higiénico, electrificación de las campanas, vidrieras nuevas y una escollera para la sujeción del talud bajo la iglesia. Especial mención merece su mano en la iglesia de San Juan de Priorio. En este templo debido sus cualidades artísticas se habían hecho unas obras en 1988 no acordes con las normativas, por lo que gracias a los desvelos de D. Teo se consiguió de la Consejería de Cultura del Principado de Asturias una intervención general (tejado, pavimento, paramentos, restauración de la portada románica y la espadaña barroca, calefacción e instalación eléctrica, drenaje perimetral, restauración de los lienzos barrocos de la Inmaculada y El sueño de San José) y para su inauguración solemne en junio de 2006 -presidida por el entonces arzobispo de Oviedo D. Carlos Osoro Sierra- organizó unas charlas culturales en el centro social de Las Caldas. Además de las obras mencionadas también con los medios de que disponía la parroquia D Teo electrificó las campanas, compró una sede para el presbiterio y muebles para la sacristía, y por último al final de su etapa, un retablo para la Virgen de la Asunción inaugurado el 15 de agosto de 2019. También cuidó mucho de los tres cementerios parroquiales, siendo muy meticuloso con las cuotas, actualizando los títulos de los concesionarios y formando juntas parroquiales para el cuidado de estos en dos de las tres parroquias. En el año 2020 solicitó la renuncia que le fue aceptada, pasando a la situación de jubilado y siendo destinado como adscrito a la parroquia de los Santos Apóstoles, en el barrio ovetense de Buenavista. 


Rvdo. Sr. D. Juan Manuel Hevia Fisas. Natural de Villaviciosa (Asturias), tierra mariana y piadosa marcada por su Semana Santa y vida religiosa. Zona que fue de abundantes vocaciones sacerdotales y misioneras, tan vinculada a la Orden Franciscana aún hoy presente en el lugar en el convento de La Purísima de las Hijas de Santa Clara. En esta tierra maliaya crece pasando después a estudiar en la Universidad de Oviedo, donde se licencia en filología clásica. Ingresa en el Seminario Metropolitano donde concluye sus estudios eclesiásticos. Una vez ordenado diácono es destinado como adscrito a la parroquia de San Lázaro del Camino el curso pastoral 1997-1998 junto al bueno de Don Celestino Castañón. Es ordenado en la solemnidad de Pentecostés del año 1998 en la Catedral de Oviedo por Monseñor Díaz Merchán, siendo su primer destino como Vicario Parroquial de la Sagrada Familia de Oviedo. Aquí, en Ventanielles, junto a Don Jesús Porfirio llevó a cabo una importante labor, en especial con la infancia y la juventud del barrio por lo que fue designado por la diócesis en 1999 como consiliario de la JEC -Juventud Estudiante Católica-. Tras cinco años de intenso trabajo en esta parroquia ovetense es nombrado en 2003 por Monseñor Osoro Sierra párroco del Buen Pastor de Gijón. En el momento en que toma posesión la Parroquia tenía su sede en un bajo provisional de la calle alegría 36, y el bajo para la vida pastoral en la calle progreso 41. Don Juan Manuel trabajó con empeño no sólo por potenciar la vida parroquial, sino por lograr el deseado sueño desde la creación de la parroquia en 1970 de contar con templo propio, ya que los primeros ocho años de vida parroquial se utilizó como sede la iglesia colegial del Patronato San José de las Hijas de la Caridad. Y con más deseo aún desde la dedicación del templo provisional de la calle alegría el 15 de octubre de 1978, y que pusiera fin a tanto cambio de domicilio. Fruto del trabajo de Don Juan Manuel y de su insistencia, se convierte en una realidad con la construcción de un templo con vivienda, capilla y locales para la vida pastoral de la comunidad parroquial en la parcela existente entre las calles Francisco Carantoña y Francisco Ferrer y Guardia. El templo fue consagrado por Monseñor Sanz Montes el 10 de octubre del año 2010 concelebrando con él la mayoría de los sacerdotes que pasaron por esa comunidad, destacando entre ellos al entonces obispo de Ciudad Rodrigo, el asturiano cangués Monseñor Atilano Rodríguez Martínez, que fuera párroco de esta comunidad desde 1992 a 1996. Don Juan Manuel fue en este tiempo de párroco del Buen Pastor y arcipreste de Gijón desde 2013 hasta el año 2016. En el año 2016 es destinado al concejo y arciprestazgo de Siero como párroco de San Pedro de Pola de Siero y San Juan de Celles. Al año siguiente de su estancia en Siero se le encomienda la parroquia de Santa Cruz de Marcenado en calidad de párroco, y en 2018 se crea la Unidad Pastoral de Pola de Siero, lo que significó más trabajo al incorporarse a las tres parroquias ya encomendadas las de San Félix de Valdesoto, Santa Eulalia de Vigil, San Juan Evangelista de Muñó, San Pedro de la Collada, San Martín de Vega de Poja, San Esteban de Aramil, Santa Marta de Carbayín Bajo, San Juan de Arena del Coto, Santiago de Arenas de Carbayín Alto y la capellanía de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados de La Pola. Le tocó la ardua tarea de poner en funcionamiento una unidad pastoral de grandes dimensiones, teniendo que conjugar un equipo sacerdotal y unas comunidades parroquiales que hasta ese momento todas contaban con su misa dominical, lo que no fue fácil ni siempre grato. Desde el año 2020 es el párroco de la Unidad Pastoral formada por las parroquias de Santa Eulalia de Colloto, Santa María de Limanes, San Pedro de Granda y San Cipriano de Pando, donde ya le ha tocado afrontar importantes obras como la restauración de las cubiertas del templo antiguo de Colloto -hoy denominada iglesia del Cristo de la Misericordia- así como la gestión del derrumbe de una batería de nichos del cementerio de Limanes, teniendo que conjugar al mismo tiempo la burocracia, las cuestiones sanitarias, materiales y espirituales, y -como no- la fibra sensible de sus fieles, con los que ha tenido un tacto y mimo exquisito. Desde hace años también es profesor de latín del Seminario Metropolitano, sin dejar de atender los grupos de Acción Católica de la Diócesis, donde viene desempeñando un importante apostolado.

Rvdo. Sr. D. Aberlardo Bazó Canelón

Muy recientemente se ha incorporado a nuestra Diócesis y Arciprestazgo el venezolano, Don Abelardo, siendo adscrito a la Basílica de San Juan el Real, y el cual también está de cumpleaños sacerdotal. Fue Vicario Parroquial Catedral San Pedro Apóstol (2014), Canciller de la Curia de La Guaira desde 2019 y Ecónomo de la Diócesis a partir de 2021.