viernes, 16 de enero de 2015

La parroquia de Lugones celebra San Antón con la sexta bendición de mascotas


Gonzalo BENGOA (LNE)

La parroquia de San Félix de Lugones celebra el próximo domingo, 18 de enero, la fiesta de San Antón con una bendición de mascotas y animales domésticos. La bendición tendrá lugar al mediodía, tras la misa de los niños y antes de la de los mayores, según anunció el párroco, Joaquín Serrano.

Los vecinos y feligreses podrán llevar a sus mascotas, de cualquier tipo, para su bendición. Ésta será la sexta ocasión en la que la parroquia lugonense celebra de esta forma la fiesta de San Antón y que cuenta con una gran aceptación y simpatía.

Los perros y gatos son los animales más habituales en este acto, aunque son muchos los feligreses que acuden a la bendición con otras mascotas como pájaros, peces o tortugas

El Papa reconoce lo obvio: la libertad de expresión tiene un límite


(Infocatolica) “No puedes jugar con la religión de los demás. No puedes insultar su fe o reírte de ella… En la libertad de expresión hay límites“.

Son palabras del Papa Francisco a los periodistas en el avión que le llevaba de Sri Lanka a Filipinas. Deja así claro que él tampoco es Charlie. Que no vale todo. Que condenar el atentado contra los responsables de la revista Charlie Hebdo no significa alabar el tipo de libertad de expresión de la publicación. Porque esa libertad se construye en base al ataque y la burla de lo que es considerado como más sagrado por millones de ciudadanos.

Es de esperar que las declaraciones del Santo Padre produzcan cierto revuelo entre los medios de comunicación que han canonizado civilmente a la revista blasfema francesa, pero lo que ha dicho el Papa lo piensa cualquier católico con un mínimo de respeto por su fe, por Dios y por la Iglesia.

Hemos sabido también que los responsables de la Revue Etudes han dado marcha atrás y han retirado tanto viñetas de Charlie Hebdo ofensivas contra el catolicismo como, lo que era peor, un editorial alabando una libertad de expresión en la que tenía sitio ese material. Lo que ocurre es que no lo han hecho por convencimiento sino por la presión de multitud de católicos que estaban escandalizados con la revista jesuita francesa.

Me imagino que el sentido común llegará a la totalidad de los medios de comunicación católicos o propiedad de la Iglesia. No se puede decir que en todos ellos haya prevalecido el respeto a lo sagrado por encima de un ilimitado derecho a la libertad de expresión. El Papa ha hablado claro. No existe derecho a blasfemar. No existe derecho a mofarse de la fe de la gente.

Luis Fernando Pérez Bustamante

PD; Interesante también el hecho de que el papa Francisco haya hecho referencia al discurso del papa Benedicto XVI en Ratisbona:

Papa Benedicto, en un discurso habló de esta mentalidad post-positivista, de la metafísica post-positivista, que llevaba a creer que las religiones o las expresiones religiosas eran una especie de sub-cultura, toleradas, pero poca cosa, no forman parte de la cultura iluminista. Y esta es una herencia de la Ilustración. Hay mucha gente que habla mal, que se burla de la religión de los demás.

jueves, 15 de enero de 2015

San Antón en Lugones 2015


Je suis chrétien, seulment (Yo soy cristiano, solamente)


Es una ventana que muestra un horizonte oscuro, como cambiando los contornos de la esperanza por los trazos de la tristeza. Sus brumas nos imponen un rictus de preocupación, y en algunos casos un razonable miedo y sobresalto. ¿Qué cuadro nos dibuja este momento tras nuestro cristal blindado cuando nos asomamos al ventanal de estos días? Que la vida es vulnerable. Mucho. Que no hay paraguas atómico ni medidas de seguridad ante gente que decide segarte la vida si no te pliegas a sus dictámenes y credos. En nombre de un dios inexistente que se les aparece en el fantasma de su fanatismo para pedirles que maten al infiel a sangre fría o a sangre caliente, se alejan del verdadero Dios clemente y misericordioso, un Dios que no odia lo que Él ha creado y que siempre es amigo del hombre, como dice la Biblia. Por eso no hay fisura en la condena que tantos hemos hecho ante este último atentado contra la vida que ha asesinado vilmente a unas personas, independientemente de lo que ellas pensasen, creyesen, escribieran o dibujasen. La vida vale más que todo eso, es más sagrada que todo eso, motivo por el cual “eso” (lo que piensan, creen, escriben o dibujan) es menos importante, tan infinitamente inferior que jamás legitima que por ello te puedan asesinar.

Pero dicho esto, deberíamos abrir una reflexión sobre la indignación dolida de nuestro herido occidente ante este ataque por parte de unos extremistas radicales. La revista francesa L’homme nouveau ha publicado un artículo sereno, lúcido y valiente por firmarlo contracorriente cuando estábamos en el punto álgido de la tragedia de los asesinatos de París en estos días. Frente al eslogan que ha sido repetido por doquier como un mantra, esta otra revista francesa ha dicho lo siguiente: «Yo no soy Charlie: la libertad de expresión y la libertad de prensa no dan derecho a insultar, despreciar, blasfemar, a pisotear o burlarse de la fe o de los valores de los ciudadanos, ni a atacar de modo sistemático a las comunidades musulmana o cristiana. No, yo no soy Charlie y nos choca ver a Mahoma como una boñiga con turbante o a Benedicto XVI sodomizando niños. No es cuestión de tolerancia o librepensamiento: el insulto es una violencia. Charlie murió por haber minimizado los riesgos del Islam radical. Pensó que por vivir en un país cristiano podía insultar de forma segura. Yo no soy Charlie, pero soy cristiano. No he pensado ni por un solo instante que tenían que morir, o que habían encontrado lo que merecían. Paz a sus almas y que Dios les acoja, si ellos quieren, en su misericordia. Pero yo no soy Charlie».

