miércoles, 31 de diciembre de 2025

Sacerdotes fallecidos en 2025



2 de Enero, Rvdo. D. Rafael Santos Laso, Párroco emérito de Salinas (Castrillón). Había nacido en Palencia de Negrilla (Salamanca) en 1931. Ordenado sacerdote en Comillas en 1955. Falleció en el Hospital San Agustín de Avilés. Presidió el funeral por su eterno descanso el Vicario General en Salinas. 

1 de Febrero, P. Jesús María Martín Mateo S.J. (Residencia de Padres Jesuitas de Oviedo). Había nacido en Valladolid en 1932. Ordenado sacerdote en 1962. Falleció en el Hospital Monte Naranco Oviedo. Presidió el funeral el Vicesuperior de la Comunidad P. Teodoro García, a continuación sus restos mortales fueron incinerados en el Tanatorio Los Arenales recibiendo cristiana sepultura en el Panteón de Comunidad en el Cementerio del Sucu en Ceares (Gijón).

16 de Febrero, Rvdo. Sr. D. Manuel Suárez Peñalosa, Capellán Castrense retirado. Administrador parroquial emérito de San Juan Evangelista de Muñó y San Pedro Apóstol de La Collada (Siero). Había nacido en La Rebollada (Mieres) en 1943. Ordenado sacerdote en 1969. Falleció en el Hospital Monte Naranco de Oviedo. Presidió el funeral el Sr. Vicario General en la Parroquia de Santa María la Real de La Corte (Oviedo), recibiendo cristiana sepultura en el Cementerio de Ablaña (Mieres)

19 de Febrero, Rvdo. Sr. D. Vicente Hernández Martin, Sacerdote Jubilado en Ciudad Rodrigo. Había nacido en Nava de Béjar (Provincia de Salamanca y Diócesis de Plasencia) en 1953. Ordenado sacerdote en 1978. Falleció en su domicilio en Ciudad Rodrigo. Presidió el funeral el Sr. Obispo de Ciudad Rodrigo en la Parroquia de Nuestra Señora de Fátima de Ciudad Rodrigo, y a continuación recibió cristiana sepultura en el cementerio de Nava de Béjar.

13 de Marzo, Rvdo. Sr. D. Ceferino Fernández Suárez, Párroco emérito de Illas y La Peral. Había nacido en Fuejo - Bascones (Grao) en 1938. Ordenado sacerdote en 1964. Falleció en la Casa Sacerdotal de Oviedo. Presidió el funeral el Sr. Arzobispo en la Parroquia de la Natividad de Nuestra Señora (Guillen Lafuerza) Oviedo. Recibió cristiana sepultura en el Cementerio Parroquial de Valduno (Las Regueras). 

27 de Abril, M.I. Sr. D. Víctor Leoncio Diéguez Marcos, Canónigo Maestro de Capilla emérito de la Catedral de Oviedo. Había nacido en Palazuelo de Órbigo (Provincia de León y Provincia de Astorga) en 1941. Ordenado sacerdote en Madrid en 1965. Falleció en el Hospital del Monte San Isidro en León. Se celebró un primer funeral presidido por el Sr. Vicario General de la Diócesis de Astorga el día 28 de mayo en Palazuelo de Órbigo donde recibió cristiana sepultura en el cementerio municipal. En la diócesis se celebró el funeral en la Catedral de Oviedo el día 2 de mayo presidido por el Sr. Arzobispo.

4 de Mayo Rvdo. Sr. D. Manuel Escariz Magariños, Sacerdote diocesano de Mondoñedo-Ferrol. Párroco de Couboeira, Figueiras, Masma, Vilamor y Viloalle (Mondoñedo) así como Organista la S. I. Catedral Basílica de Mondoñedo y Auxiliar del Archivo Diocesano. Había nacido en A Estrada (Pontevedra) en 1950. Ordenado sacerdote en Mondoñedo en 1995. Falleció en el Hospital de Cabueñes (Gijón). Se celebró el funeral en la capilla de la residencia Sagrada Familia de la Fundación Nuestra Señora de Gracia en el Infanzón (Gijón) presidida por el Sr. Obispo de Mondoñedo - Ferrol, a continuación sus restos mortales fueron inhumados en el cementerio parroquial de Castiello de Bernueces (Gijón).

24 de Julio, Rvdo. Sr. D. Armando Sánchez García, Sacerdote Jubilado. Había nacido en San Juan de Arenas - Carbayín (Siero) en 1944. Ordenado sacerdote en 1978. Falleció en el Hospital Valle del Nalón en Riaño (Langreo). Se celebró el funeral en Santa María de las Nieves de Blimea presidido por el Sr. Vicario general. Sus cenizas fueron depositadas en la capilla familiar de El Recuncu (Blimea). 

2 de Agosto, Rvdo. Sr. D. José Antonio García Santaclara, Capellán de las Adoratrices de Gijón. Había nacido en Peñerudes (Morcín) en 1943. Ordenado sacerdote en 1979. Falleció en su domicilio de Gijón. Se celebró el funeral en la parroquia de la Asunción del barrio del Bíbio (Gijón) presidido el funeral por el Sr. Vicario General. 

23 de Agosto, Rvdo. Sr. D. Federico Abad Martínez, Sacerdote Jubilado. Había nacido en San Miguel de Tarlac (Filipinas) en 1937. Ordenado sacerdote en 1966. Falleció en el Hospital Universitario Central de Asturias. El funeral tuvo lugar en la Parroquia de La Corte (Oviedo) presidido por el Sr. Obispo emérito de Sigüenza - Guadalajara. Sus restos mortales recibieron cristiana sepultura en el Cementerio de El Salvador de Oviedo. N-0675 1

8 de Septiembre, Rvdo. Sr. D. José Ramón García García, Sacerdote Jubilado
Había nacido en Valdepares (El Franco) en 1939. Ordenado sacerdote en 1964
Falleció en el Hospital Monte Naranco. El funeral por su eterno descanso se celebró en su parroquia natal de Valdepares presidido por el Sr. Vicario General. Sus restos mortales recibieron cristiana sepultura en el cementerio municipal de Valdepares. 

6 de Noviembre, Rvdo. Sr. D. Héctor José García Montoto, Sacerdote Jubilado (Diocesano de Goiás). Nacido en Bierces (Colunga) en 1937. Ordenado sacerdote en 1968 en Brasil. Falleció en el Hospital Universitario Central de Asturias. El funeral por su eterno descanso se celebró en la capilla de la Casa Sacerdotal presidido por el Sr. Arzobispo. Sus restos mortales fueron incinerados y recibieron sepultura en el Columbario de la Parroquia de Nuestra Señora del Carmen de Oviedo.

Dales Señor el descanso eterno

Brille para ellos la luz eterna

Te pedimos, Señor, que tus siervos, sacerdotes, a quienes encomendaste
 durante su vida el ministerio sagrado, lleguen a participar eternamente en 
la gran asamblea de tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

«Te Deum» y «Veni Creator»: indulgencias plenarias en Nochevieja y Año Nuevo

(InfoCatólica) En la noche del 31 de diciembre y el amanecer del nuevo año, la Iglesia Católica brinda la posibilidad de obtener indulgencias plenarias, manifestando así la misericordia divina y la aspiración a la santificación de sus fieles.

Este tipo de indulgencia implica la completa liberación de la pena temporal asociada a los pecados ya perdonados en términos de culpa.El 31 de diciembre, en la víspera de la Solemnidad de María, Madre de Dios, la Iglesia concede indulgencia plenaria a los fieles cristianos que reciten públicamente el Te Deum, expresando gratitud a Dios por el año que concluye, especialmente en este día.

