viernes, 25 de enero de 2013

«Santa Bárbara», gran película

Se estrenó en la RAI 1 en diciembre y próximamente podrá verse también en otros países e idiomas.
Según recoge la Enciclopedia Católica, "Bárbara era la hija de un rico pagano llamado Dióscoro. Fue cuidadosamente protegida por su padre, quien la mantuvo encerrada en una torre, a fin de protegerla del mundo exterior. Una propuesta de matrimonio recibida a través de él fue rechazada por ella. Antes de partir en un viaje, su padre ordenó que se erigiera un baño para el uso de ella cerca de su casa, y durante su ausencia, Bárbara hizo poner en él tres ventanas, como un símbolo de la Santísima Trinidad, en vez de las dos planeadas originalmente. Cuando su padre regresó, ella se dio a conocer como cristiana; a partir de esto él la maltrató y la arrastró hasta el prefecto de la provincia, Martiniano, quien la hizo torturar cruelmente, y finalmente la condenó a muerte por decapitación. Su mismo padre ejecutó la sentencia, pero en castigo por esto, fue fulminado por un rayo en el camino a su casa, y su cuerpo fue consumido".
El pasado 4 de diciembre, festividad de la mártir, la RAI 1 estrenó en prime time la película de cien minutos Santa Bárbara, rodada en Túnez bajo la dirección de Carmine Elia y producida por Lux Vide, que ya ha llevado a la gran o pequeña pantalla otras vidas de santas.
El éxito ha sido notable y en breve podrá verse en otros países e idiomas. La bellísima Vanessa Hessler se hace enseguida con el papel de Santa Bárbara, de quien se dice que su padre la encerró en una torre porque tal era su hermosura que temía que los hombres la sedujeran si podían admirarla.
El film nos presenta a la joven en el año 288 d.C., en plena persecución de los cristianos. Es una gran estudiosa de la naturaleza y de la filosofía, hija del gobernador romano Dioscoro, interpretado por Massimo Wertmuller.

 
Se estrenó en la RAI 1 en diciembre y próximamente podrá verse también en otros países e idiomas.
Según recoge la Enciclopedia Católica, "Bárbara era la hija de un rico pagano llamado Dióscoro. Fue cuidadosamente protegida por su padre, quien la mantuvo encerrada en una torre, a fin de protegerla del mundo exterior. Una propuesta de matrimonio recibida a través de él fue rechazada por ella. Antes de partir en un viaje, su padre ordenó que se erigiera un baño para el uso de ella cerca de su casa, y durante su ausencia, Bárbara hizo poner en él tres ventanas, como un símbolo de la Santísima Trinidad, en vez de las dos planeadas originalmente. Cuando su padre regresó, ella se dio a conocer como cristiana; a partir de esto él la maltrató y la arrastró hasta el prefecto de la provincia, Martiniano, quien la hizo torturar cruelmente, y finalmente la condenó a muerte por decapitación. Su mismo padre ejecutó la sentencia, pero en castigo por esto, fue fulminado por un rayo en el camino a su casa, y su cuerpo fue consumido".
El pasado 4 de diciembre, festividad de la mártir, la RAI 1 estrenó en prime time la película de cien minutos Santa Bárbara, rodada en Túnez bajo la dirección de Carmine Elia y producida por Lux Vide, que ya ha llevado a la gran o pequeña pantalla otras vidas de santas.
El éxito ha sido notable y en breve podrá verse en otros países e idiomas. La bellísima Vanessa Hessler se hace enseguida con el papel de Santa Bárbara, de quien se dice que su padre la encerró en una torre porque tal era su hermosura que temía que los hombres la sedujeran si podían admirarla.
El film nos presenta a la joven en el año 288 d.C., en plena persecución de los cristianos. Es una gran estudiosa de la naturaleza y de la filosofía, hija del gobernador romano Dioscoro, interpretado por Massimo Wertmuller.
 

