El Papa León XIV ha mostrado desde el inicio de su pontificado en mayo de 2025 un compromiso firme con la memoria de los mártires españoles del siglo XX. Como primer Papa de la Orden de San Agustín en siglos, su relación con estos testigos de la fe combina una visión teológica del martirio con un vínculo previo con España y su familia agustiniana. La conexión del Papa con los mártires españoles no es solo institucional, sino también histórica y personal. Su madre, Mildred Martínez, era de ascendencia española, y el Papa domina el idioma con fluidez. En 2003 siendo Prior General de los Agustinos, visitó el Valle de los Caídos con un grupo de jóvenes agustinos. En ese lugar están enterrados miles de combatientes de ambos bandos, entre ellos dos mártires de su propia orden religiosa, los Beatos Jacinto Martínez Ayuela y Nicolás de Mier Francisco.
A los pocos días de su elección publicamos en este blog de la parroquia de Lugones un artículo sobre las reliquias vinculadas a Santos y Beatos españoles que lleva en su pectoral, de forma concreta incidimos en la alegría de que una de ellas fuera la del Beato Anselmo Polanco, religioso agustino que fue obispo de Teruel y Administrador de Albarracín, lugar donde cuya memoria quedó grabada por su amor a los pobres, pero que sufrió persecución y martirio por su condición de religioso. El día de su toma de posesión afirmó: “He venido a dar la vida por mis ovejas”. Se mantuvo firme en ese compromiso, pues los meses en que Teruel estuvo bajo el dominio rojo le recomendaron que escapara, pero él insistió en que el pastor debe permanecer junto a su grey, junto a sus ovejas, y sentenció ''o me salvo con ellas, o con ellas muero”. Fue detenido el 8 de enero de 1938 siendo enviado a Valencia primero, y después a Barcelona. Vivió trece meses de cautiverio, hasta que el 25 de enero de 1939 cuando ya era evidente que en cuestión de horas los nacionales tomarían el poder de la ciudad condal, lo sacaron en un camión para martirizarlo. El 7 de febrero a las 10 de la mañana fue quemado vivo. Identificado el cadáver, sus restos fueron trasladados a Teruel por petición de las autoridades del municipio y la provincia, recibiendo cristiana sepultura en su catedral. Fue beatificado el 1 de octubre de 1995.
Durante el primer año de su pontificado, León XIV no ha manifestado su intención de paralizar las causas de nuestros mártires; al contrario, las ha impulsado significativamente como lo hizo el Papa Francisco. Las causas de los mártires de la persecución religiosa en España siguen adelante. Recientemente, hemos vivido la beatificación de los mártires de Jaén en Diciembre de 2025 donde se beatificó al sacerdote Manuel Izquierdo y a 124 compañeros (incluyendo sacerdotes, laicos y una religiosa clarisa) asesinados por odio a la fe. También en Diciembre 2025 el Papa autorizó el decreto de martirio de Ignacio Aláez Vaquero y 10 compañeros, la mayoría de ellos seminaristas de Madrid y familiares.
León XIV ha utilizado la figura de los mártires para enviar mensajes de actualidad sobre la violencia y el odio. Nos ha recordado que el Martirio es mensaje de Paz. "Semilla de cristianos", ha reafirmado con esa conocida sentencia de Tertuliano, señalando que la sangre de los mártires sigue siendo vital para la Iglesia en el tercer milenio. También nos ha hablado del ecumenismo de la sangre. En celebraciones como la de la Basílica de San Pablo Extramuros en septiembre de 2025 destacó que el martirio une a todas las tradiciones cristianas en una "comunión auténtica". Y, como no, nos ha presentado a los Mártires como crítica a la violencia. Ha subrayado que los mártires vencen al mal no con armas, sino con la "fuerza mansa del Evangelio", cuestionando a quienes justifican la guerra en nombre de Dios.
Recientemente, en la preciosa carta que ha dirigido a los Jóvenes con motivo de la IV fiesta de la Resurrección en Madrid, el Santo Padre ha ensalzado nuevamente a nuestros Mártires y los ha puesto como ejemplo a los jóvenes de hoy. Han sido, ciertamente, unas palabras bellísimas que así dicen: ''La Pascua, por tanto, no queda encerrada en el sepulcro; irrumpe en la ciudad y entra en la cotidianidad a través de la vida de los hombres. Y eso sigue ocurriendo hoy. Ha ocurrido ya a lo largo de la historia. Lo veis en vuestros compatriotas que, en el siglo pasado, fueron mártires y testigos de Jesús; en ellos, la victoria de Cristo sobre la muerte se hizo fidelidad, fortaleza y entrega. No estáis llamados sólo a recordarlos, sino a apoyaros en su ejemplo para que Cristo vuelva a pasar por vuestras calles, para que la Iglesia recobre ardor, para que la verdad del Evangelio abra esos sepulcros en que se han convertido tantos corazones, y así la Pascua se haga presente aquí y ahora a través de vidas cristianas que sean luz, valentía y anuncio jubiloso''.

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