jueves, 18 de noviembre de 2021

Catequesis del Papa Francisco sobre la importancia de San José para la Iglesia






















Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El 8 de diciembre de 1870, el beato Pío IX proclamó a san José patrón de la Iglesia universal. Ahora, 150 años después de aquel acontecimiento, estamos viviendo un año especial dedicado a san José, y en la Carta Apostólica Patris corde he recogido algunas reflexiones sobre su figura.

Nunca antes como hoy, en este tiempo marcado por una crisis global con diferentes componentes, puede servirnos de apoyo, consuelo y guía. Por eso he decidido dedicarle una serie de catequesis, que espero nos ayuden a dejarnos iluminar por su ejemplo y su testimonio. Durante algunas semanas hablaremos de san José.

En la Biblia hay más de diez personajes que llevan el nombre de José. El más importante de ellos es el hijo de Jacob y Raquel, que, a través de diversas peripecias, pasó de ser un esclavo a convertirse en la segunda persona más importante de Egipto después del faraón (cf. Gn 37-50).

El nombre José en hebreo significa “que Dios acreciente. Que Dios haga crecer”. Es un deseo, una bendición fundada en la confianza en la providencia y referida especialmente a la fecundidad y al crecimiento de los hijos. De hecho, precisamente este nombre nos revela un aspecto esencial de la personalidad de José de Nazaret.

Él es un hombre lleno de fe en su providencia: cree en la providencia de Dios, tiene fe en la providencia de Dios. Cada una de sus acciones, tal como se relata en el Evangelio, está dictada por la certeza de que Dios “hace crecer”, que Dios “aumenta”, que Dios “añade”, es decir, que Dios dispone la continuación de su plan de salvación. Y en esto, José de Nazaret se parece mucho a José de Egipto.

También las principales referencias geográficas que se refieren a José: Belén y Nazaret, asumen un papel importante en la comprensión de su figura.

En el Antiguo Testamento la ciudad de Belén se llama con el nombre de Beth Lehem, es decir, “Casa del pan”, o también Efratá, por la tribu que se asentó allí. En árabe, en cambio, el nombre significa “Casa de la carne”, probablemente por el gran número de rebaños de ovejas y cabras presentes en la zona.

De hecho, no es casualidad que, cuando nació Jesús, los pastores fueran los primeros testigos del acontecimiento (cf. Lc 2,8-20). A la luz del relato de Jesús, estas alusiones al pan y a la carne remiten al misterio de la Eucaristía: Jesús es el pan vivo bajado del cielo (cf. Jn 6,51). Él mismo dirá de sí: «El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna» (Jn 6,54).

Belén se menciona varias veces en la Biblia, ya en el libro del Génesis. Belén también está vinculada a la historia de Rut y Noemí, contada en el pequeño pero maravilloso Libro de Rut. Rut dio a luz a un hijo llamado Obed, que a su vez dio a luz a Jesé, el padre del rey David. Y fue de la línea de David de donde provino José, el padre legal de Jesús.

El profeta Miqueas predijo grandes cosas sobre Belén: «Mas tú, Belén-Efratá, aunque eres la menor entre las familias de Judá, de ti me ha de salir aquel que ha de dominar en Israel» (Mi 5,1). El evangelista Mateo retomará esta profecía y la vinculará a la historia de Jesús como su evidente cumplimiento.

De hecho, el Hijo de Dios no eligió Jerusalén como lugar de su encarnación, sino Belén y Nazaret, dos pueblos periféricos, alejados del clamor de las noticias y del poder del tiempo.

Sin embargo, Jerusalén era la ciudad amada por el Señor (cf. Is 62,1-12), la «ciudad santa» (Dn 3,28), elegida por Dios para habitarla (cf. Zac 3,2; Sal 132,13). Aquí, en efecto, habitaban los maestros de la Ley, los escribas y fariseos, los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo (cf. Lc 2,46; Mt 15,1; Mc 3,22; Jn 1,19; Mt 26,3).

