jueves, 3 de noviembre de 2022

El cardenal Van Thuan y las cárceles de la rutina. Por Antonio R. Rubio Plo

(Páginas digital) Se han cumplido veinte años de la muerte del cardenal vietnamita François-Xavier Nguyen Van Thuan, que pasó trece años en las cárceles comunistas. De sus trece años en las cárceles comunistas dio testimonio en El camino de la esperanza y Cinco panes y dos peces. Nueve de esos años fueron en una celda sin ventanas, y durante días enteros la única iluminación era la luz eléctrica, aunque a veces tuvo que permanecer a oscuras en jornadas interminables, sometido siempre a una sofocante sensación de calor y humedad.

En los primeros tiempos de su cautiverio Van Thuan no acababa de comprender por qué le estaba pasando esto. Se acordaba de su diócesis y de las obras que tenía pendientes en ella: visitas pastorales, formación de sacerdotes y religiosos, catequesis… El tiempo parecía haberse detenido indefinidamente. Era fácil caer en el planteamiento de tantos prisioneros, y de otras personas que viven atadas a una determinada rutina: pasarse la vida esperando el día de la liberación, el día de la sorpresa inesperada que cambiará drásticamente su suerte, pero ese día no llega nunca. Se vive con la cabeza en el futuro, perdiendo de vista el presente y cultivando la nostalgia del pasado, idealizado hasta la distorsión. No hay una aceptación del principio de realidad, y para vivir una situación así no hay que estar tras los barrotes de una prisión.

La causa de beatificación de Van Thuan está abierta desde hace tiempo y ahora se estudia un posible milagro que la lleve a su culminación. Si en un día, no muy lejano, Van Thuan se cuenta entre los beatos de la Iglesia católica, querría proponer que tomara bajo su patrocinio no solo a los encarcelados o perseguidos por su fe sino también a todos aquellos cristianos que viven una vida estresante, en la que los afanes y preocupaciones de este mundo sofocan la semilla del evangelio, en la que la religión se reduce al cumplimiento de unas determinadas obligaciones o a un moralismo que se da por satisfecho cuándo cree saber si esto o aquello es o no es pecado. Separar el cristianismo de la vida corriente es, aunque muchos no lo perciban, una prisión, en la que pueden caer no solo los cristianos no practicantes sino también aquellos que reducen su cristianismo a unas prácticas de piedad separadas del mundo y de la vida, por no decir de la gente.

Van Thuan cuenta en El camino de la esperanza que un día le pareció oír una voz interior que le decía: “¿Por qué te atormentas así? Tienes que distinguir entre Dios y las obras de Dios”. Este obispo vietnamita se lamentaba de lo que no podía hacer en la cárcel: obras, obras… Es lo que se suele llamar activismo, que a menudo supone descuidar el trato con Dios. Se puede querer atender a las obras del Señor, pero no al Señor de las obras. ¿Qué se está buscando? ¿A quién se está buscando? ¿A uno mismo? ¿A la inagotable sed de reconocimiento que tiene el ser humano de los demás?

Hay personas que viven difíciles situaciones y no son pocos los que gritan a la cara: en cuanto se resuelva mi problema, me acercaré más a Dios, frecuentaré la Iglesia, acudiré a las reuniones de un grupo cristiano… Pero también es posible que cuando ese problema esté en vías de solución, la pereza invada a esa persona y ya no vea con tanta urgencia tomarse su cristianismo en serio.

