sábado, 3 de septiembre de 2022

Jesús Sanz repasa la relación entre emigrantes asturianos y la Santina en Colombres

El arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz, ofreció ayer la conferencia 'El emigrante y sus bagajes. Covadonga en el corazón' en el Archivo de Indianos de Colombres, donde hizo referencia a un trabajo del historiador Juaco López que aborda la relación de los emigrantes asturianos y la Virgen de Covadonga.

Así hizo un repaso a la emigración masiva que tuvo lugar a partir de mediados del siglo XIX y lo que ha significado la devoción a la Santina, «uno de los aglutinantes más identitarios fuera de Asturias». Pues en un principio fue una devoción religiosa que con el paso del tiempo pasó a convertirse en una seña de identidad que aglutina a los asturianos fuera de la región y que tiene dos vertientes: la personal y la colectiva.

Sanz repasó, entre otras cuestiones, la relación de los emigrantes con la Santina, dónde se inició el culto fuera de Asturias y cómo evolucionaron los centros asturianos de América en relación a la Virgen. A pesar de la secularización y la laicización que incide en los símbolos religiosos, Sanz destacó que «la referencia a la Santina seguirá teniendo el reclamo que permite reconocer una identidad junto al escudo o la bandera, lo que representa y significa Asturias en todas las diásporas emigratorias».

Volvemos al Horario de Invierno


viernes, 2 de septiembre de 2022

La Catedral se prepara para la Perdonanza

El verano ha batido un record de visitas en la Catedral de Oviedo, especialmente a partir del reclamo de la nueva subida a la torre, actividad que se puso en marcha el pasado mes de julio. Los turistas llegan en gran parte de Madrid, Cataluña y otros puntos de España, aunque también han vuelto a viajar europeos, americanos y asiáticos. “Muchos vienen en grupo con su propio capellán –indica el Deán de la Catedral, Benito Gallego–, y celebran en la capilla de Santa Bárbara, que tenemos preparada para eso, y quedan muy agradecidos”. No se trata de un turismo exclusivamente cultural, lo sabe bien el propio Deán que además es Penitenciario, y reconoce que muchas de estas visitas son “visitas de vida interior, de confesión y en fin, de conversión, lo cual completa la razón de ser de la Catedral”.

Desde hace unos meses, además, la página web de la Catedral www.catedraldeoviedo.com ha sido modernizada para responder mejor a las necesidades de los visitantes, y los frutos de este trabajo se están dejando ver en el número de personas que reservan sus entradas para subir a la torre y hacen otras gestiones a través de este dominio. También recientemente se ha dado el salto a las redes sociales (Facebook e Instagram) donde informan puntualmente de las actividades que se llevan a cabo y dan a conocer los rincones y curiosidades del templo.

En menos de quince días, además, el 14 de septiembre, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, comenzará la Perdonanza, o Jubileo de la Santa Cruz. Este año con la mirada puesta en el Año Santo Compostelano, por lo que en esta ocasión la Santa Misa Jubilar estará presidida por párrocos de pueblos que se encuentran en el Camino de Santiago: Grado, Salas, Tineo, Pola de Allande, Grandas de Salime y finalmente el día 21, como es habitual, fiesta de San Mateo, la eucaristía solemne estará presidida por el Arzobispo de Oviedo, don Jesús. El Santo Sudario, además, volverá a mostrarse en los días tradicionales, al finalizar las eucaristías del día 14 y del 21, y, eso sí, todos los días en el Altar Mayor presidirá la Cruz de los Ángeles, “ya que a ella se hace referencia en las bulas de concesión del Jubileo por parte de la Santa Sede”, recuerda Benito Gallego. Las banderas rojas volverán también, como antiguamente, a ondear en lo alto de la torre, señalando la celebración del Jubileo.

Carta semanal del Sr. Arzobispo

Recomienzo en Covadonga

Hacemos Comienza nuestra andanza tras el estío caluroso e fogoso, y la cita para nosotros en Asturias coincide con la novena a la Santina. Allá suben nuestras buenas gentes venidas de todos los rincones de nuestra tierra del Principado. Ondean las banderas en la Basílica de Covadonga con el tímido vaivén de una brisa tenue, mientras pone música de fondo el tañer de las campanas. El valle del Auseva se hace mástil de pueblos hermanos cuyas enseñas se ventilan ante los aires amables que llevan y traen los recuerdos de pasados inolvidables, de los futuros ensoñados y de los presentes que ponen la fecha de nuestra edad entre ambos. Sí, pueblos hermanos por una lengua común, por una historia compartida que se supo mestizar, por una fe cristiana concelebrada con gratitud y esperanza. Así, al visitar ese rincón asturiano, verdadero pórtico de nuestros Picos de Europa, se agolpan y amalgaman una belleza natural que nos conmueve, una historia identitaria que nos señala como pueblo que nació en esas montañas, y una fe que sabe reconocer en aquella Santa Cueva la herida de la roca en la que se hizo casa habitada y encendida por la presencia dulce de nuestra Señora. 

