sábado, 31 de enero de 2026

Empezamos los Domimgos a San José: Domingo 1°

La Iglesia, siguiendo una antigua costumbre, prepara la fiesta de san José, el día 19 de marzo, dedicando al Santo Patriarca los siete domingos anteriores a esa fiesta en recuerdo de los principales gozos y dolores de la vida de San José.

Primer dolor y gozo

Del Evangelio según san Mateo (1, 18-25).

La generación de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados». Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta: «Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Enmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”». Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer. Y sin haberla conocido, ella dio a luz un hijo al que puso por nombre Jesús.

Oración

Glorioso San José, esposo de María Santísima. Como fue grande la angustia y el dolor de tu corazón, en la duda de abandonar a tu purísima Esposa, así fue inmensa las alegría cuando te fue revelado por el Ángel el soberano misterio de la Redención.

Por este dolor y gozo, te rogamos nos consueles en las angustias de nuestra última hora y nos concedas una santa muerte, después de haber vivido una vida semejante a la tuya junto a Jesús y María.

Padre nuestro, Ave María, y Gloria.

El futuro de la Iglesia profetizado por San Juan Bosco: el sueño de las dos columnas

(Rel./ Cesar Urbarri) Don Bosco ha sido un santo excepcional, hasta en sus carismas. Su fama de milagrero era cosa pública, pero sus sueños le han dado fama perpetua. El más famoso, y no en vano, es el de las dos columnas. En él discurre el futuro de la Iglesia y del mundo de un modo plástico pero sorprendentemente acertado.

Ahora dejo la sola lectura del famoso sueño, tomado del tomo 7 de sus Memorias Biográficas, páginas 169 y siguientes.

El sueño contado por Don Bosco

Don Bosco había prometido a los muchachos el 26 de mayo contarles algo bonito el último o el penúltimo día del mes. Y el 30 de mayo por la noche les refirió una parábola, como él quiso llamarla.

"Os quiero contar un sueño. Es cierto que el que sueña no razona; con todo, yo, que os contaría a vosotros hasta mis pecados si no temiese que salieseis huyendo asustados, o que se cayese la casa, os lo voy a contar para vuestro bien espiritual. Este sueño lo tuve hace algunos días.

»Figuraos que estáis conmigo a la orilla del mar, o mejor, sobre un escollo aislado, desde el cual no divisáis más tierra que la que tenéis debajo de los pies. En toda aquella superficie líquida se ve una multitud incontable de naves dispuestas en orden de batalla, cuyas proas terminan en un afilado espolón de hierro a modo de lanza que hiere y traspasa todo aquello contra lo cual llega a chocar. Dichas naves están armadas de cañones, cargadas de fusiles y de armas de diferentes clases; de material incendiario y también de libros, y se dirigen contra otra embarcación mucho más grande y más alta, intentando clavarle el espolón, incendiarla o al menos hacerle el mayor daño posible.

»A esta majestuosa nave, provista de todo, hacen escolta numerosas navecillas que de ella reciben las órdenes, realizando las oportunas maniobras para defenderse de la flota enemiga. El viento le es adverso y la agitación del mar favorece a los enemigos.

»En medio de la inmensidad del mar se levantan, sobre las olas, dos robustas columnas, muy altas, poco distantes la una de la otra. Sobre una de ellas campea la estatua de la Virgen Inmaculada, a cuyos pies se ve un amplio cartel con esta inscripción: Auxilium Christianorum [Auxilio de los cristianos].

»Sobre la otra columna, que es mucho más alta y más gruesa, hay una Hostia de tamaño proporcionado al pedestal y debajo de ella otro cartel con estas palabras: Salus credentium [Salvación de los que creen.

»El comandante supremo de la nave mayor, que es el Romano Pontífice, al apreciar el furor de los enemigos y la situación apurada en que se encuentran sus leales, piensa en convocar a su alrededor a los pilotos de las naves subalternas para celebrar consejo y decidir la conducta a seguir. Todos los pilotos suben a la nave capitana y se congregan alrededor del Papa. Celebran consejo; pero al comprobar que el viento arrecia cada vez más y que la tempestad es cada vez más violenta, son enviados a tomar nuevamente el mando de sus naves respectivas.

»Restablecida por un momento la calma, el Papa reúne por segunda vez a los pilotos, mientras la nave capitana continúa su curso; pero la borrasca se torna nuevamente espantosa.

»El Pontífice empuña el timón y todos sus esfuerzos van encaminados a dirigir la nave hacia el espacio existente entre aquellas dos columnas, de cuya parte superior penden numerosas áncoras y gruesas argollas unidas a robustas cadenas.

»Las naves enemigas dispónense todas a asaltarla, haciendo lo posible por detener su marcha y por hundirla. Unas con los escritos, otras con los libros, con materiales incendiarios de los que cuentan gran abundancia, materiales que intentan arrojar a bordo; otras con los cañones, con los fusiles, con los espolones: el combate se torna cada vez más encarnizado. Las proas enemigas chocan contra ella violentamente, pero sus esfuerzos y su ímpetu resultan inútiles. En vano reanudan el ataque y gastan energías y municiones: la gigantesca nave prosigue segura y serena su camino.

»A veces sucede que, por efecto de las acometidas de que se le hace objeto, muestra en sus flancos una larga y profunda hendidura; pero, apenas producido el daño, sopla un viento suave de las dos columnas y las vías de agua se cierran y las brechas desaparecen.

»Disparan entre tanto los cañones de los asaltantes, y, al hacerlo, revientan, se rompen los fusiles, lo mismo que las demás armas y espolones. Muchas naves se abren y se hunden en el mar. Entonces, los enemigos, llenos de furor, comienzan a luchar empleando el arma corta, las manos, los puños, las injurias, las blasfemias, maldiciones, y así continúa el combate.

»Cuando he aquí que el Papa cae herido gravemente. Inmediatamente los que le acompañan acuden a ayudarle y le sujetan. El Pontífice es herido por segunda vez, cae nuevamente y muere. Un grito de victoria y de alegría resuena entre los enemigos; sobre las cubiertas de sus naves reina un júbilo indecible. Pero apenas muerto el Pontífice, otro ocupa el puesto vacante. Los pilotos reunidos lo han elegido inmediatamente, de suerte que la noticia de la muerte del Papa llega con la de la elección de su sucesor. Los enemigos comienzan a desanimarse.

»El nuevo Pontífice, venciendo y superando todos los obstáculos, guía la nave hacia las dos columnas, y, al llegar al espacio comprendido entre ambas, las amarra con una cadena que pende de la proa a una áncora de la columna de la Hostia; y con otra cadena que pende de la popa la sujeta de la parte opuesta a otra áncora colgada de la columna que sirve de pedestal a la Virgen Inmaculada.

»Entonces se produce una gran confusión. Todas las naves que hasta aquel momento habían luchado contra la embarcación capitaneada por el Papa se dan a la fuga, se dispersan, chocan entre sí y se destruyen mutuamente. Unas al hundirse procuran hundir a las demás. Otras navecillas, que han combatido valerosamente a las órdenes del Papa, son las primeras en llegar a las columnas donde quedan amarradas.

»Otras naves, que por miedo al combate se habían retirado y se encuentran muy distantes, continúan observando prudentemente los acontecimientos, hasta que, al desaparecer en los abismos del mar los restos de las naves destruidas, bogan aceleradamente hacia las dos columnas, y allí permanecen tranquilas y serenas, en compañía de la nave capitana ocupada por el Papa. En el mar reina una calma absoluta".

Al llegar a este punto del relato, don Bosco preguntó a don Miguel Rúa:

-¿Qué piensas de esta narración?

Don Miguel Rúa contestó:

-Me parece que la nave del Papa es la Iglesia de la que es cabeza: las otras naves representan a los hombres y el mar al mundo. Los que defienden a la embarcación del Pontífice son los leales a la Santa Sede; los otros, sus enemigos, que con toda suerte de armas intentan aniquilarla. Las dos columnas salvadoras me parece que son la devoción a María Santísima y al Santísimo Sacramento de la Eucaristía.

Don Miguel Rúa no hizo referencia al Papa caído y muerto y don Bosco nada dijo tampoco sobre este particular. Solamente añadió:

-Has dicho bien. Solamente habría que corregir una expresión. Las naves de los enemigos son las persecuciones. Se preparan días difíciles para la Iglesia. Lo que hasta ahora ha sucedido es casi nada en comparación de lo que tiene que suceder. Los enemigos de la Iglesia están representados por las naves que intentan hundir la nave principal y aniquilarla si pudiesen. ¡Sólo quedan dos medios para salvarse en medio de tanto desconcierto! Devoción a María. Frecuencia de sacramentos: comunión frecuente, empleando todos los recursos para practicarlos nosotros y para hacerlos practicar a los demás siempre y, en todo momento. ¡Buenas noches!
Conjeturas de sus hijos

Las conjeturas que hicieron los jóvenes sobre este sueño fueron muchísimas, especialmente, en lo referente al Papa; pero Don Bosco no añadió ninguna otra explicación.