Me contó una vez un joven ejecutivo y padre de familia que no encontraba tiempo para rezar en medio de una jornada laboral muy exigente. Como en tantos otros casos, el resultado era un cansancio abrumador y no pocos esfuerzos por la noche para estar al lado de su mujer y sus hijos. ¿Dónde iba a encontrar tiempo para Dios? Era consciente de que tenía que ofrecer su trabajo, aunque no veía tan claro qué momentos podía dedicar a la oración o a la lectura y meditación del evangelio. Pensé en el ejemplo de Van Thuan en la cárcel, que lucha por no olvidar a Dios, por recordar su continua presencia con su ingenio para celebrar en secreto la eucaristía con unas migas de pan y unas gotas de vino que supuestamente le servían de medicina. Luego vendría la necesidad de escribir cartas a sus diocesanos, en todo papel o cartón que tuviera a mano, y que pasaba a un niño que venía de vez en cuando a visitarle. El amor, en este caso a Cristo, agudiza el ingenio, y yo añadiría que también lo agudiza el amor a la vida, que pasa por el amor a otros, en ese querer salir de las prisiones en que uno mismo se ha metido, muchas veces con excusas nobles, sean laborales o familiares. Esas excusas pueden hacer, aunque eso no se busque, que un cristiano no tenga a Dios en el centro de su vida.

Con todo, no es una cuestión de voluntarismo, de demostrar, a no se sabe quién, que tenemos más resiliencia que nadie. Van Thuan pone en uno de sus libros los ejemplos de Gedeón y David que hacen frente a los madianitas y a Goliat con muy pobres recursos. En el caso de David la armadura de Saúl no le aporta seguridad, sino que es un pesado estorbo. Una honda y unas piedras le servirán ciertamente más, pero lo decisivo consistirá en que pone una confianza plena en Dios. Una confianza que también tenía Van Thuan, un hombre de esperanza en medio de grandes dificultades.

La ACdP lanza una campaña en marquesinas sobre los mártires de España tras aprobarse la Memoria Democrática

(Religión Confidencial) La Asociación Católica de Propagandistas (ACdP) ha lanzado una nueva campaña de marquesinas para "celebrar y reivindicar la memoria de los mártires de la persecución religiosa en España".

La Asociación ha instalado carteles en más de 40 ciudades de toda España -entre otras, en Madrid, Málaga, Albacete o Gerona- en las que se recuerda que durante el siglo XX murieron en nuestro país más de 10.000 personas por no renunciar a su fe en Jesucristo, según datos de la Conferencia Episcopal Española. 

Perdonando a sus verdugos

"España es el país donde más personas han muerto perdonando a sus verdugos", rezan las marquesinas de la campaña, que coincide con la Fiesta de los Santos Mártires de la Persecución Religiosa del siglo XX en nuestro país. Cada 6 de noviembre, la Iglesia recuerda a los 2.053 fieles cristianos asesinados por su fe entre 1931 y 1939 y que ya están en los altares: 12 de ellos han sido declarados santos y 2.041, beatos.

Los carteles recogen estas cifras y recuerdan que la persecución no es cosa del pasado: "Hoy, más de 360 millones de cristianos en todo el mundo siguen siendo perseguidos y discriminados por su fe", según cifras publicadas por la ONG Puertas Abiertas. 

Las marquesinas incluyen -a través de un código QR- un vídeo que expande este dato y lo liga al testimonio de los mártires de Barbastro, donde asesinaron al 90% del clero en agosto de 1936. El vídeo (se puede ver aquí) ha superado las 5.000 visualizaciones en el primer día del lanzamiento.

La campaña más complicada

La campaña responde al carisma propio de la ACdP, que busca fomentar la presencia católica en el espacio público. Todas las acciones recientes de la Asociación han encontrado resistencia, pero esta -paradójicamente- ha sido la campaña más complicada de llevar hasta la calle: todas las empresas concesionarias contactadas han pedido cambios -algunos inasumibles-, y solamente una ha accedido finalmente a instalar los carteles.

De esta manera, una campaña que responde al tema nacional de la ACdP para este año –«Proponemos la fe, transmitimos un legado»- se convierte también en un puente con el del año anterior: la cultura de la cancelación. Las marquesinas llegan a la calle, además, en medio de la polémica levantada por la recientemente aprobada Ley de Memoria Democrática, que busca instalar un relato único sobre el pasado y difuminar la realidad de la persecución religiosa que tuvo lugar en España.

miércoles, 2 de noviembre de 2022

Responso por los fieles difuntos

+ En el nombre del Padre...

