jueves, 27 de julio de 2023

En recuerdo de José Manuel Álvarez Díaz ‘’Rubiera’’. Por Joaquín Manuel Serrano Vila


He tenido y tengo la dicha de poder contar entre mis amigos con personas de toda clase, condición y pensamiento, y de ellos no son pocos los que participan de planteamientos e ideales distintos a mis principios y convicciones; sin embargo y al mismo tiempo, nos tributamos recíproca estima y cariño. 

El pasado 29 de junio ha fallecido una persona que sin haberla tratado intensamente siento hacia su figura sincero aprecio por el cariño que le tenía a Lugones y del que yo ya me siento propio, así como por el hermoso legado cultural del que nos hizo partícipes en sus actualizadas hemerotecas de los últimos dos siglos con las que iluminaba gratos recuerdos en las páginas del portfolio de las fiestas de Santa Isabel.

José Manuel, Pepe el de Casa Rubiera, o sencillamente Rubiera, disfrutaba sumergiéndose en la historia a través de los olvidados recuerdos de prensa donde rescataba sucesos, anécdotas y datos más que interesantes. Allí, en tierras de Llampaxuga, parroquia de Loriana, a la vera de su San Claudio natal -y de su esposa María Jesús, que es de Maxa- vivía con orgullo presumiendo de estar en el pueblo natal de su madre donde su familia era conocida como ‘’los bolsones’’. Allí tenía su pequeño santuario del saber por medio de su valioso archivo personal que a lo largo de toda una vida fue recopilando. Aunque su domicilio habitual lo tenía entre nosotros en la Avenida de Gijón.

Trabajador de artes gráficas; enamorado de la topografía, la cartografía y el mundo del papel impreso. En su paso por el periódico "La Voz de Asturias" pudo recabar mucho material acerca de fechas memorables de la historia reciente de Asturias, como la llegada del ferrocarril. Le propusieron ser liberado de UGT, aunque él quería seguir trabajando por ese concepto honesto y cabal que caracteriza a pocos y que por desgracia se está perdiendo en el mundo laboral. Tras un año al paro, logró encontrar trabajo como montador en el museo de bellas artes de Oviedo donde se jubiló. El tiempo libre lo dedicó a sus complementarias vocaciones: la investigación y a la política.

Su amor por las cosas de antes no sólo se hizo palpable en las incontables ‘’ayalgues’’ que iba recogiendo, sino hasta en auténticas reliquias del mundo de la imprenta que rescató del olvido como mimeógrafos, multicopistas y demás herramientas de maquetación. Fue muy requerido no sólo para ilustrar con sus documentos muchos libros de fiestas y romerías, incluso también para hacerlos completamente él mismo en su ordenador. Se interesó especialmente por toda la historia del movimiento obrero asturiano, lo que dejó reflejado en más de 40.000 documentos que recopiló en un fichero para la Fundación Barreiro. Es un tema del que tuve conocimiento gracias a mi paisano y amigo Jesús Jerónimo Rodríguez González, el cual es, sin lugar a dudas, el mayor experto del movimiento obrero y la cultura sindical: los llamados "Socorros Mutuos" o la transición democrática asturiana.

José Manuel por su parte, sencillo y discreto, a veces se limitaba a firmar únicamente con el nombre del pueblo que le vio nacer: ‘’Rubiera’’. Independientemente de ideas políticas, era hombre cordial y dialogante, tendiendo su mano a todos y muy voluntarioso para ayudar en lo que se le solicitara. En su personalidad silenciosa, era hombre prudente a sabiendas y en contraposición de otros correligionarios, que prefería ser rey de sus silencios que esclavo de frases y palabras.

Supo separar perfectamente el ámbito personal de las creencias de cada cual, sin considerar desde sus principios a la religión como un enemigo a combatir, y mucho menos a eliminar. En no pocas ocasiones compartió bellas noticias del pasado de nuestra parroquia y templo de Lugones como una realidad histórica importante en la presencia e identidad de nuestro pueblo. Podría haber pasado por alto u omitido -como hacen maniqueamente algunos- los aspectos de tipo religioso, pero no lo hizo, lo cual desde mi punto de vista le ennoblece profundamente. Un amigo me citaba el ensayo del historiador D. Fernando Díaz-Plaja titulado: ‘’Francia 1789. España 1936, dos revoluciones y un paralelo’’, donde el autor afirma: ‘’En nombre de la trinidad ‘’non sancta’’ de ‘’liberté, égalité et fraternité’’... Los revolucionarios franceses y rusos arrebataron a los cristianos la libertad y discriminaron y persiguieron a estos históricamente en nombre de la igualdad, y así asesinaron a muchos cristianos en nombre de su "fraternidad". José Manuel fue un hombre libre y amigo de la libertad, y eso lo supo vivir desde la verdad y el continuo respeto a los que pensaban de forma diferente. De esta forma no tuvo problema en ser participe en los años ochenta de la bonita tradición de que un matrimonio joven de Lugones acudiera a la misa mayor del día de Navidad vestidos de María y San José, con su "niño" en brazos, siendo llevada la  madre durante muchos años hasta la puerta del templo en una burra.

Cenando en una ocasión con el ex alcalde de la Coruña, el apreciado Paco Vázquez, me decía con tristeza cómo se estaba instalando en nuestro país la intolerancia hacia la fe de los que se decían adalides de la libertad, hasta el punto de querer imponer un laicismo beligerante y excluyente de la religión y de la cultura religiosa, de la que paradójicamente emanan en la mayoría de los casos por medio de la religiosidad popular, las raíces y señas de identidad los pueblos de España. El Presidente Adrián Barbón, igualmente conciliador, decía que Rubiera fue un ejemplo de socialista: discreto, dialogante, poco amigo de guerras y confrontaciones. El fundador del PSOE afirmaba: ‘’No sólo hacen adeptos los partidos con sus ideologías, sino con buenos ejemplos y la recta conducta de sus miembros’’. Algo que he compartido varias veces en mesa y mantel con otros buenos amigos sin que ellos tuvieran nunca ningún problema por mi situación y condición, como Antonio Trevín (que ya fuera maestro mío en Primaria) y el vecino de Lugones Guillermo Martínez, que fuese Viceconsejero de Presidencia en uno de los últimos gobiernos socialistas en el Principado. Al hilo, posiblemente muchos lectores tampoco sepan que mi abuelo materno después de sortear de entrada una "pena de muerte" y después una "cadena perpetua", pasó nueve años en cárceles franquistas por "rojo". El motivo de las pretendidas condenas las pusieron y propusieron, como siempre, las mismas inquinas, necedades, envidias e ignorancias que a tantos otros...

Rubiera, por meticuloso, organizado y culto, era persona que tuvo la sabiduría filosófica de la distinción tomista, por eso hizo una labor archivística digna de absoluto reconocimiento. Ojalá se ponga en valor todo ese minucioso quehacer, el cual debería ser no sólo potenciado y custodiado seriamente, sino digitalizado y dado a conocer por los ayuntamientos de Oviedo y de Siero, así como puesto a disposición de tantas personas que se podrían enriquecer con su obra: ¿Cómo un hombre de tanta cultura y conocimiento como José Manuel  no se prodigó en publicar grandes libros, dar conferencias o regalar su saber con mayor presencia en las calles y vida pública? Seguramente porque como hombre inteligente tenía perfectamente claro que la gente de mente más corta suele tener la lengua más larga; Rubiera fue justamente lo contrario. 

                                                                                                                                    Descanse en paz

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