Además, el 1 de enero, durante la Solemnidad de Santa María Madre de Dios, se otorga indulgencia plenaria a aquellos que reciten públicamente el himno Veni Creator, buscando bendiciones para el nuevo año que comienza.

El 1 de enero el Papa imparte la bendición al final del Ángelus (y, si ha presidido la Misa, también al final de la celebración), pero no es una bendición Urbi et Orbi en sentido estricto (solo son en Navidad y Pascua). Sin embargo, puede ir acompañada de indulgencia plenaria si así se indica en los decretos habituales sobre indulgencias para la oración del Ángelus o el Regina Caeli y se cumplen las condiciones acostumbradas.

¿Qué es una indulgencia?

La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal derivada de los pecados ya perdonados en cuanto a la culpa -es decir, aquellos cuya absolución se ha obtenido mediante el sacramento de la confesión-. Esta remisión la obtiene el fiel que, debidamente dispuesto y cumpliendo ciertas condiciones, se acoge a la intervención de la Iglesia. La Iglesia, en su misión como ministra de la redención, dispensa y aplica el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos, tal como explicó el Papa Pablo VI en la Constitución Apostólica Indulgentiarum doctrina (1967).

¿Qué es la pena temporal?

Todo pecado conlleva dos consecuencias:La privación de la comunión con Dios: Si el pecado es grave, lleva al castigo eterno, es decir, la separación de Dios. Sin embargo la comunión con Dios se restituye fructuosamente con el sacramento de la Confesión, recuperando así la gracia divina.

La pena temporal: «Todo pecado, incluso venial, causa un apego malsano a las criaturas que necesita purificación, tanto aquí abajo como después de la muerte, en el estado llamado purgatorio. Esta purificación libera de la llamada «pena temporal» del pecado» Catecismo de la Iglesia Católica (n. 1472)

Esta segunda consecuencia del pecado, es decir, la pena temporal, a la que todavía se puede estar obligado a pesar del perdón de los pecados obtenido en la Confesión, se puede cumplir aquí abajo en la tierra (con oraciones y penitencias voluntarias, con obras de piedad, mortificación y caridad), o en la otra vida, en el purgatorio.
¿Qué es la indulgencia plenaria?

La indulgencia plenaria es aquella que remite completamente la pena temporal derivada de los pecados que ya han sido perdonados en cuanto a la culpa. Esta remisión, en el caso de los pecados mortales, requiere necesariamente la Confesión sacramental.
¿Quién puede obtener indulgencias?

Las indulgencias pueden ser obtenidas por todas las personas bautizadas que no se encuentren en estado de excomunión. Sin embargo, para recibirlas, el fiel debe encontrarse en gracia de Dios, es decir, sin pecado mortal. Esto se debe a que la deuda de la pena temporal solo puede ser cancelada tras la remisión de la culpa y la pena eterna provocada por el pecado, lo cual se logra mediante el sacramento de la Confesión.

En los casos en que la confesión no sea posible, la contrición sincera, con la intención de acceder al sacramento de la penitencia lo antes posible, puede ser suficiente para alcanzar la remisión.

Es fundamental, además, tener la intención de obtener la indulgencia. El beneficio de la indulgencia solo se concede a quienes la solicitan de manera consciente y con el propósito de recibirla, con una actitud positiva.
¿Cómo se obtiene la indulgencia plenaria?

Para obtener la indulgencia plenaria, además de realizar el acto específico al que la Iglesia ha concedido esta gracia, se deben cumplir siempre las siguientes condiciones:Confesarse: La confesión debe ser individual e íntegra, es decir, sin omitir ningún pecado de forma deliberada.
Comulgar eucarísticamente: El fiel debe recibir la Eucaristía.
Rezar según las intenciones del Papa: por ejemplo, un Padrenuestro y un Avemaría, pidiendo por las intenciones del Papa.

Y especialmente, se requiere además, que se excluya todo afecto al pecado, incluso venial (Indulgentiarum doctrina, norma 7)

martes, 30 de diciembre de 2025

Para 2026. Ya quisiera yo. Por Jorge González Guadalix

(De profesión cura) Me preguntan o me pregunto por el año nuevo. Deseos, esperanzas, anhelos… Sin pensar demasiado, lo que me salga. También pueden ustedes añadir sus sueños, que esperemos que sean más que eso. Ahí voy con lo mío.

- Que se acaben los sustos en la Iglesia universal. Pido que podamos vivir con normalidad, sin sobresaltos. Creo que vamos por buen camino.

- Me gustarían algunos relevos en la curia romana. Para mí sería buena noticia el relevo en Doctrina de la fe, que cese ya Parolin y que se pusiera orden en el de Vida consagrada.

- Espero que este 2026 nos traiga la normalización de la liturgia, en toda la Iglesia, y un acuerdo satisfactorio para la liturgia tradicional. Ya era hora.

- La vida religiosa lleva años viviendo una profunda crisis. No se soluciona poniendo bajo la lupa los institutos más tradicionales mientras otros llevan años y años haciendo de su vida un fracaso global. Apoyemos a los institutos con vida abundante.

- Confío en que poco a poco se abandone la senda del relativismo doctrinal y moral y la arbitrariedad en la normativa eclesiástica. Por favor, que vuelva el derecho canónico a ocupar su puesto.

- Es urgente poner coto a cualquier tipo de mafia rosa, lobbys gays o similares. Es un cáncer extendido en la Iglesia a todos los niveles.

- Que Cáritas y demás obras sociales de la Iglesia mantengan viva su identidad católica.

- Que se cuide especialmente a los pobres, recordando siempre que la mayor pobreza es no conocer a Jesucristo. No somos una ONG más.

- Transparencia económica y austeridad en obras y personas.

- Espero que perdamos el miedo a anunciar el Evangelio íntegramente. Ojalá el año 2026 sea el momento de reconocer, agradecer y valorar el sacrificio de tantos cristianos en el mundo, muy especialmente en África.

- Sería una buena noticia el fin del cisma de facto que se vive en Alemania y desde Alemania con la Iglesia universal.

- En España aguardo una solución para el Valle de los Caídos que respete en su integridad la basílica y el sentido del lugar desde la oración por la reconciliación, la justicia y la paz en España.

- En Madrid tenemos convocada una asamblea general sacerdotal para los días 9 y 10 de febrero. Que sea realmente un momento de gracia y renovación para todos.

- Y que Dios nos conceda a todos el anhelo de santidad y que un día lleguemos a la vida eterna.

Se pueden pedir muchas cosas. Con estas yo me doy por satisfecho.

Feliz 2026.

ATENTOS

lunes, 29 de diciembre de 2025

La eucaristía y la ''detonación metafísica''. Por Guillermo Juan Morado

(La Puerta de Damasco) Me ha llamado la atención una columna sobre la eucaristía publicada por un reconocido novelista en un periódico prestigioso, sobre todo en ciertos ambientes sociales y políticos. Se titulaba, dicho artículo, “Detonación metafísica”. La tesis que exponía, si he entendido bien, es que si en la eucaristía “cuando el sacerdote consagra la hostia y el vino, aquella se convierte literalmente en el cuerpo de Cristo y este en su sangre. No metafóricamente, no simbólicamente, no: de forma literal”, se produce entonces “una operación ontológica de primer orden, un cambio radical de sustancia”.

Si esto es lo real, lo metafísico, la apariencia, lo que se muestra es, a los ojos del escritor, algo diferente: “Pero entras en una iglesia y lo que ves es un hombre en casulla con gesto cansado, unos monaguillos distraídos y un puñado de fieles pensando en la lista compra”. Y, como solución ante la paradoja concluye: “Es posible que la Iglesia haya resuelto este asunto hace siglos con una pedagogía eficaz: creer sin sentir. La eucaristía como un rito vacío más que como detonación metafísica. Eso permite que el clérigo vuelva al desayuno sin convulsiones o que los comulgantes abandonen el templo intentando recordar dónde aparcaron. Una transubstanciación higiénica, sin efectos secundarios. Aunque quizá, por otra parte, el verdadero milagro sea ese: que la humanidad pueda asistir a un hecho extraordinario como el que ve Cifras y Letras”.

