jueves, 17 de octubre de 2019

Carta semanal del Sr. Arzobispo

Aquella negra navidad

Seguimos en este mes que algunos llaman “veroño”, entre el verano que no termina de marchar y el otoño al que le cuesta adentrarse. Pero es un mes misionero que queremos como tal vivir uniéndonos a la iniciativa del Papa Francisco, recordando precisamente que todos por nuestro bautismo debemos ser misioneros, comunicadores de una Buena Noticia que traiga la esperanza cristiana a este mundo tan necesitado de ella.

Rescato del baúl de mi diario, otra de mis visitas a la misión diocesana de Benín. Salimos cuando ya había anochecido en Oviedo. El orvallín nos despedía con un clima fresco de unos trece grados. Al llegar a Madrid para tomar el avión, era ya madrugada. El frío nos alertaba con su grado sobre cero que estábamos en el invierno castellano. “Sal de tu tierra…”, se le dijo a Abraham, el primer misionero en la andanza de ir a donde Dios le enviaba. Con esta emoción y con semejante respeto iniciábamos también este viaje misionero, aunque tan sólo duraría unas semanas. Todo lo que teníamos que facturar lo hicimos con la dirección bien puesta: Mission Catholique. Bembèrèkè (Benín). Allí marchaban los bultos y nosotros con ellos. Lo habíamos decidido meses atrás: pasar la Navidad con nuestros hermanos misioneros, en ese enclave asturiano que la Diócesis de Oviedo tiene en el corazón de África. Tantas veces me lo habían sugerido tras mi último viaje allá. Llegó el momento como gesto de cercanía, agradecimiento, de apoyo fraterno, cuando ese continente hermano ha vuelto a ser noticia no por su belleza, no por sus recursos, no por la bondad sencilla de su gente sufrida y de tantos modos creyente, sino por la pandemia de turno que ahora se llama ébola como en otro momento se llamó sida.

Ya había segado muchas vidas el ébola, este virus letal. Pero no despertó ningún interés especial durante años, ni los laboratorios se unieron para atajar su mordiente mortal, hasta que su zarpa arañó fatalmente a europeos y americanos. Podrían contagiarnos, se decían los asustados del primer mundo opulento e insolidario: hagamos algo. Y lo hicieron. Mucho me impresionó que la inmensa mayoría de los misioneros no hayan querido escapar, permanecen allí siguiendo la suerte de su pueblo al que por amor a Dios fueron, y al que con amor de Dios no dejan de anunciarles la esperanza y la gracia, la dignidad y la justicia, el perdón y la alegría, en definitiva, la Buena Noticia cristiana.

Era justo que volviese a ir, pero ahora en Navidad, y que creyese que sería el mejor modo de emplear no la lotería que no nos tocó porque no jugábamos nada, pero destinar a esto la paga extraordinaria navideña nunca mejor empleada. No importa el largo viaje, ni la falta de todo lo que habitualmente te rodea y te regala. Vale la pena llegar allí con estos hermanos nuestros sacerdotes diocesanos, los muchos catequistas a los que ayudan y por los que son ayudados. Cambiar de paisaje y escenario, y celebrar el mismo misterio de un Dios que se hace Niño con estos buenos hermanos por los que también Jesús vino y dio su vida. Hacerlo al modo africano con todos sus medios y su manera.

La piel de Dios no tiene pasaporte, no sabe de fronteras, no tiene problema con las lenguas. Dios se ha hecho uno de nosotros, naciendo allí donde la vida llora o sonríe, donde sueña sueños de oro o se desvela con pesadillas, donde ama y la corresponden, donde la desprecian hasta el holocausto. Dios ha venido para hacernos esta grande gracia navideña: aprender mi lengua para que yo sepa de sus hablares, venir a mis caminos para que yo frecuente los suyos por donde anda. El Niño Dios es tan africano como europeo, su piel es tan blanca como la mía y tan negra como la que allí vi. Bendito milagro de quien puso su tienda de encuentro en nuestras contiendas de desencuentro.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

miércoles, 16 de octubre de 2019

Hora de la Misión


Del Oficio del Día

De las Cuestiones de san Máximo Confesor, abad, a Talasio
(Cuestión 63: PG 90, 667-670)

LA LUZ QUE ALUMBRA A TODO HOMBRE

La lámpara colocada sobre el candelero, de la que habla la Escritura, es nuestro Señor Jesucristo, luz verdadera del Padre, que, viniendo a este mundo, alumbra a todo hombre; al tomar nuestra carne, el Señor se ha convertido en lámpara y por esto es llamado "luz", es decir, Sabiduría y Palabra del Padre y de su misma naturaleza. Como tal es proclamado en la Iglesia por la fe y por la piedad de los fieles.

