martes, 8 de diciembre de 2015

La Purísima. Por Monseñor Demetrio Fernández González

La fiesta de la Inmaculada brilla con esplendor de cielo azul. Un cielo limpio en el que brilla el sol de la pureza y de la gracia. La fiesta de la Inmaculada llena de alegría el alma del pueblo cristiano. Ella anuncia la cercanía de la redención, que viene a traer al mundo el Hijo de sus entrañas, Jesucristo, que nacerá en la nochebuena como fruto bendito de su vientre virginal.

María es el primer fruto de la redención, porque ha sido preparada por Dios para ser la madre de su Hijo divino hecho hombre. Ella no conoció el pecado. Fue toda limpia y hermosa, llena de gracia y santidad. Vale la pena mirar a María continuamente, pero más todavía cuando llegan sus fiestas, y de manera singular esta fiesta de la Inmaculada.

En un mundo como el nuestro, la vieja Europa nuestra que ignora sus raíces cristianas, va creciendo el ateísmo militante, fruto del alejamiento de Dios de muchedumbres inmensas, en una “apostasía silenciosa” generalizada, como decía san Juan Pablo II. Todo ello es fruto del pecado, del egoísmo en todas sus formas. Injusticias, corrupción, desprecio de la vida y de los derechos humanos, odios, guerras. El pecado ha hecho y sigue haciendo estragos en la historia de la humanidad. En medio de todo ese estiércol ha brotado una flor, cuyo fruto maduro va a ser su Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

Es un balón de oxígeno para el cristiano en todo tiempo mirar a María, la Purísima, la concebida sin pecado, la llena de gracia. Nosotros que somos pecadores, y que no somos capaces de salir de nuestro pecado por nuestras solas fuerzas, al mirarla a ella sentimos el alivio de la gracia, que en ella resplandece con toda plenitud. El corazón se nos llena de esperanza. Nosotros hemos nacido en pecado, el pecado original, y el bautismo nos ha librado de la muerte eterna, haciéndonos hijos de Dios. En nosotros permanece la inclinación al pecado, el atractivo del pecado (la concupiscencia, que no es pecado, pero procede del pecado e inclina al pecado). María, sin embargo ha sido librada de todo pecado antes de cometerlo. Ni siquiera el pecado original ha tenido lugar en ella. Ni tampoco sombra alguna de pecado personal mortal o venial, ni la más mínima connaturalidad con el pecado.

“El pecado más grande de nuestros días es la pérdida del sentido del pecado”, decía hace poco el papa Francisco recordando esta misma expresión del papa Pío XII. Ciertamente, es necesario contemplar la belleza de María para sentirnos atraídos por esa meta a la que Dios quiere llevarnos: libres de todo pecado y llenos de gracia y santidad. Y esta ha de ser la propuesta permanente de la nueva evangelización: la belleza de la vida cristiana, de la vida de hijos de Dios, que en María resplandece plenamente. Muchos de nuestros contemporáneos han perdido el sentido de Dios, andan perdidos entre los afanes de este mundo, desnortados sin saber a dónde dirigir sus pasos, esclavos de tantas torceduras del corazón humano, víctimas de sus propios vicios que aíslan y encierran a la persona en sí misma y la incapacitan para amar. Todas estas y muchas más son las consecuencias del pecado, del alejamiento de Dios. Muchos incluso han perdido el sentido del pecado, porque su vida no hace referencia a Dios para nada. Muchos viven en esas periferias existenciales, lejos de la casa de Dios, y al encontrarse con María recuperan el sentido de lo bello, la verdad de la vida, la fuerza para realizar el bien.

La fiesta de la Inmaculada quiere traernos a todos esta buena noticia. Por la encarnación redentora de su Hijo divino Jesucristo, por su muerte y resurrección, se nos han abierto de par en par las puertas del cielo. Es posible la esperanza, es posible otra forma de vida, es posible amar y salir de uno mismo para entregarse a los demás, es posible la vida de gracia y santidad. Más aún, hemos nacido para eso. Y si alguna vez nos viene la duda o se oscurece el horizonte, levantemos los ojos a María Santísima, la llena de gracia, la toda limpia, la Purísima.