Cuando algo complejo se reduce a algo demasiado simple es porque, muy probablemente, se ha producido, accidental o intencionalmente, algún cortocircuito. Ya no se sabe muy bien si el texto ensalza la transubstanciación eucarística o si, a un nivel más elemental, critica o satiriza lo que el autor considera que es la fe de los creyentes que acuden a misa. Los literatos se conceden muchas licencias estilísticas. Hablar de “detonación metafísica”, a mi juicio, contrapone un elemento que pertenece a la esfera de los fenómenos -una explosión, estallido, estampido, estruendo, disparo o tiro – a un ámbito que, propiamente, corresponde no a lo que aparece, sino a lo que es, más allá de la apariencia; es decir, a lo metafísico. Lo metafísico no tiene demasiado que ver con “detonaciones”, sino más bien con sentidos y significados.

El vocabulario cristiano une lo que “aparece” y lo que “es”, la física y la metafísica, con ayuda del término “sacramental”. Los signos visibles remiten y hacen presente una realidad invisible. En la transubstanciación eucarística, lo que se ve, los accidentes, permanecen; antes y después de la consagración la “apariencia” sigue siendo la misma: pan y vino. Lo que cambia, lo que no se ve, la realidad, sí se transforma. En palabras del papa Pablo VI “en la realidad misma, independiente de nuestro espíritu, el pan y el vino han dejado de existir después de la consagración, de suerte que el Cuerpo y la Sangre adorables de Cristo Jesús son los que están realmente delante de nosotros”.

Tiene que existir una cierta proporción entre objeto y sujeto, entre lo que aparece y lo que es, y entre lo que se percibe como aparente o se reconoce como real. Una detonación - explosión, estallido, estampido, estruendo, disparo o tiro – impresiona los sentidos de un modo muy diferente a la manera en que una convicción profunda impregna y abarca nuestra inteligencia, nuestros sentimientos y nuestra capacidad emotiva. La Biblia dice que no se puede contemplar directamente el rostro de Dios y seguir con vida, pero también enseña que Dios quiere acercarse al hombre, a la vez “desvelando” y “velando” su rostro para que el hombre pueda conocerlo y, de este modo, vivir auténticamente.

La eucaristía es signo y presencia de este Dios cercano que, en la humildad del sacramento, “vela” su rostro, para no causar nuestra muerte, sino para suscitar nuestro “asombro” y nuestra adoración. Como decía san Juan Pablo II: “Si ante este Misterio la razón experimenta sus propios límites, el corazón, iluminado por la gracia del Espíritu Santo, intuye bien cómo ha de comportarse, sumiéndose en la adoración y en un amor sin límites”. La eucaristía es el verdadero “pan cotidiano” que pedimos en el Padrenuestro. Un “pan” que nos despierta del letargo de pensar que nuestro horizonte se apaga en un programa televisivo.

Homilía en la Fiesta de la Sagrada Familia y Clausura del Año Santo Jubilar 2025

En este domingo de la infraoctava de la Navidad, la Iglesia celebra la fiesta de la Sagrada Familia. Es la escena habitual de estos días tan entrañables donde queda nuestra mirada metida en su encanto dulce y tierno de ver a una joven mujer primeriza mamá, junto a quien hace las veces de padre misteriosamente con discreta fidelidad, y entre ambos un bebé recién nacido que nos asombra por su identidad y significado: nada menos que el Mesías desde siglos esperado. Un pequeñín fue la respuesta inaudita de Dios a todas nuestras preguntas, no un guerrero pertrechado, ni un sabio sabihondo, ni un magnate adinerado… sino un pequeño bebé que no sabía hablar, aunque vino como Palabra, que no podía andar, aunque fue el camino y caminante junto a cada cual. Esta es la escena que en este domingo de Navidad nos cita en su fecha y nos concita la atención del corazón.

Han sido hermosas las palabras que esta mañana pronunciaba el Papa León en la oración del Ángelus: «mientras contemplamos con asombro y gratitud este misterio, pensemos en nuestras familias y en la luz que ellas también pueden aportar a la sociedad en la que vivimos. Lamentablemente, el mundo siempre tiene sus “Herodes”, sus mitos del éxito a cualquier precio, del poder sin escrúpulos, del bienestar vacío y superficial, y a menudo, sufre las consecuencias con la soledad, la desesperación, con las divisiones y conflictos. No dejemos que estos espejismos sofoquen la llama del amor en las familias cristianas. Al contrario, protejamos en ellas los valores del Evangelio: la oración, la frecuencia a los sacramentos —especialmente la confesión y la comunión—, los afectos sanos, el diálogo sincero, la fidelidad, el realismo sencillo y hermoso de las palabras y los gestos buenos de cada día. Esto las convertirá en luz de esperanza para los entornos en los que vivimos, escuela de amor e instrumento de salvación en las manos de Dios… Pidamos entonces al Padre del Cielo, por intercesión de María y san José, que bendiga a nuestras familias y a todas las familias del mundo, para que, siguiendo el modelo de la familia de su Hijo hecho hombre, sean para todos un signo eficaz de su presencia y de su amor sin fin»

Pero estando como estamos al final de una andadura natural como representa el fin del año, hacemos recuento de los meses que nos quedan ya en el ayer de nuestras espaldas. Tantas cosas han quedado escritas en el tablón de nuestra memoria, y no pocas de ellas fueron una sorpresa que no tuvieron el decoro de avisarnos de su llegada. Pero acontecieron, como quien se cuela en la vida con su imprevista llamada que nos dejó su enojo malencarado o su graciosa esperanza.

Sí, han sido meses intensos, llenos de tantas sorpresas con sus nombres y sus fechas.

Fin de año que, sin embargo, no acaba. Pasan los meses y los años, y nosotros escribimos nuestra historia con los eventos que van jalonando nuestras biografías. Al término de este año 2025 cerramos también un período lleno acontecimientos varios con su impronta imborrable. Sería ahora prolijo poder reseñar todos los momentos que en estos doce meses han dejado su mensaje. Ha sido un año santo jubilar con motivo del dos mil veinticinco aniversario del nacimiento de Jesús. Ha estado marcado por la esperanza, como rezaba ya el lema: “La esperanza no defrauda” (Rom 5,5). Es un evidente contraste con tantos momentos y situaciones donde nos sentimos defraudados por tantas cosas (la política, la salud, el círculo de amistades y compañeros de andadura, el deporte, la vida y la muerte…). Ponemos el corazón en personas y en proyectos, en ilusiones y ensueños que luego no siempre se cumplen según nuestras expectativas añoradas. Todos tenemos la larga experiencia de sentirnos defraudados por algo o por alguien.

Decía el papa Francisco al convocar el año santo que el Jubileo sería una ocasión para reavivar la esperanza: «Todos esperan. En el corazón de toda persona anida la esperanza como deseo y expectativa del bien, aun ignorando lo que traerá consigo el mañana. Sin embargo, la imprevisibilidad del futuro hace surgir sentimientos a menudo contrapuestos: de la confianza al temor, de la serenidad al desaliento, de la certeza a la duda. Encontramos con frecuencia personas desanimadas, que miran el futuro con escepticismo y pesimismo, como si nada pudiera ofrecerles felicidad».