Por eso la elección de Belén y Nazaret nos dice que la periferia y la marginalidad son predilectas de Dios. Jesús no nace en Jerusalén con toda la corte… no: nace en una periferia y pasó su vida, hasta los 30 años, en esa periferia, trabajando como carpintero, como José. Para Jesús, las periferias y las marginalidades son predilectas.

No tomar en serio esta realidad equivale a no tomar en serio el Evangelio y la obra de Dios, que sigue manifestándose en las periferias geográficas y existenciales. El Señor actúa siempre a escondidas en las periferias, también en nuestra alma, en las periferias del alma, de los sentimientos, tal vez sentimientos de los que nos avergonzamos; pero el Señor está ahí para ayudarnos a ir adelante.

El Señor continúa manifestándose en las periferias, tanto en las geográficas, como en las existenciales. En particular, Jesús va en busca de los pecadores, entra en sus casas, les habla, los llama a la conversión.

Y también se le reprende por ello: “Pero mira a este Maestro —dicen los doctores de la ley— mira a este Maestro: come con los pecadores, se ensucia, va a buscar a aquellos que no han hecho el mal, pero lo han sufrido: los enfermos, los hambrientos, los pobres, los últimos.

Siempre Jesús va hacia las periferias. Y esto nos debe dar mucha confianza, porque el Señor conoce las periferias de nuestro corazón, las periferias de nuestra alma, las periferias de nuestra sociedad, de nuestra ciudad, de nuestra familia, es decir, esa parte un poco oscura que no dejamos ver, tal vez por vergüenza.

Bajo este aspecto, la sociedad de aquella época no es muy diferente de la nuestra. También hoy hay un centro y una periferia. Y la Iglesia sabe que está llamada a anunciar la buena nueva a partir de las periferias. José, que es un carpintero de Nazaret y que confía en el plan de Dios para su joven prometida y para él mismo, recuerda a la Iglesia que debe fijar su mirada en lo que el mundo ignora deliberadamente.

Hoy José nos enseña esto: “a no mirar tanto a las cosas que el mundo alaba, a mirar los ángulos, a mirar las sombras, a mirar las periferias, lo que el mundo no quiere”. Nos recuerda a cada uno de nosotros que debemos dar importancia a lo que otros descartan. En este sentido, es un verdadero maestro de lo esencial: nos recuerda que lo realmente valioso no llama nuestra atención, sino que requiere un paciente discernimiento para ser descubierto y valorado. Descubrir lo que vale.

Pidámosle que interceda para que toda la Iglesia recupere esta mirada, esta capacidad de discernir y esta capacidad de evaluar lo esencial. Volvamos a empezar desde Belén, volvamos a empezar desde Nazaret.

Quisiera hoy enviar un mensaje a todos los hombres y mujeres que viven en las periferias geográficas más olvidadas del mundo o que viven situaciones de marginalidad existencial. Que puedan encontrar en san José el testigo y el protector al que mirar. A él podemos dirigirnos con esta oración, oración “hecha en casa”, pero que ha salido del corazón:

San José, tú que siempre te has fiado de Dios,
y has tomado tus decisiones
guiado por su providencia,
enséñanos a no contar tanto en nuestros proyectos,
sino en su plan de amor.
Tú que vienes de las periferias,
ayúdanos a convertir nuestra mirada
y a preferir lo que el mundo descarta y pone en los márgenes.
Conforta a quien se siente solo
Y sostiene a quien se empeña en silencio
Por defender la vida y la dignidad humana. Amén.

miércoles, 17 de noviembre de 2021

Últimos cambios y arreglos

 




El Principado quiere inaugurar en 2022 la Ruta de los Santuarios entre Liébana y Oviedo

(ondacero) La denominada ruta de los Santuarios, que discurrirá por el interior de la comarca centro oriental, enlazando Liébana con la capital del Principado, tendrá Covadonga como gran referencia.

En un encuentro mantenido en estas últimas horas con los representantes municipales afectados por la misma, el gobierno autonómico avanzó que este itinerario podría estar listo para el próximo año 2022.

El director general de Patrimonio y Cultura, Pablo León, fue el encargado de charlar, de forma telemática, con los representantes de los Consistorios.