Que el Señor os conceda a todos una profunda renovación en este Año de la misericordia, que en el día de la Inmaculada es abierto para toda la Iglesia.

El Papa Francisco y la misericordia. Por M.ª Ángeles Díaz Menéndez (Oviedo)

Hoy, día 8 de diciembre de 2015, se inicia el año jubilar extraordinario de la misericordia, solemnidad de la Inmaculada Concepción, convocado oficialmente por el Papa Francisco el 11 de abril de 2015, vísperas del II Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia. Su Santidad el Papa Francisco ha escogido esta solemnidad ya que ese mismo día se celebra el 50º aniversario de la conclusión del Concilio Ecuménico Vaticano II, donde se iniciaba un nuevo período de la historia de la Iglesia. "La Iglesia siente la necesidad de mantener vivo este evento", comenta el Papa Francisco en esta bula. Comienza este año santo de la misericordia con la apertura de la puerta santa en la Basílica de San Pedro. Será en esta ocasión una puerta de la misericordia. La liturgia comenzará a las 9.30 de la mañana el día 8 de diciembre de 2015, en la plaza de San Pedro.

El domingo siguiente, día 13 de diciembre, III Domingo de Adviento, se abrirá la puerta santa en la Catedral de Roma, la Basílica de San Juan de Letrán. Sucesivamente se abrirá la puerta santa en las otras basílicas papales.

El Santo Padre ha establecido que en cada iglesia particular, en la Catedral, que es la iglesia madre para todos los fieles, o en la concatedral, o en una iglesia de significado especial, se abra por todo el año santo una idéntica puerta de la misericordia. A juicio del Obispo, podrá ser abierta esta puerta santa también en los santuarios. El jubileo, por tanto, será celebrado en Roma, así como en las iglesias particulares, como signo visible de la comunión de toda la Iglesia.

En Oviedo, la ceremonia de la apertura de la puerta santa de la misericordia será a las 17.30 horas, en que comenzará la procesión que partirá desde la parroquia de San Tirso hasta la puerta santa de la Catedral, donde el señor Arzobispo abrirá esta puerta santa, para continuar dicha ceremonia en el interior de la misma. En Asturias habrá otras basílicas, santuarios o iglesias con significado especial que el señor Arzobispo habrá designado para la apertura de la puerta santa de la misericordia.

Se extiende este año jubilar extraordinario de la misericordia hasta el 20 de noviembre de 2016, solemnidad litúrgica de Jesucristo Rey del Universo, que concluirá cerrando la puerta santa.

En su afán por extender la misericordia para todos, el Papa Francisco ha manifestado su deseo de que no sólo todos los fieles que puedan acercarse a estos lugares santos puedan recibir las indulgencias, previa confesión y arrepentimiento de sus pecados, propósito de enmienda, comunión, oraciones por las intenciones del Santo Padre y reflexión sobre la misericordia, el Papa Francisco ha dispuesto que los ancianos, enfermos, imposibilitados que no pueden salir de casa, viviendo en fe gozosa y ofreciendo sus sufrimientos, recibiendo la comunión o participando en la santa misa y en la oración comunitaria, también, a través de los medios de comunicación, será para ellos el modo de obtener la indulgencia jubilar.

No se ha olvidado el Papa Francisco de los encarcelados que arrepentidos de sus pecados, con propósito de enmienda, habiéndolos confesado y cumplido la penitencia impuesta por el confesor, desean recibir la indulgencia del año santo jubilar de la misericordia. A ejemplo del Padre, que "quiere que todos los hombre se salven", que a todos llegue realmente la misericordia, que desea estar cerca de quien más necesita su perdón, el Papa Francisco ha dispuesto que en las capillas de las cárceles podrán ganar la indulgencia y cada vez que atraviesen la puerta de su celda, dirigiendo pensamientos y oración al Padre, pueda ser para ellos este gesto el paso de la puerta santa.