Glorificado y manifestado ante las naciones por su vida santa y por la observancia de los mandamientos, alumbra a todos los que están en la casa (es decir, en este mundo), tal como lo afirma en cierto lugar esta misma Palabra de Dios: No se enciende una lámpara para meterla debajo el celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Se llama a sí mismo
claramente lámpara, como quiera que, siendo Dios por naturaleza, quiso hacerse hombre por una dignación de su amor. 

Según mi parecer, también el gran David se refiere a esto cuando, hablando del Señor, dice: Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero. Con razón, pues, la Escritura llama lámpara a nuestro Dios y Salvador, ya que él nos libra de las tinieblas de la ignorancia y del mal. Él, en efecto, al disipar, a semejanza de una lámpara, la oscuridad de nuestra ignorancia y las tinieblas de nuestro pecado, ha venido a ser como un camino de salvación para todos los hombres: con la fuerza que comunica y con el conocimiento que otorga, el Señor conduce hacia el Padre a quienes con él quieren avanzar por el camino de la justicia y seguir la senda de los mandatos divinos. 

En cuanto al candelero, hay que decir que significa la santa Iglesia, la cual, con su predicación, hace que la palabra luminosa de Dios brille e ilumine a los hombres del mundo entero, como si fueran los moradores de la casa, y sean llevados de este modo al conocimiento de Dios con los fulgores de la verdad. La palabra de Dios no puede, en modo alguno, quedar oculta bajo el celemín; al contrario, debe ser colocada en lo más alto de la Iglesia, como el mejor de sus adornos. Si la palabra quedara disimulada bajo la letra de la ley, como bajo un celemín, dejaría de iluminar con su luz eterna a los hombres. Escondida bajo el celemín, la palabra ya no sería fuente de contemplación espiritual para los que desean librarse de la seducción de los sentidos, que, con su engaño, nos inclinan a captar solamente las cosas pasajeras y materiales; puesta, en cambio, sobre el candelero de la Iglesia, es decir, interpretada por el culto en espíritu y verdad, la palabra de Dios ilumina a todos los hombres.
La letra, en efecto, si no se interpreta según su sentido espiritual, no tiene más valor que el sensible y está limitada a lo que significan materialmente sus palabras, sin que el alma llegue a comprender el sentido de lo que está escrito. 

No coloquemos, pues, bajo el celemín, con nuestros pensamientos racionales, la lámpara encendida (es decir, la palabra que ilumina la inteligencia), a fin de que no se nos pueda culpar de haber colocado bajo la materialidad de la letra la fuerza incomprensible de la sabiduría; coloquémosla, más bien, sobre el candelero (es decir, sobre la interpretación que le da la Iglesia), en lo más elevado de la genuina contemplación; así iluminará a todos los hombres con los fulgores de la revelación divina.

Responsorio Sal 101, 2. cf. 18; 129, 2

R. Señor, escucha mi oración, que mi grito llegue hasta ti; * porque tú, Dios mío, no
desprecias las peticiones de los desamparados.

V. Estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica.

R. Porque tú, Dios mío, no desprecias las peticiones de los desamparados.
Oración

Oremos:
Te pedimos, Señor, que tu gracia continuamente nos preceda y acompañe, de manera que estemos dispuestos a obrar siempre el bien. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

martes, 15 de octubre de 2019

Competencias de un párroco interino. Por Jorge González Guadalix

(De profesión cura) Últimamente nos estamos poniendo muy serios. Entre la Amazonía, los alemanes, el desentierro y entierro de Franco y la recién aparecida sentencia del “procés”, de verdad que se nos está poniendo cara de pepinillos en vinagre. Así que he decidido hoy tomarme la mañana con humor y filosofía, esperando que se lo tomen con humor.

