miércoles, 21 de enero de 2015

Oración por la unidad de los cristianos de un santo del siglo I

santo

Nos habla san Clemente Romano, del siglo I. Los primeros cristianos están dispuestos a dar su vida por la unidad de la Iglesia. Se esfuerzan por mantener unido el rebaño de Cristo, que empieza a verse atacado y zarandeado por herejías, infidelidad, etc.

TEXTOS DE LOS PRIMEROS SIGLOS SOBRE LA UNIDAD DE LA IGLESIA

1. (De San Clemente, que ocupó la sede romana en los últimos años del siglo primero, se conserva una carta a la Iglesia de Corinto, en la que exhorta a aquella comunidad, amenazada de graves disensiones internas, a mantenerse en la unidad…)

Pediremos con insistente súplica, haciendo nuestra oración, que el artífice de todas las cosas guarde integro en todo el mundo el número contado de sus elegidos, por medio de su amado Hijo Jesucristo. (SAN CLEMENTE ROMANO, Epístola a los Corintios, 59, 2 – 61, 3)

2. Un ejemplo maravilloso de oración por la unidad, en primer lugar en la petición por los más necesitados…

Te pedimos, Señor, que seas nuestra ayuda y defensa. Libra a aquellos de entre nosotros que se hallan en tribulación, compadécete de los humildes, levanta a los caídos, socorre a los necesitados, cura a los enfermos, haz volver a los miembros de tu pueblo que se han desviado; da alimento a los que padecen hambre, libertad a nuestros cautivos, fortaleza a los débiles, consuelo a los pusilánimes; que todos los Pueblos de la tierra sepan que Tú eres Dios y no hay otro, y que Jesucristo es tu siervo, y que nosotros somos tu pueblo, el rebaño que Tú guías. (SAN CLEMENTE ROMANO, Epístola a los Corintios,59, 2–61, 3)

3. Militemos, pues, hermanos, con todo fervor, bajo sus órdenes intachables. Consideremos a los que se alistan bajo las banderas de nuestros emperadores. ¡Con qué disciplina, con qué prontitud, con qué sumisión ejecutan cuanto se les ordena! No todos son prefectos, ni todos tribunos, ni centuriones, ni quincuagenarios y así de los demás grados, sino que "cada uno en su propio orden" (1 Cor 15, 23) ejecuta lo mandado por el emperador y por los jefes superiores. Los grandes no pueden subsistir sin los pequeños ni los pequeños sin los grandes. En todo hay cierta templanza y en ello radica la utilidad. (SAN CLEMENTE ROMANO, Epístola a los Corintios, 37-38)

4. Tomemos el ejemplo de nuestro cuerpo: la cabeza nada puede sin los pies, ni los pies sin la cabeza; los miembros más insignificantes de nuestro cuerpo son necesarios y útiles al cuerpo entero y colaboran mutuamente en bien de la conservación del cuerpo entero. Que se conserve también entero este cuerpo que formamos en Cristo Jesús. (SAN CLEMENTE ROMANO, Epístola a los Corintios, 37-38)

Del libro:
ORAR CON LOS PRIMEROS CRISTIANOS
Gabriel Larrauri (Ed. Planeta)

martes, 20 de enero de 2015

Fe y razón, y no fe o razón


Un articulista de un periódico (http://www.atlantico.net/) se ha tomado la molestia de leer un texto mío titulado ``Islam, razón y religión´´. Se lo agradezco mucho, ya que el mayor homenaje que se le puede tributar al que escribe algo es hacer el esfuerzo de leer ese algo. Si, por añadidura, se redacta un escrito para disentir de lo leído, contraponiendo unas razones a otras, se va más allá de la mera cortesía para entrar en el terreno de una alta consideración. Por tanto,muchas gracias.