Un signo muy importante y necesario de la misericordia del Padre que el Papa Francisco no quiere dejar de expresar en este año jubilar extraordinario de la misericordia. El Santo Padre ha decretado que durante este año santo jubilar, que comienza el día 8 de diciembre de 2015, todos los sacerdotes puedan absolver del grave pecado del aborto, que destroza la humanidad, a todas aquellas personas que hayan incurrido en él, si están verdaderamente arrepentidas, tienen propósito de enmienda y cumplen la penitencia que el sacerdote les imponga. No sólo incurren en este pecado quienes abortan, sino todos los que colaboran en ello. Durante el año santo jubilar, podrán acercarse a cualquier sacerdote si se arrepienten de todos sus pecados, los confiesan y con propósito de enmienda cumplen la penitencia impuesta por el sacerdote, que deberá actuar como juez misericordioso. "Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso".

El Papa Francisco, como él mismo indica en la bula de la convocación de este jubileo, "la misericordia es la viga maestra que sostiene la Iglesia", no se ha olvidado de otra parte importante de católicos. Los divorciados vueltos a casar y parejas de hecho. Muchos, a pesar suyo, viven en situación irregular, sufriendo esta situación. Me refiero a los católicos casados por la Iglesia cuyo matrimonio ha fracasado y se han vuelto a casar civilmente, o fracasado su matrimonio católico, viven en pareja sin regularizar su situación de acuerdo con la Iglesia católica.

Para ellos también el Papa Francisco ha expresado un signo de misericordia, como el Padre, y ha reformado el proceso canónico para las causas de declaración de nulidad del matrimonio en el Código de Derecho Canónico. Esta reforma comenzará a tener efecto el día 8 de diciembre de 2015.

En todo momento, no cesa el Papa Francisco de recomendarnos la práctica de las obras de misericordia. Él, con la convocatoria de este año santo de la misericordia, como el buen pastor, va delante, mostrándonos el camino.

Esperemos que todos estos signos de misericordia y este año jubilar extraordinario de la misericordia nos lleven a construir y a vivir en un mundo más justo, más fraterno, más misericordioso, un mundo mejor.

sábado, 5 de diciembre de 2015

Horarios Solemnidad de la Inmaculada 2015


Desbordo de alegría en el Señor, mi alma se regocija en mi Dios.
Porque él me vistió con las vestiduras de la salvación
y me envolvió con el manto de la justicia,
como una esposa que se adorna con sus joyas (Is 61,10)


Lunes 7 de Diciembre

20:00 Vigilia en Lugones

Martes 8 de Diciembre

11:00 en Lugones

12:30 en Lugones

13:15 en Viella

Evangelio del Domingo II de Adviento . Ciclo C



Lectura del santo Evangelio según San Lucas 3, 1-16

En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la Palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.
Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del Profeta Isaías: «Una voz grita en el desierto:
preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios.»

Palabra del Señor

Juan el Bautista, profeta del Altísimo. Por Raniero Cantalamessa


El Evangelio de este domingo se ocupa por entero de la figura de Juan el Bautista. Desde el momento de su nacimiento, Juan el Bautista fue saludado por su padre Zacarías como profeta: «Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo, pues irás delante del Señor para preparar sus caminos» (Lc 1, 76).