Yo sólo soy cristiano. Por eso condeno esta matanza, al tiempo que leo con agrado a los que tienen la lucidez de condenar los execrables atentados que han acabado con estas vidas, y tienen la libertad de denunciar también la violencia que entraña siempre el insulto, el desprecio, la mofa, la ridiculización, la blasfemia, todo lo que injustamente hiere hasta la ofensa los sentimientos y las creencias de las personas que los tienen y las profesan, porque esto a su modo también es violencia.

Hay gente que está siendo asesinada por estos fanáticos extremistas por tener sencillamente un nombre cristiano, una fe cristiana, una vida cristiana. En Siria, Afganistán, Nigeria, Libia… matan a cristianos, secuestran a niñas cristianas, expulsan a cristianos de su tierra, roban sus casas y sus iglesias, sin que casi nadie de Occidente lo denuncie, ni se hagan conjuras intergubernamentales, ni se convoquen manifestaciones callejeras, ni se lloren a los que inocentes de toda provocación y ofensa, son masacrados sencillamente por ser diferentes, por ser cristianos sin serlo contra nadie.


+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

miércoles, 14 de enero de 2015

Hoy hemos despedido a una gran amiga de esta Parroquia , Mercedes García Gonzalez D. E. P.

La blasfemia según el Catecismo


Hay un número muy interesante del Catecismo de la Iglesia Católica, el 2148, referido a la blasfemia. Dice así:

“La blasfemia se opone directamente al segundo mandamiento. Consiste en proferir contra Dios —interior o exteriormente— palabras de odio, de reproche, de desafío; en injuriar a Dios, faltarle al respeto en las expresiones, en abusar del nombre de Dios. Santiago reprueba a “los que blasfeman el hermoso Nombre (de Jesús) que ha sido invocado sobre ellos” (St 2, 7). La prohibición de la blasfemia se extiende a las palabras contra la Iglesia de Cristo, los santos y las cosas sagradas. Es también blasfemo recurrir al nombre de Dios para justificar prácticas criminales, reducir pueblos a servidumbre, torturar o dar muerte. El abuso del nombre de Dios para cometer un crimen provoca el rechazo de la religión.

La blasfemia es contraria al respeto debido a Dios y a su santo nombre. Es de suyo un pecado grave”.

La condena que el Catecismo hace de la blasfemia abarca, de un modo sabio, el reproche hacia las acciones o palabras que se dirigen contra Dios, así como hacia las acciones o palabras, que abusando del nombre de Dios, se dirigen contra los demás en forma de crímenes, de tortura o de muerte.

A Dios se le injuria cuando se profana su Nombre o cuando se profana lo sagrado, lo santo, lo consagrado a Él. Pero se le injuria también cuando, pretendidamente en su Nombre, se agravia a los demás.

Una sociedad civilizada sería aquella en la que se fomentase el respeto hacia Dios y hacia las realidades sagradas. Reconocer lo sagrado como sagrado impone un límite; nos recuerda que no todo es lo mismo ni todo es igual. Nos recuerda que muchas realidades – ante todo Dios, pero también el hombre, en tanto que criatura de Dios – no son disponibles y manipulables a nuestro gusto, sino que merecen reconocimiento, veneración, consideración.

¿Merecen también respeto las creencias de quienes practican otras religiones? Sin duda, sí, porque, incluso en las otras religiones, se puede atisbar, y algo más que atisbar, la virtud de la religión, que nos dispone a dar a Dios lo que, como criaturas, le debemos. En primer lugar, la adoración.

Y también merecen respeto porque quienes profesan esas otras creencias son seres humanos, cuya conciencia y cuya libertad religiosa debemos custodiar como un bien a proteger. Solamente se puede restringir esa libertad si supone una amenaza real para el bien común.

Las leyes deben garantizar, asimismo, estos derechos – el derecho a la libertad de las conciencias y a la libertad religiosa - , pero han de hacerlo, a la hora de frenar la blasfemia, con firmeza y moderación, con sensatez. Sabemos, la realidad es testigo de ello, como, en algunos países, se invoca con excesiva frecuencia las leyes anti-blasfemia para perpetrar auténticas barbaridades; para cometer blasfemias aun peores de las que, supuestamente, se pretenden evitar.

Guillermo Juan Morado.

Necrológica diocesana


Ha fallecido el Rvdo. Don Santos Sanchez Bernardo después de días ingresado tras el atropello sufrido el pasado sábado. Este buen sacerdote había nacido hace 81 años en Moreda de Aller. Muy niño aún empezó a trabajar como pinche de albañil hasta que a los doce años sintió la llamada del Señor. Aquel joven allerano se lo comunicó a su Párroco Don Eloy, quién le llevó para el seminario.


Fue ordenado sacerdote en el año 1960. Su primer destino fue como coadjutor en Ciaño. Después sería destinado a la Villa del adelantado dónde trabajo sin descanso hasta este sábado en que sufrió el accidente. En Avilés empezó en la Parroquia de Santo Domingo de Miranda, haciéndose cargo después de una Parroquia nueva, la del Santísimo Cristo de la Misericordia en el barrio de la Carriona. Así mismo, Don Santos, ha sido durante muchos años capellán del cementerio municipal de Avilés.


Hombre sencillo y cercano, era todo un entendido de música litúrgica y tenia un gran habilidad como organista. Muchísimas son las familias a las que Don Santos acompañó al despedir a sus seres queridos, ahora les toca a los avilesinos despedir al padre espiritual de ese gran campo santo de la Carriona dónde cada año, el 1 de Noviembre, celebraba su cumpleaños trabajando por el Reino de los cielos, confiando a los difuntos.
Descanse en paz.