Entre tanto los clérigos Boggero, Ruffino, Merlone y el señor César Chiala escribieron este sueño y conservamos sus manuscritos. Dos de ellos fueron escritos al día siguiente de la narración de don Bosco y los otros dos, más tarde; pero están perfectamente de acuerdo y solamente varían en algún detalle que uno omite y otro señala.

Aun así, hay que observar cómo en este caso y en otros semejantes, si bien lo expuesto por don Bosco fuese redactado enseguida con la mayor fidelidad posible, no obstante, podía escaparse alguna imperfección.

Un discurso de media hora de duración, y a veces de una hora, naturalmente debía quedar resumido en pocas páginas, y anotando las ideas principales y precisas. Alguna frase no había sido bien percibida por el oído, otra no se recordaba; la cabeza se cansaba, el orden de los hechos se confundía y, por consiguiente, más bien que hacer al azar una amplificación, se omitía aquello de lo que no se estaba cierto.

De ahí procedían algunas oscuridades en los temas, poco claros por su naturaleza en muchos puntos, particularmente cuando se referían a cosas futuras: de ahí las discusiones y explicaciones diversas y contradictorias. Y esto ocurrió también respecto al sueño o parábola por nosotros referida. Dijo alguno que los Papas que se sucedieron en el gobierno de la nave fueron tres y no dos.

De este parecer es el canónigo Juan María Bourlot, que fue párroco de Cambiano, el cual, siendo estudiante de filosofía en 1862, se hallaba presente cuando Don Bosco contó el mencionado sueño. Vino éste al Oratorio el año 1886 y, hablando con Don Bosco durante la comida sobre las impresiones de la juventud, después de afirmar que estaba seguro de la fidelidad de su memoria, empezó a describir el sueño de las dos columnas en medio del mar y afirmó que los papas caídos fueron dos. Que a la caída del primero, gritaron los pilotos: "¡Démonos prisa! ¡Hay que reemplazarlo pronto!´´ Y que a la caída del segundo acudieron los pilotos, mas sin pronunciar esta frase.

Quien redacta estas memorias estaba distraído en aquel instante conversando con su vecino de mesa y don Bosco le dijo:
Una importante interpretación de don Bosco

-Escucha y atiende a lo que dice Bourlot.

Aquél contestó que conocía bastante bien el hecho por los documentos que poseía, y que, según él, los Papas de la nave eran solamente dos.

Don Bosco le replicó:

-Te digo que no sabes nada.

En 1907 volvió el canónigo Bourlot por el Oratorio y repitió con exactitud, señal de su buena memoria, después de cuarenta y ocho años, la narración del sueño y sostuvo que el número de los papas eran tres, recordando nuestra respuesta a sus afirmaciones y las palabras que don Bosco nos dijo.

Con todo esto, ¿cuál de las dos versiones es la legítima, la de la Crónica o la del canónigo Bourlot? Tal vez los acontecimientos den la solución de la duda. Debemos concluir diciendo que César Chiala con los otros, y son sus precisas palabras, lo entendió como una auténtica visión y profecía, aun cuando don Bosco no pareció tener más objeto al contarla, que inducir a los jóvenes a rezar por la Iglesia y por el Sumo Pontífice y atraerles a la devoción del Santísimo Sacramento y de María Inmaculada.

viernes, 30 de enero de 2026

Se inicia en Covadonga el «Rosario de las Familias»

(Iglesia de Asturias) A partir del próximo 7 de febrero, todos los primeros sábados de mes se celebrará, en Covadonga, el «Rosario de las Familias», una iniciativa que quiere acercar a las familias a la Virgen porque «esa es la misión del Santuario», explica el Abad, D. David Cueto.

«La idea surgió de una familia, numerosa, muy cercana al Santuario, que me comentó un día el bien que les hacía a ellos rezar el Rosario juntos» explica el propio Abad. «Ellos tuvieron el deseo y la intuición de proponer al Santuario fijar un día para rezar el Rosario, por familias y para familias. Yo les propuse hacerlo el primer sábado de cada mes y así convocar a todas las familias que se quisieran unir. Sería a las 12 h, en la Santa Cueva y después quien quisiera podría quedarse a la eucaristía que se celebra en la Basílica, a las 13,30 h y comer por la zona».

Un plan «sencillo y que no suponga un gran trastorno para las familias», explica el Abad, pero que al mismo tiempo «acerque la Virgen a la gente, porque la Virgen es la fuente del agua que es Cristo. Si las familias se acercan a la Virgen, eso dará sus frutos. Y para eso está el Santuario, para acercar a las familias y a las personas en general a la Virgen y al Señor»

Tiempos recios. Por Monseñor Fray Jesús Sanz Montes O. F. M.

(El Debate) Corren «tiempos recios». Así decía nuestra gran andariega abulense mucho antes de que Mario Vargas Llosa escribiese su novela titulada homónimamente describiendo una historia de conspiraciones internacionales e intereses encontrados, en los años de la Guerra Fría en la Guatemala de los años 50, Santa Teresa de Jesús lo describe en el Libro de la Vida (c. 33) describiendo una época de crisis, persecución y grandes cambios, que ponían a prueba la esperanza de todo un pueblo.

Tiempos recios son también los nuestros, y parece que andan nerviosos algunos mandamases, ante la escalada de problemas que les suscitan sus malas gobernanzas. No simplemente se lamentan infortunios fruto de catástrofes imprevisibles de la naturaleza misteriosa, sino que también tantos se hacen cruces por una pésima gestión de esas vicisitudes, por una falta de previsión responsable y, sobre todo, por un indolente desvío de recursos para otro tipo de pagos ajenos a las necesidades de la gente. Es fácil (y tremendo a la vez) el juego de palabras cuando ante los sucesos acaecidos en el accidente ferroviario de Córdoba, haya personas que digan con dolor y encono: se abandonó el mantenimiento ferroviario de las vías y sus traviesas, para mantener los desvíos inmorales y el pago de sus amigas traviesas. Sabido es cómo se colocaron nominalmente a señoritas cuyos servicios de catre se pagaban con el erario público, incluso teniendo como currículo una simple fotografía de lencería picarona sin ninguna preparación técnica ni cultural, o colocando por enchufe ideológico a personas ineptas para un responsable trabajo al servicio de la sociedad desde un trabajo de funcionario estatal.

Es tal el despropósito y tan terribles las consecuencias, que se está pagando un alto precio por este vacío en la gobernanza real de un país, en donde todo gira en torno al atrincheramiento de algún psicópata del poder, enrocado a cualquier costa en su poltrona y galvanizando sin escrúpulos su deriva y la de sus allegados por vínculo familiar o incondicionalidad ideológica.

De ese modo asistimos a cesiones y concesiones arbitrarias a los habituales compinches que entienden que este período de vacas flacas es el escenario ideal para sacar tajada ante la debilidad totalmente vulnerable de unos gobernantes que no tienen norte, ni brújula, ni mapa, sino el único objetivo de seguir en las prebendas de un poder pagando el safari de los socios que sin recato exigen cualquier cosa como condición del mantenimiento del trono y el cetro del mecenas de sus caprichos y pretensiones.

En un Estado de Derecho, los Presupuestos Generales son siempre la ley más importante que un gobierno promulga cada año y determinan su política en la mayor parte de los ámbitos, siendo la base sobre la que se moverá la economía del Estado cada año, fijando los dos grandes principios de una buena gobernanza: la estabilidad presupuestaria y la sostenibilidad financiera. De no existir tales presupuestos, entonces se da pie al descontrol improvisador que va desde el desvío de fondos para oscuros fines, a la financiación de ocurrencias que tienen como destino el favor de los protegidos incondicionales en el campo social, sindical, político o mediático. Sale barata la pólvora cuando la factura de la cacería se pasa al rey, es decir al erario público de todo un pueblo asaeteado por impuestos tan mal administrados.

Para camuflar todo esto, surgen medidas estrella que no tienen ninguna demanda, escándalos ficticios señalando a personas, instituciones o colectivos con los que entretenerse o ensañarse como espantajos de la distracción masiva. Así podríamos ver tantos y tantos anuncios de acuerdos y de resoluciones que no tienen ningún fuste, que no solventan ningún desaguisado, que no despejan ninguna duda, que no reparan ninguna abismal fractura, mientras el carrusel del bulo oportunista sigue su relato brindando al sol.