¿Qué hizo el Precursor para ser definido como un profeta, es más, «el mayor de los profetas» (Lc 7, 28)? Ante todo, tras la estela de los antiguos profetas de Israel, predicó contra la opresión y la injusticia social. En el Evangelio del domingo siguiente le oiremos decir: «El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; el que tenga para comer, que haga lo mismo». A los publicanos [recaudadores de impuestos. Ndt.], que tan frecuentemente desangraban a los pobres con requerimientos arbitrarios, les dice: «No exijáis más de lo que os está fijado». A los soldados, inclinados a la violencia: «No hagáis extorsión a nadie, no hagáis denuncias falsas» (Lc 3, 11-14). También las palabras sobre los montes que hay que rebajar, los barrancos por colmar y los pasos tortuosos por hacer rectos, podríamos hoy entenderlas así: «Toda injusta diferencia social entre riquísimos (los montes) y paupérrimos (los barrancos) debe ser eliminada o al menos reducida; los caminos tortuosos de la corrupción y del engaño deben ser enderezados».

Hasta aquí reconocemos fácilmente la idea que actualmente tenemos del profeta: alguien que impulsa al cambio; que denuncia las deformaciones del sistema, que apunta su dedo contra el poder en todas sus formas –religioso, económico, militar- y se atreve a gritar en la cara del tirano: «¡No te es lícito!» (Mt 14, 4).

Pero Juan el Bautista hace también una segunda cosa: da al pueblo el «conocimiento de salvación por el perdón de sus pecados» (Lc 1, 77). ¿Dónde está, podríamos preguntarnos, la profecía en este caso? Los profetas anunciaban una salvación futura; pero Juan el Bautista no anuncia una salvación futura; indica a uno que está presente. Él es quien apunta su dedo hacia una persona y grita: «¡Aquí está!» (Jn 1, 29). «Aquello que se ha esperado durante siglos y siglos está aquí, ¡es Él!». ¡Que estremecimiento debió recorrer aquel día el cuerpo de los presentes que le oyeron hablar así!

Los profetas tradicionales ayudaban a sus contemporáneos a superar el muro del tiempo y mirar el futuro, pero él ayuda a superar el muro, aún más grueso, de las apariencias contrarias y permite descubrir al Mesías oculto tras el aspecto de un hombre como los demás. El Bautista inauguraba así la nueva profecía cristiana, que no consiste en anunciar una salvación futura («en los últimos tiempos»), sino en revelar la presencia escondida de Cristo en el mundo.

¿Qué tiene que decirnos todo esto a nosotros? Que también debemos mantener juntos esos dos aspectos del ministerio profético: compromiso por la justicia social por una parte, y anuncio del Evangelio por otra. No podemos partir por la mitad esta tarea, ni un sentido ni en otro. Un anuncio de Cristo, sin el acompañamiento del esfuerzo por la promoción humana, resultaría desencarnado y poco creíble; un compromiso por la justicia, privado del anuncio de fe y del contacto regenerador con la palabra de Dios, se agotaría pronto, o acabaría en estéril contestación.

Nos dice también que anuncio del Evangelio y lucha por la justicia no deben quedarse como cosas yuxtapuestas, sin vínculo entre sí. Debe ser precisamente el Evangelio de Cristo el que nos impulse a luchar por el respeto del hombre, de forma que se haga posible a todo hombre «ver la salvación de Dios». Juan el Bautista no predicaba contra los abusos como agitador social, sino como heraldo del Evangelio, «para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto» (Lc 1, 17).

viernes, 4 de diciembre de 2015

Martirologio del día 4 de diciembre


San Juan Damasceno, presbítero y doctor de la Iglesia, célebre por su santidad y por su doctrina, que luchó valerosamente de palabra y por escrito contra el emperador León Isáurico para defender el culto de las sagradas imágenes, y hecho monje en la laura de San Sabas, cerca de Jerusalén, compuso himnos sagrados y allí murió. Su cuerpo fue enterrado en este día (c. 750). 

2. Conmemoración de santa Bárbara, de la cual se dice que fue virgen y mártir en Nocomedia (s. III/IV). 

3. En Alejandría, en Egipto, san Heraclas, obispo, famoso como discípulo de Orígenes, de quien fue colaborador y sucesor en la escuela, y elegido después para regir esta sede (247/249).

 4. En Sebastopol, del Ponto, san Melecio, obispo, el cual, aunque ya famoso por su erudición, fue aún más famoso por su virtud y sencillez de vida (s. IV). 