Se dice, se cuenta, se comenta… que los curas somos unos mandones, que todo tiene que ser como nosotros digamos y que pasamos solemnemente de las opiniones y deseos de los demás. Bien, y su parte de razón tienen… visto desde los bancos de la iglesia. Hay otra forma de verlo, y es preguntarse cuáles son las competencias del cura. ¿Todas? ¡Je! Y perdón por la caricatura.

Las lecturas son cosa del Juanito, el chico de la Engracia. De siempre. No se le ocurra a usted decirle que no, que no vea como es su madre y como es el Juanito. Qué más le da.

Las flores, competencia de Remedios. Ella se encarga de adornar en fiestas y no fiestas, decide cuándo se ponen, cómo y dónde, clase, estilo, color y material porque no tenemos dinero para flores y nos vienen bien las de plástico.

La colecta, cosa de la Amalia.

La cosa de manteles, corporales y purificadores pertenece al negociado de Alfonsa, que decide si los manteles deben estar en la parroquia o mejor en su casa para que se arruguen menos, y que tiene su forma peculiar de doblar y planchar los corporales. Alguna vez, despacito, se le dice que debería plancharlos de otra forma, pero… ella sabe como hacerlo.

Lo de las misas y procesiones de la fiesta del patrón hay que consensuarlo con el ayuntamiento, porque depende de cómo caiga el fin de semana surgen necesarias modificaciones.

Nadie se atreva a organizar las fiestas patronales sin contar con la hermandad, que tiene perfectamente claro la organización de los eventos religiosos.

El dinero de las ofrendas al santo es propio de la cofradía, que lo administrará según sus criterios, aunque no se niega a hablarlo con el párroco y ya se decidirá.

Usted diga las misas… pero teniendo en cuenta que a la gente no le gusta que se enrolle mucho, así que breve.

¿Boda? Tranquilos, que no me alargaré mucho… Precisamente le queríamos pedir que se enrolle todo lo que pueda, cuanto más mejor, que hasta las nueve no nos abren el restaurante…

Y ya sé que hablar de la Gertrudis, el Manolo, el Paco o la Fabiana, así con artículo, no es nada elegante. Pero así se habla en estos pueblos que Dios me ha dado.

Pues eso. Que el párroco, en definitiva, no deja de ser un interino. Y tiene sus competencias, pero cedidas.

Dicho esto, muy agradecido a todos, desde Juanito, el de la Engracia, a las distintas hermandades y cofradías que tanto hacen por sus parroquias, y pasando por Amalia y Alfonsa. Hoy nos viene bien una sonrisa.

DOMUND 2019


lunes, 14 de octubre de 2019

Históricos párrocos que se jubilan.Por Rodrigo Huerta Migoya

Al día siguiente de hacerse público los nombramientos de sacerdotes diocesanos la prensa comenzaba a detenerse más pausadamente en algunos de ellos; hablaba, por ejemplo, como si fuera una noticia inesperada de la jubilación del párroco "del Coto" en Gijón, o del de Llaranes, cuando ellos mismos llevaban un año anunciándolo... En mi humilde opinión me parece mucho más "noticia" las jubilaciones de Don Constantino, Don Enrique y Don José Antonio; tres históricos párrocos que han dejado igualmente sus vidas en sus parroquias desde el silencio abnegado en una forma de vida tan sencilla como eficaz para sus feligreses, siendo simples "curas de aldea". Añadiendo, por supuesto y en otra geografía, a Don Jesús, el hasta ahora párroco de de Cangas de Narcea; querido y reconocido también por propios y ajenos.

El primero de ellos, Don Constantino, era de los últimos párrocos que quedaban "de oposición". Con su renuncia y jubilación canónica y la reciente muerte de Don Vicente, el cura de Serandinas, creo que sólo queda en toda la diócesis en esa circunstancia Don Honorino, en Serín.

Don "Constan", como cariñosamente le llamaban sus feligreses, llegó a la parroquia coañesa de San Cosme de Villacondide en 1964; es decir, que ha estado en dicho cargo y "al pie del cañón" nada menos que cincuenta y cinco años, jubilándose ahora tras sesenta y cinco años de ministerio activo y noventa años de edad llevados bastante bien. Natural del concejo de Villayón, el popular cura de Villacondide es uno de los muchos hijos que ha dado a la Iglesia el pueblo de Ponticiella, llegando a tener un primo sacerdote, Don Norberto, recordado cura de la Peral que murió repentinamente.

