jueves, 4 de junio de 2020

Lugones con la Vida Contemplativa de la Diócesis

En el calendario litúrgico de este año la Iglesia celebra la solemnidad de la Santísima Trinidad el próximo domingo 7 de junio. Es la festividad escogida para la Jornada Pro orantibus.

Bajo el lema, «Con María en el corazón de la Iglesia» los obispos españoles nos invitan a oran por quienes continuamente lo hacen por nosotros: las personas consagradas contemplativas. Con este motivo, agradecemos a Dios esta forma de consagración que necesita la Iglesia.

 La Virgen María y la Iglesia constituyen el marco para la vida consagrada en España este año. Por ello, en la Jornada de la Vida Consagrada del pasado 2 de febrero la consigna fue «La vida consagrada con María, esperanza de un mundo sufriente». Entonces contemplábamos a María como modelo de esperanza para todos los consagrados que tratan de ser cercanos a tantas realidades de nuestro mundo marcadas por el dolor; ahora, María se nos ofrece como signo para la vida consagrada contemplativa, que está llamada, como ella, a habitar el corazón del cuerpo místico de Cristo, de la Iglesia que, con amor materno, acompaña a sus hijos e hijas en todo momento, pero sobre todo en la desgracia.

Para celebrar esta jornada en la clave cordial y eclesial que el lema escogido nos propone, podemos releer aquella página celebérrima del diario de santa Teresa del Niño Jesús, en la cual la joven –de espíritu a la vez misionero y contemplativo– describe cómo encontró su propia vocación dentro de los múltiples carismas con que Dios adorna a su pueblo:Al contemplar el cuerpo místico de la Iglesia, no me había reconocido a mí misma en ninguno de los miembros que san Pablo enumera, sino que lo que yo deseaba era más bien verme en todos ellos. Entendí que la Iglesia tiene un cuerpo resultante de la unión de varios miembros, pero que en este cuerpo no falta el más necesario y noble de ellos: entendí que la Iglesia tiene un corazón y que este corazón está ardiendo en amor. Entendí que solo el amor es el que impulsa a obrar a los miembros de la Iglesia y que, si faltase este amor, ni los apóstoles anunciarían ya el Evangelio, ni los mártires derramarían su sangre. Reconocí claramente y me convencí de que el amor encierra en sí todas las vocaciones, que el amor lo es todo, que abarca todos los tiempos y lugares, en una palabra, que el amor es eterno.

Todos nos hemos visto afectados por la crisis del «coronavirus» y sus consecuencias, también las comunidades contemplativas que viven de sus trabajos y dulces. La mejor forma en que las podemos ayudar en estos momentos es acercándonos en estos días al torno del Monasterio para comprarles algo, a nosotros no nos cuesta nada y a ellas les ayudaríamos mucho. Gracias










miércoles, 3 de junio de 2020

Con los Sagrados Corazones


Necrológica

Ha fallecido el sacerdote jesuita P. Alfredo Álvarez Fernández S.J. en Loyola sobre las 11:25 h. del día 1 de Junio de 2020; con 96 años de edad, 60 de sacerdote y 73 en la Compañía de Jesús. 

Nació en Oviedo el 13 de Enero de 1924

Ingresó en la Compañía de Jesús el 31 de Diciembre de 1946, siendo ordenado sacerdote en Frankfurt el 31 de Julio de 1959. Hizo los últimos votos en Bilbao el 02 de Febrero de 1964. 

Sus destinos fueron: 

Noviciado en Loyola (1947-1949)

Juniorado en Loyola (1949 - 1951)

Filosofía en Oña (1951 - 1954)

Magisterio en Deusto - Bilbao (1954 - 1957)

Teología en Oña (1957 - 1958)

Teología en Frankfurt (1958 - 1960)

Estudia Ciencias Políticas en Paris y Berlín (1960 - 1961)

Tercera probación en Salamanca (1961 - 1962)

Profesor de Derecho Político en Deusto - Bilbao (1962 - 1967)

Licenciatura en Derecho Canónico en la Gregoriana de Roma (1967 - 1970)

Profesor de Derecho Canónico, Político y Administrativo en la Universidad Pontificia de Comillas - Madrid (1970 - 1991)

Secretario de ICAI - Madrid (1978 - 1991). 

Destinado a la Comunidad de Oviedo (1991 - 2009)

Operario en Oviedo (1991-1993)

Colabora en el Colegio San Ignacio de Oviedo (1991- 1999)

Superior de la Comunidad de Oviedo (1993- 1999)

Prefecto de Iglesia de la Iglesia del Sagrado Corazón de Oviedo (1993 - 2009)

Juez del Tribunal Eclesiástico del Arzobispado de Oviedo (1993- 2009)

Vicesuperior de la Comunidad de Oviedo (2000-2001)

Ministro en Oviedo (2001-2009).