Quizás nos resulta difícil hacer la lista de las cosas que contradicen a diario este horizonte que dibuja la esperanza, y resulta enojoso el elenco de cuanto nos deja sin aliento y nos acorrala. Esto mismo se preguntaba San Pablo cuando en la carta a los Romanos hizo ese listado provocativo: «¿Quién nos separará del amor de Cristo?, ¿la tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?… Pero en todo esto vencemos de sobra gracias a aquel que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni ninguna otra criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor» (Rom 8,35.37-39).

No es un brindis al sol, ni la irresponsable quimera de quien mira distraído o inhibido para otro lado, sino la experiencia viva de lo que supone reconocer en Jesús la gran respuesta esperanzada a nuestras cuestiones desesperadas. Y señaló el papa Francisco los distintos rostros de esa esperanza que no defrauda: la paz entre los pueblos en guerra, la vida cuando se la censura desde el aborto o la eutanasia, los pobres y los emigrantes que sufren los estragos en carne propia, los presos que pagan la pena por sus delitos deseando aprender de sus errores y comenzar una nueva vida, los jóvenes que no logran asomarse al horizonte del mañana cuando el trabajo o la familia se les presenta con todos sus retos insalvables, los ancianos y abuelos que transmiten la gran sabiduría aprendida en el libro de la vida, los enfermos en sus situaciones precarias cuando la falta de salud desafía la serena confianza, los nómadas sin techo donde cobijar sus intemperies…


Junto a la Palabra de Dios, hemos nutrido también estos meses jubilares con los sacramentos (especialmente la Eucaristía y la Confesión penitencial) y las expresiones de religiosidad popular como las peregrinaciones a lugares significativos donde celebrar la gracia del año santo. Termina así el Jubileo, pero la vida sigue con sus derroteros, y ahí seguimos siendo peregrinos de la esperanza que no defrauda jamás con todos los desafíos que tenemos por delante cuando pensamos en el acompañamiento de los niños y los jóvenes, en la cercanía a las familias y el apoyo a los enfermos y los pobres con todos sus rostros y situaciones, el reto de seguir formando a nuestros numerosos seminaristas y de soñar con la vocación misionera de nuestra comunidad diocesana en tierras lejanas a las que llevar el Evangelio. Por este motivo pasamos la página de estos meses, dejamos en las manos de Dios lo que vivimos con premura y agitados o con serenidad y sosiego, para continuar escribiendo nuestra historia inacabada. Con aquellos que el Señor puso a nuestro lado, en medio de las encomiendas que la divina Providencia nos ha confiado, seguimos nuestro relato de la vida como testigos de la Buena Noticia cristiana. Habrá contradicciones y borrones, habrá apagones y sobresaltos, pero también la humilde escritura del libro de la vida con su ilusión y su esperanza.

Ahí estamos todos implicados, con la guía paterna del papa León, con la ayuda del Señor, de Santa María y de todos nuestros Santos como una bondadosa parábola de la Sagrada Familia. Feliz Navidad, hermanos.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

28 diciembre de 2025
S.I.C.B.M. El Salvador (Oviedo)

domingo, 28 de diciembre de 2025

Sagrada Familia de Nazaret. Por Joaquín Manuel Serrano Vila


Celebramos dentro de esta Octava de Navidad, el día grande que se alarga durante ocho jornadas: el domingo de la Sagrada Familia de Nazaret. La primera palabra en este día debe ser de denuncia, pues al igual que nos quieren robar la Navidad y la Familia, también nos quieren manipular e ideologizar a la Sagrada Familia de Jesús, María y José. La Familia Santa de Nazaret no es un guiño ni a Palestina ni a Israel; no es tampoco un estandarte político para cuestiones migratorias o sociales, sino que es un icono de cómo la iglesia doméstica -que diría el Concilio Vaticano II- ha de ser escuela de santidad y de valores católicos ante las embestidas del modernismo neoliberalismo que ven en el modelo familiar cristiano un enemigo a batir. No nos dejemos arrastrar ni por los de fuera que no protegen a la familia, ni por los de dentro que nos venden ideas tendenciosas de la verdadera misión de la Sagrada Familia en la historia de la salvación.

El Señor nos ha mandado honrar "padre y madre", y hay que reconocer guste o no, las épocas de mayor catolicidad en España han coincidido con los momentos más boyantes en la salud de la institución familiar. Hoy las estadísticas nos dicen que la fe no cotiza al alta en España y en Europa, y al mismo tiempo, la familia afronta una crisis social profunda como vemos en la realidad cotidiana. Las noticias diarias delatan que no vamos por buen camino: geriátricos llenos de personas mayores olvidadas en no pocos casos como trastos inservibles, personas que son encontradas muertas en sus pisos tras años y años sin haberse notado su ausencia ni entre los suyos más próximos, padres y madres ancianos asesinados por sus hijos como aún a ocurrido esta semana en Infiesto... Y ante esto, la palabra de Dios nos interpela con esa sentencia clara del libro del Eclesiástico: "Porque la compasión hacia el padre no será olvidada y te servirá para reparar tus pecados". Así es, nuestro mundo tiene sus prioridades y prisas, prisa por ganar en calidad de vida, y esto viene del pecado, del egoísmo de pensar en mi beneficio antes que en mi salvación y la de los míos. Yo me alegro de que crezca la sensibilidad hacia los animales, la naturaleza y toda cuestión ecológica, pero un matrimonio joven que dice no a la vida, que no está dispuesto a tener hijos como antídoto para no tener gastos u obligaciones, para tener libertad de movimientos y vivir sin ningún compromiso, está incumpliendo el mandato de Dios de "creced y multiplicaos".

También en nuestro proyecto de vida ha de estar presente el temor de Dios, sabiendo que la vida no es tan propia como pensamos, que nos ha sido regalada por el Señor, y a Él he de rendir cuentas de ella. Por ello el salmista alaba a los que viven en esta santa actitud: "dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos". Es decir, bienaventurados los que piensan en hacer lo que agrada a Dios por encima de lo que a mí me apetece. En esta línea va también la epístola de San Pablo a los Colosenses: "Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga quejas contra otro"... Dios ha nacido, viene a cambiarlo todo y, por tanto, no podemos seguir anclados en una vida mediocre. Si Dios ha dado el paso de venir a nosotros cuando fuimos nosotros quien le dimos la espalda, ¿cómo podemos permanecer instalados en el odio, el rencor y la enemistad?. El Apóstol es directo: "El Señor os ha perdonado, haced vosotros lo mismo". Y esto es necesario en la vida de familia, sea en el hogar con los de la propia sangre, en la familia parroquial, en la familia de comunidad o congregación, o en la familia del presbiterio... Ha venido a nosotros el Príncipe de la Paz, pero si no reina su paz en nuestro corazón de nada sirve vestirse de gala, cenar grandes manjares, hacer regalos espléndidos, llenar el interior de la casa de adornos y el exterior de luces; si no nos hemos reconciliado con Dios ni nos acercamos al hermano del que estamos alejados, nuestra podredumbre y miseria no la podrá tapar una celebración vacía y fría en una Navidad sólo de cara a la galería.