Luego tenemos a Don Enrique, el cura de Piñeres. Prácticamente su vida ha transcurrido en esa localidad allerana a la que llegó siendo un apuesto jovenzuelo, sacándole del lugar ya con canas y alguna arruga la salud, aunque físicamente se conserva envidiablemente bien. Recientemente y de pura casualidad encontré en las redes sociales una fotografía en blanco y negro de una procesión y pensé, ¿qué cura será éste?. Y cuando amplié la foto, fijándome bien me digo: ¡Madre mía; si es Don Enrique!... Efectivamente; un Don Enrique irreconocible con su sotana en medio de la procesión de San Antonio y el famoso ''toreu al Santu'' que allí le hacen. Asomándole bajo la sotana unos pantalones "de campanas" de los años setenta que ya auguraban lo moderno que en ese momento era el cura nacido en San Juan de Prendonés (El Franco). Es un ejercicio sorprendente y gratificante observar la fotografía donde se trasluce que algunos curas como él se han dejado la vida apacentando el rebaño al que en nombre de Dios sirvieron durante décadas con el mismo amor que el primer día.

También ha hecho gran labor Don Enrique comprometiendo a la Parroquia de Nembra en los actos de la Beatificación de sus mártires, donde él mismo trabajó con ahínco para que este acontecimiento histórico no pasara en balde en la localidad que da nombre a estos gloriosos amigos del Señor. Ni qué decir del mimo con el que ha cuidado del Santuario de la Madre de Dios de Miravalles, cuya restauración tantos dolores de cabeza le produjo. Las mejoras del templo de Soto y la preservación del patrimonio existente en todos los lugares de culto a él encomendados.
De San Pedro de Piñeres marchó Don Boni para San Pedro Mayor de Gijón, y a San Pedro de Piñeres llegó Don Enrique en 1970. Se va por tanto del lugar tras cuarenta y nueve años de servicio en feligresía, cincuenta y dos años de ministerio activo y ochenta y tres años de edad.

Don José Antonio García Siñeriz; un asturiano occidental destinado a la costa de occidente. Natural de Boal llegó a la Parroquia valdesana de San Bartolomé de Otur en 1972 con tan sólo once años de ministerio sacerdotal a sus espaldas. Dicen, incluso, que Tarancón pensó en él para Vicario Episcopal de Occidente, más lo suyo fue siempre la cura de almas. Tras muchos años sin moverse de Otur, la diócesis trató de resarcir ese pequeño "olvido" hacia él ofreciéndole la Parroquia de la villa de Puerto Vega -popularmente conocida como "la Catedral del Occidente"- tras la muerte del último párroco que vivió en la vieja casa rectoral y que si no me equivoco fue el recordado D. Inocencio García Jonte. Don José Antonio, asumió Puerto de Vega pero nunca llegó a vivir en esta localidad ni a desligarse de su querido Otur. En Septiembre de 2006 fue liberado de Puerto de Vega y del pueblo de Vidural, de los que luego fue nombrado como nuevo párroco el ex-abad de Covadonga, D. Manuel Antonio Díaz. Ahora pasa a la situación de jubilado sin desligarse del lugar, pues quedará como adscrito a la Unidad Pastoral de Luarca a la que se incorporan ahora también las dos parroquias que él atendió estos últimos años: Otur y Santiago de Arriba. Deja la responsabilidad pastoral tras cuarenta y siete años de servicio pastoral en Otur, cincuenta y ocho años de ministerio activo y ochenta y cuatro años de edad llevados con gran dignidad a pesar de algún que otro achaque de salud.

Y aunque no se trate de un cura de aldea, sino de "Villa", no podía omitir de ninguna manera a Don Jesús Delfino Bayón Rodríguez, el cura de Cangas de Narcea, el cual llegó a esta localidad hace ahora cuatro décadas -en 1979- para ser únicamente párroco de Cangas de Narcea con  un coadjutor. Tomó posesión de la Parroquia de Santa María Magdalena el 13 de Junio del citado año, memoria litúrgica de San Antonio de Padua.