Yo me imagino – quiero suponerlo – que mi interlocutor no me considera un ser privado de razón, absolutamente incapacitado para discurrir o para aportar argumentos que sostengan mis propias convicciones. Y quiero suponerlo porque, sin esa base, el diálogo resultaría imposible. Yo creo que la razón une. Y creo también que si algo me convence a mí puede, en principio, convencer a otros.

En el fondo, me parece que mi interlocutor me concede más de lo que aparentemente me concede: Claro que contra los excesos, dice, “es necesario luchar a través de la razón”. Y añade, y en ello también estoy de acuerdo, que es necesario apostar por la cultura, por la enseñanza, por la razón, por el conocimiento y por “la lucha contra las mafias organizadas, contra los intereses de las multinacionales, a quienes el individuo les trae sin cuidado y no es más que un instrumento de explotación”.

Quizá, en el fondo, lo que me distancie de mi interlocutor – pese a esas coincidencias – sea solo una letra, la “o”, una conjunción disyuntiva, en lugar de la “y”, una conjunción copulativa. Es decir, él opta por la alternativa (o una cosa o la otra), y yo por la unión (una cosa y la otra).

La fe no es, en modo alguno, una alternativa a la razón. La fe es, de hecho, un ejercicio de la razón como cualquier otro. Ni más ni menos. El hombre que cree, por el hecho de creer, no violenta de ningún modo su naturaleza racional. Claro que no podrá creer cualquier cosa; habrá que ver si cuenta con buenas razones para creer esto o lo otro, pero creer, de por sí; tener fe, de por sí, no contradice la racionalidad humana.

Como el espacio de un artículo es reducido, me limito a remitir a dos textos, cuya lectura puede resultar interesante para alguien que no busque cerrar los expedientes antes de analizarlos: “Ensayo para contribuir a una Gramática del Asentimiento”, de J.H. Newman, y “Fe y razón”, de R. Swinburne. Ambos autores – distantes en el tiempo – coinciden no solo en su común filiación oxoniense, sino en la defensa motivada de la racionalidad de la creencia y de la fe.

¡Claro que la ciencia es muy importante! ¿Quién lo pone, seriamente, en duda? Pero la ciencia no es la razón, sin más, ni el conocimiento  humano, sin más. La ciencia, y el conocimiento científico, es solo una parcela – por destacable que sea – del conocimiento humano y del uso humano de la razón.

La tesis según la cual el conocimiento humano se reduce exclusivamente al conocimiento científico no es un postulado científico, sino dogmático, como bien ha recordado el filósofo de la ciencia G. Radnitzky: el cientificismo es “la creencia dogmática de que el modo de conocer llamado ‘ciencia’ es el único que merece el título de conocimiento, y su forma vulgarizada: la creencia de que la ciencia eventualmente resolverá todos nuestros problemas o, cuando menos, todos nuestros problemas ’significativos’. Esta creencia está basada sobre una imagen falsa de la ciencia. Muchos e importantes filósofos, desde Nietzsche a Husserl, Apel, Gadamer, Habermas, Heelan, Kisiel, Kockelmans y otros, han considerado el ciencismo como la falsa conciencia fundamental de nuestra era”.

Hay otra cosa también que me distancia de mi interlocutor: El aparente desprecio que parece destilar hacia el “tercer mundo”. Como si cultura y riqueza coincidiesen sin más. El llamado “tercer mundo” tiene sus problemas, pero también los tiene la vieja Europa, esa Europa laica y descreída en exceso que, borracha de soberbia ilustrada, no sabe ya ni por qué ni para qué vivir. Es como si Prometeo hubiese dimitido de sus afanes, o como si Baco no consiguiese despertar de la resaca. Solo queda Narciso, tan débil, tan autocomplaciente, tan poco amigo de creer y de razonar que se ahoga contemplando su propia imagen. Con el aplauso de las multinacionales, que solo se preocupan por afianzar su narcisismo consumista.