      La trama se centra en las relaciones de Santa Barbara y su padre con el cruel prefecto Marciano y con el soldado Claudio. La chica está escandalizada ante el trato que se da a los cristianos, entre ellos su mejor amiga, Juliana, que antes de ser martirizada le confiesa su fe cristiana. Descubre luego que también lo era su madre, quien se había convertido poco antes de morir, siendo Bárbara pequeña.
Eso despierta en ella el interés por el cristianismo, hasta la conversión que la llevará al martirio. Santa Bárbara es una historia de fe, un drama familiar y también una escenificación de un momento decisivo de la historia: el tránsito de la Roma de las persecuciones a la que un cuarto de siglo después, con el edicto de Milán, garantizará la libertad de la Iglesia en todo el Imperio.
      La trama se centra en las relaciones de Santa Barbara y su padre con el cruel prefecto Marciano y con el soldado Claudio. La chica está escandalizada ante el trato que se da a los cristianos, entre ellos su mejor amiga, Juliana, que antes de ser martirizada le confiesa su fe cristiana. Descubre luego que también lo era su madre, quien se había convertido poco antes de morir, siendo Bárbara pequeña. Eso despierta en ella el interés por el cristianismo, hasta la conversión que la llevará al martirio. Santa Bárbara es una historia de fe, un drama familiar y también una escenificación de un momento decisivo de la historia: el tránsito de la Roma de las persecuciones a la que un cuarto de siglo después, con el edicto de Milán, garantizará la libertad de la Iglesia en todo el Imperio.

miércoles, 23 de enero de 2013

¿Por qué no puedo llevar a la parroquia el fotógrafo que quiero?

Por el Rvdo. Sr. Cura de la Parroquia Beata Ana María Mogas de Madrid
 
 
La gente en ocasiones se nos queja de que en algunas parroquias sólo permiten hacer fotos a algunos profesionales elegidos por ellos. Suelo decir que no me extraña. Porque cuando te ha tocado sufrir a fotógrafos que no saben estar en una celebración y que te la han liado, sobre todo si se trata de una parroquia de esas de muchas bodas, pues terminas diciendo que no siendo Fulano, Mengano o Perengano, que te niegas.
Les voy a contar tres o cuatro anécdotas que me han pasado con fotógrafos en celebraciones. Y luego me cuentan si es extraño que uno diga: espontáneos, no. Porque claro, yo no tengo demasiadas celebraciones “especiales” y me puedo permitir el lujo de reunirme con cada fotógrafo y aclararle cosas. Pero el compañero que tiene en su parroquia cinco o seis bodas cada fin de semana, no puede. Así que acaba diciendo que si no son estos, nada de nada.
Ahí van las anécdotas.
 
 
Una boda en parroquia de Madrid. Estamos en el ofertorio. De repente veo que el fotógrafo sube al presbiterio, se coloca a mi lado en el atar, me da con el codo para que me aparte, y me dice… ¿le importa? Le dije: evidentemente que sí, baje del presbiterio y no vuelva a subir un solo escalón.
Bautizo en el pueblo. La pila bautismal, chiquitita. Imaginen: sacerdote, padres, padrinos y criatura. Y el fotógrafo viendo por dónde conseguía colarse para la foto. Justo cuando voy a empezar a bautizar me dice: ¿le importa apartarse un momento? Le dije: vale, pero entonces se quedan sin bautizo.
Otro bautizo de pueblo. En esta ocasión un señor grabando en video con una cámara enorme, de las de hace tiempo. La pila, como ya he dicho, chiquitita. Y el buen hombre no sabía por dónde meter la cámara para grabar el momento. Ya digo que una cámara enorme. Hasta que consiguió cargarse la cruz procesional que estaba al lado y que decidió aterrizar en la cabeza de un servidor.
Primeras comuniones. Madrid. Acabo la celebración y cuando me dispongo a retirarme hacia la sacristía me llega el fotógrafo u me dice: ¿Le importaría dar la comunión otra vez a dos niños, que no ha salido bien la foto? Ni respondí.
¿Entienden ahora por qué digo no me extraña que en parroquias con muchas celebraciones especiales sólo permitan trabajar a determinados profesionales?

