miércoles, 4 de noviembre de 2026

Cincuenta y nueve años de gracia: El corazón de piedra que nos une

El 4 de noviembre de 1967, nuestra comunidad parroquial vivió uno de los hitos más trascendentales de su historia: la consagración de nuestro altar por manos del entonces arzobispo de Oviedo, Monseñor Vicente Enrique y Tarancón. Aquel día, un bloque de piedra inerte fue ungido con el santo crisma para convertirse en el epicentro de nuestra vida de fe. Al conmemorar este aniversario, no solo recordamos un hecho del pasado, sino que renovamos el sentido profundo del lugar donde el cielo y la tierra se unen cada día. Y es que El Altar es mucho más que una mesa. Para comprender la grandeza de lo que celebramos, es necesario mirar el altar con los ojos de la fe. No es un simple elemento decorativo ni un mueble funcional. El altar es, por excelencia, el signo litúrgico, bíblico y teológico más importante del templo.

Sentido Bíblico, de la piedra de Jacob al Sacrificio Único

En la Sagrada Escritura, el altar tiene una evolución fascinante. Los patriarcas: En el Antiguo Testamento, hombres como Abraham, Jacob o Moisés levantaban altares de piedra para recordar un encuentro con Dios o para sellar una alianza. Eran monumentos de gratitud. El altar de los sacrificios en Jerusalén era el centro del culto judío, donde se ofrecían animales para el perdón de los pecados. Para nosotros Cristo, el verdadero Altar: En el Nuevo Testamento, todo cambia. Jesús no ofrece animales, se ofrece a sí mismo. Él es, al mismo tiempo, el Sacerdote que ofrece, la Víctima que se entrega y el Altar donde se realiza la salvación.

Sentido Teológico, el centro de la Comunidad y la presencia de Cristo

La teología de la Iglesia nos enseña que el altar es Cristo. Por eso el sacerdote lo besa al comenzar y al terminar la Santa Misa. Mesa del banquete, es el lugar donde el Señor nos reúne como familia para alimentarnos con su Cuerpo y su Sangre. Ara del sacrificio, en él se hace presente, de forma incruenta (sin sangre), el mismo y único sacrificio de la Cruz. Cada vez que celebramos la Eucaristía, nos situamos espiritualmente a los pies del Calvario. Signo de la Iglesia, alrededor del altar nos constituimos como Cuerpo místico. No hay Iglesia sin Eucaristía, y no hay Eucaristía sin altar.

Sentido Litúrgico: Un rito que transforma la materia

Cuando Monseñor Vicente Enrique y Tarancón —figura clave de la Iglesia en España y del impulso del Concilio Vaticano II— consagró nuestro altar en 1967, realizó un rito bellísimo y cargado de simbolismo. La unción con el Crisma. El altar fue ungido con aceite perfumado, el mismo que se usa en los bautizos y confirmaciones, porque el altar representa a Cristo, el "Ungido". El incienso. Se quemó incienso sobre la mesa para significar que las oraciones de la comunidad suben a la presencia de Dios. El revestimiento y la luz. Se vistió con manteles blancos y se encendieron los cirios, recordando que el altar es la mesa del Rey y que Cristo es la Luz del mundo.

Una memoria viva

Recordar la consagración efectuada por Monseñor Tarancón nos invita a mirar hacia el futuro con responsabilidad. Un altar consagrado nos recuerda que nosotros, como piedras vivas, también fuimos consagrados en nuestro bautismo. Que este aniversario sea una oportunidad para volver a mirar el centro de nuestro templo con el máximo respeto, devoción y amor. Cada vez que nos acerquemos a él, recordemos que allí late el corazón de nuestra parroquia y el manantial inagotable de nuestra salvación.

¡Feliz aniversario de la consagración de nuestro altar!

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