Se trabaja sobre una ruta prácticamente definitiva, en la que se incluye la propia catedral de Oviedo, el santuario de La Cueva en Infiesto, y la basílica de Covadonga.

Propuestas municipales

Eso sí, las posibles variaciones que se puedan introducir llegarán de las propuestas que realicen los mismos ayuntamientos. Cuando el itinerario definitivo esté confirmado, llegará el momento de adecuar la ruta, con limpiezas y desbroces, antes de pasar a su correcta señalización.

Se busca que la ruta esté abierta de cara a las celebraciones del XIII Centenario de la Batalla de Covadonga.

Con este trazado, quedarán comunicados los entornos de Liébana con las Peñamelleras, Cabrales, Onís, Cangas de Onís, Parres, Piloña, Nava, Noreña, Siero y Oviedo.

martes, 16 de noviembre de 2021

«¿Fue estéril la sangre de los mártires?» (85 aniversario de las matanzas de Paracuellos)

Homilía de Mons. Juan Antonio Reig Pla, Obispo de Alcalá de Henares, en la conmemoración del LXXXV aniversario de los beatos mártires de Paracuellos de Jarama y Jornada Mundial de los Pobres

La censura de Dios y el Juicio Divino

Se han cumplido ya ochenta y cinco años desde que nuestros hermanos, que están enterrados en esta Catedral de los mártires, dieron testimonio de fe en Cristo, de amor a España y de perdón a sus verdugos. Ciento cuarenta y tres de ellos ya han sido beatificados y otros están en camino esperando la certificación de la Iglesia. Su obra fue una obra de amor y un testimonio de la fortaleza que el Espíritu Santo regala a los hijos de Dios.
La censura de Dios

Mirando el discurrir de los años y viendo la situación actual de España y de la misma Iglesia Católica, algunos están tentados a pensar que la sangre derramada por nuestros mártires fue inútil. Tras un largo proceso de secularización inducida, de nuevo la España oficial está ejerciendo una férrea censura sobre Dios sobre todo en los llamados «actos de Estado», censura que se extiende como olvido de Dios en las instituciones públicas y en la mayoría de los medios de comunicación. Del mismo modo no es respetada la dignidad y sacralidad de la vida humana, ha sido trastocada la identidad del matrimonio en nuestro derecho civil y desmerecido el gran bien de la familia cristiana. España vive un invierno demográfico severo y, lo que es más grave, ciertas leyes recientes se atreven a llamar «derecho» a lo que es un «delito» o un crimen nefando: el aborto y la eutanasia (Concilio Vaticano II, Gaudium et spes, 27 y 51; Juan Pablo II, Evangelium vitae, 11).

La desconstrucción de lo humano

No contentos con estos atropellos, desde décadas se está propiciando en nuestra cultura hegemónica lo que se ha venido en llamar la «deconstrucción de lo humano» con un modo de pensar y vivir individualista, anclado en el relativismo moral y en el nihilismo. Hoy, como nos recordaba Benedicto XVI, «es preciso afirmar que la cuestión social se ha convertido radicalmente en una cuestión antropológica» (Benedicto XVI, Caritas in veritate, 75). El eclipse de Dios y su censura en los ámbitos públicos, está propiciando un «humanismo inhumano» (Ib.78) dirigido ampliamente por la policía del pensamiento que promueve lo «políticamente correcto». Del mismo modo se difunde un pensamiento único en los planes educativos, en las manifestaciones «culturales» y en las plataformas de comunicación al dictado de una agenda de ingeniería social diseñada por los más altos organismos internacionales.

Esta situación descrita brevemente, ha sido estudiada de manera más amplia por los obispos españoles en el documento de la Conferencia Episcopal Española, titulado Fieles al envío misionero (Edice, Madrid 2021), en el que se ofrece un análisis serio sobre la situación de la sociedad española y de la misma Iglesia Católica de España.

¿Fue estéril la sangre de los mártires?