5. En Bolonia, de la Emilia, san Félix, obispo, que fue diácono de la Iglesia de Milán con san Ambrosio (431/432). 

6*. En Vienne, de la Galia Lugdunense, san Apro, presbítero, el cual, abandonando su patria, se construyó una celda en donde llevó una vida solitaria y penitente (s. VII). 

7*. En la región de Bourges, en Aquitania, san Sigiramnio, peregrino y abad de Longoret (s. VII). 660 

8*. En Cenómano (hoy Le Mans), de Neustria, santa Adrehildis o Ada, abadesa del monasterio de Santa María (c. 692). 

9*. En el monasterio de Ellwangen, en Baviera, san Sola, presbítero y eremita (794). 

10. En Poliboto, de Frigia, san Juan, llamado el Taumaturgo, obispo, que, contra el dictamen del emperador León el Armenio, trabajó intensamente en favor del culto de las sagradas imágenes (s. IX). 

11. En el monasterio de Siegburg, de Renania, en Alemania, san Annon, obispo de Colonia, hombre de agudo ingenio, que fue tenido en gran honor tanto, en la Iglesia como en los negocios civiles, en tiempo del emperador Enrique IV, y para aumentar la fe y la devoción, procuró la fundación de muchas iglesias y monasterios (1075). 

12. En Salisbury, en Inglaterra, san Osmundo, obispo, que junto con el rey Guillermo se trasladó de Normandía a Inglaterra y, promovido enseguida al episcopado, consagró la iglesia catedral, proveyendo a la administración de la sede y al culto divino (1099). 

13. En Parma, de la Emilia, san Bernardo, obispo, el cual, siendo monje, se aplicó a una vida de perfección, y después, como cardenal, buscó el bien de la Iglesia, para, finalmente, ya obispo, procurar la salvación de las almas (1133).

 14*. En Siena, de la Toscana, beato Pedro Pectinario, religioso de la Tercera Orden de San Francisco, insigne por su peculiar caridad hacia los pobres y los enfermos, y por su humildad y silencio (1289). 

15*. En el lugar llamado Edo, de Japón, beatos mártires Francisco Gálvez, presbítero de la Orden de Hermanos Menores, Jerónimo de Angelis, presbí- tero, y Simón Yempo, religioso, estos dos últimos de la Compañía de Jesús, todos los cuales fueron quemados por odio a la fe (c. 1622/1623). 

16*. En Colonia, de Renania, en Prusia, beato Adolfo Kolping, presbítero, quien, ardientemente solícito para con los trabajadores y la justicia social, fundó una sociedad de jóvenes obreros, que difundió en muchos lugares (1865). 

17. En Verona, en Italia, san Juan Calabria, presbítero, quien fundó la Congregación de Pobres Siervos y Siervas de la Divina Providencia (1954).

Papa Francisco: «Allí donde hay necesidad siempre está la Iglesia dispuesta a curar las heridas»



(VIS) «He visto -dijo el Papa- que allí donde hay necesidad, casi siempre hay una presencia de la Iglesia dispuesta a curar las heridas de los más necesitados, en los que reconoce el cuerpo llagado y crucificado del Señor Jesús. ¡Cuántas obras de caridad, de promoción humana!¡Cuántos buenos samaritanos anónimos trabajan todos los días en las misiones!».