En el evangelio de este domingo nos presentan los sueños de San José, en concreto en relación a la conocida como huida a Egipto. No nos relata un hecho a través de datos, sino que el hilo conductor son los sueños de José, y es que Dios nos habla de las formas que menos esperamos. Que Cristo tuviera que exiliarse en Egipto es un detalle precioso que nos recuerda el exilio del pueblo elegido bajo la esclavitud del faraón, así como el peregrinar por el desierto, todo un guiño a cómo el Mesías hace suyo el largo peregrinar de su pueblo. El evangelista San Mateo le da un papel central a San José, y es que su papel de custodio del Redentor no fue algo anecdótico ni accesorio. La revelación de Dios para que José regresara a su tierra nos revela cómo él fue el instrumento del Señor para que en su Hijo Adoptivo se cumplieran las antiguas profecías. Hoy el evangelio nos recuerda dos: "De Egipto llamé a mi hijo", que es algo anunciado por el profeta Oseas. Y la segunda, llama aún más la atención sobre que se llamaría "Nazareno". Si lo pensamos bien, a Jesús no le vinculamos con su pueblo natal, no decimos el de belén o el belemita, sino el de Nazaret. Jesús hace suyo el pueblo de José y María, crece bajo su autoridad en una familia, la de José, por eso se sentía orgulloso de ser reconocido como "el hijo del carpintero". En los años setenta estaban de moda las predicaciones que nos hablaban de "Jesús obrero", "el hijo de un obrero" procedente de una familia pobre... Siempre me pareció muy atrevido afirmar lo que desconocemos, y más grave aún querer que la Sagrada Familia de Nazaret sea el tipo de familia que yo quisiera que fuera para hacer banderas reivindicativas como ha pretendido la llamada "teología de la liberación". En esta Jornada tan entrañable pedimos a la familia Sagrada por nuestra familias, en especial las que pasan dificultad. La Sagrada Familia es referente, modelo y guía para nuestras familias de hoy. El Papa León XIV afirmaba recientemente que «Podemos entender la familia como un don y una tarea. Es crucial fomentar la corresponsabilidad y el protagonismo de las familias en la vida social, política y cultural, promoviendo su valiosa contribución en la comunidad. En cada hijo, en cada esposa o esposo, Dios nos encomienda a su Hijo y a su Madre, como hizo con San José, para ser, junto a ellos, base, fermento y testimonio del amor de Dios en medio de los hombres. Para ser Iglesia doméstica y hogar donde arda el fuego del Espíritu Santo, difunda su calor, aporte sus dones y experiencias para el bien común y los convoque a todos a vivir en esperanza».

Evangelio en el Domingo de la Sagrada Familia

Lectura del santo evangelio según san Mateo 2, 13-15. 19-23

Cuando se retiraron los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo:

«Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo».

José se levantó, tomó al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta: «De Egipto llamé a mi hijo».

Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se apareció de nuevo en sueños a José en Egipto y le dijo:

«Levántate, coge al niño y a su madre y vuelve a la tierra de Israel, porque han muerto los que atentaban contra la vida del niño».

Se levantó, tomó al niño y a su madre y volvió a la tierra de Israel.

Pero al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes tuvo miedo de ir allá. Y avisado en sueños se retiró a Galilea y se estableció en una ciudad llamada Nazaret. Así se cumplió lo dicho por medio de los profetas, que se llamaría nazareno.

Palabra del Señor 

Fin de año que no acaba. Por Monseñor Jesús Sanz Montes O. F. M.



Pasan los meses y los años, y nosotros escribimos nuestra historia con los eventos que van jalonando nuestras biografías. Al término de este año 2025 cerramos también un período lleno de sorpresas y acontecimientos varios que nos han dejado su impronta imborrable. Sería ahora prolijo poder reseñar todos los momentos que en estos doce meses han podido llegar con su mensaje. Ha sido un año santo jubilar con motivo del dos mil veinticinco aniversario del nacimiento de Jesús. Ha estado marcado por la esperanza, como rezaba ya el lema: “La esperanza no defrauda” (Rom 5,5). Es un evidente contraste con tantos momentos y situaciones donde nos sentimos defraudados por tantas cosas (la política, la salud, el círculo de amistades y compañeros de andadura, el deporte…). Ponemos el corazón en personas y en proyectos, en ilusiones y ensueños… que luego no se cumplen según nuestras añoradas expectativas. Todos tenemos la larga experiencia de sentirnos defraudados por algo o por alguien.

Decía el papa Francisco al convocar el año santo en su Bula señalando el Jubileo como una ocasión para reavivar la esperanza, apoyándonos en la Palabra de Dios como ayuda para encontrar las razones de nuestra espera: “Todos esperan. En el corazón de toda persona anida la esperanza como deseo y expectativa del bien, aun ignorando lo que traerá consigo el mañana. Sin embargo, la imprevisibilidad del futuro hace surgir sentimientos a menudo contrapuestos: de la confianza al temor, de la serenidad al desaliento, de la certeza a la duda. Encontramos con frecuencia personas desanimadas, que miran el futuro con escepticismo y pesimismo, como si nada pudiera ofrecerles felicidad”.

Quizás no nos resulta difícil hacer la lista de las cosas que contradicen a diario este horizonte que dibuja la esperanza, y puede resultar enojoso el elenco de cuanto nos acorrala, nos aplasta y nos deja sin aliento. Esto mismo se preguntaba San Pablo cuando en la carta a los Romanos hizo ese listado provocativo: “¿Quién podrá entonces separarnos del amor de Cristo? ¿Las tribulaciones, las angustias, la persecución, el hambre, la desnudez, los peligros, la espada? [...] Pero en todo esto obtenemos una amplia victoria, gracias a aquel que nos amó. Porque tengo la certeza de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes espirituales, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra criatura podrá separarnos jamás del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor” (Rom 8,35.37-39).

No es un brindis al sol, ni tampoco una irresponsable quimera de quien mira distraído o inhibido para otro lado, sino la experiencia viva de lo que supone reconocer en Jesús la gran respuesta esperanzada a nuestras cuestiones desesperadas. Y señaló el papa Francisco los distintos rostros de esa esperanza que no defrauda: la paz entre los pueblos en guerra, la vida cuando se la censura desde el aborto o la eutanasia, los pobres y los emigrantes que sufren los estragos en carne propia, los presos que pagan la pena por sus delitos deseando aprender de sus errores y comenzar una nueva vida, los jóvenes que no logran asomarse al horizonte del mañana cuando el trabajo o la familia se les presenta con todos sus retos insalvables, los ancianos, abuelos y abuelas que transmiten la gran sabiduría aprendida en el libro de la vida, los enfermos en sus situaciones precarias cuando la falta de salud desafía la serena confianza…

Junto a la Palabra de Dios, hemos nutrido también estos meses jubilares con los sacramentos (especialmente la Eucaristía y la Confesión penitencial) y las expresiones de religiosidad popular como las peregrinaciones a lugares significativos donde celebrar la gracia del año santo. Termina así el Jubileo, pero la vida sigue con sus derroteros, y ahí seguimos siendo peregrinos de la esperanza que no defrauda jamás.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

sábado, 27 de diciembre de 2025

Mañana domingo

 

El Papa León XIV recupera la tradición multilingüe en su primera bendición «Urbi et orbi»

(InfoCatólica) El Papa León XIV pronunció el tradicional mensaje navideño «Urbi et orbi» desde la logia central de la Basílica de San Pedro, ante 26.000 personas congregadas en la plaza pese a la lluvia. En su intervención, el Pontífice hizo un llamamiento a la responsabilidad personal y colectiva para construir un mundo más justo, mientras recuperaba una tradición que había sido abandonada por su predecesor.

No solo se había recuperado una celebración de la Misa de Gallo más cercana a su hora y especialmente la Misa de Navidad de la mañana Navidad a las 10, una tradición interrumpida en 1994. León XIV también ha recuperado la felicitación multilingüe.

León XIV pronunció saludos navideños en italiano, español, inglés, francés, alemán, portugués, polaco, árabe, chino y latín. Con ello, el Papa, que ocupa el cargo desde el 8 de mayo, recuperó una tradición que había establecido Pablo VI (1963-1978) y que mantuvieron Juan Pablo II (1978-2005) y Benedicto XVI (2005-2013), quienes llegaron a pronunciar los saludos en más de 60 idiomas. Francisco (2013-2025) no quiso hacerlo.