Siendo conscientes de este panorama, podemos nosotros también preguntarnos ¿la sangre de los mártires que reposan en este cementerio de Paracuellos ha sido estéril? ¿Es necesario afirmar el triunfo del mal, la ignominia de ocultar la verdad de la historia y la victoria de la injusticia presentada con ropajes de «progreso, libertad y nuevos derechos humanos»? ¿De verdad que los abandonados de este mundo, -hoy celebramos la Jornada Mundial de los Pobres, instituida por el Papa Francisco-, no van a conocer la justicia y sus gritos no serán escuchados?
El juicio de Dios es nuestra esperanza

Precisamente en este Domingo XXXIII del tiempo ordinario, cercano el final del Año Litúrgico, la liturgia nos invita a reflexionar profundamente sobre una de las verdades que profesamos en el Credo de nuestra fe. Dentro de poco proclamaremos juntos estas palabras referidas a Jesucristo: «Y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos y su reino no tendrá fin». Son dos los hechos que anuncian estas palabras: la segunda venida de Jesús resucitado, el Hijo del hombre, y la restauración definitiva del Reino de Dios.

Esta es la razón de nuestra esperanza que la fe ha arraigado en nuestro corazón. Pero es legítimo, viendo tanto sufrimiento, que nos preguntemos: ¿Cuándo ocurrirán estos acontecimientos? Si escuchamos con atención, el evangelio de hoy nos dice que estos acontecimientos vendrán «después de la gran angustia o tribulación» (Mt 13,24). En el contexto inmediato el evangelista San Marcos se refiere a la «gran tribulación» que supondría la destrucción del templo de Jerusalén. Pero esta palabra escuchada hoy nos quiere hacer tomar conciencia de que en los acontecimientos que estamos viviendo en nuestra época y en sus circunstancias concretas, también están presentes las fuerzas del mal que vienen sobre nosotros con la amenaza de su poder malvado. ¡Se necesitaría ser inconscientes y estar ciegos para no ver cuán fuerte es el mal en la historia humana!

Con ello no me refiero sólo a las guerras mundiales del siglo pasado o a los acontecimientos vividos en nuestra tierra que ocasionó también la muerte de tantos inocentes entre los que destacan nuestros mártires. Me refiero de manera especial al momento que nos ha tocado vivir, al «ahora» de la historia de España. También «ahora» es tan fuerte la presencia del mal, la muerte de tantos inocentes, que algunos están tentados a pensar que todo se encamina hacia un final perverso.

Esta es «la gran angustia y tribulación» que despierta también entre nosotros el interrogante del sentido del sufrimiento humano y de la misma muerte. Al menos, siendo objetivos, todos constatamos que la eliminación de las fuerzas del mal para cada generación es un proceso de sufrimiento y de lucha constante sin desfallecer.

Cristo: fin de la historia

Hoy, de modo consolador, el evangelio nos asegura que al final de la historia, la palabra «fin» será puesta por la venida de Jesús resucitado, quien vendrá «con gran poder y gloria» (Mc 13,25). Él acabará con el poder del mal y con su venida el Reino de Dios será instaurado plenamente. Es lo que pedimos cada día con la oración del «Padre nuestro»: Venga a nosotros tu Reino. El mismo evangelio nos revela también cómo será este final: «Él enviará a los ángeles y reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo» (Mc 13,27).

El Hijo del hombre, Jesús resucitado, revela su soberanía reuniendo en torno a sí a los elegidos. ¿Qué significa esto? En el último día (Cf. Jn 6,54), cuando acontezca la «resurrección de los muertos», los que hayan creído en Jesús, alcanzarán la plena comunión con Cristo. Llegado el fin de la historia, el Cuerpo de Cristo, su Iglesia, alcanzará su perfección porque todos sus miembros vivirán en su gloria, para siempre. Nuestros mártires beatificados, que ya se cuentan entre los elegidos, verán cumplidas las palabras del Salmo que hemos proclamado: «El Señor es el lote de mi heredad y mi copa, mi suerte está en tu mano […]. Por eso se alegra el corazón, se gozan mis entrañas y mi carne descansa esperanzada. Porque no me abandonarás en la región de los muertos, ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción» (Sal 15).

