sábado, 4 de abril de 2020

Domingo de Ramos y Pasión de Ntro. Señor.- Por Joaquín Manuel Serrano Vila

La primera lectura del libro de Isaías nos da la clave para el momento de sufrimiento que estamos viviendo: aunque no podamos salir de casa, aunque tengamos un familiar en el hospital, aunque estemos viendo partir a tantos conocidos, el Señor no nos deja sólos. Así nos lo recuerda el profeta: "El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado". Estas palabras se hacen verdad en nuestro Señor que encarna en sus heridas este conmovedor pasaje del llamado ''cántico del siervo sufriente''. Una realidad actual aplicable de una forma u otra a todos y cada uno de nosotros.

El Domingo de Ramos es un día para contemplar la Pasión de Cristo, que empieza ya de una forma discreta en su entrada triunfante en Jerusalén. Pues, si bien Jesús es aclamado, sube a Jerusalén para consumar su misión; entra con el alma partida sabiendo que el final está cerca. Aunque sonría externamente, en su interior el Señor llora humanamente. Vemos en sus adentros ese sentimiento de miedo que en cierta medida también hoy a todos nos embarga un poco contemplando nuestra debilidad y asumiendo el plan de Dios para cada uno; Él, conociendo el suyo, exclamará como tantas veces nosotros mismos en nuestra tribulación: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?. 

La liturgia de la Palabra de este día está cargada de cánticos: el Siervo de Yahvé, el Salmo, y también el Cántico bíblico tomado de la epístola de San Pablo a los Filipenses, que sacerdotes y consagrados conocemos bien en el rezo de la Liturgia de las Horas. Es sólo un trozo del mismo, pero es la parte que mejor nos ayuda a detenernos hoy ante el conjunto de misterios que nos disponemos a revivir en esta Semana Santa, y que de manera inédita comenzamos este domingo.

La carta del Apóstol nos presente el abajamiento, la humillación, el despojo de sí mismo del Señor... Esto es lo que la teología llama la "kénosis"; es decir, Cristo llega al extremo de vaciarse por completo de la gloria divina, hasta el punto de terminar muriendo solo y dejándose tratar como los peores malhechores y como los últimos esclavos llegaban a ser ajusticiados. Pero San Pablo, después de abordar el descendimiento pasa al levantamiento; es decir, que no todo quedará en una muerte y un sepulcro -como prefiguraba la semana anterior en la resurrección de Lázaro- sino que tras su muerte la vida tendrá la última palabra.  

Si nos fijamos, el color litúrgico de este Domingo es el rojo; el color de la sangre, el color de la pasión. Encontramos igualmente una peculiaridad, y es que al principio se da lectura al evangelio de la borriquilla y a continuación la bendición de las palmas; y, ya dentro de la liturgia de la Palabra, se procede -en el lugar del evangelio- a la solemne lectura de la Pasión del Señor (este año según San Mateo). 

¿Y qué podemos entresacar de la lectura de la Pasión? Es larga, ciertamente, pero este año no tenemos prisas por ir tras la misa a tomar el vermouth a "la Peatonal" -¡qué pena de todos los comerciantes! También nuestro apoyo y ánimo desde aquí- o al pueblo a llevar la palma a los padrinos. Y así, aprovechando que tenemos todo el tiempo del mundo, podríamos buscar un rincón tranquilo en casa y leer los profundos diálogos de las últimas horas del Señor, sólos o en familia, descubriendo lo que se nos "escapa" cada año o no conocíamos o no recordábamos. En definitiva, dejándonos sorprender -una vez más- por la actualidad de la Palabra de Dios, que nunca falla.

Mi recuerdo una vez más para todos los que han fallecido, para los enfermos y sus familiares en los hospitales y geriátricos, en casa y los que viven solos. Para los médicos y personal sanitario, miembros de cuerpos de emergencias y Fuerzas Armadas; empleados de supermercados, gasolineras, bancarios, limpieza, administrativos y funcionarios, sacerdotes y capellanes militares y de hospitales; transportistas y personal motorizado de comida rápida, veterinarios... Y muy especialmente en estos días que comienzan para cofrades y catequistas, y para nuestros seminaristas Joao, Jhonatan y Daniel (también para los de años anteriores: Yesid, Juan, Modesto, Luis Guillermo y José Alberto);  y para mis buenos monaguillos/as : Moisés, Jorge, Sergio y Cristina -que ya han crecido y van teniendo su vida- y Raúl, Pelayo, Dani, Carlota, Sheila, Nerea, Marcos y Julián.

Para todos mi cariño y oración, recordándoos que la bendición de palmas y ramos será SONORA con repique de campanas a las 11´55h del Domingo -podéis salir a la ventana y oírla- y con la bendición virtual (totalmente válida) de palmas y ramos (naturales y artesanales de manualidades) a las 12´00h., con la misa a continuación.


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