No corren buenos momentos cuando hemos de lamentar este modo inane y vacío de llevar tan trivialmente las riendas de una sociedad por gente que no tiene más altura de miras que su hedonista mediocridad tan henchida de poder, de placer y de pasta, parafraseando a Thomas Stern Eliot. Pero sabemos que un pueblo maduro sabe esperar la deseada alternativa (que no alternancia) de los indignos, cumpliéndose la frase atribuida al ex presidente de Estados Unidos, Abraham Lincoln: «Puedes engañar a todas las personas una parte del tiempo y a algunas personas todo el tiempo, pero no puedes engañar a todas las personas todo el tiempo». Llegará un momento, en el que los desengañados expresarán cívica y responsablemente la vuelta a la cordura, a la honestidad, a la verdad, a la paz y al bien de nuestro pueblo. En «tiempos recios, amigos fuertes de Dios», decía la expresión completa de Santa Teresa. Por eso, en este momento de incertidumbre, se pide una clarividencia madura y libre, para no cejar desde la fe y la confianza, en alumbrar un tiempo mejor, cada uno desde su atalaya y su responsabilidad.

Fr. Jesús Sanz Montes,
Arzobispo de Oviedo

jueves, 29 de enero de 2026

Vida Consagrada «¿A quién llamas?», «¿a quién buscas?» y «¿a quién sirves?». Por Joaquín Manuel Serrano Vila


Bajo el lema "¿Para quién eres tú?", la Iglesia celebra este 2 de febrero de 2026 la XXX Jornada Mundial de la Vida Consagrada. Esta convocatoria, coincidiendo con la festividad de la Presentación del Señor, invita a los consagrados y a toda la comunidad cristiana a reflexionar no solo sobre la identidad, sino sobre el propósito del servicio en un mundo en constante cambio. El Papa León XIV afirmaba en una audiencia con religiosas en el Aula Nervi en el Vaticano el pasado mes de octubre que ''la tarea de las consagradas y consagrados, “quieren ser portadores y testigos de ello con su vida, como divulgadores de la concordia a través de la palabra y el ejemplo, y antes aún como personas que llevan en sí mismas, por la gracia de Dios, la huella de la reconciliación y la unidad. Solo así podrán ser, en los diversos ambientes en los que viven y trabajan, constructores de puentes y difusores de una cultura del encuentro en el diálogo, en el conocimiento recíproco y en el respeto por las diferencias, con esa fe que les hace reconocer en cada ser humano un único rostro sagrado y maravilloso: "el de Cristo''. En la misma dimensión litúrgica y celebrativa, es especialmente catequético que como es tradición, la jornada se celebre cada 2 de febrero, fiesta de la Presentación del Señor o "Día de las Candelas". El simbolismo de la luz es fundamental: los consagrados están llamados a reflejar la luz de Cristo en las "noches oscuras" de la sociedad contemporánea.

El lema de este año, con eco vocacional, se inspira directamente en las palabras del Papa Francisco en su exhortación Christus Vivit, donde recuerda que la pregunta fundamental de la vida no es "¿quién soy yo?", sino "¿para quién soy yo?". Ya en su día el Papa San Pablo VI, con motivo de la segunda sesión del Concilio Vaticano II, en la Sala Conciliar, planteó la pregunta: "Iglesia, ¿qué dices de ti misma? ¿Quién eres?". Esto es lo que esta Jornada quiere auto plantearse a la vida consagrada. Para los religiosos y religiosas, esta interrogante es una invitación a salir de la autorreferencialidad y reafirmar que su existencia cobra sentido en la entrega a Dios y a los demás. La Conferencia Episcopal Española, destaca que la vida consagrada es, ante todo, una misión de servicio que busca humanizar desde el corazón de Cristo. Hoy más que nunca la Vida Consagrada debe preguntarse en medio del duro cambio de época que vivimos «¿A quién llamas?», «¿a quién buscas?» y «¿a quién sirves?».

En el contexto actual, la jornada pone el foco en tres pilares fundamentales: Testimonio de Comunión: En una sociedad fragmentada, la vida en comunidad de las congregaciones se presenta como un signo de que la fraternidad es posible. Presencia en las Periferias: Desde la educación y la sanidad hasta el acompañamiento a migrantes y ancianos, la vida consagrada sigue siendo el "brazo social" de la fe. Renovación y Esperanza: Ante el descenso vocacional, la jornada es una llamada a la confianza, recordando que la calidad del testimonio es más vital que el número de efectivos. Es un momento para agradecer la labor de quienes, a través de los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia, intentan ser un reflejo del amor de Dios en la tierra. La vida consagrada no es una reliquia del pasado, sino un don para el presente que sigue respondiendo con generosidad a la pregunta: "Soy para Dios y para mis hermanos". Sólo desde esta premisa se pueden enfrentar los desafíos de la Vida Consagrada en 2026.

El lema "¿Para quién eres?" no es pregunta que busque sólo una introspección personal, sino que se alinea con las conclusiones del Congreso de Vocaciones celebrado en 2025 reforzando la idea de que toda vocación es una misión orientada al prójimo. Es una llamada a buscar un "Nuevo Pentecostés" ó, mejor dicho, revivir el primero. La Iglesia hoy, y especialmente los consagrados, están invitados a construir una "cultura vocacional" permanente. La intención es evitar que la vida religiosa se perciba como una opción de autorrealización aislada, sino como un "para quién" que encuentra su plenitud en el servicio. Son ya 30 años haciendo camino, pues se celebra el trigésimo aniversario desde que San Juan Pablo II instituyera esta Jornada en 1997. El objetivo original sigue vigente: valorar el don de la Vida Consagrada y fomentar el conocimiento de esta forma de vida entre los fieles.

La Esperanza como Horizonte, sigue siendo asignatura pendiente. En medio de una crisis vocacional acuciante, en que son más los cierres que las fundaciones, en que están llenas las casas de mayores y prácticamente vacíos los noviciados, en que los números no dan y las reestructuraciones cada día son más complejas... hay que volver a hacer nuestro el espíritu del Jubileo de 2025: los consagrados son llamados a ser "peregrinos de esperanza" en un mundo herido, actuando como semillas de paz donde la dignidad humana es vulnerada. Nuestra sociedad en este 2026 necesita de la Identidad y Misión de las religiosas y religiosos. El mensaje de los obispos para este año recalca que la pregunta "¿quién soy?" es ineludible, pero el peligro reside en el individualismo. El giro hacia el "¿para quién eres?" sitúa a la vida consagrada en el corazón de la Iglesia como un ofrecimiento total (cf. Vita Consecrata, 22).

29 de Enero: San Julián y San Serrano


Cada 29 de enero, la Diócesis de Oviedo conmemora una festividad profundamente arraigada en su historia medieval: la memoria de San Julián y San Serrano, dos obispos cuyas reliquias reposan en la Catedral de San Salvador de Oviedo tras ser trasladadas desde el sur de la península durante la invasión musulmana.

San Julián de Toledo: El Gran Teólogo

San Julián (fallecido en 690) fue una de las figuras intelectuales más influyentes de la España visigoda. Como arzobispo de Toledo, presidió varios concilios y fue un prolífico escritor, autor de obras fundamentales como el Prognósticon. Es recordado por su celo en el culto divino y por enriquecer el oficio litúrgico con nuevas oraciones.

San Serrano (Asturio Anulino): El Hallador de Mártires

A menudo identificado como Asturio Anulino, San Serrano fue el primer obispo de la diócesis complutense (Alcalá de Henares) en el siglo V. Su legado más célebre fue el hallazgo, por revelación celestial, de los restos de los Santos Niños Justo y Pastor en el año 412. Se cree que su nombre "Serrano" es una variante popular que se consolidó tras su traslado a tierras asturianas.

La Conexión con Oviedo

La veneración de ambos en la capital asturiana no es casual:Refugio de Reliquias: Ante el avance musulmán, sus cuerpos fueron trasladados al norte para protegerlos, convirtiéndose en parte del tesoro espiritual de la Catedral de Oviedo.  

Hoy, la onomástica de estos dos prelados sirve para recordar el papel de Oviedo como baluarte de la cristiandad y custodio de la tradición visigoda.

miércoles, 28 de enero de 2026

Cromos, juegos y códigos QR: así es la nueva revista de la parroquia de San Félix de Lugones


La parroquia asturiana lanza una publicación que combina tradición y tecnología para acercar la fe a los más jóvenes de una forma lúdica e interactiva

(COPE) La parroquia de San Félix de Lugones ha anunciado el lanzamiento de una revista muy especial que recoge las fiestas, procesiones y colaboraciones realizadas a lo largo del año. El proyecto combina explicaciones y fotografías con un álbum de cromos y códigos QR para crear una experiencia interactiva.

