jueves, 1 de enero de 2026

Maternidad de Santa María. Por Joaquín Manuel Serrano Vila


Con la celebración de este día concluimos la Octava de Navidad. Todos los años me gusta recalcar esto; no es misa ni fiesta de "año nuevo", los cristianos ya hemos entrenado nuestro propio año con el domingo primero de Adviento. Pero viene muy bien esta coincidencia para iniciar el nuevo año civil de la mano de María, que siempre nos lleva a su Hijo. Cuando veáis un cartel a la puerta de un templo que ponga "1º de enero: misa de año nuevo", tienen que saltar las alarmas de la liturgia. Eso lo ha tenido que poner alguien que no se entera de nada. Nosotros, hoy celebramos exactámente lo que nos dice San Pablo en su carta a los Gálatas: "Cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley". María y José, a los ocho días de nacer Jesús le llevan a circuncidar, por eso dice el Apóstol con gran sentido "nacido bajo la ley"; no sólo este detalle nos sirve hoy para pensar en el sentido de saber que cumplían con la ley judía, sino que ya estando en el vientre de su madre, ante el decreto de Roma para el censo, también se trasladan y se someten a la ley, por lo que Cristo, de algún modo, nació fiel a la ley civil y religiosa de su tiempo, lo que nos revela la fidelidad de sus padres en el cumplimiento de toda norma. El evangelio de hoy también incide en esto: ''Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el Ángel antes de su concepción''.

A veces se afirman cosas que no corresponden con el sentido verdadero de la navidad: los hay que dicen que la navidad es sólo motivo de fiesta por ser el cumpleaños del antisistema, libertario y revolucionario más grande de la historia: ¡Qué tristeza quedarse con una visión ideologizada de la figura, vida y mensaje de nuestro Redentor!... Él, siendo libre, se hizo esclavo, para liberarnos con su esclavitud. No vino a abolir la ley y los profetas, sino a darles plenitud. No vino a terminar con lo religioso, sino a convertir en carne lo que era piedra, a dar corazón, sentido, hondura y horizonte a la condición humana. Dios no hace un carnaval aquella primera navidad de la historia, no se disfraza de hombre, sino que se encarna en nuestra propia carne. Esto es algo muy grande: tomar conciencia de que nuestro Dios quiso pasar por uno de tantos, experimentar la fatiga, los dolores, las decepciones, las calumnias, las penas etc. Qué grande es nuestro Dios que no nos salva con un mando a distancia o con una orden desde el cielo, sino que viene vulnerable y en pañales para irse también crucificado, y prácticamente desnudo. Podía haberlo hecho de otra manera, pero lo hizo así. San Ireneo de Lyon argumenta un principio teológico clave para entender este actuar del Creador: "sólo se puede salvar lo que se ha asumido". Y para que viniera a nosotros el Mesías era imprescindible María, cuya maternidad es el título principal que da sentido a todo dogma mariano. María es ante todo ¡Madre! 

Esta solemnidad es relativamente moderna, quizás algunos recordéis cuando en este día se celebraba "la circuncisión del Señor", o "el Dulce Nombre de Jesús", que ahora es el día 3. Fue el Papa San Pablo VI quien quiso colocar esta liturgia de "la maternidad de María" como colofón a la Octava de Navidad con la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II. Qué misterio tan grande éste: María, una mujer que es madre de nuestro Salvador, el cual se hace hombre sin dejar de ser Dios; y Ella le concibe y da a luz sin perder su virginidad. No se puede ser de Cristo sin ser de María, ni se puede ser de María sin ser de Cristo. Ahí está aquella rueda de prensa del papa San Juan Pablo II en un avión, cuando una periodista le preguntó: Santo Padre ¿por qué es usted tan mariano?, y el Papa Polaco con esa genialidad tan suya, respondió: ''por un motivo cristológico''... Aunque no entre en nuestra cabeza, dado que nos supera el misterio, debemos de tener claro que no sería posible el niño Hijo de Dios, sino de la madre Virgen; si negamos una de las dos verdades la ecuación no sale. Por eso la Iglesia llama a María desde el año 431 en que así la reconoció el Concilio de Éfeso, como la “Theotokos”: María Madre, la que dio a luz al Salvador, el Hijo de Dios.

También desde la Parroquia os deseamos feliz 2026 deseando que sea un tiempo de gracia, un tiempo para acercarse más a lo que espera Dios de nosotros, y alejarnos de aquello que nos separa de Él. Que en el nuevo año civil se cumpla la plegaria del salmo y así ''el Señor tenga piedad y nos bendiga''. Igualmente, la bendición que hemos escuchado en el pasaje del libro de los Números y que Moisés dicta a Aarón, es la mejor plegaria que la Sagrada Escritura nos regala en este día: que el Señor nos ''bendiga'', ''proteja'', ''ilumine su rostro sobre nosotros''... Y, especialmente, ''que nos ''conceda la paz''. El 1 de enero la Iglesia Católica celebra también la Jornada Mundial por la Paz, trabajemos por la paz empezando por cada uno de nosotros; no se puede reclamar la paz cuando luego odiamos al que no piensa como yo. Y es que la paz, como dice el Papa León XIV, ''nace y se forja desde el corazón''.

Decir feliz 2026 y feliz año, cada nueva fecha y calendario, es también una plegaria: tantos años desde que Cristo se encarnó, desde su nacimiento en Belén. Todo nos habla de Él. Contemplarlo en brazos de María ha de llevarnos también a pensar: ¡cuántos han muerto esperando saber si era verdad que llegaría el Mesías, y no lo vieron! Y a nosotros se nos concede esta gracia: haber nacido después de Cristo, lo que nos hace vivir con la seguridad de que Dios no nos ha abandonado a nuestra suerte. Con frecuencia, hay quienes suspiran en estos días por pedir que todo cambie, que vengan tiempos mejores, una situación económica más solvente, una casa más grande, vivir en un lugar más idílico... Y quizás lo que tenemos que pedir al Señor es que seamos capaces de ver con otros ojos lo que tenemos y lo que no llega. Ser felices con lo que tenemos y aceptar lo que no podemos cambiar ni depende de nosotros. El Hombre se equivoca al pensar que el tener, el poder y el placer dan la felicidad. Ahí está el fracaso y frustración de su propia condición presente y de futuro.... Que donde Dios nos plante en este 2026 seamos capaces de florecer. 

Evangelio en la Solemnidad de la Madre de Dios

Lectura del santo evangelio según san Lucas 2, 16-21

En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo hacia Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño.

Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.

Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho.

Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

Palabra del Señor