martes, 3 de noviembre de 2026

5 españoles hacen historia al ser beatificados como los primeros mártires por el matrimonio en EEUU


(Rel./ J.M.C.) “Hay cosas hoy en día por las que todavía vale la pena vivir y morir”. Así clausuraba el cardenal Frank Leo, arzobispo metropolitano de Toronto y legado pontificio, la ceremonia de beatificación de Fray Pedro de Corpa y sus cuatro compañeros franciscanos. Unas palabras que parecían relacionar las amenazas actuales sobre el matrimonio con el martirio que tuvo lugar durante la evangelización española a los indígenas Guale, en la actual Georgia.

El episodio, aún hoy recordado como heroico, comenzó a mediados de septiembre de 1597, cuando don Juanillo, cristiano bautizado y heredero del cargo de mico mayor (jefe del cacicazgo), exigió que se le permitiese contraer segundas nupcias, como era costumbre entre los Guale. Ante la negativa de Fray Pedro de Corpa, el indígena eliminó al fraile el 14 de septiembre. Sería el primero de los cinco franciscanos martirizados en las misiones Guale, sobreviviendo tan solo Francisco de Ávila, tras ser torturado.

El martirio como respuesta a la defensa de la fe y del matrimonio por los misioneros es una de las muchas razones que explican lo masivo e histórico del evento vivido el pasado 31 de octubre en el Centro de Convenciones de Savannah. Una fecha, 2026, y lugar, Estados Unidos, especialmente significativos, pues actualmente conmemoran el 800 aniversario del fallecimiento de San Francisco de Asís, fundador de la orden franciscana de los mártires, pero también el 250 aniversario de la independencia de EE.UU.

Según diversas fuentes presentes en el acto, los 9.000 asistentes provenientes de todo el mundo supusieron un récord de seguimiento para un evento de estas características.

Más de 200 clérigos, entre ellos frailes franciscanos de Nuestra Señora de Guadalupe, el cardenal Frank Leo, 31 obispos y arzobispos, más de 100 diáconos y seminaristas y el nuncio apostólico, se unieron a casi 200 miembros de los Caballeros de Colón, los Caballeros de Malta, los Caballeros y Damas del Santo Sepulcro y los Caballeros de Pedro Claver.

Todos ellos escuchaban las palabras del cardenal Frank Leo, que conmemoraba la fuerza y fe de los mártires para aceptar “la llamada a la santidad, que a su vez les llevó a aceptar la llamada a la vida consagrada, la llamada al sacerdocio sagrado, la llamada a la labor misionera, la llamada a evangelizar, la llamada a compartir y defender la fe y, en última instancia, la llamada a entregar su propia vida”.

Los mártires de Georgia también dieron testimonio de “la doctrina cristiana del matrimonio y se mantuvieron fieles a esa verdad divina hasta el derramamiento de su propia sangre”, agregó mientras remarcaba la naturaleza sagrada de la familia “fundada en la unión de alianza, sacramental e indisoluble de un hombre y una mujer”.

Por su parte, el el obispo de Savannah, Stephen Parkes, manifestó su convicción sincera de que, “por la intercesión del Beato Pedro de Corpa y sus cuatro compañeros, habrá un mayor respeto por la dignidad y el carácter del santo matrimonio”. “Que el testimonio de estos hombres santos inspire fidelidad entre los cónyuges llamados al vínculo de alianza del santo matrimonio y ayude a crear un compromiso renovado con el crecimiento de familias llenas de fe en el estado de Georgia y más allá”.

En ReL hemos seguido esta causa de beatificación con numerosas publicaciones, abordando la historia completa de lo ocurrido en Guale o incluso su celo apostólico y vinculación con la defensa actual del matrimonio. 

Recordamos brevemente el perfil de cada uno de los mártires, siguiendo los textos oficiales de su causa de beatificación:

Fray Pedro de Corpa

Fray Pedro nació hacia 1560 en la pequeña localidad de Corpa, en el territorio de la actual diócesis de Madrid-Alcalá. Ordenado sacerdote en la provincia franciscana de Castilla hacia 1584, partió de España el 21 de julio de 1587 para servir como misionero en el Nuevo Mundo, a bordo del mismo barco que fray Antonio de Badajoz.

Como uno de los religiosos más experimentados, fray Pedro fue destinado finalmente al poblado principal de Tolomato, donde fundó una misión y se dedicó a atender al pueblo guale, enseñándo la doctrina de Jesucristo y bautizando a quienes se sentían atraídos por la fe católica.

La crisis estalló cuando don Juanillo, cristiano bautizado e influyente heredero del cacicazgo guale, decidió tomar una segunda esposa, siguiendo la costumbre de su pueblo. Rechazando las enseñanzas del fraile sobre los compromisos adquiridos en el bautismo, Juanillo abandonó la misión y reunió a un grupo de guerreros.