Una revista para jugar y aprender

La publicación incluye un apartado de explicación de las fiestas más relevantes de la Iglesia, como San Antón, la Candelaria o la Semana Santa. Cada celebración se ilustra con fotografías y un código QR que redirige a un vídeo de la fiesta en Instagram, permitiendo a los lectores ver cómo se vive en la parroquia.

4.000 cromos y una fecha clave

El formato, especialmente dirigido a los más jóvenes, busca enseñar "a los niños a comprender la fe y el mensaje de Jesús" a través de nuevos métodos. La tirada inicial será de 200 revistas y 4.000 cromos, correspondientes a 16 imágenes de la iglesia y las fiestas. 

¿Por qué se llama a Santo Tomás de Aquino el “Doctor Angélico”?

(Aleteia) Este apodo recibido por el santo nos dice mucho sobre la vida de Tomás de Aquino y su talentoso trabajo

Uno de los santos más respetados de la Iglesia Católica es santo Tomás de Aquino, a menudo llamado el "Doctor Angélico". ¿De dónde viene este término y qué significa?

¿Por qué se le llama "Doctor"?

En primer lugar, en la Iglesia Católica, además de nombrar a ciertos individuos como santos, reconociendo su extraordinaria práctica de la virtud, a lo largo de los siglos, ha señalado a santos específicos como Doctores de la Iglesia. Este nombramiento especial solo puede conferirlo el Papa y lo hace con aquellos hombres y mujeres que son considerados maestros ejemplares en diversos temas teológicos y espirituales.

El título oficial de Doctor proviene de la raíz latina docere, que significa "enseñar".

Santo Tomás de Aquino escribió extensamente durante su vida, produciendo uno de los textos más fundamentales de la teología católica, la Summa Theologiae. En ella, responde a diversas preguntas que se plantearon en su época, y sus respuestas siguen utilizándose hoy en día en defensa de la doctrina católica.

¿Y qué tal "angelical"?

No se sabe con certeza por qué Santo Tomás llegó a ser conocido como el "Doctor Angélico". Existen diversas posibilidades, incluyendo una explicación dada por el Papa Benedicto XVI en una audiencia general en 2010. 

"Fue llamado también Doctor Angelicus, quizá por sus virtudes y, en particular, por la sublimidad de su pensamiento y la pureza de su vida".

"La pureza de mente y cuerpo contribuye en gran medida a la claridad de visión. Mediante el don de la pureza, concedido milagrosamente en el momento del ceñimiento místico, Dios dotó de angélica la vida de Tomás; la perspicacia y la profundidad de su intelecto, con la ayuda de la gracia divina, lo convirtieron en el «Doctor Angélico»".

"Dos ángeles vinieron a él desde el cielo y ataron una cuerda alrededor de su cintura, diciendo: "En nombre de Dios, te ceñimos con el cinturón de la castidad, un cinturón que ningún ataque jamás destruirá..." El don de los ángeles preservó a Santo Tomás de la tentación sexual y le otorgó una pureza duradera que ennobleció todos sus pensamientos y acciones".

Santo Tomás también escribió extensamente sobre los ángeles, y su teología sobre los ángeles es una de las más completas de toda la historia de la Iglesia.

Por todas estas razones, santo Tomás de Aquino es conocido como el “Doctor Angélico”.

martes, 27 de enero de 2026

María Luisa Eugui, una vida con huella. Fallecida en el accidente de Adamuz, su hermano sacerdote está enterrado en Lugones

(Diario de Navarra/ Belén Rosique Conesa) María Luisa Eugui Hermoso de Mendoza, natural de Pamplona, fue una mujer cuya vida se caracterizó por una entrega generosa y diaria, y por una cercanía y capacidad poco común para hacer fácil lo que parecía difícil. A lo largo de sus 78 años, supo vivir con naturalidad una vocación que entendía como servicio, dejando una huella profunda y agradecida en quienes la trataron.

En 2019 tuve la suerte de recibirla en el aeropuerto. Aterrizaba en Madrid después de haber vivido veinticinco años en Jerusalén y en otras ciudades de Israel. Detrás de la primera imagen que conservo —la de una mujer menuda— fui descubriendo, ya en sus últimos años, a alguien cuya vida estuvo marcada por una disponibilidad constante para servir allí donde hiciera falta.

Esa actitud abierta y generosa se tradujo, décadas más tarde de incorporarse al Opus Dei como numeraria en 1963, en una de las etapas que para ella fueron más significativas de su vida: su trabajo en Jerusalén. María Luisa fue de las primeras personas del Opus Dei en trasladarse allí, adonde llegó en 1994, cuando el contexto cultural, social y religioso era complejo y sensible. Allí permaneció hasta 2019, dedicando veinticinco años a tareas formativas, educativas y sociales.

Quienes la conocimos podemos destacar su modo discreto y eficaz de trabajar, su capacidad para hacer propias las necesidades de los demás, y su profundo respeto por las personas y las circunstancias de cada uno. María Luisa sabía crear, con ese corazón recio, tan característico de los navarros, un clima de confianza y de familia a su alrededor. Su paso por Jerusalén dejó una estela de afecto y gratitud, fruto de una dedicación constante, generosa y alegre.

Era una persona muy resolutiva: afrontaba los problemas buscando soluciones concretas y sin darles más importancia de la necesaria. Esa su manera de ser, transmitía confianza a quienes trabajaban y vivían con ella.

María Luisa se volcaba de forma natural en las personas y por eso todos la queríamos. Su trato era sencillo, cercano, lleno de humanidad. Sabía estar, acompañar y animar, y hacía sentirse a cada uno valorado y comprendido, tanto a sus familiares y personas del Opus Dei, como a sus numerosas amigas. Con ellas participaba de actividades culturales y artísticas de la ciudad, buscando hacer disfrutar y descansar a los demás.

Desde 2019 vivía en Madrid, donde continuó ofreciendo su experiencia y su cercanía, siempre disponible para ayudar. Recuerdo que nos solía compartir, con enorme cariño, anécdotas de su infancia y juventud en la capital navarra. Los últimos años de su vida se dedicó, con su natural cariño, al cuidado de personas mayores, así como de las amigas y personas conocidas. Eran frecuentes sus viajes a Talavera de la Reina, donde aprovechaba para encontrarse con amistades residentes en la provincia de Toledo.

Su fallecimiento, a causa del accidente ferroviario ocurrido en Adamuz (Córdoba) el 18 de enero, fue para todos los que la conocíamos tan inesperado como doloroso. Queda, sin embargo, el recuerdo agradecido de una vida entregada, coherente y fecunda, vivida con alegría, fortaleza y un amor sincero a Dios y a los demás. Una existencia que deja huella.

Octavo centenario del ''tránsito'' de San Francisco de Asís: Una llamada a la reconciliación y la paz. Por Guillermo Juan Morado

(Atlántico diario) En la llanura de Asís, ciudad de la región italiana de Umbría, se levanta la imponente basílica de Santa María de los Ángeles, coronada por una hermosa cúpula y una estatua dorada de la Virgen. Este templo alberga una pequeña iglesia, la Porciúncula, un lugar muy especial para san Francisco de Asís, donde quiso pasar los últimos días de su vida hasta que le sobrevino la muerte, el 3 de octubre de 1226. Había nacido en 1181 o 1182 y, solamente dos años después de su fallecimiento, fue canonizado en 1228. En 2026 se celebra, pues, el octavo centenario de su “tránsito”.

El saludo que san Francisco hizo suyo fue: “El Señor os dé la paz” y quiso que los “hermanos menores”, sus compañeros y discípulos, fuesen por el mundo como mensajeros de la paz. Francisco dio ejemplo de ello y, así, en 1212 planeó llevar entre los sarracenos su “cruzada” de paz. Con ese fin partió para Siria, pero una tormenta le obligó a desistir. Algo más tarde, intentó dirigirse a Marruecos a través de España, pero lo detuvo una enfermedad y no le quedó más alternativa que conformarse con la peregrinación a Santiago de Compostela. En 1219, en Egipto, logró ser recibido por el sultán Melek-el-Kamel. Era el tiempo de la Quinta Cruzada, de guerra entre cristianos y musulmanes, pero Francisco se presenta ante el sultán desprovisto de cualquier arma, con el único deseo de “predicar la penitencia”, de restablecer los lazos que vinculan a todos los seres humanos.

Con motivo de la apertura de este octavo centenario, León XIV ha dirigido una carta a los ministros generales de la Conferencia de la Familia Franciscana en la que expresa el deseo de que “el mensaje de paz encuentre un profundo eco en la actualidad de la Iglesia y de la sociedad”. La paz es la suma de todos los bienes de Dios, un don que desciende de lo alto: “¡Qué ilusión sería pensar en construirla solo con las fuerzas humanas! Y, sin embargo, es un don activo, que hay que acoger y vivir cada día”, comenta el papa.