Asturias tiene este timbre de gloria entre la tierra, la historia y la fe, que hace de nuestra gente esa maravilla admirable que no podemos ni olvidar ni traicionar. Así lo hicieron cuantos tuvieron que dejar nuestra tierra por causas mayores, sin olvidar la historia que seguirá escribiéndose en otros lares y de otra manera, y llevándose la fe que latía en aquellos corazones: una fe que tenía mirada de madre y entrañas de mujer, con la Santina que siempre sostuvo la esperanza de volver a la patria chica, suelo nutricio donde nacieron tanta belleza y tanta bondad. 

Nos dotaron de dos piernas y con ellas aprendimos a andar. El Creador nos hizo así a nosotros. No somos reptiles que arrastran su ser, o peces que aletean por las aguas, o aves que surcan los aires con sus alas desplegadas. Nosotros tenemos dos piernas y con ellas hemos aprendido a caminar nuestros senderos diversos. Algo tan remoto en nuestra vida, que acaso hemos olvidado aquel original tram-tram con el que comenzamos a movernos ensayando una inocente independencia en el ir de aquí para allá. Es una humilde parábola de lo que es propiamente la vida cotidiana en la maraña de nuestras agendas, en el caleidoscopio de nuestros intereses, y en la trama de nuestra biografía. 

En estos días de la novena a la Virgen de Covadonga estamos descubriendo las ganas que se tenía de retomar lo que nos ha sido hurtado y secuestrado por la malhadada pandemia y sus gestiones variopintas y a veces alicortas. Pero nuestra gente sencilla sabe qué es lo que necesita para volver a poner sentido, anhelo y significado en la vida cotidiana cuando nuestras relaciones piden restaurarse, los trabajos y descansos retomarse, y la expresión de aquello que sentimos y en lo que creemos nuevamente reestrenarse. Porque somos peregrinos de una tierra siempre nueva, de un cielo que nos aguarda de tantas maneras, de una belleza que no es ficticia, de una verdad que no engaña y de una bondad que nos hace amables cada día. 

En Covadonga recomienza el curso, y con él nuestros sueños indómitos que no se resignan a los dictados de quienes nos dicen lo que tenemos que hacer paternalista-mente con sus trampas habituales tan llenas de engaño. Esta ha sido la imagen preciosa y esperanzadora que en estos días se puede contemplar en el trasiego de una novena a nuestra Santina que marca el inicio tras la pausa veraniega. La gente que vemos llegar con sus esperanzas a flor de piel, con sus heridas restañadas, con sus ensueños de nuevo despiertos, nos está diciendo de tantos modos que Dios anda cerca de todas nuestras encrucijadas.

 + Jesús Sanz Montes, 
Arzobispo de Oviedo

jueves, 1 de septiembre de 2022

La pequeña Li. Por Jorge González Guadalix

(Victor in Víncolis) Cuando en 1979 Dios llamó al venereable Fulton Sheen [en la foto con san Juan Pablo II, cuando este visitó los EEUU], millones de americanos lo lloraron y se sintieron huérfanos. Durante años, por todos los medios de comunicación posibles, habían estado pendientes de sus palabras. Provisto de un carisma especialísimo, monseñor Sheen combinaba a la vez la elocuencia natural con el poder del Espíritu Santo. Al escucharlo se sabía entonces que Dios estaba vivo, que era magnífico y deseable. El obispo Sheen propagaba tal luz que todas las radios se lo peleaban, seguras que él les haría sobrepasar por mucho sus índices de audiencia registrados hasta entonces. Su famosa serie televisiva La vida vale la pena de ser vivida,­ contaba con unos treinta millones de telespectadores por semana.

Este gran arzobispo, este gigante de la evangelización, tenía un secreto. Como todos los grandes hombres, los verdaderos, conservaba en su fuero íntimo un episodio de su vida en que la gracia lo había fulminado; y nada le llevó a desviarse del compromiso asumido entonces. Pero para conocer este episodio tenemos que trasladarnos a China, en la época más dura de la represión comunista, en los años cincuenta...

Pasitos de chinita…

En una escuela parroquial, los niños recitan a conciencia sus oraciones. La hermana Euphrasie está contenta: muchos pudieron hacer su primera comunión dos meses atrás y la han hecho con seriedad, desde lo profundo del corazón. Sonríe ante la pregunta de la pequeña Li, de diez años.