Colabora en la Iglesia del Sagrado Corazón de Santander (2009 - 2010)

Capellán de las Religiosas Angélicas de Santander (2009 - 2010)

Colabora en la parroquia de la Inmaculada de Gijón (2010 - 2015)

Colabora en la Basílica Sagrado Corazón de Jesús de Gijón (2010 - 2015)

Juez del Tribunal Eclesiástico del Arzobispado de Oviedo (2010 - 2015)

Operario en Oviedo (2015 - 2018)

Ora por la Iglesia y la Compañía en Loyola (2018 - 2020)

El martes día 2 de junio, a las 19:00 h., se celebró su funeral en la Basílica de Loyola, siendo inhumado en el panteón de la Compañía de Jesús

D. E. P.


''A ti levanto mis ojos,
a ti que habitas en el cielo.'' (Sal 122)

martes, 2 de junio de 2020

Este mes de junio rezamos por…

Conferencia Episcopal Española
Por los religiosos, consagrados a vivir en pobreza, castidad y obediencia, para que sus vidas sean testimonio del Reino de Dios en medio del mundo.

Papa Francisco

Intención de oración por la evangelización ‐ El camino del corazón Recemos para que aquellos que sufren encuentren caminos de vida, dejándose tocar por el Corazón de Jesús.

Junio: Mes del Sagrado Corazón. Por Teresa Vallés

Adoramos el Corazón de Cristo porque es el corazón del Verbo encarnado, del Hijo de Dios hecho hombre.

La imagen del Sagrado Corazón de Jesús nos recuerda el núcleo central de nuestra fe: todo lo que Dios nos ama con su Corazón y todo lo que nosotros, por tanto, le debemos amar. Jesús tiene un Corazón que ama sin medida. Y tanto nos ama, que sufre cuando su inmenso amor no es correspondido.

La Iglesia dedica todo el mes de junio al Sagrado Corazón de Jesús, con la finalidad de que los católicos lo veneremos, lo honremos y lo imitemos especialmente en estos 30 días.

Esto significa que debemos vivir este mes demostrandole a Jesús con nuestras obras que lo amamos, que correspondemos al gran amor que Él nos tiene y que nos ha demostrado entregándose a la muerte por nosotros, quedándose en la Eucaristía y enseñándonos el camino a la vida eterna.

Todos los días podemos acercarnos a Jesús o alejarnos de Él. De nosotros depende, ya que Él siempre nos está esperando y amando.

Debemos vivir recordandolo y pensar cada vez que actuamos: ¿Qué haría Jesús en esta situación, qué le dictaría su Corazón? Y eso es lo que debemos hacer (ante un problema en la familia, en el trabajo, en nuestra comunidad, con nuestras amistades, etc.). Debemos, por tanto, pensan si las obras o acciones que vamos a hacer nos alejan o acercan a Dios.

Tener en casa o en el trabajo una imagen del Sagrado Corazón de Jesús, nos ayuda a recordar su gran amor y a imitarlo en este mes de junio y durante todo el año.

Origen de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús

Santa Margarita María de Alacoque era una religiosa de la Orden de la Visitación. Tenía un gran amor por Jesús. Y Jesús tuvo un amor especial por ella.

Se le apareció en varias ocasiones para decirle lo mucho que la amaba a ella y a todos los hombres y lo mucho que le dolía a su Corazón que los hombres se alejaran de Él por el pecado.
Durante estas visitas a su alma, Jesús le pidió que nos enseñara a quererlo más, a tenerle devoción, a rezar y, sobre todo, a tener un buen comportamiento para que su Corazón no sufra más con nuestros pecados.

El pecado nos aleja de Jesús y esto lo entristece porque Él quiere que todos lleguemos al Cielo con Él. Nosotros podemos demostrar nuestro amor al Sagrado Corazón de Jesús con nuestras obras: en esto precisamente consiste la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.

Las promesas del Sagrado Corazón de Jesús:

Jesús le prometió a Santa Margarita de Alacoque, que si una persona comulga los primeros viernes de mes, durante nueve meses seguidos, le concederá lo siguiente:

1. Les daré todas las gracias necesarias a su estado.

2. Pondré paz en sus familias.

3. Los consolaré en todas las aflicciones.

4. Seré su refugio durante la vida y, sobre todo, a la hora de la muerte.

5. Bendeciré abundantemente sus empresas.

6. Los pecadores hallarán misericordia.

7. Los tibios se harán fervorosos.

8. Los fervorosos se elevarán rápidamente a gran perfección.

9. Bendeciré los lugares donde la imagen de mi Corazón sea expuesta y venerada.

10. Les daré la gracia de mover los corazones más endurecidos.

11. Quién propague esta devoción tendrán su nombre escrito en mi Corazón, y jamás será borrado de Él.

12. La gracia de la penitencia final: es decir, no morirán en desgracia y sin haber recibido los Sacramentos.

lunes, 1 de junio de 2020

Misa propia del día


Lunes después de Pentecostés 
Santa María, Madre de la Iglesia 
Memoria obligatoria


Antífona de entrada Hc h1, 14 
Los discípulos perseveraban unánimes en la oración junto con María, la Madre de Jesús. 