Un llamado a la responsabilidad personal

«Si cada uno de nosotros, en todos los niveles, en lugar de culpar a otros, reconociera primero sus propios errores y pidiera perdón a Dios, y al mismo tiempo se pusiera en el lugar de los que sufren y se solidarizara con los débiles y oprimidos, entonces el mundo cambiaría», declaró León XIV durante su mensaje transmitido a numerosos países.

El Papa subrayó que la paz verdadera no es simplemente la ausencia de conflicto, sino el fruto de reconocer las propias faltas, pedir perdón y comprometerse con los demás. Recordó que Jesús nació en un establo porque no había lugar para él en el albergue, identificándose así con los marginados y excluidos, y mostrando que «la verdadera grandeza se encuentra en la solidaridad y el amor hacia los demás».

Llamamiento por la paz en zonas de conflicto

En su intervención, el Pontífice recordó a numerosos pueblos que sufren guerra, opresión y necesidad. Saludó especialmente a las personas de Oriente Medio, a quienes había conocido recientemente durante su primera visita papal a Turquía y Líbano. «He escuchado sus temores y conozco bien su sentimiento de impotencia ante las relaciones de poder bajo las que sufren», afirmó.

Pidió a Dios justicia, paz y estabilidad para Líbano, Palestina, Israel y Siria. Para el continente europeo, León XIV reclamó el espíritu de comunidad y cooperación, «para que pueda mantenerse fiel a sus raíces cristianas y su historia, y ser solidario y hospitalario con los necesitados». Especialmente oró por el pueblo ucraniano: «Que cese el estruendo de las armas y que las partes implicadas, apoyadas por el compromiso de la comunidad internacional, encuentren el valor para mantener un diálogo honesto, directo y respetuoso».

Solidaridad con los más vulnerables

El Papa mencionó también Sudán, Sudán del Sur, Mali, Burkina Faso y la República Democrática del Congo como afectados por la injusticia, inestabilidad política, persecución religiosa y terrorismo. Para Haití esperó el fin de toda forma de violencia y avances en el camino de la paz y la reconciliación.

Hizo un llamamiento especial «por aquellos que no poseen nada y lo han perdido todo, como los habitantes de Gaza; por aquellos que sufren hambre y pobreza, como el pueblo yemení». Recordó a los numerosos refugiados y migrantes que, tras perder su patria, cruzan el Mediterráneo o el continente americano, así como a los jóvenes que tienen dificultades para encontrar empleo, a las personas explotadas como los trabajadores mal pagados, y a quienes a menudo se encuentran en prisión en condiciones inhumanas.

El mensaje del Año Santo

El Pontífice concluyó recordando que el mensaje del Año Santo, que concluye en pocos días, permanece vigente: «¡Cristo, nuestra esperanza, permanece siempre con nosotros!». «El nacimiento del Señor es el nacimiento de la paz», finalizó, subrayando que la Navidad ofrece un regalo permanente: Cristo hecho hombre, que viene a salvar y no a condenar, trayendo descanso al corazón humano.

viernes, 26 de diciembre de 2025

AVISOS



Sacerdotes magos. Por Jaume Vives

(El Debate) En las últimas semanas, por circunstancias de la vida, he tenido que asistir a algunas celebraciones litúrgicas presididas por sacerdotes con complejo de magos.

El lector los reconocerá fácilmente, pues todos presentan los mismos rasgos: (1) Celebran la misa creyendo que es una actuación en la que su persona juega un papel importante, la misión de entretener al público para que no decaiga el ánimo. (2) No dudan en utilizar cierto tono graciosete, de algún modo tienen que hacerse perdonar el ser sacerdotes. Ellos, aunque lo sean, son normales y superguais. (3) Se revisten como les viene en gana, no como prescribe el Misal Romano, conforme a la dignidad que poseen, sino en función del público que tienen delante, para estar «más cerca del pueblo». (4) Para ellos el Misal Romano es solo una guía a la que suelen dar unas cuantas patadas, lo fían casi todo a la improvisación, que es mucho más sabia que siglos de Tradición. (5) La gente que acude a sus celebraciones litúrgicas sale, en el mejor de los casos, igual que entró y soltando algún chascarrillo sobre los esfuerzos del sacerdote por caer simpático. (6) En las homilías suelen hablar poco de Dios, sus palabras talismán son amor y solidaridad, y tampoco pierden la oportunidad de hablar de ellos mismos. Bromas no faltan, por supuesto.

La lista podría ser más larga, pero con estas pinceladas seguro que al lector ya le viene algún sacerdote a la cabeza. Bien, pues por ese es por quien hay que rezar.

Las causas que llevan a un sacerdote a vivir así su ministerio sacerdotal son múltiples: (1) El deseo de acercar, equivocadamente, la celebración litúrgica al pueblo, especialmente al que no cree. (2) El horror vacui, que lo empuja a no soportar el silencio y a dedicar demasiado tiempo a la palabrería barata. (3) La falta de fe que lo lleva a creer que el misterio celebrado en misa no es suficiente, y por ello lo viste a su manera. (4) La falta de trato con Dios, que lo lleva a creer (y así lo vive) que la misa es un símbolo que nos reúne para meditar un rato, pero que lo verdaderamente importante es lo material: procurar alimento, repartir mantas y organizar una comida contra el VIH.

Las consecuencias son también muy evidentes: (1) Cuanto más trata el sacerdote de acercarse al pueblo, más se alejan de Dios el pueblo y él mismo. (2) El egoísmo de esos sacerdotes preocupados solo por su imagen y por el espectáculo, priva y aleja al pueblo fiel del auténtico misterio que se actualiza en cada misa: Dios se hizo niño para morir por nosotros, y con su muerte abrirnos las puertas del cielo. (3) La liturgia encierra la belleza necesaria para revitalizar el corazón más frío. Despreciarla, además de una injusticia para con Dios y para con el pueblo, es un tormento que te deja incluso peor que tras una celebración laica. ¡Tan cerca y a la vez tan lejos del cielo!

Ni la misa tiene que ser entretenida –tampoco cuando es para niños–, ni el sacerdote tiene que amenizarla porque se quiere mucho a sí mismo o porque se quiere poco y necesita ser aplaudido. No se trata de un truco que deba permanecer oculto al espectador gracias a las bromas y distracciones del mago. Tampoco es un truco malo que necesite muchas florituras para que la actuación no quede deslucida y el público pida el reembolso de la entrada.

Es el misterio que hoy, 25 de diciembre, celebramos, el misterio de un Dios hecho Hombre que murió y resucitó por nosotros, misterio inabarcable para nuestro limitado entendimiento, misterio al que nos acerca la buena liturgia y también el sacerdote, in persona Christi, cuando él desaparece para que aparezca Él.

El hombre necesita de ese misterio, pero si un sacerdote mago le ofrece otra cosa, el misterio se esfuma y el hombre se queda en el mundo y se aleja de Dios.

Es lógico preguntarse, viendo cómo han envejecido esos sacerdotes magos, si tuvo sentido consagrar toda una vida no se sabe muy bien a qué.