El retorno de Cristo: juicio definitivo

El profeta Daniel, como hemos escuchado en la primera lectura, es muy preciso. Hablando del mismo acontecimiento final, dice: «muchos de los que duermen en el polvo de la tierra despertarán: unos para vida eterna, otros para vergüenza e ignominia perpetua» (Dan 12, 2). Por tanto el retorno de Cristo tiene también un carácter de «juicio». Es un juicio definitivo que no admite apelación. Es un juicio que asigna «vida eterna» a los justos, e «ignominia perpetua» a los injustos. El retorno de Cristo es la hora de rendir cuentas: el encuentro con Él es el juicio definitivo sobre nuestra vida y sobre toda la historia humana. Y ¿qué decir de nuestros mártires beatificados? Ellos, como «los sabios, según el decir del profeta Daniel, brillarán como el fulgor del firmamento […] como las estrellas por toda la eternidad» (Dan 12, 3).

Queridos hermanos, ¿esta certeza de nuestra fe es un puro sueño que nos separa y distancia de nuestra vida cotidiana y de nuestras preocupaciones concretas? Todo lo contrario. Esta es la repuesta al misterio de los sufrimientos de cada uno y la solución del más grande enigma de la historia.

En la profesión de nuestra fe, cuando decimos «y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos», no nos referimos a aquel juicio que se da sobre nuestra vida personal inmediatamente después de la muerte. El evangelio que hemos escuchado nos asegura que habrá un «Juicio final» en el cual el Señor resucitado someterá toda la historia humana al juicio. Será el balance final de toda la historia en su conjunto.

«Con gran poder y gloria» nos ha dicho el Evangelio (Mc 13, 26). Jesús, el Señor resucitado, será el juez soberano y también la norma base sobre la cual toda la historia será juzgada. Es, en efecto, a la luz de su palabra y de su obra de salvación, de la desmesurada grandeza de su amor y de su sacrificio, como toda la historia humana será puesta al descubierto.

A poco que revisemos nuestras vidas y nuestra historia podemos caer en la cuenta: ¿Cuántas injusticias se han cometido no solo de persona a persona sino de pueblos contra otros pueblos? ¿Cuántas víctimas no han sido resarcidas del mal? ¿Cuántos pobres y débiles han sido oprimidos y humillados en su dignidad, muriendo sin que nadie reparase su humillación? La certeza de la fe respecto del «Juicio final» nos asegura que no hay nada que borre completamente cuanto ha sido hecho y todo quedará al descubierto.

Habrá justicia y «revocación» del sufrimiento pasado

Como nos recordaba Benedicto XVI en su Carta Encíclica Spe salvi: «Sí, existe la resurrección de la carne. Existe una justicia. Existe la «revocación» del sufrimiento pasado, la reparación que restablece el derecho. Por eso la fe en el «Juicio final» es ante todo y sobre todo esperanza» (Spe salvi, 43). Habrá justicia y gracia. «Ambas -justicia y gracia- han de ser vistas en su justa relación. La gracia no excluye la justicia. No convierte la injusticia en derecho. No es un cepillo que borra todo, de modo que cuanto se ha hecho en la tierra acabe por tener siempre igual valor» (Ib., 44).

Todas estas reflexiones nos invitan a descubrir la trascendencia y la seriedad de nuestra vida y de nuestros actos. Este es el valor del testimonio de nuestros mártires enterrados en este Cementerio de Paracuellos, cuidado con esmero por la Hermandad, por las hermanas Siervas del Señor, por el capellán y por los monjes. A los ciento cuarenta y tres mártires beatificados podemos aplicar las palabras del Apocalipsis: ¡Dichosos ya los muertos que mueren en el Señor! Sí, dice el Espíritu, que descansen de sus fatigas, porque sus obras les acompañan» (Ap. 14, 13).