En Jesucristo, Señor nuestro, ponemos nuestra esperanza, y así, aunque la certeza de morir nos entristece, nos consuela la promesa de la futura inmortalidad. Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; sabiendo que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más.

Queridos hermanos: nos encontramos hoy en este cementerio para recordar a nuestros hermanos que murieron en la paz de Cristo y confiarlos con fe y esperanza, al amor de Dios Padre Misericordioso. Ya que por el bautismo fueron incorporados a la Iglesia, la familia de Cristo y, unidos a nuestra comunidad participaron asiduamente en la mesa del Señor; pidamos, pues, ahora a Dios que los creó, los alegre también en el banquete de su Reino y puedan así gozar con los santos y elegidos de los premios eternos.

V/ . Venid en su ayuda, Santos de Dios; salid a su encuentro, Ángeles del Señor. Recibid sus almaa, y presentadla ante el Altísimo. Cristo que os llamó, os reciba y los Ángeles os conduzcan al regazo de Abraham.

Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad.

El mismo Señor, que lloró junto al sepulcro de Lázaro que, en su propia agonía, acudió angustiado al Padre, nos ayude a decir: Padre nuestro...

Ya que este primer mundo ha pasado definitivamente para nuestros hermanos difuntos, pidamos ahora al Señor que le conceda gozar del cielo nuevo y de la tierra nueva que Él ha dispuesto para sus elegidos.

V/. Que Cristo que por ellos sufrió muerte de cruz, les conceda la felicidad verdadera. 
R/. Te lo pedimos, Señor.

 V/. Que Cristo, el Hijo de Dios vivo, los acoja en su paraíso. 
R/. Te lo pedimos, Señor. 

V/. Que Cristo, el Buen Pastor, los cuente entre sus ovejas. 
R/. Te lo pedimos, Señor.

V/. Que Cristo perdone todos sus pecados y los agregue al número de sus elegidos. 
R/. Te lo pedimos, Señor. 

V/. Que pueda contemplar cara a cara a su Redentor y gozar de la visión de su Señor por los siglos de los siglos. R/. Te lo pedimos, Señor.

Absuelve, te rogamos, Señor, las almas de tus siervos difuntos de todo vínculo de pecado, para que, en la gloria de la resurrección, descansen resucitados entre tus santos y elegidos. Amén

V/ . Libra, Señor, su alma.
R/. De las penas del infierno.

V/ . Señor, escucha nuestra oración.
R/. Y llegue a ti nuestro clamor.

OREMOS

Señor Dios, que has querido que nuestros hermanos difuntos a través de la muerte, fueran configurados a Cristo, que por nosotros murió en la cruz; por la gracia renovadora de la Pascua de tu Hijo, aleja de tus siervos que reposan en este Camposanto de Lugones todo vestigio de corrupción terrena y, ya que quisiste marcarlos en su vida mortal con el sello de tu Espíritu Santo, dígnate también resucitarlos un día a la vida eterna de la gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor. R/. Amen.

V/ . Dales Señor el descanso eterno
R/. Brille para ellos la luz eterna

V/ . Descanse en paz.
R/. Amén.

V/ . Sus almas, y las almas de todos los fieles difuntos, por la misericordia de Dios descansen en paz
R/. Amén

Santos y difuntos, el más allá. Por Monseñor Demetrio Fernández

«Dichoso mes que empieza por todos los Santos y termina con san Andrés», dice un refrán popular. Es el mes de los Santos, es el mes de los difuntos, es el mes para pensar y relacionarnos con el más allá. Vivimos enfrascados en las tareas cotidianas, con el horizonte recortado de la actividad, o peor aún, del activismo que nos arrastra. Necesitamos de vez en cuando levantar el vuelo, levantar la mirada y otear el horizonte más amplio que da sentido al vivir de cada día.