En esta época, marcada por guerras que parecen interminables, por divisiones internas y sociales que crean desconfianza y miedo, san Francisco sigue hablando: “No porque ofrezca soluciones técnicas, sino porque su vida indica la fuente auténtica de la paz”. Una paz que no se limita a las relaciones entre los seres humanos, sino que abarca toda la creación: “Esta intuición resuena con especial urgencia en nuestro tiempo, cuando la casa común está amenazada y gime bajo la explotación. La paz con Dios, la paz entre los seres humanos y con la Creación son dimensiones inseparables de una única llamada a la reconciliación universal”, sintetiza el pontífice.

Es hermosa la oración dirigida a san Francisco que el papa ofrece en su carta, de la que reproducimos el fragmento final: “Tú, que desarmado atravesaste las líneas de la guerra y de la incomprensión, concédenos el coraje de construir puentes allí donde el mundo levanta fronteras. En este tiempo afligido por conflictos y divisiones, intercede para que lleguemos a ser artesanos de paz: testigos desarmados y desarmantes de la paz que viene de Cristo. Amén”.

lunes, 26 de enero de 2026

Cien años de oración contemplativa en el Cerro de los Ángeles: las Carmelitas celebran su jubileo


(InfoCatólica) El próximo 30 de enero, el monasterio de Carmelitas Descalzas del Cerro de los Ángeles celebrará con una misa solemne la apertura de un Año Jubilar concedido por el Papa León XIV para conmemorar el centenario de su establecimiento definitivo en este enclave madrileño. La ceremonia, que presidirá el obispo de Getafe, Ginés García Beltrán, tendrá lugar a las 19:00 horas y ofrecerá a los fieles la oportunidad de obtener indulgencia plenaria cumpliendo los requisitos establecidos por la Iglesia.

Un siglo de vida contemplativa a la sombra del Sagrado Corazón

Aunque la fundación del Carmelo del Cerro de los Ángeles se remonta a 1924, cuando el Corazón de Jesús inspiró este proyecto a la entonces novicia Hermana Maravillas de Jesús en el Carmelo de El Escorial, el deseo del Sagrado Corazón no se vio cumplido hasta dos años después. Fue el 26 de octubre de 1926, fecha en la que se celebraba por primera vez en la Iglesia universal la Fiesta de Cristo Rey, cuando Santa Maravillas de Jesús y su comunidad pudieron instalarse definitivamente en el monasterio recién construido.

La fundación respondía a una inspiración mística concreta:

«Estando un día en la oración, entendí que el Señor me decía: "Allí quiero que tú y esas otras almas escogidas de mi Corazón me hagáis una Casa donde tenga mis delicias; ese Corazón que es despreciado de tantos hombres, allí quiere ser de vosotras amado, alabado y consolado"» (Correspondencia de Santa Maravillas)

Este fragmento da una idea toda la arquitectura espiritual del monasterio. La santa relata cómo la inspiración no fue un proyecto personal, sino una respuesta a lo que ella consideró una petición de desagravio. En sus diarios, también describe la primera vez que vio el monumento al Sagrado Corazón de Jesús en el Cerro de los Ángeles y cómo sintió la urgencia de que aquellas religiosas vivieran «a su sombra» para acompañar la soledad de la imagen.

Un reconocimiento pontificio a cien años de oración

El Papa León XIV ha querido honrar este centenario concediendo un Año Jubilar que se extenderá durante todo 2026, desde el 1 de enero hasta el 31 de diciembre. Esta gracia extraordinaria subraya la importancia espiritual e histórica de una comunidad que durante un siglo ha mantenido ininterrumpidamente su vida contemplativa en uno de los lugares más emblemáticos de la devoción al Sagrado Corazón en España.

La misa inaugural del próximo viernes contará con la presencia del obispo diocesano, quien ha cursado invitación a todos los sacerdotes que deseen concelebrar el acontecimiento, en señal de comunión con las religiosas carmelitas en esta efeméride centenaria. Los fieles que participen en la ceremonia y cumplan las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Santo Padre) podrán beneficiarse de la indulgencia plenaria asociada a este jubileo.

Mensaje para la Jornada Mundial de la Vida Consagrada 2026


Vida consagrada, ¿para quién eres?

La XXX Jornada Mundial de la Vida Consagrada se celebra pocos días antes de cumplirse el primer aniversario de un significativo acontecimiento de la Iglesia que peregrina en España: el Congreso de Vocaciones. Asamblea de Llamados para la Misión, con el lema «¿Para quién soy?».

Motivados por este encuentro de comunión fraterna entre todas las vocaciones, nos hacemos eco de su celebración, hace un año, en la nuestra del 2 de febrero de 2026, puesto que la vida consagrada debe seguir construyendo la cultura vocacional para tomar conciencia de que cada uno somos una vocación para la misión.

El lema que hemos elegido este año para la Jornada en España pone de relieve que la pregunta por la propia identidad (¿qué o quién soy?) es ineludible, pero quedarse solo en ella entraña algunos peligros, sobre todo si la mirada un tanto obsesiva sobre nosotros mismos termina por impedirnos ver a quienes, estando más allá de nosotros, conforman nuestro horizonte último de vida y misión.

Con el fin de evitar la autorreferencialidad —un peligro presente para la vida consagrada, como nos advirtió en diversas ocasiones el papa Francisco—, a los consagrados, siempre sedientos de ahondar en nuestra identidad (mirada centrífuga), nos viene muy bien reparar a la vez en los rostros que pueblan nuestro paisaje de sentido (mirada centrípeta). El primero es el polo de las raíces; el segundo, el de las alas.

Sabemos que no le crecen alas a quien no tiene raíces, pero tampoco se le conservan las raíces a quien no despliega las alas. Por eso, con deseo y decisión tanto de oblación como de dedicación plena a los otros, la vida consagrada no puede cesar de preguntarse: ¿para qué o para quién soy?

Cuando los consagrados dejamos resonar esta pregunta sobre nosotros mismos y nuestros hermanos y hermanas, su impronta se refracta en tres interrogantes que ahondan y desarrollan el lema para esta XXX Jornada Mundial:

1. Vida consagrada, ¿a quién llamas? La vida consagrada es para aquellos a los que es capaz de convocar, a los que transmite que Dios enamora para hacer vida, en unión con él, muchas teselas del Evangelio de Jesús que hombres y mujeres inspirados por el Espíritu han iniciado antes que nosotros, con grandes dificultades, pero, sobre todo, con un amor apasionado por el Señor que llama y por la humanidad que lo necesita a él.

La vida consagrada es para los que vienen a ella por su cauce, para aquellos a los que llama como eco de la voz de Dios —siempre antigua y siempre nueva— que persuade, guía al desierto, habla al corazón y abre una puerta de esperanza (cf. Os 2,16-17).

La cuestión vocacional, que tanto nos preocupa en estos tiempos y estas latitudes, no es solo una urgencia coyuntural, que también, sino sobre todo una exigencia carismática: somos para aquellos a quienes llamamos a través de nuestro amor evangélico; o mejor, para aquellos a los que el Señor llama, también a través de nosotros, a vivir a fondo la fe cristiana y la entrega de la vida.

En este sentido, este primer interrogante nos conecta con el núcleo del voto de castidad, que es el del amor centrado en Dios y ofrecido a todos; particularmente, a quienes el Señor quiere llegar con una palabra veraz de claridad y calidez. Él es el camino de luz y esperanza que nos lleva al amor infinito. Un amor que contribuye a la comunión fraterna sinodal que la vida consagrada está urgida a tejer en su seno y con el resto del pueblo de Dios en camino, propiciando una conversión de las relaciones por amor.

2. Vida consagrada, ¿a quién buscas? La vida consagrada es para Dios, a quien cada persona consagrada busca. Es para el único, para el absoluto, para el Padre, para el Señor. No hay nada más importante que aquello —aquel— que cada persona consagrada busca. Vivir en tensión permanente el quærere Deum es no solo la fuente de la que brota la consagración de la vida —su razón de ser, su raíz más íntima, su verdad última—, sino también la tarea fundamental de nuestro quehacer cotidiano.

La vida consagrada es para Dios y escrutar su rostro cada día es parte sustancial de su misión. En este sentido, este segundo interrogante nos da la medida del voto de obediencia, que es el del amor que desea al Señor, a Cristo Hijo de Dios vivo, a quien quiere ir y de cuya palabra de vida eterna quiere vivir, como confiesa Pedro (cf. Jn 6,68); para que todo lo que se entreteje con el pasar de la vida y de los rostros penda de la voluntad de Dios.

En el Señor fijamos los ojos, pues es luz y cayado para discernir los pasos del proceso sinodal en el que la participación de las personas consagradas en la Iglesia particular y universal se hace imprescindible por su consagración bautismal y vocacional.