En 1985 al fallecer el inolvidable Don Herminio, ''el cura del Acebo'', no sólo el Santuario pasa a depender de la atención de los sacerdotes de Cangas sino también la parroquia de Linares -en cuya jurisdicción se encuentra el Santuario- y la parroquia de Carceda.

En 1987 Don Jesús Bayón es nombrado capellán del hospital de la Seguridad Social de Cangas de Narcea -hoy llamado ''Carmen y Severo Ochoa''-.

En 1988 se suman dos nuevas parroquias, Limés y San Cristóbal de Entreviñas; y para atender estas cinco parroquias y el Santuario la diócesis envía un segundo vicario parroquial para Cangas de Narcea.

En el reajuste del clero del verano de 1999 tres nuevas parroquias recaen sobre los sacerdotes de la villa canguesa; en esta ocasión Araniego, Besullo y San Pedro de las Montañas, que hasta entonces atendía Don Santiago Rancaño, el cual fue enviado a cubrir la localidad de Villa, en Langreo, vacante por la muerte de su anciano párroco, Don Vicente. Desde el año 1999 hasta hace bien poco los dos únicos sacerdotes que había en la plantilla en Cangas atendían, además de la Basílica y el Santuario, estas sietes parroquias rurales ya citadas.

No cabe omitir tampoco la colaboración de sacerdotes venidos durante el verano, la mayoría estudiantes de origen indio y que prestaron un gran servicio en la comarca para poder dar atención pastoral a tantas capillas, ermitas y templos que durante el estío celebran sus fiestas. Figura clave en solicitar estas ayudas fue Don Julián Herrojo, verdadero promotor de las gestiones para ascender la Iglesia Parroquial de Cangas al rango de Basílica. Tampoco podemos olvidar a dos queridos vicarios parroquiales de Don Jesús, ya fallecidos: el primero que tuvo, Don Juan Antonio Menéndez, luego obispo Auxiliar de Oviedo y después de Astorga; y Don Jesús Cueva García, muy querido tras su coadjutoría en Cangas en San Andrés de Pola de Allande, de la que luego fue párroco. 

En 2002 "aterriza" en Cangas Don Reinerio, ''Neyo''; quizá uno de los sacerdotes más queridos en Cangas y que permaneció once años como vicario parroquial de la basílica y como "párroco in solidum" junto a Don Jesús, en las siete parroquias rurales que atendían.

Otra gran obra llevada a cabo estos últimos años fue la construcción de la Iglesia de Santa Bárbara de Trones, como templo filial de San Juan de Araniego-Parajas. El nuevo templo fue consagrado por Monseñor Osoro el 20 de Octubre de 2002. 

En 2018 la realidad parroquial de Cangas de Narcea vuelve a cambiar; Don Antonio Moretón Puig tiene que jubilarse por salud y Don Javier, el entonces vicario parroquial de Cangas, es trasladado también por salud a su villa natal de Avilés. Ante la falta de clero, la diócesis decide nombrar a Don Jesús junto a Don Juan José Blanco -hasta entonces párroco de Posada de Rengos y vicario parroquial de Cangas- párrocos in solidum de las ocho parroquias que llevaban los dos curas de Cangas; las ocho que llevaba Don Antonio en la zona de Coliema-Tebongo, y, sin olvidar, las ocho de la zona de Rengos que venía atendiendo Juanjo. En total dieciséis nuevas parroquias a sumar y para lo cual el Arzobispado envió a un tercer sacerdote para atender en equipo toda esta nueva Unidad Pastoral.



A continuación adjunto la relación de sacerdotes que trabajaron con Don Jesús los últimos años:

Rvdo. Sr. D. Juan Antonio Menéndez (1981 - 1986).
Trasladado a Teverga (+) Obispo de Astorga

Rvdo. Sr. D. Luis González Fernández (1985 - 1899).
Marcha a la misión diocesana de Benín 

Rvdo. Sr. D. José Ramón Castañón Rodríguez (1987 - 1989).
Trasladado a la Espina 

Rvdo. Sr. D. Eustasio Sánchez Fonseca (1988 - 1991).
Trasladado a Campo de Caso

Rvdo. Sr. D. Segundo Fernández Arias (1989 - 1994).
Trasladado al Alto Aller

Rvdo. Sr. D. Julián Francisco Herrojo Rodríguez (1991 - 1997).
Enviado a Jerusalén para ampliar estudios