Los Santos nos hablan de otra vida mejor, de otra vida que continúa más allá del tiempo, de una vida junto a Dios, en su presencia, saciados de su semblante y abrazados por su amor eternamente. Esa es nuestra vocación, ese es nuestro destino: vivir con Dios para siempre y prepararnos durante esta etapa terrestre para esa comunión plena con él. «Nos hiciste Señor para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti», nos recuerda san Agustín.

El cielo no es algo que puede esperar, porque el cielo es la unión con Dios Padre en su Hijo Jesucristo, hombre como nosotros, ungidos e impulsados por el Espíritu Santo. Ese trato y esa comunión con las tres Personas divinas ya ha comenzado desde el bautismo en cada uno de nosotros, esa es la dirección de todo nuestro caminar en la tierra. Se trata de alimentar esa comunión, esa relación personal con los Tres, y que vayan empapando cada instante de nuestro caminar.

Cuando prescindimos de ese horizonte, nos estrechamos, nos angustiamos, y nuestra existencia se extorsiona. Cuando contamos con esta perspectiva, la que da el tratar con las Personas divinas, nuestro corazón se ensancha, se dilata, se llena de plenitud. Los Santos nos recuerdan esta manera de caminar por la vida. Ellos van delante, ellos han vivido sensatamente la vida, ellos gozan de Dios a plena luz e interceden por nosotros. Son nuestros hermanos mayores, que nos ayudan en el camino de la vida.

Y entre los que ya han partido de este mundo, se encuentran aquellos que todavía están purificándose antes de disfrutar de Dios en plenitud. El Purgatorio no es un invento de los teólogos. El Purgatorio es la expresión última de la misericordia de Dios con nosotros, que nos hace evidente y palpable su amor y genera en nosotros por contraste el dolor precioso de la contrición. El bien que hagas y el mal que sufras te sirva para reparar tus pecados, nos dice el confesor antes de la absolución. Es decir, nuestro pecado es perdonado instantáneamente por Dios en el sacramento, pero el pecado ha dejado secuelas y cicatrices que solo serán sanadas por el crisol del amor. El Purgatorio es una respuesta de amor sin recortes, donde nuestra alma queda limpia y pura para acceder a la presencia de Dios.

La oración de la Iglesia por sus hijos difuntos, que todavía están en el Purgatorio, es constante. Son sus hijos preferidos, porque son los que más sufren en esa llama de amor por parte de Dios y del corazón humano en su presencia. Es un sufrimiento lleno de esperanza, porque goza ya de la salvación. Pero es un sufrimiento que reclama nuestra colaboración y la de todos los Santos en su favor. Cuando rezamos por un difunto, cuando ofrecemos la Santa Misa por él, estamos haciendo no sólo un acto piadoso, sino un acto de comunión y solidaridad con los que necesitan nuestra ayuda y coparticipación.

Mes de noviembre, mes de Santos y de difuntos. Mes para plantearnos de manera más explícita cuál es el sentido de nuestro caminar por esta vida. Esta peregrinación tiene su término, su final, su desembocadura en Dios. Pero esta peregrinación conlleva sus lágrimas, sus sufrimientos y dolores, porque apartados de Dios nos hemos acarreado la ruina. El amor de Dios irá calando en nuestro corazón abierto a ese amor para que sepamos reparar nuestros desvaríos y podamos retomar el camino del cielo.

martes, 1 de noviembre de 2022

Carta ante el día de Todos los Santos y el día de los fieles difuntos. Por Joaquín Manuel Serrano Vila

Queridos feligreses:

Retomamos a Dios gracias la plena normalidad; las celebraciones tanto del día de los Santos como de los Fieles Difuntos serán ya de la forma acostumbrada. Os invito a participar en familia de estos días, haciendo partícipes a los más pequeños de la tradición de acudir al cementerio para adornar las sepulturas y orar a los Santos para que intercedan por nuestros difuntos. Son días especiales para recordar a los que ya no están entre nosotros; es cierto que esto se puede hacer y se debe hacer más de una vez al año, pero en todo el orbe católico acudimos en estos primeros días de noviembre a nuestros camposantos para hacer memoria agradecida. Al igual que caen las hojas de los árboles en el otoño, tomamos conciencia de tantas personas importantes en nuestras vidas que se han ido yendo físicamente de nuestro lado. Son fechas para la nostalgia, el recuerdo, las flores y las lágrimas del alma y la memoria, pero sobre todo para la oración.