Guillermo Juan Morado

Infancia Misionera 2015


lunes, 19 de enero de 2015

Se siente. No hay cuarta vía


La Iglesia es la institución que es y tiene las normas que tiene. En ella hay cosas que pueden cambiarse y de hecho se han ido cambiando, y cosas que no.

A uno no tienen por qué entusiasmarle todas las cosas que la Iglesia enseña y pide a los católicos.Supongo que hay cosas que nos encantan, otras que están bien, y otras que no acabamos de entender o que incluso positivamente nos disgustan. A nadie se nos pide que nos maraville todo, se nos pide que acatemos con alegría y confianza.

¿Qué hacer cuando hay cosas de la iglesia que a uno no sólo no le gustan, sino que le disgustan o que incluso está convencido en su fuero interno que deberían ser modificadas? Pues hay tres vías, y no se me ocurren más:

1. Aceptar lo que hay, desde el convencimiento de que quizá uno no lo tiene todo tan claro ni es tan sabio, y si la iglesia lo dice por algo será. Y aceptarlo con buena disposición de ánimo, que es mucho más que aguantarse. Aceptarlo con “deportividad”.

2. Luchar por los medios establecidos para que las cosas que pueden cambiarse lo hagan a mejor. Es inútil pretender que la iglesia acepte el aborto, ya que el quinto mandamiento viene de Dios y no somos quienes para dispensarlo, o el adulterio que está comprendido en el sexto. Pero por ejemplo la liturgia hoy se puede hacer en lengua vernácula cuando antes estaba limitada a la lengua latina. Es decir, que hay cosas que de hecho cambian. Pero para eso hay unos cauces que son los que deben seguirse y aprovecharse.

3. Abandonar el barco y marchar a tierras donde uno se sienta mejor cuidado y más comprendido. Porque no tiene sentido estar en una institución que en lugar de darme la paz del corazón me tiene de los nervios.

Lo que no vale es esa cuarta vía hoy tan reivindicada por algunos sectores de la Iglesia de hacer lo que me venga en gana por imperativo (seamos claros, por la excusa) de la propia conciencia. Es esa gente que directamente hace lo que quiere porque le sale de sus principios más personales. En su primer jueves santo como pontífice lo recordaba el papa Francisco: así no se reforma la iglesia. Usted está en la iglesia y esto es lo que hay. Por tanto si no está de acuerdo en cómo funciona la institución le quedan tres posibilidades: aguantar y aceptar (vía 1), luchar desde dentro con los medios que tenemos para que la cosa cambie(vía 2) o apuntarse a otra historia (vía 3).

No. No se está echando a nadie de la iglesia, no empecemos con esto. Da igual la iglesia que un club de baloncesto. Si a usted no le gusta el reglamento le quedan esas tres vías: aguantarse,  cambiarlo con los medios establecidos o jugar a otro deporte. Lo que no puede ser es que por sus santas narices haya que aguantar que juegue al baloncesto a patadas con el balón. Pues no. Y esto sirve igual para el baloncesto, la iglesia o su comunidad de vecinos. Nadie comprendería que si las normas de la comunidad dicen que a partir de las doce de la noche silencio, como yo no estoy de acuerdo me pase las noches tocando la trompeta. Pues no. Es facilito.

Y lo curioso del asunto es que la gente, cuanto más demócrata se cree, más utiliza la cuarta vía: la de hacer lo que me da la gana en aras de mi supuesta libertad. No y no. Democracia no es hacer lo que me viene en gana. Es cumplir escrupulosamente lo que todos nos hemos dado. No nos confundamos

Jorge Glez. Guadalix

No te olvides

sábado, 17 de enero de 2015

Evangelio del Domingo II del Tiempo Ordinario – Ciclo B


Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 35-42

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice:
– «Éste es el Cordero de Dios.»
Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta:
– «¿Qué buscáis?»
Ellos le contestaron:
– «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?»
Él les dijo:
– «Venid y lo veréis.»
Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice:
– «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).»
Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo:
– «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro).»

Palabra del Señor