Hoy es la Solemnidad de la Epifanía del Señor, un día muy especial dentro del tiempo de Navidad, y es que celebramos cómo Dios se manifestó a todos los pueblos de la Tierra. Esto es lo que de algún modo simbolizan los Magos; que Dios ha venido para todos, los de mayor edad o menos, los tez oscura o clara, los de lengua conocida o desconocida... Y algún día esperamos que se haga verdad las palabras del Salmista y que se postren ante Él ''todos los pueblos de la tierra''. Pero no por obligación, sumisión o temor, sino por que el mundo crea que sólo Jesucristo es nuestro camino, que es Dios mismo quien nos lo ha enviado y qué, únicamente, en su Reino no habrá llanto, ni luto ni dolor. En estos días de Navidad el símbolo de la estrella ocupa un lugar especial: la colocamos en lo más alto de los árboles, en el nacimiento, en la decoración de nuestras casas y calles... Y es que la estrella es la que siguieron los Magos y que les llevó hasta el Salvador.
Esta liturgia es muy antigua, pues la Iglesia hizo suya esta verdad de cómo Dios se nos reveló en tres detalles muy concretos de su vida, el primero éste de su más tierna infancia, después tras treinta años de vida oculta en Nazaret su bautismo en el Jordán, y en los primeros días de su vida pública en el milagro del agua convertida en vida en las bodas de Canaá. En nuestra Patria esta es una jornada muy especial: Se celebra la Pascua Militar. En otros países del mundo hoy es un día laborable, pero en España el 6 de enero la consideramos la fiesta de los Santos Reyes, el día de los niños y un día familiar por antonomasia. Esto tiene su lado negativo y positivo: negativo si nos quedamos tan sólo en que hoy es un día de "los reyes magos", regalos nada más; el lado positivo es si a este lado más propio de la infancia, los adultos nos sabemos preguntar: ¿A quién busco yo? ¿Está la búsqueda de la santidad en mi carta a los Reyes? ¿Tengo a Cristo por Rey de mi vida, a quien verdaderamente venero?...
El tiempo de Navidad debe cambiar nuestra percepción de Dios; nosotros ya no podemos decir que es una incógnita, que desconocemos si "hay algo", o poner en duda su justicia. Él ha roto el muro que nos separaba, y ha venido a nosotros, no como juez justiciero, sino como niño tierno y dulce ante el que se nos cae la baba... Lo desconocido nos asusta y nos produce rechazo, por eso el Señor ha querido dejar de ser abstracto a nuestro ojos y volverse visible y concreto llegando como nosotros. Abramos nuestro corazón a la bondad y a la verdad del Señor que ha tomado nuestra carne y se nos da a conocer. Y he aquí la profecía de Isaías que hemos escuchado en la primera lectura y que bien describe la escena que en este día contemplamos: ''Caminarán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora''. También nosotros somos caminantes, peregrinos, mendigos de respuestas... Estos Magos, astrónomos o sabios, eran ante todo ésto: buscadores, no de algo material, sino de lo más grande y que da sentido a todo: ¡al esperado! Al Mesías que habría de venir a unir cielo y tierra... Podemos y debemos pedirle al Señor en esta solemnidad de la Epifanía que seamos capaces de ver la luz, de ver su luz. Pues vivir a la luz de Dios implica dos realidades, por un lado estar lejos de la oscuridad del pecado y, por otra, no habitar en tinieblas. El salmo 35 dice: ''tu luz Señor nos hace ver la luz''... A esto nos referimos: vivir en la luz de Dios no es únicamente alejarnos del pecado, sino también ser capaces de ver tanto bueno que hay a nuestro alrededor y que no siempre logramos ver.
Hay otro tema muy presente en la liturgia de la palabra de este día, como es la cuestión de los gentiles. San Pablo es muy explícito en su carta a los Efesios: ''Habéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado en favor de vosotros, los gentiles. Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio, que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos''. Claro; el evangelio de hoy nos pone de relieve que el Mesías nace en Belén de Judea, y quienes se presentan interesados en ir a verle, adorarle y llevarle regalos no son sus parientes cercanos o sus paisanos; no es su pueblo, no son judíos los que van a postrarse ante el recién nacido, sino tres "gentiles". Así Jesús vino a los suyos, al pueblo que llevaba siglos clamando y rogando su venida, y cuando llega, los suyos no le reciben. Los tres Magos representan precisamente ésto. Las primicias de toda nación que sabe reconocer al Señor, aceptar su evangelio y, por ende, su salvación.
En este día concluye también el Jubileo de 2025 con el cierre de la Puerta Santa en la Basílica de San Pedro del Vaticano. Pedimos por los frutos de este año de gracia, para que sigamos cultivando la esperanza cristiana en nuestros días. Han sido más de 33 millones de católicos los que han peregrinado a Roma en este año jubilar; ojalá sean muchos los corazones tocados y convertidos por la gracia en este tiempo. De forma especial oramos por el Papa León XIV, a quien esperamos ver pronto como peregrino en nuestro suelo Patrio, tierra de María, como anticipó su antecesor, San Juan Pablo II.

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