martes, 13 de enero de 2015

Jornada del Emigrante

Elogio del cura egoísta


Ya. Si ya sé que suena mal, pero verán como al final se me entiende todo. ¿Curas egoístas? ¿Curas pensando en sí mismos? Vergonzoso… si justo lo que tienen que hacer es todo lo contrario: olvidarse de sí mismos, pensar en Cristo y en la Iglesia, en los pobres.Pues sí, y no, y según y depende.

¿Piensan ustedes que un griposo está en las mejores condiciones para hacer un trabajo por los demás? ¿Un deportista puede rendir al máximo si no se cuida, si no entrena?¿Puede alguien trabajar duro sin una alimentación correcta, su tiempo de descanso, de ocio?

Demasiados son los sacerdotes que desgraciadamente hemos visto quemados por no cuidarse lo suficiente. Eran tantas las urgencias pastorales y sociales que muchas veces ni comer en serio, ni descansar lo mínimo, sacando el tiempo que no se tiene a base de renunciar incluso a la oración, la vida sacramental, la formación continua. Sacerdotes que de repente un día se encontraron a sí mismos desfondados, agotados, sin ilusión. Sacerdotes trabajadores hasta dar la vida… pero que no supieron cuidarse.

Es verdad que la Iglesia necesita sacerdotes, que la evangelización nos apremia, que los pobres nos esperan. Pero malamente seremos útiles los curas si no nos hacemos un pelín egoístas en cosas tales como la constancia en el rezo de la liturgia de las horas, la oración personal, la vida sacramental que tiene que ser más que una tarea que cumplimos, sino sobre todo nuestra fuente más pura de espiritualidad con la oración. La mayor y mejor fuente de espiritualidad del sacerdote diocesano es el ejercicio del ministerio, por eso no somos funcionarios, sino ministros del señor.

Egoístas para sacar cada día un rato para estar a solas con el Señor. Egoístas para sacar tiempo para leer un buen libro o un documento interesante. Egoístas para celebrar la eucaristía con mimo.

Ojo. Que ya sé que las exageraciones siempre son malas. Y que igual que hay curas que se quemaron con tanta actividad, también los hay que se cuidan tanto que no salen de su propio invernadero. El medio justo ese de la virtud que anda que no es difícil encontrar.

Si de verdad quieren sacerdotes santos, alegres, ilusionados, entusiasmados por su ministerio, preocupados por cada persona, alégrense de que sean curas que recen, mediten, lean, se formen y se traguen un novelón también de cuando en cuando. Muy triste cuando alguien te dice que no lee porque no tiene tiempo, que no reza por sus muchísimas ocupaciones, que ni se sienta a confesar y ni siquiera celebra a diario porque a veces no le queda ni un rato. Penoso. Porque entonces, ¿a qué dedicamos el tiempo?

Un día nos puede pasar. Se complicó todo de tal manera que uno acabó la jornada como buenamente pudo. Pero un día. Si esto es la tónica… malo, muy malo. Y un aviso para los proclives al invernadero: rezamos, estudiamos, nos cuidamos… para algo. Tan malo es eso de “si tengo tiempo” rezo o celebro, como “si tengo tiempo” voy un rato al despacho.

Jorge Glez. Guadalix

lunes, 12 de enero de 2015

La parroquia de Lugones gana el concurso de belenes del Ayuntamiento de Siero


informa G.BENGOA LNE

El nacimiento que montó la parroquia de San Félix de Lugones ganó, por segundo año consecutivo, el III Concurso de Belenes de Siero. El párroco Joaquín Serrano se mostró satisfecho por el galardón. El sacerdote afirmó que en Lugones hay intención de organizar una asociación belenista, 


sábado, 10 de enero de 2015

El Bautismo del Señor – Ciclo B Domingo 11 de Enero


Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 7-11

En aquel tiempo, proclamaba Juan:

– «Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero Él os bautizará con Espíritu Santo.»

Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán.

Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia Él como una paloma. Se oyó una voz del cielo:

–«Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto.»

Palabra del Señor

Vio rasgarse el cielo


Juan es el precursor de Jesús. Su bautismo de agua, de penitencia, que expresa el deseo de ser purificados de los pecados, es todavía imperfecto y provisional puede desconcertarnos a nosotros, como desconcertó a los primeros cristianos, que Jesús fuese bautizado por Juan. Jesús no tenía pecado ni, en consecuencia, necesidad de ser purificado. Además, Jesús es superior a Juan.

¿Cuál es, entonces, la razón de su Bautismo? Santo Tomás de Aquino indicaun motivo de ejemplaridad: “Cristo quiso ser bautizado para inducirnos al bautismo con su ejemplo”. Y añade: “por eso, a fin de que su incitación fuese más eficaz, quiso ser bautizado con un bautismo que evidentemente no necesitaba para que los hombres se acercasen al bautismo que necesitaban”.

El Señor, haciéndose bautizar por Juan, se acerca más a nosotros; se introduce entre los pecadores, se hace solidario con nosotros compartiendo, por decirlo así, nuestra suerte para de esa manera transformala en camino de salvación.

San Marcos escribe en su evangelio la visión que, apenas salió del agua, tuvo Jesús:vio rasgarse el cielo y al Espíritu Santo bajar hacia Él como una paloma (cf Mc 1,9-11). El cielo no simplemente se abre, sino que se rasga. Se cumple así el deseo expresado por el profeta Isaías: “¡Ojalá rasgases el cielo y bajarse!” (Is 63,19).