Polemica de la Capilla de la Universidad madrileña

        Foto
Por el Rvdo. Sr. D. Ricardo Latorre Cañizares
 
Signos visibles del permanente acoso laicista contra la capilla

Foto
 
José Carrillo (hijo del famoso y recientemente fallecido perseguidor de la Iglesia, Santiago Carrillo) recibió en sólo cinco días miles de solicitudes en las que se le pedía que “respete el derecho fundamental a la libertad religiosa”, “deje de acosar a los católicos con decisiones intolerantes, cumpla el acuerdo con el Arzobispado de Madrid y desista del cierre de los oratorios que han servido a la comunidad de la Universidad Complutense a lo largo de su historia”.
Desde el Rectorado de dicha Universidad se ha intentado esparcir la idea de que no se pretende el cierre de las capillas, sino una simple revisión del acuerdo con el arzobispado. Sin embargo, el enviado de Carrillo para esta reunión –el profesor Luis Enrique Otero Carvajal– ya “trató de eliminar la capilla situada en esta facultad y ofrecer un espacio de apenas 20 metros cuadrados escondido en un pequeño pasillo de la facultad”, según testimonio de Miguel Vidal, el portavoz de la Asociación Más Libres, empeñada en defender la libertad religiosa en nuestro país. Otero Carvajal es un significado activista de la izquierda totalitaria en la Universidad y el más acérrimo promotor de la intolerancia laicista a los católicos de la Complutense.
MásLibres ha manifestado, al respecto de la anunciada reunión entre los representantes del Arzobispado de Madrid y los de la UCM, su deseo de que “no quede en un mero intercambio de pareceres, sino que se salvaguarde el derecho a la libertad religiosa, de conciencia y de culto de los estudiantes y de todo el personal de la Universidad Complutense de Madrid”.
Miguel Vidal ha advertido a las autoridades de la UCM que “cuanto más hostigue a los cristianos, más resistencia encontrará”.
¿No tiene mejores cosas de las que ocuparse el nuevo rector de la Complutense? Al parecer sí... Y debería hacerlo, en lugar de utilizar el cargo para asuntos personales, la plaga de nuestros días.

Un milagro de nuestros días

Mientras esperaba un autobús en Madrid habló de Dios a un joven drogadicto y le salvó del suicidio
 
Hay personas en el mundo que si tú no les hablas de Dios nadie lo hará nunca. Y puede ser cuestión de vida o muerte. De ahí la importancia de ser testigos y evangelizadores. En otras palabras, dar gratis lo que han recibido gratis. Es lo que le ocurrió a Carmen, miembro del Camino Neocatecumenal de Ocaña, un día en la estación de autobuses de Méndez Álvaro de Madrid.
Carmen y José Mari, su marido, son un matrimonio que llevan muchos años ayudando en la pastoral penitenciaria de la cárcel de Ocaña II. Allí han podido ser testigos de cómo Cristo realmente actúa y transforma los corazones. Algo que había marcado a Carmen para actuar en la historia que viene a continuación.


El encuentro en la estación de autobuses
Esta mujer estaba esperando el autobús que le llevara una tarde de vuelta de Madrid. Sin embargo, le quedaba más una hora de espera. En ese momento, un joven toxicómano se le acercó y le pidió dinero para un supuesto viaje que tenía que hacer. Ella le dio algo y cuando se alejaba el sufrimiento que él llevaba dentro. Vio a Cristo sufriente en su interior.

Al ver a Cristo en este joven esclavo de la droga supo que al menos alguien tenía que hablarle de Dios. Fue así como se acercó a él y le preguntó: “¿qué te pasa?” y pidió al muchacho que le contara su historia.

La carta de un preso convertido
Cosas de la providencia, Carmen llevaba en su bolso la carta de un preso de la cárcel a la que ella acude como voluntaria. Era la historia de cómo este recluso había podido dejar las drogas gracias a Dios. “Le dije, te la voy a leer, me puse a ello, y al escucharla el muchacho empezó a llorar”, recuerda. Este joven toxicómano le preguntaba: “Realmente, ¿usted cree que Dios existe? Yo lo dudo, porque no entiendo por qué me hace sufrir tanto”, pues no sólo estaba aquejado por la adicción sino por muchos problemas físicos.
El joven, extrañado ante la actitud de esta mujer y el contenido de la carta, le volvió a preguntar: “¿Y Dios puede hacer esto que dice la carta?” Un testimonio que no sólo relataba su conversión y cómo había salido del pozo sino que además animaba a sus compañeros a aprovechar esta gracia.
“Le conté los milagros que he visto”
Ante estas preguntas del joven, Carmen no sólo utilizó la carta sino que le contó su propia experiencia de fe. “Estuve mucho tiempo hablando con él y no sólo le hablé de las maravillas que había hecho en mi vida sino que le conté las experiencias de los hermanos de mi comunidad”, auténticos milagros. “Yo le decía que era Dios el que había sacado de la droga a otros hermanos y que somos hijos de Dios y que nos ayuda”, afirma.
 