3. Vida consagrada, ¿a quién sirves? La vida consagrada es para los pobres, a quienes se entrega. Es para el que ha sido privado de la compañía y el consuelo de los hombres, pero nunca de Dios, que se abaja para servirle. Y en ese servicio a los desamparados el Señor no quiere estar solo; quiere a su lado a los hombres y mujeres que han conocido su amor y saben que se puede vivir de él y de su Palabra en toda circunstancia, también —quizá especialmente— en las más aciagas y las más adversas.

En este sentido, este tercer interrogante remite al voto de pobreza, que es el del amor que se contenta sencillamente con la presencia del amado y de los amigos del amado; y no necesita nada más que ser cercano y estar disponible para los que no tienen a nadie que sea y esté con ellos, sin asustarse de su humillación ni huir de su pobreza.

Una pobreza que es puerta abierta de esperanza a la austeridad liberadora y a la generosidad que brota de la gratuidad. Una pobreza que se hace puente de esperanza desde quienes, con sus votos y su fraternidad, se saben vulnerables, necesitados de amor, sanación y liberación hacia los que sufren la fragilidad, como nos muestra Dios encarnado, pobre y humilde.

La misión de la vida consagrada, que llega a todos, tiene una predilección irrenunciable por los pobres y por las periferias geográficas y existenciales. Es otra de sus contribuciones para ser una Iglesia sinodal en misión.

Buscando respuesta a cada una de estas cuestiones, encontramos el modo de extender y fortalecer hoy, como bautizados con nuestra vocación de personas consagradas, la comunión, la participación y la misión en la Iglesia, tal y como el último sínodo y su proceso de implementación nos invitan a realizar.

Pero, sobre todo, recorriendo estos tres interrogantes, descubriremos que el corazón de la persona consagrada se vuelve menesteroso y agradecido a su Señor. Agradecido, porque el Señor no deja de salir a su encuentro y sacudir sus comodidades, preguntando: «Vida consagrada, ¿para quién eres?»; y menesteroso, porque nunca termina de responder con toda verdad y generosidad a la pregunta y necesita que el Señor la siga pronunciando sobre él. Vivir bajo esa pregunta sin dejar de ensayar la mejor respuesta es ya una forma de fidelidad que refleja la de Dios.

«Vida consagrada, ¿para quién eres?» se convierte así en algo más que un lema: es un eco de la Palabra viva que, vivida en clave de consagración, amplía nuestros horizontes de comunión, participación y misión. Aquellos en los que podemos enriquecer a muchos —y a nosotros mismos—, poniendo en juego nuestra vida de dedicación entera a Dios y a los hermanos a través de la vivencia plena de la castidad, la obediencia y la pobreza, verdadero don profético de las personas consagradas para toda la Iglesia y para los hombres y las mujeres de buena voluntad.

XXX Jornada de la Vida Consagrada, 2 de febrero de 2026

SRES. OBISPOS DE LA COMISIÓN EPISCOPAL
PARA LA VIDA CONSAGRADA

domingo, 25 de enero de 2026

"A los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló". Por Joaquín Manuel Serrano Vila


Hoy es Domingo: ¡el día del Señor! Y así nos congregamos como comunidad peregrina en torno a su palabra y a la mesa de su sacrificio por nosotros. En este domingo III del Tiempo Ordinario confluyen varias realidades que no podemos pasar por alto. En primer lugar celebrar el domingo de la Palabra, una jornada que tiene como finalidad que los católicos tomemos conciencia del valor de la palabra de Dios en nuestra vida. Una palabra que no ha de quedarse en un sonido hueco que resuena de fondo cada vez que venimos a la eucaristía, sino que debe ser una de las fuentes de las que beba nuestra vida de oración; necesitamos dedicar tiempo a su lectura, estudio, contemplación e interiorización. No se nos pide un fin intelectual, sino que seamos capaces de hacer vida esa palabra que escuchamos y compartimos cada domingo, y llevarla a nuestro día a día, teniéndola como guía de nuestras actuaciones.

También en este 25 de enero se celebra la "fiesta de la conversión de San Pablo", con la que se concluye el Octavario de "Oración por la Unidad de los Cristianos". Es un motivo que no ha de limitarse sólo a estos días, sino a todo el año. Que seamos uno para que el mundo crea. El tirón de orejas de San Pablo a los Corintios que hemos escuchado en la epístola, es una llamada de atención para nosotros mismos: "que no haya divisiones entre vosotros". Y dice San Pablo: "me he enterado... de que hay discordias entre vosotros"... Nada nuevo bajo el sol, ¿verdad? Y es que todos somos diferentes, todos tenemos nuestro criterio, estilo, gustos y formas diferentes de ver las cosas. Y este es el gran reto que se nos pone hoy delante, que nos reconozcan por el amor que nos tenemos entre nosotros, y no porque no nos podamos ni ver. Si cada domingo venimos a la misa de modo individualista, pensando "yo vengo a encontrarme con el Señor", pero luego no quiero saber nada de los que se sientan en mi banco, me cae mal la que lee, no trago al cura, los niños me ponen de mal humor... ¡Algo falla! Ese corazón no ha descubierto aún al Señor. Por eso la pregunta del Apóstol es tajante: ¿está Cristo dividido?... Este texto lo elegí recientemente para el funeral de nuestro querido Juan, y yo hacía una traducción adaptada a nosotros. Al igual que cuando San Pablo dice "yo soy de Pablo, yo soy de Apolo, yo soy de Cefas..." nos suena un poco lejano, pongamos otros nombres: "yo soy de Juan Pablo, yo soy de Benedicto, yo soy de Francisco, yo soy de León"... Y lo mismo podemos hacer con los nombres de nuestros obispos, con los sacerdotes que han pasado por cada parroquia. Y no es que nos quedamos sólo en ese gusto personal -que es lógico y legítimo que unas personas las sintamos más cercanas que otras- lo malo es cuando eso se vuelve un pretexto para el pecado en la murmuración y maledicencia... Yo con este Papa ya no voy a Roma, yo con este obispo no marcó la X en la declaración de la renta, yo con este párroco ya no voy a misa pues no es de los míos... Con esto sólo gana el diablo, el que divide, el que hace fiesta cada vez que los que nos decimos cristianos utilizamos nuestra lengua para despellejar a esa persona de la Parroquia que no soportamos, al sacerdote por el último cambio que ha hecho, o al obispo por lo que ha predicado. Necesitamos la unidad, y no sólo hay que rezar por ella, sino poner los medios en cada uno de nosotros y en nuestros entorno para lograrla.

La primera lectura del profeta Isaías nos regala un pasaje bellísimo: "En otro tiempo, humilló el Señor la tierra de Zabulón y la tierra de Neftalí"... Se refiere por el contexto histórico a la opresión de los asirios sobre Israel, por eso alude a la liberación de aquellos años difíciles afirmando: "El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande"... Nosotros vemos este versículo una afirmación mayor, como es el nacimiento del sol que nace de lo alto, en el aún reciente tiempo de Navidad. El próximo 2 de febrero se cumplirán cuarenta días de haber festejado la Natividad del Señor, y así celebraremos "la presentación de Jesús en el templo": el día de las candelas, en que tomará todo su sentido el salmo que hemos cantado este domingo: "el Señor es mi luz y mi salvación". También en el evangelio de hoy tomado del capítulo 4 de San Mateo encontramos este territorio de Zabulón y Neftalí, ese lugar al otro lado del mar, denominado la "Galilea de los gentiles". El evangelista nos dice primero que Jesús "se retiró a Galilea". Lo hizo como comienza indicando el texto "al enterarse de que habían arrestado a Juan". Esto no deja de ser significativo, termina una predicación y empieza otra. Pero más adelante el autor del texto nos indicará por qué se retira en este lugar y no en otro: "para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta".

Jesucristo quiere dejar claro que Él es la luz, que viene para los pobres y los últimos, "para iluminar a los que viven en tinieblas". Y más en concreto a Zabulón y Neftalí, que era una tierra famosa por ser su población mayoritariamente pagana, lo que rompe todos los esquemas. El Mesías viene al mundo y nace, primero, en una población que no salía ni el mapa, y después, siendo ya adulto, inicia su predicación no en Jerusalén, sino en Galilea. He aquí que en Él se hace realidad que "a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló"... En Jesucristo Dios cumple su promesa y lleva a efecto su proyecto de amor. Jesús comienza a predicar, y su invitación es solemne: "¡convertios!" Es decir, cambiad de mentalidad. Y la predicación de Jesús también tiene respuestas: Él llama e invita "venid en pos de mí ". Y los llamados no le hacen esperar, no le sigue para un rato, sino que dejan oficio, familia y vida para ir en pos de Él, como hacen Santiago y Juan, que dejan la barca; sí, pero también a su padre. Jesús comienza su misión en Galilea recorriendo la comarca, tal como nos dice San Mateo: "enseñando en las sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo". Vemos a Jesucristo como Sacerdote, Profeta y Rey, diciéndole a los gentiles que "está cerca el reino de los cielos"... En definitiva, predicando la realeza de Dios por medio del "evangelio del reino". 