Rvdo. Sr. D. Juan Ignacio García Iglesias (1994 - 1998).
Trasladado a Salcedo de Grado

Rvdo. Sr. D. Santiago Rancaño Fernández (1997 - 1998).
Trasladado a Riaño (Langreo)

Rvdo. Sr. D. Antonio Vázquez Escobar (1999 - 2002).
Enviado a Roma para ampliar estudios

Rvdo. Sr. D. Jesús Cueva García (1998 - 2002).
Trasladado a Pola de Allande

Rvdo. Sr. D. Reinerio Rodríguez Fernández (2002 - 2013).
Trasladado a Sabugo (Avilés) 

Rvdo. Sr. D. Vicente Salvador Soler Soler (2013 - 2014).
Se reincorpora a la diócesis de Valencia

Rvdo. Sr. D. Javier García - Cuevas Alfaro (2014 - 2018).
Trasladado a Sabugo (Avilés) 

Rvdo. Sr. D. Juan José Blanco Salvador,
Vicario Parroquial (2014 - 2018)
Párroco in solidum (2018 - ____). Ahora párroco moderador

Rvdo. Sr. D. Cesar Gustavo Acuña Dos Santos,
Vicario Parroquial (2018 - 2019). Ahora párroco in solidum

Rvdo. Sr. D. Antonio Moretón Puig,
Adscrito (2018 - ____). Continúa adscrito a la Basílica

Don Jesús cesó no sólo como párroco de la villa canguesa, sino además de otras veintitrés parroquias y el Santuario de Acebo. Se jubila pues, este allerano de Moreda, con ochenta y un años muy bien llevados y cincuenta y tres de ministerio sacerdotal en activo.

Feliz jubilación a los aludidos y gracias por esas vidas entregadas a Dios y a las almas, y Ad multos annos. 

Mons. Sanz, a los trabajadores de Vesuvius: “Estamos a su lado y hacemos nuestra su causa”

(Iglesia de Asturias) El Arzobispo de Oviedo, Mons. Jesús Sanz, ha recibido hoy viernes, en el Obispado, a una representación de los trabajadores de la empresa Vesuvius. Antes de pasar a mantener una reunión privada con ellos, tuvo lugar un breve coloquio ante los medios de comunicación en el que reiteró el apoyo de la Iglesia asturiana a los trabajadores, y sostuvo que el encierro de tres de ellos en la Catedral puede prolongarse indefinidamente, pues “no están por capricho y no son turistas en la Catedral, vienen porque han encontrado un escaparate donde pueden, también desde la Iglesia, dar a conocer el drama que están viviendo ellos y sus familias, y nosotros, como Iglesia, no podemos más que estar a su lado. No sólo no se les va a desalojar, sino que queremos hacer causa con ellos”.

En cuanto a la posible coincidencia del encierro con la visita de los Reyes de España y sus hijas la semana que viene con motivo de los Premios “Princesa de Asturias”, el Arzobispo ha señalado que “hubiera sido preferible estar hablando de los trabajadores de Vesuvius con motivo de una efeméride que tiene un comienzo y que luego termina, pero el problema es que el drama de estas personas no termina, va a continuar y encima no pinta bien”. “¿Que eso interfiere y coincide en algo, que además supone para Asturias un momento muy importante? Pues siento mucho que coincida, pero ellos son prioridad”, añadió.

Además, recordando la expresión “vivimos en un mundo del descarte” del Papa Francisco, Mons. Sanz Montes explicó que no es tolerable que “una empresa que deja de ganar menos dinero del que esperaba, aplique el descarte, como si las personas fueran máquinas, que cuando se quedan obsoletas, se prescinde de ellas”. “Es que no son máquinas –recordó– son personas, y esas personas primero tienen una dignidad como trabajadores y tienen detrás a unas familias que no se pueden aparcar ni descartar”.

“No debemos de olvidarnos de los trabajadores de Vesuvius, porque son nuestra gente y no queremos ni mirar para otro lado ni distraernos piadosamente. Cuando hay que arrimarse, lo hacemos. La Iglesia en Asturias lo ha hecho siempre, por tanto ahora no va a ser menos, y es lo que queremos transmitirles, nuestra cercanía, nuestra solidaridad y la certeza de que estamos a su lado porque hacemos nuestra su misma causa”.