Contemplando el desenlace de su vida, nosotros debemos acoger hoy las palabras del profeta Daniel (Dan. 12, 1-3) y del Evangelio de San Marcos (Mc. 13, 24-32) como un manantial de esperanza en estos momentos difíciles para la vida de fe en España. Nosotros, los cristianos, cobijados en el seno de nuestra madre la Iglesia Católica, tenemos la esperanza cierta de que la última palabra en la historia y sobre la historia no la dirá la injusticia.

Necesidad de la vigilancia

Como nos enseña el Evangelio que hemos proclamado, hemos de estar vigilantes y prontos para que cuando el Señor nos introduzca en su eternidad, nos encuentre dignos de vivir con Él para siempre. A este Camposanto de Paracuellos, a la vez tan sencillo y significativo, venimos como peregrinos a aprender del testimonio de los mártires, de su fortaleza y de su amor manifestado en el perdón. Aprended nos decía el Evangelio «de esta parábola de la higuera: cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, decís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros que esto sucede, sabed que Él está cerca, a la puerta» (Mc 13, 28-29).

A San José, que custodió a la Sagrada Familia, le suplicamos en este año jubilar que custodie a nuestra Iglesia que peregrina en España. A la Virgen de la Victoria de Lepanto que se venera en nuestra diócesis, en el Santuario de Villarejo de Salvanés, la invocamos también en este año jubilar como Auxilio de los cristianos, convencidos de que como ocurrió en el siglo XVI, con María nos llega siempre la victoria. María, Madre nuestra, Reina de los mártires, intercede por nosotros. Amén.

¿Por qué se les dice “benditas” a las almas del purgatorio?

(aciprensa) El autor católico Kevin Di Camillo describe cómo Santa Gertrudis la Grande, enamorada del Sagrado Corazón de Jesús y siempre pendiente de las benditas almas del Purgatorio, da luces sobre la situación de estas almas.

Santa Gertrudis la Grande (1256-1302) es mejor conocida por su oración por las almas del Purgatorio, la cual rezamos este mes, cerca de su fiesta (16 de noviembre), por nuestros queridos difuntos.

“Padre eterno, yo te ofrezco la preciosísima sangre de tu Divino Hijo Jesús, en unión con las Misas celebradas hoy día a través del mundo por todas las benditas ánimas del Purgatorio, por todos los pecadores del mundo. Por los pecadores en la Iglesia universal, por aquellos en propia casa y dentro de mi familia”.

En un artículo de 2017 titulado "Santa Gertrudis la Grande y las benditas almas del purgatorio", Di Camillo responde a una pregunta que tal vez más de uno se ha hecho: "¿por qué usamos el adjetivo “benditas” cuando se refiere a las almas del Purgatorio?.

Si estas almas son “benditas” o santas, ¿no deberían estar en el Cielo? Y a la inversa: ¿Esas almas en el Purgatorio no son de alguna manera no benditas?, son las preguntas que llevó a Kevin a investigar sobre el Purgatorio.

El profesor del departamento de estudios religiosos de la Universidad de Niágara, P. Joseph G. Hubbert, recordó en la entrevista dada a NCRegister los tiempos difíciles en que vivió Santa Gertrudis y comentó que para “los pobres que quedaron aquí en este Valle de las Lágrimas, consignados a una vida de trabajo duro, trabajo pesado, enfermedades y el estallido ocasional de la guerra, el Purgatorio fue, de hecho, un lugar ‘sagrado’.

Fue visto como un respiro del sufrimiento aquí en la tierra, un sufrimiento que era diferente del sufrimiento del Purgatorio”.

El P. Hubbert también señaló que después de la vida en esta tierra, que inevitablemente termina en la muerte, el Purgatorio es un lugar que tiene una sola dirección: “al Cielo”; lo que no quiere decir que el viaje a través del Purgatorio sea fácil o sin dolor.

De hecho, aunque los doctores de la Iglesia desde San Agustín hasta San Gregorio Magno hablaron sobre el fuego purificador del Purgatorio, Tomás de Aquino nos recuerda que el dolor más pequeño en el Purgatorio es peor que el mayor sufrimiento en la tierra. Sin embargo, esta agonía se compensa con la “certeza de la salvación”.