Evangelio Domingo III del Tiempo Ordinario

Lectura del santo evangelio según san Mateo 4, 12-23

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías:
«Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí,
camino del mar, al otro lado del Jordán,
Galilea de los gentiles.
El pueblo que habitaba en tinieblas
vio una luz grande;
a los que habitaban en tierra y sombras de muerte,
una luz les brilló».

Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo:
«Convertíos,porque está cerca el reino de los cielos».

Paseando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores.

Les dijo:
«Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».

Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó.

Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.

Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.

Palabra del Señor

Cuando la muerte no avisa. Por Mons. Fray Jesús Sanz Montes O.F.M.

Todos nos quedamos sin palabras. Las imágenes golpeaban no sólo nuestras retinas, sino sobre todo el corazón dejándonos helados ante tamaña tragedia humana, como siempre que nos sobreviene un accidente imprevisto, un atentado terrorista, una catástrofe natural o una enfermedad que, esquiva, no avisa jamás, dejándote como espectador tocado y hundido que no da crédito a lo que sucede en tan sólo unos segundos.

Sacaron billete de tren con diverso recorrido. De todas las edades, de tantas procedencias y con variados destinos. Unos venían de cumplir exitosos con unos exámenes, otros para gozar unos días en familia, también había motivos para disfrutar de un viaje placentero con amigos, o sencillamente un traslado rutinario por razones laborales. Pero ninguno subió al tren para el desenlace que cambiaría del todo la vida por imponerse cruelmente así la muerte. Nombres y rostros en una biografía imprevistamente truncada.

El galardonado escritor que en 1994 recibió el Príncipe de Asturias de las Letras, el mexicano Carlos Fuentes, tiene expresiones desgarradas ante la impostura que se percibe en una muerte traicionera que te lleva a los que más quieres, cuando quizás más los necesitabas. Son célebres sus reflexiones: “La muerte espera al más valiente, al más rico, al más bello. Pero los iguala al más cobarde, al más pobre, al más feo, no en el simple hecho de morir, ni siquiera en la conciencia de la muerte, sino en la ignorancia de la muerte”, para apostillar con una coda final ante la infinita tristeza inerme: “Qué injusta, qué maldita, qué cabrona la muerte que no nos mata a nosotros sino a los que amamos”.

Son formas literarias, broncas y sinceras, para pedir el libro de reclamaciones cuando llega la inesperada circunstancia en la que el silencio es nuestra mejor palabra, y las lágrimas nuestro más discreto argumento, mientras nos quedamos pobres, muy pobres; pequeños, muy pequeños, ante algo que nos desborda por completo. Es la gran pregunta sobre el significado de la vida, sin que tengamos fácil la respuesta cuando la muerte nos la censura. Los que somos creyentes no estamos exentos de este inmenso dolor. Todos tenemos esa común experiencia cuando hemos afrontado el duelo ante el supremo adiós de alguien que hemos querido de veras. El dolor es común denominador de todos los mortales. Los cristianos sabemos llorar sin rompernos y callando guardamos el dolor en el alma. Es el ejemplo del mismo Jesús cuando le comunicaron la muerte de su amigo Lázaro o cuando se conmovió ante el cortejo fúnebre del hijo de la viuda de Naim.

¿Dónde estaba Dios?, se preguntan algunos queriendo imputar a ese Ser anónimo e invisible para ellos señalándolo como chivo expiatorio de su desgarro. Y siempre podemos decir con respeto y delicadeza que Dios estaba en los que trágicamente sufren la muerte, en los que inmediatamente ponen en danza su amor entregando su tiempo, sus enseres, sus camas y despensas, su esperanza sin factura ni precio. Ahí estaba Dios: unas veces abrazado a los crucificados que así mueren y otras en la guisa de cirineo arrimando el hombro como el joven Julio con sus quince años, o dándolo todo por amor a los que quedan como con la pequeña Cristina con sus seis años nada más.

No es distinto el dolor, pero sí el modo de vivirlo. No es el llanto desesperado de quien sin fe sólo le queda el vacío que te punza o la blasfemia que no alivia el inmenso dolor de las entrañas. Lo podemos afrontar como quien sabe que duelen la vida y la muerte, pero desde la confianza que genera la Resurrección prometida por Jesús, vencedor de su muerte y de la nuestra, es un dolor esperanzado, con lágrimas que no son amargas que, aunque duelan, no nos destruyen. La vida es un viaje que no termina en la muerte, sino que nos adentra en esa patria para la que nacimos y en la que eternamente viviremos con Dios y los que aquí hemos querido tanto. Descansen en paz.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

sábado, 24 de enero de 2026

La dictadura nicaragüense veta las misiones puerta a puerta y confina al clero dentro de los templos

(InfoCatólica) Un nuevo episodio de presión contra la Iglesia Católica se ha producido en Nicaragua. Según lo informado, el régimen ha ordenado al clero de la Diócesis de León permanecer en sus parroquias y abstenerse de predicar fuera de los templos, una directiva emitida días antes de una oleada de misiones pastorales. La instrucción refuerza la drástica restricción que sigue padeciendo la vida religiosa en el país bajo el gobierno sandinista de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

La prohibición afectó de modo directo la labor pastoral programada para el 24 de enero, en el marco del Año Eclesiológico proclamado por el obispo Sócrates René Sándigo, quien gobierna las diócesis de León y la vecina Chinandega. La iniciativa diocesana pretendía renovar la presencia misionera de la Iglesia, incluyendo las tradicionales visitas “puerta a puerta” y la proclamación pública del Evangelio. Sin embargo, los sacerdotes habrían recibido una instrucción tajante de las autoridades: «Hagan su trabajo dentro».

La denuncia fue difundida inicialmente por la abogada e investigadora nicaragüense Martha Patricia Molina, cuya documentación sobre la persecución religiosa en el país se ha convertido en un punto de referencia para observadores internacionales. De acuerdo con lo señalado, el mensaje fue transmitido directamente por agentes policiales que actuaban en nombre del régimen. En esa línea, se ordenó explícitamente al clero no abandonar sus parroquias para realizar actividades pastorales, neutralizando así el carácter misionero del programa diocesano.

Fuentes cercanas a la Iglesia confirmaron que la prohibición se aplicó mediante presencia policial e intimidación, en un contexto en el que las fuerzas del orden han asumido un papel cada vez más invasivo en la vida social. Aunque no se habría publicado un decreto formal, la orden verbal habría bastado para asegurar su cumplimiento, reflejando el clima de temor instalado en comunidades religiosas y fieles.

El caso de León resulta especialmente significativo. El obispo Sócrates René Sándigo ha sido percibido a menudo como uno de los prelados menos confrontativos con el gobierno, y en el pasado sus diócesis habrían contado con concesiones limitadas que no se concedían en otros lugares. En algunas ocasiones, incluso se permitieron procesiones en zonas universitarias, algo inusual en un país donde las expresiones religiosas públicas han sido sistemáticamente prohibidas o desmanteladas. La intervención actual, sin embargo, sugiere que ni siquiera esa aparente moderación ofrece una protección estable.

Estas restricciones suponen un cambio drástico respecto de la práctica católica ordinaria en la región. En Hispanoamérica, las misiones parroquiales y las visitas casa por casa no son algo accesorio: forman parte de la atención pastoral habitual, con especial importancia en comunidades pobres y rurales. Impedir que los sacerdotes salgan de los recintos eclesiásticos equivale, en la práctica, a forzar que la religión quede reducida a un ámbito privado, sin su dimensión social y comunitaria.

La prohibición impuesta en León se inserta, además, en un patrón más amplio. En los últimos años, el régimen de Ortega y Murillo ha expulsado órdenes religiosas, confiscado bienes de la Iglesia, encarcelado o exiliado al clero y prohibido procesiones públicas en el país. Lo que distingue a este episodio es la precisión del control: no se trataría de cerrar iglesias, sino de dictar cómo puede ejercerse el ministerio, acotando incluso los límites de la acción pastoral.

Para los fieles de León y Chinandega, el mensaje queda formulado sin ambigüedades: la Iglesia puede existir, pero solo dentro de los márgenes impuestos por el Estado. En el propio relato de lo sucedido, se presenta la orden de «quedarse en casa» como algo más que una indicación logística: un símbolo de un poder decidido a confinar la vida religiosa al silencio y a los muros, incluso cuando el afectado es un obispo considerado durante años como relativamente tolerable para el régimen.