-¿Por qué el Señor Jesús no nos ha enseñado a decir: "Danos arroz de cada día"?

Los niños comen arroz mañana, tarde y noche; ¿cómo responder a tal pregunta?

- Es que... pan quiere decir Eucaristía –había respondido religiosa.

-Le pides al buen Jesús la Comunión cotidiana. Para tu cuerpo arroz. ¡Pero tu alma, que vale más que tu cuerpo, tiene hambre de ese pan que es el Pan de Vida!

En el mes de mayo, cuando Li hizo su primera Comunión le dijo a Jesús en su corazón:

-Dame siempre ese Pan de cada día, ¡para que mi alma viva y goce de buena salud!

Desde entonces, Li comulga a diario. Pero es consciente que “los malos" (los comunistas sin Dios) pueden impedirle en cualquier momento que reciba a Jesús en la Comunión. Entonces ora ardientemente para que eso no ocurra jamás. Un día entraron en el aula y de inmediato se dirigieron a los niños:

- ¡Entregadnos enseguida todos vuestros ídolos!

Li sabía bien a qué se referían. Aterrados, los niños habían entregado sus imágenes piadosas cuidadosamente pintadas. Luego con un gesto de cólera, el comisario había arrancado el crucifijo de la pared y lo había tirado al suelo, pisoteándolo a la vez que gritaba:

- ¡La nueva China no tolerará más estas groseras supersticiones!

La pequeña Li, que amaba tanto su estampita del Buen Pastor, intentó esconderla dentro de su blusa; ¡era la estampita de su primera comunión! Un sonoro bofetón la hizo tambalear y cayó a tierra. El comisario llamó al padre de la niña, poniendo empeño en humillarlo antes de maniatarlo.

Aquel mismo día, toda la gente del pueblo, llevada a la fuerza por la policía, abarrotó la iglesia para una nueva clase de “sermón” dado por el comisario, que ridiculizaba a los misioneros y a los “agentes del imperialismo americano"... Luego, con voz de trueno ordenó a que forzaran el tabernáculo. La asamblea contuvo el aliento y oró ardientemente.

De cara a la gente, el hombre gritó:

- Ahora vamos a ver si su Cristo sabe defenderse. Esto es lo que hago con su "Presencia Real". ¡Trucos del Vaticano para explotarlos mejor!

Mientras hablaba, tomó el copón y arrojó todas las hostias al suelo. Los fieles, atónitos, retrocedieron ahogando un grito.

La pequeña Li queda paraliza en su lugar. ¡Oh! ¿Qué hicieron con el Pan? Su corazoncito recto e inocente comienza a sangrar ante las hostias diseminadas por el suelo. ¿Nadie va a defender a Jesús? El comisario se burla; una burda risa entrecorta sus blasfemias. Li llora silenciosamente.

–Y ahora todos afuera; ¡lárgaos de aquí!, –aúlla el comisario. ¡Y, ay el que se atreva a volver a este antro de supersticiones!

La iglesia se vacía. Pero además de los ángeles adoradores que están siempre en torno a Jesús Hostia, un testigo permanece en el lugar, sin perderse nada de la escena que se desenvuelve ante sus ojos. Es el padre Luc, de las Misiones Extranjeras, escondido por los parroquianos en un reducto del coro, provisto de un tragaluz que da sobre la iglesia. Está sumido en oración reparadora y sufre por no poder moverse de allí: un gesto de su parte y los parroquianos que lo han camuflado serían arrestados por traición.

Señor Jesús, ten piedad de ti mismo, oraba, angustiado, ¡impide este sacrilegio! ¡Señor Jesús!

De repente, un crujido quiebra el pesado silencio de la iglesia. La puerta se abre con suavidad. ¡Es la pequeña Li! Tiene apenas diez años y hela aquí que se acerca al altar, con sus pasitos de chinita... El padre Luc tiembla por ella, ¡pueden matarla en cualquier momento! Pero, imposibilitado de hablarle, puede tan sólo mirar y suplicar a todos los santos del Cielo que protejan a la criatura. La pequeña se arrodilla y adora en silencio, como sor Euphrasie le ha enseñado. Sabe que debe preparar su corazón antes de recibir a Jesús. Con las manos juntas dirige una misteriosa plegaria a su querido Jesús mal­tratado y abandonado. Luego el padre Luc ve que se inclina y a gatas, toma una hostia con su lengua. Ahora está nuevamente de rodillas, con los ojos cerrados, dirigiendo una mirada interior hacia su visitante celestial. Cada segundo pesa una enormidad; el padre Luc teme lo peor... ¡Si solamente pudiera hablarle! Pero la niña se retira tan suavemente como había venido, casi dando saltitos.