Estas tres palabras, “certeza de salvación”, señala Kevin, son las que hacen que las almas del Purgatorio sean “benditas” (aunque ciertamente también son almas “pobres”, frente a las almas del Cielo que están experimentando la visión beatífica).

Mientras tanto se encuentran en lo que el Catecismo llama un “fuego de limpieza”, un concepto difícil, pero que Kevin clarifica con el recuerdo de su padre, cuando esterilizó una aguja bajo una llama antes de quitar una astilla del pie cuando era niño.

Santa Gertrudis, una de las pocas santas con el título de “la Grande”, era ciertamente una mujer adelantada a su tiempo. Sus visiones y devoción al Sagrado Corazón de Jesús fueron anteriores a la difusión más popular y extendida de Santa Margarita María Alacoque en Francia por más de 300 años.

Además, su concepto de las almas del Purgatorio no es solo una exposición de caricaturas dantescas que sufren todos los medios y modos de castigo, sino de almas santas, almas santificadas.

Esto permite ver a una mujer cuya perspicacia en la espiritualidad mística es relevante para nosotros incluso hoy en día.

lunes, 15 de noviembre de 2021

Discurso del presidente de la Conferencia Episcopal Española

 

Nombramientos episcopales

(C.E.E.) El papa Francisco ha nombrado a Mons. José Luis Retana Gozalo obispo de Salamanca y de Ciudad Rodrigo, bajo la fórmula in persona episcopi («en la persona del obispo»), de tal forma que tendrán el mismo obispo pero sin que se modifique la estructura de ninguna de las dos diócesis. Mons. Retana es en la actualidad obispo de Plasencia. El nombramiento se hace público hoy, lunes 15 de noviembre, a las 12.00 h., y así lo ha comunicado la Nunciatura Apostólica en España a la Conferencia Episcopal Española.

Desde el año 2003 es obispo de Salamanca Mons. Carlos López Hernández. Por su parte, Mons. Jesús García Burillo es administrador apostólico de Ciudad Rodrigo desde 2019.

Mons. José Luis Retana, obispo de Plasencia desde 2017

Mons. José Luis Retana nació en Pedro Bernardo (Ávila) el 12 de marzo de 1953. Ingresó en el seminario menor de Ávila en 1964 para entrar después, en 1968, en el seminario mayor. En 1971 entró en el Teologado que la diócesis de Ávila tiene abierto en Salamanca, para realizar los estudios de Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca (1971-76). Posteriormente marchó a Friburgo (Suiza) para ampliar sus estudios de licenciatura (1976-78). En 1979 obtuvo la licenciatura en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 29 de septiembre de 1979.

Su ministerio sacerdotal lo desarrolló en la diócesis de Ávila. El 9 de marzo de 2017 se hace público su nombramiento como obispo de Plasencia. Recibió la ordenación episcopal el 24 de junio del mismo año.

En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal para la Educación y Cultura.

Mons. Carlos López, obispo de Salamanca desde 2003

Mons. Carlos López Hernández nació en Papatrigo (Ávila) el 4 de noviembre de 1945. Es diplomado en Liturgia por el Instituto Superior de Pastoral (1970). Es licenciado en Teología (1974) y doctor en Derecho Canónico (1982) por la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 5 de septiembre de 1970.

El 9 de enero de 2003 fue nombrado obispo de Salamanca. Tomó posesión el 2 de marzo del mismo año. Es vice Gran Canciller de la Universidad Pontificia de Salamanca desde 2015.

En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal para la Educación y Cultura. También es miembro de esta Comisión Mons. Jesús García Burillo, quien fue obispo de Ávila desde 2003 a 2018. Mons. García Burillo es natural de Alfamén (Zaragoza), donde nació el 28 de mayo de 1942.

Mons. Juan Antonio Aznárez, nombrado arzobispo castrense

El papa Francisco ha nombrado a Mons. Juan Antonio Aznárez Cobo arzobispo Castrense. Mons. Aznárez es en la actualidad obispo auxiliar de Pamplona y Tudela. El nombramiento se hace público hoy, lunes 15 de noviembre, a las 12.00 h., y así lo ha comunicado la Nunciatura Apostólica en España a la Conferencia Episcopal Española.

