domingo, 11 de enero de 2026

''Se bautizó Jesús''. Por Joaquín Manuel Serrano Vila


Hay una antífona de la liturgia de las horas que resume estas ''Epifanías'' que en estas jornadas recordamos; dice así: "Veneramos este día santo, honrado con tres prodigios: hoy la estrella condujo a los magos al pesebre; hoy el agua se convirtió en vino en las bodas de Caná; hoy Cristo fue bautizado por Juan en el Jordán, para salvarnos''. Es cierto que este domingo centramos nuestra atención principalmente en el bautismo, pero no perdamos de vista los otros dos hechos. Los tres son lo mismo: manifestación y revelación de Dios a los hombres. Con esta celebración del bautismo del Señor, concluimos el tiempo litúrgico de Navidad, y nos incorporamos al Tiempo Ordinario. Hoy día tenemos la costumbre de hacer como las tiendas y los ayuntamientos, al día siguiente de "reyes" apagamos luces, quitamos decorados y al trastero, pero para los cristianos el día en que ponemos fin a la Navidad es hoy; nosotros no tenemos prisa por terminar este Tiempo para empezar con las rebajas, por eso hasta la fecha tradicional de retirar el belén es aún más postrera que el fin mismo de la Navidad: el día de "la presentación del Señor", el 2 de febrero. Esto nos pueden parecer detalles sin importancia, pero estas cosas nuestros antepasados las cuidaban mucho; también nosotros deberíamos recuperar muchos gestos que hemos dejado caer en el olvido. Pero, ante todo, concluyamos esta Pascua Navideña con alegría: Dios se nos ha dado a conocer en un niño recién nacido, al que hoy vemos iniciar su vida pública acudiendo a la orilla del río Jordán a ser bautizado por Juan. 

La primera lectura del profeta Isaías, con su cántico del siervo sufriente, nos regala una descripción perfecta para este día: ''He puesto mi espíritu sobre él, manifestará la justicia a las naciones''. Así fue; Dios mismo en el evangelio hará oír su voz: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco». También el salmo apunta este mismo gesto al decir: ''la voz del Señor sobre las aguas''. Hoy no vemos tanto a un Jesús sufriente, más sí a un Jesús que se humilla por amor. Sólo esto puede explicar que quien no necesitaba bautizarse lo hiciera, que el que es semejante a nosotros en todo menos en el pecado se abajara poniéndose en la fila de los pecadores, aguardando su turno para bajar a las profundidades del agua. Atrás quedan los treinta años del silencio de Nazaret, de la intimidad de su hogar, niñez y juventud. Con este gesto se da el inicio de su ministerio, donde Jesús hará suya la misión que profetiza Isaías: ''para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la cárcel, de la prisión a los que habitan en tinieblas''. 

La segunda lectura de este día, tomada del libro de los Hechos de los Apóstoles, nos recuerda cómo ''Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo''. Para Jesús el bautismo en el Jordán fue el comienzo del anuncio del reino de Dios. También para cada uno de nosotros el día de nuestro bautizo empezó nuestra propia historia de fe. Por ello nosotros debemos dar gracias en esta celebración de aquel bendito día, de ese lugar donde fuimos incorporados a Cristo, de las personas que nos llevaron a la pila, del ministro que lo ofició... Es también volver con la mente y el corazón a Galilea, donde comenzó todo, donde empecé sin saberlo a ser hijo, teniendo bien claro que Dios sería para mí Padre. No faltan en este relato nuestras rebeldías, ingratitudes y olvidos de hijos, más Él no toma venganza, no lleva cuentas del mal, perdona siempre, nos aguarda en todo momento. Jesucristo vino al mundo para llevar a cabo la voluntad del Padre;es una gran pregunta para hacernos en esta mañana: ¿está en los planes de mi vida cumplir el plan que Dios tiene pensado para mí?... 

El relato del evangelio tomado del capítulo 3 de San Mateo, nos dice que Jesús se presentó en el Jordán para que Juan lo bautizara. Esta escena es considerada por muchos como la bisagra que separa y al mismo tiempo une el antiguo testamento y el nuevo, como también de otro modo, la antigua alianza frente a la nueva alianza. Lo que sí queda atrás es el tiempo de las promesas, para empezar el tiempo del cumplimiento. En el pasado se dijo, y ahora vemos que en Jesús se cumple esa palabra que se había dicho y anunciado. El texto del evangelio de hoy proclama: ''Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él''. Poco después, cuando vuelva a su pueblo, dirá en la Sinagoga: ''el Espíritu del Señor está sobre mí, por que Él es quien me ha ungido para dar la buena noticia a los pobres''. Jesús se está refiriendo a este momento en que queda de manifiesto el carácter profético de su misión. Incluso en la misma negativa de Juan a bautizar a su Primo, pues era de Él de quien ya había advertido que venía tras de sí, y que no era digno de desatarle la correa de las sandalias. Jesús no discute con el bautista, le dice simplemente ''Conviene que así cumplamos toda justicia'': ¿Se refiere a que Jesús se bautizó sólo por cumplir lo previsto?... Hay mucha más hondura en esta frase, más allá de que acepta pasar por algo que le es innecesario. Lo que aporta esta acción del Señor es que muestra su corazón con una inmensa caridad para con el hombre.

 El bautismo nos abre las puertas hacia la salvación, nos convierte en hijos en el Hijo. Damos gracias al Señor por este inmerecido regalo, que nos permite vivir la filiación divina injertados ya en la eternidad. Jesús viene a sanarnos del pecado, y a acercarnos al Padre, a hacernos hijos y hermanos. 

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