Las "depuraciones" continúan y la brigada volante de los servicios del orden requisa todo el pueblo y sus alrededores. Tal es la suerte de la "nueva China". Entre los campesinos, nadie se atreve a moverse. Confinados en sus cabañas de bambú, lo ignoran todo sobre el porvenir.

Sin embargo, todas las mañanas, nuestra pequeña Li se escapa para ir al encuentro de su Pan Vivo en la iglesia y, reproduciendo con exactitud la escena del día anterior, toma una hostia con la lengua y desaparece. El padre Luc contiene su congoja con dificultad, ¿por qué no las toma todas de una vez? Él conoce la cantidad de hostias: treinta y dos. ¿No sabe que puede tomar varias de ellas a la vez? No, no lo sabe. Sor Euphrasie había sido clara: "Una sola hostia por día es suficiente. Y no se toca la hostia; ¡se la reci­be en la lengua!". La pequeña respeta las reglas.

Ya no queda más que una sola hostia. Aquel día, al alba, la niña se escabulle como de costumbre y se aproxima al altar. Se arrodilla y ora muy cerca de la hostia. Entonces el padre Luc ahoga un grito.

Un miliciano, parado en el dintel de la puerta, carga su revólver. Se oye un golpe seco, seguido de una gran carcajada. La niña se desploma de inmediato.

El padre Luc la cree muerta, pero no, la ve reptar con dificultad hacia la hostia y pegarla a la boca. Algunos sobresaltos convulsivos, seguidos de una repentina distensión. La pequeña Li está muerta. ¡Ha salvado todas las hostias!

Cada día una "hora santa"

Dos meses antes de morir, a los ochenta y cuatro años de edad, Fulton Sheen revela finalmente su secreto al gran público, en ocasión de entrevista de un canal de televisión nacional.

–Su Excelencia, –le pregunta el periodista, –usted ha inspirado a miles de personas en el mundo entero. Pero usted mismo, ¿por quién ha sido inspirado? ¿Por un Papa?

–Ni por un Papa, –respondió, –ni por un cardenal ¡Ni siquiera por un sacerdote o una religiosa! Una chinita de diez fue quien me ha inspirado.

Fue entonces cuando monseñor Sheen contó la historia de la pequeña Li. Nos estaba entregando su testamento íntimo. El amor de esta criatura a Jesús en la Eucaristía, agregó, lo había impresionado tanto que el día en que la descubrió le hizo la siguiente promesa al Señor: cada día de su vida, hasta su muerte, pasare lo que pasare, haría una hora de adoración ante el Santísimo. Y monseñor Sheen no sólo cumplió con su promesa, sino que no perdió oportunidad alguna para promover el amor de Jesús en la Eucaristía. Sin tomarse tregua, invitaba a los creyentes a hacer diariamente "una hora santa” ante el Santísimo.

Los jóvenes con la Santina


miércoles, 31 de agosto de 2022

Santoral del día: San Ramón Nonato

(COPE) En menos de un mes conmemoraremos a la Reina de los Cielos desde la Advocación Mariana de La Merced. Hoy celebramos a San Ramón Nonato, muy vinculado a este Título en honor de La Virgen. Nacido a comienzos del siglo XIII en Portell (Barcelona), recibe este sobrenombre de Nonato porque le sacaron con vida del seno materno, una vez había muerto su madre. Desde pequeño da muestras de un gran amor a la Virgen visitando frecuentemente la Ermita de San Nicolás.

Por entonces su padre le pone al frente de sus posesiones, pero él, gracias a una profunda amistad con Pedro Nolasco, empieza a plantearse una vocación al sacerdocio, renunciando a los bienes de la tierra para tener así un tesoro en el Cielo. En una segunda misión de administrar más bienes paternos, él siente que la Virgen le pide su servicio en la Orden de la Merced, dedicada a cuidar y liberar a los reclusos.

Siguiendo la voz de la Providencia ingresa en este carisma, ordenándose también sacerdote. Pronto marcha a tierras de África a liberar a los cautivos, característica propia de la espiritualidad de los mercedarios y él así lo quiere hacer. Su anhelo por servir a Dios en los demás, le hace ponerse en el puesto de algunos presos para redimirles, sintiendo un mayor amor de la Divina Providencia por todos ellos.

Una vez vuelto a España, es nombrado Cardenal por el Papa Gregorio IX, quien le reconoce sus méritos por vivir las virtudes en grado heroico, siendo un grato ejemplo de camino de perfección en todo su ser. Sin embargo, cuando marcha a Roma, no le da tiempo ya que antes, incluso, de los cuarenta años, muere, en medio de un clamor popular que le reconoce como Santo. Las reliquias de San Ramón Nonato fueron sepultadas en la Iglesia de San Nicolás en Portell.