miércoles, 14 de enero de 2026

Pizzaballa pide reactivar las peregrinaciones a Tierra Santa: «Volved, es absolutamente seguro»

(Infovaticana) Hay una frontera que ni la propaganda, ni la represión, ni los cálculos diplomáticos pueden borrar del todo. El cardenal Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén, la describe con una frase simple: el deseo de los pueblos de vivir una vida digna. Y advierte que cuando esa exigencia se ignora, la tensión vuelve a estallar, en Irán y también en Tierra Santa. El purpurado habla desde Jordania, en el Mar Muerto, donde participa en un encuentro de actualización con unos sesenta sacerdotes del Patriarcado latino, junto a varios obispos y vicarios. Su lectura del momento es clara: las autoridades pueden intentar contener la situación, pero no pueden sofocar indefinidamente el hambre de paz, justicia y dignidad, “parte integrante de la conciencia de toda persona”.
Una diócesis atravesada por la guerra en cuatro países

Pizzaballa no habla en abstracto. El Patriarcado latino —recuerda— cubre cuatro naciones y todas, de una manera u otra, están condicionadas por el conflicto. No del mismo modo, pero sí con heridas reales.

En Jordania, explica, el golpe ha sido sobre todo económico y social: parálisis comercial, incertidumbre y dificultades para los desplazamientos. En Cisjordania, en cambio, la situación “se deteriora continuamente”, agravada por fronteras cerradas y falta de permisos que asfixian la vida ordinaria de la comunidad palestina. En Israel, especialmente en Galilea, señala un fenómeno menos visible pero corrosivo: una creciente separación entre la mayoría judía y la minoría árabe, con una crisis de convivencia que ya no es solo económica, sino relacional.

Gaza: “no hay guerra abierta”, pero siguen las muertes

Donde su diagnóstico se vuelve más duro es en Gaza. Pizzaballa subraya que, aun con el alto el fuego y el descenso de la “guerra guerreggiata”, la realidad no se ha normalizado. Habla de bombardeos selectivos, de una devastación que no retrocede y, sobre todo, de una emergencia silenciosa que mata sin titulares: la falta de medicinas básicas.

Según su descripción, hoy puede haber algo más de comida que antes, pero no hay antibióticos ni tratamientos elementales; se muere por frío y se muere por ausencia de asistencia médica, en un horizonte que sigue siendo “muy incierto” para la población. La expresión que usa no deja margen: la situación permanece de “total devastación”.

“Volved”: el llamamiento a los peregrinos

Con el mismo realismo con el que describe la crisis, Pizzaballa lanza un mensaje: pide que los peregrinos vuelvan a Tierra Santa, incluida Jordania, a la que presenta como una parte “más serena” y vital de la diócesis, con una comunidad católica joven y cohesionada.

Su apelación va más allá del turismo religioso: entiende el peregrinaje como un gesto de fe y también como sostén concreto de comunidades cristianas que viven en tensión permanente. Por eso insiste en organizar peregrinaciones y afirma que es “absolutamente seguro”. Además, recurre a una imagen espiritual clásica: Tierra Santa como un “quinto Evangelio”, una experiencia que vuelve la fe más concreta al tocar los lugares del Señor.

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