El dinero era para suicidarse
Después llegó el turno del joven. Confesó que le había mentido y que el dinero que le había pedido no era para hacer ningún viaje. Llorando le dijo que “ese rato de conversación no había sido en balde” y avasallado por su vida quería el dinero para conseguir droga suficiente para suicidarse puesto que previamente se había escapado de un centro de rehabilitación.
La diferencia entre el suicidio y la muerte cristiana
Sin embargo, Carmen continuó hablando con él y relatando experiencias similares a la del joven y en las que habían podido salir de la droga. “Le hablé también de la muerte y de la paz que se tiene cuando se muere de manera cristiana, cómo se afronta la muerte teniendo a Cristo y cómo cuando no se tiene”.
Por ello, sobre su intención de suicidarse le dijo: “te quieres suicidar porque no puedes más y crees que la solución está en quitarte la vida” pero no, realmente, hay esperanza y con Cristo todo es posible. Él transformó la muerte en vida, por lo que le recomendó que acudiera a la Iglesia, que es su madre.

La decisión de no suicidarse
Admirado y muy emocionado, el joven drogadicto aseguraba que “nadie me ha hablado como usted lo está haciendo”. Tras un largo rato de charla en la estación de autobuses, el joven afirmó que la carta y la experiencia de Carmen le habían quitado la idea de suicidarse. “Ahora veo que debo ir a la casa de mis padres, pedirles perdón y que me ayuden a dejar la droga”, aseguraba. Y añadió que también “debo hacer lo que me ha dicho y pedir ayuda a la Iglesia”. Les dio tiempo para despedirse y el joven se mostró agradecido a Carmen. De una manera cuanto menos curiosa, Dios había llegado a los oídos de este joven esclavo de la droga.
 
Años viendo milagros en las cárceles
José Mari y Carmen siguen yendo todas las semanas a la cárcel de Ocaña porque “la gente está muy necesitada de Dios”. Allí han visto auténticos milagros y “tenemos un agradecimiento a Dios enorme por esta misión”. De hecho, Carmen confiesa que “yo jamás había pensado en ir a una cárcel pues soy muy miedosa” pero en la capilla de la prisión“ellos se sienten libres, no salen igual que cuando entraron. Decía un interno el otro día que se llevaba la gasolina para la semana”.
Esta experiencia en la pastoral penitenciaria les ayuda en su vida de fe como matrimonio. José Mari asegura que “para nosotros ir es estar con los pobres y los débiles. Es estar con Cristo, con la presencia viva de Cristo. Les vemos como sufren y como encuentran un consuelo grande. Esto es también un testimonio para nosotros”.
Dar gratis lo que han recibido gratis
Igualmente, Carmen afirma que “hemos visto grandes testimonios, presos que habían tenido reyertas entre ellos y que se han perdonado porque a raíz de estar en la Iglesia sabían que tenían que perdonarse para estar con Cristo”.
Aunque a veces también su papel es más contemplativo. “En ocasiones sólo con escuchar les ayudas porque hoy en día no se escucha. Vivimos en un mundo con prisas y así al menos pueden sentirse escuchados”. Cumpliendo lo que dice el Evangelio este matrimonio asegura “sentir la presencia de Dios como nunca en la cárcel” y habiendo recibido a Dios han podido darlo a los demás en una estación de autobús para dar gratis lo que han recibido gratis.

 

lunes, 21 de enero de 2013

Seguimos en el octavario de oración por la unidad de los cristianos

UN MICROONDAS EN LA IGLESIA

 


Durante una excursión de clase, un grupo de alumnos entró en una iglesia para visitarla. Al pasar frente a la zona más adornada e iluminada del templo -era el altar, pero eso algunos no lo sabían- uno de los niños hizo un descubrimiento que le llenó de extrañeza. Se acercó a su maestro y señaló una especie de caja. «¿Qué hace un microondas ahí?», preguntó con los ojos fijos en el sagrario.