Oración colecta 
Dios Padre de misericordia, cuyo Unigénito, clavado en la cruz, proclamó como Madre nuestra a su propia Madre, María santísima, concédenos, por su cooperación amorosa, que tu Iglesia, siendo cada día más fecunda, se alegre por la santidad de sus hijos y atraiga a su seno a todas las familias de los pueblos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. 

Oración sobre las ofrendas 
Recibe, Señor, nuestras ofrendas y conviértelas en sacramento de salvación, por cuya eficacia y por la intervención amorosa de la santísima Virgen María, Madre de la Iglesia, nos llenemos de santo fervor y merezcamos quedar más íntimamente asociados, con ella, a la obra de la redención. Por Jesucristo, nuestro Señor. 

Prefacio: 
María, modelo y Madre de la Iglesia 

V/. El Señor esté con vosotros. 
R/. Y con tu espíritu. 

V/. Levantemos el corazón. 
R/. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V/. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. 
R/. Es justo y necesario. 

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, y alabarte en esta conmemoración de la Virgen María. 

Porque al aceptar ella tu Palabra en su corazón inmaculado, mereció concebirlo en su seno virginal y, al dar a luz a Cristo, preparó el nacimiento de la Iglesia. 

Porque ella, al aceptar junto a la cruz el encargo de tu amor, recibió como hijos a todos los hombres, redimidos por la Sangre de Cristo. 

Porque ella, al unirse a las oraciones de los Apóstoles y de los discípulos, que esperaban la venida del Espíritu Santo prometido, se convirtió en el modelo de la Iglesia suplicante. 

Y, desde su asunción gloriosa al cielo, sigue mostrando su amor a la Iglesia peregrina, y protege sus pasos hacia la patria del cielo, hasta que venga el Señor, lleno de gloria. Por eso, con todos los ángeles y santos, te alabamos sin cesar, diciendo: Santo, Santo, Santo... 

Antífona de comunión Cf. Jn 2, 1. 11 
Hubo unas bodas en Caná de Galilea a las que asistió María, la Madre de Jesús. En esa ocasión, Jesús dio principio a sus milagros, manifestó su poder y sus discípulos creyeron en él 

O bien: 

Cf. Jn 19, 26-27 
Desde la cruz, Cristo dijo al discípulo amado: He ahí a tu Madre. 

Oración después de la comunión 

Habiendo, recibido esta prenda de redención y vida, te suplicamos, Señor, que tu Iglesia, por la protección maternal de la santísima Virgen, instruya a todas las naciones, anunciándoles el Evangelio, y llene al mundo entero con la efusión de tu Espíritu. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Lecturas del día

Lunes después de Pentecostés
Santa María, Madre de la Iglesia
Memoria obligatoria

Lectura de los Hechos de los Apóstoles:
1, 12-14

Después de subir Jesús al cielo, los apóstoles se volvieron a Jerusalén, desde el monte que llaman de los Olivos, que dista de Jerusalén lo que se permite caminar en sábado. Cuando llegaron, subieron a la sala superior, donde se alojaban: Pedro y Juan y Santiago y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago el de Alfeo y Simón el Zelotes y Judas el de Santiago. Todos ellos perseveraban unánimes en la oración, junto con algunas mujeres y María, la madre de Jesús, y con sus hermanos. 
Palabra de Dios 



Salmo responsorial Sal 86 (87), 1-2. 3 et 5. 6-7
R/ Cosas admirables se dicen de ti, Ciudad de Dios: 

¡Esta es la ciudad que fundó el Señor sobre las santas Montañas! El ama las puertas de Sión más que a todas las moradas de Jacob. R/ 

Cosas admirables se dicen de ti, Ciudad de Dios: Así se hablará de Sión: «Este, y también aquél, han nacido en ella, y el Altísimo en persona la ha fundado». R/ 

Al registrar a los pueblos, el Señor escribirá: «Este ha nacido en ella». Y todos cantarán, mientras danzan: «Todas mis fuentes de vida están en ti». R/ 


Aclamación al Evangelio 
Aleluya, aleluya. Oh feliz Virgen, que engendraste al Señor; oh santa Madre de la Iglesia, que en nosotros alimentas el Espíritu de tu Hijo, Jesucristo. Aleluya, aleluya. 



Lectura del santo Evangelio según San Juan: 19, 25-34

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí está tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Ahí está tu madre». Y desde entonces el discípulo se la llevó a vivir con él. Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dijo: «Tengo sed». Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo: «Está cumplido». E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu. Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día grande, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. E Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua.

Palabra del Señor