El 14 de septiembre de 1597, mientras fray Pedro se preparaba para celebrar la misa dominical, los guerreros penetraron sigilosamente en su choza y lo abatieron a golpes de macana, unas contundentes mazas de madera.

Fue el primero de los cinco frailes que sufrieron el martirio.

Fray Blas Rodríguez de Cuacos

Fray Blas nació entre 1550 y 1560 en la localidad española de Cuacos, cerca de la frontera con Portugal. Sacerdote de la reforma descalza de la provincia alcantarina de San Gabriel de los Frailes Menores, llegó al Nuevo Mundo en 1590 y fue destinado al poblado de Tupiqui, próximo a la misión de fray Pedro de Corpa.

Ambos religiosos podían encontrarse de vez en cuando, lo que les brindaban la oportunidad de preguntarse sobre las cuestiones canónicas y pastorales que surgían al administrar los sacramentos a los indígenas instruidos en la doctrina cristiana, como las relacionadas con la costumbre de tener varias esposas.

Tras el martirio de fray Pedro, el grupo de guerreros continuó su marcha hasta la misión de Tupiqui. A fray Blas se le permitió celebrar la misa por última vez, después de lo cual fue atado con cuerdas y obligado a presenciar cómo los guerreros saqueaban la capilla.

Murió apaleado el martes 16 de septiembre de 1597.

Fray Miguel de Añón

En 1595, fray Miguel, sacerdote de la provincia franciscana de Castilla, respondió al llamamiento para servir en las misiones de La Florida. Aunque se desconoce el año exacto de su nacimiento, probablemente rondaba los cuarenta años cuando sufrió el martirio.

Tras embarcar en el mismo navío español que fray Francisco de Veráscola, se reunió con fray Antonio de Badajoz en la misión de Santa Catalina de Guale, situada en la actual isla de St. Catherines. 

Se esperaba que este enclave se convirtiera en un centro misionero ideal debido a su estratégica ubicación en el corazón de las islas costeras.

Pronto adquirió fama de hombre santo y venerable, dotado de una hermosa voz para el canto, y llegó a ser especialmente querido y respetado por los guales.

Cuando llegó el grupo de guerreros, los cristianos se mostraron reacios a matar al venerable sacerdote, y fue necesario que un guale no bautizado le asestara el golpe mortal.

Los cuerpos de fray Miguel y fray Antonio fueron enterrados apresuradamente en sepulturas poco profundas, mientras que la iglesia y el convento de la misión fueron incendiados.

Fray Antonio de Badajoz

Fray Antonio llegó al Nuevo Mundo procedente de España en 1587, a bordo del mismo barco que fray Pedro de Corpa.

Religioso lego de la provincia alcantarina de San Gabriel de los Frailes Menores, fue el único de los mártires de Georgia que no recibió la ordenación sacerdotal.

Tras pasar diez años en La Florida, había adquirido un excelente dominio de la lengua guale, por lo que ejerció como intérprete de fray Miguel de Añón cuando ambos fueron destinados a Santa Catalina de Guale.

La catequesis de los indígenas constituía una de sus principales prioridades, pero los frailes también tenían encomendada la tarea de recuperar la importancia de aquella misión, que había quedado prácticamente abandonada tras la retirada de los jesuitas en 1571.

Cuando el cacique local advirtió a los franciscanos de la llegada del grupo de guerreros, fray Antonio y fray Miguel decidieron permanecer junto al pueblo guale en la misión, en lugar de huir para ponerse a salvo.

Ambos sufrieron el martirio el miércoles 17 de septiembre de 1597.

Fray Francisco de Veráscola

Fray Francisco nació el 13 de febrero de 1564 en el actual barrio de Beraskola, perteneciente a Gordexola, en España.

Ingresó en la provincia franciscana de Cantabria y fue ordenado sacerdote en 1590. Fue uno de los doce franciscanos que se ofrecieron voluntarios para colaborar en las misiones de La Florida, partiendo hacia el Nuevo Mundo el 10 de junio de 1595, a bordo del mismo barco que fray Miguel de Añón.

Debido a su extraordinaria corpulencia, recibió el sobrenombre de "el gigante cántabro".

Solía participar en juegos y competiciones deportivas con los jóvenes guales y, ocasionalmente, ejercía como escolta de los visitantes que llegaban a la costa de Georgia.

A comienzos de 1597 acompañó a otro fraile en una expedición a La Tama, cerca de la actual ciudad de Macon, en Georgia. Su tamaño y fortaleza física causaron una profunda impresión entre los belicosos habitantes de aquella región.

En septiembre de 1597, mientras regresaba a su misión después de un viaje a San Agustín para aprovisionarse, fray Francisco fue víctima de una emboscada perpetrada por un grupo de guerreros guales, que consiguieron reducirlo.

Con tan solo 33 años, fue el más joven de los religiosos martirizados y el último fraile que murió como consecuencia del levantamiento de 1597.

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