Tenemos la oportunidad estos días de ayudar a nuestros seres queridos difuntos, al igual que podemos ayudarles cada día del año. Necesitan que les echemos una mano desde la memoria y la oración por aquellas faltas y pecados que les marcaron en su partida. No nos olvidemos de las Benditas Ánimas del Purgatorio, aquellas almas de los fieles difuntos que ansían estar con Dios y que se ven privados aún de su presencia por sus pecados. Por eso tiene sentido ofrecer misas por el eterno descanso de los nuestros, ofrecer nuestros esfuerzos y sacrificios diarios para que su tiempo en el purgatorio sea más breve. No dejemos de confesarnos y comulgar en estos días -1 o 2- para obtener la indulgencia plenaria como nos recuerda la Iglesia, pidiendo por el Papa y ofreciendo ésta por las almas de los difuntos. Las pequeñas mortificaciones, las limosnas generosas y el rezo del santo rosario son formas de ayudar a nuestros difuntos. Esto puede sonar a algo anacrónico, rancio o desfasado, pero en absoluto; sigue muy presente en el sentir de los buenos creyentes y no debemos perderlo. El que ahora en la tierra es generoso con las Ánimas del Purgatorio tendrá una gran ayuda cuando ya él mismo no esté aquí.

Es también una costumbre muy pía orar a diario por el alma del purgatorio más necesitada. Ahí tenemos la actualísima devoción a "Jesús de la Divina Misericordia" de la que San Juan Pablo II era tan devoto; su paisana Santa Faustina Kowalska tuvo una experiencia mística sobre ésto que nos dejó relatado en su diario. Cuenta la Santa: “Vi al Ángel de la Guarda que me dijo que le siguiera. En un momento me encontré en un lugar nebuloso, lleno de fuego y había allí una multitud de almas sufrientes. Estas almas estaban orando con gran fervor, pero sin eficacia para ellas mismas; sólo nosotros podemos ayudarlas”.

Rezar por los difuntos es la certeza de que creemos que ellos no han desaparecido, acudir al cementerio debe ser una profesión sincera de fe, pero no quedarnos en el duelo lastimero o el recuerdo nostálgico vacío, sino debemos saber enfocar el dolor desde la esperanza que jamás defrauda. Los cristianos celebramos cada domingo una verdad que jamás hemos de obviar: ''Cristo ha vencido a la muerte, y nos ha hecho partícipes de su vida inmortal''. Obviamente somos humanos, el dolor y el desgarro son también reales, pero la diferencia radica en saber acudir al cementerio con horizonte de mañana, de Pascua... Los que conocemos la belleza de madrugar para andar en bici o correr temprano, sabemos de la hermosura del amanecer sobre el cielo de Lugones. Cuando el sol se pone sobre nuestro Camposanto y los primeros rayos de sol acarician las lápidas de los nichos uno se pregunta: ¿cómo sería de bella aquella mañana de Pascua en que nuestro Señor resucitó? O, ¿cómo será ese día que aguardamos ''en que los que están en el sepulcro oirán su voz''?. Ciertamente cada amanecer nos recuerda que habremos de despertar a la vida del mundo futuro, pero huyamos de rictus fúnebres -eso es sólo para modas como Haloween- y dejémonos transformar por la gracia de Cristo que está vivo y nos quiere vivos.