Conviene rezar mucho por esos sacerdotes, con el mismo afán con que hay que evitar asistir a sus celebraciones. Pero, de vez en cuando, las circunstancias de la vida nos colocan ante uno de ellos y, aunque desesperante, nos recuerda que sigue siendo urgente no olvidarlos en nuestras oraciones.

jueves, 25 de diciembre de 2025

Navidad 2025

Felicitación de Navidad de S.S. el Papa León XIV:

Felicitación de Navidad del Santo Padre 

Felicitaciones a la Curia Romana

Felicitaciones a los empleados de la Curia Romana, de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano y del Vicariato de Roma, junto con sus familiares -

Homilía de la Misa de Medianoche:

Santa Misa de Nochebuena y Natividad del Señor 

Homilía de la Misa de Navidad:

Natividad del Señor - Santa Misa 

Bendición Urbi et Orbi:

Natividad del Señor - Bendición Urbi et Orbi 

Felicitación de Navidad del Presidente de la Conferencia Episcopal Española:

Mensaje de Navidad de Mons. Luis Argüello

Felicitación de Navidad del Arzobispo de Oviedo:

Felicitación de Navidad 2025 Mons. Jesús Sanz Montes

Entrevista al Arzobispo de Oviedo con motivo de la Navidad:

 "Jesús viene para deshacer nuestros nudos y enderezar entuertos"

Felicitación de Navidad de nuestra Parroquia y de las Hermanas del Santo Ángel:

Parroquia de San Felix de Lugones.

Felicitación personal de Don Joaquín:

Facebook

Reflexión de nuestro Párroco para el día de Navidad:

''Hemos contemplado su gloria''. Por Joaquín Manuel Serrano Vila

''Hemos contemplado su gloria''. Por Joaquín Manuel Serrano Vila


Las primeras palabras en este día no pueden ser otras: ¡Feliz Navidad! Y desearnos esto implica de algún modo pedir que no sea un tiempo mediocre, sino una oportunidad para que el mundo se llene de Dios, para que todos tratemos de ser como este Niño que contemplamos en su cuna: inocentes, íntegros, serenos, pacíficos, pacientes, puros, sencillos... Dichosos los que en la próxima fiesta del bautismo del Señor puedan decir "este año sí que he vivido la Navidad", en vez de volver a lamentar que otra más hemos perdido la oportunidad de vivir estos días muy cerca del Señor.

Como hemos escuchado en la primera lectura, el Profeta Isaías advirtió que este día habría de llegar: "Romped a cantar a coro, ruinas de Jerusalén, porque el Señor ha consolado a su pueblo, ha rescatado a Jerusalén". Así es; el Dios de la promesa permanece fiel y vuelve a su pueblo, a los que le dimos la espalda, y lo hace no con enfados, reproches y caras largas, sino en la indefensión y vulnerabilidad de un recién nacido, en la sonrisa de un bebé, y la pobreza de un establo. Viene a consolarnos, y ese consuelo está en descubrir que teniéndole a Él, lo tenemos todo, que si le seguimos estamos salvados. Nace Dios en la tierra, viene a nosotros. Como dice la plegaria II para las misas de niños: "Él vino para arrancar de nuestros corazones el mal que nos impide ser amigos y el odio que no nos deja a ser felices". Ahora está de nuestra mano, y es libertad nuestra decir no al mal y al odio de nuestra vida. Abramos los ojos; algo pasó en aquella noche santa: el nacimiento de un Niño cambió nuestra historia y nuestra suerte. Su Natividad no es una leyenda bonita, ni sólo un hecho histórico sin más: Dios ha querido insertarse en nuestro mundo, restaurar la ruptura, poner fin a la distancia entre los hombres y Él, y acabar con la indiferencia. Es Él quien toma la iniciativa y da el primer paso. Y esto no es una idea abstracta que el profeta proclamó sin más, sino que nosotros lo vemos cumplido en este Niño nacido en la gruta de un establo de Belén. 

Y es que no caben dudas; San Pablo nos lo dice claramente en su epístola a los Hebreos: ''En muchas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a los padres por los profetas. En esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo''. Se cumple el designio de Dios, no hay espacio aquí para el azar; detenernos a reflexionar sobre aquella primera Navidad nos lleva a caer en la cuenta de cómo al nacer en la noche el que es la Luz, podemos decir en verdad que la noche es tiempo de salvación. Pero no podemos perder de vista que las maderas del pesebre nos hablan ya del madero de la Cruz. Ese será el culmen de su misión; como dirá San Maximiliano Kolbe: “En el pesebre comienza la victoria del amor sobre el pecado”. Hay una dura parábola de Jesús que nos explica en sus propias palabras la misión del que ahora vemos como Niño. Me refiero a la de los viñadores malvados, aquellos que tenían arrendada una propiedad y el amo les reprocha que no están tratando bien a los siervos y empleados, y el dueño de la viña envía a su hijo, el cual muere en manos de aquellos desalmados. Esta es nuestra historia: Dios nos deja el mundo, le traicionamos actuando mal cayendo en el pecado, y Él no nos envía un mensaje cualquiera, unas letrillas o un recado; nos manda a su Hijo, al que daremos muerte. Qué símil tan llamativo, que naciera en Belén, tierra famosa porque allí se criaban los corderos inmaculados para sacrificar en el templo. Allí el Hijo de Dios daría su vida en rescate por nosotros como Cordero Inmaculado en el altar de la cruz. 

El evangelio de este día es solemne y complejo, teológicamente inabarcable, como el misterio mismo de la encarnación de Dios que San Juan aborda de una forma única en este prólogo. Es un texto con el que nos hemos familiarizado, que nos emociona y nos embarga el sentimiento cada navidad por ver con qué finura nos habla del Verbo encarnado. Su Verbo, su Palabra, es creadora, liberadora, salvadora, eterna... Y es esta Palabra la que se hace carne en la entrañas purísimas de la Santísima Virgen. Y esto no es solamente una idea piadosa; el evangelista es tajante: ''y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad''. Así es, el Señor ha querido hacerse visible, por eso cantamos hoy con el salmo: ''Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios''. La Navidad no es un sentimentalismo publicitario y comercial o unas fiestas sin más, sino la Pascua del nacimiento de Cristo. Y por eso hay fiesta en el cielo y el canto de los ángeles resuena de modo especial en estos días, pues es el canto por antonomasia de las fiestas navideñas: ¡''Gloria a Dios en el cielo''!... La liturgia nos acerca el misterio que celebramos en cada momento del año y, por tanto, no somos nosotros los que hacemos fiesta, sino que es Dios mismo quien a través de estos misterios viene a nosotros y nos abre el cielo de par en par, concediéndonos la gracia de recibirle. 

Evangelio de la Natividad del Señor

Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 1-18

En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios.

Él estaba en el principio junto a Dios.

Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió.

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.

No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.

El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.

En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció.

Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron.

Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre.

Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.

Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo».

Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.

Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos ha llegado por medio de Jesucristo.

A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

Palabra del Señor

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Felicitación de Navidad de la Parroquia

 

"Éste es el tiempo de la inocencia, de la pureza, de la amabilidad, de la ternura, de la alegría, de la paz. Es un tiempo en el que toda la Iglesia aparece vestida de blanco, con su traje bautismal, con aquellas resplandecientes y luminosas vestiduras que llevará en el monte santo".

(San John Henry Newman)

¡GLORIA A DIOS EN EL CIELO Y EN LA TIERRA PAZ!

Desde esta Parroquia de Lugones, y en nombre de toda la Comunidad cristiana que conforma esta feligresía de San Félix Mártir queremos desearos que la celebración de la Pascua Navideña sea ante todo un tiempo para la comunión, que no es sino la unión común. Navidad es un tiempo privilegiado para redescubrir que siempre es más lo que nos une, que lo que nos separa. Decía un anciano sacerdote que era una dicha especial acudir a la misa de medianoche el 24 de diciembre a comulgar, recordando aquella noche única en la que de algún modo Dios comulgó también con toda la humanidad.