El arzobispado castrense estaba vacante tras el fallecimiento de Mons. Juan del Río Martín, el 28 de enero de 2021. Está al frente, como ordinario Castrense, el sacerdote Carlos Jesús Montes.

Mons. Aznárez, obispo auxiliar de Pamplona y Tudela desde 2012

Mons. Juan Antonio Aznárez nació el 14 de enero del año 1961 en Eibar (Guipúzcoa), aunque con 13 años se trasladó a vivir a Tudela (Navarra). Realizó los estudios eclesiásticos en el seminario mayor de Pamplona. Fue ordenado Sacerdote el día 27 de octubre del año 1990. Es licenciado en Ciencias Bíblicas por el Pontificio Instituto Bíblico de Roma (1997). Además, es licenciado en Filosofía y Letras (Filología Hispánica) por la Universidad de Zaragoza (1984).

Desarrolló su ministerio sacerdotal en la diócesis de Pamplona y Tudela, de la que fue nombrado obispo auxiliar el 9 de junio de 2012. Recibió la ordenación episcopal el 9 de septiembre del mismo año.

En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal para la Liturgia.

El sacerdote Francisco César García Magán, obispo auxiliar de Toledo

El papa Francisco ha nombrado al sacerdote Francisco César García Magán obispo auxiliar de Toledo, sede de la que es actualmente vicario general. El nombramiento se hace público hoy, lunes 15 de noviembre, a las 12.00 h., y así lo ha comunicado la Nunciatura Apostólica en España a la Conferencia Episcopal Española.

Vicario general de la diócesis de Toledo desde 2018

El obispo auxiliar electo de Toledo nació en Madrid el 2 de febrero de 1962. En 1980 ingresó en el seminario mayor de Toledo, donde realizó los estudios eclesiásticos, finalizados con el Bachiller en Teología por el Instituto Teológico “San Ildefonso” de Toledo. Fue ordenado sacerdote el 13 de julio de 1986. Es licenciado en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana (1990) y licenciado y doctor en Derecho Canónico por la Pontificia Universidad Lateranense (1998). Completó sus estudios en la Pontificia Academia Eclesiástica (1995-1998).

Comenzó su ministerio sacerdotal en la diócesis de Toledo como vicario parroquial de Santa Bárbara, en Toledo, y secretario del obispo auxiliar (1986-1988). Estuvo al servicio de la Santa Sede desde 1991 a 2007. Primero como oficial de la Secretaría de Estado (sección para los Asuntos Generales), a la vez que fue capellán de las Franciscanas Misioneras de la Madre del Divino Pastor (1989-1998). Posteriormente, como secretario y consejero de las Nunciaturas Apostólicas en Colombia, Nicaragua, Francia y Serbia.

En 2007 regresó a la diócesis de Toledo, donde ha desempañado los siguientes cargos: vicario episcopal para la Cultura y Relaciones Institucionales (2008-2015); capellán de las monjas Agustinas de Santa Úrsula (2008-2015); vicario episcopal de la Vicaría territorial de Toledo (2015-2021); y provicario general (2015-2018). Desde el año 2018 es vicario general. Es canónigo, desde 2008, y doctoral, desde 2018.

Desarrolló su labor docente en el seminario nacional interdiocesano de Nicaragua (2002-2003). Y actualmente en los Institutos Superiores de Estudios Teológicos San Ildefonso y de Ciencias Religiosas Santa María de Toledo, desde 2008, y en la Facultad de Derecho Canónico de la Universidad Eclesiástica San Dámaso de Madrid, desde 2007.

Ha sido vocal de la Comisión Asesora de Libertad Religiosa del Ministerio de Justicia (2009-2014); Es Académico Correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España, desde 2019. Es miembro de la junta directiva de la Asociación Española de Canonistas desde 2021, de la que fue vicepresidente de 2012 a 2014. Es Capellán de Su Santidad (2000) y Prelado de Honor de su Santidad (2005).