En el Bautismo de Jesús, Dios ha rasgado de un modo irrevocable los cielos, que ya no podrán cerrarse de nuevo. Se anticipa, en el Bautismo del Señor, lo que acontece en su Pascua, cuando en el momento de su muerte “el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo” (Mc 15,38).

A través de esta cortadura de gracia, Dios derrama su Espíritu en la tierra. Al igual que el Espíritu Santo sobrevuela en el momento de la creación las aguas originales del caos (cf Gn 1) desciende ahora hacia Jesús como una paloma. En Él, en Jesús, comienza la nueva creación, el mundo reconciliado con Dios.

La audición explica el sentido de la visión: “Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto”. Jesús es el Hijo en quien el Padre se complace. En esta relación única y singular de Jesús con el Padre es introducido cada uno nosotros por la recepción del sacramento del Bautismo. Como comenta Benedicto XVI: “las palabras que resonaron desde el cielo sobre el Hijo unigénito llegan a ser verdaderas para todo hombre y toda mujer que renace por el agua y por el Espíritu Santo: Tú eres mi Hijo amado”.

El Bautismo se revela como un camino que viene de Dios a nosotros y que nos permite a nosotros unirnos a Él. Jesús abre ese camino sumergiéndose en las aguas del Jordán, haciéndose accesible a los pecadores, para abrir la puerta de la esperanza e indicarnos el sendero que debemos recorrer para encontrarlo y para sentirnos amados por Él.

Al celebrar el Bautismo de Jesús y al hacer memoria de nuestro Bautismo debe aflorar en nuestros corazones un sentimiento de gratitud por esos cielos rasgados que permiten que Dios, por su Espíritu, nos recree como criaturas nuevas, como hijos adoptivos. Y a la vez una petición sincera para que, con ayuda de la gracia, podamos perseverar en el cumplimiento de la voluntad de Dios.

Guillermo Juan Morado.

«Mil cursos de yoga, zen y esas cosas» no te darán la libertad del hijo de Dios Padre, dice el Papa

«Mil cursos de yoga, zen y esas cosas» no te darán la libertad del hijo de Dios Padre, dice el Papa

(Radio Vaticano/ Rel)
El Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina del viernes celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta explicó que los dolores de la vida pueden hacer que una persona se encierre en sí misma, mientras el amor la hace libre porque descubre a Dios como Padre, algo que ni los cursos de yoga ni de zen pueden lograr. Este poder sólo lo tiene el Espíritu Santo.

El Papa meditó sobre el episodio del Evangelio de Marcos – en el que los discípulos se asustan al ver a Jesús que camina hacia ellos sobre el agua – y que concluye con una consideración acerca del porqué de aquel susto: los Apóstoles no habían comprendido el milagro de los panes porque “su corazón estaba endurecido”.

Vida dura y murallas de protección
Un corazón puede  ser de piedra por muchos motivos, observó Francisco. Por ejemplo, a causa de“experiencias dolorosas”. Sucede a los discípulos de Emaús, temerosos de hacerse ilusiones “otra vez”. Le sucede a Tomás que rechaza creer en la Resurrección de Jesús.

El Pontífice también indicó que “otro motivo que endurece el corazón es la cerrazón en sí mismo”.

“Hacer un mundo en sí mismo, cerrado. En sí mismo, en su comunidad o en su parroquia, pero siempre cerrazón. Y la cerrazón puede girar en torno a tantas cosas: pensemos en el orgullo, en la suficiencia, pensar que yo soy mejor que los demás, también en la vanidad, ¿no? Existen el hombre y la mujer espejo, que están encerrados en sí mismos para verse a sí mismo continuamente , ¿no? Estos narcisistas religiosos, ¿no? Tienen el corazón duro, porque están cerrados, no están abiertos. Y tratan de defenderse con estos muros que crean a su alrededor”.

La seguridad de la prisión
También está quien se atrinchera detrás de la ley, aferrándose a la “letra” a lo que establecen los mandamientos. Aquí – afirmó el Papa – lo que endurece el corazón es un problema de “falta de seguridad”. Y quien busca solidez en lo que dicta la ley está seguro – añadió Francisco con un poco de ironía – como “un hombre o una mujer en la celda de una cárcel detrás de los barrotes: es una seguridad sin libertad”. Es decir, lo opuesto de lo que “vino a traernos Jesús, la libertad”.

“El corazón, cuando se endurece, no es libre y si no es libre es porque no ama: así terminaba el Apóstol Juan en la primera Lectura. El amor perfecto disipa el temor: en el amor no hay temor, porque el temor supone un castigo y quien teme no es perfecto en el amor. No es libre. Siempre tiene  temor de que suceda algo doloroso, triste. Que me vaya mal en la vida o que ponga en peligro mi salvación eterna…Tantas imaginaciones porque no ama. Quien no ama no es libre. Y su corazón estaba endurecido, porque aún no habían aprendido a amar”.

El Espíritu vuelve libres y dóciles
Entonces, se preguntó Francisco: “¿Quién nos enseña a amar? ¿Quién nos libera de esta dureza?”

“Tú puedes hacer mil cursos de catequesis, mil cursos de espiritualidad, mil cursos de yoga, zen y todas estas cosas. Pero todo esto jamás será capaz de darte la libertad de hijo. Es sólo  el Espíritu Santo quien mueve tu corazón para decir ‘Padre’. Sólo el Espíritu Santo es capaz de disipar, de romper esta dureza del corazón y hacer un corazón… ¿blando?… No sé, no me gusta la palabra… “Dócil”. Dócil al Señor. Dócil a la libertad del amor”.