En el saludo y felicitación de Navidad a los trabajadores de la Curia Romana, el Papa León XIV hacia una bellísima reflexión utilizando las figuras del belén que decía así: "En el belén, la imaginación popular ha insertado a menudo muchas figuras tomadas de la vida cotidiana, que pueblan el espacio alrededor de la gruta. Así, además de los inevitables pastores, protagonistas del acontecimiento según el Evangelio, podemos encontrar figuritas que representan diferentes oficios: el herrero, el posadero, la posadera, la lavandera, el afilador, etcétera. Por supuesto, se trata de oficios de antaño: algunos de ellos han desaparecido o se han transformado por completo. Sin embargo, conservan su significado dentro del belén. Nos recuerdan que todas nuestras actividades, nuestras ocupaciones cotidianas, adquieren su pleno sentido en el designio de Dios, que tiene su centro en Jesucristo. Es como si el Niño Jesús, desde el pesebre en el que yace, bendijera todo y a todos". Os invitamos desde la Parroquia a dejaros bendecir por el Enmanuel, y a que en estos días nuestros labios bendigan también a todo semejante nuestro en el que Dios también nace. En el belén de nuestra vida también hay pastores cojos, soldados, mercaderes despistados y Herodes nada amigos, que seamos capaces también nosotros de mover las figuras de nuestro belén viviente, que los que tenemos por malos los pongamos con los buenos, pero que los buenos no pasen tampoco a ser malos.

Le pedimos al Niño de Belén que sepamos contemplarle en estos días, que todo lo que nos ofrecen los días de Navidad no sean distracción que nos impidan vivir la auténtica Natividad del Señor. Dónde hay ideologías no hay Navidad, donde hay excesos no hay Navidad, donde hay odios no hay Navidad... Vaciamos el corazón de tanto que nos sobra y que impide a Cristo encontrar su cuna en nuestro interior. Son días para la felicidad "Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado: lleva a hombros el principado, y es su nombre:  «Maravilla de Consejero, Dios fuerte, Padre de eternidad, Príncipe de la paz»" (Is 9, 5).

De corazón: Feliz, dichosa y Santa Navidad con Jesús, María y José. Le hemos dicho en este tiempo de Adviento "Ven Señor ". Ahora en Navidad le decimos "Aquí estamos, esperándote, con lo poco que somos y tenemos, con nuestras flaquezas y pecados, para que viéndote recién nacido nos conmovamos y convirtamos".

Joaquín Manuel Serrano Vila,
-Párroco- 


Felicitación de Navidad del Sr. Arzobispo de Oviedo

(Iglesia de Asturias) La Navidad es «una fiesta que pone ternura en nuestros duros momentos, que enciende luz en no pocas penumbras, que asoma horizontes posibles cuando sufrimos sin salida tremendos callejones. Una palabra que supera nuestros mutismos, y una alegría que da razones a nuestra algazara», afirma el Arzobispo de Oviedo, Mons. Jesús Sanz Montes, en su felicitación de Navidad para este año. 

«Queremos saber los motivos de esta alegría nuevamente reestrenada. Ocurrió hace dos mil años. Pongámonos por un momento en el trance de aquel momento, porque no tiene tiempo, ni siquiera espacio, y cualquiera de otra época u otro lugar tiene en ese Belén de antaño su cita sin igual».

«Aquello tuvo lugar –explica– cuando un silencio todo lo envolvía y la noche estaba a la mitad de su carrera. Y aquí y ahora estamos nosotros, testigos dos mil años después. Y lo somos en medio de nuestros apagones, de nuestros fríos y nuestro estrés. No sólo vino Dios entonces, sino que viene ahora y después, para poner su luz que nadie puede apagar, su ternura cálida como la gracia, y su paz que llena de sosiego nuestra alma y nuestra agenda».

Navidad: Dios se hace cercano con la pequeñez de un niño

(C.E.E.) En Navidad Dios nace en la humildad. Nace un niño que es signo de luz y paz en medio de la oscuridad. Jesús es nuestra paz y la fuente de nuestra alegría. Él es nuestra esperanza, como dice el Evangelio. La Navidad es el tiempo en el que la Iglesia celebra el nacimiento de Jesús. Este acontecimiento, ocurrido hace más de dos mil años, se renueva cada año. En el tiempo de Navidad, la Iglesia celebra el misterio de la manifestación del Señor: su humilde nacimiento en Belén. Y así podemos afirmar hoy, como nos recuerda el papa León XIV, que «Dios se hace cercano a la humanidad con la pequeñez de un niño».

El 24 de diciembre, con la celebración de la Natividad del Señor, en la misa de medianoche, en la Nochebuena, comienza el tiempo de Navidad en el calendario litúrgico para los cristianos, y termina con la solemnidad del Bautismo del Señor, que es el domingo siguiente a la Epifanía, que celebramos el 6 de enero.

Todo ello se puede consultar en el especial de Navidad que se ha preparado para estas fechas, donde se ofrecen las lecturas y comentarios a las mismas de este tiempo litúrgico; un espacio en el que se da a conocer un nuevo folleto de «Orar en familia» con ilustraciones originales que completan los textos; también qué significa el belén o reflexiones ante este tiempo, así como lecturas y música para celebrar mejor que el Niño nace, que ha llegado el Salvador.

¿Felices fiestas o feliz Navidad? El error de no saber qué felicitar

(Juan Cadarso/ Rel.) El mundo y, en especial, los países de tradición cristiana, celebran estos días la llegada de la Navidad. Ese vértice, ese parteaguas en el que el mito de las viejas culturas –que diría C. S. Lewis – se hace carne y entra, por fin, en la historia de la humanidad.

Porque, el cristianismo, a diferencia de todas las demás religiones –aunque, técnicamente, no sea una religión–, cree que Dios mismo se ha encarnado, se ha hecho exactamente –excepto en el pecado– como uno de nosotros para nuestra salvación. Las viejas cargas, los yugos pesados... los ha venido a cargar Él.

Por tanto, Navidad es sinónimo de esperanza, de volver a empezar, de unión entre cielo y tierra, de un Creador que se hace criatura, de todo un Dios que se hace hombre, incluso suda sangre por amor, de un Padre que no permanece indiferente, sino que nos da gratis la salvación. Todo eso es Navidad.

Decir, por ello, Feliz Navidad a alguien es decirle "tú no morirás jamás", parafraseando a Gabriel Marcel. Es anunciar la Buena Noticia, es convertirse en pastorcillo de Belén en medio de esta sociedad, es gritar que Dios sigue vivo hoy, y que vuelve a nacer, y que nuestro mundo no está perdido, que tiene solución, es decirle al otro que la alegría de Cristo es también para él.

Pero, en los últimos tiempos, se viene repitiendo en el Occidente descreído la idea de felicitar las "fiestas" y no la Navidad, por no molestar, ¡qué se yo!, como si se tratara de halloween, acción de gracias o un cumpleaños más. Sin embargo, si fuéramos conscientes de lo que felicitamos en realidad, nada habría más importante que decirle a alguien ¡Feliz Navidad!

Por desconocimiento o por mala fe –como, puede ser, tiene pinta, el caso de nuestro presidente–, la palabra Navidad comienza a verse como algo del pasado, que "debemos superar". Muchos, ahora, prefieren quedarse con las "fiestas", con el "comamos y bebamos que mañana moriremos", que decía San Pablo, antes de dar a conocer una Noticia de tal dimensión... que amenace todos nuestros cimientos y nos acabe por rescatar.

Estimados lectores, me gustaría terminar con este bello himno de la liturgia de las horas del día 25, día de Navidad:

El corazón más perdido

ya sabe que alguien le busca.

Hermanos, cantad conmigo:

"Gloria a Dios en las alturas".

El cielo ya no está solo,

la tierra ya no está a oscuras.

Hermanos, cantad conmigo:

"Gloria a Dios en las alturas".

¡Feliz Navidad!