Después subrayó que la Iglesia, evangelizadora por naturaleza, comienza siempre por evangelizarse a sí misma ya que «discípula del Señor Jesús, escucha su Palabra, de la que obtiene las razones de la esperanza que no defrauda, porque se funda en la gracia del Espíritu Santo. Sólo así es capaz de mantener su frescura y su impulso apostólico». Como afirma el decreto conciliar «Ad Gentes»: «La Iglesia peregrinante es misionera por su naturaleza, puesto que toma su origen de la misión del Hijo y del Espíritu Santo, según el designio de Dios Padre» .«Y la Iglesia -reiteró el Pontífice- está al servicio de la misión. No es la Iglesia la que hace la misión: es la misión la que hace la Iglesia. Por lo tanto, la misión no es la herramienta, sino el punto de partida y el fin».
Cristo como mero hombre iluminado

En los últimos meses, la Congregación ha llevado a cabo una encuesta sobre la vitalidad de las Iglesias jóvenes, para encontrar la manera de hacer más eficaz la labor de la misión ad gentes, teniendo también en cuenta la ambigüedad a la que a veces se enfrenta hoy la experiencia de fe. «El mundo secular, aún cuando se muestra acogedor con los valores evangélicos del amor, de la justicia, de la paz y de la sobriedad -observó Francisco al respecto- no muestra la misma apertura a la persona de Jesús: no cree que sea ni el Mesías ni el Hijo de Dios. Todo lo más, lo considera un hombre iluminado. Separa, por lo tanto, el mensaje del mensajero, el don del Dador. En esta situación de separación, los missio ad gentes sirve como motor y horizonte de la fe.... La misión, de hecho, es una fuerza capaz de transformar la Iglesia en su interior, incluso antes que la vida de los pueblos y de las culturas. Por lo tanto, que cada parroquia haga propio el estilo de la misión ad gentes. De ese modo, el Espíritu Santo transformará a los fieles habitudinarios en discípulos, a los discípulos desafectos en misioneros, sacándolos de los miedos y los cierres y proyectándolos en todas las direcciones, hasta el fin del mundo El enfoque kerygmático de la fe, tan familiar entre las Iglesias jóvenes, debe encontrar también espacio entre las de antigua tradición».

El Papa recordó que ni Pablo ni Bernabé tenían detrás un dicasterio misionero y sin embargo, anunciaron la Palabra, crearon diferentes comunidades y derramaron su sangre por el Evangelio. «Con el tiempo aumentó la complejidad, y la necesidad de una unión especial entre las Iglesias de reciente fundación y de la Iglesia universal. Para ello, hace cuatro siglos, el Papa Gregorio XV instituyó la Congregación de Propaganda Fide, que a partir de 1967 tomó el nombre de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos-relató- Es evidente que en esta etapa de la historia no sirve una simple administración de la realidad existente.Constituyámonos en todas las regiones de la tierra en un estado permanente de misión. Es un paradigma... `Ir´ es inherente al Bautismo, y sus límites son los del mundo. Por lo tanto seguid esforzándoos para que el espíritu de la misión `ad gentes´ anime el camino de la Iglesia, y para que sea siempre capaz de escuchar el grito de los pobres y los alejados, que sepa encontrar a todos y anunciar la alegría del Evangelio».

El Santo Padre dio las gracias a la Congregación por su labor de de animación y cooperación misionera, con la que recuerdan a todas las iglesias que «si se limitan al propio horizonte corren peligro de atrofia». «La Iglesia vive y crece en salida, tomando la iniciativa y haciéndose prójimo... En los muchos caminos de la misión ad gentes se entrevé el amanecer de un nuevo día, como lo demuestra el hecho de que las Iglesias jóvenes saben dar y no sólo recibir». Prueba de ello es la disponibilidad de conceder sus sacerdotes a las iglesias hermanas de la misma nación, o del mismo continente, o para servir a las iglesias necesitadas en otras partes del mundo.«La cooperación ya no es sólo a lo largo del eje norte-sur. También hay un movimiento inverso de devolución de los bienes recibidos de los primeros misioneros. Y todos ellos son signos de madurez».

El Papa terminó su discurso instando a todos a rezar y trabajar «para que la Iglesia se conforme cada vez más al modelo de los Hechos de los Apóstoles» .«Inspirados por la fuerza del Evangelio y el Espíritu Santo -exclamó- salgamos de nuestros recintos, emigramos de territorios en los que a veces tenemos la tentación de encerrarnos».