Este nuevo cerco golpea directamente una de las tareas esenciales de la Iglesia: anunciar a Cristo y llevar el Evangelio a las personas, también en sus hogares y comunidades. Cuando un Estado pretende encerrar la acción pastoral dentro de cuatro paredes, no solo restringe actividades: pone en cuestión, de hecho, el ejercicio mismo de la libertad religiosa y la misión evangelizadora de la Iglesia.

Ejercicios espirituales para peregrinos de esperanza

(pastoralsj) Quizás vivir la experiencia del Jubileo de jóvenes durante este verano y querer seguir manteniendo en el tiempo lo allí vivido pueda ser una excusa para leer este libro. Seguro que esta simple razón podría animar a más de uno, pero también hay algo más profundo, algo que nos invita a todos —aunque no hayamos estado este año en Roma— a leerlo. Ahondar en los Ejercicios Ignacianos como herramienta para vivir desde la esperanza cristiana.

Pasar por alguna de las cuatro Puertas Santas de Roma —a pesar de las horas de cola— supone un momento profundo de encuentro con Dios. Un momento para poder dar gracias por su bondad infinita, por su perdón sincero, por ser motivo de nuestra esperanza.

Sin embargo, ese sentimiento podría diluirse si no se acompaña con un encuentro más lento, más personal, más hondo. Es el encuentro profundo y sincero con Dios el que nos permite vivir con esperanza porque Él es nuestra esperanza.

Y es aquí donde entra en juego «Ejercicios Espirituales para peregrinos de la esperanza». Un libro que nos invita a adentrarnos en los Ejercicios de San Ignacio y convertirnos en peregrinos. Podemos vivir la vida en «modo turista», es decir, de manera superficial, que es lo que nos propone la sociedad: rápido, sin muchas preguntas y consumiendo lo máximo posible. Pero hay otra forma de vivir: la del peregrino. Este libro nos ayuda a profundizar en esta forma de vivir, sin prisas, confiando en Dios y escuchando lo que quiere para nosotros. Un libro que desde la esperanza que es Dios mismo, nos ayuda a parar y rezar. Como dijo el Papa Francisco en 2020: «tú rezas y la esperanza crece».

Ojalá este libro sea un instrumento para que cada uno de los que lo leamos podamos crecer en esperanza y así podamos contagiarla a los otros en un mundo tan necesitado de ella.

«Responder a esta llamada de esperanza requiere de nosotros el esfuerzo y la pasión de la conversión interior, que pueda manifestarse en la múltiple forma de vivir. Esto pide de nosotros, antes que nada, acercarnos a través de la oración, a la experiencia del encuentro íntimo con el Señor. Siendo esa la fuente de nuestra esperanza». (p 12)

Este libro es una propuesta de Ejercicios espirituales centrada en la esperanza cristiana. Inspirado en el método ignaciano, ofrece meditaciones y oraciones para cinco días, orientadas a quienes desean hacer un alto, mirar su vida y reencontrarse con Dios. Pensado para el silencio, el diálogo interior y el discernimiento, es una herramienta útil tanto en retiros personales como en acompañamientos grupales. A través de una pedagogía sencilla y profunda, este itinerario espiritual ayuda a reavivar la fe, acoger la misericordia y seguir caminando con esperanza, en comunidad y en la Iglesia. 

De la mano de la Hermana Sara M. García Tolmo SAC -Hermana del Santo Ángel- y del P. David Cabrera Molino SJ -Jesuita-. La Hermana Sara es actualmente la directora del Colegio Santo Ángel de Gijón. El P. David es psicólogo clínico, trabaja como psicoterapeuta en la UNINPSI (Unidad Clínica de Psicología) de la Universidad Pontificia Comillas. Máster en Teología Espiritual y apasionado de la espiritualidad ignaciana, su vida gira en torno a la ayuda a otros a través del acompañamiento tanto terapéutico como espiritual. Actualmente es el Superior de la Comunidad de Jesuitas de Maldonado y Párroco in solidum de San Francisco de Borja (Madrid).

viernes, 23 de enero de 2026

Domingo de la Palabra de Dios 2026

(C.E.E.) La Iglesia celebra el VII Domingo de la Palabra de Dios este 25 de enero de 2026. El Dicasterio para la Evangelización  ha elegido como título para esta edición el lema: “La palabra de Cristo habite en vosotros” (Col 3,16). Esta Jornada tiene como objetivo mostrar la importancia de la Palabra de Dios en la vida cotidiana de la Iglesia. Ella es una Palabra que permanece siempre viva y se hace signo concreto y tangible.


Para esta edición, Juan Carlos García Domene, director de la BAC, ha preparado un vídeo donde habla sobre la Jornada, la importancia de la Palabra de Dios para los cristianos y la última edición de la Biblia: ‘La Biblia. Escrutad las Escrituras’. Esta versión cuenta con el texto oficial de la Conferencia Episcopal Española y con un índice para escrutar la Palabra, entre otras novedades.

Además, el Dicasterio para la Evangelización ha preparado un subsidio litúrgico-pastoral que incluye diversos materiales, como textos para la reflexión y oración, propuestas pastorales o un esquema para la Celebración Eucarística. También cuenta con una presentación de Mons. Rino Fisichella, Pro-Prefecto del Dicasterio.

Contexto del Domingo de la Palabra de Dios

Esta Jornada la instituyó el papa Francisco el 30 de septiembre de 2019, a través de la carta apostólica en forma de motu proprio Aperuit illis, con el fin de promover y animar la lectura de la Palabra de Dios entre los fieles y en la pastoral ordinaria.

Esta iniciativa del Santo Padre supone una invitación a toda la Iglesia a dedicar un domingo completamente a la celebración, reflexión y divulgación de la Palabra de Dios «para comprender la riqueza inagotable que proviene de ese diálogo constante de Dios con su pueblo».

Las monjas reales de «Los domingos», en Gijón: la historia de sor Jerónima y sor Haizea, 31 y 27 años

(Rel.) En Gijón (Asturias, España) conviven dos realidades que mucho llaman la atención: mientras las vocaciones religiosas continúan disminuyendo en buena parte del mundo, en la ciudad asturiana aparecen casos de mujeres jóvenes que han decidido entregar su vida a Dios.

Entre ellas se encuentran sor Haizea Allende, de 27 años, y sor Jerónima, de 31, pertenecientes a comunidades muy distintas y con misiones igualmente diversas. La Nueva España cuenta sus casos.

La historia de sor Jerónima refleja un fenómeno frecuente en Hispanoamérica, donde el descenso vocacional no es tan acusado. Tres de las cinco madres Agustinas de Somió —una de las dos congregaciones contemplativas de Gijón— proceden de Guatemala, y ella es la más joven del grupo.

Recuerda que desde niña deseaba "ser de Dios", aunque no sabía cómo acercarse a las religiosas. Con el tiempo, la paz que sentía al ir a la iglesia le confirmó que Dios la llamaba. Hoy asegura sentirse muy acogida en Gijón: "La gente nos quiere mucho y nos ayuda".

Para estrechar aún más ese vínculo, explica que este año han comenzado a vender rosquillas y pastas elaboradas por la comunidad.

Muy diferente es el camino de sor Haizea Allende, natural de Bilbao y miembro de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl. Forma parte del grupo de seis religiosas que trabajan en la Asociación Gijonesa de Caridad, responsable de la Cocina Económica.

Inició su postulantado en Burgos a los 24 años, continuó su formación en el seminario de Madrid y pasó dos años en un centro asistencial para personas con discapacidad en Mondoñedo antes de ser destinada a Asturias hace apenas cuatro meses.

En la Cocina Económica, su labor consiste en recibir a quienes acuden a comer y acompañarlos en sus necesidades más básicas. "También les acompaño al médico y les doy apoyo junto a una trabajadora social", explica.

Como el resto de sus compañeras, renueva sus votos simples cada 25 de marzo. La superiora del centro, sor Asunción Echarri, valora enormemente la llegada de una religiosa tan joven: "Es muy importante. La sociedad vive momentos de crisis y cuesta que surjan vocaciones, pero es fundamental que entren personas así". Añade, además, que es más habitual que las vocaciones aparezcan a partir de los 40 años.

La presencia de estas jóvenes religiosas recuerda, en cierto modo, a la protagonista de la película Los domingos, donde Ainara, una chica de 17 años, confiesa a su familia sentirse cada vez más cerca de Dios y atraída por la vida consagrada.

En un tiempo en el que la tendencia general apunta a la disminución de vocaciones, encontrarse con historias como las de sor Haizea y sor Jerónima resulta especialmente gratificante.