Quiero agradecer de forma especial la colaboración a la Funeraria San Pablo que se encarga del mantenimiento del Cementerio; sé que tienen mucho trabajo y muchos cementerios que atender, pero me consta que tratan de responder a todas las necesidades y sugerencias para el bien común. También quiero agradecer de forma pública a Fernando, fiel guardián de nuestro Camposanto a todas horas, el cual está siempre pendiente de cualquier contratiempo, avería o problema que se presente. Gracias también a todos los que facilitan y hacen posible que tengamos dignamente a nuestros seres queridos. Sé que en un cementerio tan grande es casi imposible que no aparezcan problemas: hurtos de flores o jardineras o floreros,  o que los del nicho de encima manchen al de abajo, o desaparezcan escobas o escaleras... Necesitamos poner todos un poco de nuestra parte no sólo pensando en lo que nada nos atañe sólo as unos, sino a todos. No nos compliquemos la vida unos a otros aquí, que ya bastante difícil es y, sobre todo, miremos más allá. No vivamos sumidos en la noche, hagamos nuestra esa verdad tantas veces cantada: "Bendita la mañana que trae la gran noticia,/ de tu presencia joven, en gloria y poderío,/ la serena certeza con que el día proclama/ que el sepulcro de Cristo está vacío".

Joaquín, párroco

Misas del Mes de Noviembre 2022



Martes, 01: 11´00h: Por Familiares difuntos de Martínez Manso
                                 Por los difuntos de la Familia Menéndez Prendes
                                 Por los familiares difuntos de Fernández García
                    12´30h: Por Bernardo, Leandro, Justo, Jesús y Julio (sacerdotes)
                    16´00h: Misa en el Cementerio Parroquial

Miércoles, 02: 19´30h: Por todos los fieles difuntos

Jueves, 03: 19´30h: Por Francisco Fernández López, Ana María López Fernández y familia
                                 Por Luciano Álvaro Bosquet, Vicente Rodríguez Higueras y familia
                                 Por María del Carmen Soler Flores –recientemente fallecida-
                                 Por José Cándido Vázquez Ronzón

Viernes, 04: 19´30h: Por Juan Bautista y familia

Sábado, 05: 19´30h: Por José Mesa García

Domingo, 06: 11´00h: Por Familiares difuntos de Martínez Manso
                       12´30h: Por Valeriano Rodríguez González

Martes, 08: 19´30h: Por Olga Vila Fernández

Miércoles, 09: 19´30h: Por Lourdes González (En su Primer Aniversario)

Jueves, 10: 19´30h: Por Valeriano (sacerdote)

Viernes, 11: 19´30h: Por José Herrero González

Sábado, 12: 19´30h: Por Madre María Paz

Domingo, 13: 11´00h: Por Chelín
                       12´30h: Por los bienhechores difuntos de la parroquia

Martes, 15: 19´30h: Por Antonio García, esposa e hijo

Miércoles, 16: 19´30h: Por Moraima, Toña y Lola

Jueves, 17: 19´30h: Por Santiago González Prado
                                Por Ángeles García
                                Por María Fernández
                                Por Alipio Pérez
                                Por María Salomé y familiares difuntos

Viernes, 18: 19´30h: Por Luis Marino Fernández Solís (sacerdote)

Sábado, 19: 19´30h: Por Purificación Llorente Díaz (En su Primer Aniversario)
                                  Por Margarita Centeno Llorente (En su Segundo Aniversario)

Domingo, 20: 11´00h: Por Miguel Pablo
                       12´30h: Por Animas del Purgatorio

Martes, 22: 19´30h: Libre

Miércoles, 23: 19´30h: Libre

Jueves, 24: 19´30h: Por Cecilio, Pablo y Basilio (sacerdotes)

Viernes, 25: 19´30h: Por Santiago Pérez (sacerdote)

Sábado, 26: 19´30h: Por Lucas García Martínez

Domingo, 27: 11´00h: Por todas las Hermanas del Santo Ángel fallecidas
                       12´30h: Por Mercedes y Teresa

Martes, 29: 19´30h: Por los cristianos perseguidos

Miércoles, 30: 19´30h: Por Severino Rubiera (sacerdote)

lunes, 31 de octubre de 2022

Hoja informativa + Cementerio Parroquial de Lugones 2022

MOVIMIENTO ECONÓMICO:

-SALDO a 01/11/2021: 12.118´87€

-INGRESOS por cuotas, servicios y colectas desde el 01/11/2021 al 31/10/2022: 15.105´00

Posiblemente como consecuencia de la Pandemia -por olvidos y desconexiones- que produjo ésta y sus consecuencias posteriores, seguimos observando que los ingresos por cuotas, servicios y colectas han disminuido sensiblemente. De igual modo, algunos sólo se ponen al día cuando se les exige por la Funeraria Concesionaria de los servicios al ejercitar -por necesidad- el “Derecho de Uso”. Seguimos teniendo por retrocesiones y recuperaciones de nichos algunos a disposición (adjudicables sólo a feligreses). Así mismo, indicamos que los nichos que reiteradamente y en el tiempo no abonen la cuota y/ó se encuentren en estado de “abandono”, podrán ser intervenidos ante la necesidad de nuevos enterramientos, trasladando los restos que hubiere en ellos con el debido decoro al Osario Parroquial.

LA CUOTA SE ACTUALIZADO EN 2022 EN 10€ NICHO/AÑO. LA ÚLTIMA REVISIÓN FUE EN EL AÑO 2012

TOTAL INGRESOS: 27.223´87€

GASTOS:

-Por reparaciones y arreglos de zonas comunes (desconchados, cargas, pinturas y saneamiento de nichos antiguos recuperados, drenajes y limpieza de desagües y alcantarillados)  10.226´32€

-Por retrocesiones compensadas en las titularidades de nichos antiguos  7.450´00€

-Por conservación, mantenimiento general y limpieza ordinaria 4.665´90€

TOTAL GASTOS: 22.342´22€

SALDO A 01/11/2022: 4.881´65€

Se mantiene el protocolo de recursos económicos y financiación:

A) -Cuotas y servicios; B) -Colectas de Funerales; C) -Aportaciones de la Parroquia

D) –Créditos (si hiciesen falta)

Las cuentas continúan saneadas y en “positivo”, aunque sigue siendo de vital importancia regularizar los “olvidos” de la Pandemia, y mantener la línea de responsabilidad en el pago de las cuotas para poder seguir atendiendo como se merecen y en un lugar digno a nuestros difuntos, enfrentando siempre juntos las eventualidades que se van presentando en el costoso mantenimiento ordinario de nuestro Camposanto.

CUENTA CEMENTERIO:

(BANCO SANTADER -antes “Popular”- Pero sigue siendo la misma cuenta y Oficina):

ES40 0075 0882 19 0600029256 (se debe pagar a nombre del titular, no de terceros, reseñando los nichos y adjudicatario real para la adecuada identificación y adjudicar debidamente el pago)

RECORDAMOS que el impago de la cuota puede dar lugar a la revocación del título del “Derecho de Uso” (quien abandona la obligación que conlleva un derecho, abandona también el propio derecho) y, en todo caso, no se atenderá ningún “servicio”, ni por la “Funeraria SAN PABLO” (encargada del Cementerio -antes “San Mateo”-) ni por la Parroquia, que no esté al corriente de pago. Igualmente, TODAS las obras que se realicen en los nichos o en su entorno han de contar con el PERMISO ESCRITO de la Parroquia, titular y única administradora del Cementerio y sus nichos, y, en caso de su concesión, quedará el mismo condicionado al cumplimiento del criterio estético que recoge la normativa eclesiástica vigente y que se reseña al reverso de los “Títulos o Escrituras.”

-Funeraria San Pablo: (985 27 79 99) exigirá siempre para cualquier intervención en los nichos el Título (“Escritura”) del “Derecho de Uso” y los recibos de estar al corriente de pago de las anualidades del 2005 en adelante, así como el Permiso de Obras para intervenir en ellos.

ANTE CUALQUIER DUDA O ACLARACIÓN DIRIGIRSE AL DESPACHO PARROQUIAL:

DE MARTES A VIERNES DE 18 A 19 HORAS; TF.985 26 04 14//URGENCIAS: 659 31 33 53