(De profesión cura) Cada vez me repatea más que me pidan ayuda para cosas que deberían estar más que resueltas desde el estado o desde la Iglesia.
¿A ustedes les parece normal que tengamos que seguir pidiendo para el cáncer? ¿Es lógico andar solicitando donativos para atender a personas con discapacidad? ¿Y eso de recoger taponcitos para los niños enfermos? ¿Para qué doy entonces mis impuestos? ¿Para ideología de género, cine gilipollesco, contratos fake, chiringuitos de amiguetes y mariscadas socio laborales? Hombre, no. Hay que hacerlo al revés.
El cáncer, la atención a las personas vulnerables, Cruz Roja que se nutran de nuestros impuestos. Y que monten mesas petitorias para cine experimental, congresos sobre la ideología de género en Pakistán, teatro tan alternativo que la gente, alternativamente, se va a otro sitio.
Me pasa igual en la Iglesia. Un ejemplo que hoy está en algunos medios: la ayuda a las comunidades contemplativas para que no pasen frío en este crudo invierno. Una iniciativa solidaria que busca recaudar 100.000 euros durante el mes de enero para ayudar a 80 monasterios y conventos de toda España a hacer frente a los gastos de calefacción. El año pasado, en la primera edición de esta campaña de micro mecenazgo, la fundación logró alcanzar los 68.500 euros, que permitieron ayudar a 64 comunidades contemplativas, lo que supuso una ayuda media de 1.070 euros por convento.
Oigan, oigan… ¿me están diciendo que hay que pedir limosnas a los fieles para que las hermanas mayores no necesiten ponerse tres pares de calcetines para aguantar un invierno gélido? ¿Y estamos contentos porque con un poco de suerte este año a lo mejor se pueden mandar 1.500 € a cada convento? En el ejercicio fiscal 2024 (declaraciones presentadas en 2025): la Iglesia Católica recibirá aproximadamente 429,3 millones de euros por el 0,7 % del IRPF, una cifra histórica y superior a ejercicios anteriores. Leche, ¿necesitamos pedir limosnas para estas cosas?
Por lo civil y por lo eclesiástico me parece una vergüenza.
Las comunidades contemplativas son de una austeridad que impacta. Ante los fríos del invierno recurren a sistemas de calefacción anticuados y poco eficientes por ser lo único que pueden permitirse económicamente. Algunas disponen únicamente de estufas de propano o butano, mientras que otras utilizan gasóleo almacenado en grandes depósitos que deben rellenarse varias veces al año. Solo unas pocas comunidades, situadas en ciudades, tienen acceso al gas natural canalizado. En algunos casos se emplean estufas o calderas de pellets o, todavía hoy, estufas de leña.
Si no encuentran otra solución pues echaremos una mano, solo faltaba. Pero creo que ustedes me entienden.

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