Si la educación obligatoria tiene como objetivo dotar de unos conocimientos y destrezas básicas para interpretar la realidad que rodea al alumno, ¿por qué dejar al margen una dimensión, como es la religiosa? La clase de religión puede ayudar a evitar estas "confusiones" que, por cierto, todo apunta a que cada día serán más frecuentes.

La inmensa fe de los ateos



 
Según los viejos catecismos, “fe es creer en lo que no se ve”, y a fe que los incrédulos creen en muchas cosas indemostrables o de demostración empírica imposible y, sin embargo, las aceptan. ¿Quién cree en el Big Ban como origen o punto de arranque del cosmos? Cierto que se trata únicamente de una teoría, sin embargo hay personas, y no precisamente las más religiosas, que creen en ella como hecho o fenómeno totalmente fiable, aunque existen otras teorías sobre el origen del cosmos que la contradicen o corrigen, tales como la inflacionaria, el estado estacionario, el universo oscilante y acaso alguna más. Pero, en todo caso, todas ellas no van más allá de conceptos teóricos de imposible verificación “científica”. Creer en una y otra de las dichas teorías no deja de ser un ejercicio de fe, como hacen los creacionistas.



De todas maneras podemos admitir, razonablemente, que el cosmos y nuestro mundo se han hecho y desarrollado siguiendo un proceso evolucionista pero, ¿“autogestionario”, sin guía ni pastor, sin pautas que lo ordenen y canalicen, por casualidad, por una serie sucesiva de casualidades, por accidentes naturales fortuitos, etc.? Resulta difícil de entenderlo así, porque lo que sabemos y descubren los científicos es que la naturaleza se halla sometida a un conjunto de leyes y principios físicos que establecen los cauces por donde discurre el devenir de los fenómenos naturales. La existencia de esas leyes es indiscutible ya que, en general, son susceptibles de someterlas a experimentación. Ahí tenemos, por ejemplo, la ley de la gravedad, totalmente perceptible, y que elevada a la gravitación o atracción recíproca de los cuerpos siderales, mantiene el equilibrio universal. Pero no hay ley sin legislador ni efecto sin causa, de ahí que nos veamos obligados a admitir la existencia de un ser superior creador de las normas que rigen el cosmos y el rodar de este minúsculo planeta que habitamos. Incluso resulta inexplicable que de un supuesto caos cósmico inicial haya surgido el orden sin un ordenador con capacidad para ordenar lo desordenado.
 
 


Entonces, ¿hay que creer a pie juntillas el Génesis bíblico en el que se basa el creacionismo? No necesariamente, porque no figura en los artículos de fe que componen el Credo, sin embargo tiene cierta lógica. Ese pasaje bíblico describe las distintas etapas o períodos llamados días para hacerlos inteligibles a la mentalidad de “aquellos tiempos”, según el cual Dios dirigió el proceso creador. Los biblistas dividen este proceso en dos fases: en una primera, de tres “días”, Dios lleva a cabo tres separaciones y una creación que proporcionan al mundo el escenario temporal (día/noche) y espacial (cielo/tierra, agua/superficie) que albergará a sus respectivos seres. La naturaleza es desmitificada y sustraída a la influencia de los dioses de la vegetación y la fecundidad. La segunda serie de acciones abarca otros tres días y contiene cuatro nuevas obras creadoras que vienen a ocupar los espacios previamente separados. La creación del hombre marca el punto culminante del relato, subrayando su rango de lugarteniente de Dios, con dominio sobre el resto de los seres vivos ejercido en representación de Dios. Y el séptimo, el sábado, descanso, para su santificación (extracto de “La Biblia” editada por La Casa de la Biblia, pág. 32).

Este pasaje bíblico puede ofrecer mayor o menor credibilidad a sus distintos lectores, pero en el peor de los casos no parece menos creíble que las suposiciones indemostrables del evolucionismo casual. Hace falta tener muchísima fe para creer que de unas bacterias o larvas autogeneradas porque sí, accidentalmente, al principio de los tiempos, hayamos llegado mediante evolución espontánea, casual, a donde estamos, a la inmensa complejidad del cosmos y la naturaleza. No me entra en la cabeza. Seguramente porque tengo menos fe que los incrédulos.
 
 
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